Skip to main content

Full text of "Pedagogía y conducta sexual"

See other formats


DOCTORA PAULINA LUISI 


De la Universidad de Montevideo 

Maestra normalista elemental y superior. - Profesora de EnseSanza Secundaria. 
Medica especialista en señoras y niños. - Médica escolar. - Profesora 
de Higiene Social en la Escuela Normal de Montevideo. - Titular 
de la Cátedra de Higiene Social del Consejo de Enseñanza 
del Uruguay. 


PEDAGOGIA Y 
CONDUCTA SEXUAL 


Prólogo del 

Dr. LUIS JIMENEZ DE ASUA 


MONTEVIDEO 

Imprenta ‘‘El Siglo Ilustrado” Yí 1276 

19 5 0 



PEDAGOGIA Y CONDUCTA SEXUAL 




DOCTORA PAULINA LUISI 

De la Universidad de Montevideo 


Maestra normalista elemental y superior. - Profesora de EnseSanza Secundaria. 
Médica especialista en seSoras y niSos. - Médica escolar. - Profesora 
de Higiene Social en la Escuela Normal de Montevideo. - Titular 
de la Cátedra de Higiene Social del Consejo de EnseSanza 
del Uruguay. 


PEDAGOGIA Y 
CONDUCTA SEXUAL 


Prólogo del 

Dr. LUIS JIMENEZ DE ASUA 


MONTEVIDEO 

Imprenta ‘‘El Siglo Ilustrado” Yí 1276 
19 5 0 




A mi padre que fué mi edu' 
cador, mi guía, mi animador, 
mi amigo. 





La enseñanza biológico-eugenésica, — llamada Enseñanza Sexual, — es la 
acción pedagógica que pretende someter el instinto sexual a la acción fre- 
nadora de la voluntad bajo el contralor de la inteligencia instruida y cons- 
ciente, ésto es responsable. (Definición personal de la Dra. Paulina Luisi 
en el Congreso Internacional de Higiene Social, París 1923) . 








PROLOGO 


I 

jty Hace cerca de veinte y siete años, — y hasta puedo precisar la 
traba yo de i pronunciar una Conferencia en las aulas de la Univer- 
sidad de Montevideo, sobre el delito de contagio venéreo, cuando se 
fecha: el 3 de setiembre de 1923, — gue conocí a Paulina Luisi. Aca- 
acercó a mí deseosa de trabar amistad con quien pensaba de modo 
semejante a ella. 

La Dra. Luisi tenía ya entonces nomb radía cosmopolita, puesto 
que desde 1919 era miembro correspondiente de la Federación Aboli- 
cionista Internacional de Ginebra. Su prestigio no me era, por ende, 
desconocido y fue un placer para mí, trabar amistad con esta mujer 
de excepción. Sedújome entonces su valentía, su régimen directo de 
decir las cosas. Llegaba yo de la Argentina, en mi primer viaje, re- 
querido por la Universidad de Buenos Aires, y hube de quedar un 
tanto perplejo de que en países nuevos — y que, por consecuencia no 
debían tener prejuicios — se viviera en un exagerado “ victorianis- 
mo ”, como si fuese, preciso evitar a una joven reina, como en la 
Gran Bretaña de 1837, las crudas expresiones que pudiesen herir sus 
castísimos oídos. 

Eso de. que no se pudiese decir, — y sigue siendo nefando — que 
una mujer dá a luz, y haya que emplear en ' los diarios el eufemismo 
de que “ guarda cama”, y de que no se pudiera insertar en las planas 
de los periódicos el extracto de una conferencia mía sobre aborto, 
me habían causado superlativo asombro. 

Paulina Luisi no adolecía de tan extraños hábitos. Acaso porque él 
medio uruguayo es mucho más libre, la Dra. Luisi, incluso delante de 
un extranjero, llamaba “ al pan, pan, y al vino, vino”. 

Mas no fué sólo esta mentalidad l liberada de lastres hipócritas, 
lo que me sedujo, sino su saber sin alardes y su bondad recóndita. 
Desde entonces, hasta hoy, nuestra amistad ha ido creciendo hasta 
hacerse fraternal. 

No oreo que ello apasione mi juicio sobre su obra científica. Ten- 
go por tan sagrada la tarea de estudiar y de escribir, que ni la más 
íntima camaradería, ni él más allegado parentesco, serían capaces de 
torcer mi opinión sobre un libro o sobre la labor de hombres o de 
mujeres consagrado » al trabajo del espíritu. 

En esa época de nuestra vida en que, nos acongoja la sospecha 
de abandonada sin haber dado al mundo cuanto hemos aprendido, 
Paulina Luisi, — como yo ahora en que redacto mi Tratado de De- 
recho Penal en voluminosos tomos — ha querido recoger sus folletos, 
artículos y conferencias, que andaban dispersos; los ha completado 
añadiendo nuevas contribuciones, y los ha refundido para presentar 
su larga faena en forma definitiva. 



12 


Paulina Luisi 


JE lace bien poco, en 1948, publicó su obra en dos volúmenes, en 
que el sugestivo contenido ha llegado hasta el título. Otra voz cla- 
mando en el desierto se denominan estas páginas consagradas a dilu- 
cidar los más hondos problemas de Proxenetismo y reglamentación. 
Nos recuerda la frase que ostenta el libro en su cubierta , la lucha de 
Josefina Butler en Inglaterra, parra lograr la dignificación de la 
mujer, y que se aboliera el sistema consentido y reglamentado del 
meretricio. ' ' 

Los mejores años de su vida los ha consagrado Paulina Luisi 
al abolicionismo. Ha visto prosperar y fracasar intentos, mejor o 
peor llevados para conseguir que se suprimiera la ignominiosa exis- 
tencia del pi'ostíbulo. 

Esta mujer, que fué la primera doctora de la Universidad de 
Montevideo, puede hoy, tras de haber recorrido ‘la mayor parte de 
su vida, contemplar satisfecha su titánica faena. El mundo marcha 
hacia la abolición de las casas de lenocinio. Bien lo sabe ella, que 
formó parte de la “ Comisión de Asuntos sociales y contra la Trata 
de Mujeres y Niños ” de la Sociedad de las Naciones, en la que 
representaba a su país, así como en el Comité de Expertos contra la 
trata de la misma Liga, que tuvo su asiento en Ginebra. 

A pesar de que confiesa los progresos logrados por el abolicio- 
nismo, todavía su voz sigue clamando sin eufemismos, crudamente, 
como se dicen las cosas nobles, en ese libro impreso en 1948. Lo que 
escribe sobre la vergonzosa “inspección médica” de las prostitutas r 
es lina verdad que todos dehieran aprender en coro. (Tomo I, págs. 
295-301 de su citada obra “Otra voz clamando en el desierto”). 

En él libro a que vengo refiriéndome, Paulina Luisi se muestra 
decidida y entusiasta defensora del abolicionismo, pero jamás ha de 
confundirse éste con la prohibición y castigo del ejercicio de la pros- 
titución. 

Ya he destacado el pensamiento de la insigne mujer uruguaya 
en mi Libertad de amar y derecho a morir, (6* edición, Buenos Ai- 
res, Losada , 1946, pág. 97, nota 139) y no es este lugar propio para 
disertar sobre e mejor sistema que las sociedades modernas han de 
acoger frente al hecho de la prostitución. 

II 

El Prólogo que ahora escribo está destinado a ser impreso al 
comienzo de otro libro de Paulina Luisi, no sé si más importante 
que él publicado hace dos años, pero para mí de mayores proyec- 
ciones sociales todavía. 

Trata de la Enseñanza sexual, y en su primera parte se halla 
la doctrina que, su autora difunde con persuasivas armas y buen cas- 
tellano. Su tesis sobre enseñanza sexual, fué escrita en lengua fran- 
cesa y apreciada en toda su valía por las autoridades pedagógicas y 
sociológicas del Viejo Mundo. 

Difícilmente se me habría encomendado una labor más grata 



Pedagogía y Conducta Sexual 


n 


que ésta de poner junto a la tan docta como humana concepción de 
la autora, esta mía de hombre dedicado a los problemas del crimen , 
en los que también la prevención juega papel predominante. Educar 
sexualmente a los hombres y a las mujeres en agraz, es prevenir la- 
cras del cuerpo y deformaciones del espíritu, que cuando no llevan 
a sus afligidas víctimas al hospital, las alojan forzosamente en la 
cárcel. 

Para Paulina Luisi, como para mí, la enseñanza sexual no se 
reduce a la información sobre los medios profilácticos para evitar 
las enfermedades venéreas. Los especialistas y los llamados “ soció- 
logos ” católicos que ésto creen se hallan en el más grande de los 
yerros. La enseñanza sexual según hemos dicho antes de, ahora, “ha 
de calar hasta la raíz de los problemas 

No quiero insistir más , puesto que expuesto se halla nuestro 
criterio (en Libertad de amar, etc., págs. 49-55). Y sobre todo por- 
que lo desarrolla de mano maestra la Autora de este libro que pro- 
logo, a cuyos pensamientos debemos adscribirnos todos en una cru- 
zada de propaganda, convencidos de que en el programa que Pau- 
lina Luisi nos ofrece, está el buen camino que hemos de recorrer. 

Aunque el cuerpo de la admirada amiga haya envejecido, do- 
blado por los años, su talento conserva la frescura de la época en 
que comenzó la ardua lucha contra la falsía y los malos sistemas con 
que la humanidad esconde sus males. Como médico ha querido po- 
nerlos al descubierto y aplicar él ca/uterio que sana. 

Pero lo que más vale es la continuidad de su conducta. Mu- 
chas gentes de radical ideario, se transforman con la edad en mo- 
jigatas adoratrices de lo que execraron en su juventud. Nada más 
conservador que el anarquista de veinte primaveras transformado 
en rico propietario en la senectud. Paulina Luisi aunque llegue a 
cumplir cien años de vida — ¡y yo se lo deseo fervorosamente! — 
seguirá pensando, centenaria, lo que enseñaba en su juventud, siem- 
pre que sea, como lo que aquí nos expone, una verdad redentora . 
Rectifiquemos nuestros errores, pero no nos arrepintamos de habe * 
difundido verdades audaces. 

Porque no se ha vuelto atrás, Paulina Luisi, al cumplir tres 
cua/rtos de siglo, tiene la misma lozanía mental que cuando, mucha- 
cha, transitaba solitaria, en su condición de mujer, por las aulas de 
la Facultad de Medicina. 

¡Ejemplo admirable que muchos hombres no han sabido dar! 

10 de marzo de 1950. 

Luis Jiménez de Asúa 

Profesor de Derecho Penal. — Ex -Pro- 
fesor extraordinario del Instituto de Es- 
tudios Penales y Criminología en la Uni- 
versidad de la Plata. — Presidente de 
la Conferencia Internacional para la 
Unificación del Derecho Penal, etc., etc. 




A MANERA DE PREAMBULO 


El presente trabajo es en parte nna recopilación, y en parte una 
ampliación de otros trabajos publicados relativos a “Enseñanza se- 
xual y eugenésica” desde 1910 hasta la fecha, y de varios *que no 
han visto la luz todavía. 

En 1913, con ocasión de mi primer viaje a Europa, pocos años 
después de diplomada, estudié algo del tema, entonces candente, 
pues acababa de realizarse en París el Primer Congreso de Higiene 
Escolar en el que por primera vez una Asamblea Internacional se 
ocupó de semejante asunto. Como llevaba la representación del Con- 
sejo Nacional de Enseñanza, para ese objeto, pude obtener las pocas 
informaciones que había entonces al respecto. (1) 

En 1916 presenté un trabajo al Primer Congreso Americano del 
Niño, celebrado en Buenos Aires, y fué, en nuestro medio rioplaten- 
se, uno de los primeros trabajos que al ocuparse de este asunto, ini- 
ciaron la campaña en nuestros países hermanos. 

Después, en 1919, ,1921 y 1923 preparé tres estudios, ya más 
meditados. El de 1919 fué una larga conferencia para exponer el 
alcance educativo de la enseñanza sexual, esbozando a penas otros 
capítulos del tema : va publicado, sin modificaciones, en este volu- 
men. (2) 

El de 1921 fué redactado como Informe Oficial para el 2. 9 Con- 
greso Médico Nacional; en cumplimiento de las resoluciones votadas 
en el primero que lo estableció como tal. 

Y en 1923, sobre la base del de 1921, y siempre con las mismas 
directivas ideológicas, redacté el Informe que me fué solicitado, como 
Relator Oficial, para el “Congreso de Higiene Social y Educación 
Profiláctica” de París, en celebración del Centenario de Pasteur. (3) 

Estos dos últimos informes han sido refundidos y ampliados en 
un “Ensayo” en el que pretendo exponer el contenido que a mi 
juicio debe darse a la “Enseñanza sexual” lo que ya dejo esbo- 
zado en el capítulo titulado “Contenido de la llamada enseñanza 
sexual ”, tanto en su parte educativa, como en la instrucción o cono- 
cimiento, para servir de guía a la conducta sexual de hombres y 
mujeres. 


(1) Puede verse en el Informe correspondiente, publicado por el Con- 
sejo de Enseñanza, en ese año 1914. 

(2) Título III, de este volumen. 

(3) Véase el Informe al Gobierno y sus antecedentes. Título VI. 



16 


Paulina Luisi 


Se me ha pedido en distintas y numerosas ocasiones que lo ex- 
ponga en alguna publicación, sobre todo del punto de vista peda- 
gógico, y ha sido objeto de un voto en el Congreso de Inspectores 
de Enseñanza Primaria y Normal, una de cuyas resoluciones me en- 
comendaba la redacción de un trabajo para uso de los maestros, 
que contuviera las cuestiones relativas a la enseñanza sexual en sus 
aspectos doctrinario y pedagógico. (1) 

Ese pedido me sirve ahora de motivo para publicar dichos in- 
formes; motivo tanto más plausible cuanto que el trabajo presen- 
tado al Congreso de 1921, sólo fue publicado en las actas del mis- 
mo y en la “Revista de Filosofía”, dirigida por el Dr. Ingenieros 
en Buenos Aires, (marzo de 1922) ; y que el de 1923 fué escrito en 
francés directamente, y publicado también en el volumen del Con- 
greso: de éste se hizo una tirada aparte, tan rápidamente agotada, 
que la Sociedad Francesa de Profilaxis sanitaria y moral, juzgó útil 
reproducirlo varios años después en su Revista del mismo nombre, 
en los números correspondientes a julio - setiembre de 1931. 

Podría parecer sin embargo que ha pasado ya demasiado tiem- 
po desde entonces para que puedan prestar alguna utilidad; pero 
el hecho es que se mantienen de rigurosa actualidad, porque, en pri- 
mer lugar, los he puesto al día, y porque esta enseñanza, a pesar del 
tiempo transcurrido, no ha logrado aún incorporarse sistemáticamen- 
te a la enseñanza común de escuelas y liceos; bien que aquí y allá, 
se hayan hecho y continúen haciéndose algunas tentativas. 

Desde otro punto de vista, esta publicación también conserva 
su actualidad porque expresa mi doctrina y mis convicciones, las que 
lejos de haberse modificado, se han afirmado con más vigor. Así pues, 
no estimo ociosa esta publicación que, además, conserva nuevos y 
originales mis conceptos sobre la doctrina y metodología, de los que 
algunos pocos han sido ya adoptados, y otros no habiendo sido efi- 
cazmente combatidos, quedan gallardamente de pie. 

Cuando, en el Congreso de Inspectores, se me pidió la prepa- 
ración de un texto; me era completamente imposible acceder a esa 
solicitud; pero hice observar que mi informe al Congreso de París 
de 1923, le daba satisfacción en los distintos aspectos deseados, y que 
en él se expone detalladamente la manera de llevar a la práctica es- 
ta reforma. Pero había sido redactado y publicado en francés. 

Las numerosas y a veees abrumadoras actividades que entonces 
absorbieron mi tiempo, me impidieron dedicarme al trabajo reposa- 
do que para ello se requiere. 

En los años siguientes, y en numerosas ocasiones, me fué reite- 
rado el pedido, y muchos maestros me dijeron: “Desearíamos ensa- 


(1) Véase el Título IX, “Primeras tentativas: ün poco de Crónica e 
historia”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


17 


jar esa reforma, pero necesitamos una directiva para proceder de 
acuerdo a lo que Vd. nos ha' expuesto”. 

En mi Cátedra de Higiene Social, (1) en la Escuela Normal, 
di preferencia a ese tema — que fuera el objeto principal de su 
creación — explicando, tanto su metodología como su contenido; e 
hicimos algunas experiencias escolares con mis alumnas normalistas. 
Pero el ambiente de completa obstrucción a esa enseñanza, tanto 
por la Dirección de entonces del establecimiento, como por el Director 
dél Cuerpo Médico Escolaar, en aquel momento omnipotente en la 
casa, hicieron perder mucho de su interés por el tema a las alumnas 
ansiosas, ante todo, como era natural, de obtener su diploma. 

Ahora, desligada de muchas actividades, he resuelto revisar los 
dos informes mencionados, los he refundido y ampliado, tocando la 
parte que se refiere a interpretaciones absurdas de la Enseñanza se- 
xual, que comenzaron a difundirse posteriormente a la publicación 
de mis trabajos, y en las que se invocaba para sostenerlas las doc- 
trinas freudianas. Ya antes de esta última gran guerra mundial ha- 
bían tomado un incremento inquietante; y no sería difícil que, con 
el desconcierto que trae al estado espiritual de las juventudes que 
han debido soportar esas terribles conflagraciones mundiales, no se- 
ría difícil, repito, que si la calma política entre las naciones logra 
restablecerse, volvieran a tomar cuerpo con todas sus malsanas en- 
señanzas; 

En todo mi trabajo, he mantenido inalterada la doctrina, tal 
como la concibo; más de una vez combatida agresiva y hasta calum- 
niosamente en nuestro medio, por personas de determinada ideología 
confesional, como aconteció en el Congreso de 1921 y hubo de sopor- 
tar la Cátedra de Higiene Social. (2) 

En los primeros trabajos de 1916 y 1919 me esforcé principal- 
mente en demostrar la utilidad de introducir en la enseñanza de 
nuestras escuelas las cuestiones comprendidas bajo el nombre de en- 
señanza sexual. 

En el Informe presentado al Congreso de París, respondiendo al 
pedido que se me hiciera en mi triple carácter de ginecóloga, médica 
escolar, y docente primaria y superior y de acuerdo con el temario 
recibido, traté de delinear una acción pedagógica adaptable a la en- 
señanza primaria, que es la fundamental, esto es, para alumnos entre 
seis y catorce años; esbozándola solamente para las edades subsi- 
guientes. 

Las experiencias realizadas con mis alumnas normalistas, en un 
plan teórico - práctico que merced a mi cargo de médico escolar pu- 
de realizar, teniendo entrada en las escuelas elementales sin llamar 
la atención de los alumnos, me permitieron aplicar mis puntos de 


(1) Véase el Título VIII: “Una Cátedra de Higiene Social”. 

(2) Ver los Títulos: “Una cátedra de Higiene Social”, y “Un poco 
de Crónica e Historia”. 


2 



18 


Paulina Luisi 


vista sobre la manera de realizar esa reforma; siendo un valioso 
ensayo de los métodos expuestos, y creo haber sacado satisfactorios 
resultados. 

Estos ensayos prácticos me han permitido reafirmar mi conven- 
cimiento en que es una metodología fácilmente aplicable, y posible 
por lo tanto de llevar al "terreno experimental, salvando las grandes 
dificultades que se le han atribuido, con un poco de Habilidad "'téc- 
nica docente, de la que no carecen nuestros maestros y maestras. 

A pesar de los numerosos trabajos que se han escrito en estos 
últimos veinte años, de los que muchos no eoncuerdan con mis puntos 
de vista; y después de haberlos estudiado cuidadosamente, mis con- 
vicciones, expuestas aquí, no han sufrido, repito, la más leve alte- 
ración, ni he debido modificar para nada la doctrina psieo - peda- 
gógica desarrollada. 

Y se han reafirmado aún más ante el error peligroso, y nocivo 
de las tesis que dan a la educación, sexual un cometido verdadera- 
mente alarmante para la futura moral; disociando en la función 
sexual, su rol natural para la perpetuación de la especie; del otro 
artificial y contrario a las leyes de la vida; el de servir como fuen- 
te de placeres estériles o voluntariamente esterilizados. 

Ha sido para mí una gran decepción enterarme de esas nuevas 
orientaciones a las que he dedicado algunos párrafos en el capítulo 
tercero, condenando enérgicamente semejantes propagandas, grave- 
mente peligrosas para la marcha de la sociedad. Pero no he querido 
entrar en demasiadas consideraciones al respecto, porque me habrían 
alejado de mi tema: reservo hacerlo en otra oportunidad. 

He dividido esta obra en dos partes, dedicando la 1.* a la 
parte diremos doctrinaria y a su aplicación ; incluyendo en ella, el tra- 
bajo fundamental, que es mi Ensayo, titulado Enseñanza Sexual, 
acompañándolo de otros dos trabajos sobre lo mismo. Todos ellos 
se complementan. 

Y como corolario, he agregado el Informe al Gobierno sobre el 
Congreso de París donde fué discutido mi trabajo, y la breve his- 
toria de la Cátedra dé Higiene Social, creada para enseñar dichas 
doctrinas. 

He dejado para la segunda parte algunos trabajos escritos 
sobre el mismo tema, una serie de conclusiones de diversos Congre- 
sos, para recordar al lector las diversas interpretaciones que se dá 
a la “Enseñanza sexual” comparándolas con las mías; y unas pá- 
ginas de crónica e historia, en nuestro país y afuera, con el objeto, 
que, aquéllos actualmente interesados en este asunto, se den cuenta 
de las dificultades y obstáculos que Jos prejuicios, la incomprensión 
y determinadas políticas espirituales han opuesto y siguen oponien- 
do a tan útil como necesaria enseñanza. Lucha que se ha debido 
continuar y hoy más que nunca deberá serlo y sin desmayos, para re- 
montar a las fuentes de una moral sana y eficiente; luchando contra 



Pedagogía y Conducta Sexual 


19 


la corriente de los apetitos y egoísmos, hoy actualmente poderosa, 
como acontece siempre después de las grandes convulsiones que han 
agitado a la humanidad. 

Seguramente hallarán mis lectores que cosas dichas una vez en 
algún trabajo, se repiten en otros artículos o conferencias. Pensé en 
suprimir algunas, pero luego, reflexionando, he resuelto conservar- 
las ; pues esa repetición si no en la forma, en el fondo del asunto, 
apareciendo de tanto en tanto en el curso de la lectura, será como 
el tañido de una campana repitiendo la misma nota, o como la gota 
de agua cayendo continuamente sobre la misma piedra: monótonas 
tal vez, pero beneficiosas para grabar sus notas en la memoria. Di- 
chas en diversa forma, pero siendo siempre el mismo motivo, se re- 
piten hasta que logre hacerse luz en todos los espíritus. 

Lo que perderá en elegancia la escritora, lo ganará en redundan- 
cia la doctrina y eso es lo que se necesita: grabar firme la idea. 

Y para terminar una advertencia. 

En su conjunto, este trabajo es el resultado de muchas refle- 
xiones y una poca experimentación. He dicho ya que durante el 
tiempo que tuve la Cátedra de Higiene Social, hice algunas expe- 
riencias con mis alumnas normalistas. La Presidenta del Comité Fe- 
menino de la Liga Francesa de Higiene Social, Dra. Montreuil-Strauss, 
en una comunicación publicada en la Revista de la Asociación, dice 
haber realizado su enseñanza “siguiendo las ideas expuestas por la 
Dra. Luisi en su Informe y ha tenido un excelente resultado”. 

Pero tanto estas experiencias como las que yo pude realizar eran 
breves y no sistemáticas, ni podían serlo como lo son las nociones 
incorporadas a los programas de la enseñanza, continuadas y forman- 
do un todo con ella, como lo indico en mi metodología. No bastan pues 
ni pueden servir sino como experiencias, útiles sin embargo, para 
demostrar que ello es posible. 

La Escuela Normal, que tiene sus cursos de Pedagogía expe- 
rimental, se rehusó sistemáticamente a permitirme realizar, cuando 
yo hubiera podido, este curso experimental. Sería necesario, sin em- 
bargo, que una de nuestras escuelas de experimentación, ya que las te- 
nemos, hiciera la tentativa. 

Sucede a menudo que reflexiones, observaciones y métodos que 
parecen muy razonables y justos; llevados al terreno de la práetica 
exigen algunas alteraciones o modificaciones. 

El presente trabajo, por la naturaleza misma del tema, está 
sujeto a esa contingencia. 




PRIMERA PARTE 




TITULO I 


Contenido de la llamada Enseñanza Sexual 


Aquéllos que han abordado este asunto, que yo llamaría “en- 
señanza biológico - eugenésiea”, se concretan en general a algunos as- 
pectos del problema. 

Unos comprenden por ella, la revelación a los niños del fenó- 
meno de su venida al mundo, en el entendimiento de satisfacer así su 
curiosidad aguijoneada por el misterio; suprimiendo fábulas increí- 
bles o ineptas, creyendo evitar de esta manera, en sus tiernas men- 
tes, la sugestión de lo prohibido, malicioso, pecaminoso, atribuida al 
origen del ser humano. 

Otros se preocupan fundamentalmente del peligro de las enfer- 
medades venéreas y su fácil contagio y difusión; e informan de ellos 
y de la manera de evitarlos, a una juventud ignorante o malamente 
instruida y por lo tanto poco consciente de la gravedad del mal y 
sus terribles consecuencias. 

Hay quienes entienden por “educación sexual”, (vocablo usa- 
do por la mayoría en lugar del más exacto de “enseñanza”), la pré- 
dica de la castidad y la abstinencia, que llevan a veces a un ascetismo 
exagerado y fuera de las leyes de la vida; otros le dan el significado 
de moralidad; unos pocos entienden por ella la formación de la vo- 
luntad y del carácter. 

Los hay, finalmente, quienes pretenden encubrir con su nom- 
bre, la enseñanza de una nueva moral, que es, a mejor decir, una 
disolución de la moral, haciendo de ella, la enseñanza de una doc- 
trina epicúrea deí placer. 

Otros hay todavía, que yo desearía ignorar, pero que fuerza es 
recordar, aunque sólo sea para repudiarlos, que en una obnubila- 
ción de cerebros desviados, y utilizando algunos ejemplos históricos, 
enaltecen como una conducta superior la satisfacción de determina- 
das perversiones sexuales: doctrina que ha hecho ya demasiados es- 
tragos entre las juventudes, y no hablo sólo de los adultos, antes de 
esta gran conflagración, y posiblemente se habrá difundido aún más 
por las circunstancias creadas por la guerra. 

Sobre las bases de estas dos últimas hasta se fundó una es- 
cuela superior de sexología la que se difundió demasiado para obli- 
garnos a no ignorar sus nefastos resultados. Pero estas cosas deben 
entrar en el dominio de la patología y sólo así deben ser considera- 
das, quedando por lo tanto fuera de los horizontes de la normalidad. 



24 


Paulina Luisi 


Las diversas cuestiones sobre las que gira la “enseñanza sexual” 
son ciertamente de importancia; una, evitando falsear las facultades 
de observar y razonar del niño; otra, pretendiendo proteger la sa- 
lud contra los males que atacan la vitalidad misma de la especie ; 
otras, alzando el estandarte de la moral contra la disipación de cos- 
tumbres que va subiendo como la marea. . . 

Comparándolas unas con otras se advierte desde luego que ellas 
no son antagónicas, ni siquiera divergentes o contrarias: cada una 
enfoca alguno de los diversos aspectos del problema : unas el 
conocimiento, otras la higiene, otras la moral. Cada una da a esta 
enseñanza la importancia que tiene desde el propio punto de vista. 

Pero no he visto reunidas en un solo cuerpo de doctrina estos 
asuntos en apariencia diversos que encajan todos ellos en la lla- 
mada “ enseñanza sexual ”, esto es, la reunión de la educación y el 
conocimiento o cultura; enseñanza que está clamando su incorpora- 
ción a la enseñanza general, porque es el instrumento para prepa- 
rar a hombres y mujeres a regular su conducta sexual. 

No he visto que se abrace el problema en todos sus aspectos, 
hasta por el contrario los he visto considerados en forma demasiado 
unilateral. 

A mi modo de ver, es necesario recoger estos asuntos referentes 
a esta enseñanza y aún otros no citados, en un conjunto completo, 
cuyos diversos capítulos, al ser incorporados a la enseñanza gene- 
ral se colocarán en ella de acuerdo a la forma pedagógica que con- 
cibo yo para esta enseñanza. (1) 

Ella debe abarcar en un cuerpo de doctrina todos estos pro- 
blemas que se consideran ahora en forma separada; de manera que 
ellos estén unidos y enlazados con el fin dé que, de su conjunto 
pueda desprenderse una norma adecuada de conducta sexual para 
luego poder ser obedecida consciente y voluntariamente. 

He de abrir un paréntesis antes de continuar, para subrayar 
que he dicho enseñanza sexual y no educación sexual como suele ha- 
cerse habitualmente, empleando indistintamente ambos vocablos como 
sinónimos, lo que dá origen a muchos malentendidos, en más de ser 
un error pedagógico, puesto que la segunda, la educación, es una 
parte de aquélla, que lo es el todo. 

La enseñanza comprende educación e instrucción o conocimiento 
intelectual o científico, y moral; la educación es el desarrollo y orien- 
tación de las diversas funciones del espíritu y del cuerpo; la ha- 
bituación de sus actividades: se educan los músculos, se educa la 
inteligencia; se educan las facultades morales dándoles el hábito 
de someter los impulsos primarios al cumplimiento del deber; se 


(1) Véase en el Título II, la Doctrina y en el Título VII: “Proposi- 
ciones de diversos Congresos y Asociaciones”, las que presenté al Congre- 
so de París 1923. 



Pedagogía y Conducta Sexual v íí¡ m 25 

■ rsc;, 

educa, habituando al niño a contralorear .su conducta ; en una pala- 
bra, la educación desarrolla y habitúa; así como la instrucción dá 
el conocimiento; juntas constituyen la enseñanza. 

Se ve pues el error y la confusión de los que hablan, por ejem- 
plo, de educación profiláctica cuando debieron decir enseñanza pro- 
filáctica, esto es, conocimiento profiláctico y hábito de aplicarlo dia- 
riamente en la vida. 

De todos los problemas que la enseñanza entVaña, el primero, 
así cronológicamente como por su importancia inicial, pues comienza 
su acción desde el primer tiempo de la vida, es la acción educativa 
continuada, es decir, la formación de los hábitos: de observar, de 
razonar, de discutir, de reflexionar; de pesar las consecuencias de 
cada una de las acciones; de acostumbrar las fuerzas vitales, sean 
ellas físicas, espirituales o morales a una disciplina sensatamente es- 
tablecida y aplicarla en todos los actos de la vida. 

El cuidadoso desarrollo de las facultades morales que deben go- 
bernar la existencia en todos sus momentos; el cultivo de la vo- 
luntad — la que no debe confundirse con la terquedad — sino la 
voluntad orientada por el conocimiento y advertida por la inteli- 
gencia, son necesarias a la creación y ejercicio de la conciencia mo- 
ral y sentido de la responsabilidad. 

Conocimiento, conciencia, voluntad, son el trípode en que se 
afirma la responsabilidad individual que la colectividad tiene el de- 
ber y el derecho de exigir a cada uno de sus componentes. 

Condiciones espirituales, educación, conocimiento o cultura, vo- 
luntad, carácter, conciencia, responsabilidad, son ciertamente necesa- 
rios en todos y cada uno de los actos personales en la vida colectiva, 
y no solamente en lo que concierne al acto sexual. 

Pero cobran mayor trascendencia en este caso porque sus re- 
percusiones van más allá de la vida individual y hasta colectiva : 
ellas recaen y dejan sus huellas sobre las generaciones subsiguien- 
tes, sobre la colectividad futura, sobre la especie entera. 

La labor constructiva de la personalidad humana desarrollada 
por la enseñanza debe empeñarse en la formación de aquellas facul- 
tades, aprovechando tanto las más pequeñas acciones del enseñando, 
como las más importantes, y tomando como tema cada una de ellas. 
Desde la más tierna infancia, irá modelando aquellos atributos para 
servir de cimiento básico a cada yo individual. 

Luego, poniéndolas todas en juego, la enseñanza habrá de lle- 
var al enseñando a forjarse un alto sentido de la vida, elevándolo 
del materialismo animal primitivo, a una superación espiritual de 
ese concepto de la vida misma, a una orientación superior de sus 
ansias y ambiciones propias; no sólo para su individualidad misma, 
sino para la colectividad común que integra. 

Al considerar el problema de la enseñanza sexual, se ha enfo- 
cado ésta desde el punto de vista de cada individuo, personal, unita- 



26 


Paulina Luisi 


rio; se han estudiado y temido las reacciones primarias de cada ser 
humano, preparando su adultez; sea cuando se trata de la revela- 
ción al niño del famoso misterio de su nacimiento, fábula o verdad; 
sea de las reacciones del joven al enterarse de los peligros que le 
acechan al despertar del reclamo del instinto, sea de los fenómenos 
psicológicos nuevos que en aquella época experimenta uno y otro 
sexo. 

Se han estudiado estas^ funciones y su cumplimiento, subjetiva- 
mente, esto es del punto de vista personal de cada ser humano, uni- 
tariamente. 

Sobre esas premisas se han entablado polémicas, se han pro- 
puesto doctrinas, procedimientos docentes; se ha aprobado, rechazado, 
condenado, girando siempre alrededor de las cuestiones primarias, ele- 
mentales, planteando la solución del problema en una forma analí- 
tica, individual, unitaria, subjetiva. 

El problema es mucho más árduo y complejo. Tiene alcances más 
amplios y proyecciones que van más allá del individuo mismo, que 
rebasan su 'unidad. 

El problema sexual es de índole colectiva y debe ser planteado 
teniendo presente que sus raíces penetran en la misma estructura so- 
cial, en el basamento colectivo: aunque debe ser considerado obje- 
tivamente desde el despertar del instinto en sus proyecciones y con- 
secuencias sociales y raciales. 

Atender la sola finalidad individual, es supeditar a sus resulta- 
dos el destino de muchas unidades más ; es colocar bajo su dependencia 
los destinos de las generaciones sucesivas; es la vitalidad física y es- 
piritual de éstas que se arriesga. 

Toda solución que se ocupe solamente de las derivaciones de esta 
enseñanza sobre solo la unidad individual, falsea el sentido, *la uti- 
lidad, la trascendencia de esta enseñanza, y fundamenta la conducta 
sexual sobre bases no sólo estrechas, sino que inseguras y perjudi- 
ciales al devenir de la humanidad. 

Hay que exponer en su verdadera amplitud esta reforma que 
se pretende realizar, introduciendo en la enseñanza su contenido en 
toda la extensión de sus varias facetas. 

El ejercicio de la función sexual es facultativo de cada indivi- 
duo, lo mismo que el de ingerir, el de moverse, el de hablar, el de 
dormir. 

Pero las proyecciones de la primera van más allá de la per- 
sona misma, y pueden traer a veces serias consecuencias a la colec- 
tividad entera. Cada uno de los actos realizados para dar satisfacción 
al instinto genésico, ejecutado inconsultamente, puede crear cargas so- 
ciales a veces penosas, o gravosas; a las veces, pueden configurar ver- 
daderos delitos. 

La enseñanza, educación e instrucción, debe prever estas con- 
tingencias para lo cual hay que darle toda su completa extensión. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


27 


No se trata pues simplemente de enseñar a los jóvenes la ma- 
nera de precaverse de las consecuencias que puede acarrear la sa- 
tisfacción del acto realizado al acaso, a impulsos del deseo ; sino 
también de enseñarles a prever sus derivaciones, y debe insistirse 
sobre ello, formar, la conciencia de los deberes y las responsabilida-' 
des que entraña; e inculcarles profundamente como un credo, la 
obligación de cumplirlos; debe grabarse en las conciencias la noción 
de. los deberes colectivos; el convencimiento de que no se trata de 
un acto personal, individual, privado, íntimo, sino que puede tener 
repercusiones sobre la vida de otro individuo, hombre o mujer cuan- 
do, por ejemplo, se contagian enfermedades venéreas, o cuando el 
acto llegando a ser fecundo origina nuevas responsabilidades y de- 
beres hacia la mujer en gestación, por parte del hombre; y de am- 
bos, hombre y mujer, hacia el ser que su conjunción trae a la vida. 

Se ha querido sortear esta contingencia proponiendo el “ com- 
pan ionage - marriage”, forzosamente estéril, o briscando en el acto el 
placer por el placer, doctrina antinatural que condena la función 
reproductora a un destino absolutamente opuesto a su finalidad mis- 
ma y trae como corolario forzoso, el aborto voluntario, la materni- 
dad y la infancia abandonadas y una violación criminal de las le- 
yes de la vida. 

La enseñanza, (educación e instrucción o conocimiento) debe 
incautarse de estos problemas y exponerlos a la juventud con toda 
la prudencia y el taeto necesarios; mostrarle las diversas obligacio- 
nes morales cuyo cumplimiento es reclamado por una sana conducta 
sexual. Debe preparar las facultades morales e intelectuales del in- 
dividuo, hombre y mujer, a su cumplimiento, educando con ese fin 
la reflexión, la conciencia, la voluntad, el carácter necesarios para 
percibir y vencer las tentaciones del camino, comenzando por ven- 
cerse a sí mismos sofrenando impulsos y deseos. 

Cierto que la tarea es tanto más árdua cuanto que las actuales 
organizaciones sociales, civiles y económicas, han sido construidas con 
un criterio unilateral, basado en la supuesta superioridad del varón, 
cuya prepotencia lo ha considerado todo lícito para su sexo sin cui- 
darse de la situación del otro, sino en un plano inferior y subordi- 
nado; ni de las consecuencias que su conducta puede ocasionar. 

Tarea difícil porque se tropezará a cada paso con las discrepan- 
cias existentes entre la verdadera posición de igualdad de derechos, 
deberes y responsabilidades entre ambos progenitores, y una orga- 
nización social, económica y legal de la familia — hoy felizmente 
en vías de mejorar, — que ha dado origen a una multitud de ano- 
malías biológicas y morales, como la diferencia entre los hijos — si 
nacidos o no al margen de las leyes o los preceptos religiosos — co- 
mo si ante las leyes de la Vida, no fueran unos y otros seres huma- 
nos nacidos de un mismo tronco, en cuyas arterias circula una savia 
común, y un común origen los reúne. 



28 


Paulina Luisi 


Anomalías como la aceptación a veces reconocida excusable por 
los códigos cuando se destruye una vida en el vientre materno (1) ; 
como el abandono de una mujer en gestación si fué hecha madre al 
margen de cánones legales o eclesiásticos; como el repudio de una 
criatura si engrendada a la ventura de un encuentro'; atentados a 
la moral biológica que el varón no considera tales porque la moral 
que le enseñaron no le mostró que eso es desertar de sus propios 
deberes de hombre y violar los derechos sagrados del niño, que no 
es generación espontánea en el vientre de una mujer, sino fruto 
de la obra de ambos. 

Atentados primarios que dan origen a los aterradores problemas 
del aborto, del infanticidio, de la infancia abandonada, que por 
serlo más de una vez se torna delincuente, y como corolario final, 
la caída de seres humanos en el cieno de los bajos fondos sociales. 

Y finalmente el más terrible de estos delitos, el de engendrar 
otra vida encontrándose bajo la acción de enfermedades trasmisibles 
o impregnado el organismo de tóxicos y de venenos; el de crear otro 
ser condenado fatalmente a todos los avatares de una herencia pa : 
tológica incurable, que llena luego los asilos de idiotas, degenerados, 
anormales e incapaces. 

Se han propuesto remedios y paliativos con un criterio unila- 
teral y hemipléjico, porque sólo se ha seguido el criterio de uno de 
los sexos; se han establecido complicados manejos procesales, que 
concluyen fatalmente por lo menos en la realidad de los hechos, de- 
jando a la madre soportando sola las cargas de un hijo sin padre 
responsable, y a miles de tarados y de inútiles, abandonados a los 
azares de un vida infeliz. 

Cierto que para resolver el problema a fin de inculcar acertada 
conducta en todas las conciencias — función de la enseñanza — 
sería necesario penetrar más hondamente en el estudio crítico de 
las organizaciones actuales de nuestro mundo moderno y realizar una 
reforma radical en determinados organismos sociales, como la fami- 
lia y establecerla sobre otras bases; la organización económica y su 
forma actual de administración general; sería imprescindible una re- 
forma básica en lo que se refiere a la función maternal encarándola 
en sus faces legal, económica y social, como verdadera Función de 
Estado, y buscando la forma de resolver equitativamente el proble- 
ma económico del hijo cuyas cargas deben recaer por igual sobre 
ambos progenitores; estudiar el problema de los seguros maternales, 
asimilados hoy arbitrariamente a los de enfermedad, como si^ la ma- 
ternidad lo fuese; atribuir las primas y obligar su cumplimiento 


(1) Art. 328 y 321 del C. Penal: causa de honor. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


29 


a ambos sexos y no sólo a la mujer (lo que había tentado' de orga- 
nizar con otra finalidad, un jefe totalitario) ; reformar los proble- 
mas de la filiación, realizar una profilaxis efectiva del abandono del 
hijo no legítimo desde su aparición en el alvo materno, hasta su 
mayor edad y toda una serie de problemas afines o semejantes y fi- 
nalmente la legalización de los deberes eugenésieos de ambos sexos, 
dándoles no sólo una personería moral. §ino una efectividad real en 
la . legislación positiva. 

Podrán ellos ser más o menos eficientes o más o menos proble- 
mático su cumplimiento, pero por aquéllo mismo que es ley, fomen- 
tará la conciencia de los deberes eugenésieos de ambos progenitores. 

No es de la competencia de este trabajo entrar en el análisis de 
todas las cuestiones a que me he referido; ni quiero significar que 
la enseñanza biológico - eugeuésica deba penetrar en la crítica de las 
organizaciones a que me he referido, ni en el estudio de estos errores. 

Pero la enseñanza de la moral sexual - biológico - eugenésica, pue- 
de, desde cualquier momento ir mostrando a sus alumnos estos erro- 
res, puede ir señalando sus graves consecuencias y encauzarlos a pro- 
ceder de acuerdo a las normas de moral biológica que reclama la 
eugenesia. Las costumbres suelen preceder a las leyes positivas. 

La escuela primaria, paulatina y discretamente, planteará los 
primeros jalones ; luego la enseñanza de la moral suministrará' a la 
adolescencia y la juventud de universidades, liceos, y eursos comple- 
mentarios — con el fin de que quede grabada en la mente del adul- 
to, — una línea de conducta que los faculte para abstenerse de aque- 
llos actos que la ley biológica condena; apercibir sus conciencias a 
las responsabilidades personales y colectivas de su conducta, si, de- 
rrotada la voluntad, se abandonan a la satisfacción material e im- 
pulsiva del apetito carnal. 

Deberes y responsabilidades comunes a ambos sexos, aunque pue- 
da ser diverso el “modus operandi” de cada uno. 

La enseñanza actual se desliza “sin rozar” sobre los deberes 
que crea la satisfacción del deseo sexual ante la ley moral, por lo 
que le corresponde una gran parte de culpabilidad en la comisión 
de los delitos que hemos condenado y otros de naturaleza semejante; 
y la hace responsable de la existencia de infinidad de criaturas cre- 
cidas al azar, en el abandono y la miseria, frutos del acaso o de 
relaciones impulsivas, que se convierten fatalmente en desperdicios 
humanos, tarados, inadaptables, seres antisociales, enfermos espiritual 
y físicamente; verdaderas cargas sociales que gravitan sobre el acer- 
vo material y espiritual de cada pueblo, y de todos los pueblos. 

Todas esas enseñanzas, esos conocimientos, esa educación, forma- 
tivas de la personalidad de cada uno, constituyen el contenido de lo 
que me permito llamar: enseñaniza biouogico - eugenesica. 

Ella no excluye la coexistencia de cualquiera enseñanza filosófica, 



30 


Paulina Luisi 


sea ella confesional o no lo sea, se funde o no en una fe positiva cual- 
quiera o en un ideal superior de vida, no religioso. 

Este contenido que. pretendo dar a la enseñanza sexual-biológico- 
eugcnésica, no lo he visto aún así expuesto en ninguno de los nu- 
merosos trabajos y tratados que he estudiado y consultado. 

Es el fruto de largas meditaciones que me han llevado a com- 
prender que todas las enseñanzas parciales, sean culturales, higiéni- 
cas o morales, no pueden dar un resultado provechoso si no se vin- 
culan todas ellas entre sí en un conjunto ordenado y progresivo. 

De hilo en hilo, mis reflexiones me han llevado a vincularlos con 
la misma organización del mundo y las costumbres modernas hasta 
llegar a la vérdadera raíz de todos estos males: La dualidad de la 
moral sexual que es la fuente malsana de estos terribles males, de 
los desvíos de conducta y de los conceptos jurídicos y sociales que 
ella ha alimentado; que son su consecuencia lógica y sólo podrán mo- 
dificarse sustituyendo el concepto ancestral y bárbaro de la supe- 
rioridad del macho, primitivo o civilizado, por un principio más en 
armonía con las leyes de la vida, con una justicia elemental y con 
los derechos de todos los seres humanos. 

TJna moral única y elevada igual para ambos sexos , establecida 
sobre la base del respeto al ser humano, la disciplina sexual y el 
cumplimiento de las responsabilidades de cada uno de ellos hacia la 
descendencia. (1) 

Igualdad de la moral — no en el libertinaje, el desenfreno y 
la licencia, como quisieron interpretarlo algunos — sino en los de- 
beres y responsabilidades asumidos en pleno conocimiento y libertad. 

Tal es el contenido de la doctrina que hemos llamado “ Unidad 
de la Moral: el instrumento para llevarla a la realidad de la vida es 
la conducta sexual ; el medio de lograrla es la enseñanza sexual, así 
comúnmente llamada, esto es la difusión de los procedimientos edu- 
cativos y conocimientos morales para orientar la conducta sexual en 
el sentido de esa Unidad de la moral que reclamamos. 

Para darle cuerpo y viabilidad es primordial encontrar un pro- 
cedimiento educativo y cultural que destruya en el ánimo del vulgo, 
ese concepto de deshonesto o prohibido aplicado al acto generador, 
consecuencia natural de la desviación que ha sufrido en las costum- 
bres y funesto resabio en la subconciencia del “fruto prohibido”, del 
desenfreno y la licencia. 

Es necesario elevarlo en una ideología que lo presente en su ver- 
dadero valor, como la más grande de las funciones de la especie; la 
superación de la propia vida en otra vida; el gesto ritual de la an- 
torcha que se trasmitían de mano en mano, los mejores, para llevarla 
al destino ambicionado: una generación más sana, más fuerte y más 
feliz. 


(1) Véase el capítulo II, del Título V: “Unidad de la Moral”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


31 


Y algo más todavía. 

Es necesario crear en la conciencia de las masas, no sólo el sen- 
timiento de la responsabilidad individual, sino también el sentimiento 
de la responsabilidad solidaria hacia la colectividad que encierra a 
cada uno... hacerle sentir que las consecuencias -de sus actos reper- 
cuten sobre todo el conjunto social por mucho que le parezca que 
sólo a sí propio se refieren. 

Hay qtíe crear un sentimiento cívico nuevo, que encierre en un 
sólo e ineludible deber, el cultivo de la propia elevación moral, de 
la salud colectiva, de la energía productora. (1) 

Sé que muchas de las ideas que estoy apuntando, serán miradas 
con conmiseración, como una utopía o una fantasía romántica, teó- 
rica e irrealizable. 

Esto no me detiene para exponerlas. 

Desde Iearo, que pretendiendo volar se estrelló en las rocas ; 
desde el soñador Peral que tuvo la peregrina ocurrencia de navegar 
bajo las olas; desde Julio Verne cuyas concepciones fantásticas leía- 
mos en nuestra infancia, arrobados por sus extraordinarias creacio- 
nes, hasta los días de hoy, en que aviones y submarinos cruzan los 
aires y los mares, hasta las fantásticas hazañas de Pieard que visita 
la estratosfera, y la pretensión “ ridicula” de los antiguos alquimis- 
tas de trasmutar los metales que se han transformado en armas ató- 
micas terribles, aterradoras; muchas utopías se han cristalizado en 
realidad. 

Y no es ciertamente una utopía pretender domesticar, civilizar 
el más bravo y poderoso de los instintos naturales; como lo ha sido 
realizado con los otros; encauzándolo por las sendas de la moral y 
el respeto a las leyes de la vida, en uná superación de las fuerzas 
todavía indómitas del animal - hombre, refrenándolas y educándolas 
hacia una forma superior de la especie humana. 

Es en el convencimiento íntimo de mi espíritu, que discutidas 
y disecadas las ideas expuestas en las páginas precedentes, doy a la 
enseñanza de que nos ocupamos, un alcance biológico - social que a 
prima facies podría parecer exagerado. 

Reflexionando sobre los puntos que he ido presentando, al pre- 
tender sintetizarlos, el espíritu ensancha su horizonte y alcanza, co- 
mo las he alcanzado yo, las vinculaciones inquebrantables que existen 
entre ellos. 

Pero aún nada se ha realizado de sistemático y concreto, ordé- 
nado, en el terreno de lá enseñanza, (cultura y educación). Todo es- 
tá por comenzar. 

Sin embargo, para la marcha ascendente de nuestros pueblos. 


(1) Véase mi trabajo: “El hombre como capital humano”, de mi cá- 
tedra de Higiene Social, 1925; transcrito en mi Informe al Congreso Inter- 
nacional del cáncer, pág. 177, Madrid 1934. 



32 


Paulina Luisi 


para su elevación sobre el materialismo egoísta y personal; es nece- 
sario introducir cuanto antes esta enseñanza en la enseñanza general 
de nuestros niños y nuestros adolescentes y jóvenes, si queremos por 
lo menos poner un dique a la amoralidad, al egoísmo inconsciente, a 
la conducta anticolectiva, al desenfreno en las costumbres que se de- 
sarrollan monstruosamente después de las grandes convulsiones de los 
pueblos. 

Sea lo que fuere, utopía o futura posible realidad, entrego a 
estas páginas el fruto de muchas lecturas, largas meditaciones y una 
poca pero cuidadosa experimentación en lo que a enseñanza elemen- 
tal se refiere. 

Estimaré premiadas mis luchas y fatigas, si puedo con ellas apor- 
tar una contribución siquiera minúscula, a este magno problema, ob- 
jeto de una de mis mayores y constantes preocupaciones. 

Y más premiada aún, si la parte pedagógica de mi Ensayo pue- 
de servir de orientación a los maestros, siquiera como instrumento 
auxiliar de su labor para mejores y más perfectas realizaciones. 

En cuanto a este concepto mío de lo que debe comprender la 
llamada “enseñanza sexual”, puede que sea una semilla arrojada 
al viento y puede que llegue a hacerse realidad en alguna parte 
del planeta. 


Invierno de 1949. 



TITULO II 


Ensayo sobre Enseñanza biológico-eugenésica 

(Doctrina - Metodología) 

\ 

\ 

ADVERTENCIA AL LECTOR 

En 1921 fui designada por el Comité Organizador del 2.° Con- 
greso Médico Nacional, Relator Oficial para el tema “Educación Se- 
xual”, impuesto a ese Congreso por resolución del Primer Congreso 
Médico Nacional, realizado en abril de 1916. 

En 1922 se convocó en París el Congreso Internacional de Pro- 
paganda de Higiene Social y Educación Profiláctica Sanitaria y Mo- 
ral, organizado entre los actos oficiales para la celebración del Cen- 
tenario de Pasteur. 

Para esa gran reunión científica internacional, se designaron 
dos relatores oficiales para la sección destinada exclusivamente a 
“ Educación Sexual la Dra. Paulina Luisi, de la Universidad de 
Montevideo y el Dr. Roberto Cháble, de la de Lausana, Presidente 
de la “Liga Suiza de Higiene Social”. 

El Informe presentado en esa ocasión y el que presenté al Con- 
greso Médico Nacional, no podían diferir uno de otro, ni difieren 
absolutamente en cuanto a concepto y exposición de la doctrina. 

Sólo que para el Congreso de París hube que adaptar la dis- 
tribución de la materia, al plan trazado por el Director de la Sec- 
ción, Profesor Mauricio Roger, Director de Enseñanza en París. (1)' 

Para no repetir la publicación del mismo trabajo, los he refun- 
dido ambos en este ensayo, que presento ahora con el nombre de “En- 
señanza Sexual”. 

El texto de ambos informes, tal cual fueron presentados a los 
respectivos Congresos, puede encontrarse en “Actas del II. 0 Con- 
greso Médico Nacional” y en actas del “Congreso Internacional de 
Higiene Social de París”, volúmenes que obran ambos en la Biblio- 
teca Nacional, la Biblioteca de la Facultad de Medicina y la Biblio- 
teca del Consejo de Enseñanza Primaria y Normal, todas de esta 
Capital: además en las dos primeras existen dos volúmenes, uno en 


(1) Para más detalles sobre este congreso, ver mi Informe a nuestro 
Gobierno que representé oficialmente en ese Congreso. Titulo VI. 


3 



34 


Paulina Luisi 


cada una, donde están recogidos los folletos que he publicado entre 
los cuales una tirada aparte del trabajo del Congreso de París, en 
francés, idioma en el que fué escrito el original. 

En cuanto al Congreso de París, sus trabajos se recogieron en 
un grueso volumen, que obran en la Biblioteca Nacional de París, 
y en la de Montevideo, y las Conclusiones aceptadas se publicaron 
íntegras en “La Presse Médieale”, de París, el 4 de julio de 1923 
que existe en la Biblioteca de la Facultad de Medicina de Monte- 
video. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


35 


PREFACIO AL INFORME PRESENTADO AL CONGRESO MEDICO 

Este tema pertenece mucho más a la pedagogía que a la medi- 
cina, aunque se hayan preocupado de él, con preferencia, médicos y 
sociólogos, y aunque se encuentren precisamente entre los maestros, 
sus más encarnizados opositores. 

Hay sin embargo entre los médicos higienistas, quienes deben 
repartir sus ocupaciones entre la pedagogía y la higiene: son los mé- 
dicos escolares. Para llenar su cometido, en conciencia, el médico es- 
colar debe conocer psicología infantil y pedagogía. 

En este concepto, el informe que me ha sido confiado por el 
Comité Organizador del 2.° Congreso Médico Nacional, puede encua- 
drar perfectamente en una seccional de Higiene. 

En el curso de mi exposición, daré preferencia a la escuela pri- 
maria, entendiendo, de esta manera, llenar los deseos del Comité Or- 
ganizador, al honrarme con la designación de Relator Oficial, y so- 
bre todo, creo así interpretar las intenciones del Primer Congreso Na- 
cional, al que asistí cuando éste propuso y votó el tema “La Edu- 
cación Sexual”, como tema oficial para este Segundo Congreso. 

Deberé, pues, alejar la atención de sus Miembros de los asun- 
tos propiamente médicos para llevarlos conmigo a la escuela prima- 
ria; porque el problema de la Enseñanza Sexual, es ante todo una 
cuestión de pedagogía, y hasta, en parte, de didáctica simplemente. 

Declaro, pues, que no debo responder a la cuestión solamente 
como médico, sino y sobre todo, como maestra, que lo he sido. 

El punto de vista exclusivo de la medicina, para mí, carece de 
importancia, pues no se me ha pedido informar sobre la “Enseñanza 
Profiláctica”, sino sobre la “Enseñanza Sexual”. El punto de vista 
médico no toca más que uno solo de sus capítulos, el que se refiere 
a la Higiene preventiva. 

No obstante, en atención a la índole de este Congreso, me de- 
tendré lo menos posible en la parte de técnica pedagógica, esbozando 
apenas una idea general de ella. 

He querido ahorrar así una parte de didáctica, a los que no son 
del oficio, y me concretaré apenas a un rápido esbozo del desarrollo 
de la materia. 



I 

Doctrina 


CAPITULO I 


La moral biológica como fundamento de la 
moral práctica 


En una memorable lección, el sabio profesor Carlos Richet, de- 
cía: “La civilización que lo ha hecho todo para el progreso del in- 
dividuo, sólo ha conseguido la degradación de la especie. La civili- 
zación es pues incompleta; ha civilizado más o menos todos los ins- 
tintos del individuo con excepción del instinto de la reproducción”. 

Yo pienso que la vida de las sociedades ha hecho algo peor aún: 
no sólo no ha civilizado el instinto sexual, sino que lo ha desviado 
de su finalidad natural, la reproducción de la especie, para trans- 
formarlo en fuente de placeres desordenados en los cuales el hom- 
bre busca sólo la satisfacción de apetitos sensuales evitando cuida- 
dosamente las responsabilidades y los deberes inherentes a esta fun- 
ción en su alta finalidad de perpetuar la especie. 

Para llegar a este resultado las leyes naturales de la vida han 
sido violadas: las consecuencias biológicas y morales se han hecho 
■sentir de inmediato. 

La higiene y la moral tienen un mismo origen biológico indis- 
pensable al desarrollo de la humanidad: la necesidad de la salud 
física y psíquica o como dice el Dr. Wilm “la necesidad del me- 
joramiento de las fuerzas de la vida”. 

La higiene y la moral protestan hoy contra el estado social de 
nuestros días que lesiona sus derechos: la higiene, por la enorme 
difusión de las enfermedades venéreas; la^moral, por la disolución 
y el desorden de las costumbres actuales. 

“La filosofía, dice el profesor Doleris, con la orientación esté- 
tica que ha querido imprimir a la adolescencia, y las religiones, sea 
por el rigor despótico que han pretendido imponer, sea por la ex- 
cesiva espiritualización de las pasiones afectivas, no han conseguido 
canalizar el instinto sexual del hombre hacia el uso razonable de las 
funciones genésicas ’ ’. 

En efecto, tanto las doctrinas filosóficas como las religiones se 
han mostrado hasta el presente completamente impotentes, y hoy 



Pedagogía y Conducta Sexual 


y7 


más que nunca, para dominar esta gravísima crisis de la humanidad. 
Unas y otras han disminuido su poder pretendiendo desconocer la 
fuerza que rige los actos de la humanidad, así en el dominio de la 
moral como en el de la higiene : la vida. 

Relegando el acto sexual al grupo de las funciones inferiores, 
casi vergonzosas, del organismo, ellas lo han condenado a una de- 
preciación moral como valor, en el balance de la vida individual y, 
colectiva. 

Sin embargo, “condenar el ejercicio de las funciones sexuales es 
condenar la vida misma”, dice con inmensa razón Th. Ruyssen. 

Para imponerse a los hombres con la fuerza de un imperativo 
categórico, la moral debe apoyarse sobre principios tales que la in- 
teligencia humana encuentre en ellos una concordancia perfecta con 
las leyes de la vida, que reconozca en ellos la expresión más elevada, 
la esencia misma de estas leyes. 

La moral debe pues fundarse en la ciencia. Estará sujeta a la 
evolución: sufrirá sus progresos y sus modificaciones: lo absoluto es 
tan imposible en el dominio de la moral como lo es en el de la 
ciencia y la experimentación. 

Cualesquiera que sean esas modificaciones, la moral se elevará 
por medio de la ciencia en busca de la finalidad misma del progreso : 
una humanidad mejor y más feliz. 

“La felicidad de los seres humanos contiene toda la moral”, 
dice el sabio profesor Charles Richet. 

Las leyes que rigen la marcha de la humanidad comienzan a 
sernos reveladas: la biología nos ha hecho comprender una cantidad 
de fenómenos que las religiones nos mostraban como cosas sobrena- 
turales. 

Las leyes biológicas pueden servir de base a una nueva moral. 
Así terminará el antagonismo secular entre la ciencia y la moral; 
la humanidad mejor apercibida podrá adquirir una conciencia ca- 
paz de orientarla hacia sus futuros destinos. 

La higiene y la moral se encontrarán en un terreno común; 
ambas deducirán sus normas dirigentes de las leyes naturales de 
la biología, esto es, de la Vida misma. 

De hoy más, los derechos y los deberes no estarán ya fundados 
en principios arbitrarios, más o menos especulativos: lo mismo que 
los preceptos de la higiene, ellos tendrán su fundamento en los prin- 
cipios positivos de la biología, en las leyes que rigen la Vida. 

“La moral y la higiene son dos ciencias vacías, ineficaces y ri- 
diculas cuando no se. basan en un conocimiento y en un respeto 
previo de la naturaleza”, dice un conocido autor. 

“Día vendrá, dice el eminente profesor Pinard, en que, en to- 
das las escuelas de Francia, por encima de los “Derechos del hom- 
bre y del ciudadano” se enseñará el principio siguiente: “Todo ser 
humano adulto, sano y fuerte tiene dos grandes deberes que cum- 



38 


Paulina Luisi 


plir: producir es decir trabajar, y reproducirse es decir, fundar una 
familia”. (1) 

Yo quiero ampliar estas palabras afirmando que no está lejano 
el día en que se enseñará a todos los niños del mundo una nueva 
moral; la» moral del trabajo, — purificado del funesto estigma de 
castigo con que lo han desmerecido ciertas religiones — la moral 
del trabajo considerado como el sello de la dignidad humana, que 
por él se supera a sí misma buscando el medio de elevarse hacia el 
perfeccionamiento de su propia esencia; la moral del trabajo, como 
el “Nuevo Honor”, de que tan admirablemente nos habla ese gran 
espíritu que se llama Pierre Hamp. . . y se les enseñará al mismo 
tiempo el deber de la reproducción como el sacerdocio de una nueva 
religión, la religión de la Especie, que nos obliga a transmitir, a 
los que vendrán después de nosotros, la llama sagrada de la vida, 
de que nos hicieron depositarios nuestros antepasados, para renovar 
así hasta el infinito, la marcha de la humanidad hacia su finalidad 
indescifrable. 

Para alcanzar este ideal, será necesario crear una nueva con- 
ciencia inspirada en un afán de superación que pueda ser como el 
eje alrededor del que se mueven las corrientes que ponen en movi- 
miento las fuerzas espirituales. 

Estas fuerzas pueden ser la religión, la noción abstracta del 
deber, un concepto superior que sirva de guía nuestra conducta (mo- 
ral sin religión), el respeto para consigo mismo, las convenciones so- 
ciales, el sentimiento de nuestra responsabilidad moral, el temor de 
las consecuencias de nuestros actos cuyas más graves manifestacio- 
nes son en este caso especial, el embarazo y el contagio de las enfer- 
medades venéreas. 

Sea cual sea el fundamento de este ideal superior, él deberá 
guiar nuestros actos hacia la conquista de la felicidad común, la 
de quienes nos rodean, y la de aquéllos que nos continuarán en la 
vida: solidaridad de presente y de futuro como somos nosotros so- 
lidarios hoy de las edades que nos precedieron a través de los siglos. 

Axioma de la moral futura es la convicción profunda de que 
no somos nada más que un eslabón de la infinita cadena de la hu- 
manidad, así en el tiempo como en el espacio, y que este vínculo 
es tan fatal en la sucesión colectiva de los hombres a través de las 
edades diversas de la humanidad, como lo es, en la vida de cada 
individuo, la sucesión de los momentos a través de la existencia. 

Cada una de nuestras acciones deja su huella sobre el yo in- 
dividual por una modificación parcial indeleble e indefectible. La 
personalidad de cada uno, es la resultante de lo que hemos sido 


(1) Yo entiendo en la palabra familia la unión de dos seres que crean 
y educan a su descendencia; existan o no entre ellos los vínculos varia- 
bles y mutables que establecen las religiones y las leyes. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


3? 


en cada uno de los momentos de nuestra vida: imprime a nuestro 
destino una dirección especial e ineludible. 

Así también el carácter de una sociedad o de un pueblo lleva 
el sello de sus unidades individuales. Todos los instantes de nuestra 
vida son solidarios los unos con los otros, como lo somos nosotros 
de los individuos de la sociedad a la cual pertenecemos y ésta lo 
es de la humanidad a través de la historia. 

Para dirigir la conducta de cada uno en la vida, será necesario 
crear, pues, en cada individuo y en las colectividades, la conciencia 
de esa solidaridad entre los seres humanos, en el presente; y la con- 
ciencia de esa misma solidaridad para la especie, la conciencia del 
bien de mañana, del porvenir de la raza; en otros términos, la con- 
ciencia EUGENESICA. 

La nueva doctrina, sacada de la biología, ejercerá una infuen- 
eia bienhechora sobre la civilización del instinto sexual. 

Lejos de pretender encerrar esa función en el euadro de un 
ascetismo contrario a las leyes de la naturaleza, lejos de rechazarla 
como indigna de los favores de la educación, lejos de permitirle de- 
sempeñarse a la merced del capricho o del impulso primitivo, sólo 
para satisfacer una sed de placeres estériles; la moral biológica 
devolverá a la función sexual el cometido que la naturaleza le ha 
destinado: la reproducción de la especie. 

Sea cualquiera la base especulativa sobre la que se pretenda 
cimentar la moral teórica, base filosófica, dogmática o confesional; 
cualquiera sea el ideal religioso o filosófico que inspire nuestro es- 
píritu, cualquiera sea el principio que oriente nuestras acciones — 
sin penetrar para nada en soluciones metafísicas, a las que el 
espíritu humano jamás podrá alcanzar, — hay una verdad en la 
que todos los conceptos, por lejanos que parezcan se reúnen: la ne- 
cesidad del respeto a las leyes de la Vida. 

La moral sexual práctica sólo reclama eso: el respeto a las le- 
yes de la Vida porque sólo puede asentarse en las leyes de la Bio- 
logía: sus preceptos sólo pueden apoyarse en la base de una armo- 
nía perfecta entre éstas y la finalidad natural de la función sexual: 
la reproducción de la especie. 

La moral biológica deberá pues considerar el acto sexual como 
el acto supremo exigido por la vinculación de las generaciones a 
través de las edades. 



CAPITULO II 


Moral biológica y pedagogía 


La finalidad de la función sexual deberá ser comprendida así 
y solamente así. 

Deberá pues entrar fatalmente en la órbita frenadora de la 
educación, deberá sufrir su aceión civilizadora de la misma manera 
qué los demás instintos. 

La moral biológica reclama imperiosamente esta colaboración efi- 
caz de la pedagogía, es decir, de la educación; de una juiciosa pe- 
dagogía capaz de deducir los preceptos morales de las leyes de la 
vida; capaz de enseñar los fenómenos naturales según los datos de 
la ciencia, capaz de deducir de ella las reglas prácticas de conducta 
moral: de una pedagogía que sepa cumplir su obra de educación, 
estableciendo una armonía perfecta entre los preceptos morales y 
las leyes de la Vida. 

Al fundar su acción sobre las verdaderas necesidades de cada 
ser humano, la educación deberá preocuparse, no solamente del co- 
nocimiento de los fenómenos que se relacionan con la perpetuación 
de la especie, sino también y sobre todo de los deberes y de las 
RESPONSABILIDADES QUE CREA LA FUNCION SEXUAL al individuo en SUS 
relaciones, no sólo con la descendencia, sino también con la sociedad 
en que se vive. 

De acuerdo con la moral biológica, la pedagogía deberá ocu- 
parse de la educación moral de cada individuo : la educación moral 
del punto de vista colectivo o social y la educación moral específica 
indispensable a cada unidad humana para llenar su misión en la 
falange de los hombres de la que somos un simple eslabón, lo mismo 
en la vida contemporánea de cada generación cuyas reacciones sufri- 
mos individual y colectivamente, como a través del tiempo, en el 
encadenamiento fatal de las generaciones que, de igual manera, ex- 
perimentan las reacciones de las generaciones que las precedieron. 

Es necesario pues que la enseñanza deje de lado tradiciones más 
o menos añejas. 

Encaminándose audazmente por las nuevas rutas, debe enseñar 
al niño a mirar de frente la verdad, toda la verdad de la vida. 

La escuela será así un verdadero laboratorio que preparará al 
niño a su destino en la vida adulta. Inspirada en la verdad, su en- 
señanza no se verá jamás en desacuerdo con las enseñanzas que, en 
el correr del tiempo recibirá el niño en su marcha por la vida. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


41 


Para llenar su cometido, haciendo del niño una unidad útil en 
su vida adulta, la educación deberá formar en él: 

1.’) UNA VOLUNTAD CAPAZ DE IMPONERSE CON FUERZA DISCIPLINARIA 
SOBRE LOS INSTINTOS; 

2. 9 ) UNA CONCIENCIA CAPAZ DE RESPONSABILIDAD; 

3 °) UNA INTELIGENCIA CAPAZ DE EJERCER SU CONTRALOR SOBRE LA 
VOLUNTAD Y DE APRECIAR LA RESPONSABILIDAD QUE CADA ACTO 
HUMANO TRAE APAREJADA A SU EJECUCION. 

Para conseguirlo, es necesario que el individuo sepa. 

Que tenga el conocimiento de las cosas tales como son y no 
tales como prejuicios rancios pretenden, aún en el día de hoy, im- 
ponerlo a la mente de los niños, en una flagrante contradicción con 
todos los hechos que la vida diaria ofrece a sus ojos curiosos y a sus 
inteligencias ávidas de aprender. 

La reflexión, función de la inteligencia, y la responsabilidad, 
función de la conciencia, deben saber para decidirse libremente. 

“El conocimiento es la primera condición de la libertad, es el 
fundamento de la higiene como lo es de la moral”, dice Sicard de 
Plauzolles. 

Saber, es decir, conocer los fenómenos relativos a la perpetua- 
ción de la especie. 

Saber, es decir, conocer los deberes hacia la sociedad y hacia la 
descendencia que nace del ejercicio de la función sexual. 

Saber, es decir, conocer las responsabilidades que se asumen ca- 
da vez que se realiza el acto generador. 

La enseñanza tal como la concibo, debe fundamentar su acción 
sobre las necesidades verdaderas e inmanentes de la vida. , 

El joven deberá estar preparado intelectual y moralmente para 
recibir con libertad y conciencia la primera revelación de la vida 
adulta que lo transforma por completo: el conocimiento intelectual y 
la preparación moral deben, pues, preceder a la revelación fisiológica. 

Es por lo tanto, necesario, que cuando llegue ese momento fisio- 
lógico que inicia el cumplimiento completo de la vida adulta, — mo- 
mento fundamental en la vida de cada ser humano, — pues no sólo 
señala una nueva etapa en su vida física, sino que deja también una 
profunda huella en el ser moral, — es necesario que llegado el tiem- 
po de su cumplimiento, encuentre al ser humano preparado de tal 
suerte que sea él mismo quien pueda elegir, decidir del momento 
oportuno, bajo el contralor de su inteligencia advertida y sometida al 
poder disciplinario de su voluntad. 

“Tanto en el interés personal como en el de la colectividad y 
en el de la especie, el hombre debe estar advertido de todo lo que 
significan las relaciones sexuales, de sus riesgos, sus peligros, sus con- 
secuencias, sus responsabilidades”. ^ 



42 


Paulina Luisi 


El conocimiento de los fenómenos relativos a la reproducción de 
la especie, en lo que son ellos subjetivamente; en lo que son o serán 
objetivamente, cuando el individuo, sometido a las leyes de la Vida, 
se convertirá en actor; esto es, el conocimiento de las consecuencias 
que acarrea cada una de sus acciones; conocimiento de los princi- 
pios de moral individual, colectiva y engenésica o racial que le son 
indispensables para ocupar dignamente su lugar en la colectividad 
humana. 

En síntesis: 

Inteligencia preparada para conocer las consecuencias de cada una 
de sus acciones y las responsabilidades que de ellas se derivan; res- 
ponsabilidades morales: individual, colectiva y racial o eugenésica. 

Voluntad para proceder o abstenerse. 

En pocas palabras : conocimiento, conciencia, previsión y voluntad. 

Ellas estarán dirigidas por la persona moral que le exige el cum- 
plimiento de sus deberes individuales, colectivos y raciales o eugené- 
sicos, es decir, deberes hacia los que han de venir, llamados a la vida 
por el acto creador. 

El instrumento para realizar esta conducta es la enseñanza 

EN SUS DOS PARTES: EDUCACION E INSTRUCCION. 



CAPITULO III 


Psicología adulta y psicología infantil 


El problema de la educación sexual es a la vez biológico y edu- 
cativo. “No hay en toda la higiene una cuestión en donde la peda- 
gogía y la medicina se hallen más íntimamente unidas”, dice el ilus- 
tre profesor de la Sorbona, Mr. Gustavo Lanson. 

No solamente la pedagogía y la medicina entran en juego en 
este difícil problema; la sociología, la ótica, la psicología, la higiene, 
la biología, la psiquiatría, las ciencias naturales, se unen para com- 
plicarlo singularmente. 

El axioma fundamental de la cuestión, dice el profesor Augusto 
Forel, (1) es el siguiente: 

“En el hombre, como en todos los seres vivos, la finalidad in- 
manente a toda función sexual y por consiguiente, al amor sexual, 
es la reproducción de la especie. 

“La humanidad debe, para su propia felicidad, reproducirse, de 
tal suerte de elevar progresivamente todas las facultades psíquicas 
y mentales del hombre, tanto desde el punto de vista de la salud y 
de la fuerza corporal, como de aquel del sentimiento, de la inteli- 
gencia, de la voluntad, de la imaginación creadora, del amor al tra- 
bajo, de la alegría de vivir y del sentimiento de solidaridad social”. 

La acertada solución del problema es, pues, de una importancia 
fundamental para el bienestar y la felicidad humanas. 

Extraordinariamente complejo, este problema no puede resolver- 
se con la sencillez con que se resuelven otros problemas sociales, tra- 
tando de suprimir sus causas, porque estos últimos habiendo sido 
creados por el hombre, pueden desaparecer sin alterar las condicio- 
nes de la vida normal. 

Pero los sentimientos y el instinto sexuales forman parte de la 
vida misma, tienen su fundamento y su razón de ser en la existen- 
cia humana, en ella toman sus raíces: existen porque ella existe. La 
vida social les ha desviado de su finalidad verdadera, expresada en 
el axioma de Forel, llevándolo por las falsas vías que han desna- 
turalizado la razón de su existencia. 

La búsqueda desenfrenada del placer y la deserción del cum- 


(1) Profesor de Psiquiatría en la Universidad de Zurich. Suiza. Autor 
del monumental tratado “La question sexuelle”, traducida a veinte y tres 
Idiomas . 



44 


Paulina Luisi 


plimiento de las responsabilidades y deberes inherentes a las funcio- 
nes de generación, han torcido completamente su fin natural. Es ne- 
cesario volverlas a su correcta finalidad, regularizar su marcha, en- 
cauzar estos instintos y sentimientos, canalizarlos, guiándolos conve- 
nientemente, mirando al porvenir y pensando en la felicidad de nues- 
tra descendencia. 

Y he ahí como entra en juego la educación. 

Todos los instintos yx sentimientos del hombre, empiezan a ser 
encauzados en lajs normas realizadas por la civilización, desde ei 
momento en que él empieza a ponerse en contacto con la vida co- 
lectiva, es decir, desde que su psiquis despierta a la vida de relación. 

A medida que el pequeño ser va desarrollándose, al contacto de 
las demás unidades sociales, familia primero, escuela y compañeros 
después, va adquiriendo instintivamente, subconscientemente, una se- 
rie de hábitos trazados por las costumbres del ambiente en que se 
desarrolla, e impuestos a su naturaleza por la imitación. 

La familia y la escuela contribuyen a la adquisición y orienta- 
ción de estos hábitos exigidos por la vida colectiva. 

De esta suerte, los instintos y sentimientos del hombre van mo- 
dificándose y expandiéndose bajo la influencia directriz de la educa- 
ción y sometiéndola en buena parte a la fuerza del hábito adquirido: 
el acto reflejo se transforma; el acto voluntario tiende a convertirse 
en subconsciente. 

De esta manera, todos los instintos derivados del natural egoís- 
mo humano^ — que no es sino la libre expansión de la energía vital 
de cada ser, — van siendo sometidos a la sujeción de ese imperativo 
impuesto a la naturaleza por la civilización. Llega así el niño a 
la edad adulta, modificada su naturaleza primitiva bajo la acción 
continua de la educación. 

Uno sólo, sin embargo, de todos los instintos primitivos del ani- 
mal-hombre normal, ha sido excluido del contralor educativo: el 
instinto genésico, que se conserva en la época actual como en las 
épocas primitivas, completamente ineducado; con toda la indisciplina 
primitiva de la vida salvaje, refrenado apenas y sólo en apariencia, 
en determinados casos, por la fuerza represiva de algunas leyes y 
costumbres. 

Se conserva absolutamente ignorado por la educación, sin más 
contralor ni más freno que la sanción legal o la sanción social, 
cuando sus consecuencias llegan a ser descubiertas; con menos res- 
ponsabilidad que las otras pasiones primitivas, porque le es más fá- 
cil ocultar sus manifestaciones o sus extravíos. 

El acto sexual no difiere, fisiológicamente, de los demás actos 
de la vida animal ; ingestión, excreción : es un acto individual si lo 
consideramos subjetivamente. Se diferencia de los otros, comer, dor- 
mir, etc., en que no es necesario a la conservación de la propia vida. 
Nadie, pues, tiene derecho de intervenir en su realización, y mucho 



Pedagogía y Conducta Sexual 


45 


menos de fiscalizarlo si pudiera ser, como los otros, un acto indi- 
vidual. 

Pero la voluntad de su comisión deja de pertenecerle porque su 
cumplimiento no es individual; su ejecución necesita de otro, y pue- 
de tener consecuencias que afecten a terceros : contagio venéreo, vio- 
lación, embarazo, procreación de otro ser. 

El cuadro cambia. De individual como gesto, su comisión tiene 
efecto colectivo, y la colectividad está entonces facultada para inter- 
venir, porque ella soporta sus efectos si, por ejemplo, altera la salud 
del co-actor, si trae a la vida una descendencia tarada, si no está 
capacitado para proveer a sus necesidades durante su crianza y edu- 
cación, en una palabra, si su acto grava la colectividad con una nue- 
va carga social. 

Esa intervención es imperiosamente necesaria porque la procrea- 
cióp no es solamente un derecho individual, es también un deber in- 
dividual y racial o eugenésico, y como deber ha de ser cumplido en 
forma sana y eficiente. La colectividad tiene a su vez el derecho 
de fiscalizarla en bien de la especie y en provecho de las mejores 
condiciones de vida para todos. 

El gran psiquiatra galo, Dr. Toulouse, bien lo subraya respecto 
a la mujer, cuando dice: “Día vendrá en que nuestra época pare- 
cerá de bárbaros, cuando el acto de la procreación no estaba inspirado 
en ninguna elección, ninguna idea, ningún consejo que aquéllos mur- 
murados por el instinto. Es posible y aún probable que la mater- 
nidad será una función social respetada, remunerada al par de las 
más altas, pero cuyo ejercicio no todas las mujeres estarán calificadas 
para desempeñar”. (La question sexuelle et la femme, pág. 195). 

Si se juzga que ese contralor debe aplicarse a la mujer, con 
igual y tal vez mayor motivo (por las condiciones especiales inhe- 
rentes al acto) deberá ejercerse sobre el hombre para que no arro- 
je al acto fecundo, malsanas o taradas semillas. 

La civilización ha consagrado todos sus esfuerzos a mejorar las 
condiciones sociales y particulares del individuo, absorbiendo en un 
programa colectivo a todas sus unidades componentes. Mas en los 
actos en que la acción individual escapa a la vigilancia de la vida 
común, el instinto, enfrenado por las leyes que el progreso ha dic- 
tado, vuelyg a asomarse al exterior con todas las características de 
las tendencias primitivas. 

Hay pues que buscar el medio de someter, en bien de ese pro- 
greso adquirido, aquél de los instintos todavía casi abandonado » 
sí mismo, a una acción frenadora y benéfica, a una fuerza que lo 
incluya en las formas de la vida civilizada, volviéndolo fecundo pa- 
ra la vida y devenir de la colectividad que lo contiene. 

Esa fuerza, única, susceptible de encauzarlo y someterlo, es la 
disciplina personal, propia de cada uno que sólo puede adquirirse por 



4 6 


Paulina Luisi 


la educación y fortalecimiento de la voluntad, iluminada por la in- 
teligencia instruida y por ende responsable. 

El trabajo pedagógico que pretende desarrollar la acción dis- 
ciplinaria sobre este instinto, y permítaseme la expresión, esa doma 
de los impulsos y deseos sexuales bajo el freno de la voluntad, cons- 
tituye lo que se ha dado en llamar enseñanza sexual. 

Por qué razón la pedagogía ha querido ignorar hasta el pre- 
sente la existencia del instinto genésico y lo ha abandonado a la 
indisciplina de los instintos naturales propia de la vida primitiva? 

Preconceptos venidos de lejanas edades, prejuicios morales y re- 
ligiosos, temor irreflexivo de despertar la sensualidad del niño con 
la revelación de hechos considerados indecentes: la desviación mis- 
ma del concepto social sobre el acto generador, desvirtuando de su 
funcióp fisiológica natural para convertirlo solamente en fuente de 
placer; lacras sociales que han venido a injertarse sobre la función 
orgánica de mayor trascendencia; sinnúmero de factores sociales y 
morales, religiosos, históricos y económicos, han venido rebajando el 
alto valor moral de la función reproductora, convirtiéndola en acto 
deshonesto o inconfesable, fuera de determinadas condiciones. 

La maternidad misma, aún cubierta por el manto de la unión 
legalmente constituida, ha sido sometida al deshonor de los actos 
vergonzosos. 

Toda una psicología social sería necesaria para explicar el des- 
crédito moral en que se mantienen los fenómenos relativos a la per- 
petuación de la especie. 

Preconeeptos inaceptables para quienes miran alto y quieren la 
Verdad y el Bien como normas de la vida social, son., sin embargo, 
bastante poderosos todavía para oponer su negativa inflexible a la 
intromisión de la pedagogía en la cuestión sexual. 

Por otra parte, la naturaleza de los fenómenos sexuales, los fac- 
tores circunstanciales que rodean al acto generador, la intimidad 
de los sentimientos que a éste responden y su natural reserva, han 
contribuido también a alejar de la didáctica todas las cuestiones 
relativas a esta función. 

Además, a mi juicio, el problema de su oportunidad contribuye 
a complicar la cuestión. 

¿Qué sucede en la práctica corriente de la vida? 

Voluntariamente o no, quienes rodean al niño comienzan su edu- 
cación desde la cuna. Terminada la primera infancia, la escuela 
continúa, corrige, y completa la educación familiar. Mas, llegada la 
adolescencia, cesa en general la acción de la escuela, a lo menos pa- 
ra el enorme porcentaje de los niños que a esta edad comienzan la 
preparación a la lucha por la vida, sea con el aprendizaje de un 
oficio, sea con la adquisición de una aptitud cualquiera, para ocu- 
par su puesto en la falange social. 



Pedacogía y Conducta Sexual 


47 


En esa misma época de la vida, hacen su aparición los fenó- 
menos premonitores del desarrollo de la aptitud generadora. 

Así pues, en el momento en que aparecen sus primeras mani- 
festaciones y en consecuencia empieza el despertar del instinto, la 

acción educadora de la familia y de la escuela se relajan, y las 
fuerzas que despiertan, quedan más o menos abandonadas a sí mis- 
mas sin contralor y sin freno. 

. Los adultos, sugestionados por las circunstancias sociales diver- 
sas derivadas de acto sexual, y muy especialmente la lacra de la 

prostitución, así como por los preconceptos que acompañan aquel 
acto, no se atreven a abordar el tema por temor de herir la inocen- 
cia de los niños. 

Se comete así una grave falta de psicología infantil, que ha 
sido funesta para la educación y la higiene y de la que no hay 
excusa para quienes pretenden ser educadores. 

El adulto no se atreve a hablar de estas cuestiones porque atri- 
buye al cerebro del niño su psicología de adulto, porque no puede 
volver a ser niño y es incapaz de olvidar lo que aprendió o conoció 
para volverse como aquél. 

Alrededor del simple y llano fenómeno natural sobre el que se 
atrae la observación o que se da a conocer; el espíritu, la fantasía 
o simplemente el suconsciente del adulto acumulan el conocimiento, 
cuando no el recuerdo de las sensaciones que lo acompañan y todas 
sus circunstancias. 

Habiendo sido actores, las concomitancias del acto acompañan 
a su imagen cuando las evoca su espíritu: es pues incapaz de de- 
volver al acto la significación de pureza de una función natural. 

Traduce magistralmente este estado psicológico del educador, en 
los párrafos siguientes, el profesor Porel, de indiscutible autoridad 
en este asunto: “La costumbre disminuye siempre los efectos eróti- 
cos de determinadas percepciones de nuestros sentidos, e, inversa- 
mente, el erotismo o deseo sexual está siempre especialmente excitado 
por las percepciones e imágenes no habituales, relativas al otro sexo”. 

“Desgraciadamente, el adulto comete casi siempre el mismo error 
pedagógico, pues inconscientemente atribuye al niño sus propios sen- 
timientos de adulto y procede en consecuencia : grave error. Lo que 
es capaz de excitar los deseos de un adulto, deja completamente in- 
diferente a un niño impúber”. 

“Es por lo tanto perfectamente posible hablar a los niños, de 
cierta manera, sobre estas cuestiones, y dárselas a conocer sin que 
se produzca en ellos la más mínima excitación. Lejos de eso, si ha- 
bituamos al niño a considerar todo ello como algo completamente 
natural, inocente, se excitará mucho menos su erotismo y su curiosi- 
dad en el futuro, porque para él habrá perdido el picante de lo des- 
conocido”. 



48 


Paulina Luisi 


En ciertos niños, educados en la más estrecha mojigatería y en 
la más absoluta ignorancia de estas cuestiones, el sistema nervioso 
suele alterarse a la aparición de los primeros signos de la pubertad; 
cuando no están advertidos, puede producirse un intenso estado ner- 
vioso a la primera aparición de las funciones. 

No he tenido oportunidad de estudiar las primeras manifesta- 
ciones sexuales en los varones, pero he tratado de investigarlo en 
las niñas; en todos los casos en que ellas fueron sorprendidas por 
el fenómeno catamenial sin haber sido previamente advertidas, hu- 
bo perturbaciones nerviosas a veces bastante graves para justificar 
mi intervención profesional. 

Estos hechos son ya tan conocidos que, en la actualidad, más 
de una madre prevenida, a la primera aparición de los signos pre- 
monitores, tiene la precaución de advertir a su niña de la próxima 
aparición de las nuevas funciones. 

‘‘El misterio con que se rodea todo lo que se relaciona con las 
funciones sexuales — agrega el profesor Forel, — no solamente es 
un motivo de ansiedad para los niños, sino que, además, aguijonea 
su curiosidad y excita los primeros síntomas de su erotismo, de suer- 
te que, la mayoría de las veces concluyen por instruirse con cama- 
radas mayores, con chicos corrompidos, con personal de servicio, por 
la fácil observación que pueden hacer del acoplamiento de animales, 
etc. : instrucción hecha siempre de una manera muy poco propicia a 
su sano desarrollo. Lo que es más grave aún es que el iniciador del 
niño se encarga a veces de iniciarlo a graves perversiones sexuales. (1) 

He transcripto los anteriores párrafos porque no sólo hay en 
ellos sujeto para muchas reflexiones, sino que pueden orientarnos ha- 
cia la manera cómo debe concebirse la enseñanza sexual. 

Yo sé bien que toda una escuela, siguiendo las teorías de Freud 
ha querido cambiar completamente las concepciones de la psicolo- 
gía infantil, dando a la sexualidad una importancia preponderante 
sobre todos los estados del alma y desde el nacimiento. 

Sin entrar a discutir las doctrinas de Freud, (2) que si cuenta 
numerosos adeptos, cuenta también numerosos adversarios, podemos 
hacer notar que ellas pueden muy bien ser de utilidad para la 
orientación de una buena enseñanza sexual, que sería más fácil tal 
vez de fundamentar sobre esa concepción que sobre la nuestra. 

Me he preguntado sin embargo si Freud y sus discípulos, cuan- 
do explican algunas de las manifestaciones que dicen de la sexuali- 
dad en los niños, no consideran como causa lo que no es más que 
una consecuencia de la educación actual, que falsea desde las prime- 
ras edades la psicología de la infancia. 


(1) Profesor Dr. Augusto Forel: “La question Sexuelle”, Cap. 27. 

(2) Téngase presente que este ensayo fué escrito en 1922. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


49 


Algunos de sus discípulos han exagerado de tal manera la in- 
terpretación de estas doctrinas que seguramente han provocado su 
revisión y una más sensata interpretación de los fenómenos que 
estudia. 

En la Conferencia Panamericana de Wáshiugton sobre enferme- 
dades venéreas, las doctrinas de Freud han sido objeto de vivas y 
acaloradas controversias. (1) Se llegó sin embargo a aceptar la pro- 
posición siguiente: 

“La II Sección declara que si una interpretación superficial 
de psicología de Freud, en lo que se refiere a la represión del ins- 
tinto sexual, puede ser contraria a la ejecución de un programa de 
lucha antivenérea, una interpretación más exacta y más científica de 
esta doctrina es susceptible de contribuir al éxito porque marca es- 
pecialmente los medios prácticos de guiar el instinto sexual hacia un 
objetivo socialmente útil y creador”. 

Por mi parte entiendo que aún desde el punto de vista de 
Freud, las observaciones citadas del profesor Forel, no dejan de ser 
exactas. 

Los sentimientos y sensaciones que puede experimentar el niño, 
no tienen nada que ver con las imágenes que las cuestiones sexuales 
pueden sugerir al adulto, que él, ha experimentado los efectos de una 
sexudlidad llegada a su madurez normal, entrando \en su natural 
funcionamiento orgánico y fisiológico, y lleva para siempre la huella 
que aquella función, en sus primeras revelaciones, han dejado en su 
alma. 

Los peligros que se temen para el niño son más que problemáti- 
cos. 

Pero pueden serlo graves para el adolescente, cubando sin una 
preparación anterior o previa se llama su atención, inconsultamente, 
sobre las cuestiones sexuales. 

Hace pocos meses, en el curso del actual período escolar he 
tenido una nueva confirmación de mi manera de ver, en un hecho 
ocurrido en esta Capital. 

El Ministerio de Salud Pública por intermedio del Depar- 
tamento de Higiene Sexual de su dependencia, de acuerdo, su- 
pongo con las autoridades lieeales, llevaron a los jóvenes estu- 
diantes de un Liceo de enseñanza secundaria, — muchachos entre 
quince y diez y ocho años, a visitar el Museo de Venereología 
del departamento mencionado de Higiene Sexual. Les fueron ex- 
hibidas todas las reproducciones plásticas de las enfermedades ve- 
néreas, en todas sus manifestaciones, algunas de ellas a la verdad 
horrorizantes, — y se les mostró los estragos de la sífilis, para 


(1) 'Muchas ideas han evolucionado en este campo de estudio durante 
los veinte años trascurridos desde que escribí estos párrafos. Esa evolu- 
ción se ha realizado con una pequeña orientación a favor de mi tesis. 


4 



JO 


Paulina Luisi 


que supieran “de visu” a lo que se exponían. Luego les ense- 
ñaron a precaverse de su contagio. 

Esta visita, sin una preparación previa, así moral como ins- 
tructiva, presentada a esos muchachos entre los cuales pudo ha- 
ber algunos ya iniciados al acto sexual, pero en la que la mayo- 
ría, si conversaban posiblemente de él en sus charlas privadas, 
no estaban preparados a semejante lección y exhibición brutal de 
los hechos, dejó “descompuestos” a muchos de esos muchachitos, 
iniciados brutalmente, sin la previa preparación pedagógica, que 
sólo un maestro puede suministrar. 

lEl hecho es rigurosamente exacto pues entre los atacados se 
encontraban muchachos de mi mayor intimidad. 

Por eso insisto en afirmar con esta nueva demostración prác- 
tica que estas lecciones incumben solamente a los pedagogos, y 
que la mano brutal del médico no está preparada por la pedago- 
gía para asumir tamaña responsabilidad. 

Lo más curioso o ridículo del caso, es que el “Consejo del Ni- 
ño”, tiene prohibido el acceso a los cines a menores de diez y ocho 
años en las funciones nocturnas, pero que, a partir de la caída de 
la tarde circulan las rameras haciendo sus ofertas sin el menor di- 
simulo de su racolage; más de un muchachito apenas púber, ha 
caído en sus redes. . . pero aquellas mujeres tienen su libreta en 
regla con la sanidad! (1949). 

Es necesario encontrar un procedimiento, un método, que per- 
mita al educador hablar a los adolescentes de las cuestiones sexua- 
les sin despertar en ellos las primeras manifestaciones del instinto 
sexual en vías de desarrollo y maduración. 

Creo que es menos difícil de lo que parece; es a mi entender 
una cuestión de método. 

Hablaremos de ello en uno de los capítulos siguientes. 



CAPITULO IV 


Prejuicios - Placer - Pornografía 


La cuestión es, sin duda, compleja, ardua, de aplicación prác- 
tica difícil, no tanto posiblemente en el fondo como por las cir- 
cunstancias que la rodean, obstaculizada por preconceptos absur- 
dos en nuestra época, pero fuertemente dominantes aún en el cri- 
terio de la mayoría. Opónesele también con una implacable nega- 
tiva, un concepto pedagógico en desacuerdo completo con las nece- 
sidades de la vida moderna, pedagogía arcaica fundada todavía en 
una hipocresía ridicula, en un fingimiento y una mojigatería que só- 
lo engaña a los mismos que la emplean. 

En efecto, es un postulado establecido por las costumbres so- 
ciales, e irrecusable prueba de moralidad, la ignorancia de toda jo- 
ven bien educada, sobre los asuntos relacionados con la generación, 
trátese de moral, de fisiología, higiene y mucho más de profilaxis. 

Ignorancia a la que nadie da crédito, pero que debe fingirse 
porque así lo quiere la buena educación. 

“¿Por qué empeñarse en abrirles los ojos a los niños?”, me 
decía una señora. “¡Es tan hermoso conservarles la inocencia”! y 
agregaba enseguida: “¡Para qué ese empeño, si hoy en día ya los 
tienen demasiado abiertos ! ” . 

Está en el convencimiento de todos, que los adolescentes de uno 
y otro sexo no ignoran esos conocimientos que la familia y la es- 
cuela les niegan. Padres y maestros saben perfectamente que los 
niños están enterados no sólo de las elementales, nociones sobre la 
maternidad y la procreación, sino también algo saben, y no siem- 
pre como se debe, de las relaciones sexuales. 

Me he entretenido en observar los dibujos rudimentarios que 
se entretienen en trazar a hurtadillas los chiquillos de las escuelas 
o de la ealle, así como en buscar los rastros psicológicos de su cu- 
riosidad no satisfecha; he llamado la atención de muchos padres y 
maestros sobre el particular y hemos estado todos de acuerdo en 
reconocer la tendencia del muchacho a dibujar a hurtadillas las 
partes vedadas de ambos sexos. Que digan los maestros qué es lo 
que aparece dibujado en los retretes de las escuelas, y que ellos de- 
ben perseguir diariamente? Como médico escolar, en mis inspeccio- 
nes escolares, siempre visité aquellos lugares sistemáticamente, y 
siempre hubo en ellos o los dibujitos consabidos o las leyendas alu- 
sivas a lo mismo. 



52 


Paulina Luisi 


Me contaba la directora del Jardín de Infantes, Srta. Enriqueta 
Compte y Riqué, que en cierta ocasión recibió queja de que los chi- 
quillos de una clase perseguían a las niñitas. Averiguaciones. Hecho 
delictuoso comprobado: los muchachitos exhibían sus partes puden- 
das a las niñas cuando la maestra no los veía. ¡Se trataba de una 
clase de infantes de tres a cinco años! 

Este hecho haría pensar que ciertos autores no carecen de ra- 
zón en sus apreciaciones de psicología sexual, sino diéramos en pen- 
sar que son el resultado del concepto pedagógico dominante aún en 
la educación actual bajo todas las latitudes: la hipocresía. 

Recuerdo al efecto una frase del Mr. Pinard: 

“Quelques temps avant le debut du cataclysme que nous su- 
bissons, le Conseil Superieur de l’Instruction Publique entra a s’oc- 
cuper des modifications a apporter au programme du P.C.N., c’est- 
a-dire des études comprenant les Sciences Physiques, Chimiques et 
Naturelles qu’on ne peut aborder qu’aprés avoir obtenu le baccalau- 
reat. Eh, bien! dans le nouveau programme, dans la partie des 
Sciences naturelles, le chapitre coneernant la fonction de reproduc- 
tión dans l’espéce humaine n’existait pas!!”. 

Hace unos treinta años preparaba yo mi curso preparatorio de 
pedagogía práctica para optar al título superior de enseñanza. Las 
alumnas eran chiquillas de once a trece años. Se trataba de una 
lección de botánica. Se estudiaba la flor. Yo hacía observar a las 
alumnas los diferentes verticilos con la ayuda de numerosas varie- 
dades de flores que disecábamos en común. 

El tema especial de ese día era la reproducción de la flor. Me 
detuve pues de preferencia en la observación de diversas variedades 
de estambres y pistilos. Ayudándome con flores naturales, con di- 
bujos y con cuadros murales, hice comprender a mis alumnas el fe- 
nómeno de la polinización. 

Las chicas estaban pendientes de mis labios. El interés enor- 
me que habían mostrado, había halagado mi amor propio. A las 
preguntas que al fin de la lección les dirigí para verificar su com- 
prensión, las alumnas contestaron perfectamente. Me fui convencida 
que mi lección había sido una buena lección. Estaba segura que 
me habían comprendido admirablemente. 

A la lección siguiente, como de costumbre, empiezo por una 
serie de preguntas de recapitulación sobre la lección anterior. Cuan- 
do llego a interrogar sobre la polinización... no había una que su- 
piera una palabra! Nadie recordaba nada! Ninguna sabía nada! 
Mi pedagogía había fracasado lastimosamente...! 

Y muchas veces, después, pensando en ello, me preguntaba 
¿por qué mi hermosa lección había tenido un fin tan lamentable. . . ! 

Pasaron muchos años. Un día, en mi consultorio médico, una 
de aquellas alumnas convertida en una graciosa mamá, me dió la 
clave del secreto. Las niñas, mis alumnas, habían encontrado que 



Pedagogía y Conducta Sexual 


53 


mi lección era indecente! Habían encontrado demasiada analogía en- 
tre la lección y algunas cosas de las que no debían de hablar! Mi 
lección había sido boycoteada! Mi lección era demasiado natural! 

Nadie, se atreverá en la época presente, a pretender hacernos 
creer en la ignorancia de los chiquillos sobre estos asuntos. Dióge- 
nes mismo sería incapaz de encontrar la oca blanca legendaria! 

Pero si los niños no ignoran ya la finalidad natural del amor, 
la han aprendido de la manera peor y más perniciosa. Han apren- 
dido que las cosas relativas a la generación son indecentes, groseras, 
vergonzosas, que de ellas no se debe hablar, que los niños deben 
ignorarlas. . . y los niños proceden de acuerdo con ésto que se les 
ha enseñado. 

Los efectos deplorables producidos en su espíritu por la es- 
cuela de la disimulación y la hipocresía, producirán, — el día en 
que finalmente llegue la reforma de la educación que deseamos con 
tanto entusiasmo, — dificultades inherentes a la época de transición 
entre la antigua tradición a base de prejuicios y la educación nueva 
basada en la verdad de la vida. 

Será necesario sin embargo, tener de una buena vez el valor 
de comenzar la educación racional, fundada sobre la armonía con 
las leyes naturales. 

Es necesario comenzarla de una buena vez si queremos impedir 
la infección física y moral que amenaza corromper la humanidad 
hasta en las fuentes mismas de su existencia. 

La hora de las cataplasmas y de los paños tibios ha pasado. 

Moralistas y médicos tenemos el deber de atacar la infección 
sin piedad, y si es necesario el eauterio, aplicarlo con el pulso firme." 

Pero médicos y sociólogos se encuentran detenidos, al querer 
llevar la cuestión a la práctica de la enseñanza, y no pocos mora- 
listas que aspiran al mismo fin, se ven obstaculizados en sus es- 
fuerzos, por la encarnizada oposición de los prejuicios que se re- 
sisten tenazmente a semejante reforma en la educación, calificada 
hasta de inmoral y disolvente ! 

Las tradiciones y los prejuicios han sido siempre los más te- 
rribles enemigos del progreso. 

La idea confesional de la carne pecaminosa, sigue aún hoy día, 
angustiando la conciencia de muchos. Las cadenas del prejuicio pe- 
san más que las. alas de la reflexión. 

Se ha llegado hasta considerar las enfermedades venéreas co- 
mo un castigo al pecado carnal. Lo oyeron mis propios oídos en un 
Congreso Internacional europeo todavía en 1922 . . . ! 

¿No fué, quien estas líneas escribe, después de haber presen- 
tado ías mismas ideas aquí expuestas, en el Congreso Internacional 



54 


Paulina Luisi 


de Medicina e Higiene de Montevideo de 1922, (1) acusada de pre- 
tender que se enseñara a los niños a realizar el acto sexual!! (2) 

No es pues de sorprenderse que se asusten padres y maestros 
ante la idea “bárbara” de introducir estas cosas en los programas 
escolares. Se explica aquella frase de un miembro de una alta cor- 
poración educacional que exclamaba aterrado, hace aún muy pocos 
años, refiriéndose a uno de mis proyectos de Enseñanza Sexual: 

“¡Pero esta señorita quiere enseñar prostitución en las escue- 
las!”. 

Pinta gráficamente el concepto mental que la mayoría de las 
gentes tiene de lo que se llama en Etica social la Pedagogía sexual. 

A la incomprensión de los unos, todavía enceguecidos por pre- 
conceptos anacrónicos hoy, agréganse nuevos factores que dificul- 
tan la comprensión de la doctrina en la verdad de sus postulados, 
en la pureza de sus finalidades y en las beneficiosas realizaciones 
de la higiene física y moral que su aplicación acertada y razonable 
puede producir. 

Nuevas modalidades han sido introducidas de un tiempo a es* 
ta parte, y muy posteriores a la época en que fué publicado este en- 
sayo, en 1923. (3) 

Afirmadas como lo son por médicos científicos, obligan desde 
luego, por la jerarquía científica de sus paladines a un examen. Pa- 
ra mi, ellas están repletas de peligros para la salud moral de nues- 
tra juventud. 

Es un nuevo elemento, de confusión que viene a agregarse a 
este ya tan complejo problema. 

Un distinguido profesor psiquiatra, (4) que ha trabajado con 
dedicación extrema en estos problemas y otros afines, afirma y pre- 
gona en conferencias para la juventud, — yo oí alguna en Madrid 
en 1934 — que “Debe darse a los hombres una educación sexual 
más adecuada al panorama psicológico de la mujer, haciéndolos más 
aptos a verter en ella el placer, del que hasta ahora sólo se preocu- 
pan egoístamente para ellos mismos”. 

En mi concepto, y con todos los respetos que su eminente per- 
sonalidad a mis ojos se merece, me permito observar que “estas ver- 
daderas normas de educación sexual del hombre” como las llama 
están preñadas de peligros gravísimos para la salud física y espi- 
ritual de la juventud y para el devenir de la especie — por cuan- 
to, orientando sus enseñanzas a los jóvenes hacia la búsqueda de 


(1) Informe que ha sido refundido en este trabajo con el que presenté 
al Congreso de Profilaxis de París, 1923. 

(2) Véase Título IX. Primeras tentativas: “Un poco de historia”.- 

(3) Las páginas que siguen hasta el fin del capítulo, han sido incor- 
poradas posteriormente al texto de los Informes de los Congresos de 1921 
y 1923. 

(4) Doctor Juarros. Véase su libro “Sexualidad encadenada”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


55 


mayores goces, en una doctrina peligrosa de la exaltación del pla- 
cer por el placer compartido entre ambos, como finalidad real, des- 
virtúa el acto sexual de su misión verdadera; la prolongación de 
la vida a través de las edades. 

Dicen que se pretende así remediar la tragedia de millares de 
existencias femeninas, injustamente privadas — por la incompren- 
sión del compañero — de la parte legítima de goce que les corres- 
ponde, pero estoy convencida también, que los peligros de esta en- 
señanza son más grandes aún que el mal que se pretende atenuar, 
pues no necesita por cierto la función sexual que se busquen los 
medios de exaltar la intensidad de sus goces. 

Es precisamente la doctrina del “mal necesario”, la frecuen- 
tación de la prostitución, sus vicios y sus lacras; la falta de mori- 
geración en las costumbres, la que trae aparejados estos inconve- 
nientes que pretenden remediar. 

Entiendo, y es ésta mi convicción absoluta, que es un impe- 
rativo para nosotros, — los que creemos ver algo más serio en es- 
te angustioso problema, — la búsqueda de una fórmula educativa 
que permita a las fuerzas espirituales someter los apetitos del ins- 
tinto a los fueros de una disciplina en armonía con las leyes de 
la vida , y en consonancia con esa finalidad misma que es su razón 
de ser: la perpetuación de la especie. 

Yo conceptúo aquella doctrina como eminentemente perjudicial, 
en contraposición absoluta con la finalidad que estamos buscando 
al pugnar por la enseñanza sexual: ésta es un recurso eficiente pa- 
ra combatir la infección física y espiritual que se cierne a toda ño- 
ra como una sentencia terrible sobre el alma y el cuerpo de nues- 
tras juventudes. 

Yo entiendo que es tanto más perjudicial y casi diría ponzo- 
ñosa, cuanto que, lejos de tomar en consideración el fundamento 
de nuestra doctrina moral que estriba en el desarrollo de la volun- 
tad para contener, para domar permítaseme la expresión, ese ins- 
tinto tiránico que es el apetito sexual; exalta la búsqeda del pla- 
cer por encima de todos los deberes, arriesgando así en una peli- 
grosa propaganda, los valores morales de la voluntad y el dominio 
de sí mismo. 

/ Como si no fuera suficiente la importancia, la dificultad de los 
problemas planteados, y la gravedad de los mismos, aparece para 
complicarlas, la roña de la explotación económica que exprimiendo 
provechos de todo cuanto existe bajo el sol, ha abierto sus garras 
sobre nuestras doctrinas para sacar de ellas el rendimiento posible, 
traficando con la salud de nuestros jóvenes con la misma impudicia 
con que trafican los fabricantes de armamentos con la vida de Jlos 
pueblos. 

Se presenta confundida con la propaganda intensa de nuevas 
doctrinas, de las que, si podemos diferir en los métodos empleados 



56 


Paulina Luisi 


para realizarlas, no podemos ciertamente dejar de reconocer la ele- 
vación de los ideales que las inspiran y la purísima nobleza de los 
postulados sobre los que se asientan. 

Bien sé yo que es sólo una apariencia perjudicial a la vez a 
las doctrinas a cuya sombra se ocultan y a la nobleza de los nuevos 
postulados pedagógicos que defendemos. 

Es la explotación por despreciables intereses de bajos rendi- 
mientos monetarios que se nstá haciendo de los principios de la en- 
señanza sexual, aprovechando para ello una de sus bases, el cono- 
cimiento de las leyes de la vida. Y de ello se aprovechan para inun- 
dar los mercados de las poblaciones, con una nueva infección tan 
peligrosa para el alma como lo es el treponema para el cuerpo, y 
más disolvente que él; es la avalancha de publicaciones sobre “cues- 
tiones sexuales” que cubren los escaparates de kioscos y librerías, 
y que no son más que una mera forma de pornografía, un nuevo 
sistema de incitación al libertinaje y a la lujuria, enmascarado bajo 
una presentación seudo-científica. 

He visto más de una vez, en una bellísima y muy amada ciudad 
europea, acercarse a los kioscos a numerosos jóvenes, — en la edad 
peligrosa en que el instinto clama en su despertar naciente y por 
la intensidad de los placeres nuevos o aún no exaltados, — de- 
leitarse en la lectura de descripciones lujosamente explícitas del ac- 
to sexual y de cuanto con él tiene atingencias; descripciones que 
ocultas bajo el antifaz de “lecciones de divulgación científica lla- 
madas de cultura sexual” son más excitantes para la lujuria y más 
perniciosas para la salud física y moral de nuestros jóvenes que el 
mismo reclamo de la “mujer de la vida” que ofrece su mercancía. 

Es una verdadera inundación de pornografía impresa que ha 
venido a reforzar aquella otra infección de pornografía fotográfica 
o cromolitografiada, que hoy, por obligación contractual, los Go- 
biernos se han comprometido a perseguir, pero que circula todavía 
clandestinamente; nueva forma de pornografía y de incitación a la 
lujuria que se ostenta cínicamente en los escaparates a la sombra 
de una impunidad complaciente, confundidos con la literatura y con 
la prensa, para envenenar con su ponzoña, las frágiles defensas 
espirituales de la juventud, que la educación ni ha desarrollado ni 
menos aún fortalecido y que la nueva educación, todavía discutida 
y no implantada en la enseñanza, no ha podido por lo tanto ni 
crear, ni robustecer. 



CAPITULO V 


Higiene y moral 


Este capítulo de “Higiene y Moral”, fué tema de una confe- 
rencia con controversia organizada por una de las Seccionales del 
Congreso Internacional de Mujeres en la Sociedad de Higiene de 
Roma, en 1923, al que sólo se admitieron personas especializadas 
en el estudio de este tema y que eran además de los miembros de 
la Sociedad de Higiene mujeres médicas de las que había unas trein- 
ta venidas de todas partes del mundo. Además algunas maestras 
que más desprendidas de prejuicios que la mayoría de las nues- 
tras, encaraban el estudio con la altura con que debe serlo cuan- 
do se trata de las altas cuestiones de la Educación de la Infancia y 
de la Juventud, de las que ellas son las primeras responsables. 

Tuve la satisfacción de ver aprobadas mis conclusiones al res- 
pecto. 

Leyendo los distintos antores, y no son pocos los que desde 
Juan Jacobo Rousseau hasta nuestros días se han ocupado de este 
sujeto; obsérvase de inmediato una desarmonía completa respecto 
al criterio con que debe encararse el asunto, a la importancia que 
debe darse a la higiene y a la moral, y a las relaciones que entre 
ellas deben establecerse en la progresión general de la enseñanza. 

Obsérvase una señalada tendencia a separar estos factores uno 
de otro, a independizarlos dentro del complejo didáctico, a hacer 
dentro de la enseñanza dos grupos bien separados de estas cuestiones. 

Los especialistas, sean moralistas o higienistas tratan el pro- 
blema con una preferencia demasiado inclinada a sus propias preo- 
cupaciones; demasiado unilaterales, atribuyen lá principal importan- 
cia a la que consideran desde su punto de vista, al que dan no po- 
cas veces una preponderancia absoluta. 

Y sin embargo, jamás como en este caso, la higiene y la moral 
estuvieron más unidas! 

Los higienistas se inclinan de tal manera hacia la profilaxis 
de las afecciones venéreas que convierten el problema casi en un 
capítulo de higiene. 

Los moralistas por su parte hacen de ella una cuestión tan 
desvinculada de las exigencias de la biología, que arriban a conclu- 
siones absurdas. 

Algunos de entre ellos y especiamente los moralistas confesiona- 
les, temen que la franqueza de los médicos e higienistas pueda rea- 



58 


Paulina Luisi 


lizar una enseñanza demasiado científica, tal vez demasiado realista 
o cruda y a fe que, no dejan de dar pie a estos temores ciertas 
tendencias manifestadas en estos últimos tiempos por los médicos psi- 
quiatras y psicoanalistas a que nos hemos referido en el capítulo 
anterior los que en su afán de realizar obra de profilaxis y obra 
“moral y social psicoanalista” han descarriado de tal manera que 
han desvirtuado completamente la razón de ser de esta enseñanza. 

Una revista francesa, muy respetable y habitualmente sensata, 
escribía : 

“Cuando lojs jóvenes habrán recibido esta enseñanza sexual , 
suministrada en los establecimientos oficiales de Instrucción, serán 
más puros, más justos, más virtuosos, más fuertes?” (1) 

Y otra revista, decía: 

“Entonces, con esta instrucción científica, los estudiantes de me- 
dicina deberían ser seguramente los más virtuosos de todos los hom- 
bres. ¿Lo son acaso más que sus camaradas de derecho o de le- 
tras?” (2) 

Hay en esta protesta, cierto aparente fundamento. 

Muchos médicos tienen una tendencia tan unilateral que trans- 
forman la enseñanza sexual en un capítulo de profilaxis venérea. 
Recordemos una vez más que la enseñanza comprende la instruc- 
ción y la educación, dos cosas diferentes, la primera es el conocimien- 
to; la segunda la formación de hábitos. 

Para muchos, toda esta enseñanza sexual no es más que una 
instrucción de las precauciones a tomarse contra los contagios se- 
xuales en las relaciones de acaso, una simple cuestión de profilaxis, 
en una palabra, las instrucciones necesarias para entregarse a los 
amores venales con los menores riesgos de contaminación. 

Agréguese a ésto que, al np discriminar bien las palabras em- 
pleadas, al usar casi como sinónimos las expresiones “enseñanza o 
educación” y “profilaxis venérea” o “educación sanitaria, profi- 
láctica venérea”, han creado un ambiente adverso a la reforma, y 
un confusionismo de términos y palabras que repercuten sobre las 
ideas, de una extrema gravedad para el porvenir de la reforma. 

En Uruguay, hasta se ha llegado a hablar, por altos funcio- 


(1) “Relévément sociar’. Enero 1922. El autor no acepta esta ense- 
ñanza realizada por la escuela. 

(2) “Pour la vie”. Enero 1922. El autor no acepta más que el confe- 
sor para instruir a los jóvenes en este asunto. l*e encontré unos años des- 
pués del Congreso de Profilaxis de París de 1923. Era en el Congreso de 
Sociología de Roma en 1924. tMr. Paul Bureau me dijo "he visto su co- 
municación sobre “Una moral biológica”. Pensé leerla, pero su título só- 
lo me lo impidió. Que hace Ud. de la religión? Tiene que ser inmoral eso 
que Ud. ha escrito! Mi comunicación era el capítulo I de este ensayo: 
"Necesidad de una moral biológica”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


59 


narios de Salud Pública y Profesores de la Facultad de Medicina 
de “la educación sexual de las prostitutas”!!! (Sic.). Yer Actas de 
la Conferencia de Médicos de la Inspección Sanitaria de la Pros- 
titución, dependencia del (Ministerio de Salud Pública. (Uruguay). 

De haberse dicho correctamente educación profiláctica, cuán- 
tas trabas y molestias se habrían evitado! 

En la Argentina, la ley 12331 sobre profilaxis de las enfer- 
medades venéreas dice en su artículo 4. 9 : 

Art. 4y — El Instituto de Profilaxis propenderá al desarro- 
llo de la educación sexual en todo el país, directamente o por me- 
dio de las entidades oficiales o no a quienes corresponda llevar a 
cabo esta enseñanza. 

y en la reglamentación de la ley, también en el artículo 4.»: 

Art. 4. 9 — El (Departamento 'Nacional de Higiene creará por 
ahora en la Capital Federal el Museo dé Venerología, destinado a 
la educación sexual de la población. 

De manera que esa ley confía la educación, es decir 
la cultura moral, la formación espiritual de las personas, a un 
Instituto de profilaxis y lloviendo sobre mojado, la reglamentación 
de la ley crea un Museo de Venerología para la educación de la 
población! 

Cuantos malentendidos, cuantos errores de concepto, cuantos 
obstáculos se habrían suprimido usando la expresión correcta que 
corresponde, esto es, Enseñanza Profiláctica. 

Igual desconocimiento o errónea interpretación del problema 
que la de aquél profesor de nuestra Facultad de Medicina, Dr. 
Juan B. Morelli, quién en su refutación a mi trabajo en el 2 o 
Congreso Médico observaba, — y tengo que pensar que con toda 
la buena fe y honestidad a que eran acreedoras la jerarquía mo- 
ral del Congreso y la propia dignidad de su investidura, — obser- 
vaba digo, lo siguiente: 

“Si es tan importante, tan fundamental y tan urgente, euse- 
“ ñar los misterios de la vida sexual a los niños y a los adolescen- 
u tes, y puesto que ya no se discute respecto a las ventajas de la 
“ enseñanza práctica, siendo un principio fundamental de peda- 
“ gogía el hacer la enseñanza siempre que es posible ... ¿ por qué 
“ no hacer la experimentación que sería tan fácil en este caso ? . . . 
u por qué los maestros y los padres, con el objeto de hacer la en- 
“ señanza completa, no llaman también a los niños para presen- 
“ eiar los actos?”. Véase Actas del 2<> Congreso Médico Nacional 
1921, patrocinado por la Sociedad de Medicina de Montevideo, To- 
mo I, pág. 184 

Téngase presente que esas manifestaciones fueron reconstitui- 
das en la tranquilidad del gabinete después del Congreso, según 
lo hace constar el propio autor, pág. 179 ibidem. (Véase para 
más ilustración el capítulo titulado: Las primeras tentativas, un 
poco de crónica e historia”. 



60 


Paulina Luisi 


Estas confusiones por una parte, y por otra, esa disociación 
entre la enseñanza de la moral y de la higiene, han creado un cli- 
ma extremadamente difícil para la reforma pedagógica que tanto 
interesa. 

Esto no obstante, médicos y moralistas están convencidos de 
la necesidad de tomar medidas contra la creciente amoralidad o in- 
moralidad de las costumbres y la enorme difusión de las enferme- 
dades venéreas : sólo que v ni unos ni otros llegan al entendimiento 
necesario. 

Son principalmente los médicos, quienes dominados por su ten- 
dencia unilateral hacia la profilaxis no tienen presente, y hay has- 
ta quienes no ven siquiera, en la enseñanza sexual, sus profundas, sus 
trascendentales proyecciones en las organizaciones sociales venide- 
ras, no ven los altos postulados morales que de ella se derivan ni 
ven el principio grandioso de ética social que ella fundamenta. 

Lejos de separar la higiene de la moral como lo ha planeado 
la mayoría, lejos de disociarlas, lejos de considerarlas como antagó- 
nicas, o por lo menos incompatibles en la práetica y en la vida; 
lejos de establecer una preponderancia acentuada de una sobre otra; 
es necesario buscar una forma de colaboración entre ambas, o para 
mejor decir, la forma de establecer un complejo, una comunidad en- 
tre la higiene física y la higiene espiritual, tales de obtener aquella 
finalidad perseguida de “mejorar las fuerzas de la vida”. 

Las bases de la moral actual, especulativas — y por eso mis- 
mo variables — se hallan en conflicto con los principios de la ex- 
perimentación positiva, y por eso mismo fija, en cada período 
científico. 

La higiene y la moral, dictando preceptos y formando las cos- 
tumbres están en desacuerdo; sólo una moral científica, es decir, ba- 
sada en las leyes de la biología, puede concluir con estos conflic- 
tos que amenazan la sociedad con una desorganización completa en 
su estabilidad moral y en su fuerza vital. 

La moral y la higiene deben unirse en esta nueva tarea de es- 
tablecer preceptos y costumbres sobre bases armónicas, a fin de 
crear esa nueva conciencia de una solidaridad inseparable con las 
otras vidas coetáneas nuestras en la hora presente, y con nuestras 
sucesoras en el futuro para la prolongación ininterrumpida de la 
especie. 

Esta conciencia debe ser creada por la educación, basándose 
en aquellos principios de solidaridad que establece la moral bioló- 
gica. 

La enseñanza deberá afirmar sobre esa base la formación de 
su plan educativo, estableciendo, desde la primera hora, un equili- 
brio, una proporción, una progresión lógica en su desarrollo, y so- 
bre todo, una ligazón tan estrecha entre la moral y la higiene que 
las haga inseparables, de tal manera que no sea posible desvincular 



Pedagogía y Conducta Sexual 


61 


el factor moral del factor científico, fundados ambos sobre los co- 
nocimientos suministrados por las ciencias biológicas. 

Este desarrollo paralelo y progresivo debe, impulsar el espíritu 
del niño a alcanzar por sí mismo, a deducir durante cada lección, 
las reglas morales que se deducen de los conocimientos científicos por 
su mente alcanzados. 

Se cuidará de no desvincular jamás, en ningún caso la ciencia 
de. la moral, durante el período de la enseñanza primaria. 

..Es fundamental. 

Desvincular el factor moral del factor científico es no sólo 
inutilizar el contingente precioso que cada uno de ellos puede apor- 
tar al sujeto, sino, y sobre todo, es anular el invalorable recurso 
pedagógico de “la asociación” que graba más profundamente en la 
psiquis del escolar las nociones adquiridas y que, más tarde agrega- 
rán al recuerdo de un conocimiento adquirido el de otros que le 
fueron concomitantes y el de las circunstancias que acompañaron su 
adquisición; fecundo recurso para grabar fuertemente, en el cora- 
zón del niño las normas de moral, que se ofrecerán espontáneamen- 
te a su memoria y luego a su conciencia en el momento útil, si el 
educador, digno de su misión, supo encontrar la manera de impre- 
sionar profundamente la mente y el corazón : ¡ es tan fácil impresio- 
nar a la niñez! 

Es la ocasión, para el maestro, de poner en juego su intuición, 
su sentido pedagógico. 

Cuantas veces en la vida, una causa mínima, una impresión, 
un recuerdo, detuvieron el rumbo de nuestras acciones? 

El halo de moralidad y de deber con que se rodearán las no- 
ciones científicas sobre la generación, serán otras tantas defensas 
invisibles e inconscientes, capaces en muchas ocasiones de detener al 
hombre al margen de un error. 

Toda la deontología sexual puede agruparse alrededor de las 
nociones científicas, a la manera como el protoplasma rodea al nú- 
cleo; cada una de estas lecciones científico - morales serán, en el 
futuro, otros tantos fagocitos contra la infección moral y contra 
los errores de la juventud provocados más de una vez por el am- 
biente mismo. 

Yo insisto sobre esta asociación científico - moral, y tanto más 
insisto cuanto que no la he encontrado aún, así concebida, en nin- 
guno de los autores que se han ocupado de pedagogía sexual. 

No he visto en ninguno aconsejada esta concomitancia en cada 
lección, a cada momento, invariablemente, entre la noción moral y 
la noción científica., como una verdadera amalgama, permítaseme la 
expresión, entre los dos factores fundamentales en la enseñanza se- 
xual; la ciencia y la moral. 

Numerosos autores se concretan a aconsejar la enseñanza de la 
moral, el llamado a los sentimientos más elevados del adolescente 



62 


Paulina Luisi 


para terminar la lección con una serie de nociones sobre la profi- 
laxis de las enfermedades venéreas. 

Numerosas conferencias han sido publicadas en diferentes paí- 
ses y aconsejadas por las asociaciones de profilaxis sanitaria moral 
que responden al tipo mencionado. 

Mi proposición ,es absolutamente lo inverso. 

De la noción científica adquirida, él alumno deberá deducir ,él 
mismo las normas de conducta. 

De las lecciones de historia natural, deducirá los preceptos de 
moral biológica que habrán de regular su conducta futura. 

Esa concomitancia entre la moral y las ciencias naturales , este 
lazo de, continuidad y de dependencia entre unas y otras, esa liga- 
zón inseparable, constituyen la armazón verdadera de la reforma 
pedagógica que estamos buscando. 

Mas ella debe tener como fundamento esencial el duro cimien- 
to constituido por la fuerza del carácter y la educación de la vo- 
luntad inteligente. 

No pertenecen estos últimos en exclusivo a la cuestión sexual, 
ello es evidente. 

Uno de los principales, sino el mayor de los cometidos de la 
escuela, es desarrollar en todos los niños las fuerzas que los habili- 
ten a la lucha por la vida. Las que hemos apuntado son fundamen- 
tales. Pero no es menos evidente que, dentro de nuestro gran pro- 
blema, son un factor de tal importancia que sin ellas no hay orien- 
tación posible a la pedagogía sexual. 

Es que toda nuestra pedagogía fracasa lastimosamente si el 
individuo, ineducado en su voluntad, es preso de las inclinaciones 
y los deseos del instinto. Circunstancia ciertamente común a todas 
las faltas morales de cualquier orden que ellas sean. 

No hay convencimiento, ni temores, ni leyes, ni sanciones capa- 
ces de ejercer acción coercitiva sobre el individuo incapaz de re- 
frenar sus instintos, cualesquiera que ellos sean. 

Pero aquéllas que se relacionan con el instinto generador nos 
parecen más graves e importantes que las demás y deben serlo así, 
puesto que se derivan del más poderoso de todos, .más fuerte aún 
muchas veces que el de conservación de la vida, porque responden 
a la conservación de la especie. 

Esta educación de la voluntad y del carácter para supeditar los 
reclamos de la propia naturaleza al imperio de la reflexión y la 
conciencia, es un factor de tal importancia en él problema sexual, 
que constituye, repito, la base única sobre la que puede asentarse. 

Un joven o un adulto dueños de sí mismos, pueden fácilmente 
evitar todos los peligros físicos y morales de la vida sexual, aún 
sin conocerlos, si por un mecanismo cualquiera han decidido abste ; 
nerse de ellos llevando una vida de absoluta castidad: Fuerza de 
voluntad. No faltan ejemplos de ello. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


63 


Otro joven o adulto, temeroso del contagio venéreo, consciente 
de los peligros de toda especie que acompañan al acto sexual, adver- 
tido y receloso, cae fatalmente, a pesar de todo, si llegada la oca- 
sión es incapaz de ejercer el necesario predominio sobre sus sentidos. 

i 

No basta el conocimiento de las cosas, si la violencia de los 
impulsos inferiores no está coartada desde tiempo atrás por una 
universal y sistemática educación del carácter y una vigorosa gim- 
nasia de la voluntad. 

Es este contralor propio, el que ha decidido la superioridad de 
las razas sajonas sobre las nuestras en el asunto que nos ocupa. 
No es raro encontrar entre jóvenes de aquellas razas, quienes lle- 
gan a su mayor edad ignorando, de hecho, las relaciones sexuales. 
¿En la impulsiva e ineducada raza nuestra, encontraríamos alguno 
por acaso? 

Nunca se insistirá suficientemente sol) re la importancia básica 
en la moral y en la higiene sexual de la educación de la voluntad. 

Por eso entiendo que cuantos se ocupen de ello, médicos o soció- 
logos, higienistas o moralistas, pedagogos o psiquiatras, deben esta- 
blecer como primer capítulo, como fundamento de la doctrina, la 
educación del carácter y el desarrollo de la voluntad. 

Contralor de sí mismo y deontología sexual constituyen la base 
de la moral sexual, primera parte y fundamental de la enseñanza 
sexual tal como la comprendemos, hoy más que nunca necesaria pa- 
ra contrarrestar la amoralidad cada día creciente en nuestras socie- 
dades; la relajación de las costumbres; la falta de responsabilidad 
a la que no alcanza el poder de las leyes si carece el pueblo de edu- 
cación; la falta de respeto a la salud y a la vida de quienes nos 
rodean, la ineonciencia en la contaminación de enfermedades funes- 
tas; la irresponsabilidad moral y genésica hacia la descendencia lla- 
mada a la vida acaso en un momento de extravío; la falta de res- 
peto a la mujer en lo que tiene de más sagrado ¡ ser madre ! ; el 
abandono de la maternidad ilegítima a los azares de la vida; la 
seducción consciente; los diversos atentados morales que el hombre 
comete para satisfacer sus deseos huyendo de las responsabilidades 
de la paternidad y del matrimonio y de los peligros de la prosti- 
tución — delitos sobre los que la sociedad cierra prudentemente los 
ojos — la inconsciencia de la mujer que considera lícita la oferta, des- 
vergonzada a veces, para conseguir ventajosa colocación en el mer- 
cado del matrimonio; en una palabra todas las manifestaciones de 
la disgregación de las costumbres, provocada por el egoísmo irres- 
ponsable de la vida moderna. 



¿4 


Paulina Luisi 


* 

* * 

Yo insisto nuevamente y nunca será demasiado a mi juicio, 
sobre la importancia casi diría la preponderancia que dentro del 
tema debe darse a la moral sexual, e insisto tanto más, cuanto que 
en la lectura de numerosos artículos, informes, y estudios de toda 
clase publicados sobre educación o enseñanza sexual, así como en 
las conferencias y discusiones a que be asistido en algunos Congre- 
sos y en diferentes sociedades científicas, en mis peregrinaciones por 
Europa y América, me ha impresionado la tendencia excesiva de 
médicos e higienistas a encarar la enseñanza sexual como un capí- 
tulo de la profilaxis aplicada a las enfermedades venéreas. 

Evidentemente una parte de su finalidad, y posiblemente lo 
que dió origen a esta reforma responde a aquella necesidad. Otro 
no fué ciertamente el móvil que ha guiado al higienista y al médico 
a ocuparse de este asunto, y no es otra la razón de sus esfuerzos 
para introducir este capítulo de pedagogía en la práctica docente ; 
pero es también este empeño unilateral de demostrar la necesidad 
de la enseñanza sexual en vista de la profilaxis, lo que, en buena 
parte, ha contribuido a hacer fracasar muchos esfuerzos y tentati- 
vas, cada vez que se quiso llevar esta reforma de suyo tan razona- 
ble al campo experimental. 

Lejos de mi pensamiento y de mis intenciones, aquella de criti- 
car las loables iniciativas de los que desde largo tiempo luchan 
por estos principios. Son indiscutiblemente los médicos quienes en 
su afán de llevar adelante la profilaxis venérea, no sólo iniciaron 
la lucha, sino que la llevan adelante. 

Los moralistas puros, poco hicieron jamás: el ascetismo y el 
sacrificio nunca inspiraron grandes entusiasmos a las multitudes. 

Pero dar a la educación profiláctica la parte primordial en la 
enseñanza sexual es, no sólo desvirtuar por completo la finalidad 
pedagógica de ésta, sino también llevarla a un fracaso absoluto, tan- 
to en sus resultados como en su valor educativo, fracaso tan completo 
como lo ha sido y será .el de todas las medidas unilaterales tomadas 
para remediar males complejos. 

Aún en el supuesto de que vencidos todos los preconceptos exis- 
tentes, aún suponiendo que se llegara a enseñar en las escuelas pri- 
marias y superiores la profilaxis, tal como la preconizan los médicos 
en numerosos Congresos y Conferencias en estos últimos años; aún 
en este supuesto, no sólo los resultados serían desconsoladores del 
punto de vista profiláctico, sino que serían altamente perjudiciales 
para la elevación del nivel mediano de cultura popular. Porque 
faltos de educación moral para dominar sus deseos y apetitos, ca- 
rentes de ese self-control tan necesario en la vida, los jóvenes se de- 
jarían llevar por la tendencia natural en todo individuo al mayor 



Pedagogía y Conducta Sexual 


65 


goce de placeres cuyas responsabilidades y deberes no han sido en- 
señados a afrontar y cumplir. 

Basar la enseñanza sexual sobre la educación profiláctica es 
desviarla de su verdadera finalidad, es quitarle todo su valor so- 
cial y moral; es restarle toda la elevación y respeto que queremos 
inspirar por la función reproductora* como la más noble de las 
funciones de la especie; es destruir todo el basamento de la moral 
biológica sobre el cual creemos debe asentarse la sociedad futura; es 
transformar la noble doctrina de la superación de las fuerzas de la 
vida en una miserable y vergonzosa propaganda del libertinaje sin 
peligro. 

Hagamos al respecto algunas referencias. 

El Congreso de Higiene ^escolar de París de 1910, puso por pri- 
mera vez sobre el terreno firme de la discusión el problema peda- 
gógico de la enseñanza sexual. En éste como en el siguiente de Bú- 
falo (1913) se estudió el punto de vista de la enseñanza moral y 
la enseñanza de la verdad en lo que se refiere a las funciones or- 
gánicas con objeto de evitar el malsano atractivo que ejerce el mis- 
terio de las cosas vedadas sobre la imaginación del niño. 

Pero el Congreso de París (1910) emitió el siguiente voto: 

“Que una enseñatnza sexual preparatoria, sea ; suministrada a 
los niños cuando se procede a la enseñanza de historia natural y 
que más tarde se dé informaciones a los adolescentes”. 

Es decir: Higiene y Profilaxis! 

Interpretemos. Se dirá a los jóvenes: Amiguitos, la castidad es 
una virtud inapreciable y necesaria. Es indispensable que seáis cas- 
tos, tanto para vuestra felicidad como para la de los hijos que es- 
táis llamados a engendrar, etc., etc... pero si por acaso no fuéseis 
castos... he aquí algunos consejos que pueden seros útiles! 

Y la mayoría de las autores y las conclusiones de los últimos 
Congresos de 1910 acá, aconsejan de preferencia el temperamento 
siguiente : 

“En la edad post-escolar, o en el último año de escuela, al fi- 
nalizar el curso, se dará a los jóvenes algunas conferencias sobre 
la necesidad de la castidad hasta la edad adulta, y las nociones in- 
dispensables de profilaxis necesarias para evitar el contagio”. (1) 

Lo dicho! Higiene y Profilaxis! 

En la enseñanza y educación de la juventud es un error pro- 
fundo fundar la necesidad de la castidad sobre el peligro o el te- 


(1) A semejantes análogas conclusiones llega el Dr. Lafora en su re- 
ciente informe sobre Educación Sexual, presentado al Congreso de la Li- 
ga Española de Higiene mental en 1932. El Dr. Lafora, parece ignorar en 
absoluto el Congreso de París de 1923, que sin embargo tuvo gran resonan- 
cia en el extranjero. 

Véase el Título Vil: “Algunas proposiciones de Congresos y Asocia- 
ciones”. 

5 



66 


Paulina Luisi 


mor de las infecciones sexuales, aunque alguna vez hayan podida 
servir de freno a los apetitos. 

Suponed en efecto que un nuevo Jenner, con un descubrimiento 
maravilloso, alcanzara a encontrar el medio seguro de evitar la in- 
fección venérea. (1) 

Liberados del temor del peligro y desprovistos de una base mo- 
ral suficiente para gobernar sus apetitos sexuales, los jóvenes, ávi- 
dos de placeres, soltarán ' las riendas a sus instintos, incitados aún 
por la complicidad del Estado, que pone al servició del libertinaje 
masculino, toda una organización administrativa para servirlo y 
alimentarlo ! 

No es este lugar para abrir juicio sobre la reglamentación de 
la prostitución por el Estado, sea la antigua reglamentación sobre una 
base médico - policial, felizmente casi desaparecida; (2) sea los nue- 
vos sistemas de pseudo - abolicionismo, que no son más que una nue- 
va forma de reglamentación encubierta por la máscara de servicios 
de higiene pura y que sin embargo establece disposiciones de obli- 
gatoriedad y penalidades para el incumplimiento del 'tratamiento 
sanitario tales como no se ha pensado jamás en aplicarlos a las nu- 
merosas enfermedades contagiosas de otra índole — formas modifi- 
cadas de los antiguos sistemas y que denominamos hoy neo - regla- 
mentarismo. 

Ha sido ésta una disgresión o un paréntesis, con objeto de lla- 
mar la ¿tención del psicólogo y del educador sobre la influencia ne- 
fasta y la lección malsana para la juventud de esa organización del 
libertinaje emprendida por el Estado. 

Ella destruye nuestra obra de educación, la hace aparecer falsa 
y ridicula a los ojos del joven, puesto que apenas entra en la vida 
real se entera que el Estado autoriza el libertinaje y lo sanciona co- 
locándolo o afirmando que lo coloca en condiciones sanitarias ade- 
cuadas al servicio. 


(1) En el afán de llegar a este resultado no están atribuyendo algu- 
nos higienistas un poder maravilloso de profilaxia a la famosa pomada de 
Mechnikof o a las no menos famosas bujías de Goducheau? El invierno de 
1922 se hablaba con insistencia en París de proveer a los jóvenes reclutas 
de sus correspondientes paquetes sanitarios (bujías de Goducheau) : se fi- 
jaba en una cantidad no pequeña el número de bujías que se les distribui- 
rían mensualmente a fin de que pudieran efectuar sus... correrías, con el 
mínimun de riesgos. Se hablaba de la instalación de cabinas profilácticas 
como existen en algunas casasi de tolerancia o de citas en ciertos países; 
cuestiones sobre las que no corresponde intervenir en este trabajo. Pero 
hete ahí que en el entusiasmo profiláctico, hay quien ha propuesto que 
en las famosas conferencias del último año escolar, reparad bien en esto, 
del último año escolar los muchachos sean informados de la existencia y 
el uso de estas maravillas y otras semejantes, amén de todo el arsenal de 
preservativos de otro orden pre y post... operatorios!! 

(2) En 1923, pero restablecida en muchos países en 1940 — espe- 
cialmente en todos aquéllosi ocupados por el Reich, además de la mayoría 
de aquéllos de nuestra América Latina. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


67 


Y lo que el Estado autoriza, parece ser lícito. 

Lo que la ley sanciona, es lícito! 

Y entonces... ¿a qué se enseñó al joven las ventajas de la 
castidad, la inmoralidad de las relaciones sexuales fuera de la unión 
familiar, si el Estado mismo comienza dando a esta educación y a 
estas enseñanzas un desmentido tan rotundo! 

Entre nuestra moral severa que desde luego le exige sacrificios 
y, las incitaciones del libertinaje autorizado y que tanto condice con 
su erotismo reciente, el joven no titubea un momento y cae fatal- 
mente allí donde le empujan sus instintos favorecidos por la com- 
plicidad de las costumbres establecidas y las organizaciones tolera- 
das por la ley y reglamentadas por ella. 

Toda nuestra obra de educación, difícil y pacientemente elabo- 
rada, se transforma a sus ojos en ridiculas mojigaterías, en excesos 
de padres temerosos o en sermones de maestros Hipócritas o enveje- 
cidos ya para el placer. . . 

Está de más insistir. Las prédicas morales, acompañando a las 
lecciones profilácticas ¿qué utilidad social pueden prestar? ¿De qué 
servirá hablar a los alumnos de la necesidad y la utilidad de la 
castidad, si al mismo tiempo se les enseña el medio de frecuentar 
el vicio, evitando sus peligros? 

La instrucción sexual sólo puede ser fructífera cuando llega des- 
pués de, largos años de preparación y educación de las facultades 
intelectuales y morales de voluntad, carácter, conciencia y responsa- 
bilidad. 



CAPITULO VI 


¿A qué edad? 


Preguntando a Mr. Pinard a qué edad debía comenzar la edu- 
cación sexual, contestó: “a los cuatro o cinco años”. 

Yo entiendo que se debe ir más lejos y decir: desde siempre. 

Desde que el niño comienza a tener su espíritu abierto a la 
curiosidad y a la razón. A propósito de una pregunta inocente, de 
una curiosidad infantil, de una observación cualquiera. 

En las familias, llama la atención de las criaturas la diversa 
conformación de niñas y varones. En la primera edad, una respues- 
ta cualquiera, pero dentro de la verdad, basta. — ¿Por qué uno es 

varón y otra es niña? — “Para distinguirlos; porque cuando sean 

grandes unos serán los papás y otras las mamás”. — 

El niño se da cuenta de que el padre y la madre no son igua- 
les. Una respuesta clara, neta, terminante, sin reticencias, al al- 
cance de su comprensión, con la apariencia de la verdad, que nun- 
ca le parecerá alterada porque no se habrá mentido,, sin mayores ex- 
plicaciones, pero sin falsedad alguna, contribuirá a mantener su con- 
fianza en los padres y a destruir las malsanas sugestiones de aqué- 
llo que no se quiere que él sepa y que aprende, como cosa indecente, 

con otros chicos en la calle, o con la servidumbre. 

Llega un nuevo vástago a la familia. Se habla de ello. Simple- 
mente el niño aprenderá que la madre lo ha dado a la vida, “como 
la gallina pone un huevó”. 

No hay ‘pequeño que no se dé cuenta del diferente aspecto que 
presenta su madre, durante el .embarazo y después del parto. 

Además, despierta siempre su curiosidad el hecho de que la 
madre deba quedar en cama cuando la “madama” o el doctor 
“traen” un hermanito: es una circunstancia que no escapa a su 
curiosa reflexión. 

Recuerdo como caso típico, dos chicuelas de 4 y 6 años, res- 
pectivamente, sobrinas de un ilustre colega. El nacimiento del her- 
manito se produjo en forma de despertarles vivamente el interés. 
La madre, sorprendida con la familia en un pueblo próximo a la 
capital, efectuó bruscamente el viaje de regreso. Agitación consi- 
guiente, idas y venidas en las que la premura del acontecimiento no 
daba tiempo para andar con ocultaciones. Dos o tres días después, 
una conversación sorprendida entre las chiquillas que, creyéndose so- 
las, comentaban el asunto. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


69 


— “Lo trajo la doctora”, dice la mayor. 

— “No seas tonta, si no fné la doctora”. 

— “Entonces fue la madama”? 

— “Ah, qué tonta eres, por Dios”, dice la pequeña de 4 años. 
Mamá lo tenía en el vientre y la doctora se lo sacó”. 

— ‘ ‘ Qué dices, Beba . . . ! ! 

— “Vamos, ¿no has visto cuando matan una oveja en lo de 
tío M. el corderito que está adentro?”. 

Yo pregunto ¿qué inmoralidad hay en decir a un pequeño “ma- 
má va a tener un nene”, en lugar de contarle la fábula de la ci- 
güeña o del repollo, u otras cosas por el estilo en que el niño, ape- 
nas deja de ser bebé percibe instintivamente una ocultación, un 
misterio y acepta entonces aquellas historietas sin discusión ni pre- 
guntas; porque siente que no le quieren decir lo que es la reali- 
dad: y ya no cree en ellas. 

¿A qué edad decíamos debe comenzar la enseñanza sexual? 

Cuestión ésta sobre la que no se han puesto aún de acuerdo 
los pedagogos, higienistas y cuantos se han ocupado de este asunto. 

Los más timoratos estiman que es d§l resorte de la escuela se- 
cundaria, otros, que se debe reservar para el último año de la pri- 
maria. 

Una ínfima minoría con Mr. Pinar d, estima que debe comen- 
zarse desde los cuatro o cinco años; yo, afirmo que no hay más lí- 
mite de edad que aquél en que las oportunidades de hablar de ello 
se presentan. 

La fórmula pedagógica que ha obtenido la mayoría de sufra- 
gios entre los que estudian estas cuestiones es más o menos la si- 
guiente : 

“En el último año escolar, sea al final del curso, sea en los 
cursos póst-escolares, y en general en las clases para varones de 13 
a 15 años, se darán conferencia s sobre la necesidad de la castidad 
hasta él matrimonio, y se darán indicaciones sobre las enfermedades 
venéreas y consejos 'para evitar el contagio, sin olvidar los comen- 
tarios de moral que él asunto requiere. Estas conferencias serán da- 
das preferentemente por médicos o profesores especializados. Los que 
creen que también deben darse estas nociones a las niñas indican “la 
conveniencia de que las conferencias estén a cargo de una mujer”. 

Una encuesta reciente (1) (no hay que olvidar repito que este 
ensayo ha sido escrito en 1922) de que da cuenta el Bulletin de 
1 'Office International d’Hygiéne, diciembre 1921 y que fué reali- 
zada en un Cantón suizo, dió como opinión general, “que la ense- 
ñanza deberá darse antes de la pubertad pero después de la es- 
cuela primaria: se propone la edad de 13 a 15 años. 


(1) Véase Título V. “Discusión de las proposiciones de mi “Ensayo”, y 
Titulo XII “Una encuesta de la Oficina Internacional de Higiene”. 



70 


Paulina Luisi 


“Algunos dicen que esa edad es la que ctebe tomarse en cuen- 
ta para la iniciación y la de 15 a 19 para las indicaciones y con- 
sejos relativos a las enfermedades venéreas. (Demasiado tarde!!). 

“La parte instructiva deberá suministrarse junto con las cien- 
cias naturales y ser absolutamente científica; las enfermedades ve r 
néreas serán estudiadas por separado”. 

Es decir que la edad en que nuevos fenómenos fisiológicos y 
psíquicos aparecen en el adolescente, la edad en que inexplicables 
inquietudes perturban su espíritu, agregando la nota psíquica al tra- 
bajo fisiológico en evolución, en que su cuerpo siente desasosiegos 
inexplicables; la época de la crisis moral, más temible y peligrosa 
que la crisis física, es la edad indicada por los autores para hablar 
de los delicados asuntos de la sexualidad y de la profilaxis sexual 
a los adolescentes, a quienes una educación progresiva anterior no 
preparó para recibir sin peligro las revelaciones de la vida adulta. 

Grave error pedagógico y psicológico que puede ser de funes- 
tas consecuencias para la vida física y moral del individuo. 

[Médicos, higienistas y sociólogos han cometido un error gra- 
vísimo cuando, ocupándose de enseñanza sexual, han aconsejado las 
mencionadas conferencias sobre profilaxis en el último año escolar. 

Bajo su influencia, numerosos educadores han seguido el mismo 
camino, engañados por la siguiente reflexión: “El niño deja la es- 
cuela. Va a entrar en la vida y encontrarse frente a frente con 
su realidad. Debe saber los peligros que lo acechan, hay que pre- 
vehirlo. Démosle, pues algunos conocimientos sobre las precauciones 
que debe tomar para evitarlos”. 

Reflexiones inspiradas en un noble deseo y una sana aspira- 
ción. Pero las buenas intenciones no bastan. 

Al hombre puede advertírsele crudamente del peligro y de có- 
mo puede evitarlo. 

Al niño debe dársele los conocimientos del peligro, mas al mis- 
mo tiempo debe evitarse la sugestión de naturales curiosidades, que 
tan poderosas son en la infancia y en la juventud. 

No puede olvidarse que los métodos de la medicina y la hi- 
giene son distintos de los de la pedagogía escolar. 

Los procedimientos que pueden ser buenos con un adulto, son 
absolutamente distintos de los que convienen a un muchacho de 
trece años. 

Un joven de diez y ocho, puede ser tratado como un hombre, 
un adolescente de trece es todavía un niño, y lo que es más serio, 
un niño que, siéndolo aún espiritualmente, experimenta ya cosas ra- 
ras que son extrañas a su vida habitual y le mantienen en un es- 
tado especial característico : las primeras manifestaciones fisiológicas 
de su despertar adulto, repercuten sobre su ser espiritual. 

Es la edad de los cambios, en la voz, en el cuerpo, en el es- 
píritu, en el carácter, es algo especial que experimentan, inexplica- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


71 


ble para ellos mismos, tanto en el varón como en la niña, algo di- 
fícil de describir y de expresar, pero que trazan el sello tan espe- 
cial de esa época de la vida: la crisálida se está tranformando en 
mariposa. . . 

No puede aplicarse en este caso el método experimental vul- 
garizado por la observación de Spencer: “El niño ve la llama de 
una vela, quiere tomarla entre sus manecitas. Se le rehúsa, el niño 
insiste; se le prohibe, el niño se obstina. Se satisfacen entonces sus 
deseos y se le hace experimentar prudentemente el ealor que des- 
prende la llama, el chico percibe la sensación de quemadura, apren- 
de que no debe tocarla, no insiste más. Si ella lo atrae nuevamente, 
el niño se acuerda y desiste”. 

¿ Estaríase aquí en el mismo caso, subjetivamente, cuando se 
hablara al adolescente de las incitaciones y los peligros de la vida 
sexual y se predicara luego la necesidad de la castidad? La diferen- 
cia, que hace inaplicable el sistema en este caso, está en que, si el 
niño se quemara una primera vez en aquella llama, no habría ya 
remedio: repetiría la experiencia... 

La cuestión, abstrusa y compleja, obliga a modificar el criterio 
pedagógico. La obligación de informar al adolescente sobre ciertos 
temas, sin excitar su curiosidad, ni atraerla sobre ellos, complica 
singularmente el problema. Hay que dejar ver la llama de nuestro 
ejemplo, hacerle saber que quema, y evitar que desee acercarse a 
ella, so pena de comprometer toda la acción educacional. 

Un joven de diez y ocho años, puede y debe ser tratado como 
un adulto; un adolescente es y debe ser todavía un niño. Al joven 
decidle categóricamente lo que debe saber, prevenidle del peligro, 
si es tiempo aún! 

El joven sabe, conoce ya su naturaleza viril; el adolescente y 
el niño están o deben estar todavía vírgenes de toda excitación ge- 
nésica normal. 

El conocimiento de la función sexual no sólo debe preceder 
al acto fisiológico, sino que debe suministrarse antes que los sentí - 
dos despierten. 

Empezar la iniciación científica a la edad indicada por los au- 
tores, de 13 a 15 años como lo aconsejan, es desvalorizar la ense- 
ñanza en lo más importante de su sentido vital. 

Y ante todo, ¿qué entienden por iniciación? 

La revelación científica de los primeros fenómenos relaciona- 
dos con la reproducción que perciben sus sentidos en el . ambiente 
familiar o social? 

Es demasiado tarde! 

Los niños han sufrido ya las influencias malsanas de las con- 
versaciones clandestinas, y las incitaciones perniciosas del fruto pro- 
hibido. Su espíritu ha perdido su inocencia; ya la idea del pecado 



72 


Paulina Luisi 


se ha desarrollado en él; la semilla de moral concomitante que pu- 
diéramos arrojar, caerá en terreno cubierto de malezas. 

Serán como las chiquillas de mi clase de botánica ... Si empe- 
zamos a los trece o quince años, nuestra enseñanza perderá sus más 
hermosos frutos; el conocimiento de la naturaleza, “al natural”, el 
conocimiento de la verdad acerca de los fenómenos naturales que 
el niño debe adquirir a medida que caen bajo su observación y del 
que, el desarrollo del programa de la escuela ofrece la ocasión para 
considerar, lo que debe hacerse con la mayor naturalidad y la más 
perfecta indiferencia. 

Se trata de fenómenos que se producen en la naturaleza, de 
manifestaciones de la vida, lo mismo que la caída de los cuerpos es 
una manifestación de las leyes de gravedad. 

En todo el curso de la enseñanza, el niño no debe descubrir en 
la actitud del educador, en el tono de su voz, en sus palabras, la 
más mínima diferencia entre el momento en que se explica un teo- 
rema, se le da una lección de historia o de geografía, y aquél en 
que se le habla de “reproducción”; ninguna diferencia debe existir 
entre las lecciones sobre cuestiones atingentes al sexo, animales, ve- 
getales o humanas y las demás lecciones sobre los variados temas de 
que se ocupa la escuela. 

Apenas habrá en la actitud del enseñante la más mínima varie- 
dad, apenas habrá el menor cambio de matiz, — los niños son ver- 
daderos galvanómetros — ¡toda nuestra pedagogía perderá su efecto! 

Sobre todo, son las primeras generaciones de alumnos las que 
sufrirán más por la reforma, las que experimentarán estas sacudi- 
das provocadas por el desacuerdo entre la nueva educación que re- 
cibirán en la escuela y los antiguos sistemas con cuyas manifestacio- 
nes se encontrarán en los medios extra-escolares. 

Dando las nociones de profilaxis sin la 'preparación previa, pro- 
gresiva, educativa, moral e instructiva, en todos los años escolares 
anteriores; llegando aquellas en forma de conferencias, y aumentada 
su aparatosidad por el hecho de ser el director de la escuela o el 
médico escolar quien las tenga a su cargo, producirán como primera 
consecuencia natural la excitación del centro de interés hacia el tema 
de, que se trata. 

Primera falta. 

Por la aparatosidad de estas precauciones extraordinarias (y más 
aún, si como quieren algunos, son facultativas y requieren una au- 
torización expresa de los padres) ; por la llegada de un profesor es- 
pecial o de un médico escolar (como lo piden otros) se hace de es- 
tas lecciones algo de anormal,, de, extemporáneo, en la vida escolar. 

Estas lecciones o conferencias en el último año, en momentos 
de dejar la escuela, podrán ser tan sabias, tan hábiles, tan emocio- 
nantes como se quiera; nunca serán más que lecciones, que instruc- 
ciones que vendrán a agregarse a las otras mil nociones recibidas; 



Pedagogía y Conducta Sexual 


75 


pero más interesantes por cierto por la novedad del tema, más su- 
gestivas y peligrosas, porque hallarán un eco demasiado simpático 
en la curiosidad de los adolescentes, curiosidad no exenta de una 
cierta emoción inconsciente con la que mucho se arriesga despertar 
el erotismo naciente. 

Que el iniciador o el conferenciante sea el médico de la familia, 
el confesor, el padre, el maestro, el médico escolar o un profesor es- 
pecialista; que se ponga en ello el más fino tacto y la delicadeza más 
rebuscada, que se hable con nobleza, con elevación ... el efecto de 
las palabras será el mismo. . . : una autorización tácita para ir a 
ensayarse ! 

Cualquiera sea el tacto y el talento del profesor, estas conferen- 
cias o lecciones extemporáneas, fuera de lo ordinario, ¿no tendrán 
en el ánimo de los muchachos el efecto de una declaración implíci- 
ta; un certificado de capacidad viril que se les brinda? 

Grave será el efecto que producirá en ellos este hecho nuevo: 
los educadores les han hablado de cosas que hasta ese momento se les 
había enseñado como indecentes o pecaminosas, cuyo conocimiento 
debían ocultar. 

La impresión de recibir ex-abrupto los conocimientos necesarios' 
a su vida de adultos, las nociones profilácticas para entregarse a las 
contingencias de las relaciones de acaso, prostitución confesada o 
encubierta, producirá en ellos esta consecuencia psicológica fatal: 
el chico deducirá de la lección recibida una autorización tácita para 
ir a ensayarse, una declaración explícita de, capacidad que se le otor- 
ga, y en el menos malo de los casos, ia impresión obrará siempre con 
el poder tremendo de una sugestión . . . 

Agréguese a ello, que en la actual organización social de nume- 
rosos países, el Estado autoriza la oferta, la respalda implícitamen- 
te, dándole garantía de salubridad. Recuérdese que aún en numero- 
sos países existe el prostíbulo autorizado, con sus puertas abiertas; 
que mantienen a la mujer de . la calle con su libreta de garantía hi- 
giénica, incitando no sólo a los hombres todos, sino hasta también 
a los adolescentes a quienes el médico escolar, el Director, el con- 
ferenciante o el confesor, acaban de predicar la necesidad de la cas- 
tidad y las lecciones de profilaxis venérea para el caso posible ( !) 
de no poder resistir a sus deseos! 

Es una resultante psicológica que no tiene réplica; o el adoles- 
cente es todavía niño, es decir, prácticamente ignorante, porque no 
debe olvidarse que a esa edad todos los muchachos saben ya la exis- 
tencia de esas funciones, los compañeros y la calle se las enseñaron 
desde tiempo ; y la lección se traduce entonces en una . . . autoriza- 
ción velada j — o el adolescente ya lo ha experimentado, y entonces 
si no se llega demasiado tarde aún para enseñarle a precaverse de 
la infección orgánica; se llega siempre tarde para evitar a su al- 
ma la contaminación moral, la revelación malsana del amor, degene- 



74 


Paulina Luisi 


rado en el acto inferior de un placer completamente físico, animal. 

Empezar estas lecciones a la edad que indican los autores, es 
privarlas forzosamente del substractum indispensable que habría crea- 
ndo la acción educativa de todos los años que abarca el período es- 
colar desde el principio. 

Con mucha justicia, dice Mr. Ruyssen: “No hay pruebas más 
peligrosa para una voluntad débil que aquélla de despertar las fuer- 
zas de un deseo todavía inconsciente”. 

Las primeras impresiones sexuales dejan para siempre su hue- 
lla en el yo individual de cada joven lo mismo que dejan su sello 
indeleble en el cuerpo de la mujer. 

La iniciación sexual por las relaciones venales de la prostitu- 
ción es esencialmente corruptora. Muy difícilmente después el hom- 
bre será capajz de establecer una diferencia fundamental entre el 
acto creador, la más elevada función de la especie, y el goce sensual 
del libertinaje pasajero. 

Considerará como bajo y vergonzoso cuanto se relaciona con los 
órganos generadores, y si por desgracia se contagia una enfermedad 
venérea, hará cuanto le sea posible por ocultarla, a fin de no des- 
cubrir el modo como fué contaminado y el ambiente inmoral que 
frecuentó. 

Y, daño mayor aún y mucho más grave, jamás se borrará en sn 
alma la huella grosera que dejó en ella esa iniciación puramente 
animal del amor: en la posesión de una mujer, estará siempre bajo 
la influencia fatal de las primeras impresiones que aquella inicia- 
ción dejara en su alma. 

Ellas crean en el subconsciente del varón, el concepto de la 
vileza de la mujer, porque ha aprendido que pagando puede realizar 
el gesto deseado; le queda siempre la idea que en sus manos está 
pagar para que cualquier mujer sea asequible para él, con tal que 
le entregue el precio . . . que en toda mujer hay en el fondo una 
ramera ... 

Y es tal ese desprecio, que no admite la más leve insinuación 
si esa mujer es su propia madre, pero que en un momento de ira, 
la expresión que sube a sus labios como el insulto máximo, es aqué- 
lla de “hijo de...” que le hiere como la mayor de las injurias 
cuando es a él que se dirige la brutal y grosera expresión. . . 

Jamás, después de ella el hombre considerará a la mujer como 
debe ella ser considerada; como ella es, el crisol sagrado donde se 
elaboran las fuerzas de la vida. . . jamás podrá sentir íntimamente, 
en lo profundo de su alma, un respeto sagrado hacia la mujer fe- 
cundada, hacia la mujer - madre, si no lo es de su propio hijo, y 
no siempre; respeto que es fundamental en la moral científica... 

Es imprescindible por su inmensa gravedad, tener presente, la 
manera de dar estos conocimientos, la forma, los procedimientos y 
la edad en que ello se realice. 



Pedagogía y Conducta Sexual 



“La revelación del amor, dice Ruyssen, inquietante a cualquier 
■edad, puede para la juventud, y más aún para la adolescencia, ser 
el principio de una perversión radical, queremos decir, de un dese- 
quilibrio irreparable de la voluntad y los sentidos. 

“Soltar las riendas al instinto, sin oponer a sus empujes, nada 
más que consejos de higiene o de vaga moderación, es abrir impru- 
dentemente la puerta a un enemigo peligroso. 

“Si la continencia es relativamente fácil de observar para el 
individuo casto, la moderación se convierte inmediatamente en pe- 
nosa, para el hombre que ha probado, aunque sea una vez, la em- 
briagadora voluptuosidad”. 

Cuánto más difícil será para el joven que no fué educado al 
gobierno de sus sentidos y deseos! 

No solamente el varón es la víctima de esos extravíos. 

Ya muchos sexólogos se han preocupado de la tragedia de la 
vida de la mujer, que yendo al matrimonio, ignorante de facto, aun- 
que sabedora del acto que se va a realizar, se entrega virgen y cas- 
ta al abrazo nupcial, y le ha cabido la desventura de encontrar un 
compañero, ineducado en el control de sus deseos; que Sacia 'sui 
apetito sexual que la vida social le obligó a contener, en una po- 
sesión a veces tan brutal, “como de fiera hambrienta” me con- 
fiaba una de esas víctimas... “Yo le amaba”, añadía en su con- 
fidencia “y le deseaba... pero nunca creí que aquéllo fuera tan 
brutal. . . y ya nunca pude recibir su abrazo sin aprehensión y sin 
terror...”. 

Y yo, su médica, que conocí a aquel hombre, puedo decir que 
soeialmente era un tipo aparentemente fino y delicado . . . Pero la 
educación de su voluntad para dominar el instinto del sexo, y de 
la posesión, jamás habían sido realizados en él, como lo supe más 
tarde, educado en esa escuela nefasta de disimulación e hipocresía, 
que sabemos como las gasta, y habiendo sido iniciado a las lides del 
amor en el bajo comercio de la mujer prostituida. . . 

Y esta es la tragedia de muchas, pero muchas mujeres, y ha 
sido la causa de muchas desuniones de las que sólo se esperaba fe- 
licidad y armonía . . . 

Porque se debe pensar en las consecuencias para toda la vida, 
que de ellos se' pueden derivar. 

Hay que recordar, como una seria advertencia de futuro la in- 
fluencia que ejercerá sobre el yo moral del adolescente; sobre el 
futuro de su yo adulto, la forma en que se realiza su iniciación 
sexual. 

“Téngase en cuenta, dice un autor, que el sentido erótico de 
cada hombre, se moldea, se condiciona en sus primeras experiencias 
amorosas de un modo importante y a veces definido”. 

Con mucha sensatez observa Th. Ruyssen: “El adolescente que 
se encuentra con una mujer cualquiera, en una relación de acaso, 



76 


Paulina Luisi 


por primera vez, en la vida, juega en ella todo su porvenir físico, 
intelectual y moral; ya después no será el mismo que ayer ni en la 
familia, ni en el trabajo, ni en la vida social; esta revelación de 
la carne puede provocar en él, una angustia, un desconcierto tales 
que sabemos cómo más de una vida que se inició llena de promesas, 
fracasó pdr las decepciones consecutivas a su primera caída sexual . 

En algunos casos es, como dicen ciertos sexólogos, la frecuenta- 
ción de la ramera, que h^. pervertido en ellos el deseo sano y fisio- 
lógico... en otros, el hombre no vé en la compañera más que el ser 
que ha de dar satisfacción a sus deseos, sin ocuparse para nada 
de los de ella, (1) ni de su estado, físico y moral... 

He recibido millares de confidencias y consultas en mi vida pro-, 
fesional... Tragedia de incomprensión, dicen algunos... Yo estimo 
sobre todo, tragedia de educación: Educación viciada y viciosa, re- 
cibida por el adolescente y el joven en el lupanar, en esos amores 
fáciles que se pagan; educación que no tuvo como base ni el respeto 
a sí mismo, ni el respeto al otro sexo, ni una concepción elevada 
y noble de la función sexual. 

Todo un estudio de ética social está por hacerse sobre este te- 
ma; todo un estudio de psicología sobre la influencia que las pri- 
meras relaciones de acaso ejercen sobre la vida moral y afectiva ul- 
terior del individuo y sobre los efectos que ella puede producir so- 
bre la mentalidad de la colectividad en general en lo que se rela- 
ciona con su concepto social, civil, económico y hasta político de 
la mujer, en las sociedades actuales. 

Quizá ... tal vez sea ésta una de las fuentes en las que el hom- 
bre toma la superioridad que se atribuye a sí mismo sobre la mu- 
jer, y tal vez sea ello la explicación del subconsciente motivo psi- 
cológico de su continua resistencia para admitir a la mujer como su 
igual en la vida colectiva! 


(1) Véase Juarros, “El amor encadenado”. 



CAPITULO VII 


¿Cómo proceder? 


No me refiero, bien entendido, al capítulo común a toda la en- 
señanza ; la educación de la voluntad. 

Estudiamos abora la parte relativa a la instrucción, esto es, 
a los conocimientos científicos y de ética que deben ser suministra- 
dos al alumno. 

Yo sólo hago aquí cuestión de la escuela. Apenas menciono a 
la familia y la razón es obvia: la mayoría, la casi totalidad de los 
padres, no están capacitados para la educación de sus hijos. 

Por otra parte, entiendo que familia y escuela deben colaborar 
al mismo fin. Si por tratarse de asunto tan delicado y escabroso opi- 
nan muchos que la enseñanza debe ser individual y confiada exclu- 
sivamente a la familia, yo espero demostrar que hay manera de lle- 
varla a cabo de modo que pueda ser perfectamente función de la 
escuela. Por otra parte, si alguna noción pudiera parecer escabrosa, 
no debe olvidarse que, para nuestros niños, nunca lo- será tanto 
-como sus conversaciones secretas. La observación de algún rapazuelo, 
la palabra mal interpretada, la intención picaresca que nunca fal- 
tará, serán otras tantas formas de motivar una lección de moral. 
Motivar, en nuestra jerga docente, es la manera de entrar en ma- 
teria, fundándose en un pretexto cualquiera. ¿Qué motivación más 
oportuna que una observación inconveniente, para sacar de allí una 
lección de alta moral y de respeto? 

¿De qué manera se debe proceder? Este es ei. verdadero inte- 
rrogante que encierra el nudo de la cuestión. 

Si en el problema de la enseñanza sexual se encuentran tantos 
y tan serios adversarios, es indudablemente porque no se ha arri- 
bado todavía a un acuerdo respecto a la manera de proceder. 

Entre los mismos médicos que están de acuerdo en que esa 
enseñanza es necesaria, los hay numerosos que se detienen ante la 
-dificultad del procedimiento a seguir. 

Hay mucho de la observación de Forel ya mencionada en el 
temor de encarar la enseñanza sexual: se atribuye al niño las con- 
comitancias psicológicas que sobre esos fenómenos existen en el es- 
píritu del adulto: el peligro desaparece si la acción pedagógica co- 
mienza precozmente. 

Pero hemos de buscar una manera que permita implantar los 
conocimientos sin excitar particularmente la curiosidad de los niños, 
sin atraerla especialmente sobre el fenómeno de la reproducción: los 



78 


Paulina Luisi 


niños y los adolescentes deben adquirir los conocimientos necesarios- 

SIN DARSE CUENTA DE ELLO. 

Hemos dicho que la enseñanza sexual debe comenzar desde el 
momento en que el niño empieza a comprender. La primera etapa 
debe ser recorrida en la familia si es posible, es decir, si está en 
condiciones de suministrarla. 

La escuela maternal que la reemplaza y colabora con ella para 
la educación de la primera infancia, debe ocuparse también de este 
sujeto, iniciando al niño sobre los fenómenos de la vida en armonía 
con la verdad. 

La educación y la instrucción deben proseguirse durante todos 
los años escolares. 

Durante todo el período escolar, desde la escuela maternal has- 
ta la adolescencia, los conocimientos científicos y las nociones de mo- 
ral serán suministradas al niño, proporcionalmente a su edad y ca- 
pacidad intelectual, de suerte que, llegando al fin del curso ele- 
mental, haya abarcado todo el programa escolar. 

Las nociones de profilaxis venérea vendrán más tarde, como 
una consecuencia natural y lógica de los conocimientos adquiridos, 
al mismo título y en la misma forma que las demás lecciones de 
profilaxis y de higiene, respiratoria, digestiva, muscular, etc., etc. 

La historia natural, botánica y zoológica, la fisiología y la ana- 
tomía humanas, enseñadas sin mutilaciones ridiculas, serán la base 
de la enseñanza. 

La educación y la instrucción morales serán paralelas y conco- 
mitantes con la enseñanza científica ; sobre ella se establecerán sus 
principios. 

La profilaxis venérea, higiénica y moral; el conocimiento de 
las enfermedades sexuales y la manera de evitar su contagio, las 
ventajas de la castidad y de la abstinencia, la responsabilidad del 
acto sexual en todos sus aspectos, etc., formarán un grupo de nocio- 
nes que podrán darse al alumno al finalizar su curso primario, en 
la adolescencia, pero siempre, después de una cuidadosa preparación 
tpnto en la educación de hábitos volitivos como en la gradación de 
los conocimientos verificada durante , todos los años escolares anteriores. 

Mi manera de encarar el asunto para hacerlo factible en la prác- 
tica, explica la razón de mi desconformidad con ciertas iniciativas 
proyectadas en algunos países sobre enseñanza sexual. 

De ella se deduce también que, para cristalizar nuestros deseos 
de llevar a la práctica tan útil reforma, hemos de comenzar por su- 
primir en absoluto el término “educación sexual” que no tiene ra- 
zón de ser, porque no se trata de “educar el sexo”, como han in- 
terpretado algunos, suponemos que con toda buena fe. 

No se trata de una materia aparte en los programas: está con- 
tenida en ellos. 

Se evitará así una palabra que, sobre horripilar a unos, es mal 
interpretada por los otros, o lleva a proposiciones o criterios tan cu- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


79 


riosos como el que nos vimos obligados a escuchar en la pasada con- 
ferencia sobre enseñanza sexual organizada por el Comité Abolicio- 
nista Uruguayo de 1919. (1) 

Es necesario, repito, suprimir en absoluto esa expresión consa- 
grada por el uso. 

Concordes con la materia , con su desarrollo, su contenido, in- 
cluyanse las nociones que comprende, en el resto de los programas 
escolares, diseminado s-, absorbidos por el resto de los conocimientos 
incorporados a ellos, punto por punto, de manera a llegar también 
en esta parte a hacerlos desaparecer como entidad, diluidos en las 
otras materias de los programas, como el azúcar en el agua. 

Esta manera de encarar las cosas, quitará todo el resto de “aci- 
dez” que pudieran conservar. Si yo fuera autoridad escolar los in- 
cluiría tranquilamente en los programas. En la forma en que lo pro- 
pongo, estoy convencida de que no sólo no se levantaría ni una vos 
ni un murmullo de protesta; sino que muchos, tal vez, ni se darían 
cuenta de que la reforma se había llevado a cabo. 

Un maestro, compenetrado del asunto, podría muy bien llevar- 
lo a la práctica sin que padres ni autoridades escolares encontraran 
observación alguna que oponer, reserva de ninguna especie que for- 
mular. 

La enseñanza llamada sexual, no debe existir como asignatura 
ESPECIAL EN LOS PROGRAMAS ESCOLARES, NI COMO EDUCACION NI 
COMO INSTRUCCION. 

Los conocimientos que abarca, deben tomar su lugar natural y 
lógico, del cual una falsa concepción pedagógica los ha desposeído, 
junto a los conocimientos análogos, en anatomía, fisiología, historia 
natural, higiene y moral. Deben de estar diseminados dentro del pro- 
grama de aquellas disciplinas de las cuales, repito, jamás se habría 
debido separarlas. 

Pero ES FUNDAMENTAL QUE DESAPAREZCAN COMO ENTIDAD ESPECIAL, 
pues como son simplemente capítulos de las materias mencionadas , 
DEBEN FUSIONARSE EN SU CONJUNTO, AMALGAMADAS CON El* 
resto de las nociones correlativas, y ser presentadas cuando su 
turno llega en los diversos capítulos de la enseñanza. 

En consecuencia, las cuestiones comprendidas en lo que se ha 
dado en llamar enseñanza sexual, deben ser suministradas por las 
personas dedicadas a la enseñanza, maestros y maestras en la es- 
cuela primaria y maternal; profesores, en la enseñanza secundaria y 
normal. 

En los cursos secundarios y normales, será confiada su ense- 
ñanza a los profesores de las disciplinas a las cuales pertenecen, y 
deberán integrar el curso como el resto de las cuestiones que com- 
prende. 


(1) Proposición del señor Senillosa, en la Conferencia Abolicionista 
Argentino-Uruguaya de 1919, siguiendo la escuela de Juarrosi. 



so 


Paulina Luisi 


Es decir que la división de los temas que abarca provendrá de 
la natural distribución de las disciplinas a las cuales pertenecen, 
moral, historia natural, anatomía, fisiología. 

Jamás, repito, se hará de ellas asignatura especial. 

Por la misma razón pedagógica, la cuestión del empleo de pro- 
yecciones luminosas, de presentación de imágenes, visitas a los mu- 
seos, etc., estará regulada por los métodos generales empleados en 
el resto de la enseñanza.' Se recurrirá a estos procedimientos o se 
les desechará según que se les utilice "o no en el resto de la enseñanza. 

En resumen: 

Condenamos en absoluto la organización de cursos o conferencias 
extemporáneas sobre las cuestiones sexuales. 

Condenamos con el mismo rigor, la intervención de cualquier 
persona extraña a la clase, aunque sea el mismo director de la es- 
cuela. 

Condenamos igualmente todo método que, por un mecanismo 
cualquiera atraiga de preferencia la atención de los niños sobre esta 
cuestión, de una manera especial que le dé un carácter distinto de 
las demás cuestiones escolares. 

Condenamos cualquier método pedagógico que haga de ella una 
enseñanza por separado. 

LAS CUESTIONES SEXUALES DEBEN SER ENCARADAS EN UNA FORMA 
ESCRUPULOSAMENTE IMPERSONAL, SIN RELACIONARLAS JAMAS, BAJO 
NINGUN PRETEXTO, CON LA PERSONALIDAD DEL NIÑO, COMO SI JAMAS 
ESTAS COSAS PUDIERAN TENER RELACION CON SU VIDA PROPIA. QUEDA 
BIEN ENTENDIDO QUE ME ESTOY REFIRIENDO AL NIÑO, EN LA EDAD Y 
PERIODO ESCOLAR Y AL ADOLESCENTE. 

Las lecciones deberán ser relacionadas con el individuo, unidad 
social, parte de la colectividad; con todos los seres humanos en ge- 
neral, evitándose cuidadosamente siquiera la sugestión para una aso- 
ciación de ideas que arriesgue excitar la fantasía del alumno hacia 
su propia persona. 

Para finalizar, diremos que: 

LOS CONOCIMIENTOS COMPRENDIDOS CON EL NOMBRE SINTETICO DE 
ENSEÑANZA SEXUAL, DEBEN SER SUMINISTRADOS SIGUIENDO EL METODO 
PEDAGOGICO LLAMADO DE “ENSEÑANZA CONCENTRICA”; DESDE LOS PRI- 
MEROS AÑOS DE LA ESCUELA PRIMARIA, HASTA LOS CURSOS SUPERIORES. 

NO PUEDE ADMITIRSE EN LO QUE SE RELACIONA CON LOS NIÑOS Y 
LOS ADOLESCENTES, DIFERENCIACION DE NINGUNA ESPECIE QUE LOS SE- 
PARE DE LAS RESTANTES NOCIONES COMPRENDIDAS EN LOS PROGRAMAS - 
ESCOLARES. 

En una palabra, para llenar su cometido, la enseñanza sexual 

DEBE DESAPARECER COMO DISCIPLINA. SOLO DEBE EXISTIR LA ENSEÑANZA 
INTEGRAL. (1) 

(1) Véase el Título III: “Plan y Métodos de Educación Sexual”, 1919. 
Montevideo. 



II 


Metodología 

CAPITULO VIII 

Definición - Contenido 


Me excuso de repetir una vez más, el sentido real que debe dar- 
se a las expresiones que empleo, con objeto de que no quede lugar 
a duda de ninguna especie, ni a falsas interpretaciones. 

La enseñanza es el complejo formado por la educación y la ins - 
irucción, que son dos conceptos y dos finalidades diferentes, pero 
forman un conjunto conexo. Ambas son función de la familia y 
de la escuela. 

El problema de la “enseñanza sexual” es para mi, en la hora 
presente, una simple cuestión de método. 

Ya hemos dicho ampliamente lo que debemos entender cuando 
aplicamos la palabra enseñanza a lo sexual. 

Hemos dicho en el primer capítulo, que la educación debe for- 
mar en el niño, para que sea éste una unidad útil en su vida adulta: 

1A) Una voluntad capaz de proceder como fuerza disciplinaria 
sobre los instintos. 

2. 9 ) Una conciencia capaz de responsabilidad. 

3. 9 ) Una inteligencia capaz de adquirir conocimientos; de ejer- 
cer contralor sobre la voluntad y poner en juego el sentido 
de la responsabilidad. 

De este concepto se desprende naturalmente el contenido que 
entendemos debe darse a lo que ha dado en llamar “Enseñanza sexual”. 

Después de haber leído y meditado sobre lo que respecto a este 
tema, han escrito numerosos autores, después de muchas reflexiones 
sometidas al contralor de mis conocimientos pedagógicos, he creído 
que puede darse una definición de la enseñanza sexual que abrace 
sus distintos capítulos. 

Es la siguiente: 


6 



82 


Paulina Luisi 


LA ENSEÑANZA SEXUAL ES LA ACCION PEDAGOGICA QUE PRETENDE 
SOMETER EL INSTINTO SEXUAL A LA ACCION DE LA VOLUNTAD BAJO EL 
CONTRALOR DE LA INTELIGENCIA INSTRUIDA, CONSCIENTE Y RESPONSABLE. 

Comprende pues, tres partes: 

I. — Una parte relativa a la educación propiamente dicha, es- 
to es, al sometimiento y dirección del instinto' y sentimiento sexuales 
a las normas establecidas por la moral individual y social; en otros 
términos, el sometimiento del instinto al dominio de la voluntad refle- 
xiva, advertida y consciente , por obra de la educación de esta fa- 
cultad anímica y la formación del carácter. (Educación moral). 

II. — Una segunda parte relativa a la instrucción, esto es, a 
los conocimientos científicos atingentes a los fenómenos de la re- 
producción de la especie: historia natural, anatomía y fisiología hu- 
manas, higiene y profilaxis. (Instrucción científica). 

III. — Una tercera parte que comprende el conocimiento de la 
deontología social en la parte relativa a las cuestiones de la gene- 
ración. (Instrucción eugenésica). 

Esta definición que me es personal, propia, fué objeto de vi- 
vas discusiones en el Congreso de Higiene Social y Educación 
Profiláctica, realizado en París, en 1923, con motivo del Cente- 
nario de Pasteur; pero sólo fué aceptada después que hube ex- 
plicado su alcance y significación. Véase la “Presse Médieale” del 
4 de julio de 1923, pág. 587, 3* columna, voto N.’ I. 

No sólo el mencionado Congreso de París concluyó por apro- 
bar esta definición que había sido ya presentada al Congreso Mé- 
dico Nacional del Uruguay en 1921 y aprobada por él; el Con- 
greso Nacional de Educación promovido por el Consejo Nacional 
de Portugal, aprobó también la misma definición. (Véase “Edu- 
cación Sexual”, por Paulina Luisi; tip. Garrett, rúa Garrett 36, 
Lisboa). Ver también: “Actas del Congreso Médico Nacional, Mon- 
tevideo, octubre de 1921, en , la biblioteca de la Facultad de ¡Me- 
dicina de Montevideo ; el OBulletin des Groupes Feministes de 
l’Enseignement Laique, París, marzo 1925; etc. 

Ella fué también adoptada por el “Tercer -Congreso Italiano 
contra la Trata de mujeres y niños”,, Milán 1923, incluida que 
fué en el trabajo presentado por el Dr. E'ttore Levi, Director del 
Istituto italiano d’Igiene, Previdenza e Assistenza S ocíale, titulado 
“L’educazione in rapporto alia vita sessuale”, págs. 13 y 14, Pa- 
lazzo Sciarra, Roma. En este trabajo en el que se han hecho nu- 
merosos préstamos al mío presentado al Congreso de París, sin in- 
dicación de autor, es decir sin entrecomillas, ha sido también re- 
producido en el Boletín Internacional de Protección a la Infan- 
cia del 30 de abril de 1924. En cuanto al mío fué vuelto a pu- 
blicar “in extenso” en el Bulletin de la Ligue de Prophylaxie etc., 
en los números de julio y setiembre de 1930. 

Fué también ampliamente utilizado, esta vez con indicación 
de origen en el Congreso de la “Ligue pour l’enseignement”, de 



Pedagogía y Conducta Sexual 


83 


Bélgica, por el Miembro informante profesor de clínica de la Fa- 
cultad de Medicina de Bruselas Dr. Leclerc - Dandoy en su tra- 
bajo titulado “L’education sexuelle et Paction pedagogique dans 
la lutte contre le Péril Vénérien”. Véase Documento N. 9 54 de 
la Ligue pour l’enseignement, Bruxelles 1924. 

Algunos años después, el Secretario General de la ya men- 
cionada “Ligue Frangaise de prophylaxie sanitaire et morale”. 
Profesor Dr. Sieard de Plauzolles la reprodujo íntegramente, sin 
indicación de autor, sólo como ponencia del Congreso, en un fo- 
lleto de propaganda de la mencionada “Ligue frangaise” titulado 
“Education sexuelle”, en el que además están presentadas algu- 
nas otras de mis proposiciones como aspiraciones para esa ense- 
ñanza. El folleto circuló ampliamente en los países del Río de la 
Plata, por haber sido traducido al español y difundido por la 
“Liga Argentina de Profilaxis social”, en 1936. Véase págs. 16 y 
sgts. donde hay varias proposiciones tomadas en préstamo a mi 
trabajo. 

Ultimamente, la he encontrado reproducida sin indicación de 
origen en el folleto N. 9 15 de la Asociación Argentina de Euge- 
nésiea, en un programa de “(Educación sexual”, pág. 16, art. d) 
junto con alguna otra también perteneciente al informe, también 
sin indicación de origen pero ligeramente modificada en la forma. 

Fué nuevamente discutida en el Congreso de Higiene Mental de 
Río Janeiro 1936. Véase el capítulo III del título III de este vo- 
lumen. 


* 


* * 


En este problema hay, pues, dos factores de igual importancia: 
el factor educativo y el factor instructivo. Ellos se completan ejer- 
ciendo recíprocamente su acción unos sobre otros; el factor instruc- 
tivo, esto es, los conocimientos de los fenómenos naturales, sus re- 
laciones, sus consecuencias físicas, sociales y morales para iluminar 
la razón; el factor educativo, esto es el desarrollo de la fuerza mo- 
ral para dominar el instinto bajo el dictado de la reflexión. 

La acción de la pedagogía, de acuerdo con estos contenidos, de- 
be pues considerar dos grandes capítulos, para ejercer eficazmente 
su influencia: 

1 9 ) LA ACCION EDUCATIVA. 

2. 9 ) LA ACCION INSTRUCTIVA. 



84 


Paulina Luisi 


I 

Acción Educativa 

La acción educativa, comprende-. 

a) Educación moral 

1. 9 ) Desarrollo y disciplina de la voluntad: adquisición del há- 
bito de someter las voliciones, fuerza ejecutiva, al contralor de la 
reflexión, fuerza deliberativa. 

2. 9 ) Ejercicios de aplicación constante e ininterrumpida de la 
disciplina y la voluntad sobre todos los actos de la vida, de cualquier 
naturaleza que ellos sean. 

3. 9 ) Formación y desarrollo de la conciencia moral y social. 

4. 9 ) Formación y desarrollo de la responsabilidad individual, 
colectiva, eugenésica y racial. 

Son en concreto, cuestiones generales de educación moral que 
servirán en el futuro para el contralor del instinto sexual. 

b) Educación inteleleciual 

1. 9 ) Desarrollo de las facultades de comparar, juzgar, reflexio- 
nar, decidir, etc., etc., de acuerdo con las nociones de conducta mo- 
ral que se han suministrado. 

En el capítulo pedagógico que estudiamos, la cuestión se re- 
duce simplemente a aplicar los postulados generales de la educación 
intelectual y moral al individuo y a la acción constante de ésta so- 
bre sus facultades espirituales. 


II 

Acción Instructiva 

La acción instructiva comprende la adquisición de todos aque- 
llos conocimientos que debe poseer un individuo para que su inte- 
ligencia sea capaz de ejercer la dirección de la voluntad y su con- 
tralor. 

Debe por lo tanto conocer la vida, estos es.- 
a) Las leyes que rigen la vida 

Conocimiento que adquirirá por el estudio de las ciencias na- 
turales, que comprenden: 

l. 9 ) Nociones generales de historia natural: la botánica y la 
zoología en toda la serie animal y abarcando el estudio integral de 



Pedagogía y Conducta Sexual 


85 


la vida vegetativa, nutrición y reproducción; y de la vida de re- 
lación. 

2. 9 ) Nociones generales de anatomía y fisiología ' de todos los 
aparatos del organismo de la vida vegetativa, nutrición y reproduc- 
ción; y de la vida de relación. (1) 

b) Principios que se deducen de las leyes de, la vida 

1. ? ) Para la salud física: principios de higiene de todas las 
funciones del organismo; nutrición, reproducción y relación, aplica- 
das al individuo, a la colectividad, a la especie. 

2. ’) Para la salud moral: principios de ética y deontología se- 
xuales aplicados al individuo, a la colectividad y a la especie. 

Es necesario relacionar estos principios con las distintas circuns- 
tancias que pueden presentarse en la vida y por lo tanto es preciso 
estudiar su aplicación a los deberes que atañen al individuo para 
consigo mismo, para con la sociedad, para con la especie. 

En lo que concierne a la persona en sí misma, esos principios 
y esas leyes comprenden la moralidad física, la integridad del cuer- 
po, la castidad, la continencia, la vida morigerada. 

El individuo debe gastar su energía vital, ejerciendo todas sus 
aptitudes físicas: los deportes moderados, los ejercicios físicos en 
generall son un deber del hombre para conmigo mismo. Es nece- 
sario evitar que se acumulen las energías físicas sin ser empleadas, 
dado que el gasto de estas energías en los ejercicios físicos y los de- 
portes son un derivativo poderoso a las exigencias de los sentidos. 

El desenfreno en el placer es tan funesto al cuerpo como el 
alma, ataca igualmente la moral física y la moral espiritual. 

En lo que concierne a la SOCIEDAD: 

La acción instructiva debe analizar y enseñar las consecuencias 
que resultan del acto sexual: para ambos actores en la transmisión 
de enfermedades; para uno de ellos, la gravidez; para la colectivi- 
dad, el posible aumento de cargas sociales, sea por la creación de un 
nuevo ser, en dejieientes condiciones de salud; sea por la disminu- 
ción de sus valores útiles al quedar uno de ellos atacado por el 
morbo. 

Para la salud general, moral y física debe establecerse pues, 
como principio una sola moral sexual para amóos sexos. 

En lo que concierne a la especie, débese mostrar las consecuen- 
cias de la concepción sobre el ser a que se da vida, herencia 
normal o patológica, enfermedades hereditarias y distrófieas; expli- 
car la eugenética y la eugenesia; las consecuencias morales: ma- 


(1) Véase algunas observaciones en el Titulo VIII: “Una Cátedra de Hi- 
giene Social. 



86 


Paulina Luisi 


ternidad y paternidad, legales o ilegítimas; la responsabilidad de 
los progenitores; los deberes fundamentales y normalmente ineludi- 
bles que contraen, lo mismo ante la moral social que ante la moral 
racial, dos seres que se unen en un acto que puede ser fecundo-, 
la responsabilidad mbral y material hacia el hijo; los derechos na- 
turales del niño, de asistencia, de cuidados, de salud, de educación, 
en una palabra, de vida integral, que corresponde a ambos progeni- 
tores, hombre y mujer, por s igual respetar y satisfacer, desde que am- 
bos, juntamente, realizaron el acto que creó la nueva vida. 

LA MATERNIDAD ES LA MAS ELEVADA FUNCION DE LA ESPECIE. 



CAPITULO IX 


Acción Educativa 


I 

EDUCACION, MORAL 

En la educación moral aplicada a la cuestión sexual, hay que 
considerar tres factores de gran importancia: 

a) La acción de la voluntad; 

b) La acción de los hábitos adquiridos; 

c) La acción frenadora sobre la conducta y las pasiones huma- 
nas de una fuerza moral variable. 

Esta fuerza puede ser, la religión, la noción abstracta del de- 
ber, un ideal superior que nos sirve de guía en la vida (moral sin 
religión), el respeto para consigo mismo, las convenciones sociales, 
el sentimiento de nuestra responsabilidad moral; el temor de las 
consecuencias de nuestros actos cuyas más graves manifestaciones son 
en este asunto, el embarazo y el contagio de las enfermedades venéreas. 

a) Acción de la voluntad 

La acción de la voluntad y la fuerza de carácter para someter 
el impulso del instinto al imperio de la reflexión y de la conciencia, 
es de importancia primordial en la cuestión sexual. 

Toda la pedagogía fracasa si no se ha preparado al individuo 
a dominar sus inclinaciones y sus instintos. 

Esto es una verdad general pero que se impone con más rigor 
aún cuando se trata de la función sexual no solamente porque res- 
ponde al más poderoso de todos los instintos, sino también porque 
sus consecuencias escapan más fácilmente que las de los otros, es- 
pecialmente para el varón, a las sanciones legales y sociales. 

El conocimiento de los peligros no es suficiente si la violencia 
del instinto no está contenida por una educación sistemática de la 
fuerza del carácter y un vigoroso entrenamiento de la voluntad. 

“Preparar la voluntad para resistir a los impulsos sexuales es 
mucho más importante que preparar la inteligencia a un conocimien- 
to de estas cuestiones”, ha dicho Forster, “Aún los mayores cono- 



88 


Paulina Luisi 


cimientos de higiene y de los peligros sexuales son impotentes para 
refrenar el instinto si, en el momento de la tentación, el hombre no 
está preparado a resistirle por medio de su fuerza de voluntad . . . ” . 

“Decid a un hombre ebrio de deseo, en el momento en que va" 
a lograr la posesión de la mujer, que ella está enferma; que aquel 
beso encendido le puede contagiar; que el hijo que se va a engendrar 
en el minuto de la unión codiciada puede ser un degenerado o un 
enfermo . . . nada de ésto Je detendrá, ni lo oirá siquiera, como no 
sea un aprensivo de los que lindan con la patología”, dice un autor. 
Normalmente, el -deseo sexual es un impulso capaz de sacrificar 
a su satisfacción pura, hasta el instinto de la propia conservación. 
Por eso se ha dicho siempre que el deseo es ciego. 

Esta locura del amor instintivo es la que debe ser sometida al 
freno de la voluntad. Y tanto más fuerte y poderoso es el instinto 
de la especie, tanto más enérgica y cuidadosa deberá ser la educa- 
ción, el desarrollo, la exaltación de las fuerzas espirituales de la 
voluntad, para refrenar ese instinto. 

Las razas del Norte, especialmente los sajones, han dado una 
gran importancia a esta educación de la voluntad, a este self-control, 
que desde este punto de vista marca una verdadera superioridad 
de aquéllas sobre nuestras razas meridionales impulsivas; ineduca- 
das en cuanto a carácter y energía volitivas, y nulas en cuanto a 
freno pasional. 


b) Acción de los hábitos adquiridos 

Volvemos de nuevo a ocuparnos de una cuestión de orden ge- 
neral cuya importancia sobre el dominio del instinto tenemos sin 
embargo que considerar. 

“A los treinta años, escribía Joseph de Maistre, podemos re- 
sistir a las seducciones de una hermosa mujer si a los cinco o seis 
nos enseñaron a privarnos voluntariamente de un juguete o de una 
golosina”. 

Las conveniencias sociales que juegan tan gran papel en estas 
cuestiones de que nos ocupamos, no son, al cabo y al fin, más que 
una modalidad de los hábitos adquiridos. 

Durante los primeros años de su educación, a tiempo que desa- 
rrolla sus fuerzas espirituales, el niño adquiere una cantidad de 
hábitos que se convierten más tarde, para él. en otras tantas nece- 
sidades. Todos los hábitos de higiene corporal, limpieza de las ma- 
nos, de la boca, de los dientes, higiene íntima, baños, etc., están en 
este caso. 

Para acostumbrarse a estos cuidados, el niño está obligado a 
veces a someterse a ciertas prácticas que le exigen algún sacrificio: 
es un entrenamiento excelente. 

Combatir la golosina, la glotonería, la pereza ; enseñarle a so- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


8? 


portar el frío y el calor, a sufrir en silencio pequeños dolores, son 
otras tantas ocasiones para entrenar el niño a una relativa resis- 
tencia a las sensaciones desagradables. 

En el orden moral, combatir el miedo, la cobardía, la mentira ; 
desarrollar el valor físico y moral, la veracidad, la benevolencia; 
empujar al niño a esta gimnástica de sacrificios y de dominio de sí 
mismo; sugerirle la impresión que él mismo voluntariamente ha de- 
cidido y realizado estos actos, son otros tantos medios para prepa- 
rar el niño a mayores esfuerzos en el porvenir. 

Semejante gimnasia continua, progresiva, practicada durante 
años, convertirá al niño en un hombre capaz de resistir a la suges- 
tión de los apetitos y de las tentaciones. 

Los instintos de la vida de nutrición ofrecen numerosas ocasio- 
nes a los ejercicios educativos de la voluntad, pero es sobre todo 
en los deportes y los ejercicios físicos de habilidad o de fuerza don- 
de el niño conseguirá ejercitar mejor el dominio sobre sí mismo. 

Es necesario habituarle a realizar ejercicios de voluntad. 

En otros términos, el niño debe ser educado, enseñado, habituado, 
a realizar esfuerzos, no sólo físicos, sino también morales y espiri- 
tuales. 

Ellos deben aparecer a los ojos de su entendimiento, como deli- 
berados y decididos por él mismo, libre y hasta espontáneamente. 

Evidentemente, este esfuerzo voluntario será provocado por la 
sugestión pedagógica, más debe ser, en apariencia para él, decidido 
por él mismo, fuera de toda imposición. Jamás debe aparecer como 
respondiendo a una orden del maestro o a la disciplina del colegio. 

Esta observación trae como consecuencia toda una reforma en 
los métodos de educación actual, singularmente anticuados, un poco 
en todas partes y en todos los países, en la mayoría de los estable- 
cimientos de enseñanza. (1) 

La educación debe ejercer su acción moderadora, directora y 
de sugestión, respetando al mismo tiempo la libre florecencia de la 
naturaleza del niño, su espontaneidad, su personalidad naciente, mag- 
nificando el poder de su empuje vital. 

Un régimen de libertad vigilada bajo el cual la naturaleza del 
niño está dirigida, corregida, enderezada sin que el mismo se dé 
cuenta de ello, por la fuerza sugestiva del educador, preparará al 
niño a su misión en la vida. Es un método en oposición completa 
con el de la obediencia y la disciplina a veces demasiado monástica 
o militar que conocemos. 

La escuela debe formar hombres y no tipos serviles. 

Esta digresión es necesaria. Los nuevos métodos favorecen la 


(1) Estas observaciones y este informe fueron escritos el año 1922. 
En estos veinte años se ban modificado apenas los métodos escolares en el 
sentido apetecido por la autora. 



90 


Paulina Luisi 


educación de la voluntad y la formación del carácter muy difíciles 
de realizar con los métodos antiguos. 

La voluntad y la fuerza del carácter no son ciertamente nece- 
sarias solamente para la cuestión sexual; son necesarias para la vi- 
da de todo ser consciente, pero en el caso particular tienen una im- 
portancia tal que sin ellas no hay solución posible a la pedagogía 
sexual. 

La pedagogía sexual es en primer término la pedagogía de lo 
voluntad ”, dice Forster. 

c) Acción moderadora 

sobre la conducta personal, de una fuerza moral variable 

En mi concepto sólo una moral científica puede tener fuerza 
como freno de los instintos. De ello no,s hemos ocupado en el primer 
capítulo de este trabajo. 

De la moral biológica hemos de dedueir, en nuestra enseñanza, 
la noción del respeto para consigo mismo, con objeto de hacer de 
él una trinchera contra los ataques a la integridad corporal y es- 
piritual; la que permitirá a su hora, un rendimiento máximo de 
fuerza y de perfección en beneficio de los seres que los jóvenes es- 
tán llamados a engendrar. 

Uno de los más admirables maestros de nuestra época, autor de 
un tratado magistral sobre la cuestión sexual (1) me contaba que 
un día, siendo entonces un muchacho de unos diez y seis años, lo 
llevaron a una casa de tolerancia. A la mañana siguiente se en- 
contró tan avergonzado, le pareció que había desmerecido ■> tanto, que 
había sido tan indigno de sí mismo, que jamás después de este día 
•pudo entrar en esa clases de casas; permaneció casto hasta el ma- 
trimonio, por respeto para consigo mismo. 

Otro de mis amigos, actualmente destacado Profesor de Psiquia- 
tría en Montevideo, nos contó que, entre veinte y veinticuatro años, 
se mantuvo absolutamente casto, impulsado por un sentimiento ro- 
mántico curioso, pero bastante fuerte para sostenerlo en su castidad, 
a pesar de las excitaciones físicas de su edad, el atractivo de los 
placeres ya experimentados y el ambiente muy desfavorable a la 
continencia. Era en esa época uno de los internos de hospital más 
mimados, en una clínica de mujeres. 

La acción moderadora de una fuerza ética, variable según nues- 
tras creencias o nuestra ideología, es absolutamente indispensable ; 
unida al poder de una voluntad previamente entrenada durante to- 


(1) El Profesor Augusto Forel que he tenido ocasión de citar repe- 
tidas veces en el curso de esita exposición cuyo magistral tratado sobre 
"La question sexuelle”, debe ser libro de consulta de cuantos por ella se 
interesan. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


91 


■dos los años de la infancia y de la adolescencia, permitirá a los 
jóvenes conservar su integridad corporal y moral, y mantenerse abs- 
tinentes hasta la edad adulta. 


# 

• * 

Se ha objetado a la realización de esta reforma pedagógica que 
vengo exponiendo un obstáculo, a lo que se djce, insalvable. Se 
objeta que la castidad que se aconseja a los jóvenes es imposible; 
que el varón necesita del acto sexual so pena de experimentar gra- 
ves desórdenes en su salud; que la abstinencia es peligrosa y aca- 
rrea toda clase de desórdenes físicos y mentales; o lleva al indivi- 
duo a desviaciones contra natura. 

Nótese que las observaciones se refieren solamente al varón, por- 
que todos admiten y hasta juzgan imprescindible en la mujer esa 
abstinencia mientras dure su celibato cualquiera sea su plazo, aún 
la vida entera. 

Nadie ha reclamado para ella el cumplimiento de una función 
cuyo ejercicio se estima de tal importancia como para afirmar que 
en el hombre su abstinencia pone en juego la salud. 

Pero la mujer ha sido enseñada, educada secularmente a la abs- 
tinencia fuera del matrimonio, sean cuáles fueran las perturbaciones 
que ella pudiera producir en su organismo, sometido a las mismas 
leyes biológicas que el del hombre. 

Y nada podría prestar mayor demostración a nuestra tesis que 
la exigencia social de mantener esa conducta no hasta la adultez, 
sino a veces durante toda su vida; porque la educación, es decir, 
el sometimiento, a veces la anulación del deseo sexual al mandato 
de la voluntad se lo ha hecho respetar, en atención a los preceptos 
establecidos por las costumbres y leyes del momento histórico en que 
vivieron. 

Nosotros nos ocupamos aquí, repito una vez más, de la ense- 
ñanza, instrucción y educación o formación de hábitos, en el período 
de la vida que va desde la cuna hasta el desarrollo completo del 
ser humano, su madurez. No vamos más allá. 

En lo que se refiere a los seres que han llegado a su adultez, 
otros capítulos habrían de escribirse; tal vez revolucionarios del or- 
den actual, pero ellos no entran en el cuadro de nuestro trabajo. 

Nosotros nos ocupamos del niño y del adolescente durante su 
edad escolar y su desarrollo; y repetimos que es necesario educar 
a los jóvenes en la observación de la castidad o para mejor decir, de 
la abstinencia sexual. 

La vieja discusión sobre la posibilidad de realizarla hasta la 
edad adulta es cosa juzgada: voy a citar una afirmación que data 



92 


Paulina Luisi 


de principios de este siglo sin que nadie haya todafía demostrado 
la verdad de la tesis contraria. 

La declaración de la Conferencia médica de Bruselas de 1902 
no tiene apelación: 

“Es necesario enseñar a la juventud masculina que la castidad 
y 1a. continencia no solamente no son perjudiciales a la salud, sino 
que son las virtudes más recomendables desde el punto de vista 
puramente médico e higiénico”. 

Yo agregaría que son también recomendables desde el punto 
de vista de la higiene moral. 

La Conferencia de Bruselas habla sólo de los jóvenes. Entiendo 
que es igualmente necesario que las jóvenes lo sepan. Y que las mu- 
jeres, las madres, lo aprendan y no lo olviden. 

Son ellas las que deben comenzar esta obra santa de redimir 
nuestra raza de la corrupción en las costumbres y la infección en 
la salud que llenan los asilos y los hospitales de seres tarados o per- 
judiciales. . . 

Cuando hago estas afirmaciones sobre la necesidad de la cas- 
tidad en los jóvenes, se me ha observado que hablo como mujer, 
inconsciente e incomprensiva de las necesidades masculinas. Pláceme 
transcribir en apoyo de mi tesis los párrafos siguientes escritos por 
un médico especialista en estas cuestiones, muy apreciado en alguno 
de nuestros medios científicos: (1) 

“No quisiera perder ocasión de decir una vez más a los jóve- 
nes españoles, a los hombres — y a las mujeres que formarán los 
hombres de mañana — que la plena virilidad sobreviene en el hom- 
bre muy tardíamente, pasada, desde luego, la mocedad. Por lo tan- 
to, el uso temprano de esta función que se considera no sólo como 
natural, sino como una condición necesaria para poder llamarse “hom- 
bre”, es tan absurdo como lo sería el exigir a las espigas el grano 
dorado en el mes de abril cuando los campos están verdes todavía”. 

“Este equívoco funesto ha amargado la vida de innumerables 
jóvenes que se creen inaptos para la vida del amor, y por lo tanto 
irremediablemente inferiores y desgraciados, sencillamente porque 
nadie les ha dicho que las leyes de la naturaleza no se pueden 
anticipar, aunque digan otra cosa los manuales de erótica comprados 
clandestinamente, o el amigo fachendoso que refiere proezas que se- 
ría imposible comprobar”. 

Otro punto aún sobre el que quiero llamar la atención y que 
explica el por qué a veces aparentemente nos alejamos de la verdad 
en nuestras afirmaciones sobre la necesidad y la posibilidad de la 
castidad, es la acción perjudicial que ejercen sobre las excitaciones 
genésicas, las lecturas licenciosas, las conversaciones libertinas, las 
imágenes pornográficas. 


(1) El Doctor Marañón. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


9 3 


Frutos de la corrupción de la época en que vivimos, esas pla- 
gas que acabo de nombrar ejercen sobre la imaginación de los jó- 
venes una influencia nefasta, excitando una función cuyo ejercicio 
la educación debe esforzarse en retardar; despertando un instinto 
que la voluntad debe saber dominar. ^ 

Es tal la fuerza disolvente para la moral y para la continencia, 
de la pornografía y de la literatura libertina, que los corruptores 
de la juventud saben emplear muy hábilmente a fin de explotar el 
deseo o el placer a sus fines inconfesables. 

Recuerdo un hecho ocurrido en mi país, uno de los tantos he- 
chos que ocurren diariamente en todas partes. Durante el gran con- 
flicto europeo de 1914-18 unas naves de guerra norteamericanas fon- 
dearon en el puerto de Montevideo: la tripulación en su mayoría jó- 
venes que se iniciaban en la vida militar. El Ejército de Salvación 
y la Asociación de Jóvenes Cristianos, había tomado sobre sí el em- 
peño de ocuparse de toda esa juventud en sus horas de libertad. En- 
tre tanto algunos traficantes y agentes de casas deshonestas, hicieron 
circular entre los jóvenes marinos, profusión de imágenes y cartas 
postales, cuyos dibujos son de presumir y que tuvieron de inmediato 
el efecto deseado y en tal forma que a pesar de los esfuerzos de 
ambas beneméritas Asociaciones debieron intervenir autoridades je- 
rárquicas militares. 

Es de suma importancia que los jóvenes rehuyan enérgicamente 
esas conversaciones y lecturas, disolventes de su fuerza moral y de 
su voluntad, ya suficientemente puestas a prueba por la violencia 
del instinto y la pésima organización social. 

Es también necesario que las mujeres piensen que la naturaleza 
pone más de una vez a prueba la voluntad masculina y sepan que 
ellas, como madres, tienen el deber de guiar a sus hijos por esa 
senda de higiene moral fundada sobre la castidad, porque va en ello 
la fuerza y la salud de la raza. 

Es también necesario que las mujeres, en tanto que mujeres, 
sepan que no tienen derecho a despertar inconsultamente ese instinto 
tiránico, y que es deber de su sexo, si ha de ser digno de la altísima 
misión que la naturaleza le ha impuesto, contribuir a la obra de 
morigeración que pretende realizar la educación empleando, en lu- 
gar de la incitación sensual, otros ardides menos groseros, más espi- 
rituales, en la búsqueda y conquista del compañero, del alma her- 
mana, o simplemente . . . del marido . . . 

Que es deber de su sexo combatir, rebelarse contra esa exage- 
ración, con fines determinados aunque no confesados, muchas veces 
inconsciente, las más para seguir la moda, exageración que se ha 
infiltrado en el vestir, en el gesto, en la actitud, hechas para exci- 
tar, no el amor que aspira a perpetuarse en otra vida, sino el ape- 
tito ciego del instinto, la excitación a goces puramente .materiales. 

Yo no combato, antes bien, creo que son necesarios los atraeti- 



94 


Paulina Luisi 


vos exteriores, gratos a los ojos y al espíritu, de las manifestaciones 
del buen gusto, del arte, de la elegancia, de la distinción, cuando 
acompañadas de dignidad y respeto de sí propios que obligan al 
ajeno respeto. Pero ellos están tan lejos de las modas y costumbres 
a que me refiero, hechas para la excitación lasciva, como las clási- 
cas Lucrecias de las carnavalescas y groseras cortesanas. 

Condeno con toda mi convicción de mujer consciente de la mi- 
sión de la mujer en la vida civil de su pueblo, las modas lujuriosas 
y excitantes que parecen ser hoy las características de nuestras ju- 
ventudes femeninas; modas que, desde el vestir hasta las diversio- 
nes, entre las que debemos destacar los bailes y los flirteos modernos, 
resumen las características necesarias a una política de excitación 
constante, contraria a nuestras doctrinas. 

Nunca como hoy en día ha sido tan necesario combatir esas 
modalidades tal vez inconscientes de nuestras juventudes, tanto mas- 
culinas como femeninas que pretenden vivir su vida, cómodo eufe- 
mismo que encubre una creciente disolución de costumbres, una gra- 
ve ausencia de elevación espiritual y una peligrosa ausencia de res- 
ponsabilidad y conciencia moral no sólo en esta delicada cuestión 
social, sino en todos los órdenes de cosas de la vida colectiva. 



CAPITULO X 


Acción Instructiva 


A 

Enseñanza Primaria 

INSTRUCCION CIENTIFICA 

Para desarrollar este capítulo, necesitaríamos un fondo esque- 
mático sobre el cual iríamos trazando nuestros puntos de vista acer- 
ca de la manera de desarrollar el programa. Tomaré como base para 
las sugestiones que voy a señalar el programa de las escuelas pri- 
marias de la República del Uruguay, vigentes actualmente en mi 
país. (1922). 

Desde luego será simplemente un esquema que deberá ser mo- 
dificado según el criterio de cada Estado o de cada pueblo, pues ca- 
da uno establece los programas escolares según vistas especiales que 
responden a sus diversas necesidades. 

La reforma pedagógica que nos ocupa, deberá por lo tanto adap- 
tarse al espíritu y al concepto que rigen la educación en cada Nación. 

Aunque deba repetir lo dicho, insisto nuevamente sobre las dos 
proposiciones siguientes ya expresadas en páginas anteriores: 

1. 9 ) LA ENSEÑANZA SEXUAL NO DEBE EXISTIR COMO DISCIPLINA 
ESPECIAL EN LOS PROGRAMAS, NI EN LA PARTE EDUCATIVA, NI EN LA 
PARTE INSTRUCTIVA; DEBE OCUPAR EL LUGAR NATURAL Y LOGICO QUE 
LE CORRESPONDE EN EL COMPLEJO DE LAS MATERIAS A LAS CUALES 
PERTENECEN LAS NOCIONES QUE ELLA COMPRENDE. 

2. 9 ) LA INTRUCCION MORAL DEBE SER PARALELA Y CONCOMITANTE 
CON LA INSTRUCCION CIENTIFICA DE LA CUAL DEDUCIRA SUS REGLAS, 
AMALGAMANDOSE CON ELLA EN UN CONCEPTO GENERAL. 

El programa correspondiente a la instrucción científica, y te- 
niendo presente siempre la primera proposición que acabamos de 
transcribir, debe comprender: 

El conocimiento de la vida y las leyes que la rigen. 



96 


Paulina Luisi 


a) Ciencias naturales 

JEn nuestras escuelas primarias del Uruguay el primer año, pa- 
ra niños de seis a siete años, dice en su programa de historia natu- 
ral: 

“Observaciones sobre los animales más comunes, la gallina, el 
pato, el perro, el gato, etc., sus costumbres, su utilidad”. 

En el programa de los años siguientes se estudia progresivamen- 
te toda la serie animal. 

Se empieza pues por llevar la observación del niño sobre las di- 
ferencias entre los animales más comunes, para hacerle alcanzar, por 
comparación, los caracteres más importantes de cada espelcie, por 
ejemplo, una gallina y un gato. A la observación de las costumbres 
y diferencias morfológicas, agréguese la noción de ovíparos y viví- 
paros, haciéndoles ver que los pollos nacen de un huevo y los ga- 
titos nacen vivos. Agréguese a guisa de comentario cuatro palabras 
que para esta edad son suficientes: “los niños no nacen como los 
pollos, nacen como los gatos”. 

Este primer paso es fácil y para este primer año de escuela 
ya con ello habremos dado la nota suficiente sobre la cuestión sexual. 

En los años sucesivos se estudian los grandes mamíferos, las 
aves, los reptiles, los batracios y los peces, los invertebrados, etc. 

En la noción de mamífero encontraremos todos los motivos de- 
seables para empezar algunos comentarios sobre el papel de la ma- 
dre, sobre la lactancia, la crianza del bebé, etc. Esto no ofrece di- 
ficultad alguna, no hay más que querer hacerlo. 

Más difícil es la explicación del papel del padre. Recórrase en- 
tonces a las especies inferiores. Muéstrese al niño como, en la vida, 
existe la división del trabajo, la madre para criar el pequeño y ve- 
lar por él, el padre para traerle sustento. 

Háblese después en términos generales, grosso modo, de los 
peces y los batracios, de la puesta de los huevos y la fecundación; 
la hembra pone los huevos, luego va el macho y los fecunda. Remón- 
tese a las aves, para hablar de la galladura; y en el momento opor- 
tuno se deja caer, como al acaso, la frase que debe provocar en el 
espíritu del niño la asociación con el mismo fenómeno en los ani- 
males superiores y en la especie humana. 

Al mismo tiempo, simultáneamente se harán consideraciones de 
orden moral apropiadas al grado de desarrollo mental de los niños 
tales como por ejemplo lo que representa la maternidad, el respeto 
a que es acreedora, la responsabilidad del padre y sus deberes, etc. 

Estoy segura que si se hablase a los niños, aunque fuera bre- 
vemente, pero con palabras cálidas de sentimiento, sobre los pade- 
cimientos de la madre durante la gestación y el alumbramiento ; de 
los trabajos, las inquietudes, los desvelos que día tras día y hora 
por hora, les dedicó la madre, en los días largos y fatigosos de la 



Pedagogía y Conducta Sexual 


97 


lactancia y la crianza; de los sacrificios que a cada instante, hasta 
la más desventurada de las madres realiza por sus hijos; si se les 
hablase de la grandeza incomparable del amor maternal y de la 
dedicación que significan los cuidados continuos que requiere el cul- 
tivo del hijo; — que no se es madre sólo por haber dado a luz — 
sino y más aún por sus desvelos durante los largos años en que se 
desarrolla el niño ... Si se hablase a los niños en forma de hacer 
vibrar sus sentimientos, de provocar su emoción, de despertar su 
ternura ante la idea de los dolores, los sufrimientos, los sacrificios 
de su madre al darles la vida y cuidarlos día tras día; estoy segura 
que jamás semilla más fecunda habría sido arrojada para que ger- 
minase en el corazón y en el espíritu del hombre, el respeto hacia 
la maternidad. (1) 

Merced a la hipocresía, a la mojigatería de la educación co- 
rriente, el vulgo no ve en una mujer grávida más que las consecuen- 
cias del acto inconfesable; la mujer encinta es la hembra que se ha 
entregado. . . La palabra o la expresión grosera con que tantas ve- 
ces hemos oído al vulgo acompañar el paso de una mujer cuyo as- 
pecto acusa una maternidad en evolución no son ciertamente muy 
honrosas para la pedagogía actual. 

Pero el Maestro no deberá olvidar que a la escuela pública con- 
curren muchos niños hijos de trabajadores, cuyas madres deben sa- 
lir de casa a ganar el sustento, trabajadoras de fábricas, talleres, 
empleadas, etc. Aquí el Maestro puede desarrollar una bella ense- 
ñanza de respeto y simpatía hacia la mujer del pueblo que debe 
trabajar, tocando con acierto la situación de la mujer proletaria y 
aprovechando para exaltar y dignificar el trabajo. 

¿Quién enseñó al hombre futuro, a imaginarse, ante una mujer 
encinta, los prolongados sufrimientos que le produce su estado? 

Y sin embargo se le ha enseñado a respetar al enfermo, al li- 
siado, al que sufre. . . “Me sorprende”, dice una de las heroínas del 
gran dramaturgo y sociólogo Lucien Descaves “que los hombres se 
descubran al paso de un muerto y que jamás se le haya ocurrido 
n, nadie descubrirse al paso de una vida que se anuncia 

Si se hubiese llamado la atención del niño sobre la misión do- 
lorosa de la madre, sobre los sacrificios y sufrimientos que esta mi- 
sión le impone, si le hubiesen inculcado desde sus primeros años to- 
do el respeto hacia la maternidad, toda la consideración que no se 
niega a los que sufren, se habría llegado a destruir esa asociación 
de ideas malsanas que se forman en el espíritu del vulgo entre ma- 


(1) Recuerdo nuevamente que estas páginas han sido escritas en 
1922. De entonces acá, se ha instituido en nuestras escuelas el día de la 
madre; que después, con acierto se transformó en el día de los padres. 
Magnificas ocasiones éstas para utilizar en favor de la enseñanza que bus- 
camos .. 


7 



98 


Paulina Luisi 


ternidad y acoplamiento, es decir, para él, entre maternidad y acto 
vergonzoso. 

Cuanto más hermoso, más elevado, más noble, más educativo, 
sería enseñar a los hombres futuros, desde su tierna edad, toda la 
grandeza de la misión maternal y toda la magnitud de los sacrifi- 
cios que la naturaleza ha impuesto a la mujer madre ! 

Los ciudadanos de la antigua Koma, para indicar el mayor 
respeto a la mujer madre, debían ceder la derecha a cualquier mu- 
jer grávida que encontraban a su paso. 

Será necesario cada vez que la ocasión se presenta, exaltar la 
función de la madre, enfocar con viva luz esta función, en forma 
de impresionar el cerebro y el corazón del niño, enseñándole a au- 
reolar la maternidad donde quiera que ella se presente como la 
función sagrada que la naturaleza ha confiado al cuerpo de la mu- 
jer para perpetuar la vida a través de las edades. 

Y luego de haber puesto en luz con el mayor respeto la fun- 
ción de la madre, después de haber sembrado en el corazón de los 
pequeños los sentimientos de veneración para la maternidad, se ha- 
blará más tarde, del fenómeno de la fecundación, sencillamente, sin 
darle importancia, como una de las fases, la primera, de la repro- 
ducción de la especie, sin detenerse sobre ella y sobre todo, sin ocul- 
tarla con un silencio sospechoso. Se le quitará así todo el atractivo 
malsano de la fruta prohibida, se le quitará todo interés espeeial r 
porque irá incluido en la masa general de los asuntos conversados 
en la escuela. 

E insisto en que debe llevarse el mismo método con los varones 
que con las niñas. La mujer necesita tener más bondad, más piedad, 
para las otras mujeres como el hombre necesita aprender a guar- 
darles mejor respeto. 

No faltará seguramente, y sobre todo al principio de la reforma, 
un chiquillo demasiado instruido ya y malamente, que dejará esca- 
par un gesto o una palabra ambigua o tendrá una sonrisa picares- 
ca. . . será para el maestro un pretexto maravilloso para motivar, 
tranquilamente, sin enojarse, sin reprochar, una conmovedora lec- 
ción de moral, de amor y de respeto. 

Y por lo demás, si encuentra el maestro alguna noción algo es- 
cabrosa, tenga presente que lo será siempre menos en sus labios que 
en las conversaciones secretas que los chiquillos saben mantener en- 
tre sí. 

Por otra parte, más temprano se empieza, más fácilmente se 
evita ese peligro. 

Los programas que me sirven de esquema, tienen en botánica 
el estudio de las plantas fanerógamas y criptógamas. Excelente pre- 
texto, después del estudio de la raíz, las hojas, el tronco, que nos 
ofrece para estudiar la diferenciación de los sexos por la observa- 
ción de los estambres, los pistilos, el polen, el ovario, el óvulo, etc. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


99 


La polinización servirá para explicar el fenómeno de la fecun- 
dación: bastará una palabra para provocar la relación con el mis- 
mo fenómeno en los animales y los hombres. 

La dehiscencia, la diseminación, la germinación, son otros tan- 
tos temas que el niño estudia en la escuela. Si a cada lección el 
maestro se da el trabajo de establecer una asociación de ideas en- 
tre las plantas y los seres del reino animal, al fin del curso habrá 
suministrado todas las nociones necesarias sobre la reproducción. Más, 
los niños habrán aprendido sin darse cuenta de ello, todos los cono- 
cimientos necesarios para servir de base a las lecciones de higiene 
que deberán dárseles en los años subsiguientes. 

En Uruguay como en casi todos los países (quiero dejar la po- 
sibilidad de una excepción honrosa) los programas escolares de his- 
toria natural consideran a los animales vivíparos como seres ase- 
xuados. 

Los programas aceptan que se diga que los peces, los reptiles, 
las aves se reproducen por huevos; que se explique la metamorfo- 
sis de los insectos, que se hable de la mariposa, del gusano de seda . . . 
se charle sobre huevos y larvas. . . se estudie con cuidado la repro- 
ducción de la mosca en la lucha contra este insecto. . . esto lo ad- 
miten los programas aún para chicos bastantes pequeños . . . 

Más cuando se llega al estudio de los mamíferos ... la repro- 
ducción desaparece del cuadro! 

Los programas de fisiología y de higiene hablan de funciones 
intestinales, cardíacas, pulmonares, mencionan las funciones renales 
probablemente ... no estoy segura, tal vez permiten que se hable 
del emuntorio renal, pero ... en todo caso ... no más allá ! 

Siempre teniendo presente los programas que hemos tomado co- 
mo base, diremos que dan una preferencia bastante señalada a las 
cuestiones científicas, historia natural, física, química, etc., al revés 
de los de muchos otros países especialmente de Europa en los que 
domina la parte dedicada a las letras. 

Sería pues extremadamente fácil sobre aquellos programas, agre- 
gar a la parte de ciencias naturales el capítulo sobre la reproducción. 
Pero los prejuicios existen aquí como en todas partes. 

Los programas de botánica, zoología, anatomía y fisiología ele- 
mentales, serían aceptables. 

El método didáctico y la interpretación de los programas lo son 
también, pero son incompletos. Bastaría agregar conocimientos de 
las funciones de la vida vegetativa de nutrición y relación, sencillí- 
simas nociones relativas a la reproducción para convertirlos en pro- 
gramas integrales. 



100 


Paulina Luisi 


b) Higiene 

\T 

Siempre con los mismos programas como base de estudio, vemos 
los temas siguientes: 

Cuarto y quinto grados para niños más o menos de nueve a 
once de edad: 

“Heridas, quemaduras, infecciones. Nociones sobre la tuberculo- 
sis, sus peligros, su manera de contagio, etc., medidas individuales y 
sociales para evitarla, etc. : el alcoholismo, el tabaquismo, las enfer- 
medades infecto contagiosas”. 

En sexto y séptimo grados para niños más o menos de once a 
trece años: 

“Medios preventivos contra las enfermedades infecciosas. Peli- 
gro de los excitantes tóxicos como el alcohol y el tabaco sobre el sis- 
tema nervioso; influencia del alcoholismo sobre la raza”. 

En séptimo grado se agrega en las escuelas de niñas y en el 
programa de economía doméstica: 

“Cuidados que requieren los enfermos” y entre otras cosas, pre- 
cauciones que se deben tomar con las enfermedades contagiosas, im- 
portancia de la antisepsia y del aslamiento. Desinfectantes más co- 
munes”. 

En octavo grado (trece a catorce años) encontramos en el pro- 
grama de economía doméstica: 

“Nociones sobre el organismo de los lactantes. Cuidados que 
requieren los lactantes, consejos sobre su alimentación, vestuario, 
aseo, el sueño y la cuna, modo de cargar las criaturas. Sencillísimas 
nociones sobre psicología infantil. Estudio somero de las manifesta- 
ciones de la actividad física y mental de las criaturas, etc., etc. Los 
juegos de los niños. Desarrollo del lenguaje. Cómo se forma los há- 
bitos morales”. 

Es como se vé, todo un programa de puericultura elemental 
muy útil para las chicas del pueblo, que a esa edad, a veces mucho 
antes, son muy a menudo las madrecitas de sus hermanitos. 

Para varones de la misma edad: nada! 

Como se vé tenemos en nuestro programa, todo lo que nos es 
necesario para servir de base a casi todas las nociones sobre cues- 
tiones sexuales que el niño debe recibir en la escuela primaria. 

Encontramos nociones generales de importancia tales como: el 
contagio, maneras más comunes de propagación de las enfermedades, 
la profilaxis elemental de las diversas infecciones. Hay pues que 
hablar de microbios, de su papel en la propagación de las enferme- 
dades, etc. ; hay que insistir sobre la tuberculosis y el alcoholismo y 
su acción degenerativa sobre la especie; se debe hablar de infeccio- 
nes diversas como la escarlatina, la difteria, el sarampión; debe ha- 
blarse de la enfermedad hidátiea que hace enormes estragos en nues- 
tros países ganaderos; hay que hablar de las moscas como agentes de 



Pedagogía y Conducta Sexual 


contagio para transmitir las enfermedades : sólo la sífilis está des- 
terrada de los programas... y sin embargo sería talmente fácil ha- 
blar de ella, con tales programas. . . 

Hablando de la tuberculosis y de las otras enfermedades infec- 
ciosas, escarlatina, difteria, bastaría nombrar la sífilis, la blenorra- 
gia, sin ocuparse de ellas de una manera especial; ya llegará su tiem- 
po. En este momento nombrarlas simplemente basta para que no se 
calle ni se oculte su existencia. 

Estudiando la acción del alcoholismo sobre la descendencia bas- 
taría nombrar al mismo tiempo la sífilis y la tuberculosis como las. 
tres plagas de la raza. 

Con esta simple precaución de asociar el nombre de las enfer- 
medades venéreas al de las otras enfermedades infecciosas, en lugar 
de callarlos ridiculamente, se habría preparado el terreno. 

El niño habría aprendido que existe una enfermedad muy con- 
tagiosa que se llama la sífilis. Inútil a esta altura de detenerse su 
modo más común de contagio, pero tampoco se debe hacer sobre su 
existencia un silencio peligroso. Que sepa que existe, que es una 
de las enfermedades que producen el mayor número de víctimas . . . 
que puede transmitirse como la tuberculosis por la mucosa bucal. . _ 
En nuestras escuelas los niños saben de eso, pues donde no haya 
instalación especial para el agua de bebida (bebederos-fuentes), el 
jar rito individual es obligatorio y a este respecto se hacen numero- 
sas recomendaciones y explicaciones a los niños. Por nuestra parte, 
los médicos escolares somos muy exigentes en esta cuestión. 

Se enseña a los niños los peligros del beso sobre la boca (bas- 
tante frecuente para con los niños) se insiste sobre el peligro que 
esta costumbre presenta para el contagio de enfermedades como la 
tuberculosis, las anginas, la difteria, etc . . . habría sólo que agregar 
la palabra sífilis a la enumeración de las enfermedades que se con- 
tagian por el beso: sería suficiente. 

Y en forma semejante el chico de escuela irá aprendiendo lo 
que se debe saber sobre el contagio de la sífilis, sin que se le haya 
hablado de la manera más frecuente de contagio, las relaciones se- 
xuales ... ya llegará el momento. Pero entre tanto el nombre de 
estas enfermedades se le habrá vuelto tan familiar como los otros 
y en la misma forma, con la misma importancia, incluida en la enu- 
meración de todas ellas. 

El ambiente social en el cual se desarrolla el niño, puede fa- 
vorecer nuestra tarea. 

Y a este respecto voy a hacer una disgresión, muy sugestiva a 
mi entender, y muy llena de enseñanzas. 

Hace años, en Montevideo no se hablaba de las enfermedades 
venéreas sino en forma encubierta. Los anuncios profesionales decían 



102 


Paulina Luisi 


“Enfermedades secretas” como lo he visto todavía en la República 
Argentina, en España y algunos otros países. (1) 

Pero he aquí que por el año 1914 a 1915, se instaló el Insti- 
tuto Profiláctico contra la sífilis y numerosos dispensarios. Se hizo 
una enorme propaganda. La prensa habló ampliamente, llamando las 
cosas por su nombre. Se colocaron periódicamente en todas las ciu- 
dades numerosos carteles por todas partes, informando a la pobla- 
ción de los peligros de 1^ sífilis; de su facilidad de contagio; de la 
necesidad de su tratamiento inmediato, indicando la dirección de los 
dispensarios y anunciando la gratuidad del tratamiento para quien 
quiera se presentase en ellos, etc. 

Hoy se llama a la sífilis por su nombre tan naturalmente como 
cualquier otra enfermedad. Si un especialista tuviese la ocurrencia 
de poner un aviso de consultorio sobre “enfermedades secretas” cae- 
ría en el ridículo. Esta observación demuestra como, con un poco 
de decisión, se puede quebrar un prejuicio. 

Volvamos a nuestros chicos. 

Por una enseñanza metódica y continuada desde las primeras 
clases hasta las superiores, habrán adquirido poco a poco conoci- 
mientos generales sobre la reproducción que le habrán sido presenta- 
dos con sencillez, con pureza, y sin mentiras. 

Después, habrán adquirido nociones elementales sobre los fe- 
nómenos generales de la infección y sobre las enfermedades conta- 
giosas entre las cuales se habrá nombrado la sífilis. 

Gracias a esta preparación progresiva, las últimas dificultades 
se vencerán automáticamente. Con un poco de tacto, el maestro pue- 
de provocar una asociación de ideas entre los fenómenos fisiológicos 
de la generación y la producción de ciertas enfermedades. Cuando 
llegue el momento, la sífilis y demás enfermedades venéreas tomarán 
su lugar en el estudio de las funciones con las cuales tienen mayor 
relación. 

Vamos llegando así a los últimos grados de la escuela primaria, 
— 12 a 14 años — en los cuales es lógico profundizar un poco las 
nociones adquiridas en los grados anteriores. 

Bajo la rúbrica de “Economía doméstica” en el programa del 
octavo grado de las escuelas femeninas, existe como dije, un verda- 
dero curso de puericultura elemental; entiendo que es necesario in- 
troducirlo también en las escuelas de varones mientras no se realice 
el desiderátum de la educación integral : la co - educación . 


(1) Todavía hoy, 1950, en que se va a publicar este trabajo, la Oficina Na- 
cional de Radio Comunicaciones de la República Argentina, ha censurado 
varios párrafos de mis alocuciones en el “Día Antivenéreo”, que allí cele- 
bra anualmente la Liga Argentina de Profilaxis Social, por haberme per- 
mitido llamar a las enfermedades venéreas por su nombre. Véase el libro 
“Por la sialud de la raza”, y el Título XIV de este libro: “Jornadas 
antivenéreas”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


103 


Está fuera de duda que la escuela debe preparar a la mujer 
para su función esencial, la maternidad. Existe igualmente para el 
hombre una función y un deber correlativos, tan imperiosos e inelu- 
dibles para todo ser moral como aquél.: la paternidad. Ella exige 
que el futuro padre al igual que la futura madre, sean instruidos 
en el cuidado de los niños. 

“El instinto nos lleva a la paternidad, dice un autor, pero 
esto no es razón para que la paternidad se abandone al instinto. 
¿Én qué Universidad, en qué Escuela se llama a los jóvenes sobre 
todo de sexo masculino y se les habla serenamente y por lo largo 
de la trascendencia social — más que social, cósmica — del casa- 
miento ? ” . 

Por elementales que sean, los cuidados a los niños y su psico- 
logía deben igualmente ser conocidos por sus dos procreadores: ¿no 
existe acaso para ambos la misma responsabilidad moral? 

Debe enseñarse a los futuros padres que toda mujer sana y 
normal tiene el deber de lactar, que el niño tiene derecho a la le- 
che de su madre. Es necesario que esta obligación quede grabada 
tanto en la mente de la mujer como en la del hombre, porque si a 
veces aquélla se sustrae a su deber por sí misma; a veces lo hace 
también por culpa del marido. 

Dando a los varones nociones sobre puericultura, se despierta 
en ellos una atención especial por el niño, que se convierte así en 
objeto de curiosidad e interés. Sería una forma eficaz de despertar 
en ellos el sentimiento de paternidad, completamente descuidado por 
la educación; pues si se ha enseñado a la mujer y se le ha hablado 
siempre de su destino de madre, si se le enseña los cuidados que 
requiere la infancia, aún sólo por el hecho de ser la madrecita de 
sus hermanos pequeños ayudando a la madre, si desde siempre se 
ha estimulado su instinto maternal desde la más tierna infancia, co- 
menzando por los juguetes de muñecas; nunca nadie se ocupó en 
desarrollar el instinto paternal en el varón. 

Enseñándole también a él las indispensables nociones de pue- 
ricultura, — y hasta es conveniente que al mismo tiempo que a las 
niñas, — se le obligará a pensar en coses que el hombre adulto suele 
olvidar con demasiada frecuencia: uno, que la infancia no es sola- 
mente cosa de mujeres; dos, que el hombre también tiene para con 
aquélla, las mismas responsabilidades que ésta. 

No es completamente madre la que sólo engendra y amamanta 
al hijo, es necesario que lo eduque y cuide su desarrollo. Tampoco 
es padre el hombre que se concreta a engendrar, sin continuar más 
allá cumpliendo los deberes que exige su paternidad. Para serlo, no 
basta el gesto natural y fisiológico de dar la vida; que se cumple 
apenas en forma intrascendente, material, fisiológica, netamente ani- 
mal, como todas las especies. 

El ser humano es cuerpo y es espíritu; es materia y es fuerza; 



104 


Paulina Luisi 


es función de los órganos que sostienen la vida, del sistema nervioso 
que los rige, y de la incógnita fuerza que los domina a todos. 

El acto sexual, es el fondo material del proceso complejo de 
la paternidad; equivale apenas a la caída del grano de polen so- 
bre una flor, llevado por el viento o el ala del insecto. 

Pero las fuerzas espirituales tienen su parte y su rol, si es 
que la paternidad ha de ser una paternidad completa. El proceso 
total es crear sobre el substratum material del recién nacido, las 
fuerzas espirituales de la vida de relación ; es orientar, desarrollar, 
formar la parte espiritual que está latente en el nuevo ser; es adies- 
trarlo a su funcionamiento recto en la vida de relación; es formar 
su espíritu; es, en una palabra, educarlo. 

Y tanto es esto verdad, que en general, en el hombre, el amor 
paterno se va desarrollando a la medida que van apareciendo en 
el pequeño ser, las manifestaciones de la vida espiritual. El instinto 
salvaje del padre - macho, se va transformando en interés, en deseo 
de mejoramiento del pequeño: en un verdadero sentido de respon- 
sabilidad en los hombres de cierta cultura moral y en los otros, en 
un sentimiento de propiedad sobre el hijo que engendró. . . 

Pero como quiera que sea, estoy segura que esta enseñanza ten- 
dría beneficiosos efectos morales y sería, indirectamente, una bue- 
na profilaxis del abandono paterno de los hijos ilegítimos... 

La formación del sentido de la responsabilidad en ambos fu- 
turos progenitores, no podría cimentarse mejor que sobre esas leccio- 
nes prácticas de puericultura, que permitirán grabar fácilmente en 
el espíritu de los hombres y las mujeres de mañana, que ellos se 
deben al hijo. 

La puericultura es la ciencia indispensable a ambos padres, pa- 
ra criar convenientemente a sus hijos. 

En mi país, Uruguay, los programas de las escuelas primarias, 
secundarias y superiores, son exactamente iguales para ambos sexos 
en todo menos en que, en las escuelas de niñas o a las niñas que 
concurren a las escuelas mixtas, hay la enseñanza de la puericultura 
de la que no se da nociones a los varones, ni de las cosas de econo- 
mía doméstica; y se reemplaza para éstos, las labores de mano, lla- 
madas “femeninas”, por trabajos manuales de otra especie. 

Pero yo pregunto, ¿acaso todos estos conocimientos no son igual- 
mente necesarios a los dos sexos? Y por acaso, esas labores “feme- 
ninas” no son ejecutadas más de una vez por hombres en la vida 
corriente, sea como oficio productivo (el bordador, el sastre, el mo- 
disto, el cocinero, etc.) sea simplemente por necesidad de realizarlo 
como el marino, el recluta, el soldado o el que no tiene una mujer, 
madre, hermana, esposa, hija o amiga que se lo haga? 

En más de una circunstancia de la vida familiar, no se vé el 
padre obligado a realizar ciertas tareas, de ordinario ejecutadas por 
la mujer? 



Pedagogía y Conducta Sexual 


10* 


Y entonces, porqué no hacer que las aprendan a realizar de 

buena manera, correctamente, como se les enseña a hacerlo a las 

niñas en la escuela, en lugar de aprender más tarde a realizarlas 
a la merced de una necesidad o de un apremio, a la buena de Dios, 
como pueda o como su mayor o menor ingenio y habilidad se lo 
sugieran? Y la niña, mujer más adelante, no se encuentra en la 

misma situación con multitud de trabajos manuales que exige la 

vida del hogar? 

Ignoro si ésto se hace en algunos países, pero si lo realizan, es 
porque sus dirigentes, más previsores, con mejores visiones de las exi- 
gencias de la vida actual, no han titubeado en introducirlos, con ex- 
celente previsión del porvenir de los hombres y mujeres de su pueblo. 

Se podría muy bien, y sin que la sociedad ni la patria que- 
daren defraudadas en la cultura de sus hijos, se podría muy bien 
disminuir el tiempo consagrado a la historia de las grandes conquis- 
tas, de guerras y batallas; dedicar algunos minutos menos a los idio- 
mas muertos, que quien quiera puede adquirir en el futuro o a otras 
nociones tan capitales como éstas para el devenir de la humanidad 
y la perfección de la especie ... y se encontraría así un rinconcito, 
aunque fuera muy pequeñito, una parcela del tiempo escolar, para 
la puericultura y la. higiene infantil. 

Mi proposición merece por lo menos que se reflexione sobre ella. 

Se completará la enseñanza extendiendo los conocimientos ad- 
quiridos en los grados anteriores sobre enfermedades contagiosas y 
se establecerá una conexión entre la puericultura y la higiene. Se 
hablará de las consecuencias de las enfermedades transmisibles para 
la salud dé la especie; de la herencia normal y morbosa; los prime- 
ros rudimentos de la Eugenesia encontrarán allí un sitio preparado. 

Cada vez, los conocimientos científicos suministrados servirán 
de base a los principios de moral correlativos. 

Las nociones científicas y morales suministradas así, progresiva- 
mente, año por año, aumentando la dosis cada vez, ofrecerán, al fina- 
lizar el curso primario, un terreno bien preparado, desbrozado, tra- 
bajado; los conocimientos más escabrosos, más delicados de tocar que 
habrán de seguir, — sobre higiene sexual, — podrán sembrarse sin 
peligro. 

El terreno será fecundo y la cosecha libre de maleza, será abun- 
dante y provechosa. 



CAPITULO XI 


Instrucción Móral 


DEBERES QUE SE DERIVAN DEL CONOCIMIENTO DE LAS LEYES DE LA VIDA; 

ETICA Y DEONTOLOGIA SEXUALES 

La fisiología, la higiene y la profilaxis no deben hacer olvidar 
la existencia de la ética. 

Prosiguiendo el mismo método que en la enseñanza primaria, 
hay que ocuparse de los deberes y responsabilidades que entraña el 
acto sexual. 

Pero, a esta edad, el estudio debe ser sistematizado, de igual 
manera que lo ha sido la enseñanza de las cuestiones biológicas. 

Varones y niñas han aprendido en la escuela las nociones de 
ciencias naturales y los principios de moral. 

Ha llegado el momento de hablarles abiertamente, lo mismo que 
cuando se trató de profilaxis, de los deberes que se derivan del acto 
sexual. 

Con ocasión de la profilaxis, la grave cuestión del contagio de 
las enfermedades fué planteada. Se habló de ello a propósito de las 
enfermedades en general. 

Ahora que se llega a los grados superiores de la enseñanza li- 
ceal o post-primaria, es necesario insistir sobre la transmisión de 
las enfermedades venéreas. Hay que hablar de la forma más fre- 
cuente de contagio : las relaciones sexuales... Hay que aprovechar 
para insistir sobre la necesidad de la castidad. 

Subráyese bien que en las enfermedades venéreas, a diferencia 
de las otras enfermedades infecciosas, es necesario para que el con- 
tagio se produzca, — salvo excepciones menos frecuentes, — la 
realización de un acto voluntario, el acto sexual. 

Por lo tanto, las consecuencias morales son diferentes: por el he- 
cho de que el acto ha sido voluntariamente realizado, el contagio de 
una enfermedad venérea acarrea una verdadera y grave responsabi- 
lidad, y puede convertirse en verdadero delito, casi en crimen pre- 
meditado, si existe en el actor, por una parte, el conocimiento del 
mal que puede producir, y por otra, el hecho se realiza a pesar 
de ello. 

El acto sexual puede crear otra vida. 

El crimen puede dañar solamente al o a la participante, pero 
puede también castigar al hijo que origina. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


107 


Hay pues un doble atentado contra la moral: contra la moral 
colectiva, p_or el perjuicio producido en la salud del compañero; 
contra la moral racial y colectiva, por la procreación de un ser ta- 
rado, y por eso mismo inferior, degenerado tal vez. 

Es necesario enseñar a los jóvenes de ambos sexos que, dada 
la finalidad biológica del acto sexual, su realización acarrea los 
mismos deberes y las mismas responsabilidades para los dos actores. 

El acto realizado libremente, conscientemente por parte de los 
dos agentes, exige que sean iguales en derechos y en libertad: las obli- 
gaciones y las responsabilidades deben ser idénticas. 

Una sola moral se impone para los dos sexos. 

Es un postulado para la moral biológica que exige la santifi- 
cación del acto generador porque es el cumplimiento del deber de 
reproducirse. 

Es necesario pues combatir ese prejuicio malsano que quiere 
“que la juventud se divierta”, esa doctrina funesta “del mal ne- 
cesario” que exige el sacrificio de un sexo en provecho del otro, y 
que ha creado esa vergüenza de la humanidad que se llama la pros- 
titución. 

Hay que concluir de una vez con ese dualismo brutal que ad- 
mite para el hombre todas las licencias y exige de la mujer todos 
los sacrificios; la castidad absoluta o el libertinaje. 

Hay que insistir sobre la aberración que significa la doble mo- 
ral; hay que destruir su existencia en las conciencias y en la ley. 

Solamente la educación podrá conseguirlo: la moral biológica 
podrá realizarlo. 

La doble moral es culpable de la seducción de la mujer y del 
abandono del hijo por parte del hombre; es la instigadora del aborto, 
que aún admiten los códigos penales como atenuante cuando se rea- 
liza para salvar la honra (!!); es la impulsora del infanticidio por 
parte de la mujer. 

Es también la culpable de que el hombre rehuya una paterni- 
dad que sabe suya, eludiendo sus responsabilidades; culpable de que 
muchos hogares sean estériles, de que muchas mujeres acepten — 
desoladas a veces — verse negada la maternidad que corona al amor, 
porque también a ellas les enseñaron que el hombre debe “correrla” 
y se resignan al injusto castigo que deben soportar ellas, víctimas 
inocentes de una culpa ajena... 

Mientras persista en el espíritu del pueblo, y mientras la edu- 
cación no se preocupe en desarraigar ese prejuicio de la doble mo- 
ral, la seducción, el aborto, el abandono del hijo, el infanticidio, la 
prostitución, tendrán derechos de ciudadanía ; no solamente hay que 
disculparlos, sino que es necesario aceptarlos como la natural con- 
secuencia del “mal necesario”. 

“Uno de los más sorprendentes cinismos del varón, escribe 
Paul Bourget, consiste en pretender que la falta de la mujer es 



108 


Pauuna Luisi 


peor que la suya propia porque pueden resultar hijos, eomo si en- 
tre una amante que está grávida y el hombre que la hizo madre, 
hubiese la menor diferencia de responsabilidad”. 

Hay que aniquilar esa vergüenza, esa cobardía de la sociedad 
que carga sobre la mujer toda la responsabilidad de un embarazo, 
que le da al mismo acto, para ella, la sanción de un pecado, para 
él una consagración de capacidad varonil. 

Hay que aniquilar e§e principio funesto que consiente al hom- 
bre sustraerse a todas las responsabilidades, — si cometió el acto 
fuera de los contratos legales, — y mancha como una inf ami a, a la 
mujer. 

La moral biológico - eugenésica, elevando el acto sexual a la al- 
tura de un deber , la transmisión de la vida, no puede admitir más 
que una moral única para ambos protagonistas, el deber de la res- 
ponsabilidad hacia la vida que juntos han creado y las obligaciones 
que de ese deber para ambos se derivan. 

La responsabilidad nace en el momento en que el acto sexual 
se comete. 

Los derechos del hijo aparecen en el momento en que el acto 
se hace feejindo. 

La responsabilidad se deriva del deber primordial de la moral 
biológica : reproducirse. 

El aborto por parte de la mujer y el abandono del hijo desde 
que empieza a gestarse, por parte del hombre, son dos atentados con- 
tra la moral biológico - eugenésica de la misma importancia y del 
mismo alcance. 

Es en cada uno de los dos procreadores, el hecho de sustraerse 
a las responsabilidades que acarrea el acto realizado. 

La ley positiva eastiga uno de esos crímenes, aquél que es más 
fácilmente accesible, el de la mujer. En un crimen de aborto es a 
menudo más culpable que la mujer misma, el hombre que la fecundó. 

La ley moral no puede admitir diferencia entre los dos críme- 
nes; infanticidio materno y abandono paterno, porque la falta es 
la misma: sustraerse a la responsabilidad contraída. 

Si las consecuencias son diferentes, si en el aborto hay destruc- 
ción de vida, en el abandono por parte del hombre del producto de 
la concepción hay un doble delito, estafa material y moral a la mu- 
jer, defraudación de sus derechos al hijo. 

La ley positiva que castiga el aborto como un crimen, debe 
igualmente castigar el abandono del hijo por el padre como otro 
crimen. 

“La dificultad de la prueba nunca puede ser motivo suficiente 
pa^a declararlo inadmisible”, dice el sabio magistrado Dr. Wylm. 

La cruel distinción de los hijos, tan cruel como injusta, en le- 
gítimos e ilegítimos es todavía una consecuencia de la doble moral. 

Siendo un atentado a las leyes de la vida, la moral biológica 



Pedagogía y Conducta Sexual 


109 


la condena; las disposiciones legales no deben establecer diferencias 
allí donde las leyes morales establecen igualdad: todos los hijos 
son iguales ante las leyes de la vida como lo son ante el sufrimiento 
y la muerte. 

Estados hay que todavía admiten una diferencia que estremece, 
entre las criaturas nacidas sea del beso conyugal, sea de la conjun- 
ción libre de los sexos. Estados que preceptúan en sus leyes la inhu- 
mana distinción de los hijos en adulterinos, naturales y legítimos: 
así hay leyes todavía en nuestra América! 

Haciendo del inocente hijo, víctima de la ineonciencia de sus 
padres se ha enseñado al hombre la irresponsabilidad genésica: se 
cree con derecho de abandonar al hijo nacido al margen de los cá- 
nones legales: no se cree con deberes hacia él y mucho menos ha- 
cia la mujer que de él lo concibió. 

Así mirado con la sonrisa de indulgencia para su hazaña don- 
juanesca, al hacer las leyes no se ha asombrado de su propia incon- 
ciencia creando en el mundo social en que se vive, la casta dolo- 
rosa de los hijos adulterinos nacidos con el sello de infamia que le 
estampó la carencia de educación genésica y de responsabilidades de 
quienes lo engendraron. 

Y mientras la ley penal ignora semejante cobarde y criminal 
defección, castiga con todo su rigor a la desgraciada que en la de- 
sesperación del abandono, seguido tal vez de la miseria y la des- 
honra, destruye el fruto de su amor. 

Esa no es la ley de la Vida, pero es la ley artificial de los 
Estados y es el caso de recordar que jamás será humana mientras 
no establezca, al igual de la responsabilidad materna, la misma res- 
ponsabilidad para el padre. 

La legislación positiva debe establecer la responsabilidad efi- 
ciente de la paternidad y las obligaciones que de ella se derivan: 
la ley de la vida así lo exige. 

Si la ley positiva prescribe la búsqueda del autor de todo cri- 
men o delito, no puede sustraerse a la obligación de establecer una 
penalidad contra el atentado a las leyes de la naturaleza cometido 
por el padre cuando abandona al hijo que ha engendrado. 

“Mas no basta que la ley obligue al padre a reparar su falta, 
es también necesario que las costumbres se inspiren en el sentimien- 
to de justicia y de humanidad”, ha dicho un autor. 

Enseñemos pues a los hombres .a inclinarse con respeto ante la 
maternidad, sin buscar su origen, como la fuente sagrada de donde 
brotan las fuerzas misteriosas de la vida. 

Enseñémosles a honrar la imagen dolorosa de la Mujer-Madre, 
«sa, que entre crueles dolores, ofrece su carne, desgarrada por otra 
vida que brota a la luz, en holocausto a la generación que nos sucede. 

Enseñemos a las mujeres más indulgencia para aquéllas que 



110 


Paulina Luisi 


cayeron, víctimas de su educación insuficiente y víctimas también 
de las acechanzas de la vida. 

Enseñémosles a tender la mano a la hermana desgraciada, a me- 
nudo más desgraciada que culpable, y enseñémosles también que es 
estéril la virtud, si no está acompañada de indulgencia y de bondad. 

Y para que lo sepan los hombres y las mujeres, empecemos por 
enseñarlo a los niños. 

Lo que hayamos sabido grabar con letras de fuego, será para 
ellos máxima sagrada en 'el futuro, norma de conducta en su vida. 

Otros capítulos más de ética social deberá desarrollarse en la 
educación de los jóvenes, niñas y varones, impresionando su espíri- 
tu y su corazón, trazándoles los graves deberes de la moral bioló- 
gica; haciéndoles comprender y sentir todos los deberes, todas las 
obligaciones morales, positivas y negativas que reclama la vida para 
alcanzar a través del tiempo la finalidad sublime de la especie : la 
felicidad humana en una ascensión continua hacia un perfecciona- 
miento mayor. 


* 

• * 

Entre estos capítulos, quiero, para concluir, destacar una cues- 
tión que todavía poco o nada ha sido considerada en la enseñanza 
actual. 

Cuestión general que creo sin embargo necesario consignar aquí, 
por cuanto es de necesidad imperiosa en nuestras sociedades y por- 
que entran dentro de su cuadro una parte de las cuestiones que 
venimos estudiando. 

Es necesidad reclamada con urgencia por la moral biológica que 
he pretendido bosquejar en el primer capítulo de este trabajo, y 
cuyo contenido se desprende de mi concepto sobre las relaciones 
entre la higiene y la moral. Constituyen ambas una unidad indivi- 
sible, por cuanto son una y otra “un imperativo de salud ” del cuer- 
po y del espíritu que constituyen el complejo humano, en el que — 
pese a filosofías y dogmas contrarios, — son también, como aqué- 
llas que de éstas se derivan, indivisible unidad. 

Así, porque somos solidarios los unos de los otros en la vida 
social; así, porque es ley de las agrupaciones humanas, la interde- 
pendencia entre unos seres y otros — como lo es entre unos y otros 
pueblos, — así también es necesario que, como lo ha sido ya insti- 
tuido para la moral que es la higiene del espíritu , se establezcan los 
códigos de la salud colectiva. 

La conservación y el cultivo de la salud personal van más allá 
de los deberes individuales, unitarios; son deberes sociales, son de- 
beres cívicos cuya violación se hace sentir en el balance de las fuer- 
zas colectivas. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


111 


Los poderes públicos pueden ejercer acción legislativa y admi- 
nistrativa, pero es solamente de la conducta sanitaria de cada unidad 
que dependerá el vigor físico y la salud generales. 

Los métodos legislativos y administrativos han sido los primeros 
puestos en juego para conservarlas, porque son los más inmediatos, 
los que están más al alcance de la acción común. 

Ellos son sin embargo insuficientes si no están sostenidos por 
los métodos educativos, que tienen alcances más seguros, aunque son 
de más larga y difícil aplicación. 

La tarea suprema de la higiene está en la formación de los 
hábitos sanitarios, por la educación del pueblo: la tarea de la mo- 
ral colectiva, en las responsabilidades que la salud colectiva nos 
impone. 

No bastan las nociones de higiene en las escuelas ni la crea- 
ción de cursos y conferencias sobre profilaxis; no basta organizar 
la higiene pública y la higiene social. 

Hay que ir más lejos. 

Hay que despertar en la conciencia de las masas populares el 
sentimiento de la responsabilidad solidaria, el sentimiento de las res- 
ponsabilidades hacia la colectividad que contiene a cada individuo, 
hay que crear en cada ser humano, la conciencia de su deber social 
como unidad dentro de la masa, hay que hacerle comprender ese lazo 
de dependencia y de intercambio de beneficios y perjuicios ineludi- 
bles entre el individuo y la colectividad; hay que hacerle sentir el 
peso de las consecuencias de cada uno de sus actos — que aunque 
aparentemente sólo a sí propio se refieren, — tienen su repercusión 
forzosa sobre el conjunto social que se agita. 

Hay que crear un sentimiento cívico nuevo que confunda en 
un solo e indivisible deber, él culto a la elevación moral, a la salud 
colectiva y a la energía productora. 

Esa función creadora es misión de la enseñanza. Es la más alta 
expresión de su influencia en ‘‘el mejoramiento de las fuerzas de 
la Vida”. 



Enseñanza Secundaria y Post- Escolar 


Hemos llegado al fin de la edad de la escuela primaria, más o 
menos a los catorce años. 

El niño deja la escuela por el aprendizaje en el taller, o por 
los estudios secundarios: las condiciones de vida de ambiente se mo- 
difican para él. 

Pero sea lo que sea, el niño convertido en adolescente, suficien- 
temente preparado por los seis u ocho años de escuela primaria, 
estaría en estado de recibir la enseñanza que queda por darle, co- 
mo una simple continuación muy natural de los conocimientos ad- 
quiridos en la escuela primaria, si en ese momento preciso ésta no 
cesase su acción. 

Los aprendices o empleados, deberán vivir en la oficina o en 
el taller con los adultos, que la mayoría del tiempo los tratan co- 
mo si ya fueran personas mayores. 

Su bagaje intelectual será el que habrán adquirido en la es- 
cuela. 

Es el momento crítico. 

El primer año de liceo, así como los primeros tiempos de ta- 
ller, son para la mayoría de los chicos, la época grave de la inicia- 
ción. No ciertamente porque obre en ellos la exigencia de la natu- 
raleza, que es casi siempre precedida por aquélla, sino porque las 
costumbres actuales lo provocan casi fatalmente. 

En efecto, con la libertad de hombres que suelen gozar por lo 
menos muchos de ellos en esta edad, se encuentran algo así como 
abandonados a las sugestiones del ambiente y con un sentido de 
responsabilidad y una conciencia todavía limitadas y a veces ni si- 
quiera despiertas; la educación y la escuela no se han preocupado 
de desarrollarlas. 

Bajo la sugestión de los compañeros mayores, sugestión de he- 
cho o simplemente de palabra, hasta, por un espíritu de bravata, — 
el muchacho quiere hacer ver que es hombre — y corre a una ini- 
ciación que ni su organismo, ni su desarrollo físico exigen, y ni si- 
quiera justifican. 

Numerosos casos existen, desgraciadamente, en nuestros archivos 
profesionales para demostrar la verdad de estas observaciones. 

En el taller, al frecuentar hombres y ser tratados como ellos el 



Pedagogía y Conducta Sexual 


113 


hecho se produce; de los 12 a los 16 años se verifica la iniciación 
de nuestros chicos. 

Haced un llamado a vuestra memoria de aquellos años y no 
me desmentiréis. A más de un médico he oído que allá en los pri- 
meros años universitarios no se conceptuaban hombres hasta haber 
tomado su primera infección. 

Tengo numerosos datos obtenidos durante el ejercicio de mi 
profesión, pues nunca he perdido ocasión de predicar este asunto en 
las familias ¡cuántas revelaciones y cuántas sorpresas! 

Yo desearía que mis colegas especialistas en enfermedades ve- 
néreas pudieran averiguar la edad de iniciación de sus clientes y 
la fecha del primer contagio. Sería un interesante y curioso dato 
estadístico, tal vez de gran utilidad pedagógica. 

No hay transición entre la vida del niño en la escuela y el aban- 
dono educacional del adolescente. Aún en la enseñanza secundaria 
el fenómeno existe. Y se agrava para el chico del pueblo que va al 
taller, entra en el establecimiento de comercio, en una oficina, para 
comenzar su aprendizaje de la vida. 

En todas partes del mundo civilizado este gravísimo defecto co- 
mienza a preocupar. 

El problema de la escuela única, de los cursos post-escolares, 
de las escuelas de educación profesional,, del medio tiempo en el 
aprendizaje, preocupa seriamente, en todas partes y se trata de 

remediar en lo posible este abandono educacional del niño en los 

años más peligrosos de la vida, los de la adolescencia y la primera 

juventud, entre los 12 y los 16 o 18 años. 

Problemas complejos de educación popular, de nivelación de- 
mocrática de clases en que intervienen también las complicadas cues- 
tiones del trabajo y las justísimas reivindicaciones del pueblo pro- 
ductor; incontestables derechos del hijo de la clase proletaria a 
una educación que no puede ser privilegio de los ricos; cuestiones 
sociales que agitan poderosamente los pueblos de vida más avan- 
zada y que parecen aquí en este tema, exóticas y fuera de lugar, 
tienen no obstante una relación muy estrecha con nuestro asunto. 

En efecto, todas estas circunstancias tienden a disminuir la ac- 
ción de la educación más allá de los límites de la escuela primaria. 
Se trata de continuar en el alma del niño, mente y corazón, el cul- 
tivo moral e intelectual comenzado en la primera y segunda infan- 
cia. Se trata de establecer en el último período de evolución a la 
vida adulta, la acción educacional siguiendo el criterio muy justo 
de una libertad progresiva y vigilada. 

Nada más lógico, puesto que, comenzando en esta época el pe- 
ríodo de libertad, pueda todavía obrar el consejo de la buena lec- 
ción y todavía sea posible enderezar el tallo que se torciera, para 
ayudarlo a reaccionar, dirigiéndolo hacia una normal constitución 
definitiva. 

& 



114 


Paulina Luisi 


Estas normas que se consideran justas cuando se trata de la 
educación en genera], lo son con mayor razón en lo que se refiere 
a la cuestión sexual, dado que las primeras manifestaciones del ins- 
tinto aparecen precisamente en esta época. Se le permitiría así su- 
frir la influencia de la acción educadora de la escuela a la que es- 
capa en gran parte, porque despiertan cuando aquélla ha dado su 
misión por cumplida. 

La educación sexual x debe pues continuar en esta edad corres- 
pondiente al momento crítico. 

La enseñanza post-escolar obligatoria hace posible esta acción, 
sea en los cursos post-escolares concomitantes con el período del apren- 
dizaje, sea en los cursos liceales, si el niño sigue la enseñanza secun- 
daria. 

En este período post-escolar, — que repito, es cuando común- 
mente se verifica la iniciación sexual, — la acción de la educación 
sobre el instinto genésico es de la mayor importancia y de la ma- 
yor urgencia, tanto del punto de vista de la ética como del de la 
higiene. 

Tampoco deben escapar a esta acción las niñas de la misma 
edad, que la naturaleza va preparando a su misión futura. 

Los fenómenos psíquicos concomitantes a la pubertad, hasta la 
nubilidad completa, merecen una seria atención de la pedagogía. 

Si el despertar sexual no se manifiesta en la mujer con la 
misma turbulencia que en el varón, hay para ella toda una ense- 
ñanza que está en condiciones de recibir, sobre funciones que apa- 
recen, sobre higiene, sobre ética sexual, sobre sus deberes futuros 
y sobre otras cuestiones de educación y costumbres, cuyo conocimien- 
to, en la época actual es imprescindible, para evitar las asechanzas 
cada día mayores que el egoísmo dfl varón ejerce tiránicamente so- 
bre toda la especie. 

Hay además que ampliar los conocimientos de puericultura ne- 
cesarios al porvenir de la familia. 

Estos conocimientos son tanto más necesarios cuanto que las di- 
ficultades crecientes de la vida obligan a la mujer a la lucha econó- 
mica; ejercicio de una profesión, oficio, arte o industria, lo que la 
obliga en esa delicada edad, lo mismo que al varón, al aprendizaje 
manual o intelectual. 

Pero en razón de la edad de estos educandos, varones y niñas, 
debe entrarse en el tema directamente, tanto en lo que se refiere 
a la higiene como a la moral; puesto que será simplemente la con- 
tinuación de la educación y la instrucción que se vienen dando des- 
de las primeras clases de la escuela primaria. 

Cursos, conferencias, proyecciones cinematográficas, visitas a mu- 
seos, a establecimientos de puericultura, etc., etc., serán en esta al- 
tura de la vida de una utilidad indiscutible. 

Los alumnos de los liceos proseguirán sus estudios según los- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


115 


métodos de la enseñanza secundaria. Las lecciones de higiene y de 
moral sexual tomarán su lugar respectivo en las disciplinas que de- 
ben contenerlas. Se tratará de la profilaxis venérea al tiempo que 
de la profilaxis de la tuberculosis, alcoholismo, toxicomanías y otras 
enfermedades sociales. 

Para unos y otros, aprendices o alumnos de liceo, y para ambos 
sexos, es llegada la hora de recibir lecciones más concretas y más 
especializadas de higiene física y moral relativas a la generación. 
Siempre, queda entendido, como capítulos de moral y de higiene que 
deben seguir aprendiendo. 

Se les puede hablar libremente de profilaxis, de toda la profi- 
laxis. 

Las lecciones ilustradas con proyecciones cinematográficas son de 
resultados extraordinarios: preciosa será una buena colección de 
films, que expliquen el proceso de las enfermedades infecciosas, sífi- 
lis, tuberculosis, las consecuencias de los tóxicos, alcohol, tabaco, dro- 
gas perniciosas; las diversas maneras de contagio, las lesiones que 
producen, etc., etc. 

La enseñanza por los ojos sirve maravillosamente para la lucha 
profiláctica. 

En lo que se refiere a las enfermedades venéreas, el departa- 
mento de Salud Pública de Río de Janeiro posee magníficos films 
de propaganda, preparados en Estados Unidos de Norte América por 
la Asociación de Higiene Social de Nueva York, los que fueron pre- 
sentados por los Delegados brasileños al Congreso americano de Si- 
filografía y Dermatología de Montevideo, octubre de 1921 por el 
Profesor Rabello. 

Uno de ellos expone con admirable nitidez el proceso de in- 
vasión del gonococo * Jen el organismo femenino. Muestra, primero 
los gonococos, su manera de proliferar. Luego, suprimiendo la re- 
presentación de los órganos sexuales externos con lo que se evi- 
ta la “indecencia”, toma el gonococo en la vagina, muestra luego 
la infección del cuello uterino, de las trompas, la formación en 
los anexos de un abceso que se abre en el peritoneo . . . 

Muestra luego la espiroqueta en un campo microscópico, sus 
movimientos, etc. Después la formación de un chancro en la piel 
erosionada, la lucha entre la espiroqueta y los fagocitos, todo ello 
tan claro, tan nítido, que parece una serie de preparaciones micros- 
cópicas, como que en efecto lo son, fotografiadas. 

Este film es empleado en Río para las conferencias públicas 
de vulgarización profiláctica. 

Desgraciadamente su precio es enorme : 3 mil dólares. 

Años después, en 1924 cuando en el Uruguay se creó la Cá- 
tedra de Higiene Social para Maestros y aspirantes a maestros, 
de la que fui encargada, mi distinguido amigo el Dr. Angel Gimé- 
nez, líder del movimiento abolicionista en la República Argenti- 
na, me obsequió con dos cintas destinadas a ese fin. 



116 


Paulina Luisi 


Una de ellas es la que he mencionado. La otra igualmente ins- 
tructiva, muestra el desarrollo del embrión en el alvo materno. 

En mis lecciones y conferencias públicas, hacía preceder su 
exhibición con una serie breve de proyecciones 6obre el desarrollo 
de la célula, la carioquinesis, el óvulo, el espermatozoide. 

El film comienza tomando un espermatozoide en la vagina, se 
le ve luego como penetra en el hocico de tenca. 

Luego muestra todo el proceso del desarrollo del óvulo, el 
embrión, el feto, y concluye con la expulsión de éste en la vagina. 
Nada tampoco aquí de órganos externos que pudieran sugerir, en 
públicos no habituados a la exposición científica austera y seria, 
esas imágenes y comentarios tan temidos por las gentes “eomtne il 
f aut” . 

Años después, por 1930, ofrecí pasar estas cintas en unos cur- 
sos “para enfermeras” , organizados en cierta Asociación creada y 
sostenida por “señoras bien” que naturalmente respondían a los 
principios de “alta moralidad” confesional. 

Tan prudentemente realizados, presentados por una mujer 
médica, a señoritas que pretendían ser enfermeras de un sanato- 
rio para mujeres, que para llenar su misión tienen la obligación 
de conocer estas cuestiones, parecía que habría realizado pruden- 
temente una obra útil. 

Y pese a los esfuerzos de la señora que me los había solici- 
tado, fué rechazada con estrepitosa indignación una proposición 
tan descabellada: “'No sabe esa Doctora que las alumnas enferme- 
ras que concurren a estos cursos son niñas bien educadas y de 
buenas familias? (!). 

Por desgracia los films apropiados son extremadamente caros. . . 
pero si se piensa, por nna parte, en su utilidad, y por otra en el 
dinero derrochado en todos los países del mundo para sostener los 
presupuestos de guerra, o las representaciones, a veces suntuarias de 
misiones diplomáticas y cosas por el estilo, hay el derecho de afir- 
mar que es más justo y más útil dedicar una parte ínfima de lo 
que se gasta en aquéllo a fin de asegurar la profilaxis de ana en- 
fermedad que, como lo dice el profesor Gougerot, ha causado en diez 
años tantas víctimas como la gran guerra que duró cinco . . . exacta- 
mente la mitad. 

La actitud de Suiza al respecto es una severa lección para 
muchos países. Allí, es obligatoria la enseñanza primaria y media. 
Es el país del mundo donde es menor el número de analfabetos. 
Es también el que tiene las representaciones diplomáticas más sen- 
cillas, menos numerosas y más austeras. Su defensa nacional en- 
comendada a sus propios hijos, ha hecho su territorio inviolable a 
pesar de haberse visto rodeada de países en guerra. 

Sus gastos de instrucción pública son proporcionalmente, de 
los más elevados, y Suiza, pese a algunos lunares, especialmente 
en lo que toca a derechos femeninos, Suiza es de las mas perfec- 
cionadas entre las más auténticas democracias del mundo. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


117 


El empleo del cine es particularmente útil en los cursos post- 
escolares para jóvenes que trabajan. El método que supone la ense- 
ñanza por los ojos, transforma la lección en una diversión necesaria 
para los jóvenes después del trabajo de todo el día, máxime si es- 
tán en el taller o la oficina : útile dulcí. 

En cuanto a los libros y folletos, etc., que tanto se ha acon- 
sejado para la profilaxis venérea, pienso que para jóvenes de 13 a 
17 años, sobre todo varones, pueden ser un arma de dos filos. Vale 
más incluir en los tratados didácticos de higiene y de profilaxis ge- 
neral el capítulo que falta en ellos. No hay que olvidar que de 13 
a 17 años es la edad peligrosa . . . podría ser jugar con fuego. 

Sobre estas cuestiones, en lo que se refiere a las jóvenes, habría 
que detenerse un poquillo sobre un punto muy delicado pero nece- 
sario. . . quiero hablar de ciertas prácticas como aquéllas de las 
“demi - vierges”. . . Es desesperante la cantidad de muchachas que 
consienten estas prácticas que las llevan después a nuestras clínicas, 
contagiadas o grávidas, y convencidas sin embargo que de aquéllo 
no podía ser. Es necesario que sepan las consecuencias de esos semi- 
abandonos, consentidos muchas veces por el engaño de una falsa 
seguridad. . . 

Si en lo que se refiere a libros y folletos entiendo que es ne- 
cesario una gran prudencia en su elección, reconozco que los hay 
verdaderamente de aconsejar. Aquéllos que tocan las cuestiones mo- 
rales estarán muy bien colocados junto a otras lecturas de moral 
general. Pero estas lecturas, insisto en ello, serán tanto más efi- 
caces cuanto mayor habrá sido la preparación' previa de la educación 
“sexual” de la escuela primaria, según el concepto de ella que hemos 
venido exponiendo. 

El hermoso folleto del Dr. Pinard “A la juventud, para el por- 
venir de Francia”; la noble exhortación del profesor Calmette “Lo 
que es necesario decir a nuestros jóvenes”; aquélla del Dr. Paul 
Good, “Higiene y Moral”, escritas todas ellas para los varones; y 
para las niñas las bellísimas páginas de la Sra. Pieczniska y Leroy 
Aliáis (1) las de la Sra. Jaeger-Smith; las destinadas a ambos se- 
xos como la “Initiation sexuelle”, del Dr. Bessede; hablando al 
mismo tiempo de Higiene y de moral; son altamente recomendables 
como lecturas complementarias a una enseñanza metódica de la mo- 
ral y de la higiene, tal como he tratado de esbozarla. 

En tanto que esta enseñanza no haya sido sistematizada, los 
folletos mencionados y otros del mismo estilo, prestarán servicios 
importantes. 


(1) La obra de Mme. Leroy-Allais, titulada “Como he instruido a mis 
hijas en las cuestiones de la maternidad”, fué traducida al español por el 
Dr. Emilio Coni, de Buenos Aires, y reproducida por gestiones mías, con 
permiso del autor, en los Anales de Enseñanza Primaria y Normal. 



118 


Paulina Luisi 


La enseñanza dada a los jóvenes será útil también para los adul- 
tos. “No hay que olvidar la acción refleja de la escuela sobre la fa- 
milia por intermedio del niño”, decía yo en una conferencia sobre 
enseñanza sexual, en la Universidad de Montevideo, (1919). (1) 
Me he alegrado al encontrar las mismas ideas en el programa 
de higiene social de 1921 del Dr. Sicard de Plauzolles, para su cur- 
so de la Sorbona. “Por medio de nuestros jóvenes haremos pene- 
trar la higiene en las familias, y la juventud educará a los adultos”. 


(1) Plan y Métodos de Enseñanza Sexual. Conferencia, 1919. Paranin- 
fo de la Universidad de Montevideo. Es el Título III de este libro. 



CAPITULO XIII 


Esbozo de un programa sintético de ética sexnal para cursos 
secundarios y post-escolares de ambos sexos 


Nos permitimos trazar una enumeración de los asuntos que a 
nuestro entender debe contener un programa de ética sexual, para 
estas lecciones en los cursos secundarios y post-escolares. 

1. — El respeto para consigo mismo. 

2. — Acción de la vida metódica higiénica y morigerada sobre 

el apetito sexual. 

3. — Importancia de los deportes y ejercicios físicos como me- 

dio de conservación de la moralidad física. 

4. — Necesidad de la castidad en los jóvenes. 

5. — Unidad de la moral. Doctrina funesta y antisocial del 

“mal necesario”. 

6. — La doctrina del placer. Graves consecuencias de la irres- 

ponsabilidad que de ella se derivan. 

7. — Influencia perniciosa de las lecturas licenciosas y de las 

imágenes y conversaciones libertinas, sobre la moralidad 
personal, física y espiritual. 

8. — Respeto a los demás. 

9. — Respeto a la Mujer -Madre: La maternidad es la más 

alta función de la vida. 

10. — Seducción e incitación masculinas. 

11. — Seducción e incitación femeninas. Modas y modales pro- 

vocantes. 

12 . — Deberes entre sí de los co - autores en el acto sexual ; la 

contaminación sexual es un delito. 

13. — Deberes y responsabilidades de cada uno de los actores, 

cuando el acto sexual es fecundo. 

14. — La trasmisión de las enfermedades y taras hereditarias. 

15. — Certificados prematrimoniales de salud. 

16. — Derechos naturales y sociales del niño. 

17. — Maternidad y paternidad ilegítimas. 

18. — Abandono del niño. Investigación de la paternidad. Acción 

jurídica obligatoria del Estado. 

19. — Sentimiento de familia. Deberes familiares. 

20. — Solidaridad social y racial. 



CAPITULO XIV 


Preparación de los educadores 


\ 

De aeuerdo con el plan trazado en esta exposición, la verdadera 
enseñanza sexual es función de la escuela. (1) 

Esto no significa que los padres no tengan también una gran 
misión que desempeñar. Pero la educación de los padres está casi to- 
da por hacerse, en cuanto a su función de educadores. 

Cada padre debería ser un maestro. Aspiración que está muy le- 
jos aún de poder ser realizada. 

Por el momento nos ocupamos de los educadores profesionales, 
maestros y profesores. 

Lógicamente éstos deberán completar sus estudios docentes agre- 
gando la pedagogía de esta nueva enseñanza. 

Deberán pues tener conocimientos y preparación completa en: 

Historia natural íntegra, zoología y botánica, anatomía y fisio- 
logía humanas íntegras, sin olvidar órganos y funciones de repro- 
ducción. 

Higiene y profilaxis (comprendidas las cuestiones sexuales). 

Eugenética y eugenesia. 

Puericultura. 

Etica y deontología sexuales. 

Pedagogía de la voluntad. 

Metodología, comprendiendo la metodología de la enseñanza se- 
xual, tanto en la parte científica como en la parte moral. 

Pero no basta. 

Se deben organizar cursos especiales para aquéllos que deben 
ocuparse de los niños: padres y madres en primer término; y todos 
los adultos en general, que serán llamados a serlo cumpliendo las 
leyes de la Vida. 

La acción educacional debe continuar más allá de la escuela. 

En muchas ciudades europeas se han establecido organismos pa- 
ra - escolares de todo orden ; hay que tratar de continuar los vínculos 
entre los ex-alumnos y la escuela. 

Visitando muchas de estas obras, se me ha ocurrido que, en nues- 
tro país, sería obra de interesantes proyecciones y de trascendental 


(1) Este capítulo está implícitamente desarrollado en toda esta expo- 
sición. Ha sido escrito para cumplir el cuestionario trazado para el infor- 
me del Congreso de Higiene Social y Educación Profiláctica de París en 
1923. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


121 


importancia, la creación de algunos de estos organismos, con objeto 
de establecer una coordinación de acción entre la escuela y la fa- 
milia. 

Tomando ejemplo en las reuniones festivas del domingo, como 
las realizaba la Comuna Socialista de Milán, (1) podríase organizar 
periódicamente, en cada centro escolar, reuniones mitad recreativas, 
mitad instructivas, en las que los padres fueran preparándose a se- 
cundar la obra educacional de la escuela. Con toda facilidad, cabría 
entonces en ella la preparación de la familia a las cuestiones que 
para facilidad de exposición hemos englobado con el nombre de ‘ ‘ en- 
señanza sexual”. (2) 

Conferencias educativo - instructivas a los padres, completarían es- 
ta reforma educacional que venimos estudiando. Cada vez que sobre 
ella reflexionamos encontramos que merece mayor importancia, por- 
que su realización dentro de la higiene y de la deontología y ética 
social, está llamada a ejercer una reforma fundamental, tanto en el 
equilibrio de la sociedad como para servir de salvaguardia a la sa- 
lud y al porvenir de la especie humana. (3) 


(1) Las visité en 1922 con motivo del Congreso de Protección a la In- 
fancia, realizado en aquella ciudad, al cual llevé la honrosa representa- 
ción de la Municipalidad de Montevideo. Muy intersada por ellas, pues las 
conocía por informes y publicaciones. 

(2) En mi Conferencia “Plan y Métodos de enseñanza sexual”. Título 
III, he desarrollado otros puntos de vista sobre este mismo sujeto. 

(3) Esta página pertenece al informe sobre enseñanza sexual, presen- 
tado al Congreso Médico Nacional de Montevideo, 1921., 



FUNCION SjaUAL : RKPROUUCCXON 



SUBLIMACION DLL SENTIDO DE LA VIDA 




CAPITULO XV 


Proposiciones y votos 


A 

Presentados al Congreso de Propaganda de Higiene So- 
cial y Educación Profiláctica Sanitaria y Moral. París, 1923. 

I 

La enseñanza sexual es la acción pedagógica que tiende a so- 
meter el instinto sexual a la acción de la -voluntad bajo el contralor 
de la inteligencia instruida, consciente y responsable. 

Comprende pues tres factores de igual importancia e indisolu- 
blemente unidos: 

1. 9 ) La educación de la conciencia moral aplicada a la respon- 
sabilidad individual y social, y basada sobre la formación del Mbito 
de someter las voliciones (fuerza ejecutiva) al contralor de la re- 
flexión, la conciencia y la responsabilidad (fuerzas deliberativas). 

2. 9 ) La instrucción científica o adquisición de los conocimientos 
necesarios a la inteligencia para ejercer la dirección y el contralor de 
la voluntad, es decir el conocimiento de la vida y de sus leyes, re- 
lativas a todo el organismo y aplicadas a la sociedad y a la especie. 

3. 9 ) La instrucción moral es decir la enseñanza de la ética y 
la deontología individuales y sociales en su parte relativa a las cues- 
tiones sexuales. 


II 

La educación sexual debe comenzar con el primer despertar de 
la inteligencia y proseguirse desde la escuela maternal durante i tro- 
la duración de la época escolar, llegando incluso a los cursos licea- 
les y post-escolares de “maturité”. 

III 

Es a la vez función de la familia y de la escuela, lo mismo que 
el resto de la enseñanza primaria; la escuela y la familia deben co- 
laborar a la misma finalidad. 



124 


Paulina Luisi 


IV 

La instrucción sexual científica y moral es función de la ense- 
ñanza organizada: escuelas primarias, secundarias, escuelas noctur- 
nas, cursos post-escolares, etc., etc. 

En consecuencia los conocimientos comprendidos en lo que se 
ha llamado “ enseñanza sexual” del) en ser suministrados por las per- 
sonas encargadas del resto de la enseñanza. 

V 

La enseñanza de las cuestiones sexuales debe ser progresiva des- 
de la revelación de los fenómenos más sencillos de la generación has- 
ta la profilaxis de las enfermedades sexuales, la eugenética, la pue- 
ricultura, la eugenesia y la ética sexual. 

VI 

m 

La enseñanza de la moral sexual debe ser paralela y concomi- 
tante con la de las ciencias naturales, de la que deducirá sus princi- 
pios, durante todo el tiempo de la escuela primaria. 

VII 

La enseñanza sexual no debe existir como disciplina especial ni 
en la parte de educación ni en la de instrucción: los conocimientos 
que abarca deben estfir fusionados en las disciplinas a las cuales per- 
tenecen. amalgamados con el resto de las nociones correlativas aná- 
logas, diseminados en los programas de historia natural, fisiología r 
anatomía, higiene, profilaxis y moral. 

VIII 

Por lo tanto, los conocimientos comprendidos bajo el nombre sin- 
tético de “enseñanza sexual”, deben ser suministrados siguiendo ^ 
método pedagógico llamado “concéntrico” desde los primeros años 
de la escuela primaria hasta los cursos superiores, sin admitir en 
lo que se refiere a los niños y a los adolescentes especializaciones de 
ninguna clase que los diferencien, del resto de las nociones com- 
prendidas en los programas escolares, ni como disciplina, ni como 
método, ni como personal docente. 

En una palabra la enseñanza sexual debe desaparecer como es - 
pecialización : sólo debe existir la enseñanza integral. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


125 


IX 

Bajo ningún pretexto debe darse una enseñanza especialmente 
distinta a las que se emplea en el resto de la enseñanza. Las pro- 
yecciones luminosas, presentación de imágenes, visitas a Museos es- 
peciales, lecturas y folletos ad-hoc serán utilizadas en cuanto lo sean 
también para el resto de la enseñanza. 

Las conferencias y cursos “extemporáneos” sobre las cuestiones 
sexuales son absolutamente condenables como procedimiento de ense- 
ñanza durante la infancia y la adolescencia, y en general hasta el 
fin de los cursos escolares. 


X 

En consecuencia, las cuestiones comprendidas en lo que se llama 
enseñanza sexual deben estar a cargo de las personas encargadas de 
la enseñanza: maestros y maestras en las escuelas primarias, profe- 
sores en la enseñanza secundaria y normal. Para estas últimas serán 
los profesores de las disciplinas a las cuales pertenecen las cuestiones 
sexuales, quienes se encargarán de su enseñanza. 

XI 

Ninguna diferencia debe establecerse en la enseñanza de los dos 
sexos, ni como educación ni como instrucción. Las escuelas de va- 
rones y de niñas deben tener los mismos programas mientras no se 
alcance la aspiración de la educación racional: lo ooeducación. 

XII 

Dado que la introducción de la reforma chocará con numerosos 
prejuicios; dado que por largo tiempo aún la familia no estará en 
condiciones de colaborar con esta nueva misión de la escuela; dado 
que numerosos padres y otras personas se oponen a la reforma pre- 
tendiendo que el personal enseñante no está preparado para llevarlo 
a cabo: 

1. 9 ) Se agregará, en los cursos correspondientes de las Escuelas 
Normales el estudio de lo? órganos y las funciones de la generación, 
de la puericultura, de la eugenética, de la eugenesia y de la ética 
y deontología sexuales. 

En la enseñanza de la pedagogía se agregarán los capítulos re- 
lativos a la pedagogía sexual. 

2. 9 ) Se organizará en todas las escuelas secundarias y estableci- 
mientos post-escolares, cursos generales de higiene individual y so- 



12 6 


Paulina Luisi 


cial, en los cuales se introducirá el estudio de las cuestiones sexua- 
les en la forma indicada en el parágrafo VII. 

3. 1 * * * * * * * 9 ) Se organizará en todas las escuelas nocturnas para adultos 
de los dos sexos, cursos generales obligatorios de higiene, de profi- 
laxis y de ética sexual. Se agregará la enseñanza de puericultura y 
nociones de eugenesia. 

4. 9 ) Igualmente se organizarán cursos elementales y conferencias 
de pedagogía sexual paradlos padres y madres de familia. 

5. 9 ) Es de desear que todas las agrupaciones populares orga- 
nicen conferencias para adultos sobre las cuestiones más arriba apun- 
tadas. (1) 


B 

Presentados al Segundo Congreso Médico Nacional del 
Uruguay. Montevideo, 1921. 

I 

La enseñanza sexual o genésica, comprende tres capítulos de 
igual importancia social: 

a) La educación moral aplicada a la responsabilidad individual 
y social. 

b) La enseñanza científica aplicada a la historia natural y a 
la higiene, en lo que se refiere a los fenómenos de la generación. 

c) La enseñanza de la deontología social en la parte relativa a 
las cuestiones sexuales (ética sexual). 

II 

Desde el punto de vista médico que ocupa especialmente la aten- 
ción de este Congreso, la enseñanza sexual debe ser considerada eo- 


(1) Las proposiciones de este Ensayo son más o menos las mismas, 

y de cualquier modo responden al mismo criterio que las que he 

expuesto en el Congreso del Niño, Buenos Aires 1916; Conferencia en la 
Universidad de Montevideo, 1919; Conferencia en la Universidad de Oslo 

con motivo del Congreso del Consejo Internacional de Mujeres, 1920; Con- 

ferencia en la “Maison du Peuple”, Lausanne, 1920; En el Ateneo de Ma- 
drid, y la Universidad de Coimbra, 1921; Congreso Médico Nacional, Mon- 
tevideo, 1921; 3er. Congreso Americano del Niño, Río Janeiro, 1922; Con- 
greso de Higiene Mental, Río Janeiro 1936; Jornadas Antivenéreas, Buenos 

Aires, 1935-1942; y otros congresos que en los que he sostenido siempre e 
invariablemente la misma tesis, y en los que se que han fortalecido mis con- 

vicciones en las numerosas discusiones a que aquéllos han dado lugar. En el 

momento de imprimir este libro, veinte años después, no encuentro nada en su 

texto que me parezca deba ser cambiado, ni alterado. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


127 


mo un factor de capital importancia en la profilaxis de las enferme- 
dades venéreas. 

En consecuencia: 

Es imprescindible y urgente, tanto desde el punto de vista mo- 
ral como del higiénico y profiláctico, que la enseñanza sexual entre 
a formar parte de los programas educacionales. 

III 

La enseñanza sexual debe abarcar todas las edades de la vida 
escolar, desde las primeras clases de la escuela primaria, liceos, es- 
cuelas profesionales, enseñanza secundaria, cursos nocturnos para 
adultos, hasta las Facultades superiores. 

IV 

La enseñanza sexual debe ser progresiva, desde la revelación de 
los más simples fenómenos de la generación hasta la profilaxis de 
las enfermedades sexuales. 

La parte de conocimientos científicos y la parte relativa a la 
educación moral y social, deben estar indisolublemente ligadas, du- 
rante toda la progresión de esta enseñanza. 

V 

La pedagogía sexual o genésica, no debe formar capítulo aparte 
en los programas de enseñanza; antes, por el contrario, para ser efi- 
caz. debe quedar amalgamada dentro de la masa de los conocimientos 
programados. 


VI 

La pedagogía sexual corresponde por igúal a la familia y a la 
escuela, siendo función de ambas y en las mismas condiciones que 
el resto de la enseñanza. 


VII 

Teniendo presente que se trata de un nuevo concepto de ense- 
ñanza; dado que su aplicación debe remover cantidad de precon- 
ceptos establecidos; atento a que la mayoría de los padres no están 
todavía, ni estarán por algún tiempo aún, en condiciones de produ- 
cir esta enseñanza en una forma eficaz; 

Atento, por otra parte, a que la mayoría del personal docente 
opone una fuerte resistencia a la introducción de este capítulo de- 



128 


Paulina Luisi 


la pedagogía en la práctica escolar alegándose que tampoco el per- 
sonal docente está preparado para ella, 

Debe establecerse en los programas de las escuelas normales la 
enseñanza de la pedagogía y la moral sexual; 

A 

El Segundo Congresó Médico Nacional, declara: 

* 

I 

Que las autoridades educacionales deben incluir en los cur- 
sos de pedagogía de las escuelas normales en los capítulos concernien- 
tes a la moral, historia natural e higiene, la parte didáctica relativa 
.a la educación sexual y eugenésica. 

II 

Que en todos los programas de historia natural, desde la 
•escuela primaria hasta la Universidad, debe enseñarse la historia na- 
tural tal cual es, sin mutilar ninguna de sus partes — esto es — 
debe enseñarse la totalidad de las funciones del organismo vegetal y 
animal. 


III 

Que en todos los liceos y establecimientos de enseñanza se- 
cundaria deben establecerse con carácter de obligatoriedad cursos ge- 
nerales de higiene individual y social, incluyendo en ellos la profi- 
laxis de las afecciones venéreas y los conocimientos de deontología 
social relacionados con ella. 


IV 

Que deben establecerse cursos obligatorios de higiene gene- 
ral, profilaxis venérea y deontología social, en los cursos nocturnos 
para adultos, hombres y mujeres. 


V 

Que deben organizarse conferencias populares, para los pa- 
dres y las madres, sobre nociones elementales de pedagogía e hi- 
giene sexual. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


12 9 


VI 

Que estas conferencias deben extenderse a todas las agru- 
paciones populares, sociedades recreativas y sportivas, etc., etc., en- 
lazando siempre las nociones de higiene y profilaxis con las de mo- 
ral privada y social. 


B 

El Segundo Congreso Médico Nacional, resuelve: 

Que una Comisión nombrada por el mismo Congreso se apersone 
a las autoridades educacionales del país, e interponga la influencia 
del Cuerpo Médico Uruguayo para que se lleven a cabo, con la ur- 
gencia que demandan, las conclusiones adoptadas. 

* * 

El Congreso votó la parte A de las conclusiones y la parte B 
cambiando los dos últimos renglones por el texto siguiente : . . . “ del 
Cuerpo Médico Nacional para que se introduzca en la enseñanza pú- 
blica, las nociones de moral, historia natural, higiene, profilaxis y 
deontología social que para facilidad de expresión se sintetizan con 
el nombre de “Enseñanza sexual”: (redacción que yo misma pro- 
puse para arribar a algo efectivo). 




TITULO III 


Plan y Métodos de Enseñanza Sexual 


CONFERENCIA DICTADA EN LA UNIVERSIDAD DE MONTEVIDEO EN 1919 (1) 

No se pueden prevenir o curar ni los males 
sociales ni las enfermedades corporales, sino se 
habla de ellas claramente. 

Stuart Mili . 


PREAMBULO 

Al abordar este tema, y otros que le están íntimamente vincu- 
lados, como son todos los que constituyen el programa de nuestra 
Federación Abolicionista, sé que he de chocar con muchos viejos 
conceptos que las costumbres y los prejuicios han establecido como 
principios indiscutibles. 

Hace cerca de dos años he emprendido en el Río de la Plata 
la campaña abolicionista, consecuente con los deberes que me im- 
pone la Federación Abolicionista Internacional a que pertenezco y 
fiel a los compromisos contraídos en el Congreso de Portsmouth de 
1914, con las personas dirigentes de ese centro internacional difun- 
dido en Norte América y en los principales países europeos. 

Y desde que he emprendido la tarea señalada, sé que no me 
han sido escatimadas ni críticas ni censuras. 

Y es la principal de todas ellas, el hecho de que, mujer y to- 
davía joven, haya tenido el atrevimiento de abordar sin mojiga- 
terías y sin prejuicios este problema tan delicado y escabroso que 
estudia el abolicionismo, tan vinculado al éxito de la doctrina de 
la Unidad de la Moral como que es su instrumento eficaz: la ense- 
ñanza sexual o biológica. 

Hace ya trece años, en 1906, fui tildada de revolucionaria y 
anarquista, por haberme atrevido a proponer a alguna de las auto- 
ridades de la entonces Dirección de Instrucción Pública, la intro- 


(1) Publicada en “Anales de Instrucción Primaria”, Organo de la Di- 
rección General de Enseñanza Primaria y Normal; en el N.9 del 4 de abril 
de 1922, año XIX, Montevideo; en la Revista “Acción Femenina”, N.V del 
27 marzo de 1920, tomo IV, año IV, Montevideo; en “Tribuna lábre”, NV 
64, del 11 febrero de 1920, Buenos Aires, y en folleto separado. 



132 


Paulina Luisi 


dueción de algunas nociones de enseñanza sexual en los progra man 
de las escuelas normales y de tercer grado. 

Ni entonces ni ahora he cejado en mis esfuerzos. Es que ni las 
alabanzas me ensoberbecen ni me arredran las censuras. 

Nunca vi en las primeras más que el estímulo para proseguir 
y en las últimas he encontrado el necesario contrapeso a irreflexivos 
entusiasmos, que hace pensar y meditar . . . Sobre ellas acostumbro 
detener mi atención para buscar lo que de justo y razonable puedan 
ellas tener y para rectificar la orientación del pensamiento en su 
vuelo apasionado hacia el ideal de una sociedad mejor. Oídas las 
censuras y criticadas por la reflexión severa, prosigo impertérrita la 
ruta que me he trazado en la vida, y, sin ridiculas bravatas ni este- 
rilizantes temores; continuó fiel a mi divisa que me permitió un 
día, la primera entre todas las mujeres del Uruguay franquear las 
puertas de los claustros universitarios para dejarlas abiertas a las 
que siguieron después: “Fais ce que dois, advienne que pourra”. 

A vosotras, señoras, que habéis tenido la buena inspiración de 
venir con vuestra presencia a indicar a nuestros hombres que hay 
ya, entre nosotros, un grupo de mujeres que conoce y sabe cumplir 
los nuevos deberes y las nuevas responsabilidades que las socieda- 
des evolutas imponen a nuestro sexo, a vosotras, os pido que lle- 
véis las buenas enseñanzas que aquí habéis oído a las que no pu- 
dieron o temieron oír la palabra de los nuevos y sanos conceptos 
educativos y morales. 

Las que hemos sabido o podido emanciparnos de las cadenas 
con que el prejuicio esclaviza las conciencias femeninas, tenemos el 
deber de hablar alto y sereno — sin osadías y sin temores — tene- 
mos el deber de afrontar con elevación los nuevos deberes que nos 

hemos creado y exponer nuestro credo y nuestros ideales, cueste lo 
que cueste, porque solamente cada una de nosotras es capaz de va- 
lorar, dentro de su foro interior, el esfuerzo que ésto puede signi- 
ficarle, y el peso de la convicción que nos arrastra hacia la luz. 

Vamos, pues, hacia esa luz, negando nuestras miradas a los 
obstáculos del camino, si no es para franquearlos, porque nuestros 

ojos no deben ver más que el luminoso fanal de la verdad que bri- 

lla en lontananza. 

Vamos hacia él con convicción y con pureza. 

En la conquista del Bien y de la Verdad no estamos seguros 
de no cometer errores, pero podemos afirmar que no cometeremos 
jamás deshonores. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


133 


A 

enseñan 2a sexual 

Callar la verdad, decía ese gran cerebro que se llamó Adolfo 
Thiers, es ocultar el mal, pero no es suprimirlo. 

Nunca como a propósito del tema que estudiamos, tuvieron más 
valor, las palabras del eminente político francés. 

En la educación de nuestros niños, deberíamos ir buscando eui- 
' dadosamente de enseñarles las nociones más justas y necesarias de 
la vida, deberíamos tratar de habilitarlos para su actuación futura 
en el seno de la colectividad de que forman parte y esmerarnos en 
inculcarles todo aquéllo que les acerque al Bien y a la Verdad. 

Debería ser ésta la preocupación constante del educador, sea 
padre o maestro, y ella debería ser también la de quienes dirigien- 
do la enseñanza pública, marcan su rumbo a las sociedades futuras 
en la forma cómo se preparan las generaciones que habrán de cons- 
tituirlas. 

Pero cuando la enseñanza llega a rozar los conocimientos atin- 
gentes a la generación, un inexplicable retroceso detiene las claras 
tendencias de la pedagogía moderna, y por un acuerdo tácito, padres 
y maestros retrotraen sus augustos deberes a las prácticas funestas 
de la mentira y de la fábula. 

Nace de esta manera en el espíritu del niño un antagonismo 
funesto y malsano entre la Verdad que se le enseña a investigar, 
educando la observación y el raciocinio, y las falsas nociones que 
el sistema de la ocultación y la mentira obligan a afirmar dogmáti- 
camente cuando se trata de las cuestiones relativas a la generación. 

De este antagonismo que intuitivamente es alcanzado por el 
espíritu del niño, nace la curiosidad y el natural deseo de saber, 
estimulado por el misterio que ocultan estas cuestiones y aguijo- 
neado por el sentimiento del fruto prohibido — porque es un pos- 
tulado en la educación actual, que de estas cosas es prohibido hablar . . . 

Misterio, prohibición, engaños . . . qué acicate más fuerte puede 
pedirse para estimular la atención del niño hacia lo que se le pre- 
tende ocultar. . . ? 

Es precisamente esta falsa noción pedagógica la que pide ser 
rectificada. Son también las consecuencias a veces terribles que de 
ella se derivan, las que lo reclaman. 

Durante toda la edad escolar, es decir, hasta la adolescencia, 
los fenómenos de la generación son considerados como no existentes 
en las ciencias naturales que se enseñan en las escuelas. Durante 
toda esa época de la vida, son también considerados como no exis~ 
tente s para el niño los acontecimientos morales con que deben re- 
girse las relaciones entre los sexos, aparte algunas falsas nociones 



134 


Paulina Luisi 


de pudibundez y mojigatería y no digo, exprofeso, de pudor ni de 
pureza. 

De las relaciones entre los seres humanos sólo se habla como si 
se tratase de seres asexuados o como si en el transcurso de la vida, 
viviera cada uno de los sexos separada y aisladamente. 

En la misma enseñanza de los deberes morales de la familia se 
estudia y se enseña sobre falsos principios las grandes, las nobles 
vinculaciones entre padres e hijos, entre hombres y mujeres. 

El adolescente es luego lanzado a la vida y se encuentra con 
que todo ese andamiaje de moral que se elevó en su cerebro, no 
responde para nada a las exigencias reales ni a las contingencias 
de la vida. 

Peor aún, el adolescente, en un alto porcentaje de los casos, se 
encuentra abandonado, desamparado ante a las incitaciones de la 
vida, porque la mayor parte de los niños — toda la clase obrera y 
proletaria — , dejan el banco de la escuela por la fábrica o el taller 
en una edad en que sus cerebros no han alcanzado aún siquiera una 
mediocre comprensión de la vida. 

Se encuentran librados a sí mismos en un medio del que apren- 
dieron sólo falsas nociones, cuando debieron ser enseñados a la ver- 
dad, cuando debieron ser rectificados en su espíritu los malos o vi- 
ciosos conocimientos con que la promiscuidad o la calle salpicaron 
la pureza de sus almas. 

¿Qué extraño, entonces, es que el adolescente se entregue sin 
mayor violencia y sin mayores luchas a las incitaciones de la vida, 
sin que nada coarte sus instintos, sin que nada refrene sus ten- 
dencias, en una edad peligrosa en que nuevas funciones se despier- 
tan, en que desconocidas e inexplicables inquietudes traducen a la 
vida exterior los intensos fenómenos biológicos que se producen en 
su organismo y en la que las sugestiones del mundo lo empujan a 
la comisión de actos de los que ignora o conoce malamente la tras- 
cendencia profunda para la integridad de su cuerpo, para la inte- 
gridad de su alma, para la integridad moral de la colectividad en 
que se desenvuelve su existencia? En la irreflexiva entrega de sus 
cuerpo y de su alma a los placeres sexuales que llega a conocer 
antes de ser apto a las nobles funciones de que solo deberían ser 
estímulo, el joven ofende la integridad del cuerpo con la contami- 
nación de las espantosas enfermedades que contrae, aniquiladoras 
del individuo y de la raza; desorganiza la integridad de su alma 
y de los altos sentimientos morales que solo debería ella contener, 
con la frecuentación malsana de elementos que fueron de la misma 
manera corrompidos y que contagian su corrupción moral exten- 
diéndola así incesantemente a través de todas las edades. Las fal- 
sas nociones que de la realidad de la vida hemos dado a nuestros 
niños son las causantes primeras del mal que deploramos. 

Veo una sonrisa de burla o de ironía que pugna por dibujarse 



Pedagogía y Conducta Sexual 


135 


•en los labios de algunos de vosotros . . . detenedla un instante, antes 
de poco quizás, ella se transformará sobre los míos en la satisfecha 
sonrisa del éxito alcanzado. . . En otros días, y para otras cosas, así 
fué, y así será esta vez también, porque vamos hacia la Verdad que 
es luz, y ella se abre paso donde quiera. 

“La educación debe comenzar desde que el niño nace a la in- 
teligencia y ella debe ser hecha enseñándole “La Vida”, dice el pro- 
fesor pinard, el viejo, el sabio e irreemplazable puericultor, y la es- 
cuela no enseña “La Vida” al niño, aún cuando esa debería ser su 
más alta misión”. 

Esta es, en verdad, la noción que pretendemos incluir como no- 
ción primordial de la enseñanza, y sobre todo de la educación; la 
noción de La Vida en toda su augusta belleza y en toda su excelsa 
verdad, porque de la Verdad y la Belleza hemos de deducir las más 
hermosas normas de conducta que servirán de guía a través de la 
existencia, evitando tropiezos y sosteniendo desfallecimientos. 

Este concepto que quisiéramos ver sirviendo de base a los prin- 
cipios fundamentales de la educación popular, está comprendido en 
gran parte en lo que se ha llamado la Enseñanza Sexual o Biológica. 

B 

EDUCACION SEXUAL O BIOLOGICO - EUGENESICA 

Se está tan habituado a la exigencia social de una hipócrita 
disimulación en todo lo que se refiere a los fenómenos naturales 
de la generación, que en las palabras Enseñanza Sexual o biológico- 
eugenésica sólo se ve y se interpreta ¡lógica consecuencia de la mo- 
gigatería y del misterio! la parte relativa a lo que la “buena educa- 
ción” exige ignorar e impide referir. 

Así pues, cuando algnos espíritus más clarovidentes y menos 
timoratos se han atrevido a hablar de Enseñanza Sexual, todas las 
hipocresías, todos los perjuicios, todos los falsos pudores, aún de áque- 
llos que no los tienen verdaderos, se han rebelado, clamando contra 
el escándalo y la inmoralidad. 

La frase de aquel miembro de una alta corporación de nuestra 
enseñanza, que exclamara aterrado, hace aún muy pocos años, re- 
firiéndose a una de mis tentativas de Enseñanza Sexual: 

— “Péro esta señorita quiere enseñar prostitución en las es- 
cuelas!”. — 

pinta gráficamente el concepto mental que la mayoría de las 
gentes tiene de los que se llama en ética social la Pedagogía Sexual. 
No ven en esa enseñanza las profundas, las trascendentales proyec- 
ciones para las organizaciones sociales venideras, no ven los altos 
postulados morales que de ella se derivan, ni ven el principio de 
ética social que ella fundamenta. 



136 


Paulina Luisi 


De la absurda ocultación de los fenómenos naturales y del velo 
misterioso con que se intenta cubrirlos, nace una especie de hip- 
notismo mental que sólo permite al espíritu fijar su atención pre- 
cisamente sobre aquello que se pretende deber ignorar ... ¡ malsa- 
nos atractivos del pecado!... Háblese de enseñanza sexual y las 
educadas, sensatas y morales personas, bajo la sugestión hipnótica 
de su “buena educación” no pensarán más que en los fenómenos de 
la generación, y no en ¿odos, por cierto, sino en aquellos que traen 
a sus labios el picante sabor del fruto prohibido ya saboreado! 

En ese orden de ideas, es lógico que el buen señor de la refe- 
rencia se horripilara ante la escandalosa pretensión de enseñar esas 
cosas en la escuela. Y como para el señor del cuento, para muchos 
que han oído hablar y lo que es peor, que se permiten opinar so- 
bre este tema, sin conocerlo del todo, el gran libro de la enseñanza 
sexual comprende un solo capítulo: la profilaxis de las enferme- 
dades venéreas. 

Cuando hablan y oyen hablar de enseñanza sexual, entienden 
solamente las nociones necesarias al joven para precaverse de los 
contagios fatales de la vida libertina con los que, como en una 
revancha perversa, la naturaleza se venga sobre los que violan las 
leyes de la vida. Este concepto existe en muchas personas, aún en- 
tre gentes de estudio y así lo he oído exponer ¡parece increíble! a 
muchos maestros y a muchos médicos. 

No exagero..., hace poco tiempo, discutiendo este tema con 
un pediatra eminente, le preguntaba yo qué criterio seguía en esta 
enseñanza con su hijo. 

— “Cierto — dijo — , que es una enseñanza necesaria, porque claro 
¡ cómo va uno a pensar con tranquilidad que hoy o mañana se me 

va el chico por ahí y se me vuelve enfermo!”. — 

— “¿Y qué hizo usted?”. — 

— “Pues lo mandé a su médico, a quien había ya prevenido para 
que conversara con él y le diera algunas instrucciones...!” — 

Y el distinguido profesor está convencido en conciencia, que 
ha cumplido con sus deberes de padre, y ha dado a su hijo una 
buena enseñanza sexual. . . ! 

Este es el concepto que prevalece sobre la materia : maestros,, 
médicos sociológicos y pedagogos, al hablar de la enseñanza se- 
xual entienden pura y simplemente la enseñanza de las nociones 
de higiene y profilaxis venéreas. 

Algunos más avanzados, conciben que se deben agregar tam- 
bién algunas nociones sobre la generación, sobre el desarrollo del 
gérmen, del embrión y del feto, tal vez sobre los fenómenos del 
alumbramiento y . . . sobra ya con esto ! 

Así se explica cómo se asustan ante la idea bárbara de intro- 
ducir esas cosas en los programas escolares. Así se comprende cómo 



Pedagogía y Conducta Sexual 


137 


se eternizan las discusiones sobre quiénes deben dar esta enseñanza, 
sobre la incumbencia exclusiva de los padres, sobre las responsabi- 
lidades del maestro de abrir los ojos a los niños que va rato ya que 
los llevan abiertos, que ñan visto y saben malamente de qué se trata, 
pero que nada dicen, porque se les ba educado a callar ese tema: 
porque saben que de eso no se debe hablar, aunque conversen entre 
sí más frecuentemente de lo que conviene . . . 

Y así se comprende, decía, que se discuta quién debe dar esta 
enseñanza, si el padre, si el maestro, si el confesor, como lo pre- 
tende el abate malapert. 

Y así se comprende, que se pese cuidadosamente la edad en 
que debe hacerse esta enseñanza, ' porque ... no se quiere llegar de- 
masiado tarde y tampoco conviene madrugar . . . 

De ahí también que se proponga cursos especiales fuera de 
hora escolar, con el consentimiento expreso de los padres, en fin, 
que se haga de esta enseñanza sexual un asunto más grave por cierto 
que una cuestión internacional. 

Y dentro del pobre concepto que se tiene de la enseñanza se- 
xual, hay una aparente razón. 

Y más aún, con este criterio, se conciben los temores, las va- 
cilaciones, las dudas, las resistencias. Porque dentro de ese criterio 
se acercan mucho, mucho, a la frase del citado viejo señor; porque, 
con ese concepto, si no se le enseña al niño la prostitución, se le 
enseña más o menos veladamente, cómo puede o cómo debe fre- 
cuentarla con el mínimo de riesgos. 

Disimulad si mis palabras tienen demasiada crudeza, hay co- 
sas que no admiten circunlocuciones, hay cosas que deben ser de- 
claradas brutalmente, porque responden a conceptos brutales. 

Ah!, si fuera ese el concepto de la enseñanza sexual, no ha- 
bríamos, por lo menos las mujeres, no habríamos perdido una sola 
vibración de nuestro pensamiento para defender su causa! 

Ese alcance miserable que se quiere dar a esta noble ense- 
ñanza la desvirtúa como tal, porque la transforma en un pacto 
vergonzoso entre la educación y el vicio ; porque transforma la más 
noble de las concepciones pedagógicas en una repugnante conni- 
vencia entre la virtud que se predica y el libertinaje que indirec- 
tamente se autoriza! 

Es decir que levantamos el nivel moral de nuestros niños, que 
trabajamos pacientemente durante años y años para formar su co- 
razón y enaltecer su espíritu, y llegados a la edad en que deben 
florecer nuestros desvelos habría que decirles: 

“He ahí el fango que hemos fabricado para tus placeres, he aquí 
el modo de aprovechar sin riesgos sus funestas tentaciones’” ! 

La enseñanza sexual se transformaría con ese concepto, en la 
enseñanza de la inmoralidad sin riesgos!!! 



138 


Paulina Luisi 


Pero eso no es lo que queremos! No es eso, ciertamente, el con- 
cepto que, los que hemos estudiado y meditado este punto, nos he- 
mos formado ! 

La enseñanza sexual es mucho más vasta, más trascendente que 
el simple conocimiento de determinadas funciones que cumple o no 
cumple el organismo, o que el conocimiento de nociones de profila- 
xis y de higiene. 

Hay en este tema conceptos más complejos y más elevados; hay 
la enseñanza de la verdad cuando se estudian las ciencias natura- 
les; hay también, cierto es, la enseñanza de la higiene de las fun- 
ciones atingentes a la generación y la profilaxis de las enfermedades 
que ellas pueden producir, como hay en toda la enseñanza, nociones 
semejantes a propósito de todos los órganos y de todas las funcio- 
nes; hay el estudio de las relaciones entre la vida física y las fun- 
ciones naturales, la acción de los ejercicios físicos y los trabajos ma- 
nuales sobre las excitaciones sexuales, los conocimientos necesarios 
al cuidado de la descendencia, y por encima de todo, hay un mag- 
nífico capítulo de ética social y una evolución completa que reali- 
zar en los postulados de la moral colectiva. 

Hay que establecer, pues, dos grandes capítulos en la llamada 
Enseñanza Sexual: la instrucción sexual que corresponde a los co- 
nocimientos científicos relativos a la materia, y la educación sexual 
que, penetrando en los dominios de la ética encierra en sus leccio- 
nes el evangelio de una nueva moral, basada en el respeto humano 
y en la responsabilidad individual dentro de la vida colectiva, edu- 
cación que debe desarrollar, como fundamentales para el cumplimien- 
to de la moral que enseña, dos grandes y poderosas virtudes: la fuer- 
za de la voluntad; el carácter y el sentimiento de la responsabilidad. 

— “Yo quisiera — dice foster, — con mi mayor energía, po- 
neros en guardia contra la exageración de la enseñanza puramente 
intelectual de esta cuestión”. 

“Del general frenesí de placeres de nuestra época ha nacido la 
idea pedagógica de la instrucción sexual, cuya necesidad no pienso 
discutir, pero a la que, en lo complejo de la enseñanza sexual, creo 
debe darse solamente una importancia secundaria, aunque para mu- 
chos pedagogos modernos sea el punto esencial de la cuestión”. 

“Para mí, continuar la idea tan unánimemente aceptada de 
que la depravación y la sobreexcitación sexual de la juventud mo- 
derna se debe a un imperfecto conocimiento de la cuestión sexual 
es un error verdaderamente peligroso: la verdadera y la sola causa 
de estos males, está en la espantosa decadencia de la educación del 
carácter y de la voluntad . . . 

“Por eso, la defensa de la juventud contra los peligros sexuales 
es una cuestión de fuerza moral más que una cuestión de saber. . . ”. 

“La pedagogía sexual debe ser en primer lugar la pedagogía 
de la voluntad*’. — 



Pedagogía y Conducta Sexual 


139 


Entremos algo más en los detalles y perdóneseme de insistir en 
«lio, pues cada vez que de ésto se habla, se oye la siguiente pre- 
gunta: ¿qué cosas quieren enseñar?; ¿en qué cosas se van a entre- 
tener?; ¿qué es la enseñanza sexual? 

Veamos, pues, qué comprende a nuestro juicio cada uno de los 
dos grandes capítulos de la pedagogía sexual. 

C 

INSTRUCCION SEXUAL 

Comprende este capítulo todas las nociones relativas con el te- 
ma, comprendidas en las ciencias naturales y sus derivadas, de 
acuerdo con la verdad de los hechos. 

En la enseñanza actual de las ciencias naturales, se acostumbra 
excluir de los programas todo lo que se refiere a las funciones de 
la reprodución. 

Se enseña historia natural, particularmente lo que toca a la 
zoología, y se suprime sistemáticamente todas las partes relativas 
a la reproducción; apenas se establece en el estudio de la serie uni- 
mal la distinción entre ovíparos y vivíparos. 

El nuevo concepto pedagógico pide que se enseñe la historia 

natural como es, que se enseñe que las funciones de la vida vege- 
tativa comprenden dos grandes grupos: las funciones de nutrición 
y las de reproducción. Y estos conocimientos deberán ser suminis- 
trados en la misma forma, con la misma amplitud y la misma pro- 
fundidad, para unas que para otras funciones sin establecer entre 
ellas la diferencia entre las que se pueden decir y las que se deben 
callar. 

Punciones unas y otras del organismo, como tales se deben es- 
tudiar, con la misma naturalidad, la misma pureza con que se es- 
tudian, por ejemplo, la& ciencias matemáticas: sin reticencias y sin 
“ar rieres pensées”, que son las que provocan la curiosidad malsana 
o las malignas intenciones. 

A la natural pregunta del niño : ¿ de dónde vienen los nenes ? 
contéstese con naturalidad la verdad al alcance de su mente. Al es- 
tudiar las series animales, al hacer el estudio de las órdenes zooló- 
gicas, establézcanse la distinción entre ovíparos, que nacen de un 
huevo y vivíparos, animales que también se forman dentro de un 
huevo, pero que se abre al tiempo de nacer. 

“El niño se forma también dentro de un huevo, en el vientre 
de su madre, y este huevo tarda mucho tiempo en formarse ... es a 
veces muy fatigoso para la pobre mamá . . . por eso cuando espera 
un hermanito, la véis tan fatigada, tan enferma... Las madres ha- 



140 


Paulina Luisi 


cen muchos sacrificios por sus hijitos queridos, pasan muchas, pe- 
nas, tienen .muchos dolores...’’ 

De esta lección de historia natural, podréis derivar una lección 
magnífica de amor y de moral, lección tanto más cálida y más pro- 
funda, cuanto que podréis hacer vibrar en el corazón aún tierno de 
los niños la fibra del amor filial, despertar el sentimiento del deber 
hacia la madre como una leve compensación de los dolores por ellas^ 
sufridos por ellos, despertar el sentimiento del respeto hacia 
todas las madres e inspirar en el hombre de mañana, el respeto que 
ay!, se pierde cada día más hacia la mujer en el ejercicio augusto 
de sus funciones maternales. 

Al cachafaz, que no falta alguno en todas partes, haréis bajar 
la cabeza y torcer la mal intencionada picardía, con un interroga- 
torio tranquilo sobre lo que se ha dicho. . . y aprovecharéis la emer- 
gencia para buscar las fibras de su alma ... los niños no son ma- 
los... pero muchos niños son mal educados... (1) 

Y si alguno de vosotros sonríe de mi entusiasmo, le diré como 

dijera cuando maestra: 

“Recuerda que eres hijo de mujer, y piensa que no hay dolores 
más atroces ni amor más infinito ni sacrificio más sublime que los 
dolores, el amor, el sacrificio de una madre; piensa en ella e inclina 
reverente tu cabeza a su recuerdo . . . ! 

Y volvamos a nuestra historia natural. Si el estudio de la zoo- 
logía abre el campo fácilmente a la explicación de los fenómenos 
de la generación, hay una materia que nos permite explicar ligera- 
mente, y con esto basta, los de la fecundación: es la botánica. 

Había en nuestros antiguos programas escolares el estudio de- 
tallado de la flor. . . dónde mayor poesía, y al mismo tiempo mayor 
verdad para enseñar, como sin quererlo, la fecundación?. En una 
inteligente combinación de ideas y reflexiones, pasa el maestro de 
la botánica a la zoología y a la fisiología, sin que, en la natural 
coordinación de las ideas y de los hechos haya lugar siquiera a una 
torcida o maligna comprensión. 

Y así, como sin quererlo, el maestro habrá dado las más escabro- 
sas nociones, esas que asustan, esas que escandalizan, sin que nadie 
haya tenido donde encontrar asidero a la inmoralidad . . . En la en- 
señanza de la higiene podéis con el mismo tacto y la misma discre- 
ción decir muchas cosas a los niños. 

Durante la inspección médica de los escolares, jamás pierdo oca- 


(1) Tuve ocasión de poner en práctica mi consejo en el Ateneo de 
Madrid, donde daba yo, una conferencia sobre este asunto, un grupo de 
mocitos “bien” quiso hacer una manifestación hostil, y yo, sin inmutar- 
me, como prosiguiendo la conferencia, les dirigí tal “andanada”, que con- 
cluyeron siendo los más entusiastas oyentes, y vi la emoción en más de 
una mirada. . . 



Pedagogía y Conducta Sexual 


141 


«ion de dar ciertas nociones de higiene a las niñas en la pubertad o 
en la prepurbertad . . . y puedo afirmar muchos casos de niñas to- 
davía impúberes que han contestado a mi interrogatorio prudente, 
sabiendo perfectamente a qué me refería y de qué se trataba. 

Antes de la edad funcional los niños tienen ya conocimiento de 
•ello . . . pero los tienen defectuosos, porque los han aprendido mala- 
mente. 

He hecho también algunas observaciones con los chicos y sé 
que con muchos de ellos se podía hablar perfectamente con serie- 
dad y con pureza . . . 

Tema más delicado, como el de las enfermedades sexuales, de- 
berá ser tratado al mismo tiempo que las otras plagas sociales, tu- 
berculosis y alcoholismo, insistiendo en los males que ellos causan 
al individuo y a la descendencia y la facilidad de sustraerse a ellas 
con el dominio reflexivo sobre los instintos... y tendréis nueva- 
mente motivo para tratar uno de los más hermosos capítulos de la 
ética sexual: el poder de la voluntad sobre el instinto... 

Enseñaréis al hombre de mañana la responsabilidad moral del 
individuo que llevado por sus pasiones e incapaz de dominar sus 
impulsos, perdida la integridad de su salud, comete, en un acto he- 
cho para dar la vida y que transforma en acto contaminador, el cri- 
men de destruir otra salud y envenenar otra vida, crimen tanto 
mayor cuanto que está exento de sanción en las páginas de nues- 
tros códigos. 

Aprovechad también la emergencia para narrar la brutal cos- 
tumbre nacida en una criminal ignorancia, — y para vergüenza nues- 
tra asaz difundida en nuestro pueblo, — que las enfermedades vené- 
reas se curan cuando se logra trasmitirlas a un organismo virgen! 

Cuántos crímenes de ese orden nos ha revelado la práctica pro- 
fesional ! 

Cuántos atentados de esa naturaleza podría citar con mis colegas. 

He visto criaturas contaminadas con ese objeto, he visto en el 
asilo un niño de diez y ocho meses contaminado así, por un indivi- 
duo que quería curarse. 

Hablaréis también de la herencia y mostraréis el delito de lesa 
humanidad del hombre que se expone a engendrar, sabiéndose por- 
tador de males trasmisibles a los hijos, y enseñaréis, al mismo tiem- 
po la herencia temible de la avariosis, la herencia de la tuberculosis 
del alcoholismo y de las taras mentales. 

Enseñaréis a nuestros hombres futuros y a nuestras niñas, la 
responsabilidad frente a la descendencia, del que contrae matrimo- 
nio o se expone a engendrar y le enseñaréis la palabra de los nue- 
vos deberes que le impone la generación que tiene el deber de pre- 
parar, y que tiene la obligación moral de entregar a la colectividad, 
con la mayor plenitud de vigor y de salud, porque nadie tiene el 
derecho, a cambio de un instante de placer, de condenar a la vida, 



142 


Paulina Luisi 


criaturas infelices destinadas desde la cuna a la enfermedad y al su- 
frimiento ! 

Hablaréis también del recién nacido, enseñaréis a las niñas los- 
cuidados que requiere, les daréis todas esas nociones de puericultura 
al alcance de sus cerebros juveniles, recordando como norma pe- 
dagógica que un cincuenta por ciento de las chicas que frecuentan 
las escuelas, de tercer año para arriba, son las verdaderas madres 
de sus hermanitos en lo que se refiere a la alimentación y a los 
cuidados. 

Me refería días pasados el Inspector Técnico que, visitando una 
Escuela de primer grado, es decir, de primer a tercer año, a la que 
concurren chicas de 6 a 9 años, preguntó cuántas eran las niñas 
que cuidaban a sus hermanitos: había más de cien! 

En nuestras escuelas se da algunas nociones sobre cuidados de 
los niños en 8A año escolar. Cuánto más provechoso sería comenzar 
algunas de esas nociones en tercer o cuarto año! 

Así de una manera aparentemente involuntaria, sin someterla 
a la rigidez del programa, lo que, por el momento, en esta primera 
edad de evolución del criterio pedagógico, sería contraproducente, 
podréis incluir esas diversas nociones que hemos sintetizado con el 
nombre de instrucción sexual, en las diversas asignaturas de nues- 
tros programas, mezcladas a las enseñanzas diversas que abarca el 
día escolar, y, sin levantar obstáculos quiméricos, habréis realizado, 
paulatinamente, una de las partes de nuestro programa de enseñanza, 
sexual. 


D 

ETICA SEXUAL 

En el capítulo de la ética sexual, que no puede separarse de la 
pedagogía sexual, hemos tocado ya algunos puntos que se han in- 
tercalado como consecuencia moral, en la parte de instrucción se- 
xual. f 

A propósito de las funciones naturales, entra en tela de jui- 
cio un grave problema moral planteado hasta hoy sobre bases que 
sabios y fisiólogos han declarado falsas. 

Se diee que llegado a la adolescencia la naturaleza crea al jo- 
ven nuevas funciones, cuya satisfacción es necesaria a la estática 
de su salud. 

No se habla de estas funciones para satisfacer el fin para que 
fueron creadas : no se trata de reproducir la especie ; para eso, el 
individuo es demasiado joven, no está desarrollado aún, no le con- 
viene todavía tener descendencia . . . pero . . . para satisfacer el des- 
pertar del instinto, es necesario, se diee, que “jeunesse se passe ” — 



Pedagogía v Conducta Sexual 


145 


Esta doctrina, funesta como ninguna para la ética social, la fa- 
mosa doctrina del mal necesario es la que, creando diversa moral pa- 
ra la mujer y para el hombre, ha dado origen al fruto malsano de 
la prostitución. 

Pero como no quiero que al hablaros de ella digáis que aprecio 
los hechos con un criterio femenino o feminista, dejo la palabra a 
ese médico eminente, que es a la vez un moralista admirable, el 
doetor Paul Good. 

En su insuperable obrita, “ Higiene et Morále”, que ha sido ti- 
rada a 100.000 ejemplares por el Gobierno Francés, para repartir 
a la juventud que se batía en el frente de batalla, tiene páginas ad- 
mirables para comentar este punto. 

“Sin duda, dice, yo sé que llegado a cierta edad una sangre 
más cálida hierve en las venas del adolescente. Así como en prima- 
vera la savia hace crugir las viejas cortezas y lleva la vida por el 
árbol entero, así también hay en el adolescente, en un momento da- 
do de su existencia, superabundancia de vida; pero él se equivoca- 
ría gravemente si creyera que es tiempo de ocuparse de la repro- 
ducción de la especie. 

“Que haga uso de esas fuerzas consagrándola a nobles activida- 
des, porque lo que necesita en este momento sobre todo, es perfec- 
cionarse en todas sus aptitudes físicas, intelectuales y morales, pa- 
ra estar preparado a afrontar sin debilidades las rudas luchas en 
que su existencia va a desenvolverse. 

“Pero, necesidades sexuales! no las tiene aún, y si desgracia- 
damente para él estas necesidades se despiertan, permítame decir- 
le que es porque les ha dado origen prematuramente. Es la lectu- 
ra de libros inmundos, cuyos autores han especulado sobre el vi- 
cio para asegurarse una venta fructuosa; es la frecuentación de ca- 
maradas más crecidos que él y que ruedan ya por las pendientes 
del vicio y que, frente a su inocencia y sus curiosidades, se glorifi- 
can de pretendidas buenas fortunas que no existen más que en sus 
imaginaciones desvergonzadas o que pertenecen a una categoría que 
no se debe nombrar. 

“Todas esas ocasiones que debería evitar, y que tal vez busca, 
son las que desvían en perjudicial sentido esa corriente de vida que 
corre por sus venas, y, para tener una excusa fácil ante su concien- 
cia y ante los demás, viene a hablarnos de sus pretendidas necesida- 
des” . 

“Lo que hay de más sorprendente, agrega el doetor Luis Compte, 
es que existan médicos que sostengan semejantes absurdos”. 

“Sin duda, se comprendería esta teoría en labios de vividores, 
de libertinos, que tratan de esa manera de legitimar su vida ante 
la moral, pero en boea de hombres que se supone hayan hecho es- 
tudios especiales . . . confieso que tal razonamiento me hace pensar 



144 


Paulina Luisi 


y. . . dudar sobre la capacidad de algunos discípulos de Esculapio. 
Se apoyan, acaso, sobre observaciones fisiológicas? Sobre experien- 
cias? De ninguna manera. Se apoyan sobre la tradición”. 

Pero, tranquilícese el doctor oomte respecto a las declaraciones 
de los médicos. 

El conocido fisiólogo mantegazza, ha dicho-, “no se ha visto 
jamás una sola enfermedad causada exclusivamente por la castidad”. 

La Facultad de Medicina de Cristianía (1) ha hecho la de- 
claración siguiente: 

“La aseveración hecha recientemente por diversas personas y 
repetida en periódicos y en asambleas públicas de que una vida 
de pureza y moralidad es perjudicial a la salud, no descansa, según 
nuestras experiencias constatadas por unanimidad, sobre ningún fun- 
damento. Jamás hemos tenido conocimiento de perjuicio alguno oca- 
sionado a la salud por una vida absolutamente pura y moral”. 

Yo no voy a multiplicar las citas. 

Me he detenido en este punto, porque precisamente hay quienes 
se permiten afirmar que la castidad es peligrosa; porque es una idea 
difundida en hombres y mujeres, esa del mal necesario. 

Mal necesario que arrastra al abismo a toda una casta de mu- 
jeres destinadas a satisfacer ese mal necesario , casta de esclavas, 
que persiste a través de nuestra civilización para satisfacer los ape- 
titos sensuales e ineducados del varón, que pretextando la necesi- 
dad, ejerce simplemente el derecho del más fuerte sobre el otro sexo, 
violando conscientemente todos los derechos humanos, todos los sen- 
timientos de justicia y todas las leyes de la ética social! 

Porque esta idea está tan difundida y se considera justa, es 
que quiero poner en guardia contra ella a todas las madres, a to- 
das las mujeres, y a todos aquéllos que, tal vez irrefexivamente, 
la repiten, y muchos de los cuales siendo educadores, tienen el de- 
ber moral de destruir este malsano concepto en el espíritu de las 
generaciones que preparan. 

Antes de terminar con este punto, citaré una opinión irrefu- 
table por la seriedad de los que la expusieron, así como por el con- 
cienzudo estudio que de la cuestión hicieron antes de pronunciarse. 

La Conferencia Internacional de Profilaxis sanitaria y moral, en 
su segundo Congreso general verificado en Bruselas en 1902 por 
unanimidad, ha hecho la declaración siguiente: 

“Es necesario enseñar a la juventud masculina que la castidad 
y la continencia no solamente no son perjudiciales a la salud, sino 
que son las virtudes más recomendables desde el punto de vista pu- 
ramente médico e higiénico”. 

Firmaron la declaración los 320 miembros del Congreso. 

Destruida la noción del mal necesario como inútil y como per- 


dí Hoy Oslo. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


145 


judicial al organismo, surge con luz meridiana el concepto de la 
Unidad de la Moral sobre el cual descansa el criterio abolicionista y 
sobre el que no insistirá bastante jamás. 

Una sola norma de elevada moral para ambos sexos debe regir 
las relaciones intersexuales, principio de la más profunda trascen- 
dencia para la mo^al social . . . 

CONCLUSION 

Esta exposición se extiende demasiado. Otros puntos de ética y 
de pedagogía sexual debería yo analizar. Me concretaré a citar algu- 
nos de los principales, sobre los que hubiera querido esbozar si- 
quiera unas ideas. 

Es la acción de la voluntad sobre el instinto genésico y la ne- 
cesidad de la castidad y la continencia sobre todo en la juventud, 
hasta que el organismo haya alcanzado la plenitud de su vigor adulto. 

Es el respeto hacia la mujer como una compañera y la destruc- 
ción de esa idea atávica que. en cada una de nuestro sexo señala una 
victima posible a la lujuria masculina; es en la mujer la modestia 
que le haga abandonar la táctica de las incitaciones inconscientes 
y esa coquetería irritante, que desde la juventud emplean nuestras 
niñas en la búsqueda incansable de marido . . . , malas prácticas na- 
cidas del humillante criterio social que hace de la mujer una per- 
petua menor, y obliga a la que no fué educada a independizarse de 
él a encontrar, cueste lo que cueste, un protector legal. . . 

Es la viciosa educación del joven que aprendió en las costum- 
bres sociales a considerar como un timbre de honor las hazañas don- 
juanescas, y que no habiendo sido enseñado en el alto concepto de 
sus futuros deberes de paternidad, cree lícita la seducción y el 
engaño, como un perfecto derecho, puesto que no cree que se em- 
paña el propio honor, abandonando la madre y el hijo ilegítimo a 
los azares de la vida . . . 

Son los deberes del hombre, varón y mujer, frente a la descen- 
dencia; la responsabilidad moral que contrae todo individuo en la 
posible engendración de seres; es el sentimiento de la familia; es el 
respeto a la maternidad donde quiera se la encuentre, como la más 
alta y noble función de la especie; es la responsabilidad del hom- 
bre que contrae matrimonio o crea una familia, sabiéndose enfermo; 
su responsabilidad hacia el compañero o la compañera; es la noción 
que debe clavarse como un jalón en la conciencia de todos los in- 
dividuos que la contaminación sexual es más que un delito, es un 
crimen alevoso, y la responsabilidad que se asume de trasmitir las 
distrofias hereditarias de la sífilis, del alcoholismo de las enferme- 
dades mentales. . . Hay que insistir sobre la horrible consecuencia 
de la gonococeia en la esterilidad de la mujer y en la ceguera in- 
fantil. . . 


10 



146 


Paulina Luisi 


Son las enseñanzas viciosas que ejerce el prostíbulo sobre la ado- 
lescencia y la juventud; es esa vergüenza que pesa sobre nuestras 
sociedades de que el estado reglamente el vicio ... La reglamentación 
de la prostitución crea en la conciencia popular el concepto infame 
de la legitimidad de esa lacra social porque es legítimo lo que la ley 
autoriza. 

Es la grande y noble enseñanza de la Unidad de la Moral. 

Es la persecución a las lecturas, conversaciones y espectáculos li- 
cenciosos o libertinos, 'la frecuentación de cabarets y la pornografía 
en sus múltiples manifestaciones. 

Pero sobre todas estas cosas, os recordaré que de cada una de 
vuestras lecciones debe deducirse una lección de energía, una lec- 
ción de voluntad, enseñanzas que no serán fructíferas si junto a la 
lección y a la prédica no educáis al niño a ejercitar el dominio de 
la voluntad sobre sus instintos y sobre sus inclinaciones, en todos 
los instantes y a propósito de todos los acontecimientos grandes o 
pequeños de la vida cotidiana. 

‘ ‘ Porque, dice un autor, no basta el conocimiento de las cosas 
si la violencia de los impulsos inferiores no está coartada desde tiem- 
po atrás por una universal y sistemática educación del carácter y 
una vigorosa gimnasia de la voluntad”. 

“Preparar la voluntad para resistir al impulso sexual cuando 
despierta es mucho más importante que preparar el espíritu a los 
conocimientos de las cosas sexuales”. 

“Aún los más extensos conocimientos sobre la higiene y los 
peligros sexuales de nada sirven si el hombre, en el momento de la 
tentación no está capacitado por el dominio de su voluntad para re- 
sistirla”. 

Ahora, para terminar, he de hacer mía la frase de Luis Comtet 
cuando, uno de los primeros, se atrevió a afrontar la opinión públi- 
ca en Bruselas, bajo los auspicios de la “Liga de moralidad públi- 
ca” : 

“Ninguno de* los que estamos aquí — dijo — podrá ser acusa- 
do de venir en busca de popularidad. Cuando se busca el aplauso de 
las muchedumbres, no se eligen temas que obligan a los conferen- 
ciantes a exponer ideas más fácilmente silbadas que aplaudidas por 
el pueblo”. 

Nos trae, en cambio, un alto interés. 

Nos retiraremos de esta reunión tranquilos y satisfechos de ha- 
ber podido hacer pasar ante vuestros ojos la visión superior de un 
ideal grandioso de bondad y de pureza ... Lo que ambicionamos so- 
bre todas las cosas, es remover la conciencia popular sobre asun- 
tos de los que se tienen las nociones más erróneas; es sacudir la 
opinión pública mostrándole lo que nuestros estudios nos han se- 
ñalado sobre tan delicada materia y arrojar al comentario público* 



Pedagogía y Conducta Sexual 


147 


un puñado de verdades que producirán en el porvenir abundantes 
cosechas en el espíritu del pueblo, orientando su conciencia hacia 
la luz que antes que otros, tenemos la dicha de vislumbrar en el 
lejano horizonte. 


Apéndice 

PLAN y PROGRAMA SINTETICOS PARA LA ENSEÑANZA SEXUAL 

Como síntesis de las ideas expuestas, resumiremos aquí los pun- 
tos principales que abarca el grave problema de la enseñanza sexual. 

Este problema plantea las siguientes preguntas que respondemos 
de acuerdo con el criterio desarrollado en nuestra exposición. 

I 

¿ QUIEN DEBE DAR ESTA ENSEÑANZA t 
PADRES Y MAESTROS 

Los programas magisteriales deben, pues, exigir los conocimien- 
tos respectivos en: 

1. 1 2 3 * * * * * 9 ) Anatomía y fisiología de la reproducción. 

2. 9 ) Pedagogía y ética sexual. 

Los padres deben ser preparados por los maestros al cumpli- 
miento de sus deberes de educadores primarios. 

Como consecuencia fluye la necesidad: 

1. 9 ) De la creación de cátedras de enseñanza sexual, historia 
natural, ética y pedagogía sexuales en las Escuelas Normales. 

2. 9 ) De la institución de conferencias y cursos sobre esta ma- 
teria, para los padres especialmente, desde el punto de los conoci- 
mientos elementales y la práctica pedagógica a emplear. 

3. 9 ) Creación de cursos correspondientes en las escuelas de 
adultos. 


II 

¿CUANDO SE DEBE COMENZAR ESTA ENSEÑANZA? 

Para los pueblos qqe pretenden iniciar esta enseñanza, ella de- 
be comenzar desde que el niño frecuenta la escuela y aprovechando 

las ocasiones oportunas para eUo. 

Este es el quid del asunto, y que hace factible lo que se ha con- 

siderado un escollo infranqueable. 



148 


Paulina. Luisi 


Creo haber demostrado que la dificultad no es tal. Lo que alar- 
ma a los padres y maestros es la denominación: enseñanza sexual. 

Pues, suprimamos el nombre! ¡No existe tal cosa en los pro- 
grámete! Las nociones correspondientes están incluidas en las di- 
versas materias que se estudian en la escuela, repartidas, divididas, 
desmenuzadas entre todas ellas, según las nociones correspondientes 
de los programas. Y como en todas las elases y a todas las edades, 
hay oportunidad para decir las cosas que deben decirse y la manera 
cómo deben ser dichas, la enseñanza en cuestión deberá hacerse: 

Desde que el niño enira a la escuela y en todos los grados de 
la enseñanza, progresivamente, con las nociones correlativas de los 
programas escolares. 


III 

¿ DONDE DEBE DARSE ESTA ENSEÑANZA? 

La respuesta fluye de lo dicho anteriormente. 

1. 9 ) En las Escuelas Normales. 

2. 9 ) En las Escuelas de adultos. 

3. 9 ) En las Escuelas de Enseñanza secundaria, preparatoria y 
Facultades. 

4. 9 ) En las Escuelas primarias. 

5. 9 ) En las Escuelas del hogar. 

En todas partes, pues, donde pueda realizarse, hasta que, cum- 
plida la evolución pedagógica que estamos buscando, haya encontra- 
do esta materia su equilibrio lógico en los métodos y programas edu- 
cacionales. 

La ética sexual deberá enseñarse y predicarse siempre y en to- 
das partes. Para combatir el instinto, para educarlo y sofrenarlo, nun- 
ca será excesiva la educación de los individuos ni la educación de los 
pueblos. La conciencia colectiva se forma con la educación ininterrum- 
pida y constante, en la escuela, en la cátedra y por todos los medios 
de cultura popular. 

IV 

¿QUE DEBE COMPRENDER ESTA ENSEÑANZA? 

A) PARA EL MAESTRO. 

a) Historia Natural-. 

1. 9 ) Aparatos de reproducción, su fisiología y anatomía, en las 
plantas, en la serie zoológica y en el hombre. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


H9 

2. 9 ) Fecundación, concepción, desarrollo del óvulo (nociones de 
embriología) . 

3. °) Continuación de la embriología, el recién nacido, etc., y todo 
lo concerniente a la puericultura. 

4. 9 ) Acción frénica o excitadora del sistema nervioso sobre los 
centros genésicos?. 

5. 9 ) Nociones sobre la herencia, especialmente de la sífilis, el al- 
coholismo y las enfermedades mentales. 

b) Higiene : 

1. ’) Higiene del aparato genital. 

2. °) Higiene del crecimiento y de la pubertad en ambos sexos. 

3. 9 ) Profilaxis de las enfermedades genitales contagiosas (vené- 
reas). 

4. <J ) Profilaxis e higiene de las perversiones sexuales (masturba- 
ción, etc.). 

5. 9 ) Acción de la alimentación, la vida sedentaria, la molicie so- 
bre los reflejos sexuales. 

c) Educación física : 

1. 9 ) Relación entre el ejercicio físico y las funciones genitales. 

2. 9 ) La castidad, como medio de dar mayor vigor al cuerpo. 

3. 9 ) Castidad y trabajo. 

d) j Etica y educación : 

1. 9 ) Acción de la voluntad sobre los deseos genésicos. 

2. 9 ) Castidad y continencia. 

3. 9 ) Respeto hacia la mujer. 

4. 9 ) Coquetería e incitaciones a veces inconscientes de la mujer en 
la búsqueda de compañero. 

5. 9 ) La seducción. 

6. 9 ) La paternidad ilegítima y el abandono de la madre y el 
niño. 

7. 9 ) Deberes del hombre, varón y mujer, frente a la descen- 
dencia. Enseñanza de la responsabilidad que se contrae en la comi- 
sión del acto genésico. 

8. 9 ) Sentimiento de la familia y responsabilidad ante la moral. 

9. 9 ) Respeto a la maternidad. La maternidad es la más alta 
función de, la especie. 

10. 9 ) Responsabilidad moral de la persona que contrae matri- 
monio o comete acto sexual, estando enferma: 

a) por la trasmisión de la enfermedad venérea al có-autor: de- 
lito de contaminación intersexual; 

b) por la trasmisión de la herencia distrófica sobre todo sífilis. 



1Í0 


Paulina Luisi 


alcoholismo y taras mentales a los hijos que pueden ser 
engendrados. 

11. 9 ) Ideas y educación viciosas que ejerce el prostíbulo sobre 
la adolescencia y la juventud. 

12. 9 ) Prostitución; funesta enseñanza que se deriva del con- 
cepto de mal necesario: La reglamentación de la prostitución crea 
en el ánimo del pueblo el concepto de su legitimidad, porque es le- 
gítimo lo que la ley mtoriza. 

13 9 ) Acción de las lecturas libertinas, frecuentación de caba- 
rets, y espectáculos licenciosos; de las lecturas y conversaciones por- 
nográficas. 

14. 9 ) Lucha contra la pornografía. 

e) Metodología. 

B) PARA LOS ADULTOS. 

1. 9 ) Las mismas nociones que para los maestros, pero limita- 
das a su grado de conocimiento y desarrollo mental. 

2. 9 ) Insistir sobre la profilaxis de las enfermedades venéreas y 
la acción criminal del que sabiéndose enfermo, comete el acto sexual. 

3. 9 ) Algunas nociones sobre la herencia funesta de ciertas en- 
fermedades, sobre todo sífilis, taras mentales, alcoholismo. 

4. 9 ) La acción del trabajo y la voluntad para morigerar los ape- 
titos sexuales. 

5. 9 ) Acción del alcohol y la pornografía en sus diversas mani- 
festaciones sobre los deseos genésicos. 

C) PARA LAS ESCUELAS SECUNDARIAS Y FACULTADES. 

Mismas nociones que para las escuelas de adultos. 

D) PARA LAS ESCUELAS PRIMARIAS. 

Los conocimientos deben ser los mismos, pero a la altura de la 
comprensión del niño, según lo expusimos en la primera parte, y 
según lo hemos programado rápidamente en el capítulo siguiente. 

Y 

¿COMO DEBE DARSE ESTA ENSEÑANZA f 

A) EN LAS ESCUELAS DE ADULTOS, SECUNDARIAS, FACULTADES Y 
NORMALES. 

Estableciendo francamente en los programas la enseñanza sexual 
con el estudio racional de los conocimientos que requiere y con 1& 
extensión qjie a cada uno corresponde. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


151 


B) EN LAS ESCUELAS PRIMARIAS. 

La enseñanza de las cuestiones atingentes a la generación, co- 
mo lo hemos dicho, debe estar diluida en las diversas asignaturas 
existentes en nuestros programas. 

Ellas son principalmente: 

Historia natural; anatomía, fisiología e higiene, botánica y mi- 
neralogía por la comparación; economía doméstica; educación física 
y moral. 

Mineralogía y botánica. — Diferencia de manera de multipli- 
carse entre el reino orgánico y el inorgánico, por segmentación, por 
reproducción o trasmisión de la Vida. 

Botánica. — A medida que se estudian las diversas clases de 
plantas, se enseñará su manera de reproducirse, algas, hongos, crip- 
tógamas, fanerógamas. 

Zoología. — En las especies animales se enseñará la verdad cien- 
tífica pues hasta ahora se enseña las funciones de nutrición y las 
de relación, dejando fuera de programa las de reproducción. 

Funciones de nutrición, reproducción y relación en los diversos 
tipos animales. 

Cuando se ha llegado a las aves, es decir, cuando se ha conclui- 
do el estudio de los ovíparos, esta enseñanza se detiene en la es- 
cuela actual. 

Con la misma naturalidad que hasta allí, se enseñará la repro- 
ducción de los vivíparos y progresivamente se llegará al animal hom- 
bre. Como no habrá solución de continuidad, las nociones llegarán 
de por sí a la mente del niño, y suprimido el misterio y la malicia 
quedará suprimido el encanto del fruto prohibido. 

Al tocar las funciones de fecundación — “glissez mortels n’ap- 
puyez pas” — entrarán naturalmente las afecciones venéreas; al ha- 
blar de la concepción y el nacimiento entrará una serie de consi- 
deraciones morales que el corazón de la maestra dictará natural- 
mente y con máxima elocuencia. . . en toda mujer hay un corazón 
de madre. 

Economía doméstica. — Se incluirá aquí todas las nociones de 
maternología y puericultura útiles a la mujer, que nuestros progra- 
mas tienen esbozado apenas en 8y año. 

Es demasiado tarde . . . concurren a las escuelas de primer grado 
(primer a tercer años) centenares de chiquillas que en su casa cui- 
dan y preparan el alimento de sus hermanítos. . . que son sus ma- 
drecitas, por qué no enseñarles, pues, lo que les es útil conocer? 

Educación física. — Necesidad de la castidad para un mayor 
vigor físico. 

Moral. — En los deberes para la familia, para con los seme- 
jantes, etc., un maestro hábil sabrá incluir con naturalidad las no- 
ciones que hemos marcado en el programa para los maestros. 



152 


Paulina Luisi 


Para nosotros el quid de esta enseñanza, la posibilidad de ha- 
cerla está pura y simplemente: 

1. 9 ) En hacer desaparecer su nombre que horroriza (en las so- 
ciedades, horrorizan más los nombres de los hechos que los hechos 
mismos). 

2. 9 ) En incluirla, repartirla, dividirla entre las diversas asig- 
naturas correspondientesx o correlativas de los programas. 

Las nociones serán adquiridas, el fantasma creado por la mo- 
gigatería quedará eliminado, el problema estará resuelto y el escollo 
terrible insensiblemente habrá sido franqueado. . . 



Anexo 


SEGUNDA CONFERENCIA DEL COMITE ABOLICIONISTA 
URUGUAYO- ARGENTINO (1) 

Reunión preparatoria del Comité Uruguay o- Argentino, Fecha 
y tema de la próxima Conferencia. 

Conferencia Pública 

1. *) Palabras inaugurales. — Dr. Augusto Turenne, Presidente del 

Comité Abolicionista Uruguayo, Médico-Jefe del Servicio de 
Protección Maternal. 

2. ’) La Federación Abolicionista Internacional, su misión en las 

Repúblicas del Plata. — Dr. Angel M. Giménez, Secretario 
General del Comité Uruguayo- Argentino . (Médico sifilógrafo 
del Hospital Ramos Mejía, de Buenos Aires. 

3. o) Enseñanza de la higiene y profilaxis sexuales. — Dr. Eduar- 

do Jonquiéres, Presidente del Comité Abolicionista Argenti- 
no. Médico sifilógrafo de los Hospitales Francés y Alvarez, 
de Buenos Aires. 

Conferencia Pública 

1. ’) La enseñanza sexual. — Dr. Raúl Ed . Baethgen, Miembro 

del Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal. 

2. ’) Plan y métodos para la enseñanza sexual. — Dra. Paulina 

Luisi, Miembro de la Federación Abolicionista Internacional 
y Secretaria General del Comité Uruguayo-Argentino. Médico 
Escolar. 

3.0) Plan y métodos de enseñanza sexual. — Dr. Juan A. Seni- 
Uosa, Miembro del Comité Uruguayo-Argentino . 

4.0) Palabras de clausura. — Dr. José Brito Foresti, Presidente 
del Comité Abolicionista Uruguayo- Argentino . Titular de la 
Cátedra de Sifilografía en la Facultad de Medicina de Mon- 
tevideo . 


25 y 26 de octubre de 1919. Paraninfo de la Universidad del Uru- 




TITULO IV 


Educación de la Juventud (1) 


INTRODUCCION 

En 1934 se reunía en Budapest el 1er. Congreso Internacional 
de Moral Social, convocado por Asociaciones Internacionales no 
oficiales, para considerar estos asuntos. 

A sus organizadores yo ya había enviado anteriormente un infor- 
me sobre las discusiones e incidencias producidas en la Liga de Na- 
ciones y agregaba: (2). 

“Pues bien, si la Comisión Consultiva no se ha atrevido a abo- 
carse a este estudio, el Congreso de Budapest — al cual presento aquí 
la proposición formal — debería nombrar una Comisión formada por 
un número limitado de miembros que desde diferentes puntos de 
vista filosóficos, se encargaran de preparar un estudio y un informe 
completo. Esto sería muy útil para orientar las voluntades indeci- 
sas y aclarar muchos malentendidos. 

Del trabajo disperso aquí y allá, perteneciente a diversos auto- 
res podría la Comisión que propongo, extraer un cuerpo de doctrina 
suceptible de ser adoptado por la mayoría de los enseñantes a fin de 
favorecer su introducción en la enseñanza general”. 

El Congreso fué varias veces postergado. Sólo se reunió en el 
año 1934 y en lo que toca a Enseñanza sexual, tuvo que contentar- 
se a pesar de sus deseos de más amplia labor, con dirigirse a dos 
personas de conceptos filosóficos muy distintos, pidiéndoles infor- 
maran sobre el tema. 

Las dos personas designadas fueron: 


(1) Informe oficial sobre el tema A del primer Congreso Internacio- 
nal de Moral Social. Buda-Pest, sala Buda'i Vigadó, 15 a 18 octubre 1934. 
(Versión española) . Este trabajo fué publicado en su original francés en 
el volumen editado por la “Federación Abolicionista Internacional”, bajo 
el título de “La prostitución, ses causes et ses remédes”. 

F. A. I., (antes 8 rué de l’Hótel de Ville, Ginebra. Actualmente esté 
en Quai Wilson, 37, Ginebra, Suiza). 

(2) Véase el Título X: “Enseñanza sexual, en la Liga de Naciones”. 



156 


Paulina Luisi 


el Obispo Monseñor Miguel Marczell; 

y la Dra. Paulina Luisi. 

Yo no pude asistir a él, pero envié mi informe que fué leído. 

La situación política de mi país era muy delicada y no pude 
conseguir permiso para ausentarme de él. 

Pero meses más tarde el Bulletin Abolitioniste, publicando una 
reseña del Congreso daba la siguiente nota: 

“Los informes que oyó el Congreso referentes a “Educación de 
la Juventud ”, fuer 071 muy interesantes por las diferencias en su 
inspiración y la igualdad en sus conclusiones prácticas (1) 

Lo que demuestra que, encarando las cosas con altura, con des- 
interés , sin más ambiciones que llevar el problema a soluciones prác- 
ticas en favor de nuestras generaciones jóvenes y sin más inspira- 
ción que “el mayor bien de la humanidad” o como dice el Doctor 
Wylm, “que mejorar las fuerzas de la vida”, puede llegarse a un 
entendimiento saludable, para una obra práctica de educación bio- 
lógica, al márgen de nuestras propias convicciones filosóficas. 


(1) Bulletin Abolitioniste N,<? 30. Noviembre-Diciembre de 1934. Gi- 
nebra-Suiza. “Reseña sobre el Congreso Internacional de Moral Social” r 
por Droin y de Morsier. 



Educación de la Juventud 


I 

El programa de este Congreso de moral soeial cuyo objeto es 
el estudio de “La Prostitución, sus causas y sus remedios”, ha con- 
siderado, entre las medidas preventivas de esta llaga social, 
la educación de la juventud, encargándome de una comunicación al 
respecto. 

Me es pues necesario para dar satisfacción al plan establecido, 
encarar el difícil problema de la educación de la juventud, en esa 
faz especial que se relaciona con lo que se ha dado en llamar “Mo- 
ralidad Pública”, expresión dentro de la cual se entienden las cues- 
tiones referentes a ese desolador problema de la prostitución en 
particular y en general a los problemas que crean las relaciones se- 
xuales al márgen de la unión familiar. 

Problemas sociales evidentemente dependientes de la educación, 
no lo están menos, si que más gravemente, bajo la dependencia 
de ese otro problema, más angustioso aún, de las posibilidades de 
educación, facilitadas u obstruidas por la situación económica, nu- 
do del problema. 

Ellas son capitales para llevar a buen puerto una verdadera 
obra de profilaxis en tan grave cuestión como lo es la que, de las 
incitaciones y exigencias de la función reproductora, se desprenden. 
Profilaxis que debe al mismo tiempo realizarse en lo físico y en lo 
moral, porque a diferencia de otros males, los que resultan del co- 
mercio sexual, pueden, lo mismo afectar el organismo, con terri- 
bles males, como pueden corromper los más bellos sentimientos del 
alma humana. La juventud, entregada, para satisfacer un instinto 
vital, al comercio impuro y corruptor del amor venal, arriesga al 
mismo tiempo su salud física y su integridad moral. 

Por esta causa la lucha contra estos males, no puede desvin- 
cular ambos factores, y las campañas contra el reglamentarismo, 
deben ser al mismo tiempo campañas contra la inmoralidad públi- 
ca, contra el libertinaje, contra el “raeolage” público, contra la in- 
gerencia del Estado — cómplice del proxenetismo , malgrado sus le- 
yes de represión; — contra la oficialización del vicio; en una pa- 
labra, contra todas las manifestaciones y derivaciones que aquél sis- 
tema, por su naturaleza misma acarrea. 

La educación de la juventud, bajo el ángulo de lo que se ha da- 
do en llamar moralidad pública, es deeit en lo que concierne a la 



158 


Paulina Luisi 


satisfacción de los instintos sexuales, ha levantado inmensas pro- 
testas, y ha encontrado acérrimos defensores. Es que debe encarar 
problemas muy diversos, entre los que la educación es sólo una de 
las faces. La complejidad de la vida moderna tampoco permite que 
sean en absoluto desvinculadas unas de otras, sino por el contra- 
rio, quiere que ellas sean encaradas dentro del marco en que se 
mueve el ser humano. Y posiblemente, más que el fondo mismo del 
.asunto, lo que lo hace tan debatido, es a mi entender, la manera de 
encararlo. ' 

Difícil como problema social, se complica en esa época con el 
problema angustioso de las perspectivas económicas para la juven- 
tud de hoy, que ciertamente no se ofrecen a sus ojos, ni risueñas, ni 
promisoras . 

El terrible problema económico que se presenta más grave aún 
para la juventud femenina, complica trágicamente el problema de 
la moralidad y de la educación. Porque nadie deja ya de reconocer 

que a la base del pavoroso desarrollo de la prostitución accidental, 
se encuentra un problema económico asustador, contra el que no es 
fácil ciertamente reaccionar, ante la dramática y desconsoladora si- 
tuación de la mujer que trabaja, situación más tremenda que la 
del hombre, ya sin embargo puesta a duras pruebas en este largo 
período que va transcurrido entre la pasada guerra y la más terri- 
ble aún que se está preparando (1) ; período ocupado por la batalla si- 
lenciosa para conquistar las fuentes de producción y los mercados.- 
que se está librando entre todos los países del mundo. 

Si la situación económica de un gran porcentaje de los hom- 
bres es de una gravedad impresionante, la situación de la mujer se 
agrava a proporciones angustiosas, a consecuencia del retroceso de 
muchas legislaciones hacia una limitación del trabajo femenino, ca- 
si constantemente menospreciado en parangón al masculino. Ya en 
algunos países europeos está en vigencia una ley de despido por 
causa de matrimonio, que hace sentir sus duras consecuencias so- 
bre la mujer trabajadora, disminuida por ello en su capacidad pro- 
ductora . 

Por otra parte, con el pretexto de “protección a la salud y de- 
fensa de la raza”, una serie de medidas justas pero mal encaradas, 
llevan a ciertas legislaciones a otra limitación más del trabajo fe- 
menino, — cuyo más claro resultado es el aumento de la desocupa- 
ción y la miseria, — colocando así a la mujer bajo la dependencia 
económica del hombre, y llevándola nuevamente a la esclavitud se- 
xual, de la que sin duda alguna, la prostitución es la más brutal e 
ignominiosa de las manifestaciones. 


(1) Téngase presente que este informe fué escrito en 1934, entre la» 
dos grandes guerras mundiales. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


159 


Dice al respecto, con inmensa razón el gran psiquiatra francés 
Prof. Toulouse: “Mientras la mujer dependa del hombre para dar 
a su hijo una existencia normal, ella será una esclava: carne de 
placer en la juventud; y objeto de desprecio después de la edad del 

amor: La maternidad será para las solteras una cosa vergonzosa, 
una tara de su sexo, un crimen de su vida que sólo el crimen puede 

horrar”. (1) 

Frente a tan dolorosas constataciones) puede uno preguntarse 
si nos asiste siquiera el derecho de hablar de deberes, de privacio- 
nes, de sacrifios a esa juventud, masculina o femenina, acuciada por 
las tremendas incertidumbres del mañana! 

Con qué autoridad podemos hablarle de deberes, si la organiza- 
ción actual de nuestra civilización envejecida, no es ya capaz de 
cumplir los suyos, de satisfacer su hambre, de abrigar sus cuerpos, 
de proporcionarle habitaciones menos inconfortables que guaridas; 
donde la promiscuidad, la imposibilidad del aseo, la estrechez del 
ambiente, les obliga a vivir casi como bestias? 

Cómo hablar de deberes si las organizaciones sociales del pre- 
sente han reducido a millones de seres humanos a un estado casi 
primitivo, sin más preocupaciones que la búsqueda del medio de sa- 
tisfacer las necesidades primordiales de la vida que, aquellas, son 
incapaces de proporcionarles? 

Cómo hablar a esa juventud torturada por las inquietudes de 
un mañana angustioso? 

Con qué perspectivas pueden encarar el futuro esas juventu- 
des de más en más inciertas en la elección de una profesión u ofi- 
cio, de más en más indecisas, porque saben que las posibilidades de 
trabajo y de éxito son más escasas cada día? 

En el momento de lanzarse a la lucha por la vida, esta inquie- 
tud domina sobre todas las demás, con el imperativo inflexible del 
instinto vital de la propia conservación. 

Y tan poderosas como esa, en cuanto imperativo del instinto, las 
inquietudes del sexo que despierta, complican en nuestros jóvenes el 
ya demasiado arduo problema de la vida. 

Frente a estas graves contingencias, la crisis moral de la ju- 
ventud es absolutamente explicable y lógica. Colocada ante esas in- 
cógnitas amenazadoras; no es de sorprender que un utilitarismo sin 
ideales haya velado a sus ojos las hermosas perspectivas de la fe- 
cunda especulación espiritual. 

Crisis económica y crisis moral, consecuencia del estado de gue- 
rra sorda en que viven los pueblos, en lugar de la magnífica soli- 
daridad que muchos habíamos soñado! 


(1) “La question sexuelle et la femme”, pág. 193. ed. Charpentier. 
1918. París. 



160 


Paulina Luisi 


Estas constataciones hacen de más en más. ardua la solución 
del problema de la educación de la juventud y su orientación justa 
y ponderada dentro de la ya intrincada maraña de la compleja cons- 
titución social. 

Por otra parte, las antiguas soluciones generales, en las que en- 
cuadraban las normas directrices de esta educación de la juventud, 
que pudieron ser suficientes para colectividades menos evolutas, hoy 
son demasiado simplistas para las organizaciones actuales. 

Los primeros capítulos de eso que con una marcada falta de 
propiedad — que mucho la ha perjudicado, — se ha dado en lla- 
mar “educación sexual”, son en efecto muy sencillos. 

Se trata de reemplazar la política de la clásica fábula que em- 
pleaban las madres y las abuelas en nuestra infancia para explicar 
la venida al mundo de la criatura; por más verosímil, o mejor di- 
cho, más real explicación del misterio del nacimiento, diciendo la 
verdad clara y limpia en respuesta a la curiosidad primaria de los 
niños: ¿de dónde vienen los bebés? 

Desde algunos años atrás — pues esta conquista es obra de es- 
te siglo, — todos los esfuerzos pedagógicos se han orientado hacia 
ese primer capítulo : la revelación del fenómeno del nacimiento. 

Recorriendo la literatura sobre esta cuestión — ya bastante 
abundante en estos últimos diez años, — encontramos que este pri- 
mer capítulo ha sido ampliamente estudiado y desarrollado: la apli- 
cación de la botánica, la observación de los animales, de la vida 
misma, siguiendo los principios de la “Escuela activa”, ha sido pro- 
fusamente comentada. 

Ya no sucede lo mismo con el capítulo segundo. Estudiado, re- 
formado, modificado, discutido, combatido, preconizado: ¿cómo ini- 
ciar a nuestros adolescentes en el arduo capítulo de las relaciones 
sexuales y sus peligros? 

Unos han querido dar a este grave problema de la educación, 
el carácter de un problema de profilaxis sanitaria. 

Han realizado a su favor una propaganda formidable. Se pre- 
tende con ella proteger a la juventud de esas infecciones tan per- 
judiciales al individuo como a la raza. Pero se ha extremado de tal 
suerte la preocupación sanitaria que han llegado hasta a preconizar 
prácticas profilácticas tales, que llegan a herir hondos sentimientos 
de dignidad personal. 

Otros, han hecho de este problema de la educación de la ju- 
ventud una cuestión de “costumbres” (los franceses expresan me- 
jor con la palabra “moeurs”), y han sido llevados a predicar una 
misoginia prácticamente imposible de exigir a seres normales que 
viven en comunidad, como es la vida civil de los pueblos. (Dejamos 
a parte los casos patológicos) . 



Pedagogía y Conducta Sexual 


161 


He dicho prácticamente imposible. Conocemos la frecuencia de 
las desviaciones hacia actos anormales en los misóginos a la fuerza, 
misoginia imposible y absurda en las sociedades más evolutas, en las 
cuales la convivencia diaria entre personas de ambos sexos tiende a 
ser cada día más estrecha. 

La mayor colaboración de la mujer en la lucha colectiva y el 
lugar que tiene derecho de ocupar en la vida de la nación, como 
elemento de trabajo, de acción, de inteligencia, en una palabra, de 
utilidad general al par del hombre, hacen imposible hoy este apar- 
tamiento sistemático entre ambos sexos. 

Algunos más, (1), en estos últimos años, desvirtuando el sig- 
nificado mismo del problema, han llamado educación sexual a algo 
<pie le es absolutamente opuesto ! 

Pretenden que se ha de dar una mayor importancia al placer, 
como finalidad del amor, aconsejando una satisfacción estéril del 
apetito sexual. 

Llegan hasta a pvoponer algo así como el aprendizaje de una 
sensualidad refinada a fin de superar el goce en una exaltación eró- 
tica compartida entre ambos contendientes. 

Pretenden ellos que más de una tragedia matrimonial se de- 
be a la inexperiencia conyugal del hombre que no procura desper- 
tar el goce de su compañera. . . Estos señores, parecen no haberse 
percatado que no es en la frecuentación del amor que se compra, 
donde podrán encontrar los jóvenes aquel deseo de participación, 
aquellos refinamientos y delicadezas que inspira solamente el ver- 
dadero amor, noblemente sentido! 

De ese desmoralizante concepto, desde luego psicológicamente 
falso, deducen normas curiosas, como el consejo a los jóvenes de sa- 
tisfacer el grito del instinto con uniones fáciles y pasajeras con 
compañeras o amigas, poniendo un vigilante cuidado en no pro- 
crear ... 

En nuestra lengua, el psiquiatra español Juarros (2), se ha 

hecho campeón, con inexplicable entusiasmo, de esta disolvente doctri- 
na, inventada por algunos neurólogos y sexólogos desviados. 

Tienen por jefe indiscutido al alemán Hirsehfeld, el gran pa- 
negirista de los actos contra-natura, quien ha llegado a afirmar que 
tales tendencias indican en sus poseedores una verdadera superio- 
ridad espiritual y racial sobre los demás seres humanos, y a fin de 


(1) Este punto ha sido algo máa desarrollado en esta traducción es- 
pañola que en mi informe, porque la había destinado a ser leída en el 
Día Antivenéreo de la Idga Argentina de Profilaxis Social, de setiembre 
de 1940. Sometido a la censura argentina para la difusión radial, ésta pro- 
hibió la lectura de este trabajo. 

Véase más adelante "El día antivenéreo”, Título XIV. 

(2) Las obras de este autor estaban muy en boga, cuando se escribió 
-este informe. 


JL1 



162 


Paulina Luisi 


dar carácter a su doctrina, han hurgado la historia para extraer de 
ella el ejemplo de grandes hombres afectados de tales morbosos des- 
víos. 

No me habría detenido sobre ^estos conceptos si ellos no fue- 
ran tomando cuerpo entre muchos que se pretenden educadores y 
reformadores; lo que hace temer que la malsana y desde luego per- 
judicial doctrina vaya adquiriendo cuerpo, halagando esas baja» 
pasiones que nosotros pretendemos contener. 

Se ha escrito toda Úna serie de consideraciones sociológicas y 
hasta higiénicas sobre esa base, aconsejándose por ejemplo, entre 
otras, la fórmula de companionage-marriage, y escribiéndose páginas 
tan poco científicas como excitantes bajo la rúbrica general de 
“ Cultura sexual”. 

Se ha creado una escuela sexual rigurosamente epicúrea, y lo 
que agrava el caso, se le ha llamado a todo eso : j educación sexual 1 
Esta escuela ha encontrado más de un adepto entre los mismos mé- 
dicos, que parecen no percatarse de la gravedad de sus doctrinas en 
la formación del espíritu de nuestras juventudes, y el peligro que 
con ella corren, no sólo la integridad moral sino la salud de toda 
una generación y el porvenir de la raza. 

Enseñanzas de esos matices están tomando cuerpo en nuestros 
países de América, enseñanzas venidas de otras partes y de las que 
se han sacado consecuencias equivocadas. 

Se basan en conclusiones sacadas de la patología nerviosa y pre- 
tenden apoyarse en el psico análisis. Exagerando ciertas premisas, 
llegan a la conclusión de aconsejar la satisfacción del instinto y los. 
apetitos genésicos cuando ellos y como ellos se manifiestan, como 
un derecho del organismo a que todas sus funciones sean satisfe- 
chas, incluso las funciones reproductoras. 

Pero si hay que tener presente que cada órgano tiene su fun- 
ción determinada, hay que convenir también que cada función tiene 
su finalidad perfectamente definida. Y si en el acto sexual puso la 
naturaleza un fuerte placer, — para incitar a los seres animales, 
hombres y bestias, a realizarlo — su finalidad no está en ese placer, 
que sólo es el atractivo para su realización: la finalidad biológica 
del acto está en la reproducción de la especie, en la procreación de 
los hijos. 

Pretender lo que dice la primera tesis, es lo mismo que afir- 
mar que, puesto que hay en la boca órganos especiales para hacer- 
nos sentir el placer de saborear los manjares, la gula es la fináis 
dad del tubo digestivo y no la función alimenticia. Decir al joven 
de buscar el placer sexual evitando sus consecuencias biológicas, 
es lo mismo que aconsejarle comer todos los manjares que le pro- 
curan agrado, evitando sin embargo de nutrirse con ellos; aconse- 
jarles la embriaguez porque beber es una función del organismo! 

En el N. 9 22 correspondiente a setiembre de 1938 de la Se- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


163 


mana Médica argentina, se da cuenta de la fundación en Río Ja- 
neiro de un denominado “Bureau internacional de educación se- 
xual y antivenérea”, que tiene como finalidad reunir todo lo que 
se relaciona con la educación sexual y antivenérea y la información 
de todo lo que se hace en el mundo relacionado con esa propagan- 
da educativa. Su director es un fanático de la doctrina epicúrea 
del placer sexual: no menudas polémicas agitaron el plácido am- 
biente del Congreso de Higiene mental de Río de Janeiro en 1936. (1) 

Felizmente apoyaron nuestra tesis contraria, aquella gran figura 
de la intelectualidad brasileña, maestro de psico análisis, tan prematu- 
mente arrancado a la ciencia, el profesor Porto Carrero, el Dr. Mau- 
ricio de Medeiros y otros eminentes profesores. He creído deber 
subrayar estos hechos, porque ellos arrojan sobre la ya tan difícil 

campaña por la enseñanza ' sexual, una sombra de descrédito moral, 
y alientan a los que, desconociendo su verdadero alcance, impug- 
nan su implantación. 

Lejos de exhortar a la juventud a una disciplina del instinto, 
les predican esta doctrina funesta y desorientadora, cuyos males 
se agregan a las dificultades que nuestra época llena de incertidum- 
bres y amenazas está padeciendo. 

No podría hablarse hoy de educación y de ética sexual sin le- 
vantar la voz condenatoria contra esta nueva forma de disolución 
en las costumbres. Las he mentado ahora para dejar bien consig- 
nado mi repudio formal a este nuevo atentado a la moral de la 
Vida, que ha producido ya en nuestra lengua una abundante lite- 
ratura tan insinuante como disolvente. 

De la hermosa doctrina de la Unidad de la Moral que hemos 
erigido como norma de elevada conducta, de morigeración de cos- 
tumbres, de enseñanza de las responsabilidades raciales, se preten- 
de hacer una tesis de placer sensual, sin deberes ni responsabilida- 
des, desertora de la finalidad misma del amor, la perpetuación de 
la especie; tesis disolvente que lleva forzosamente a la lujuria, a 
la corrupción de costumbres, a la disolución de la familia y del 
hogar. 

Precisamente todo lo que nosotros pretendemos combatir! 

De ella se han servido los adversarios de esta reforma en la 
enseñanza que estamos defendiendo para calificarla de disolvente 
y de inmoral. 

Y a fé, que si tal fuera la educación sexual — como aquellos lo 

pretenden — nuestros esfuerzos, lejos de pretender implantarla en 
la enseñanza, tenderían enérgicamente a eliminarla. 

Protestamos contra esta doctrina, con toda la fuerza de nues- 
tras invariables convicciones; vemos con dolor este nuevo camino 


(1) Véase “Congreso de Higiene Mental”, Río Janeiro 1936. 



164 


Paulina. Luisi 


en el que se internan, lleno de peligros para la salud moral de la 
juventud y el porvenir de las generaciones futuras, pues lejos de 
orientar la juventud a la disciplina del instinto, pretenden darle 

una peligrosa exaltación, transformándolo en instrumento de placer 
por el placer. 

Y lo que es más grave, despojar al amor de su verdadera fi- 
nalidad, de su función verdadera: los hijos, la familia. 

Hemos combatido x siempre la vieja moral de la ocultación y la 
hipocresía, que tantas consecuencias funestas trajo a las juventu- 
des y a la felicidad de los seres humanos, pero no podemos de nin- 
guna manera aceptar la doctrina epicúrea del placer por el placer, 
que van aconsejando los modernos cultores de esa “nueva moral 
sexual”. 

La primera hizo de la función creadora de la vida, un acto ver- 
gonzoso y deshonesto, cuando no criminal. Los nuevos moralistas 
epicúreos pretenden hacer de ella una fuente de placer sin riesgos 
y sin consecuencias, defraudando a la naturaleza de su propia fi- 
nalidad, robándole lo que es más precioso y más noble, lo que es 
una aspiración de todo ser humano : la capacidad de procrear, la 
gran finalidad de la especie, los hijos, la familia, el hogar coronado 
y alegrado de nuestros queridos pequeños, que serán la alegría, la 
felicidad y la razón de vivir del hombre y la mujer maduros. 

Hacia esa aspiración tienden todas las fuerzas del ser humano, 
y para realizarlos con toda la potencia de una salud fuerte y viril, 
con todo el vigor de una salud completa, es que decimos a los jó- 
venes, que cuiden su salud de los contactos malsanos que la vida 
les ofrece día a día. 

Una moral honrada en una sociedad justa sólo puede admitir 
un principio director, el deber para consigo mismo de mantenerse 
dignos y sanos espiritual y físicamente, para trasmitir a los hijos 
que vendrán, la alegría de vivir, que sólo procuran una herencia 
de salud y de inteligencia y que sólo una integridad de vida no 
contaminada, puede conseguir. 

La educación de la juventud en lo que concierne a las cues- 
tiones sexuales, — así como nosotros la queremos — está fundada 
sobre una moral única, igual para el hombre que para la mujer, 
moral basada en la disciplina del apetito sexual, en el dominio de 
la voluntad sobre sus reclamos, de manera que, lejos de pretender 
exaltarlo, queremos que la educación enseñe al joven de hoy, al 
hombre de mañana, a dominarlo, a retenerlo, para dejarlo mani- 
festarse solamente en la hora conveniente, cuando física y espiri- 
tualmente esté el individuo en las mejores condiciones para cum- 
plir su misión de llamar a la vida, otra vida. 

Nosotros hemos creado la expresión aquella, que hoy preten- 
den volver contra nosotros, de “Unidad de la moral”, igual para 



Pedagogía y Conducta Sexual 


16 ? 


ambos sexos, igual en elevación, en conciencia, en responsabilidad, 
con objeto de ponerlos en condiciones de emplear victoriosamente 
las fuerzas espirituales a la disciplina del instinto, en forma de dar 
satisfacción al poderoso reclamo del sexo, en el tiempo libremente 
decidido, con la plena conciencia de gesto creador de otra vida en 
las más favorables condiciones de supervivencia física y espiritual. 

Una conducta de castidad, de continencia, oponemos al liber- 
tinaje, .al desenfreno; castidad y continencia no son la supresión de 
la función sexual-, son su disciplina. 

Se ha acusado a una seria morigeración de costumbres la pro- 
ducción de alteraciones psíquicas, reveladas por el psico análisis, y 
atribuidas con una cierta ligereza a esa represión del instinto se- 
xual. 

Podría suceder. Pero sucede también que la medicina se vé 
obligada a veces a ordenarla severamente, sin preocuparse de aque- 
llas alteraciones que son, desde luego, en seres sanos y normales, 
poco importantes. 

Hay sin embargo una observación que señalar, y no poco im- 
portante. De las manifestaciones morbosas provocadas por la re- 
presión del instinto, ¿qué porcentaje responde exclusivamente a 
esa represión? ¿qué parte en ellas corresponde a la abstinencia de 
una función natural, y cuánto a las excitaciones artificiales, des- 
tinadas precisamente a exacerbar su apetito?. 

Acaso el hombre civilizado, el hombre de las ciudades, no ha 
alterado su valor biológico, inconscientemente, exaltando sus exi- 
gencias más allá de su verdadero valor?. 

¡Cuál es la parte que corresponde a lo artificial en ese poder 
neuropatógeno que se le atribuye?. 

El pseudo misterio de que se finge rodearlo ; el carácter de 
prohibido y pecaminoso, que se le atribuye apenas sale de los lími- 
tes artificiales trazados por la legislación, la religión y las costum- 
bres; el abuso que de sus manifestaciones se hace en la literatura, 
en la poesía, en la novela (en este caso con deleite especial para 
sus formas prohibidas, o delictuosas) ; la atracción sugestiva y hasta 
excitante de que se le acompaña en la representación figurada del 
cine; en la página diaria de los periódicos grandes y pequeños, que 
se destina a los crímenes y delitos pasionales, a los escándalos so- 
ciales . . . hasta los cuentos para criaturas en los que el premio no 
es otro que un matrimonio de provecho . . . todo esto obra sobre la 
psiquis del joven y contribuye en importante forma a la excitación 
del instinto. 

Por otra parte, la facilidad de satisfacer este impulso que ofre- 
cen los grandes centros de población, por lo que a uno de los sexo» 
concierne; el refinamiento de la sensualidad inventado por la ci- 
vilización para aumentar el placer sin consecuencias: para hacer 



1 66 


Paulina Luisi 


más fáciles los goces físicos de uno de los sexos, sin obstaculizarlos 
con responsabilidades y con deberes: la organización del comercio 
sexual por el Estado, su reglamentación, su tolerancia, no solamente 
autorizando e “ higienizando ” (?), el buen funcionamiento de las ca- 
sas de tolerancia, sino también de las casas de cita y otras más 
misteriosas aún, pero consentidas y vigiladas con secreta discreción; 
el consentimiento táctico de la incitación pública al libertinaje, el 
“racolage” y otros procedimientos semejantes, en plena calle, en 
los centros habitados, ' en las calles, plazas, en los lugares de ex- 
pansión, paseos y reuniones públicas; todos son factores que se mul- 
tiplican para excitar al deseo sexual. 

Allí mismo donde la casa de tolerancia ha desaparecido, allí 
mismo donde el Estado ya no la admite como lícita, allí donde se 
nos ha afirmado que se ha suprimido la reglamentación del vicio, 
hemos podido apreciar en mil procedimientos distintos, visibles y 
hasta escandalosos, la incitación y la oferta públicas presentándose 
sin reservas; o nos ha sido dado observar ciertos cuadros vivos, a 
la vista y paciencia de los pasantes entre los cuales puede haber 
jóvenes y adolescentes. Parques, plazas, playas y paseos de nume- 
rosas ciudades, algunos de los cuales tienen adquirido renombre 
mundial en este género de espectáculos, ofrecen exhibiciones de tal 
naturaleza no muy propicios ciertamente para educar al adoles- 
cente y al joven a esa continencia que le estamos predicando y 
esa fuerza de resistencia al instinto que queremos inspirarle. 

Acaso todos esos espectáculos, toda, esa exhibición, toda esa 
fiteratura libertina, desde la novela hasta el folleto y las postales 
pornográficas ocultas a veces hasta bajo las carátulas de una pseudo 
divulgación científica, llamada, ¡oh cinismo indecente! educación se- 
xual! como he tenido ocasión de observar en más de una metró- 
poli americana y europea; aquellas publicaciones denominadas de 
“Cultura sexual”; ¿acaso todo ese arsenal de excitaciones no tienen 
una muy gran parte en las llamadas exigencias naturales de la U- 
b ido ? 

Si todas las fuerzas del espíritu no se viesen, por obra del am- 
biente, y desde la infancia, atraídas, canalizadas hacia la finalidad 
sexual, que aún no apareciendo especialmente destinadas a ella, 

no dejan por eso de producir sus perjudiciales efectos; si la aten- 
ción y la curiosidad no estuviesen por causa de una mal entendida 
educación, polarizadas hacia las cuestiones sexuales, por todos los 

medios, bajo toda clase de formas como lo están; tendríamos de- 
recho ciertamente a sorprendernos que el despertar psicológico del 
sexo, se presente precoz, exaltando el instinto, mucho antes que la 
función vital de la reproducción haya llegado a su verdadera ma- 
durez. 

¡Qué parte hay que atribuir a esa sugestión continua del am- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


1 67 


diente, ininterrumpida, constante, en el desarrollo de todos esos fe- 
nómenos cuyos efectos ha denunciado el psico análisis, y qtíe ha 
sido utilizada para hacer con ellos el esqueleto de esa desorgani- 
zante innovación en la moral sexual; la exaltación del placer como 
finalidad del amor que hemos condenado y condenaremos sin cesar. 

Aplaudamos la sensatez con que el gran escritor Etienne Rey, 
los llama a la cordura cuando recuerda a los hombres que 

“la naturaleza, en ei interés mismo de la especie, ha agregado 
al instinto de los sexos, el atractivo de la voluptuosidad; y que es 
el ser humano quien, encontrando en ella la sensación más aguda, 
la más fuerte de su organismo, ha transformado en finalidad de! 
amor lo que en realidad es sólo un ardid de la especie para asegu- 
rar su conservación”. 

Esas cuestiones, irreflexivamente agregadas al ya no poco di- 
fícil problema, complican las dificultades para trazar a la juven- 
tud orientaciones rectas y sanas, que puedan ser por ella escucha- 
das y seguidas. 

Bajo la influencia del creciente desorden de las costumbres, 
bajo la influencia de un individualismo exagerado que regula su con- 
ducta según la famosa fórmula criolla “el que venga detrás que 
arree” traducción gráfica de la famosa expresión “aprés moi le dé- 
luge” del monarca francés, nuestra juventud va a la vida, pre- 
tendiendo eludir responsabilidades y deberes. 

Cada cual busca la mayor expansión a sus ambiciones y a sus 
apetitos, sin preocuparse para nada del vecino, y pareciendo ig- 
norar que el derecho de cada uno concluye allí mismo donde arries- 
ga lesionar el derecho de los otros. 

Sin embargo el individuo aislado es una forma antinatural. El 
ser humano es sustancialmente un ser de vida y costumbres colec- 
tivas, de donde el intercambio obligado entre el individuo y el 
medio social. 

Este intercambio, estas relaciones, crean forzosamente deberes 
y derechos. 

Cualquiera sea la forma constitutiva del medio a que pertene- 
cen, existen relaciones entre los individuos, comunes a todas ellas, 
porque dependen de la esencia misma de la vida colectiva, de la 
socialización de estas relaciones. 

La moral sexual no ha sido y no es igualmente comprendida 
por todos los pueblos. 

Desde la castidad rígida e implacable que se exige o se ha 
exigido a la mujer en algunos; hasta la absoluta libertad sexual 
erigida en principio por otros* desde el ascetismo fanático hasta el 
concepto popular de que “el hombre debe correrla ”, ¡cuán difícil 



168 


Paulina Luisi 


es encontrar un punto común para orientar a la juventud en esta 
ardua cuestión! 

¿Podremos encontrarla? 

La institución del matrimonio tampoco es más fija y estable, 
ni igualmente concebida, en todas las colectividades. Está por lo 

demás muy lejos de sobrepasar en cumplimiento rígido del deber, 
en abnegado sacrificio, a algunas uniones libres que podrían se- 
ñalarse como ejemplo. 

La organización de la familia también puede ser variable, di- 
versa : sea la institución legal aceptada por el derecho común, he- 
rencia del romano : sea el matrimonio religioso de una confesión 

cualquiera; sea la institución de la familia sobre la base del matri- 
monio, sea la unión libre de dos seres que fundan un hogar y edu- 
can a sus hijos. 

El concepto de la moral y sus normas directivas pueden su- 
frir variaciones según el medio social, pero ellas son forzosamente 
una resultante de las fuerzas espirituales de cada unidad, la que a 
su vez experimenta la presión de las influencias acumuladas en ese 
medio en el cual evoluciona. 

El tipo fundamental, básico, existe sin embargo en cada uno. 

Es, si puede decirse, el cociente moral individual en cada co- 
lectividad; cualquiera sea su valor, este cociente existe aún en las tri- 
bus más primitivas. 

Puede encontrarse, en el conjunto de todos los pueblos, un co- 
ciente, residual común, del cual podrían sacarse algunas directivas 
también comunes para todos, en lo que concierne la cuestión espe- 
cial que nos ocupa; directivas totalmente generales como para ser- 
vir de brújula a la juventud, cualquiera fuere la organización so- 
cial a que pertenezca ? 

Algo hay que es inmutable, porque no ha sido arbitrariamente 
hecha por los hombres, sino que es función misma de la especie. 
Es el instinto sexual en su correcto significado, que empuja a los 
seres humanos, varón y mujer a la finalidad absoluta de la natu- 
raleza: prolongar la vida a través de los tiempos. 

Más allá de las organizaciones variables creadas por los hom- 
bres, esta fuerza perdura inalterable: es la Vida que defiende su 
propia supervivencia. 

Pero ya no lo es, con el gesto individual, singular, de las res- 
tantes funciones del organismo. Es un plural indivisible en el que 
se juegan los destinos de tres seres, cualquiera sea la organización 
social que los humanos hayan adoptado : él hombre, la mujer, el 
niño. 

Por efecto de esta pluralidad, surgen deberes recíprocos. 

Deberes del hombre y la mujer, iguales para ambos en res- 
ponsabilidades y en derechos. ¿Qué es el derecho sino el instrumen- 
to para cumplir los deberes? 



Pedagogía y Conducta Sexual 


169 


Deberes de ambos uno para el otro, de limpieza en la acción 
y en la intención; de salud, de integridad física y espiritual entre 
estos dos seres que se acercan y se unen, obedeciendo a esa ley 
inexorable de perpetuar la Vida. 

Deberes de limpieza de salud, de integridad física y espiritual, 
para con el ser que de su unión será creado, y hacia el cual les 
corresponden todas las responsabilidades. 

Estos axiomas biológicos son el punto central que buscábamos, 
para servir de norte a una orientación inequívoca de la educación 
de la juventud en materia sexual. 

El acto sexual recobra así su finalidad absoluta impuesta por 
la biología, sin alternaciones circunstanciales impuestas o provo- 
cadas por las leyes o las costumbres de los pueblos. 

Y así como del acto material realizado surgen consecuencias 
trascendentes en la especie; de ese acto, en su realización social, 

deben surgir los deberes y las responsabilidades que reclama la 
misma biología aplicada a la moral social. 

Por el hecho que el acto creador tiene el mismo valor biológica 
en el varón que en la mujer, ante las leyes de la vida, los deberes 
y las responsabilidades deben ser los mismos, y por consecuencia, 
iguales los derechos que son el instrumento que ambos deben poseer, 
por igual, para darles cumplimiento. 

Del punto de vista jurídico, (que es un acomodo variable en- 
tre los hombres y la colectividad) los deberes y las responsabilida- 
des pueden ser diversas para el hombre y para la mujer; del punto 
de vista de una moral biológica libre, justa, elevada, equitativa, el 
mismo acto realizado en circunstancias iguales, conscientemente, 
libremente, consentidamente, por el varón y la mujer, debe entra- 
ñar para uno y para otro iguales deberes e iguales responsabilidades. 

Sin embargo este eriterio, inspirado por las mismas leyes de la 
vida, originado en una moral elevada y un profundo sentido de equi- 
dad y de justicia, está lejos de ser aceptado por la moral corriente, 
anticuada, desmonetizada, fósil, pero seguida de cerca por la ley 
positiva: la ley que dá a uno de los actores, el varón, todos los de- 
rechos y todas las libertades; y hace recaer sobre el otro, la mujer, 
todos los deberes y las responsabilidades, cada vez que el acto crea- 
dor se haya realizado al margen de los ritos establecidos por los con- 
tratos legales o religiosos. 

Una moral honrada, una sociedad justa, no pueden admitir sino 
un principio director: el deber y la responsabilidad iguales en li- 
bertades y en derechos para ambos sexos. 

En una palabra, una sola moral, única, elevada, para ambos 
sexos. 

Es necesario pues combatir esa doctrina funesta del “mal ne- 
cesario” concepto equívoco y brutal que admite para el hombre te- 



170 


Paulina Luisi 


das las licencias; exige a la mujer todos los sacrificios, y se desen- 
tiende del destino de la criatura llamada a la vida inconsultamente. 

Necesario, destruir esa funesta doctrina de la dualidad de la 
moral, instigadora complaciente de la seducción, del abandono del 
hijo por el hombre, cuando no fué engendrado dentro de los ritos 
legales; instigadora hipócrita y juez implacable, del aborto y del 
infanticidio. 

Obra de la nueva educación de la juventud, debe ser esa de 
destruir los principios funestos de la dualidad de la moral, que han 
envenenado las costumbres y las leyes y de la cual es una de las 
más crueles consecuencias, de las más infamantes para la civiliza- 
ción y la Cultura, ese cáncer que las roe, y que ella ha engendrado: 
la prostitución. 

Una educación nueva, restituirá al acto sexual su finalidad ab- 
soluta, inalterada, pese a los artificios de la civilización; finalidad 
sagrada, porque es la vida de la especie a través de las edades. 

Una educación nueva que eleve el significado del acto sublimán- 
dolo en el ánimo de nuestras juventudes; restituyéndole su signifi- 
cado de gesto creador, hoy envilecido por la relajación de las cos- 
tumbres y convertido en fuente estéril, cuando no vergonzosa, de 
placeres inferiores. 

Al sublimar la significación de “facultad creadora” del acto 
sexual, la educación, inspirándose en una moral elevada, igual para 
ambos sexos, le devolverá su valor espiritual de un deber, que todo 
ser humano, en la integridad de su salud física y moral, está obli- 
gado a cumplir para completar el ciclo de su existencia y al cual 
ninguno, en la plenitud de su salud, tiene el derecho de esquivar. 

Esta educación nueva debe cultivar celosamente y desde la 
infancia, el carácter y la fuerza de voluntad a fin de que la juven- 
tud, llegada la hora, esté capacitada para dominar, pora domar 
los impulsos del instinto y someterlos a la disciplina que reclama 
su elevada finalidad. 

Debe inspirar a los jóvenes el sentimiento de su deber sexual, 
tan celosamente como otrora se les inspiraba el del honor; debe in- 
eultarles la conciencia de sus responsabilidades y la fueza de ca- 
rácter necesaria para afrontarlas y satisfacerlas. 

Debe crear en los jóvenes una nueva conciencia de solidaridad 
humana, que oriente sus acciones p la felicidad común de cuantos 
le rodean, cuya vida está sometida a iguales contingencias, expuesta 
a iguales males, iluminada por las mismas alegrías que la propia. 

Contingencias, males y alegrías de las que somos artífices nos- 
otros mismos y que repercuten no sólo sobre nosotros sino sobre 
•quienes nos rodean. 

Los que nos rodean, es la humanidad entera. 

Jamás, como en la hora presente fué más luminosa esta verdad. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


171 


Los hombres cualquiera sea el clima bajo el cual viven, cual- 
quiera la latitud de su suelo, están vinculados entre sí y dependen 
los unos de los otros, porque la humanidad es una. 

Su fuerza, diseminada sobre el planeta en radiaciones diversas, 
es también una, que al margen de nuestras propias voluntades se 
reúnen en un solo haz. 

Este principio de solidaridad indiscutible en el espacio y en 
el tiempo, nos vincula en el presente y en el porvenir. 

Ló mismo que llevamos en nosotros las huellas imborrables de 
los tiempos transcurridos; las generaciones venideras, cuya salud y 
cuya felicidad dependen de lo que la generación precedente hará 
por ellas, llevará las suyas. 

Cadena de amor en el espacio y en el tiempo, cuyos anillos pa- 
recen a veces quebrados por las grandes convulsiones de los pue 
blos como parecieron destrozadas por el huracán bélico que hirió ai 
mundo a principios de este siglo, pero que perduran con más o 
menos resistencia y vitalidad a través de la historia, y que debemos 
reconstruir y fortalecer en el corazón de nuestras juventudes. 



Anexo 


El pesimismo de nuestras juventudes 


UN ARTICULITO DEL DIARIO ACCION, REVISTA ESTUDIANTIL 

Con el título de “Congreso de Moral”, escribía este semanario,, 
en 26 de setiembre de 1934: 

“Hacia dónde tira el deseo de evadirse de la realidad, deseo 
eterno de los hombres? 

“A engarzar en nuevos vicios su vacío de ideales, o hacia una 
enderezadora ruta de romanticismos nuevos? 

“Se organiza un grandioso Congreso de Moral, con sede en 
Budapest, para el próximo mes de octubre. 

“Desde aquí se enviará un informe suscrito por la Dra. Pau- 
lina Luisi. 

“Pensamos que los resultados de esta reunión de excelentes vo- 
luntades, pueden pasar inadvertidos para quienes precisamente ne- 
cesitan todos los remedios. Pero como en los vericuetos de la inmo- 
ralidad montan guardia tantos cuantiosos intereses, por una vez, 
por lo menos, la trascendencia que provendrá de la alta jerarquía 
de los moralizantes, será capaz de mover un poco la incólume e in- 
tachable firmeza de tanto traficante protegido muy bien por el 
dinero y las influencias que mueven. 

“Pobre esperanza de los que no tenemos mucho, pero vende- 
mos menos al interés bajo es, pero esperanza al fin, la de ver 
quieta, pero implacable la espada ígnea del ataque limpio, pronto a 
parar la jauría”. 

Me apenó el suelto, por la tristeza y pesimismo que destila. ¿Y 
así piensan nuestras juventudes, en las que tenemos puesta, tam- 
bién nosotros la esperanza? Y fué tal vez bajo esa impresión del 
desaliento de nuestros queridos muchachos, que redacté mi informe . . . 

Así les contesté: 

Si de la prosa un tanto alambicada de la frase — no he ex- 
traído mal el contenido, — hay un reproche de romanticismo estéril 
en el trabajo que hemos emprendido, allá y aquí, al margen de las 
agitaciones políticas; que aquí y allá, mantienen al mundo en esa 
inquietud y desconfianza que dura desde varios años. 

He sido directamente aludida, — precisamente en un momento 



Pedagogía y Conducta Sexual 


173 


en que puedo, con orgullo contestar: a pocas pero precisas pruebas, 
me remito! 

Antes de proseguir, una aclaración. El congreso mencionado no 
es un congreso de moral en general. Se trata del estudio de un capí- 
tulo, y hasta de un capítulo dentro de otro capítulo. Se tratará de 
* ‘Moral Social” estudiándose el terrible problema de la prostitución. 

La primera sección se ha encomendado a dos Miembros infor- 
mantes; al principio era uno solo: la que suscribe. Se puso u opu- 
so otro relator cuyas normas ideológicas serán, — en momentos de 
fuerte reacción confesional, como la que pesa actualmente sobre nues- 
tro mundo de occidente, — el contrapeso a las ideas rígidamente 
laicas de la informante, que no lleva como representación la de su 
país; sino la de la Comisión Internacional de Mujeres de la que 
es su actual Presidenta. 

Curioso será confrontar las opiniones vertidas al respecto. (1) 
Por una parte, la que expresará el Sr. Obispo de Hungría, y la 
otra de que será portavoz la Eepresentante de la Comisión Inter- 
nacional de Mujeres por la Unidad de la Moral. 

Cualesquiera sean, — una cosa resultará ciertamente — la 
afirmación de principios no tan románticos como se le presentan a 
los ojos del autor de la crónica. 

También hace veinte años casi, — al emprender la misma la- 
bor, merecí otros conceptos no tan galantes ciertamente como el de 
“romanticismo nuevo”; sino otros muchos, de .la abundante gama 
de calificativos que enriquece el lenguaje criollo sobre eso de 
que vamos a ocuparnos nuevamente; hasta el pasquín distribuido a 
la salida de los templos, o el calumnioso folleto jesuítico firmado 
por un colega, hoy prestigioso colaborador de la dictadura. . . 

No hay que desalentarse por eso, amigos míos. . . sino seguir 
impertérritos la marcha, soportando lluvias y granizos . . . 

Y así es como el concepto “romántico” ha descendido al campo 
de las realidades fecundas; ha penetrado un poco en la conciencia 
de las masas. . . 

Por lo que ños toca a nosotros; desde la ley de 1927, del Dr. 
Justino Jiménez de Aréchaga, sobre represión del proxenetismo; 
hasta las nuevas orientaciones de nuestras gentes que ahora no se. 
escandalizan de hablar en términos científicos de ciertas cuestiones 
de moral y de salud que se llamaban secretas; y el hecho que una 
Comisión de señoras “bien” haya patrocinado el lunes en el Sodre, 
una conferencia nada menos que sobre enfermedades venéreas! dic- 
tada por un distinguido médico argentino, demuestra a las claras 
que nuestros trabajos van dando sus primeros frutos, pocos como 
de árboles tempranos, pero van fructificando. . . 


(1) Véase páginas anteriores, en Introducción de “Educación de la Ju- 
ventud”, el informe sobre las opiniones de ambos relatores. 



174 


Paulina Luisi 


No hay esfuerzo inútil! Hay que combatir con valor y constan- 
cia pese lo que nos pese... “Quand méme!”... 

Tarde o temprano, fructifica! 

# 

* # 

Traigo estas notas n a colación, porque también, sobre todo el 
contenido de este libro, sobre todas nuestras luchas pro - enseñanza 
sexual; a los que a su favor combatimos, se nos ha repetido lo mis- 
mo : Romanticismos ! Utopías ! 

Por lo que me toca, lo niego en absoluto. Desde cuarenta años- 
que lucho por esta aspiración, no diré que ella se ha hecho realidad 
en absoluto ; pero nadie podrá tampoco afirmar que ha fracasado 
poco a poco muchas ideas sobre el problema han cristalizado, la re- 
forma va penetrando paulatinamente en las conciencias; se han re- 
movido muchos prejuicios; en nuestras escuelas y liceos va penetran- 
do la reforma. . . 

Largo y penoso trabajo, cierto es! Que sólo se conseguirá algo 
de lo mucho que se anhela, cierto también! Pero tenemos que ha- 
bérnosla con el más tremendo de todos los enemigos, el más pode- 
roso: la carne! el instinto máximo que sabe rugir salvajemente; al- 
go que se logre dominarlo, mucho será. 

Lo que no puede tolerarse ya, es dejarlo libre cómo fiera en 
la selva: labor de domador, siempre ingrata, pero bella! 



TITULO V 


Discusión de las conclusiones de mi ‘‘ensayo” 


CAPITULO I 

La proposición presentada al Primer Congreso Médico Nacional 
Uruguayo, por el Dr. Juan Antonio Rodríguez,, ampliada con la 
mía (1) fueron pasadas al Consejo de Enseñanza, entonces Direc- 
ción General de Instrucción Pública, por la Secretaría del Congreso. 
Igualmente fué enviado mi trabajo presentado al Primer Congreso 
Americano del Niño. 

A principios de 1919 esta aspiración tuvo un conato de crista- 
lización oficial en nuestro país, con el proyecto presentado por los 
Miembros de aquel cuerpo, doctores Baethgen y Prando. (2) 

Sin perder una hora, el Comité Abolicionista Uruguayo - Argen- 
tino, de reciente crecación, organizó su Segunda Conferencia Rio- 
platense, (la primera se había realizado el año anterior en Buenos 
Aix-es), a fin de explicar y defender el proyecto. Se realizó en los 
días 25 y 26 de octubre en el Paraninfo de nuestra Universidad y 
se dedicó, exclusivamente a la “Enseñanza Sexual”. 

Me cupo el honor de ser encargada de preparar una amplia 
exposición explicando el alcance de la Enseñanza Sexual, dedicán- 
dose a su lectura la primera tarde; el siguiente día se destinó a 
la discusión. (3) . 

Se habló a favor y en contra de la tesis: Entre los primeros, 
universitarios como el Dr. Baethgen, abogado, y autor del proyeeto; 
el Dr. Santín Rossi, entonces Director de la Colonia de Menores y 
después Ministro de Instrucción Pública, médico; el Dr. Augusto 
Turenne, Profesor de la Facultad de Medicina y ex-Deeauo de la 
misma ; el Dr. José Brito Foresti, Profesor de Sifilografía en la 
misma Facultad ; los Dres. Angel M. Giménez y J. Jonquiéres de 
los Hospitales de Buenos Aires; la Profesora Enriqueta Compte y 
Riqué, ex - sub - directora de la Escuela Normal y directora - funda- 
dora de nuestras escuelas Froebelianas. 

Encabezando el movimiento contrario a esta enseñanza el Dr. 
Alejandro Gallinal del Consejo de Higiene y la Srta. Leonor Hour- 


(1) Véase el Título VII: Proposiciones de Congresos. 

(2) Véase el texto en el capítulo mencionado. 

(3) Véase el texto, Título III, de éste libro. 



176 


Paulina Luisi 


ticou, directora de la Escuela Normal de Maestras, la que siempre 
fué contraria acérrima a esta enseñanza lo mismo entonces que 
cuando se creó la Cátedra de Higiene Social por iniciativa y reso- 
lución del mismo Parlamento. 

La prensa acompañó esta campaña, quien aplaudiendo con entu- 
siasmo, quien fustigándola tenazmente. 

La Conferencia duró dos días, siendo presidida por el Ministro 
<Je Instrucción Pública Dr. R. Mezzera que abrió el acto. 

Pocos meses después en 1920 me trasladé a Europa con el fin 
de asistir a los dos congresos femeninos, internacionales, los prime- 
ros que se celebraban después de la guerra 1914-1918, en los que 
tuve también la oportunidad de expresar mis ideas al respecto, en 
conferencias en la Universidad de Oslo y en Ginebra. En Suiza, a 
sugestión del sabio Profesor Augusto Forel, que conocía algunos 
de mis trabajos, el Comité de la “Ligue pour l’Action Morale”, de 
Lausana me solicitó una conferencia sobre el mismo asunto. Fué pa- 
trocinada además por la “Association contre les maladies vénériennes 
et lutte pour la moralité publique” y el Comité de la “Maison du 
Peuple” poseedor del mayor salón de conferencias de aquella ciudad, 
que puso a mi disposición. 

Desarrollé el tema siguiendo más o menos el texto -de la Con- 
ferencia de 1919 titulada “Plan y métodos de educación sexual”. 

El asunto estaba a la orden del día. Un Comité Pedagógico, nom- 
brado por “El Comité Suizo para el estudio de las cuestiones sexuales 
y lucha contra las enfermedades venéreas”, que sesionó dos años ha- 
bía producido un informe, varias de cuyas proposiciones estaban en 
desacuerdo con la tesis desarrollada en mi conferencia. 

Terminada ésta, el Presidente declaró que, según la costumbre, 
habría controversia, lo que me dejó un tanto intimidada. Eran mis 
primeras armas en el extranjero. . . y había que improvisar en fran- 
cés . . . ! 

Uno de los miembros de la Comisión pedagógica expuso las con- 
clusiones a que arribó ésta después de largo estudio. Son la que 
ocupan el VI lugar en las “Conclusiones de Asociaciones”. (1) 

Hubo quien observó que: 

“La iniciación sexual es una cuestión de índole privada y co- 
rresponde a la familia dar los conocimientos particulares sobre este 
asunto”. 

La misma observación se me hizo en 1929 en Berlín, en la “Co- 
misión por la Unidad de la Moral” en la que una Delegada observó 
que siendo la enseñanza obligatoria para todos los niños, no se tiene 
el derecho de imponer a los padres que toleren semejante enseñanza. 
(En cualquier momento se podrá observar lo mismo respecto a la 
enseñanza de la geografía o de la historia). 


(1) Véase “Proposiciones de Asociaciones y Congresos”, Título VII. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


177 


Sin embargo esta observación se suele presentar frecuentemente, 
•como argumento contrario para oponerse a la enseñanza sexual o 
biológica. 

Otro argumento, también contra, que se ha creído contundente, 
es aquél que “los maestros no están preparados para realizarla”. 

No dejó de hacer su aparición en la conferencia de Lausana. 

También, pero en forma de afirmación bastante lesiva para 
nuestro cuerpo docente, fué presentada al Congreso Médico de 1921 
en Montevideo. 

Es que detrás de esta apasionada oposición, existe la muy grave 
cuestión confesional, que empuja a muchos a repudiar las enseñan- 
zas de nuestras escuelas laicas. 

Esto nos lleva a señalar las exigencias de ciertas escuelas con- 
fesionales que no admiten que la revelación de los fenómenos sexua- 
les sea realizada sino por el Confesor o el Director de Conciencia. (1) 

Yo no quiero entrar para nada en la discusión de este asunto 
que como todo lo que atañe al dogma, queda fuera de la órbita del 
análisis científico para entrar en los dominios de la fe que no ad-- 
mite las críticas del razonamiento. 

Es por estas consideraciones que en el capítulo primero de este 
ensayo, establezco terminantemente, para no dar motivo a falsas o 
torcidas interpretaciones, la siguiente posición de absoluta prescin- 
deneia : 

“Será necesario crear una nueva conciencia inspirada en un 
afán continuado de superación, que sea algo así como el mecanis- 
mo que ponga en movimiento las fuerzas espirituales. Estas pueden 
ser: una religión positiva; la noción abstracta del deber; un con- 
cepto de moral sin religión; un ideal personal cualquiera...”. 

Es decir que cada uno determine en su propia conciencia, en su 
propio yo individual, la brújula que habrá de orientar su conducta en 
la vida, sin pretender imponerle las normas propias; sino tolerando 
las ajenas como para nosotros mismos lo pretendemos con las nues- 
tras; respetando la conciencia y la fe de cada uno y exigiendo que 
la propia sea respetada; esto es, dando a cada uno el pleno goce de 
la propia libertad sin más limitaciones que el bien común. 

Al margen de todo proselitismo, de cualquiera orientación que 
sea; puede la escuela desarrollar en cada uno de los seres confia- 
dos a su acción, sentimientos y virtudes que caben „ dentro de todos 
los credos, sean ellos cuáles sean. 

Manteniéndose en el área de la esfera educativa, — común e 
igual para todo él pueblo, al margen de dogmas o concepciones fi- 
losóficas de cualquier orden; — la escuela tiene aquí una gran mi- 
sión que cumplir. 

Así pues, al hablar de moral biológica, para gobernar nuestra 


(1) Véase Proposiciones, N.Q XIX del Título VII. 


12 



178 


Paulina Luisi 


conducta en beneficio de los que vendrán; al instituir una moral que 
enaltezca el trabajo; al pretender respeto y exigir responsabilidades 
en la conducta sexual, no sólo con relación a los que nos rodean, 
sino hacia las vidas que esa conducta sexual puede engendrar; nos- 
otros no lesionamos ni rozamos en nada el sentimiento religioso de 
nadie; antes bien, nuestra doctrina encaja perfectamente en los man- 
datos de todas las religiones, puesto que todas ellas exigen del ser 
humano, de ambos sexos, una sana y recatada conducta sexual. 

Por esa razón, insistimos al finalizar el capítulo 1.’, cuando de- 
cimos : 

“Cualquiera sea la base especulativa sobre la que se pretenda 
cimentar la moral : base filosófica, dogmática o confesional, . . . hay 
una verdad en la que todas ellas, por opuestas o lejanas que parez- 
can, se reúnen: la necesidad del respeto a las leyes de la Vida”. 

Esta noción suprema es la que pretendemos que la escuela la 
inculque en el corazón y la mente de los hombres futuros. 

La familia corriente, salvo un porcentaje reducido, no tiene aún 
la cultura, la preparación necesaria para realizarla con eficacia. 

La escuela, ella, puede cumplirla merced a una pedagogía vigi- 
lante, experta y prudente. 

Como lo decíamos antes, se ha objetado, y no sin cierto grado 
de razón que la escuela no está preparada todavía para llevar a 
cabo esta enseñanza. 

La Comisión de educadores de Lausana lo ha subrayado, po- 
niendo a estudio la importancia de la actuación del maestro frente a 
las cuestiones sexuales en la enseñanza. 

En el Congreso Nacional Uruguayo de 1921, se votarún propo- 
siciones categóricas sobre la preparación de los docentes para esta 
enseñanza. 

El Congreso de Profilaxis sanitaria y moral de París de 1923, 
insistió en esta necesidad, con carácter de urgente , y en el cuestio- 
nario preparatorio, dirigido a numerosas personalidades, el Profesor 
Mauricio Roger, al preparar el temario para la sección de “Edu- 
cación sexual”, estableció un capítulo especial destinado a la pre- 
paración de los educadores. (1) 

Como encargada del informe sobre la materia, presenté en la 
7.» proposición, un voto para “la preparación científica y pedagógica 
de los educadores”, que como era de suponer, fué votada por unani- 
midad. 

Por su parte la “Sociedad Francesa de profilaxis sanitaria y 
moral” en su proposición programó “una campaña de propaganda 
en favor de la educación de los educadores”. 

En Uruguay se dió un paso más eficiente: En 1924, por dis- 


(1) Véase al final de la primera parte, en el informe al Gobierno, el 
temario “in extenso”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


17? 


posición del Parlamento se creó una Cátedra con ese objeto que 
fué denominada de “Enseñanza sexual” pero que, a indicación de 
la Profesora designada para dictarla, se llamó “Cátedra de Higiene 
Social”, atendiendo a los principios establecidos por mí para di- 
cha enseñanza. (1) 

Como puede verse por estos ejemplos, las objeciones relativas 
a la incompetencia de los maestros, pueden salvarse con extrema 
facilidad, si en verdad se desea prepararlos: no puede pues ser un 
obstáculo para la introducción de esta enseñanza en la escuela. Bas- 
tará agregar a los cursos de ciencias naturales, pedagogía, psicolo- 
gía, metodología y moral la parte correspondiente a este asunto. 

Será menos difícil aún, si se adopta como método para esta 
enseñanza la forma que he propuesto en los congresos mencionados; 
la adquisición de los conocimientos necesarios por los alumnos - maes- 
tros será tanto más sencilla según ese concepto mío de cómo debe 
suministrarse esta enseñanza, expresado en la proposición V.* que 
puede traducirse por la siguiente paradoja: “realizar la enseñanza 
sexual, educación e instrucción, sin hacer enseñanza sexual”. 

En efecto, en las proposiciones II y III aceptadas por el Con- 
greso de 1923, (2) y más explícitas en el texto propuesto, parágra- 
fos 7, 8, 9, 10 y 11 que fueron combatidos en parte por el Profesor 
Pinard, quien no aceptó la co - educación; lo mismo que en los pá- 
rrafos 4 y 5 que establecen la fusión de esas nociones en el conte- 
nido de las otras materias; favorecerían de tal manera la enseñanza 
apetecida, que desaparecerían las mayores objeciones que puedan 
hacérsele. 

Mi tesis fué recogida por el Congreso de los Grupos Femeninos 
de enseñanza laica (3) y transcriptos varios párrafos de mi En- 
sayo, apoyando mi proposición 3. 9 , a saber: 

“Para llenar su cometido, la enseñanza sexual debe desapare- 
cer como materia especial. Sólo debe existir la educación integral, 
conclusión VIII”. 

También en ese Congreso se habló de la “incompetencia de los 
maestros” y se reclamó como una necesidad, cursos en las Escuelas 
Normales para prepararlos a esta nueva enseñanza. 

El Miembro informante de aquel Congreso de Enseñanza laica 
agrega que muchos maestros no se atreven a iniciar esta reforma, 
porque habría que luchar contra la incomprensión de los padres, 


(1) Véase el Título VIII: “Una cátedra de Higiene Social”. 

(2) Ver proposiciones de Congresos. 

(3) Ver Bulletin des Qroupes Feministes de l’Eneeignement laique, N.o 
18, marzo de 1925. 



180 


Paulina Luisi 


la falta de apoyo en las autoridades, y la iglesia; “trinidad impre- 
sionante, afirma, contra la que no se atreven a enfrentarse”. 

Hemos señalado uno de los argumentos esenciales: la falta de 
preparación de los maestros, muy fácil de subsanar. 

Hay un punto en el que mi doctrina no está de acuerdo, a mi 
conocimiento, con las proposiciones que al respecto han sido expues- 
tas, y de las que he transcripto algunas en el capítulo a eso desti- 
nado; yo sostengo lav supresión de la materia como tal, como ma- 
teria especial; quiero la amalgama, la fusión de los conocimientos so- 
bre las cuestiones sexuales, con el resto de las materias afines del 
programa escolar. 

Este concepto no lo he visto expuesto por ningún autor lo 
que me permite pretender a su maternidad exclusiva, como un con- 
cepto pedagógico original mío. 

Otra cuestión en la que también estoy discorde con muchos, es 
sobre la persona que debe suministrar estos conocimientos: se ha 
propuesto el médico escolar, el médico familiar, el confesor o direc- 
tor de conciencia. Estoy absolutamente en desacuerdo por conside- 
rarlo una gravísima falta de técnica pedagógica. Lo he explicado en 
el texto de mi ensayo y sintetizado mi razonamiento en las propo- 
siciones 4.*, 9.* y 10.*: entiendo qug este procedimiento no sólo es 
ineficaz, sino que lo estimo perjudicial de todo punto de vista. 

Finalmente estoy en desacuerdo con la mayoría de los autores 
en cuanto a la edad en que estas nociones deben ser presentadas a 
los niños. 

Del texto de mi “Ensayo” se deduce claramente que no acep- 
to edad determinada, sino como lo establece la proposición II, debe 
verificarse durante todo el período educacional. 

No estoy pues de acuerdo con la Comisión pedagógica de Lausa- 
na, que en el art. III de su informe establece (letra B) el desiderá- 
tum de incluir en la enseñanza, lecciones profilácticas por el mé- 
dico del establecimiento, y en el inciso letra — C — dice: “Sería 
ventajoso incluir estas lecciones en el curso de Higiene; (en lo que 
estoy de acuerdo) ; pero, éste debería ser transferido por completo 
del profesor de historia natural al médico escolar”; lo que no acep- 
to. £1) 

Siempre que se trate de la escuela primaria, y de la secunda- 
ria o complementaria, sin enseñanzas previas, entiendo que es un 
error. En el capítulo V de mi “Ensayo”, titulado “Higiene y mo- 
ral”, insisto en la asociación y concomitancia de las nociones de hi- 
giene y las de moral sexual. Entregar esa enseñanza al médico es- 
colar es suprimir los beneficios de la asociación entre ambas mate- 
rias, higiene y moral, que es de inmensas proyecciones para la orien- 
tación de la futura conducta sexual. El médico escolar hará de esta 


(1) Ver Proposiciones de Congresos, N.<? VI, del Título VII. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


181 


enseñanza un curso de profilaxis venérea: el maestro asociará la mo- 
ral sexual y la conducta a la higiene: entre ambas enseñanzas hay 
un abismo. (1) 

Este punto fué el que tal vez ocupó el mayor tiempo en la dis- 
cusión de mi conferencia de Lausana en 1920: mostré el grave error 
pedagógico que representa esta sustitución. Y he de apuntar, en ho- 
menaje a la sinceridad y nobleza de mis contrincantes, que ellos, des- 
pués de nutrida discusión, concluyeron aceptando completamente mi 
tesis. - 

Convinieron que en efecto, dividir la enseñanza, dando una 
parte al médico, o para mejor decir, separando una parte del con- 
junto, es perder una gran riqueza de valores morales que la parte 
científica puede sugerir. 

Se comete además otra falta pedagógica, despertando curiosidades 
extemporáneas, que en mi Ensayo creo haber demostrado cómo se 
pueden evitar. 

Se llega así a un punto difícil y lleno de escollos: la edad más 
conveniente para no suscitar esas curiosidades peligrosas. 

En el capítulo VI de mi “Ensayo”, titulado: ¿A qué edad? he 
estudiado detalladamente este problema. 

Tuve también la satisfacción de ver, al final de mi conferencia, 
que la mayoría de la Comisión Pedagógica se plegó a mis conclusio- 
nes. 

Por su parte, el Congreso de Enseñanza laica del año 1925 dice 
en su informe: (2) . 

“La Dra. Luisi, — a la cual hemos tomado muchas páginas, 
porque ellas traducen exactamente el criterio de este grupo; oponía 
con toda razón al Dr. Pinard, que la enseñanza, sexual, comenzada 
a los 12 o 15 años, es demasiado tardía y por lo tanto peligrosa”. 

El Informe continúa reproduciendo algunos trozos del mencio- 
nado capítulo de mi Ensayo. 

En Bélgica, el Profesor de Clínica en la Universidad de Bru- 
selas, Dr. Le Clerc Dandoy, también pedagogo, en un informe so- 
bre “Educación biológica”, para las jornadas médico - pedagógicas de 
la “Liga Nacional de la Enseñanza”, apoyaba mi tesis, citando lar- 
gos párrafos de mi “Ensayo”. 

No refiero estas valiosas opiniones con las que ambos congresos 
apoyaron con su alta autoridad las ideas vertidas en mi “Ensayo”, 
por una necia satisfacción de amor propio, puesto que somos todos 
combatientes en una misma y recia batalla, y por encima de todo 
anhelamos el triunfo de nuestras ideas, porque las consideramos be- 
neficiosas para el bien común. 


(1) Ver cap. V, del ensayo. 

(2) Ver Bulletin des Groupes Feministas de l’Enseignement laxque, 
NV 18, marzo de 1925. 



182 


Paulina Luisi 


Las refiero porque demuestran que el problema de la “Edu- 
cación sexual” puede haber sido planteado por los médicos; pero 
que solamente los pedagogos están capacitados para resolverlo, por- 
que poseen ese indispensable bagaje que no han adquirido los pro- 
fesionales de la medicina : el criterio p&ico - pedagógico, base de toda 
enseñanza racional. 

Repito pues mis palabras iniciales al Informe del Congreso Mé- 
dico Nacional de 1921: 

Este tema corresponde más que a la medicina, a la pedagogía: 
ella sola será quien puede resolverlo. (1) 

UNA INTERESANTE CONFERENCIA EN LAUSANNE (2) 

Noticias llegadas últimamente de Europa nos hacen saber que 
en el pasado mes de noviembre la Dra. Paulina Luisi, dió en Lau- 
sanne una conferencia pública que en aquél centro intelectual de 
Suiza, tuvo mucha resonancia. Se trataba de un tema sumamente 
controvertido, lo que se ha dado en llamar “Enseñanza sexual”. 

El tema era de gran actualidad en Lausanne. Todos estaban 
de acuerdo en que es necesaria esta iniciación, pero cuando se lle- 
gaba a precisar a quien corresponde esta tarea delicada, las opi- 
niones divergían: unos sostenían que esta enseñanza corresponde a 
la familia; otros que debe impartirse en la escuela. 

Por esto el anuncio de la conferencia atrajo al salón un pú- 
blico numerosísimo, formado en gran parte por Profesores de la 
Universidad y Maestros. 

La Conferencia era patrocinada por el “Comité de la Maison 
du Peuple” ; la “Asociation contre les maladies vénériennes et la lut- 
te pour la moralité publique” y por la “Ligue pour l’action morale”. 
Como la conferenciante vino a concluir que esta enseñanza debe 
darse por la escuela; y el Presidente anunció que, según la cos- 
tumbre, sería seguida de controversia; uno de los Miembros de la 
Comisión pedagógica, tomó la palabra para exponer que después de 
un largo estudio, la Comisión había llegado a la conclusión de que 
los maestros no están suficientemente preparados para eso. 

Entonces, después de oírse a varios oradores, la Dra. Luisi 
tomó de nuevo la palabra para exponer “prácticamente”, el pro- 
cedimiento. Fué una nueva conferencia que duró más de una hora 
y terminó en medio de aplausos y de vivas aclamaciones. El Pre- 
sidente de una de las Asociaciones patrocinadoras, manifestó pú- 
blicamente que modificaba sus opiniones y que después de haber 
oído las explicaciones comprendía que habían estado ofuscado^ 
por resabios de prejuicios. 

Nuestra compatriota fué vivamente felicitada por muchos 
Profesores y personalidades científicas y docentes de Lausana. 

(De nuestro corresponsal) . 


(1) Véase mis comentarios a la encuesta del O. J. H., Título XII. 

(2) El corresponsal en Ginebra del diario “La Mañana”, de Monte- 
video, dió cuenta de esta conferencia en el N,9 22, diciembre 1920. 



CAPITULO II 


Unidad de la Moral (1) 


En nuestro congreso anterior, Berlín 1929, hemos establecido 
<?on precisión, los principios que deben inspirar el trabajo de esta 
Comisión. No quisimos entonces ampliar la doctrina que fué defini- 
tivamente condensada en la fórmula que votamos en Roma, (1923), 
a saber: una sola moral elevada para ambos sexo. 

Pero habiendo yo notado una cierta incomprensión en el pó- 
blico que nos sigue y atiende, creo conveniente explicar su alcance 
como doctrina, y las consecuencias que se deben deducir para su 
aplicación práctica. 

En lo que concierne a la declaración de principios de la Alianza, 
la resolución del Congreso de Berlín ha sido modificada en su re- 
dacción y algo ampliada, pues he creído necesario llamar algo más 
la atención sobre una cuestión de capital importancia: la enseñanza 

SEXUAL. 

Por este motivo he insistido sobre la disciplina sexual, reparando 
así esta omisión en nuestra declaración de Berlín, e insistiendo so- 
bre este asunto, que es la piedra angular de nuestro trabajo efec- 
tivo, y la base inconmovible de nuestra doctrina. 

He aquí el texto que propongo, el que será sometido a la apro- 
bación de la Asamblea cuando considere este informe: 

“QUE UNA MISMA MORAL, ELEVADA, SEA ESTABLECIDA PARA LOS DOS 
SEXOS, SOBRE LA BASE DEL RESPETO AL SER HUMANO, DE LA DISCIPLINA 
SEXUAL, Y EL CUMPLIMIENTO DE SUS RESPONSABILIDADES HACIA LA 
DESCENDENCIA”. 

Este principio, así establecido, y todas las consecuencias educa- 
tivas, sociales, jurídicas, administrativas, etc., que de él se despren- 
den, deberán ser tomados en consideración por las Leyes y respetados 
en la aplicación de las mismas. 

En consecuencia la trata de mujeres, y toda forma de proxene- 


(1) Apartado del Informe al Congreso de Estambul de 1935, de la 
“Alianza Internacional por los Derechos de la Mujer”, presentado por la 
Presidenta de la Comisión Internacional para la Unidad de la Moral y 
•contra la "Trata de Mujeres”, Dra. Paulina LniBi. 


\ 



184 


Paulina Luisi 


tismo, deberán ser considerados como delito y castigados como tal. 

La reglamentación de la prostitución y toda medida de ex- 
cepción dictada contra la mujer o una categoría de mujeres, deben 
ser abolidas. 

Ya en los Congresos anteriores, Ginebra, Roma, Berlín, París, 
entre las Delegadas y en conversaciones con algunas concurrentes, y 
lo mismo aconteció en la Conferencia de Marsella, así como en al- 
gunas respuestas a mis cuestionarios desde que asumí la Presidencia 
de esta Comisión, en todos ellos, he tenido ocasión de observar que 
el problema de la “Unidad de la Moral” no siempre ha sido en- 
carado con la exacta comprensión que exige la severidad de nuestro 
trabajo. 

Evidentemente, en determinados países que desde tiempo son 
abolicionistas; en otros donde la lucha se continúa desde la inicia- 
ción del movimiento, hace más de medio siglo; en otros más, donde 
el movimiento por la emancipación de la mujer está más evolucio- 
nado o ha adquirido considerable desarrollo; la cuestión de la “Uni- 
dad de la Moral” está perfectamente interpretada, no dando lugar 
a ningún equívoco, especialmente en nuestras organizaciones feme- 
ninas. 

Pero en los países donde el movimiento emancipador es más re- 
ciente o está menos desarrollado, y en aquéllos donde las cuestiones 
sexuales han sido poco consideradas aún, este problema no ha sido 
suficientemente presentado a la atención y estudio de las mujeres 
que piensan; ni al público, que es en suma el que forma la opinión. 

Nos hemos dado cuenta que este asunto no ha madurado sufi- 
cientemente en el espíritu de todas nuestras compañeras, y enten- 
demos, — a riesgo de repetirlo y parecer de pedantería cansadora 
para nuestras mayores, a las que pido excusa, — que es necesario 
insistir todávía sobre este sujeto para que lo comprendan bien las 
más nuevas en la lucha. 

Agreguemos a estas observaciones, que entre muchas personas 
de muchos países, aún entre aquéllos que han reconocido a las mu- 
jeres sus derechos en otros puntos; la “Unidad de la Moral” les 
aparece todavía como una cuestión simplemente especulativa; o lo 
que es peor, es para otros un punto de vista completamente utópico, 
y no falta quienes la interpretan torcidamente como una orienta- 
ción a la disolución de las costumbres en la mujer para reconocerle 
los mismos derechos (nosotros diríamos: los mismos desarreglos o vi- 
cios) que a los hombres. 

Es por estas consideraciones que ya en Berlín, creí conveniente 
ampliar el texto votado en Roma, con el fin de hacer resaltar el 
fondo altamente moral de nuestra doctrina. Las palabras que he 
agregado le dan el instrumento para llevarla a su aplicación prác- 
tica. 

La doctrina es: la unidad de la moral. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


185 


El instrumento para llevarla a la práctica es la disciplina se- 
xual verdadera finalidad de la enseñanza sexual integral, por la 
que estamos luchando desde tanto tiempo. 

Esta afirmación demuestra que la enseñanza sexual, lo sub- 
rayamos una vez más, es mucho más amplia, tiene un contenido 
mucho maj-or. más trascendental del que en general se le presta. 

El conocimiento de los fenómenos sexuales y la profilaxis ve- 
nérea, son solamente una pequeñísima parte de la enseñanza sexual 
que nosotros reclamados. Esta exige como fundamento una verda- 
dera y prolongada acción educativa, ésto es, un cuidadoso desarro- 
llo de las facultades morales advertidas, de la voluntad, del ca- 
rácter, del sentido de la responsabilidad, de la castidad, del respeto 
al instinto en el otro sexo, de la creación en el hombre y en la mu-, 
jer del sentimiento de sus deberes hacia el fruto de la concepción, 
de la necesidad de cumplir sus obligaciones para con él, por igual 
en uno y otro sexo , cualesquiera sean las circunstancias legales o so- 
ciales en que este fruto ha sido llamado a la vida. 

Vuelvo a disculparme de insistir en esta interpretación de la 
doctrina, interpretación que he sido la primera en proponer en nues- 
tras asambleas y también fuera de ellas, porque es solamente de es- 
ta manera amplia que concibo esta doctrina, y cuya aceptación me 
permitió aceptar el cargo de responsabilidades que desempeño entre- 
vosotras. 

Entiendo que es hoy más necesario que nunca penetrarse bien 
de su contenido y de insistir con nuestras delegadas, a fin de que 
no se cansen de realizar su propaganda, de explicar su alcance y 
de hacerla comprender bien a las demás personas, hombres y mujeres. 

Pero es solamente la mujer, quien podrá darle fuerza y vi- 
gor en el corazón y el espíritu de los niños, paulatinamente, por- 
que son ellos los adultos de mañana. Los de ahora, están ya apri- 
sionados por el engranaje de una educación falseada por los pre- 
juicios, y son los más encarnizados contra nuestra doctrina, más 
aún que contra cualquiera de nuestras otras reivindicaciones. 

En el momento actual es más que nunca necesario y urgente 
trabajar con la mayor abnegación por el triunfo de nuestra doc- 
trina, pues atravesamos un período en el que las conquistas reali- 
zadas para la emancipación de la mujer están, aquí y allá, terrible- 
mente amenazadas. 

No exagero la nota. Aún en los países más evolucionados, nues- 
tra doctrina encuentra grandes obstáculos. Los hay donde las mu- 
jeres parecen emancipadas por las leyes o por los reglamentos, y en 
los que los métodos de aplicación conservan en su procedure el prin- 
cipio de la doble moral. 

Esto ha sido bien demostrado por las respuestas a mi cuestio- 
nario publicadas en mi voluminoso informe al Congreso de París 
de 1926, que os fué ampliamente distribuido, pues hasta esta fe- 



186 


Paulina. Luisi 


cha, 1935, ninguna rectificación, como en él se solicita, ha sido re- 
cibida. (.1) 

La reglamentación de la prostitución, la trata de mujeres, la 
intervención policial en materia sanitaria, cuyas víctimas son las 
mujeres, y que no existen sino para o contra ellas, son una conse- 
cuencia fatal de esta funesta doctrina de la dualidad de la moral. 
Una demostración repugnante, pero inequívoca, es la constatación 
que, ciertos vicios o degeneraciones, florecientes en países que se di- 
cen civilizados, no som siquiera tomados en cuenta del punto de vis- 
ta sanitario para los hombres, cuando por el mismo acto, aún nor- 
malmente ejecutado, se dictan leyes infames contra la mujer. 

Es pues indispensable que todas las mujeres, emancipadas y 
no emancipadas, se reúnan en un esfuerzo supremo, para vencer 
definitivamente este concepto inicuo. 

Todos nuestros esfuerzos, todo nuestro valor, toda nuestra ener- 
gía no serán demasiado en esta lucha que no debe admitir tregua. 

Tal es el deber de todas las mujeres del mundo. 

En la medida de sus posibilidades, para las que no gozan de 
todos sus derechos; en la fuerza de su poder para las que son miem- 
bros activos o han sido incorporadas a la vida cívica de sus pueblos. 

EL DEBER ES EL MISMO ; EL DEBER ES UNO SOLO : 

COLABORAR CON TODAS SUS ENERGIAS EN ESTA LUCHA SOCIAL, EN 
LA QUE SE JUEGA LA MORALIDAD DE NUESTROS PUEBLOS, LA DIGNIDAD 
DE NUESTRO SEXO, EL PORVENIR DE NUESTROS NIÑOS, EL DEVENIR DE 
LA RAZA! 


(1) Publicado bajo el título de “Prostitutión et maladies venériénnea”. 
(Agotado) . Existe un ejemplar en la Biblioteca Nacional, y otro en la de la 
Facultad de Medicina, ambas de Montevideo, y entiendo que hay otro en 
la Biblioteca Nacional de Francia. 



CAPITULO III 


Primera Conferencia Interamericana de 
Higiene Mental (1) 


ALGUNAS PROPOSICIONES SOBRE ENSEÑANZA SEXUAL 

Las proposiciones que someto a la consideración de esta Sec- 
ción son una síntesis de mis ideas respecto a “Enseñanza sexual o 
biológica”, maduradas durante los varios años que me vengo ocu- 
pando de este asunto desde que en 1913 fui comisionada por el Cuer- 
po médico escolar del Uruguay del que fui miembro durante 17 años, 
para estudiar lo que sobre ello se había realizado en Europa. 

La cuestión había sido agitada por el Congreso de Higiene Es- 
colar realizado en París en 1910; y había levantado mucho revue- 
lo. Pero ella estaba todavía en su iniciación. Se hablaba de ello con 
timidez, y sólo algunos médicos, sociólogos y educadores de ella se 
ocupaban, especialmente en reuniones y revistas. 

Todavía hoy este asunto levanta inmensas resistencias, aún en 
ambientes que deberían ser de gran amplitud de ideas. Así, por 
ejemplo, para citar solamente un ejemplo, en 1927, cuando a raíz 
de un donativo del Instituto Rockefeller a la Comisión de Protec- 
ción de la Infancia de la Liga de Naciones, para el estudio de al- 
gunas cuestiones de interés para la infancia, una de las Delegadas 
propuso el estudio de la “Educación Biológica”, (2), que ya an- 
teriormente habíamos propuesto la Representante de las Boys-Scouts 
y yo, se levantó una borrasca y el asunto fué rechazado por 
inoportuno! No se atrevieron sin embargo a pronunciar el califica- 
tivo que según el criterio de la mayoría de la Comisión se le había 
dado durante el curso de la discusión, y que era algo así como 
inmoral y escandaloso. 

Esto demuestra que todavía la cuestión está en su primera in- 
fancia . 

A pesar de lo mucho que se ha escrito, a la fecha, esta cues- 
tión de tanta importancia, permanece todavía en el dominio de las 
visiones teóricas de la enseñanza. 

Creo poder afirmarlo así, — aunque grande sería mi placer si 


(1) Sección octava: “Sexología en Higiene mental”, Río de Janeiro, 15 
de octubre de 1936.» 

(2) Véase el Título X: “El problema de la enseñanza sexual 
-en la Liga de Naciones”. 



188 


Paulina Luisi 


me demostrasen que ando equivocada — , porque en 1926, como Pre- 
sidenta de la Comisión de Moralidad Pública de la Alianza Inter- 
nacional de Mujeres, dirigí un gran cuestionario sobre el estado 
de este asunto a las delegadas de los entonces 42 países afiliados, 
casi todas ellas médicas e higienistas, preguntando el estado de la 
cuestión en sus respectivos países! las respuestas fueron categóri- 
cas! no la hay. 

En los años 1929 y en el actual, con objeto de presentar mi 
informe trienal, se repitió el cuestionario. Pues bien, solamente en 
Estados Unidos, en Vermont, se ha establecido la enseñanza con 
carácter oficial, a los maestros de eseuela para prepararlos en esta 
cuestión pedagógica. 

En mi país también se creó una cátedra de Higiene Social y 
Moral en la que según el programa que como profesora establecí, 
se daba una gran importancia a esta cuestión, a fin de preparar a 
las y los alumnos de las Escuelas Normales a sus deberes de edu- 
cadores en esta cuestión. 

Desgraciadamente, a mi retiro jubilatorio en 1930, la cátedra 
se transformó en una simple cátedra de Higiene General. 

En los demás países hay un gran movimiento que queda aún 
del resorte de iniciativa privada. Subrayo que hablo de la ense- 
ñanza sexual en toda su extensión y no de su pequeño capítulo so- 
bre enseñanza profilática, y que me refiero a la enseñanza oficial,, 
es decir obligatoria en cada país. 

Establezco esta diferenciación porque numerosas personas que 
se ocupan de enseñanza sexual, no han separado ni establecido di- 
ferenciación entre educación sexual, enseñanza profiláctica, educa- 
ción profiláctica ¡ confundiendo así lamentablemente el todo o con- 
junto de la doctrina pedagógica y social con alguna de sus partes- 
y a veces no la más importante. 

Todavía hace algunas semanas, con ocasión del Día antivené- 
reo, me cupo oír a algún universitario y médico por añadidura, co- 
mentar la educación sexual a base del paquete sanitario y la pomada 
de Mechnikoff! 

Puede naturalmente ser ese un criterio, como es también uno 
el de algunos sexólogos alemanes y ciertos españoles (1) que los si- 
guen y algunos más de otros países, quienes estiman que la educa- 
ción sexual debe ocuparse de la exaltación del placer y del apren- 
dizaje que deben hacer los jóvenes antes del matrimonio para au- 
mentar la satisfacción de goces que el acto creador produce, en am- 
bos copartícipes. 

En mi modesta manera de entender a ese grave problema de 
la educación en la infancia y la juventud, debe dársele otra orienta- 
ción y otro alcance. 

Y como el asunto no deja de tener estas diversas interpreta- 


(1) Hirchofeld y su discípulo Juarros en España. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


189 


«iones y diferente alcance según los criterios, es que me he permi- 
tido traer aquí mi manera de entenderlo, que no es de hoy. En 
efecto en los largos años que he venido estudiando este problema, 
con el fin de encontrar la manera de llevarlo a la práctica, he lle- 
gado a algunas conclusiones que son las mismas, sin variarlas en 
un ápice, que presenté al “Congreso de Higiene Social y Educación 
profiláctica” realizado en París en 1923, hace ya doce años y en el 
que me cupo el honor de ser designada relator del tema sobre “En- 
señanza Sexual”. 

El desarrollo de mi estudio ha sido publicado en las actas de 
dicho Congreso, demasiado extenso para presentarlo aquí y a los que 
remito a quienes por ello se interesen. Ha sido además vuelto a 
reproducir por la revista “La Prophylaxie antivénérienne”, órgano 
de la “Sociedad francesa de Profilaxis sanitaria y moral”, en sus 
números de julio y setiembre de 1931. Las conclusiones fueron apro- 
badas después de ruda discusión en el Congreso de París ya men- 
cionado. Después, fueron también aprobadas en varios congresos 
realizados con posterioridad a aquél, de entonces acá, es decir en 
estos doce años transcurridos. 

Lo fueron últimamente en dos recientes congresos. 

No vengo, pues con la pretensión de traer novedades, que en 
este asunto caben perfeccionamientos, pero no innovaciones. 

Vengo solamente a presentar a Vds. estos puntos de vista míos, 
tan personales, que hicieroñ exclamar al Profesor Pinard creador 
de la Eugenética: 

— “Mais, Madame, vouz allez plus loin que moi!” — 

Si entonces parecieron nuevos, ahora pese al tiempo transcu- 
rrido, se conservan de rigurosa actualidad. 

Esto me alienta para presentarlos aquí. 


CONTENIDO Y DEFINICION DE LA ENSEÑANZA SEXUAL O BIOLOGICA 

(Estas proposiciones repito son las mismas que presenté y fue- 
ron aprobadas en el Congreso de Higiene Social y Educación Pro- 
filáctica realizado en París en 1923, con motivo del Centenario de 
Pasteur. No las incluyo en este capítulo, porque van publicadas en 
esta obra en el título VII que se titula “Algunas declaraciones de 
asociaciones y congresos”). 

DISCUSIÓN DE LAS PROPOSICIONES 

Dr. Mauricio de Medeiros, Presidente : “ . . . Para mayor facili- 
dad de nuestros trabajos y debiendo ser votadas las conclusiones 
finales del tema oficial, las podemos dividir en dos grupos. 

Para el primero pienso en una sistematización para el estudio 
de la sexología y la he redactado de la siguiente manera: 



190 


Paulina Luisi 


I. — La cultura sexual es indispensable a los padres y a todo*- 
los educadores. 

II. — La educación sexual comienza en la faz inconsciente del 
desarrollo de la inteligencia de la criatura, por la cultura sexual 
que poseen los padres y la acción educativa que ejercen. 

III. — La educación sexual de la segunda infancia debe ser 
indirecta, esto es, por el desenvolvimiento de la cultura sexual com- 
patible con su edad. Ella compete, principalmente, al medio fami- 
liar y a los jardines de infancia y créches para las criaturas que en 
ellas se eduquen. 

IV. — - Hasta el fin de la segunda infancia la educación sexual 
debe conservarse indirecta y ocasional; 

V. — La educación sexual de la adolescencia y de la puber- 
tad pueden pasar a ser realizadas de manera directa e individual,, 
pero nunca con la solemnidad del aislamiento, ni aún en su parte 
aplicada a la profilaxis venérea y sifilítica; 

VI. — Sólo para los adultos debe la cultura sexual, con fina- 
lidad educativa, ser realizada con carácter especializado de cur- 
sos, conferencias, libros, folletos, etc. 

Los cinco primeros ítems son puramente instructivos, el últi- 
mo se refiere a su aplicación. 

Ellos responden a mi ver, a las objeciones formuladas por el 
señor José de Albuquerque, quien prefiere que se separe la parte 
educativa de la sexología, de su parte aplicada. Podríase decir 
que la educación sexual es la parte de la sexología a que incumbe 
la creación de hábitos concordantes con las enseñanzas de los prin- 
cipios sexuales. 

La Dra. Paulina Luisi aclaró bien, que en verdad, nosotros 
debemos crear hábitos de continencia sexual por la educación de 
la voluntad. Para mí, claro está que en la parte aplicada se incluye 
todo eso. Pero no veo la ventaja en desarticular esa parte, de la 
ciencia sexológica. 

El segundo grupo comprende casi todo la materia puramente 
educacional. Se inicia por la propia definición de la “Enseñanza 
Sexual”. 

La Dra. Paulina Luisi: permítaseme que observe que el capí- 
tulo del tema no debe ser “Cultura Sexual” sino terminantemente, 
“Enseñanza Sexual”. Creo que este error fué inicial, cuando se pro- 
puso el programa de esta conferencia. No se debe tratar aquí de 
cultura sexual, sino de la acción educativa. 

Sr. Presidente : La observación de la Dra. Luisi es perfecta- 
mente justa. Desgraciadamente hay mucha confusión entre la par- 
te cultural y la parte educativa. Frecuentemente se confunde, re- 
firiéndose a la cultura, lo que debe ser realizado por la educación. 

No más lejos que ayer, en las discusiones aquí trabadas, al- 
gunos de nuestros compañeros, cuando pretendían explicar como se 



Pedagogía y Conducta Sexual 


191 


debía enseñar a la criatura, de donde ella provenía, o como se ori- 
ginaba, o como nacía, frecuentemente decían : . . . “ esa parte de la 
educación sexual”. 

Sin embargo, eso no es educación sexual, sino cultura sexual. 
El objetivo de la comisión que organizó este tema oficial, fué jus- 
tamente el de dejar bien en claro el asunto, para de una vez por 
todas, separar la parte cultural, de la que es propiamente educa- 
tiva. 

Vamos a tentar una definición para la educación sexual. 

La Dra. Paulina Luisi, presenta en un trabajo anteriormente 
publicado, una definición. En su comunicado, encontramos la si- 
guiente : 

“Es la acción pedagógica que tiende a someter el instinto se- 
xual a la acción de la voluntad, bajo el dominio de la inteligencia 
instruida, consciente y responsable. 

“Esta me parece más explicativa que propiamente descriptiva”. 
(Confieso que no encuentro el alcance de la observación, pues jus- 
tamente he buscado, como debe hacerlo toda definición, el alcance 
de su contenido. Claro que es una cuestión de interpretación, tra- 
tándose de algo espiritual como son las ciencias pedagógicas. Así 
lo hice presente sin que quedara en actas). 

Dra. Paulina Luisi-. Todos los que trabajamos en este asunto 
nos hemos dado cuenta cómo constantemente, se confunde, aún en- 
tre nosotros, la cultura profiláctica con la enseñanza pedagógica. 
Por eso me parece necesario que establezcamos una breve decla- 
ración de principios, para que el asunto quede bien claro. Una de- 
finición sola no me parece suficiente. 

Una declaración del principio constando en la primera página 
del texto oficial, sería muy útil; pero debe ser clara, concisa y ca- 
tegórica. 

En ella llamaríamos la atención que educar no es instruir, pues 
eon dos cosas distintas. Esta exposición de principios cabría per- 
fectamente como una síntesis del tema oficial. 

Sr. Presidente : Sintetizando el pensamiento de todos, pienso que 
podríamos redactar este segundo grupo de conclusiones en la si- 
guiente forma: 

“Cultura sexual y educación sexual son dos cosas distintas 

“La primera tiene por objeto esclarecer científicamente todos 
los fenómenos relativos al sexo”. 

“La segunda es la que se ocupa de formar hábitos, es decir, 
de orientar la conducta sexual, individual o colectiva”. 

Dra. Paulina Luisi: Permítame Vd. Esa redacción estaría bien 
en una publicación médica. Para la generalidad de las personas, 
deberíamos esclarecer mejor el sujeto. Me lo sugiere las grandes. 



192 


Paulina Luisí 


polémicas que he debido sostener por esa falta de claridad en la 
comprensión del significado de nuestra tesis. Todavía en el último 
congreso, en mi país, recibí una cantidad de violentas censuras; 
hasta inclusive por algunos médicos quienes afirmaban que yo es- 
taba realizando una propaganda desmoralizadora para la sociedad. 
Médicos de fama nacional, llegaron a hacer decir que los asuntos 
que yo trataba erap indecentes y disolventes y hasta se me hizo 
combatir por cierta prensa reaccionaria. Se llegó a afirmar, y fué 
publicado en un periódico de la capital, que lo que pretendemos 
es enseñar en las escuelas la práctica de la función sexual y cosas 
por el estilo. (1) 

Al decir formar hábitos que orientan la conducta sexual, no se 
dá el valor suficiente a la formación del carácter, que es asunto 
general, al fortalecimiento de la voluntad. 

Insisto en que se escriban estas cosas en lenguaje sencillo y 
accesible para todos, evitando por eso el uso de la tecnología médica. 

En nuestros países ganaderos refiriéndonos a la reducción del 
salvajismo de los potros, para ser dominados por el hombre, emplea- 
mos la palabra domar. Deberíamos buscar una palabra que tenga 
ese significado, si la palabra dominar no os parece suficientemente 
gráfica. Todos comprenderán que no queremos dar lecciones de ac- 
tos sexuales, sino que pretendemos que se sepa domar el reclamo 
del instinto, esto es dominarlo. Es necesario emplear una palabra 
enérgica y sintética, clara. 

Sr. Presidente: La expresión sería buena y feliz para el pú- 
blico, pero no debemos incluirla aquí porque el hombre no es una 
fiera que necesita ser domada. 

Dra. Luisi: Pero el instinto sexual, lo es a veces. Si no encuen- 
tran Vds. otra más enérgica podremos emplear la palabra dominar 
o dominio. 

Sr. Presidente: Perfectamente. Es mejor. Esto resuelto, vamos 
a ver si, con la declaración de principios, habrá necesidad de defi- 
nir lo que es la educación sexual de una manera más precisa. 

La definición de la Dra. Luisi ha sido ya dada. 

La que yo tenía en mi tesis era ésta: 

“Es la parte de la sexología que tiene por finalidad desarro- 
llar hábitos fisiológicos, sociales y morales capaces de dar a la vida 
sexual de la especie humana, normas que ínás condigan con su bio- 
logía normal”. 

Hay también la definición del Dr. José de Albuqu erque: 

“Educación sexual es la aplicación de los conocimientos pre- 


íl) Véase: “Las primeras tentativas”, Título IX. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


193 


curados por la biología y sociología moral, a los individuos de am- 
bos sexos, en los diversos períodos de la vida, para la orientación 
racional de su sexualidad”. 

Dr. Albuquerque : Debo declarar que hasta hoy, nunca encon- 
tré en libros y publicaciones ninguna definición de la “Educación 
Sexual” que me satisficiese. Esta que presento es la que me parece 
la más .aceptable y por eso acostumbro decirla en cursos y confe- 
rencias. 

Dra. Paulina Luisi : Es necesario que demos una definición para 
■romper el círculo de hierro de las interpretaciones erróneas. Insisto 
en recalcar el valor de la voluntad consciente e instruida de sus res- 
ponsabilidades, sobre el instinto. (1) 

Dr. Albuquerque: Si me permiten hacer una moción, propon- 
dría que no se definiese lo que es la educación sexual. Dejaríamos 
aquellas consideraciones iniciales, dejando de lado la definición. 

Dra. Paulina Luisi: Evidentemente estamos tratando el asunto 
del punto de vista pedagógico y no médico. En ese entender he 
-dado una definición práctica y neta. Debemos dejar como conclu- 
sión de los trabajos de esta sección una síntesis de lo que se ha 
aprobado. En esas conclusiones no debe faltar la palabra que mar- 
que netamente el punto de vista pedagógico. Deseo que en la sín- 
tesis que aquí se vote, figure bien claro este concepto. Sin entrar en 


(1) !Mi insistencia en pedir que se incluyese en la declaración y en la 
parte de la educación, “la formación de la voluntad y del carácter adverti- 
dos y conscientes”, responde a la continua tergiversación del significado 
que se atribuye a la educación sexual. Tuve muchas polémicas al respecto 
a menudo en el vacío, y vuelve a demostrarlo en una reciente publicación 
de un reportaje al doctor José May. (El Día, 1.9 febrero 1947), con mo- 
tivo de su nombramiento de Director del Departamento de Higiene Sexual 
en el Ministerio de Salud Pública del Uruguay, y profesor de la materia en 
la Facultad de Medicina. 

Dice: 

“La educación sexual; la enseñanza de las contingencias a que expo- 
ne el comercio intersexual, que se acrece con las víctimas inocentes, es 
uno de los aspectos de la obra de profilaxis; proyección de films, exposi- 
ción de museos, folletos explicativos, con consejos de profilaxis, obras tea- 
trales llevadas a la escena o radiadas, conferencias radiotelefónicas, publi- 
caciones en la prensa política, todo eso constituye el arsenal educativo pro- 
filáctico”. 

Como se vé en las dos ocasiones en que se emplea la palabra educa- 
ción sexual no se trata de esa materia y hasta se incluye la educación se- 
xual como parte del arsenal educativo profiláctico, cuando todo ello, ex- 
cepto la primera corresponde, como decía el Dr. Medeiros, a la cultura se- 
xual. 


13 



194 


Paulina Luisi 


detalles, hay que votar una conclusión que encierre lo resuelto- 
como punto final. (6) 

Sr. Presidente : Afirmaremos: 

“Que la cultura sexual se destina a las enseñanzas que tienen 
por objeto un esclarecimiento científico de la verdad de todos los 
fenómenos relativos al sexo y que la educación sexual tiende a su- 
ministrar hábitos capaces de dominar el instinto: todo estará com- 
prendido”. 

Mejor será que dejemos las conclusiones de los trabajos de la 
Dra. Luisi y del informe oficial (Relator Dr. Mauricio de Medeiros (1) 
para otra conferencia, en la que se establecerá como tema especial, 
la manera de alcanzar los objetivos de la educación sexual. 

Aprobado por unanimidad la sugestión del Presidente para que 
sean transferidas a otra conferencia las conclusiones mencionadas. 


(1) Véase las proposiciones del Prof. Dr. M. de Medeiros, en Algunas 
Declaraciones de Congreso y Asociaciones, Título VII. 



Anexo 


PRIMERA CONFERENCIA INTERAMERICANA DE HIGIENE MENTAL, 

Brasil 1935 

Río de Janiero del 12 a 17 de octubre — San Pablo 18 a 20 octubre. 
Oficio N.9 320 

Río de Janeiro 25 de setiembre de 1935. 
Señor Dr. Ventura Darder 

Vice Presidente de la “Sociedad de Psiquiatría” 

Montevideo 

Apreciado e ilustre colega y amigo; 


Ahora, otro pedido. 

Nuestro colega, Vicepresidente del Congreso, Profesor J. P. 
Porto Carrero conoció en Buenos Aires, como se lo dije en mi carta 
anterior, a la talentosa y eminente compatriota Dra. Paulina Lui- 
si, invitándola a que viniese a tomar parte en la Conferencia, toda 
vez que esta tiene una sección exclusiva de “Sexología en la Hi- 
giene Mental”, asunto en el que la ilustre médica es una de las más 
notables autoridades. Obtuvo mi colega una respuesta esperanza- 
dora pero no definitiva. 

En estas condiciones quiero pedirle que nos haga la especial 
fineza de expresar a su ilustre compatriota el placer que tendría- 
mos en verla participar en la conferencia. 

Excusado decir que la Conferencia se sentirá honrada recibién- 
dola como su huésped en Río y San Pablo durante todo el certamen. 

Finalmente, si fuera necesario enviar invitaciones a las auto- 
ridades uruguayas para que la Dra. Luisi venga con una misión 
oficial, tenga la bondad, Dr. Darder, de mandarme decir a quien 
debemos dirigirnos. 

Sin más suseríbome con la más alta consideración y estima. 

Su colega muy atento y admirador. 

Firmado : Hernani Lopes. 

Presidente del Comité Ejecutivo. 


La Facultad de Medicina, me nombró uno de sus delegados a 
dicha conferencia en la que se trató de la “Enseñanza Sexual” como 
lo informa la parte del acta pertinente, que precede a este anexo. 




TITULO VI 


Informe al Gobierno, de la Delegada del Uruguay 

Sobre el Congreso Internacional de Propaganda de Higiene 
Social y Educación Profiláctica Sanitaria y Moral 


París, mayo 1923. 


INTRODUCCION 

El 24 de mayo del corriente año, fue inaugurado en París el 
Congreso Internacional de Propaganda de Higiene Social y Educa- 
ción Profiláctica Sanitaria y Moral, organizado por el Comité Fran- 
cés del mismo nombre en unión con la Sociedad Francesa de Profilaxis 
Sanitaria y Moral, bajo el alto patronato de S. E. el Sr. Presidente 
de la República Francesa, bajo la presidencia de Honor de Mr. Paul 
Appell, Rector de la Universidad, y bajo la presidencia efectiva del 
Dr. Emilio Roux, Director del Instituto Pasteur. Este Congreso ha- 
bía sido incluido en el programa oficial de las ceremonias a reali- 
zarse en Francia en 1922 con ocasión del Centenario de Pasteur. Hu- 
bo de ser postergado para el año siguiente, 1923. 

La Dirección efectiva de este Congreso fué confiada al Dr. Si- 
card de Plauzolles, Director del Comité Nacional de Propaganda de 
Higiene Social, y Secretario General de la Comisión de Profilaxis 
de las Enfermedades Venéreas anexa al Ministerio de Higiene de 
Francia. 

El Congreso fué solemnemente inaugurado el 24 de mayo por 
S. E. el Sr. Ministro de Higiene, J. L. Berton, haciendo también 
uso de la palabra el Dr. León Bernard, Profesor de Higiene de la 
Facultad de Medicina de París, quien pronunció un brillante dis- 
curso sobre el papel de la Higiene en las sociedades modernas; el 
senador belga Dr. Lepage, Profesor de la Facultad de Medicina de 
Bruselas y Presidente de la Asociación Internacional contra el Peli- 
gro Venéreo, quien tomó la palabra en nombre de los Delegados ex- 
tranjeros, y los organizadores del Congreso. 

Los siguientes países estuvieron representados por Delegados de 
sus Gobiernos: 


ARGENTINA 

BELGICA 

BOLTVIA 


MEXICO 

PRINCIPADO DE MONACO 
PERU 



198 


Paulina Luisi 


chile 

CUBA 

DINAMARCA 

ESPAÑA 


POLONIA 

SIAM 

SERVIA 

SUECIA 


ESTADOS UNIDOS 
HOLANDA 
ITALIA 
JAPON 

LUXEMBURGO 


SUIZA 

TCHECO - ESLOVAQUIA 
TURQUIA 
URUGUAY 
VENEZUELA 


Aunque las invitaciones hablaban de un Congreso de Higiene 
Social, los programas y prospectos habían prevenido que se daría 
una importancia primordial a la profilaxis venérea y a la lucha 
contra estas enfermedades. 

En efecto, de las cinco secciones en que se dividieron los tra- 
bajos del Congreso, cuatro fueron destinadas a las enfermedades 
venéreas. 

El programa del Congreso fué distribuido de la manera si- 
guiente : 

primera sección, presidida por el Dr. León Bernard, Profesor 
de Higiene de la Facultad de Medicina de París. 

Se ocupó de la Educación de la Higiene en general. 

segunda sección, presidida por el Dr. Jeanselme, Profesor de 
Dermatología y Sifilografía de la Facultad de Medicina de París, 
estudió la profilaxis de las enfermedades venéreas en general, y 
especialmente el “ balance de la sífilis”. 

tercera sección, presidida por el Dr. Queyrat, Presidente de la 
Sociedad francesa de Dermatología y Sifilografía, estudió la “ Pro- 
filaxis de las enfermedades venéreas”. 

cuarta sección, presidida por el Dr. Pinard , Profesor Honora- 
rio de la Facultad de Medicina de París, estudió la <{ Enseñanza se- 
xual”. 

quinta sección, presidida por el Dr. Justin Godart, juriscon- 
sulto y Subsecretario de Estado para el servicio sanitario del ejér- 
cito, estudió los “ Medios de acción”. 

Fueron presentados unos sesenta informes entre las cinco sec- 
ciones, pero sólo se discutieron los informes oficiales encomendados 
a distintos Relatores por el Comité Organizador, entre los cuales 
cupo este honov a la Delegada Uruguaya a quien había sido enco- 
mendado el Informe Oficial para la cuarta sección que fué desti- 
nada a un tema único: “Enseñanza Sexual”. 

Siguiendo la práctica actualmente en favor en Europa, cuando 
se trata de Congresos Científicos, había sido impreso con anterio- 
ridad al certamen, un volumen conteniendo los informes presenta- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


199 


dos, los que habían sido enviados al Comité Organizador el año 
antes de la inauguración del Congreso, el l. 9 de mayo de 1922. (1) 
Esta práctica útilísima permite a los congresistas economizar tiempo 
que en general se pierde por falta de conocimiento de las tesis de- 
sarrolladas. Dá además a las discusiones una preparación metódica 
y evita las improvisaciones que más de una vez no responden sino 
muy de lejos a la cuestión en estudio, impidiendo una discusión se- 
ria y siendo un obstáculo a la presentación de conclusiones medi- 
tadas. 

Con el procedimiento empleado los congresistas pueden ir a las 
sesiones llevando un completo conocimiento de los trabajos en dis- 
cusión. Habiéndoles sido posible leerlos detenidamente con anticipa- 
ción, y reflexionar sobre las tesis desarrolladas, están capacitados 
para formular las observaciones pertinentes y pedir las aclaraciones 
y explicaciones necesarias; lo que no es posible realizar seriamente 
con los procedimientos usados hasta ahora, en el cual los congresis- 
tas deben concretarse a discutir problemas a veces muy complicados, 
sobre la simple audición de una lectura en alta voz durante la 
sesión y a veces de improvisaciones de personas llegadas a última 
hora. (2) 

En este Congreso no se dió lectura a los trabajos, sino que se 
presentó para cada uno un breve resumen, abocándose de inmediato 
los congresistas a la discusión metódica de las tesis presentadas. 

El problema de la Enseñanza Sexual ocupó una parte prepon- 
derante en el Congreso, lo que era de prever dado el manifiesto pu- 
blicado por el Comité Organizador, del cual transcribo el párrafo 
siguiente : 

“Nos proponemos sobre todo emprender la enseñanza sexual 
“ de la juventud, y con ese objeto estamos preparando, con ayuda 
“ de la Sociedad Francesa de Profilaxis Sanitaria y Moral, un Con- 
“ greso al cual invitaremos a todos los educadores, directores y maes- 
“ tros de enseñanza especial, técnica y profesional, el estado mayor 
“ de las agrupaciones post-eseolares, de las sociedades de educación 
“ física de gimnasia, de preparación militar, de deportes, a los pre- 
“ sidentes de las asociaciones de “padres de alumnos”, etc., para 
“ establecer el programa y el plan práctico de una organización per- 
“ manente de la educación higiénica, profiláctica, moral y sanitaria 
“ de la juventud de los dos sexos, tanto en la escuela como en el 
“ período post-escolar, así en los cuarteles como en los talleres, con 


(1) Este Congreso debió realizarse en 1922 y hubo de ser postergado 
hasta el año siguiente. 

(2) Como sucedió en el Congreso Médico Nacional del Uruguay, en 1921. 
Véase Título IX “Un poco de Crónica e Historia”. 



200 


Paulina Luisi 


objeto de llevar a cabo la enseñanza científica de las cuestiones- 
“ sexuales y de la educación moral”. 

Mr. Mauricio Roger, Director de Enseñanza en Francia y Miem- 
bro de dicho Comité, agregaba : 

“El Comité Nacional no ignora que su iniciativa lo expondrá 
al ridículo y despertará virtuosas indignaciones. Pero, compuesto en 
su mayor parte de hombres cuya profesión los pone en contacto con 
la realidad; hombres aue, tanto en su clientela como en los hospita- 
les, servicios de adultos, de niños, maternidades, asilos de aliena- 
dos, ven crecer en proporciones asustadoras el número de víctimas, 
han creído necesario plantear la cuestión ante el país. 

“El público acepta sin protestas la libre exposición de la por- 
nografía y se burla de quien quiera pide su represión, mas no pa- 
rece dispuesto á admitir que se trate de precaver a la juventud con- 
tra los riesgos físicos de la inmoralidad”. 

“Hay cosas de las que no se habla por tradición: el fenómeno 
de la reproducción es una de ellas. 

“Pero si hasta ahora la opinión se mofa o deja de lado la 
cuestión, es porque ignora su gravedad. Hay que informar al pú- 
blico a riesgo de escandalizarlo o turbar su tranquilidad. Esta ta- 
rea corresponde a las primeras tres secciones del Congreso: Ellas 
deberán establecer el balance de las enfermedades, de todas las en- 
fermedades venéreas, a ellas toca poner frente a la indiferencia del 
público y a sus prejuicios, el espectáculo aterrador de ese azote y 
justificar con esos datos el deber nacional de una acción de conjunto- 

“La misión de la cuarta sección es decidir si la escuela debe 
intervenir en esta acción, si debe y puede intervenir en la educa- 
ción sexual de la juventud y cómo puede hacerlo 

“Con ese objeto el Comité Organizador ha pedido la opinión 
de especialistas extranjeros, encargando los informes oficiales sobre 
este punto a la Dra. Paulina Luisi, de Montevideo, ya conocida en 
Europa por sus estudios sobre esta materia, y al Dr. Roberto Cha- 
ble, de Neufchatel también especializado en ella y dedicado empeño- 
samente a su propaganda. 

“Pero interesa sobre todo al Comité Organizador conocer exac- 
tamente la opinión en Francia, pues fué sobre todo con objeto de 
agitarla en favor de esa reforma en la enseñanza que se organizó 
este Congreso. 

“Con ese objeto, el Comité Organizador, declarándose deseoso 
de estudiar a fondo el trascendental problema de la Enseñanza se- 
xual de la juventud y previa aprobación del Rector de la Acade- 
mia de París, consiguió del Ministro de Instrucción Pública el per- 
miso para proceder a una encuesta sobre aquel problema en los es- 
tablecimientos de enseñanza. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


201. 


“Se redactó un cuestionario que fué distribuido a los profeso- 
res de los establecimientos de enseñanza primaria y secundaria, a 
los maestros y maestras, a las asociaciones de antiguos discípulos 
(asociaciones ex-alumni), a todas las asociaciones que se ocupan de 
enseñanza y a los establecimientos particulares de educación. Dicho 
cuestionario fué también enviado a los Relatores Oficiales para que 
incluyeran en sus informes las respuestas pertinentes, según su pro- 
pia opinión, enviándoseles un esbozo de programa para orientar su 
informe. Dice así: 

“l. 9 ) Cree Ud. que la escuela debe iniciar la juventud a las cues- 
tiones sexuales (fenómenos de la reproducción, enfermedades vené- 
reas?) . 

“2. 9 ) En caso afirmativo, a qué edad cree Ud. que esta inicia- 
ción deba hacerse? 

“3. 9 ) En qué forma debería procederse: Conferencias con pro-- 
yecciones luminosas, presentación de láminas, visitas a los museos ad- 
hoc, lecturas, etc. ? 

“4. 9 ) Esta enseñanza deberá darse sólo a los varones o también 
a las niñas? 

“5.°) Deberá ser confiada a los maestros o a un médico, y 
eventualmente a una mujer médica para las niñas? 

“6. 9 ) La educación sexual deberá formar parte del programa 
de la enseñanza normal de las ciencias naturales? (enseñanza pri- 
maria y enseñanza secundaria?). 

“7. 9 ) Los libros puestos en manos de los alumnos no deberán 
ser completados en ese sentido?”. 

Se distribuyeron en Francia unos 20.000 ejemplares los que pro- 
dujeron unas 15.000 respuestas con las cuales se hizo un informe 
especial confiado a Mr. Mauricio Roger, Director General de Ins- 
trucción Pública en Francia. 

De lo dicho se desprende claramente que el móvil de los orga- 
nismos del Congreso fué estudiar la manera más eficaz de estable- 
cer la lucha contra las enfermedades venéreas y la inmoralidad de 
costumbres por medio de la enseñanza de la higiene y profilaxis sa- 
nitaria y moral de la masa popular. 

# 

* * 

Como lo señalé al comenzar, se distribuyó la labor del Congreso 
en cinco secciones de las cuales solamente, una, la primera, se de- 
dicó a la enseñanza de la higiene en general estudiándose la educa- 
ción higiénica con relación a los distintos tópicos que ella abarca, 
figurando entre otros, un trabajo del Dr. Alberto Brignole , del Uru- 
guay, titulado: “ Educación profiláctica contra la tuberculosis”. 



202 


Paulina Luisi 


Luego, enseñanza popular de la higiene, papel educativo de la9 
Oficinas y Dispensarios de higiene social, misión de las enferme- 
ras visitadoras (de cuya labor desgraciadamente nuestro país no co- 
noce aún la utilidad y beneficios) ; educación higiénica del niño, edu- 
cación física, educación higiénica profesional, educación profiláctica 
de la tuberculosis, alcoholismo, enfermedades mentales, toxicomanías, 
etc. 

i 

Las otras cuatro secciones se dedicaron a las enfermedades ve- 
néreas, ocupándose la segunda sección de poner en evidencia la ac- 
ción funesta de estas enfermedades. 

En la segunda sección se hizo el balanoe de la sífilis y el balan- 
ce de la blenorragia tanto desde el punto de vista general de la mor- 
talidad y mortinatalidad como de aquél de la morbilidad; sus re- 
laciones con las afecciones de los diversos órganos de la economía 
y su vinculación con las graves enfermedades que diezman la hu- 
manidad como el cáncer, la tuberculosis, las enfermedades nervio- 
sas y no olvidándose las sífilis accidentales y profesionales, etc. 

Este cuadro también presentado por la segunda sección, que 
pone de manifiesto la realidad aterradora de las consecuencias de las 
enfermedades venéreas, fué tomado por la tercera sección que estudió 
la profilaxis. 

En la tercera sección desfilaron las descripciones de lo que con 
este objetó se hace en cada país, figurando entre ellas un informe 
La profilaxis en el Uruguay, presentado por él Dr. H. dél {Campo. 

Se estudió la profilaxis en el matrimonio y en la familia, y 
la educación de los enfermos que corresponde a los dispensarios pro- 
filácticos. 

La cuarta sección se dedicó al estudio pedagógico de la Ense- 
ñanza sexual, en los medios escolares, tema único de esta sección, por 
lo arduo y difícil y por la resistencia que levanta en las socieda- 
des aún empapadas en prejuicios anticientíficos y antisociales. 

La quinta sección se dedicó al estudio de los medios de acción 
sociales v legales, tales como la misión de las Cruces Rojas en este 
asunto, la organización de la enseñanza profiláctica sanitaria y mo- 
ral de los dos sexos en los medios docentes, desde la escuela a la fa- 
cultad, en los medios extraescolares, en el ejército, en la armada, 
en las usinas, talleres, etc. Se estudió la cuestión del certificado pre- 
matrimonial, la misión de las oficinas de documentación y las me- 
didas legislativas tocantes a pornografía, prostitución, “racolage” 
charlatanismo, etc., etc. 

El hecho de haber sido designada Relator Oficial del tema úni- 
co de la cuarta sección “ Educación Sexual” y de que el estudio 
y discusión de este tema ocuparon todo el tiempo destinado a la la- 
bor de las secciones, impidió a la que suscribe asistir a las demás. 

Deberá pues limitarse a dar sobre ellas el programa de cada 



Pedagogía y Conducta Sexual 


203 


una y las conclusiones y votos que pasaron a consideración de la 
Asamblea General, verificada el 27 de mayo. 

Por ellas se verá que, como lo he expresado más arriba, la 
parte preponderante correspondió a las enfermedades venéreas en 
sus relaciones con la higiene social, su profilaxis y su educación po- 
pular en materia de higiene sexual. 

* 

• # 

CUARTA SECCION 

Fué dedicada exclusivamente a la Enseñanza Sexual. 

De los informes Oficiales ya publicados en el volumen del Con- 
greso se dió un breve resumen por sus propios autores y se pasó 
de inmediato a la discusión. 

Por moción del Director del Congreso Dr. Sicard de Plauzo- 
lles se. tomó como base de ella, las conclusiones del Informe de la 
Delegada del Uruguay . 

Ocupó este estudio la sesión de la tarde del día 25 y las dos 
sesiones del día 26 examinándose el tema en todas sus fases. 

El boletín diario del Congreso hizo resaltar la definición per- 
sonal que presenté de la enseñanza sexual , como: 

“la acción pedagógica que tiende a someter el instinto sexual a 
la acción de la voluntad bajo el contralor de la inteligencia instrui- 
da, consciente y responsable”. 

El sabio psicólogo y alienista Dr. Toulouse, Presidente y fun- 
dador de la Liga Internacional de Higiene Mental apoyó mi tesis 
deteniéndose en la parte relativa a las conclusiones números 3 y 4 
que dicen: 

3.*) La enseñanza sexual debe comenzar con él despertar de la 
inteligencia del niño y proseguir siguiendo progresivamente las eta- 
pas de la vida humana. 

Y la 4.*) La enseñanza sexual se confunde con la enseñanza in- 
tegral sin especialización de ninguna clase. 

Insistió el Dr. Toulouse en “la necesidad de la Educación se- 
xual^ la que debe comenzar, agregó^ desde que el individuo em- 
pieza a comprender. Es necesario que esta educación se realize con 
relación a los fenómenos sexuales de la misma manera que con re- 
lación a los demás hechos biológicos. 

“No debe dársele un sitio aparte ni darle una importancia es- 
pecial, su acción siendo específica, debe aparecer neutra e indife- 
rente”. 

Las palabras del sabio profesor dan el apoyo de su indiscuti- 
ble autoridad científica a la tesis desarrollada en este informe. El 



204 


Paulina Luisi 


último párrafo se refiere al capítulo: ¿“Que faut-il faire?” de mi 
ensayo. ¿Cómo proceder? 

Esta tesis había sido ya desarrollada en mi conferencia de la 
Universidad de Montevideo en 1919 publicada bajo el título de 
“Plan y métodos de enseñanza sexual”. 

Las conclusiones del informe de la Delegada del Uruguay, fue- 
ron aprobadas en su totalidad menos una — lleva el Ny 11 ’ y 

resumidas en el párrafo que lleva el número 13 de las “Resolucio- 
nes sometidas a la consideración de la Asamblea Plenaria” y apro- 
badas por ella. ‘ P 

Alguuas sin embargo fueron suprimidas por estimar el Con- 
greso que eran muy semejantes, (aunque las hay que no concuerdan 
en todo) con las resoluciones de la “Sociedad francesa de profilaxis 
sanitaria y moral” que fueron votadas en conjunto y a las que se 
di ó, como era de suponer, la preferencia. (1) 

Son las conclusiones 5.®, 6.’, 8.* y 9.». 

Las resoluciones mencionadas de dicha Asociación señalan una 
evolución sorprendente en estas ideas que yo no esperaba de ella, 
a juzgar por el espíritu manifestado en las sesiones anteriores y 
publicadas en su boletín. 

Conviene subrayar que las resoluciones de la “Sociedad fran- 
cesa de profilaxis sanitaria y moral”, fueron estudiadas por dicha 
Asociación en el 2. 9 semestre 1922 y aprobadas en las sesiones del 
7 de diciembre de 1922 y ly de febrero de 1923 — y que el In- 
forme de la que suscribe estaba en poder del Comité Organizador, 
el ly de mayo de 1922, de acuerdo con los reglamentos del Con- 
greso que debió celebrarse a mediados de ese mismo año. (Véase 
notas al final). 

El párrafo N° XI de las conclusiones de mi informe que se 
refiere a co -educación, fué objeto de fuertes discusiones y rechaza- 
do por una fuerte mayoría encabezada por el propio Dr. Pinard, lo 
que no es de sorprender, dado el curioso espíritu que regula la edu- 
cación en Francia. Dice así: 

XI.- — “No debe haber diferencia en la enseñanza de los dos 
sexos — ni como educación ni como instrucción. Las escuelas de 
varones y las de niñas deberán tener los mismos programas hasta 
que sea posible realizar el desiderátum de la¿ educación racional: 
la co-educación >> . 

La lectura de esta proposición hizo exclamar al sabio Dr. Pi- 
nard : 

— ‘ ‘ Mais, madame, vouz allez plus loin que moi ! ’ ’ — . 


(1) Publicada en La Presse Médicale, N.? 53, del 4 de julio de 1923, 
pág. 686 y síg., y reproducidas en este volumen, en el Titulo VII, “Algunas- 
Proposiciones de Congresos y Asociaciones”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


205 


Y yo de contestarle: 

— “Eli, oni! Professeur, que voulez vous! e’est ainsi!” — . 

Quise defender mi tesis, pero no creí conveniente insistir en 
ello, no sólo por haber comprendido que en general el clima de la 
enseñanza en Francia no era favorable a la co-educación (salvo los 
grupos todavía reducidos de maestros laicos) ; sino, sobre todo, pa- 
ra acceder al pedido del Profesor Roger, quien conociendo las sus- 
ceptibilidades del gran Profesor Pinard, poco habituado a la con- 
tradicción y soportándola apenas, temió qiie una polémica pudiese 
malograr el apoyo que de él se esperaba para obtener en el Senado 
la reforma apetecida. 

El Profesor Pinard era Senador y la Sociedad Francesa de Pro- 
filaxis Sanitaria y Moral esperaba mucho de su colaboración y pa- 
trocinio para obtener esa modificación educacional que por otra 
parte nunca fué propuesta a aquel alto Cuerpo Legislativo. 

Pero mi proposición no alarmó solo al gran profesor. 

El conservatismo de muchos congresistas y el espíritu de los 
franceses en general respecto a la educación de la mujer, protestó 
contra semejante innovación realizada sin embargo sin dificultad ni 
consecuencias perjudiciales en otros países entre los cuales el nues- 
tro, donde es casi completa. (Falta sólo entre los varones y niñas 
de 9 a 12 años, y todavía no siempre). (1) 

Los programas de enseñanza en Francia son de tal manera di- 
ferentes para los dos sexos, que han provocado y continúan pro- 
vocando campañas enérgicas en favor de su unificación para am- 
bos sexos en las Escuelas Normales. Hasta el programa para el 
bachillerato es diferente para los dos sexos. 

Esta diferencia empieza a ser corregida, atento a las serias di- 
ficultades que ofrece a las autoridades universitarias, el ingreso de 
las mujeres a los Estudios Superiores. 

Tuve ocasión de consignar con verdadera satisfacción el ade- 
lanto de la Instrucción Primaria y Secundaria en el Uruguay tan- 
to en la extensión y unidad de sus programas, como muy especial- 
mente en el espíritu pedagógico que lo inspira. 

Durante el estudio de uno de los puntos del tema “Enseñan- 
za Sexual” me fué dada la oportunidad de hacer conocer el estado 
de la enseñanza de las ciencias físico - químico - naturales en nuestro 
país, así como la existencia de ciertos cursos solicitados en vano a 
los gobiernos en distintos países y que son un hecho ya establecido 


(1) Los varones de 9 a 12 años deben concurrir a escuelas para va- 
rones, siempre que éstas no estén demasiado alejadas de sus domicilios 
(10 cuadras máximo) . En ese caso podrán seguir concurriendo a Escuelas 
mixtas. Pero hasta los 9 años van a la escuela mixta, y a los 12 ingresan 
a los Liceos donde la enseñanza es también mixta, así como en Escuelas 
Normales y Universidad. Esto era en 1930. 



206 


Paulina Luisi 


en el nuestro: — me refiero a la enseñanza de la Puericultura teó- 
rico-práctica en nuestras Escuelas Normales. 

Dejé constancia de este progreso, puesto en duda por el Pre- 
sidente Dr. Pinard — como si fuera la exageración patriótica do 
una Delegada venida de países lejanos — pero tuve el placer de 
dejar bien e indiscutiblemente establecida la verdad de mi exposi- 
ción, presentando los progrmaas de nuestras escuelas públicas y nor- 
males que había tenido la previsión de llevar. 

Conquisté así un aplauso de la sección, a la Enseñanza Prima- 
ria en el Uruguay — de lo que me complazco en dejar aquí cons- 
tancia. 

El Informe de la que suscribe, que traza en su metodología un 
esbozo de cómo se podría llevar a la práctica la enseñanza sexual, 
tomando como base los programas de nuestras escuelas públicas, fué 
comentado muy favorablemente como un excelente trabajo de me- 
todología sobre esta cuestión y muy felicitada su autora. (Véase 
“Ensayo”). 

A título informativo, comunicóme el Director del Congreso Dr. 
Sieard de Plauzolles que la Sociedad Suiza de Profilaxis Sanitaria 
y Moral, solicitó se le vendieran cuatro mil ejemplares de mi informe. 
Habiendo sido donado por su autora al Comité del Congreso, ignoro 
el trámite ulterior del asunto. (1) 

La necesidad de una preparación en las personas encargadas de 
la enseñanza, reconocida por todos, fué objeto de un informe es- 
pecial encomendado al Dr. Gougerot y se formuló el voto: 

“que en todos los establecimientos encargados de preparar edu- 
cadores y maestros, — empezando por las Escuelas Normales — se 
establezcan Cátedras de Pedagogía e Higiene Sexuales, con objeto 
de preparar a los maestros a esta delicada tarea de su ministerio”. 

En resumen, los diferentes capítulos que comprende la enseñan- 
za sexual fueron estudiados y discutidos en todos sus detalles. No 
hubo una sola voz discorde para declarar que la enseñanza sexual es 
necesaria y urgente, declaraciones iguales a las que fueron hechas en 
nuestro país por los Congresos Médicos Nacionales dé 1916 y 1921. 

La necesidad de incorporar a los programas correspondientes las 


(1) Diez años después, en 1931, el Boletín de la Sociedad Francesa 
de Profilaxis Social, (París), volvió a publicar “In extenso” este informe 
por haberse agotado su edición y considerarlo absolutamente necesario 
“para la propaganda”, según declaración de su Director, Dr. Sieard de 
Fauzolles. Igualmente fué tomado como norma por el Comité femenino 
de propaganda de dicha asociación, presidido por la Dra. Montreuil Strauss. 
(Ver informe y actas de la Sociedad en su boletín y el Bulletin de la So- 
cieté Frangaise de Prophylaxie Sanitaire et Morale, Nros. de julio y se- 
tiembre de 1931. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


207 


nociones relativas a la reproducción, está recomendada por todos los 
hombres de ciencia y ha sido proclamada por todos los Congresos. 

El Congreso Internacional de Higiene y Educación Profiláctica, 
ha afirmado una vez más esta necesidad, declarando la necesidad y 
la urgencia de incorporar la enseñanza sexual a los programas de 
la enseñanza oficial. 

El día 27 fué solemnemente clausurado el Congreso, por el Pre- 
sidente de esa sesión Mr. Justín Godard, diputado, ex-Ministro de 
Salud Pública, usando luego de la palabra el Director del Comité 
Organizador del Congreso, Dr. Sicard de Plauzolles y el ex sub- 
secretario del mismo Emilio Weisweiller, el Vice Presidente del Con- 
greso Dr. León Queyrat y la Delegada del Uruguay que fué desig- 
nada para hacer uso de la palabra en nombre de los delegados ex- 
tranjeros. 

Clausuró el acto la proyección cinematográfica de un film de 
propaganda de profilaxis venérea, escrito por el Profesor Levaditi 
del Instituto Pasteur, y titulado “Miseria Humana” — drama 
producido por la sífilis — en 4 actos. 


* * 

Tengo el agrado de adjuntar al presente informe: (1) 

1. 9 ) El programa y conclusiones correspondientes a cada una 
de las secciones y votadas por la Asamblea General. 

2. 9 ) El discursillo pronunciado en la sesión de clausura por la 
que suscribe en nombre de los delegados extranjeros. 

3. 9 ) El informe presentado por la que suscribe a pedido del 
Comité Organizador y que versa sobre “Enseñanza Sexual”. 

Es cuanto cabe informar suscintamente sobre este Congreso de 
tanta importancia como de tan capitales proyecciones. 


(1) Este informe acompañado de mi Informe al Congreso, fué en- 
tregado en sendos ejemplares al Ministerio de Instrucción Pública, al de- 
R elaciones Exteriores, y una tercera copia al Consejo de Enseñanza Pri- 
maria y Normal. Se repartieron numerosos ejemplares de su apartado a 
la Biblioteca de la Escuela Normal y Biblioteca del Museo Pedagógico. 
Se enviaron ejemplares a la Biblioteca de la Facultad de Medicina. 



Anexo I 


PALABRAS PRONUNCIADAS EN LA SESION DE CLAUSURA DEL OONGRESO 
INTERNACIONAL DE HIGIENE SOCIAL CELEBRADO EN PARIS DEL 23 AL 30 
DE MAYO DE 1923 EN 'NOMBRE DE LOS DELEGADOS EXTRANJEROS (1) 

Señor Ministro, Señores, Señoras: 

Es con honda y verdadera emoción que tomo la palabra hoy, 
en esta reunión tan sencilla como grande la causa que la ha pro- 
vocado y realizada en estos días que acaban de transcurrir en las 
salas austeras de este “Hotel des Societés Savantes”. 

Nuestro Congreso aunque desarrollándose modestamente entre las 
fiestas que celebra en estos días toda Francia, ha traído también 
él, su acento al concierto magnífico que canta la gloria de Pasteur. 

Asociando nuestra voz, acostumbrada a pronunciar palabras en 
idiomas muy distintos a los del acento natal del sabio francés, he- 
mos querido haceros sentir a vosotros, sus compatriotas, a los hom- 
bres del mundo entero, que para cantar la gloria de Pasteur, no 
hay acento nacional o acanto extranjero. . . hay sólo un acento, la 
voz humana, como para su genio hay sólo una patria: el mundo! 

Venidos de los países más distantes del globo, hemos compren- 
dido en estas horas únicas, cuán estrechos son los límites y las 
fronteras para el espíritu humano y cuánto el genio ha menester 
de espacio para el vuelo maravilloso de su pensamiento inmortal. 

Este pensamiento se ha divulgado por el mundo entero, y es 
el que ha inspirado las ideas, las investigaciones, los nuevos con- 
ceptos de la higiene social . . . Desde el mundo entero retornando a 
su cuna, Francia, os trae las modificaciones, las transformaciones 
diversas que ha experimentado a través de pueblos de mentalidad, 
de fuerzas, de desarrollo, de organizaciones distintas. 

Más al retornar a vosotros, elaborados nuevamente por culturas 
distintas, ellas provocan y favorecen esta colaboración mundial hacia 
una finalidad humana, tan rudamente atacada, tan cruelmente des- 
trozada por esos infinitamente pequeños, revelados a nuestros ojos 
maravillados por la intuición sobrenatural del genio de Pasteur. 

Os hemos traído el fruto de nuestros trabajos, el resultado de 
nuestras observaciones y nuestras experiencias , y regresamos a nues- 
tros países más o menos lejanos, llevando en nuestros ojos, un poco 


(1) Traducción — fué dicho en francés. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


209 


de esa luz creada por el choque de las ideas, de las cuales ha sido 
poderoso foco primario el descubrimiento pasteuriano que revolucionó 
al mundo científico. 

A la luz de estos descubrimientos, partimos para la nueva con- 
quista, ni sangrienta ni mortífera, que no deja a su paso un reguero 
de cadáveres, sino que hace brotar la vida sana y fecunda, rica en 
actividades, trabajo, fuerzas, felicidad, alegría, porque es la con- 
quista de la salud para el individuo y para la raza. 

Señor Ministro, señores; hace algunos meses, se celebraba en 
Montevideo el 4. 9 Congreso Latino Americano de Microbiología e 
Higiene. 

A propuesta del Uruguay se daba a estos congresos periódicos, 
para el futuro, el nombre de Congresos Americanos de Ciencias Pas- 
ieurianas. 

Permitidme recordaros este hecho más elocuente que una pá- 
gina literaria para expresar lo que representa el nombre de Pas- 
teur y el culto que a él se rinde en América Latina. 

Mis colegas extranjeros han tenido la extrema gentileza, que 
agradezco de corazón, de delegar, en la más modesta de las congre- 
sistas el muy alto honor de dirigiros la palabra en su nombre, en 
esta sesión de clausura, para que os diga cuánto os agradecemos la 
organización de este Congreso que nos ha permitido asociarnos a 
los honores que se rinden al genio de Pasteur, y rendirle culto en 
el rito austero del trabajo. 

Permitidme también, Señores Miembros del Comité Organiza- 
dor del Congreso, y en particular, Señor Director General, Dr. 
Sicard de Plauzolles, Señor Secretario General Dr. Weisweiller, 
expresaros todo nuestro agradecimiento; deciros toda nuestra gra- 
titud por el trabajo que os habéis tomado para el éxito de este Con- 
greso que dejará los más gratos recuerdos en nuestTos espíritus y 
en nuestros corazones. 


París, mayo de 1923. 



Anexo II 


TEMARIO PARA EL INFORME SOBRE EDUCACION SEXUAL DEL 
COMITE DE HIGIENE SOCIAL Y EDUCACION PROFILACTICA 

\ • 

Redactado por el Comité Organizador del Congreso de Higie- 
ne Social y Educación Profiláctica. París, 1922. 

En 1921 el Comité organizador del mencionado Congreso diri- 
gió a los relatores un temario para norma del informe que debían 
presentar. Es el siguiente: 

I. — Necesidad de una educación biológica completa, sexual y 
profiláctica. 

II. — Estudio de un programa de Educación sexual. 

a) Los deberes del hombre en lo que concierne a la Higiene, 
moralidad física, deberes biológicos. 

b) Higiene moral. Educación de la voluntad; formación, del 
carácter. 

c) La función sexual. Deberes y responsabilidades de los pro- 
genitores. La herencia morbosa; la Eugenética. 

d) La función maternal. Derechos naturales del niño. 

e) La enseñanza práctica de la Puericultura. La educación de 
las madres. El papel de la enfermera visitadora de higiene maternal 
e infantil. 

III. — Educación de los educadores. 

A este temario traté de ajustar el desarrollo de mi trabajo am- 
pliando, reduciendo o abandonando aquellas partes que concordaban 
o no con la exposición que me había propuesto realizar, de acuerdo 
con mi concepto del asunto que ya había desarrollado en mis tra- 
bajos de 1919 y 1921. 


Anexo III 

CONGRESO INTERNACIONAL DE HIGIENE SOCIAL Y DE EDUCACION 
PROFILACTICA SANITARIA Y SOCIAL 


Organizado por el Comité de Higiene Social y Educación Pro- 
filáctica, bajo la presidencia de honor del Rector de la Universidad 



Pedagogía y Conducta Sexual 


211 


de París, Mr. Paul Appell y bajo la presidencia efectiva de los doc- 
tores Emilio Roux y Albert Calmette. 


París, diciembre 23 de 1921. 

Señora y querida colega: 

Le agradezco vivamente su preciosa adhesión a nuestro Congreso. 

Debo decirle que no me ha sorprendido y contaba Con su co- 
laboración. 

Nuestro Comité le quedaría agradecido si usted quisiera encar- 
garse de presentar al Congreso un informe relativo a la 4. 9 sección 
que se ocupa de “La enseñanza sexual”. 

Le adjunto el cuestionario que hemos dirigido a los miembros 
del personal docente francés. Usted encontrará en el programa del 
Congreso el resumen del programa de “Enseñanza Sexual”. Lo so- 
metemos a su crítica. Nos sería muy grato conocer su opinión al res- 
pecto así como la opinión general de los médicos y educadores le 
su país. Desearíamos conocer también lo que al respeto ha sido rea- 
lizado en el Uruguay, en los diferentes establecimientos de enseñanza. 

Esperamos quiera Ud. hacer la mayor propaganda en favor de 
nuestro Congreso, especialmente entre los médicos y los profesores 
de su país; le ruego quiera considerarse como nuestra corresponsal 
y delegada; nunca le agradeceremos bastante la colaboración que 
usted quiera aportarnos. 

Acepte, estimada señora y querida colega, las seguridades de 
mi más distinguida consideración. 


Dr. Sicard de Plauzolles, 
Director General del Congreso. 


París, mayo 5 de 1922. 


Señora y querida colega: 

Tengo el honor de acusar recibo de los dos ejemplares de su 
informe, llegados con maravillosa exactitud el l.« de mayo. 

Permítame Ud. agregarle que he leído su hermoso informe 
con el mayor placer, se lo agradezco muy vivamente y le ruego re- 
ciba por él todas mis felicitaciones. 

etc. 


Sicard de Plauzolles, 
Director General del Congreso. 




SEGUNDA PARTE 




TITULO VII 


Algunas proposiciones de Congresos y Asociaciones 

i 


De antiguo, el problema ha preocupado. Cada uno lo ha enfo- 
cado desde el punto de vista de su criterio personal; pero no se 
ha llegado a un entendimiento ejecutivo, ordenado y completo. 

La Iglesia ha locado el asunto con detalles: están ahí las ins- 
trucciones que se dan para el caso a los alumnos-sacerdotes, en su 
ministerio confesional; las lecciones a los seminaristas que se pre- 
paran en derecho canónigo. 

En esferas sociológicas de distinta filosofía el tema ha sido tam- 
bién desarrollado. 

Leed el Emilio de Rousseau y encontraréis sobre él una página 
hermosísima en la parte en que se refiere a la educación de la in- 
fancia. (Libro IV o ). 

Remontad algo más lejos y encontraréis en los célebres “En- 
sayos” de Montaigne (libro 3°, capítulo 5°) algunas ideas y obser- 
vaciones muy de acuerdo con las de Jean Jaeques Rousseau. 

De Montaigne y Juan Jacob o Rousseau hasta hoy, son nume- 
rosísimos los autores que han tratado este asunto, de todos puntos 
de vista, bajo todos sus aspectos, pesando el pro y el contra. (1) 

Y llegando a las épocas actuales, aparecen como campeones las 
figuras luminosas del gran sifilógrafo Alfredo Fournier y del no 
menos gran “puericultor”, Adolfo Pinard. 

Pero él, y los innumerables médicos e higienistas que le acom- 
pañaron o siguieron, se preocuparon del asunto casi exclusivamente 
del punto de vista de las enfermedades venéreas y sus fatales con- 
secuencias, preconizando la “educación sexual” como el mejor y 
más acertado procedimiento para realizar su profilaxis. Sólo que 
entendieron por “educación”, la “enseñanza profiláctica”. 

A la cuestión moral dejaron apenas la exigua parte que la 
cortesía les permitiera. 

Otros numerosos moralistas y pedagogos, como Weneger y 
Fórster, encararon el problema con tal parcialidad que lo transfor- 
maron en una cuestión exclusivamente moral. 

Weneger llevó tan lejos su concepto sobre la inmoralidad de 
las relaciones sexuales que llegó a una misoginia absurda y anti- 
natural. 


(1) Véase también las últimas páginas de éste capitulo numeradas XXI. 



216 


Paulina Luisi 


En las numerosas publicaciones al respecto lo mismo que en los 
muchos congresos y conferencias científicas a que mis jiras por Amé- 
rica y Europa me permitieron asistir, tuve ocasión de advertir esa 
divergencia fundamental que se mantiene aún vivida, complicando 
la solución práctica del problema. 

Si los higienistas cometen el error de confundir “enseñanza se- 
xual” con “instrucción profiláctica” en sus notables campañas con- 
tra el peligro venéreo, los moralistas llegan a conclusiones absurdas. 

Sobre todo, entre los\ pedagogos y moralistas nórdicos, alemanes, 
daneses, holandeses, reina todavía un criterio que parece residuo de 
las doctrinas medioevales. 

En un congreso (1) sobre questiones de moralidad, prostitu- 
ción y enfermedades venéreas, realizado en Ginebra no recuerdo si 
en 1930 o 1931, hubo quien llegó a pretender que la enfermedad 
venérea es un castigo, una sanción moral a quien atentó contra su 
propia castidad. 

Personalidades como el Dr. Ude, de Austria y profesor de la 
Universidad de Graz; el Dr. de Graaf, de Holanda, que fué dele- 
gado de su Gobierno a una de las conferencias a la Liga de Nacio- 
nes y Presidente de la Federación Abolicionista Internacional, sos- 
tuvieron esa tesis, aunque batallando incansablemente por la edu- 
cación moral, en materia sexual. 

Otros hay que son absolutamente opuestos a que la enseñanza 
pública toque este asunto. 

Son los ambientes confesionales, respondiendo a la Iglesia de 
Roma, y apoyados en las propias declaraciones de sus Pontífices. 

Así, en una de sus encíclicas, (2) el papa Pío XI, refiriéndose 
a la formación y educación de la juventud, aborda el problema de 
la enseñanza sexual con la declaración siguiente: 

“Es un error muy generalizado el de aquéllos que con una pre- 
sunción peligrosa abogan abiertamente por la llamada educación se- 
xual, imaginándose falsamente que hay posibilidad de prevenir a 
la juventud contra los peligros de los sentidos “ por medios pura- 
mente naturales” , dándoles una instrucción anticipada a todos, aún 
en público. Lo que es peor es que se expone a los jóvenes antes de 
tiempo a ciertas oportunidades con el pretexto de acostumbrarlos a 
los peligros. (3) 

“Es asimismo erróneo y pernicioso para la educación cristiana 
la llamada “coeducación” fundada en la deplorable confusión de las 
ideas, confundiendo la legítima asociación humana con la promis- 
cuidad”. 


(1) De la Federación Abolicionista Internacional. 

(2) No tengo presente, la fecha exacta, ininteligible, en mis notas. Fué 
en enero de 1930 o 31, siguiendo a la encíclica, de 1928, la famosa “Mor- 
talium Animos”, sobre unión de las Iglesias. Fué publicado en “l’Osserva- 
tore Romano”, y transcrito en la prensa de Montevideo. 

(3) ¿Qué oportunidades? Los prostíbulos preconizados por San Agustín? 



Pedagogía y Conducta Sexual 


217 


Hemos transcrito porque explica el punto de vista confesional. 

Es asunto que la Iglesia quiere conservar para sí, pues entiende 
que la iniciación y la instrucción sexual deben ser realizados por 
el Confesor o el Director de conciencia. De ahí la oposición de cier- 
tas religiones a su introducción en la enseñanza general. 

Como se vé el problema no es tan reciente como para inspirar 
temor por la innovación, o que asuste por su audacia. 

Desde que se está hablando de ella, tiempo han tenido los pe- 
dagogós para reflexionar. 

Lo que es todavía nuevo, lo que aún no ha sido realizado sino 
en ensayos dispersos, en uno que otro lugar, es la sistematización de 
esta enseñanza, es el método para realizarla, en su introducción de- 
finitiva y ordenada en la enseñanza general: he procurado realizar 
algo en el ensayo que comienza este libro. 

Para que el estudioso tenga bajo los ojos algunas importantes 
declaraciones y a fin de que pueda formarse su criterio personal, 
he elegido algunas por su importancia, otras poraue señalan orien- 
taciones determinadas, no concorda ites entre sí, ciertamente. Y co- 
mo es natural he incluido las mías que en muchos puntos están en 
discordancia con todas aquéllas. 

Al abarcarlas en su conjunto, se dará cuenta de nuestra insis- 
tencia al querer discriminar la enseñanza sexual o biológica de la 
enseñanza profiláctica. 

Verá como en más de una ocasión se emplean indistintamente 
las expresiones “educación sexual” para significar la “instrucción 
de la profilaxis venérea”; sin reparar que la educación o sea la 
formación del ser moral y psíquico, v los hábitos físicos, es muy 
distinta de la “instrucción” que es la adquisición de conocimientos: 
ambas unidades, educación e instrucción constituyen lo que se llama 
la enseñanza. Como lo subrayaba muy bien el Dr. Mauricio de Me- 
deros (1) una, es educación o formación, la otra, es una cuestión de 
cultura. 


I 

PRIMERA CONFERENCIA INTERNACIONAL 
Para la Profilaxis de la sífilis y enfermedades venéreas 

Bruselas 1899 (2) 

En esta famosa Conferencia Internacional de Bruselas, setiem- 
bre de 1899 se inició seriamente la lucha, y dejó hondas huellas en 


(1) Ver en Cap. III, Título V, Congreso de Higiene Mental, Río Ja- 
neiro, 1934. 

(2) El orden de colocación de estas proposiciones responde a la fe- 
cha de su presentación. 



218 


Paulina Luisi 


los anales de la medicina profiláctica. Se votaron en ella por una- 
nimidad las proposiciones siguientes; 

A 


Proposición Stummer. 

Eeproduciendo el voto del Congreso de San Petesburgo convo- 
cado en 1897 por el Zar, para deliberar sobre la sífilis: 

“Aquellos que tengan a su cargo la educación de la juventud, 
deben cuidar solícitamente la educación moral de sus alumnos. Se 
esforzarán en inculcarles la templanza y enseñarles el respeto a la 
mujer, cualquiera sea su posición social”. 

B 


Proposición Lassar. 

“Los gobiernos deberán aprovechar todas las oportunidades pa- 
ra atraer la atención del público y sobre todo de los jóvenes sobre 
los peligros de la prostitución para la salud de las personas de uno 
y otro sexo, y las consecuencias funestas de las enfermedades ve- 
néreas”. 


II 

SEGUNDA CONFERENCIA INTERNACIONAL 

Para la Profilaxis de la sífilis y enfermedades venéreas 

Bruselas 1902 

Los eduoadores deben llamar seriamente la atención de sus alum- 
nos sobre: 

I — “Los peligros de las enfermedades sexuales para el indivi- 
duo, la familia, la sociedad. 

II — “Las ventajas de la continencia desde el punto de vista 
físico e intelectual. 

III — “El deber patriótico y humanitario que todo hombre 
educado de contribuir con su palabra y con su ejemplo a combatir 
el flagelo sexual que es una de las mayores causas de degenera- 
ción de la raza”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


219 


III 

LIGA FRANCESA PARA LA HIGIENE ESCOLAR 


París 1908 

En el invierno de 1908 - 1909 bajo el patrocinio de la Escuela 
de Altos Estudios Sociales; la Liga Francesa para la Higiene Es- 
colar organizó una serie de conferencias con controversia. 

El médico escolar, Dr. Butte, planteó netamente la cuestión de 
la profilaxis venérea en los medios escolares, a cargo de los mé- 
dicos escolares. 

No se arribó a ninguna conclusión práctica : resultó ser sin em- 
bargo una útilísima campaña a favor de la enseñanza profiláctica. 

IV 


TERCER CONGRESO INTERNACIONAL DE HIGIENE ESCOLAR 


A 


París 1910 


Voto general aprobado por la Asamblea 

I — “Que se dé a los niños una enseñanza sexual preparato- 
ria en el estudio de la historia natural y se de a los adolescentes 
las enseñanzas más completas. 

II — “Que los encargados de esta enseñanza sean instruidos por 
los médicos escolares y por los profesores de Pedagogía sobre todos 
los detalles de la educación sexual. 

III — “Que se de a los padres las instrucciones necesarias por 
un personal docente bien instruido o por los médicos escolares en 
conferencias pedagógicas ’ \ 


B 

Conclusiones del Miembro Informante (1) 

Dr. Martín Chotzen de Breslau 

I — El instinto sexual, descansando sobre disposiciones innatas 
y hábitos adquiridos, puede ser influenciado por una educación que 
obre sobre la inteligencia y el sentimiento. 

II — La educación sexual debe combatir por el desarrollo de 
medios apropiados para refrenarlos, las excitaciones, pensamientos y 


(1) Traducido del texto francés, publicado en las actas del Congreso, 
Tomo 2. ,9, págs. 13 y 14. 



220 


Paulina Luisi 


actos que pueden perjudicar la salud y el sentido moral del indivi- 
duo, así como el mantenimiento y la evolución del cuerpo social. 

III — Por motivos de higiene y de moral la educación sexual 
debe realizarse desde la primera infancia hasta la edad del matri- 
monio, y hacer sentir su influencia según formas constantemente 
apropiadas y puntos de vista constantemente capaces de ser modifi- 
cados. Debe: 

1) Desarrollar en la infancia y los años de “maturité” (1) las 
cualidades propias del carácter, con la ayuda de las cuales se pue- 
de evitar o rechazar las influencias capaces de despertar prematu- 
ramente el instinto sexual. 

2) Llevar al adulto, por medio de un esfuerzo y trabajo con- 
tinuos a crear un concepto lo más ideal posible de la vida y sus 
actividades, sea por motivos deducidos de principios morales o reli- 
giosos, sea por razones sociales o higiénicas, en forma de mantenerlo 
alejado lo más posible de toda relación sexual hasta el matrimonio 
y de modo que tenga conciencia de su responsabilidad sexual. 

3) Hay que dar la educación sexual, como toda educación, en 
la familia y la escuela, al mismo tiempo, de manera que una com- 
plete a la otra: 

a) En la familia y teniendo en cuenta las disposiciones inte- 
lectuales y psíquicas de cada niño, se dará directamente una idea 
de los fenómenos sexuales, aprovechando el momento propicio (fe- 
nómeno de la madurez, nacimiento, etc.) . 

b) En la Escuela, teniendo en cuenta la diferencia que existe 
en el desarrollo físico y psíquico de los numerosos niños de una cla- 
se, se hablará de los fenómenos en general sin entrar en detalles, 
salvo la excepción mencionada más adelante (4 9 ). 

La escuela debe: 

a) En el primer período, esto es hasta 14 años, es decir hasta 
la salida de la escuela primaria: 

aa) Conducir al niño, por una enseñanza metódica basada en 
el estudio de la botánica y la zoología, por medio de raciocinios 
por analogía — realizados por él mismo — a formarse una idea 
de la propagación de la especie humana; a hablar de los fenóme- 
nos de la reproducción y a pensar en los mismos sin mezclar a 
ellos ninguna sensualidad. 

aaa) En la enseñanza de la religión, de la moral y de todas las 
artes y ciencias apropiadas, — historia, literatura, — se fortalecerá 
una educación sexual indirecta, poniendo en evidencia el alto valor 
moral de la castidad y del propio imperio sobre los sentidos; 


(1) Período po&t-escolar, entre la Escuela primaria y el Liceo. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


221 


b) En el segundo período, desde los 15 años hasta el egreso 
de las escuelas medias y superiores: 

bb) Se pondrá en guardia al alumnado contra el peligro de 
las relaciones sexuales antes del matrimonio, por medio de lecciones 
de higiene sobre las enfermedades sexuales, su gravedad para el 
individuo y la masa popular, en el matrimonio y para los hijos. 

bbb) Los alumnos no podrán ser obligados a asistir a las lec- 
ciones de higiene sexual: el consentimiento de los padres será ne- 
cesario. 

4) Las lecciones de higiene serán dadas por médicos elegidos 
para el caso, pues actualmente, sólo los médicos poseen los conoci- 
mientos necesarios para esta clase de enseñanza. 

5) Para que la educación sexual tenga éxito es deseable que 
los padres y necesario que los maestros: 

a) Conozcan la disposición, el desarrollo y la función de los 
órganos sexuales, la importancia de las disposiciones innatas y ad- 
quiridas, la influencia de los años de madurez sobre la excitación 
física y la capacidad de trabajo intelectual, la dificultad de dominar 
los propios instintos; la influencia del medio sobre la imaginación 
sexual de los niños del campo y de la ciudad lo mismo en las cla- 
ses bajas del pueblo que en las elevadas de la población, en el 
desarrollo de los primeros años de la juventud, antes de la madurez 
y en el resto de la vida. 

b) Reciban indicaciones sobre la manera cómo es necesario orien- 
tar la educación teniendo en cuenta los puntos mencionados. 

6) Estos conocimientos y estas indicaciones deben ser suminis- 
tradas ; 

a) A los padres 

Por medio de las sociedades de instrucción popular, de las ve- 
ladas familiares que se verifican en las escuelas donde concurren 
sus hijos, por la prensa y la literatura. 

b) A los educadores 

bb) Por la introducción de los conocimientos de pedagogía e 
higiene sexuales en los programas de los futuros maestros y profesores. 

bbb) Por cursos complementarios de pedagogía sexual para los 
maestros ya recibidos. 

7) En general los médicos serán los encargados de la enseñanza 
de la pedagogía sexual o de la instrucción complementaria basándose 
en la anatomía y la fisiología y considerando el punto de vista psi- 
cológico, higiénico y social. 

Tan pronto como exista un número suficiente de maestros ins- 
truidos en Pedagogía sexual, la enseñanza de la higiene sexual en 
la escuela les será confiada. 



222 


Paulina Luisi 


C 

Proposiciones de la Delegada Argentina, Profesora Raquel Camaña (1) 

I — Es un derecho y un deber del Estado implantar la educa- 
ción sexual obligatoria y colectiva. 

II — La educación pseudo-religiosa actual es perjudicial porque 
es contraria a la afirmación, a la evolución de la vida. 

' V 

CONGRESO INTERALIADO DE. HIGIENE SOCIAL (2) 

París, Sorbonne, 22 al 26 de abril de 1919 
A (3) 

1) El Congreso emite un voto para que se establezca la lucha 
contra las causas de contagio de las enfermedades venéreas por me- 
dio de la educación moral y. reformas sociales. 

2) Educación, conferencias y distribución de folletos para edu- 
car a los jóvenes sobre sus instintos, advertirles del peligro venéreo 
y del peligro de la prostitución. 

3) Campaña de educación moral. 

4) Represión de la pornografía. 

5) Proveer al Museo Pedagógico de films de higiene referentes a 
la tuberculosis, la sífilis, el alcoholismo y las nociones esenciales de 
higiene social. 

Estos films de higiene deberán existir en cantidad suficiente 
para que cada persona que desee dar conferencias de vulgarización 
higiénica, pueda obtenerlos fácilmente. 

B (4) 

1) Que una enseñanza sobre las enfermedades venéreas sea orga- 
nizada en los establecimientos públicos de enseñanza para varones. 

Esta enseñanza será suministrada en cada establecimiento des- 
pués de consultar a los padres. 

2) Adaptar las sociedades de educación física, deportiva, etc. a 
la lucha antivenérea, introduciendo en sus institutos la triple ense- 
ñanza moral, sexual y anti venérea, y exigiendo de los adherentes 
la obediencia al compromiso de honor que hubieren contraído al res- 
pecto. 


(1) “Actas”, tomo IIP?, pág. 164. 

(2) Convocado bajo los auspicios del Comité Nacional de Educación 
Física e Higiene Social. 

(3) IX?- y Sección, III. — Profilaxis Antivenérea. 

(4) XI3- Sección. Higiene post-escolar y Profilaxis Moral. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


223 


3) Ofrecer a los maestros de enseñanza primaria y secundaria 
los medios de acción antivenérea: colección de fotografías, modelos 
de conferencias, volantes, folletos. 

4) Organizar cursos de higiene social, especialmente sobre en- 
fermedades venéreas para los adultos, sobre todo maestros y profe- 
sores, para que éstos sean a su vez educadores y propagandistas. 

Fué para este Congreso que el Profesor Calmette preparó esas 
hermosas páginas tituladas: 

Lo que debe decirse a los jóvenes en previsión de su posible 
ausencia del hogar familiar. (1) 

“Conservad celosamente como el más precioso de vuestros te- 
soros el respeto hacia vosotros mismos, hacia vuestros padres a 
quienes todo lo debéis: la castidad y la salud. 

EVitad las manchas indelebles y degradantes del libertinaje. 

Si aconteciera que un día os sintáis próximos a sucumbir a su 
tentación, elevad vuestros pensamientos hacia el ideal de verdad, 
de bondad, y de belleza que cada uno de nosotros debe llevar en 
su alma para servirle a la vez de modelo y de finalidad en la vida. 

Pensad en la patria que, mañana más que nunca, necesitará 
que le deis hijos numerosos, vigorosos y sanos. 

El día feliz llegará en que podréis fundar una familia: reser- 
vad vuestra hermosa juventud, incontaminada, para aquella que aso- 
ciaréis a vuestra vida, a vuestras penas y vuestras alegrías. 

Abril de 1917. 


VI 

COMITE PARA EL ESTUDIO DE LAS CUESTIONES SEXUALES 
Y LUCHA CONTRA LAS ENFERMEDADES VENEREAS 

Lausana - Suiza 1918 - 1920 

La comisión pedagógica compuesta por 19 profesores y maestros 
pertenecientes a los diversos establecimientos de enseñanza de Lau- 
sana, consagró dos años al estudio de los métodos pedagógicos para 
iniciar la juventud a las cuestiones sexuales, a fin de armarla con- 
tra los peligros especiales a los que está expuesta, y darle las direc- 
tivas morales necesarias a una vida recta y sana en esta cuestión 
esencial. 

Propuso las resoluciones siguientes: 

La Comisión pide al Departamento de Instrucción : 

1) Que examine las posibilidades para hacer efectiva la prepa- 
ración pedagógica completa de los futuros profesores y maestros por 


(1) Servicio militar, internados y otros. 



224 


Paulina Luisi 


medio de lecciones o conferencias de Pedagogía Sexual en las Es- 
cuelas Normales y la Universidad. 

2) Que invite a todas las Comisiones escolares a organizar con- 
ferencias sobre higiene sexual, dictadas regularmente por médicos 
escolares, para los estudiantes de ambos sexos que terminan el úl- 
timo curso magisterial 

3) Que se ponga a la orden del día de la próxima reunión de 
maestros el tema siguiente: 

a) Actuación del maestro frente a las cuestiones sexuales, las 
que deberán enlazarse naturalmente con las lecciones sobre las fun- 
ciones de relación y de nutrición: vendrán a llenar ellas un claro 
tan misterioso como perjudicial en los cursos y manuales escolares. 

b) Lecciones profilácticas por el médico del establecimiento, que 
podrá tomar como directiva general el folleto del Profesor Pournier: 
“Para mi hijo cuando tenga 18 años”. 

c) Descripción de las enfermedades venéreas, profilaxis indi- 
vidual y social, peligro de la prostitución, superioridad de la casti- 
dad sobre todos los demás medios profilácticos. 

Sería ventajoso incluir estas lecciones en el curso de higiene. 
Este debería ser transferido por completo del profesor de historia 
natural al médico escolar. 

4) En la escuela primaria, que los alumnos abandonan dema- 
siado temprano para recibir la educación sexual propiamente dicha, 
la enseñanza debe cumplir una doble finalidad: 

a) Impresionar prematura y profundamente en el cerebro del ni- 
ño el hecho de que, en la naturaleza, la sexualidad y la procreación 
están desprovistas de todo misterio y todo atractivo malsano; e ins- 
pirarle el respeto hacia la joven y la mujer. 

b) Instruirlo sobre los peligros de las diversas enfermedades con- 
tagiosas y darle las nociones de higiene que le permitirán preser- 
varse de ellas, sin excluir la sífilis y la blenorragia, a las que se 
dará el mismo rango que las otras enfermedades, pero consideradas 
únicamente del punto de vista de la frecuencia de su trasmisión, al 
margen de todo contacto venéreo. 

5) Que las Asociaciones de estudiantes sean subvencionadas pa- 
ra organizar a la salida del liceo, conferencias complementarias de 
moral, de higiene y de profilaxis ; que una organización post - esco- 
lar sea prevista, con ayuda de los cursos nocturnos, escuelas pro- 
fesionales, asociaciones de ex - alumnos, sociedades deportivas, sin- 
dicatos obreros y agrícolas, a fin de asegurar a los alumnos egresados 
de las escuelas primarias la misma educación sexual que a los alum- 
nos de enseñanza secundaiúa. (1) 


(1) Fundándome en estas conclusiones y rebatiendo algunas, dicté la 
Conferencia contradictoria, patrocinada por el Profesor Augusto Forel, en 
Lausana, 1920. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


225 


VII 

CONFERENCIA PAN - AMERICANA SOBRE ENFERMEDADES VENEREAS 

Wáshington, 6 al 11 de diciembre de 1920 
A 

VIII * Sección ; Información y educación del público 

a) La Comisión informante encarece la importancia de la edu- 
cación sexual en la lucha contra las enfermedades venéreas. 

b) Hace observar que los padres normales, cualquiera sea su 
instrucción, tienen tendencia a preocuparse del bienestar de sus hi- 
jos y a orientarlos como conviene en las cuestiones sexuales; en 
consecuencia la principal responsabilidad de la educación sexual en 
la primera juventud incumbe a los padres. 

c) Cuando éstos se sientan mal preparados para dar instrucción 
suficiente se podrá recurrir a folletos y conferencias para darles los 
informes necesarios. 

d) La Comisión cree que es importante que las escuelas y cole- 
gios colaboren con los padres, enseñando algunas cuestiones de hi- 
giene sexual. 


B 

XI * Sección; Aspecto psicológico del problema venéreo 

a) La continencia es compatible con la salud; es el mejor factor 
preventivo contra las enfermedades venéreas. 

Esta afirmación fué combatida aeerbadamente por los discípu- 
los de Freud. En consecuencia la XI.* Sección presentó la ponen- 
cia siguiente: 

b) La sección declara que si bien la interpretación superficial 
y errónea de la psicología de Freud en lo que atañe a la represión 
del instinto sexual puede ser perjudicial a la ejecución del progra- 
ma de lucha antivenérea, una interpretación más exacta y más cien- 
tífica de esa doctrina es susceptible de contribuir al buen éxito de 
esa obra, pues señala especialmente los medios prácticos capaces de 
guiar el instinto sexual hacia una finalidad soeialmente útil y crea- 
dora. 

c) La Conferencia Pan - Americana declara que la complejidad 
de las relaciones existentes entre la continencia y la salud es evidente. 

Aunque se admita en general, que después de la pubertad, la 
continencia tomada en el sentido de abstención de toda relación se- 
xual, no constituye un estado fisiológico, los peligros y las desven- 


15 



226 


Paulina Luisi 


tajas que resultan de la incontinencia de los solteros de uno y otro 
sexo, son tan graves para el individuo y para la raza que no cabe 
duda de que hay que darles mayor importancia que a los inconve- 
nientes posibles de la abstención de las relaciones sexuales. 

VIII 

CONFERENCIA DE LA CRUZ ROJA SOBRE LAS ENFERMEDADES VENEREAS 
PARA LOS PAISES DEL NORTE DE EUROPA 

20-25 de mayo de 1921 

(Alemania, Dinamarca, Finlandia, Gran Bretaña, Holanda, No- 
ruega y Suecia). 

8) — a) Que la instrucción del público en lo que se refiere a 
las medidas necesarias para reducir al mínimun el peligro de la in- 
fección y la necesidad de un tratamiento completo, constituyen una 
parte esencial de toda campaña antivenérea. 

b) Esta instrucción se dirigirá sobre todo a los padres y a los 
maestros, y los pondrá en condiciones de explicar claramente a los 
niños las leyes de la reproducción, haciendo comprender a los ado- 
lescentes su responsabilidad personal con respecto a la generación fu- 
tura. 

e) Cursos especiales sobre esta materia deberán formar parte 
del programa de estudios de los maestros. 

IX 

PRIMER CONGRESO MEDICO NACIONAL DEL URUGUAY 

Abril de 1916. Montevideo 
Proposición del Dr. Juan A. Rodríguez 
Educación sexual 
A 

Desconociendo los niños del Uruguay las nociones relativas a la 
educación sexual, este Congreso hace suyo el Informe del III Con- 
greso Internacional de Higiene Escolar, celebrado en París del^ 2 al 
7 de agosto de 1910 y que en su segunda sesión plena emitió por 
unanimidad el voto siguiente : 

1) Que una enseñanza sexual preparatoria debe darse a los ni- 
ños en el estudio de la Historia Natural y que las enseñanzas com- 
pletas sean dadas a los adolescentes. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


227 


2) Que los encargados de esta enseñanza deb^n ser instruidos 
por los médicos escolares y por los profesores de Pedagogía, sobre 
todos los detalles de la educación sexual. 

3) Que instrucciones necesarias sean dadas a los padres por 
un personal docente bien instruido por los médicos escolares en con- 
ferencias pedagógicas. 


B 

Proposición ampliatoria de la Dra. Paulina Luisi 

a) La seccional de Medicina formula un voto para que el Con- 
greso eleve a la Dirección General de Instrucción Pública las pro- 
posiciones del Dr. Rodríguez sobre enseñanza sexual, y solicite la 
inclusión de esta enseñanza en las escuelas de su dependencia. 

b) Que el próximo Congreso estudie detenidamente la manera de 
llevar a cabo esta enseñanza. 


X 

PRIMER CONGRESO AMERICANO DEL NIÑO 

Julio de 1916. Buenos Aires 
Proposiciones de la Dra. Paulina Luisi 

1) El primer Congreso Americano del Niño, declara que es ne- 
cesaria la introducción de la enseñanza sexual en las escuelas. 

2) La educación sexual debe formar parte de la educación mo- 
ral, dado que el instinto genésico debe estar sometido a la acción 
disciplinaria de la voluntad. 

3) En las escuelas frecuentadas por prepúberes y adolescentes, 
y en las de jóvenes y adultos, la instrucción sexual es necesaria y 
urgente, como medio de defensa social contra las afecciones sexuales 
y la degeneración de la raza. 

4) Es necesario agregar a la enseñanza anterior, cursos de pue- 
ricultura y maternología, en todas las escuelas femeninas frecuenta- 
das por adolescentes, jóvenes y adultas. 

5) La enseñanza sexual es función a la vez de la familia y de 
la escuela. 

6) La instrucción sexual fisiológica y profiláctica debe darse 
provisoriamente, en forma facultativa de la voluntad de los padres, 
como transición a una introducción definitiva de esta enseñanza en 
las escuelas. 

7) La enseñanza sexual debe formar parte de los programas de 
examen de los. aspirantes a maestros. 

8) En todos los Estados se deberán establecer cuanto antes, cur- 



228 


Paulina Luisi 


sos y conferencias de instrucción sexual, anatomo - fisiológicos, pro- 
filácticos y pedagógicos, para padres y madres de familia, como pri- 
mera forma de difusión de esta enseñanza. Además, cursos de pue- 
ricultura. 


SEGUNDO CONGRESO AMERICANO DEL NIÑO (1) 

Montevideo, 18 a 25 de mayo de 1919 
Proposiciones de la Dra. Paulina Luisi 
Eugenesia 

Para que las doctrinas eugenésicas puedan alcanzar los resulta- 
dos prácticos que ellas buscan, es necesario: 

a) Del punto de vista de la Higiene Social: 

Que toda persona portadora de taras susceptibles de ser here- 
dadas o de dar productos degenerados o incapaces, sea privada, tem- 
poraria o permanentemente, del derecho de tener descendencia. 

b) Del punto de vista de la educación: 

Que la enseñanza sexual, científica y moral y la enseñanza pro- 
filáctica de las enfermedades trasmisibles y distróficas, sea suminis- 
trada amplia y científicamente en todos los centros de educación, y 
desde la escuela primaria. 

c) Del punto de vista de la legislación y la sociología: 

1) Que la mujer adquiera su completa emancipación legal y so- 
cial. 

2) Que se establezca para el hombre y la mujer un solo crite- 
rio legislativo y social sobre la base exclusiva de “una sola moral 
elevada para ambos sexos”, y ésto no sólo en la letra y el espí- 
ritu de las leyes, sino también en su aplicación. 

3) Que la Maternidad sea reconocida e instituida en todas las 
colectividades organizadas como función de Estado, siendo por lo 
tanto una obligación de ellas, la defensa, y protección económica, 


(1) Conclusiones del trabajo presentado al Segundo Congreso Ame- 
ricano del Niño, celebrado en Montevideo, del 18 al 25 mayo 1919. Ausien- 
te por enfermedad, la ponente, éstas conclusiones no fueron tomadas en 
consideración por el Comité Ejecutivo de la que ella era organizadora y 
Vicepresidente. Los originales de éste trabajo “se extraviaron”. Las con- 
clusiones fueron publicadas en “Acción Femenina”, Nos. 23-24, correspon- 
dientes a Set.-Oct.i 1919. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


229 


moral y legal de toda mujer en el desempeño de sus funciones na- 
turales de madre. 

4) Que se establezca en todas las Administraciones públicas la 
repartición provista de la amplitud financiera necesaria para satis- 
facer las exigencias del artículo anterior. 

5) Las organizaciones políticas y sociales y por lo tanto su le- 
gislación deben plantear sus disposiciones legales obedeciendo al si- 
guiente axioma derivado de las leyes naturales: los hijos pertenecen 
en primer término a la madre. 


XII 

SEGUNDO CONGRESO MEDICO NACIONAL DEL URUGUAY (1) 

Montevideo, 1921 

Dra. Paulina Luisi 

El segundo Congreso Médico Nacional, formula un voto para 
que las autoridades educacionales del país, introduzcan en la ense- 
ñanza pública las nociones de moral, historia natural, higiene, pro- 
filaxis y deontología social, que para facilidad de expresión se sin- 
tetizan con el nombre de Enseñanza Sexual. 

XIII 

CONGRESO INTERNACIONAL DE 
HIGIENE SOCIAL Y EDUCACION PROFILACTICA (2) 

París 1923 


Conclusiones votadas 
A 

Corresponden al Informe de la Dra. Paulina Luisi (3) 

1) La educación sexual es la acción pedagógica que tiende a 
someter el instinto sexual a la acción disciplinaria de la voluntad, 


(1) Sección Higiene y Medicina Social. Informe de la Dra. P. Luisi. 

(2) Se encuentran en págs. 368 y siguientes del volumen publicado 
con los Informes al Congreso. En este informe la autora señala que estas 
conclusiones o proposiciones llegan a las mismas conclusiones que sus traba- 
jos anteriormente presentados al primer Congreso del Niño, (Buenos Aires 
1916), al Congreso de Medicina de Montevideo, 1921; al 3er. Congreso Ame- 
ricano del Niño, Río de Janeiro, 1922, y a sus conferencias en el Ateneo 
de Madrid y Universidad de Coimbra, 1921, aprobadas todas ellas. Véase 
mi informe al gobierno, Título VI. 

(3) También el otro relator, Dr. Cháble, Profesor de la Universidad 
de Neufchátel, insiste en la formación de la voluntad. 



230 


Paulina Luisi 


bajo *1 contralor de la inteligencia instruida, consciente y respon- 
sable. 

Comprende pues tres factores de igual importancia e indisolu- 
blemente unidos: 

a) La educación de la conciencia moral aplicada a la responsa- 
bilidad individual y social, y basada sobre la formación del hábito 
de someter la voluntad, (fuerza ejecutiva) al contralor de la re- 
flexión, la conciencia y la responsabilidad (fuerzas deliberativas). 

b) La instrucción científica o adquisición de los conocimientos 
necesarios a la inteligencia, para ejercer la dirección y el contralor 
de la voluntad. Esto es, el conocimiento de la vida y de sus leyes, 
relativas a todo el organismo y aplicadas al individuo, a la sociedad 
y a la especie. 

c) La instrucción moral, es decir, la enseñanza de la ética y 
la deontología sexuales, tanto individuales como sociales y raciales 
o genésicas. 

(Esta proposición redactada en términos pedagógicos, fué re- 
ducida por el Congreso, en la discusión, a una forma menos neta. 
Lamento que se suprimiera en ellas mi insistencia o la educación 
de la voluntad tan fundamental, pero se trataba de una asamblea 
casi totalmente compuesta por médicos, y por lo tanto muy poco 
pedagogos) . 

2) La educación sexual debe comenzar con el primer despertar 
de la inteligencia y proseguirse desde la escuela maternal durante 
todo el período escolar, llegando incluso a los cursos liceales y post- 
escolares o de “maturité”. 

(Simplificada por el congreso en su redacción; ocupa el N 9 4 
del texto de las actas). 

3) Es a la vez función de la familia y de la escuela, lo mismo 
que el resto de la enseñanza general; la escuela y la familia deben 
colaborar a la misma finalidad. 

(Aprobada sin modificación, párrafo 5. 9 ). 

4) La instrucción sexual científica y moral es función de la en- 
señanza organizada: escuelas primarias, secundarias, nocturnas, cur- 
sos post-escolares, etc., etc. En consecuencia, los conocimientos com- 
prendidos en lo que se llama enseñanza sexual, deben eser suminis- 
trados por las personas encargadas de la enseñanza: 

(Aceptada sin modificaciones, párrafo 6. 9 ). 

5) La enseñanza de las cuestiones sexuales debe ser progresiva, 
desde la revelación de los fenómenos más sencillos de la generación 



Pedagogía y Conducta Sexual 


231 


hasta la profilaxis de las enfermedades sexuales, la eugenétiea, la 
puericultura, la eugenesia y la ética sexual. 

(Suprimido por el Congreso). 

6) La enseñanza de la moral sexual debe ser paralela y conco- 
mitante con la de las ciencias naturales, de la que se deducirá los 
principios morales durante todo el tiempo de la escuela primaria. 

(Suprimido por el congreso). 

7) La enseñanza sexual no debe existir como disciplina especial 
ni en la parte de educación ni en la de instrucción; los conocimien- 
tos que abarca deben estar fusionados en las disciplinas a las cua- 
les pertenecen, amalgamados con él resto de las nociones correlati- 
vas análogas, diseminadas en los programas de historia natural, fisio- 
logía, anatomía, higiene, profilaxis y moral. 

(Aprobada, ocupa el N. 9 2). 

8) Por lo tanto, los conocimientos comprendidos bajo el nombre 
sintético de “enseñanza sexual”, deben ser suministrados siguiendo 
el método pedagógico llamado “concéntrico” desde los primeros años 
de la escuela primaria hasta los cursos superiores, sin admitir, en 
lo que se refiere a los niños y adolescentes, especializaciones de nin- 
guna clase que los diferencien del resto de las nociones comprendidas 
en los programas escolares, ni como disciplinas, ni como método, ni 
como personal docente. 

En una palabra: la enseñanza sexual debe desaparecer como 
especialización ; sólo debe existir la enseñanza integral. 

(Aprobado el último párrafo y suprimido el primero). 

Pero en 1925, en el Congreso de los grupos de “Enseñanza Lai- 
ca”, fué propuesta in extenso y aceptada por aclamación. Se com- 
prende la diferencia: en este caso los congresistas eran maestros, co- 
nocedores de la pedagogía y las dificultades de la enseñanza; en el 
primero eran médicos poco avezados a las prácticas pedagógicas, y 
como lo hice notar en el prólogo de mi informe al Congreso de Mon- 
tevideo, este tema pertenece más a la pedagogía que a la medicina. 
He de agregar que sólo podrá ser realizado por maestros o médicos 
pedagogos. 

9) Bajo ningún pretexto debe darse una enseñanza distinta a 
la que se emplea en el resto de la enseñanza. Las proyecciones lu- 
minosas, presentación de imágenes, visitas a museos especiales, lec- 
turas y folletos ad - hoc serán utilizados en cuanto lo sean también en 
el resto de la enseñanza. 

Las conferencias y cursos “extemporáneos” sobre las cuestiones 
sexuales son absolutamente condenables como procedimientos de. en- 



232 


Paulina Luisi 


señanza durante la niñez y la adolescencia, y en general hasta el fin 
de los cursos escolares. 

(Suprimida por el Congreso). 

10) En consecuencia, las cuestiones comprendidas en lo que se 
llama enseñanza sexual deben estar a cargo de las personas encar- 
gadas de la enseñanza: maestros y maestras en las escuelas primarias; 
profesores en la enseñanza secundaria y normal. Para estas dos úl- 
timas serán los profesores encargados de las disciplinas a las cua- 
les pertenecen las cuestiones sexuales, quienes se encargarán de es- 
ta enseñanza. 

(Suprimido el último párrafo explicativo, por el Congreso). 

11) Ninguna diferencia debe establecerse en la enseñanza de 
los dos sexos, ni como educación, ni como instrucción. Las escuelas 
de varones y de niñas deben tener los mismos programas mientras 
no se alcance la aspiración de la educación racional: la coeducación. 

(Rechazado con vehemencia por el Prof. Pinar d y sus discípu- 
los (1) y reemplazado por la proposición 5.* del Dr. Pinard. En 
su informe el otro Relator, Dr. Cháble, dice: “Damos suma impor- 
tancia a la coeducación”, pág. 340 del Volumen de las actas). 

12) Dado que la introducción de la reforma chocará con nume- 
rosos prejuicios; dado que por largo tiempo la familia no estará en 
condiciones de colaborar con esta nueva misión de la escuela; dado 
que muchos padres se oponen a ella, pretendiendo que el personal 
enseñante no está preparado para llevarla a cabo convenientemente : 

a) Se agregará, en los cursos correspondientes de las Escuelas 
Normales, el estudio de los órganos y funciones de la generación, de 
la eugenética, de la eugenesia, de la ética y deontología sexuales. 

En la enseñanza de la pedagogía se agregarán los capítulos re- 
lativos a la pedagogía sexual. 

b) Se organizará en todas las escuelas secundarias y estableci- 
mientos de enseñanza post - escolar, cursos generales de higiene in- 
dividual y social en los cuales se introducirá el estudio de las cues- 
tiones sexuales en la forma indicada en el parágrafo 7. 

c) Se organizará en todas las escuelas nocturnas para adultos 
de los dos sexos, cursos generales obligatorios de higiene, profilaxis 
y ética sexual. Se agregará la enseñanza de la puericultura y no- 
ciones de eugenesia. 

d) Igualmente se organizarán eursos elementales y conferencias 
de pedagogía sexual para los padres y madres de familia. 

e) Es de desear que todas las agrupaciones populares organi- 


(1) Véase esta proposición, página siguiente, NV 5, y en mi informe 
al Gobierno. 



Pedagogía v Conducta Sexual 


235 


cen conferencias para adultos sobre las cuestiones más arriba apun- 
tadas. 

(Reducido pero conservando el concepto fundamental, ocupa el 
lugar 7. 9 ). (1) 


B 

Corresponden al Dr. Adolfo Pinar d (2) 

1) El instinto sexual, el más elevado de todos los instintos, 
dado que asegura la perpetuación de la humanidad, el más poderoso 
pues gobierna el mundo, venido del estado salvaje permanece hasta 
el presente en estado de barbarie, debe ser civilizado. 

2) La civilización del instinto sexual debe estar fundada en 
la ciencia, de donde la necesidad de la educación del instinto sexual 
en todas las escuelas. 

3) Esta enseñanza debe ser hecha en todas las escuelas prima- 
rias y a todos los niños, varones y niñas, antes del despertar del 
instinto sexual, según un programa que varía con la edad. 

4) Antes del nacimiento del instinto sexual es decir, hasta la 
pubertad, el programa deberá descansar sobre el conocimiento de 
la vida de los seres vegetales y animales (vivum ex ovo), y deberá 
ser dado en común. Todos los vegetales pueden servir de tema. De 
todos los animales, el gusano de seda, (bombix mori) será única- 
mente tomado como tipo: su historia y los estudios de Pasteur so- 
bre las enfermedades del gusano de seda, serán el Evangelio de es- 
ta enseñanza. 

5) En el momento de la pubertad la enseñanza será diferente 
para varones y niñas. 

Para los varones : conocimiento de los deberes y de los peligros 
inherentes a la satisfacción del instinto sexual. 

Enseñanza moral : Castidad, continencia, responsabilidad, deber 
para todo ser adulto de reproducirse, pero de reproducirse bien (eu- 
genétiea) y en todas las condiciones sociales requeridas. Rsponsabi- 
lidad de todo ser que procrea. 

Enseñanza física : A la aparición de las características sexuales 
secundarias, las niñas serán advertidas sobre la significación y las 
consecuencias de ese síntoma, primei’a manifestación de la especie, 
anunciando la pubertad y no la nubilidad. Esto se hará de acuerdo 
con el medio en que vive, 

6) La “educación sexual” deberá ser completa en tocio padre 
de familia. 


(1) Algunas de estas conclusiones fueron suprimidas por estimar el 
Congreso, que eran concordantes, (aunque con algunas diferencias), con 
las resoluciones de la Sociedad Francesa de Profilaxis Sanitaria y Moral, 
que fueron votadas en conjunto y a las que se dió la preferencia. Véase 
páginas siguientes. 

(2) Presse Médicale, N.<? 53, del 4 julio 1923, páginas 587-588. 



234 


Paulina Luisi 


XIV 

SOCIEDAD FRANCESA DE PROFILAXIS SANITARIA Y MORAL (1) 
Sesiones del 7 de diciembre de 1922 y 1? de febrero de 1923. París 

Conclusiones de la V 9 Sección 


La Sociedad Francesa de Profilaxis Sanitaria y Moral, consi- 
derando que las primeras nociones relativas a la generación deben 
ser suministradas a los niños por la familia, pero que es muy im- 
portante que sean completadas en el momento de la pubertad, por 
una enseñanza biológica razonable y precisa, único medio capaz de 
disciplinar el instinto sexual y de asegurar su evolución en el sen- 
tido de la salud física y moral. 

Formula votos para que: 

1) Una campaña de propaganda sea iniciada inmediatamente, 
tanto entre los padres de familia como entre el personal enseñante, 
para hacer la educación de los futuros educadores, por todos los me- 
dios apropiados (artículos en los diarios, folletos, conferencias con 
proyecciones y films). 

2) En la enseñanza secundaria y en la enseñanza primaria su- 
perior de los varones, la educación sexual sea organizada en las cla- 
ses que terminan los estudios normales (para los liceos — enseñanza 
secundaria entre nosotros, en filosofía y matemáticas (2) y repar- 
tidas, siempre que sea posible de la manera siguiente: 

a) Lecciones 'morales, por el profesor de filosofía o de moral, 
relacionándolas con las lecciones sobre las consecuencias del alcoho- 
lismo; ocupándose de la responsabilidad moral y social en que se 
incurre cuando se tramiten enfermedades venéreas, de la necesidad 
de la continencia para salvaguardar, no solamente la salud indivi- 
dual. sino también la de la esposa futura y la de la familia que 
se fundará; y por consiguiente el porvenir de la raza. 

b) Lecciones biológicas, por el profesor de historia natural, so- 
bre los órganos y las funciones de reproducción en el hombre y en 
la serie animal, las que se enlazarán naturalmente con las lecciones 
sobre las funciones de relación y de nutrición llenando así, en los 


(1) Estas conclusiones han sido publicadas en la “Presse Médicale”, 
N.9 53, correspondiente al 4 de julio de 1923, pág. 688, a continuación 
de las del Congreso de Profilaxis Sanitaria y Moral de Paría 1923, con 
ocasión del Centenario de Pasteur. 

(2) Estas denominaciones responden a la clasificación de los estu- 
diantes, según su orientación a esas facultades. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


235 


cursos y manuales escolares una laguna tan misteriosa como perju- 
dicial. 

c) Lecciones 'profilácticas, dadas por el médico del estableci- 
miento, quien podrá tomar como directiva general el folLeto del 
Profesor Fournier: “Para nuestros hijos cuando tengan 38 años”. 

1) Descripción de las enfermedades venéreas. 

2) Profilaxis individual y social. 

3) Peligros de la prostitución. 

4) Superioridad de la castidad sobre todos los otros medios pro- 
filácticos. 

Sería, ventajoso incluir estas lecciones en el curso de higiene que 
en lugar de ser dictado por el profesor de historia natural, debería 
serlo por un médico. 

3) En la escuela primaria que los alumnos abandonan demasiado 
temprano para recibir la educación sexual propiamente dicha, la en- 
señanza debe perseguir una doble finalidad. 

a) Grabar desde temprano y profundamente en el cerebro del 
niño la naturaleza de la sexualidad y la procreación, mostrándolas 
desprovistas de todo misterio y de todo atractivo malsano; e inspi- 
rándole el respeto hacia la joven y la mujer. 

b) Instruirlos sobre los peligros de las diferentes enfermedades 
contagiosas y sobre las nociones de higiene que permiten preservarse 
de ellas, sin excluir la sífilis y la blenorragia, que serán considera- 
das de la misma manera que las demás enfermedades, pero consi- 
deradas únicamente del punto de vista de su trasmisión frecuente 
fuera de todo contacto venéreo. (1) 

4) Finalmente, que las asociaciones de estudiantes sean subven- 
cionadas para organizar, luego de la salida del liceo, conferencias 
complementarias de moral, de higiene y de profilaxis. Una organi- 
zación post - escolar será prevista, con la colaboración de los cursos 
nocturnos, las escuelas profesionales, las asociaciones de ex - alum- 
nos, las sociedades deportivas, los sindicatos obreros y agrícolas a 
fin de asegurar a los alumnos egresados de las escuelas primarias 
la misma educación sexual (sie) que a los de enseñanza secunda- 
ria. (2) 


(1) Nótese nuevamente la confusión entre los términos “educación” y 
“enseñanza”, que hemos reprochado continuamente a los médicos. 

(2) Como se vé muchas de las proposiciones adoptadas en estos vo- 
tos y hasta la manera de encarar esta enseñanza, coinciden con mi informe 
sobre enseñanza siexual en poder de la Sociedad de Profilaxis Sanitaria y 
Moral, unos nueve meses 1 2 antes de adoptarse estas resoluciones; en otras 
como 2, A y B, hay discrepancia completa. 



236 


Paulina Luisi 


B 

La Sociedad Francesa de Profilaxis Sanitaria y Moral en su 
sesión del l. 9 de febrero ha aceptado por unanimidad los votos re- 
lativos a la educación sexual de las jóvenes: 

1) Considerando que 'la inocencia no consiste en la ignorancia, 
y que la ignorancia es la causa principal del peligro sexual. 

2) Las jóvenes cuyas ocupaciones las exponen cada día a la 
promiscuidad de la calle, deben ser prevenidas por una enseñanza 
profiláctica contra los peligros de los contagios accidentales parti- 
cularmente por el beso. 

3) Que aún en las familias donde son estrictamente vigiladas, 
las jóvenes pueden ser contaminadas por parientes o por la servi- 
dumbre, y como por otra parte, aún las más castas, no están al 
abrigo de una debilidad o sorpresa de los sentidos, las consecuen- 
cias serían menos temibles si se sustituyen las curiosidades y la 
confidencias malsanas por una enseñanza racional y leal. 

4) Que la mayoría de los malentendidos conyugales que se pro- 
longan a veces por toda la vida, provienen de la ignorancia recí- 
proca en que se encuentran los dos sexos respecto de la fisiología 
y a las divergencias de su instinto y que muchas decepciones serían 
evitadas a las jóvenes si ellas fueran al matrimonio debidamente ad- 
vertidas. 

5) Que, por fin, importa esencialmente para el porvenir de la 

raza que la joven tenga orientado desde temprano su instinto ma- 
ternal, por medio de un exacto conocimiento del organismo; que 
importa asimismo dar a las futuras madres todas las nociones de 
higiene y de profilaxis que les permitirán vigilar su salud, cuidar 
convenientemente sus embarazos y criar y educar sanamente sus hi- 
jos. I.:-:-- ivdL 

Formula votos para que: 

1) En los cursos de higiene y de profilaxis instituidos en to- 
das las Escuelas Normales, se destine una parte a la educación de 
las futuras educadoras. 

2) La educación sexual prevista para los varones sea extensiva 
a las niñas (1) en los cursos de enseñanza secundaria, de ense- 
ñanza primaria, cursos complementarios de enseñanza primaria, en- 
señanza superior, y que sean introducidas bajo la forma de cursos 
de anatomía, fisiología e higiene femeninas, comprendiendo nocio- 
nes especiales de profilaxis, que servirían naturalmente de introduc- 
ción al curso de puericultura ya admitido desde varios años. 

3) En las escuelas primarias, un personal femenino especializado 


(1) Nueva discrepancia de opinión en cuanto a la época de dar esta 
ensefianza.i 



Pedagogía y Conducta Sexual 


237 


«ea encargado de suministrar y vigilar una enseñanza práctica de 
higiene, teniendo por objeto imponer a las niñitas los cuidados dia- 
rios de limpieza corporal, instruirlas sobre los peligros de las di- 
ferentes enfermedades contagiosas e indicarles los medios de preser- 
varse de ellas, especialmente evitando todo contacto con personas 
desconocidas y objetos sospechosos. (1) 

XV 

CONGRESO FEMENINO INTERNACIONAL 

Santiago de Chile, 1925 
Proposiciones de la Dra. Paulina Luisi 

Estas proposiciones son las que presenté al Congreso de París 
de 1923; fueron enviadas al Congreso femenino de Santiago de Chile 
para la propaganda sobre la Enseñanza Sexual, tan necesaria en 
nuestra América. 


XVI 

CONGRESO FEMINISTA Y DE EDUCACION 


Lisboa 1924 

También a este Congreso fueron enviadas las mismas propo- 
siciones que presenté al de París en 1923, aceptadas y aconsejadas 
como base para la aplicación práetica en la enseñanza por este Con- 
greso. 


XVII 

CUARTO CONGRESO INTERNACIONAL DE SOCIOLOGIA 

Panamá, julio de 1926 
Proposiciones de la Dra. Paulina Luisi 

I 

Para que las doctrinas eugenésicas puedan alcanzar los resul- 
tados prácticos que busca esta ciencia, es necesario: 


(1) Estas conclusiones han sido publicadas en la “Presse Médlca- 
le”, París. N.<? 63 del 4 de julio de 1923, pAg. 588. 



238 


Paulina Luisi 


A 

Desde el yunto de vista de la higiene social; 

Que todo individuo portador de taras susceptibles de ser here- 
dadas o de engendrar productos degenerados o inferiores, sea pri- 
vado temporal o permanentemente del derecho natural de tener des- 
cendencia. 


B 

Desde él punto de vista de la educación: 

Que la educación biológica, moral, social, profiláctica en ma- 
teria sexual y en todo cuanto se refiere a enfermedades sociales tras- 
misibles o por herencia, sea suministrada amplia y científicamente en 
todos los centros de enseñanza y de educación, y que ella comience 
desde la escuela elemental. 


C 

Desde él punto de vista de la sociología y la legislación; 

1) Que se establezca un sólo y único criterio legal y social, sea 
para la mujer, sea para el hombre sobre la base exclusiva de una 
sola moral elevada y una igual responsabilidad para ambos sexos, 
en todas las cuestiones, incluso las que se refieren a la descendencia. 

2) Que la mujer adquiera su completa emancipación social, ju- 
rídica, política, para estar colocada en el mismo plano que su com- 
pañero, compartiendo por igual, derechos, deberes y responsabilidades. 

3) Que la maternidad sea reconocida e instituida en todas las 
colectividades organizadas, como una función de estado, siendo re- 
conocida como desempeñando tal, toda mujer madre. Que por lo tan- 
to sea una obligación de la Nación, la defensa, protección moral, ju- 
rídica y social y las cargas económicas que esta función requiere, 
para toda mujer que se encuentre desempeñando sus funciones na- 
turales de maternidad. 

XVIII 

SEGUNDA CONVENCION AMERICANA DE MAESTROS (1) 

Montevideo, febrero de 1930 

Dado que es una aspiración la II Convención Internacional Ame- 
ricana, la realización del código de los derechos del niño, en cuyo 
artículo 6. 9 está implícitamente englobada la doctrina de la Ense- 


(1) Se acompañó esta proposición con una exposición de lo que es la 
Cátedra de Higiene Social, de nuestra Escuela Normal, exposición que se 
publicó en París a pedido, en el periódico "Amerique Latine”, N.<? 37 y 



Pedagogía y Conducta Sexual 


239 


fianza sexual, es necesario preparar a los maestros a desenvolverla en 
toda su plenitud. 

El antecedente fundamental es el conocimiento científico, ético 
y pedagógico de la materia, para lo cual es indispensable la creación 
en las Escuelas Normales de la Cátedra que debe prepararlos. 

Esta necesidad ha sido llenada en el Uruguay con la cátedra de 
higiene social que desde 1925 funciona en la Escuela Normal de Mu- 
jeres. 

Es de desear que en todos los países americanos se creen cá- 
tedras semejantes para la preparación pedagógica y cultural de los 
maestros en las escuelas de primera y segunda enseñanza. (1) 

XIX 

CONGRESO DE HIGIENE MENTAL 

Río de Janeiro. 1936 

Contenido y definición de la educación sexual 

A 

Proposiciones del Profesor Dr. Mauricio de Medeiros 

1) La cultura sexual es indispensable a los padres y todos los 
educadores. 

2) La educación sexual comienza en la faz inconsciente del de- 
sarrollo de la inteligencia de la criatura, por efectos de la cultura 
sexual de los padres y la acción educativa que ellos ejercen. 

3) La “educación” sexual en la segunda infancia debe ser in- 
directa, esto es, por el desarrollo de la cultura sexual compatible 
con su edad. Corresponde principalmente al medio familiar, a “las 
créches” y jardines de infantes. 

4) Hasta el fin de la segunda infancia hay que mantener la 
“educación” sexual en forma indirecta y ocasional. 

5) La educación sexual de la adolescencia y la pubertad puede 
ser realizada en forma indirecta e individual, pero jamás con la 
solemnidad de un aislamiento, ni aún en su parte aplicada a la pro- 
filaxis venérea - sifilítica. 


38 del 15 y 22 setiembre de 1929. Se adjuntó además el programa de di- 
cho curso. La acogida que recibió esta proposición en el Congreso £uó tan hos- 
til que me vi obligada a retirarla porque en la discusión iniciada las cosas 
subieron de punto. 

(1) V?- Comisión. Tema X*?, N.*? 9, 



240 


Paulina Luisi 


6) Bolo para los adultos, la cultura sexual con fines educati- 
vos, puede ser suministrada con el carácter de cursos especializados, 
conferencias, libros, folletos, etc. 


B 

Proposiciones' de la Dra. Paulina Luisi 

Las proposiciones enviadas a este Congreso son las mismas que 
las formuladas en el Congreso de París de 1923, por lo que evita- 
mos transcribirlas estando ya publicadas en páginas anteriores de es- 
ta obra. 


XX 

UNION INTERNACIONAL DE LAS LIGAS FEMENINAS CATOLICAS 

Congreso de Boma. 1934 
Educación moral y sexual (1) 

Las organizaciones católicas, deberán: 

1) Poner a disposición de los padres folletos de valor, que tra- 
ten el tema de modo sencillo. Si hay buena literatura extranjera 
al respecto, procurar de asegurarse una traducción. Todos los se- 
cretariados deberáif poseer estos folletos para poder consultarlos y 
si es posible, prestarlos, 

2) Estudiar las publicaciones y las obras católicas de pedagogía 
sexual más completas. Cada oficina nacional o diocesana deberá po- 
seer un manual católico sobre este sujeto. Es importante también 
estar al corriente de la literatura adversa que sería peligroso poner 
en manos de los católicos. 

3) Preparar a las madres para esta tarea educativa importante, 
con ayuda del clero y la colaboración de médicos concienzudos y 
mujeres competentes seelceionadas a estos efectos, con el mayor cui- 
dado. 

Esta preparación podrá realizarse por medio de cursos, indi- 
vidualmente o por medio de la literatura ya mencionada. 

Todos los medios son recomendados y podrán ser empleados se- 
gún las circunstancias. Los cursos deberán adaptarse a los distintos 
medios. 

La iniciación siempre ocasional e individual, deberá ser rea- 


(1) Sacado del “Bulletln Abolitionniste”, órgano de la Federación Abo- 
licionista Internacional, N.o 29, julio-agosto 1934, pág. 62 y 63, Quai Wílaon. 
Ginebra, Suiza. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


241 


lizada, — si los padres no pueden asumir esa tarea, — por educa- 
dores competentes. 

4) Junto con la educación de los padres, se realizará la de sus 
reemplazantes y especialmente la de las maestras de nuestros esta- 
blecimientos religiosos. 

5) Estando demostrada la urgencia de estos medios, se invitará 
a las organizaciones masculinas a que den cursos paralelos, apro- 
piados para los jóvenes y los padres de familia. 

6) Se preparará para el matrimonio, en colaboración con el cle- 
ro y en una forma integralmente cristiana, a la juventud masculina 
y femenina llamando su atención sobre los deberes que incumben 
a los esposos y padres católicos según las directivas pontificias, y 
poniéndolos en guardia contra las falsas teorías modernas. 

7) Se ejercerá una acción vigilante para que la iniciación y la 
'‘educación” sexual no se verifiquen en la clase y que no sean 
suministradas colectivamente, a las agrupaciones de jóvenes, se vi- 
gilará que no sean realizadas jamás por intrusos a la religión. 


XXI 

primera conferencia nacional de asistencia social juvenil (1) 

Santiago de Chile. 1945 

Educación sexual en los Internados de Menores (2) 

Aconsejamos implantar la “educación sexual” en los estable- 
cimientos dependientes del Consejo del Niño. 

La manera de impartir la “enseñanza sexual”, variará según 
la edad de los menores. La segunda infancia merece una pedagogía 
especial, deberá ser individual y dada de preferencia por un médico 
pedagogo o por un maestro especializado, valiéndose para eso de 
las enseñanzas de la Historia Natural. 

Para los adolescentes se recomienda, siempre que las circuns- 
tancias lo permitan, la enseñanza colectiva por medio de conversa- 
ciones elementales explicativas sobre la materia. (Profilaxis de las 
enfermedades venéreas y las desviaciones sexuales). 

Se aconseja la formación de un personal competente que haya 
adquirido nociones suficientes para tratar a los menores. 


(1) Publicado en “La Mañana’’, de Montevideo, del 1.9 abril 1945. 

(2) Redactados por una Comisión formada por los Doctores María Inés 
Villanueva, Hermán Mendoza y Harz Betzhold, de Chile. 


16 



242 


Paulina Luisi 


XXII 

UNA BELLA PAGINA DE LENINE 


Su advertencia a los comunistas 


Para cerrar esta pequeña colección de opiniones transcribimos 
párrafos de una carta de gran importancia enviada por el funda- 
dor del Comunismo Soviético Vladimir Oulianov (a) Lenine a la 
gran revolucionaria pacifista alemana Clara Zetkin. 

En ella eleva su palabra contra la doctrina de Alejandra Ko- 
lontai sobre la libertad del amor (1) — que sería mejor llamada la 
“libertad de acoplamiento”, doctrina que nada tiene de común con 
la demasiado elevada concepción del gran sabio Elíseo Ueclps so- 
bre “El amor libre” en un mundo de hombres y mujeres respon- 
sables, conscientes y de gran sentido moral; concepto utópico en un 
mundo donde el egoísmo de los unos huella sin escrúpulos el de- 
recho de los demás. 

He aquí las palabras de Lenine: 

“Las relaciones entre hombre y hombre, entre hombre y mu- 
“ jer, se están revolucionando, pero todo se halla aún en período 
‘ ‘ caótico. 

“La juventud sufre mucho a causa de las miserias sexuales 
“ del presente y protesta contra ellas con el ímpetu de sus años 
“ jóvenes. Esto se comprende fácilmente. Nada sería más equivo- 
“ cado que predicar a la juventud una continencia ascética y el 
“ carácter sagrado de la mezquina moral burguesa. Pero hay tam- 
“ bién que tener en cuenta que si en estos años la sexualidad pasa 
“ al primer plano en lo psíquico, sucederá lo mismo en lo fisioló- 
“ gico y ésto puede ser de alcance trascendental. 

“Es natural que la actitud de los jóvenes frente a la cuestión 
“ sexual se base en teorías fundamentales. Algunas declaran que 
“ su criterio es el revolucionario, el comunista, y creen sinceramen- 
“ te en lo que dicen. Pero ésto no impresiona a los viejos. Y como 
yo soy viejo, no me impresiona a mi. Aunque estoy lejos de ten- 
“ der a un ascetismo tenebroso, debo decir que para mi esta nueva 
“ “Vida sexual” de los jóvenes, — y también de los de más edad, — 
“ tiene apariencias de burguesa, pero no es más que una exten- 


(1) Esta página de Lenín, hoy ya no tiene sentido para las juventudes 
comunistas de la misma manera que el estado soviético actual nada tiene 
de común con las primeras concepciones marzistas! 1949. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


243 


‘ sión de la prostitución burguesa. Eso no tiene nada que ver con 
‘ la libertad en el amor, como solemos llamarlo. 

“Ud. conoce probablemente aqueUa teoría famosa, según la 
‘ cual, en la sociedad comunista, la satisfacción del instinto sexual 
‘ y de las necesidades sexuales será un asunto tan sencillo y tri- 
‘ vial como beber un vaso de agua. Esta teoría “del vaso de agua” 
‘ ha trastornado la cabeza a una parte de nuestra juventud. Y tal 
‘ será el destino de gran número de jóvenes de ambos sexos. Los 

* adeptos de esta teoría dicen: “Esto es ser marxista”. Pues yo 

* contesto: — “Que marxismo es ese?”. 

“En la vida sexual no sólo entra en juego el factor fisiológico, 
‘ sino los aportes de la cultura, discriminando el valor que se le 

* asigne. 

“Ciertamente, es preciso apagar la sed. Pero, en circunstancias 

* normales, un hombre normal se tiende en la calle para beber el 
‘ agua del arroyo? ¿Y cuando bebe en un vaso, acepta un vaso 
‘ ensuciado por muchos labios? 

“Más importante aún es el aspecto social de esta cuestión. Be- 
‘ ber agua es, en efecto, un asunto enteramente individual; pero 
‘ para el amor se necesitan dos, y de él puede surgir una nueva 
‘ vida. Este hecho entraña un interés colectivo, una obligación pa- 

* ra con la comunidad. 

“Como comunista no siento la menor simpatía por esta teoría 
1 del “vaso de agua”, aunque exhiba la bella etiqueta de “Libe- 
‘ ración del amor”. 

“El nuevo orden social no debe promover el ascetismo, sino la 

* alegría de vivir; la vitalidad de una vida sexual plenamente sa- 
‘ tisfeeha. De mis observaciones yo deduzco que la hipertrofia de 
‘ la sexualidad que actualmente se nota tanto, lejos de dar vitali- 
‘ dad y alegría de vivir, las quita. 

“La juventud tiene necesidad de dos cosas: un cuerpo sano y 
‘ un espíritu sano. No quiere ser monje, ni Don Juan, ni menos 
‘ ser como un burguesote alemán, que es lo uno y lo otro. 

“El desenfreno de la vida sexual es síntoma de la deseompo- 
“ sieión burguesa. El proletariado, una clase pujante, no necesita 
“ de excesos narcotizantes ni de estimulantes. 

“Dominio sobre sí mismo, autodisciplina, que no significa es- 
clavitud, ni aún en el amor”. (1) 


(1) Semejante a las doctrinas sobre el amor que hemos combatido en 
nuestro “Ensayo”, sobre “Enseñanza Sexual”, y muy en boga tanto en la 
teoría como en la realización en la Rusia Soviética. 



244 


Paulina Luisi 


XXIII 

UNA PAGINA HISTORICA SOBRE EDUCACION SEXUAL 

A título de curiosidad histórica, extractamos de la “Historia 
General de las cosas de Nueva España”, por el R. P. Bemar- 
dino de Sahagún, traducido por el Dr. Jordanet, París 1880 esta 
nota. (1) 

En esta obra del Padre Bernardino de Sahagún se exponen 
preciosas informaciones sobre higiene sexual en uso entre algunos 
indígenas de América. (2) 

En lo que se refiere a los Karibes y Arawaks, dice que ellos 
practicaban una higiene que, aún en nuestra época, numerosos eu- 
ropeos ignoran o descuidan totalmente. Las reglas de higiene sexual 
eran observadas tan escrupulosamente que se las consideraba como 
deberes religiosos. 

Practicaban la eugenesia a la manera de los espartanos: los ni- 
ños débiles o enfermos eran destruidos; eso explica porqué los pri- 
meros europeos que llegaron a América, sólo encontraron hombres 
fuertes. 

Consejos que el padre daba al hijo para enseñarle la castidad 

“Observa hijo mío que el mundo tiene su manera de engen- 
drar y multiplicarse. En estos actos. Dios ha ordenado que la mu- 
jer hiciera uso del hombre y recíprocamente; pero conviene que 
ésto sea practicado con moderación y en forma discreta. No te arro- 
jes sobre la mujer como el perro sobre su presa. No te entregues a 
las mujeres antes de tiempo. Aunque tengas el deseo, resístele; re- 
siste a tu corazón hasta que llegues a ser un hombre hecho y fuerte. 

Observa que si se corta un maguey cuando es joven, para re- 
coger su sávia azucarada; no da nada y muere. Si hay que abrirlo 
para extraer su jugo, se cuida de dejarlo crecer y llegar a su ma- 
durez a fin de recoger su dulce savia en el momento oportuno. 

De igual manera debes proceder. 

Antes de acercarte a una mujer debes dejarte crecer, fortale- 
certe; llegar a ser hombre completo. Entonces estarás pronto para 
casarte y engendrarás hijos de buena tallan, fuertes, ágiles, hermosos, 
de rostro bien formado ; en tanto que tú, por tu parte, te conser- 
varás vigoroso, apto para el trabajo corporal, activo y ágil. 


(1) No habiendo podido consultar el texto original español, he debido 
retraducirlo del texto francés: único ejemplar existente en la Biblioteca Na- 
cional de París. Debo esa copia a la amabilidad del señor Brnesito Gregoire 
-Miceli quien me los facilitó en el Congreso de Antropología de París de 1928. 

(2) Páginas 370 y siguientes del citado libro. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


245 


Es necesario también, hijo mío, cuidar, aún cuando te hayas 
casado y tomado mujer en una edad conveniente, de no entregarte 
a ella con exceso, porque arruinarás tu salud. Aunque sea tu mu- 
jer y su cuerpo sea tuyo, es conveniente ser moderado en el uso 
que tu harás de ella, del mismo modo que es necesario usar de tem- 
planza en la comida”. 




TITULO VIH 


Una Cátedra de Higiene Social 

CAPITULO I 

Necesidad de una Enseñanza de Higiene Social y Profijác 
tica en las Escuelas Normales para la preparación 
de los Maestros (i) 


Las enfermedades sociales, así llamadas, entre las cuales son 
de una importancia primordial la tuberculosis, la sífilis, ciertas en- 
fermedades mentales, el alcoholismo o dipsomanía, llamadas con jus- 
ta razón “enfermedades de la raza”, van adquiriendo una difusión 
cada día creciente y deben ocupar el interés de los encargados de 
velar por el pueblo, especialmente los higienistas y legisladores. 

Los primeros han reconocido universalmente en congresos y reu- 
niones científicas de toda clase, la necesidad imperiosa y urgente de 
llevar el conocimiento de la . profilaxis de esas enfermedades y otras 
de la misma peligrosidad al espíritu del pueblo, y es también uni- 
versalmente reconocido que el primer lugar de esta propaganda eo-- 
rresponde a la educación. 

Los conocimientos que pueden llevarse a cabo en conferencias 
populares de divulgación científica, como algunas que se han rea- 
lizado en el país no son suficientes, ni pueden dar los resultados 
que se apetecen. Primero porque no dan una enseñanza sistematiza- 
da, en la que se van exponiendo progresivamente, los fundamentos 
de las exigencias de la higiene profiláctica, y el oyente haya ad- 
quirido el elemental sustratum científico necesario para comprender 
las indicaciones que se le suministran, de una manera razonada que, 
por ello mismo, es duradera. En segundo lugar estas conferencias no 
pueden ser recibidas por un auditorio regular: hoy son escuchadas 
por unos, mañana por otros, faltándoles las premisas que en ante- 
rior ocasión fueron expuestas, es decir que se reciben nociones in- 
conexas, por lo cual, poco eficaces, y que a veces resultan confusas. 

Y finalmente,- ellas son dictadas, y no puede ser de otro modo, 
para adultos, en los que ha pasado ya la oportunidad de inculcar 
los hábitos de higiene y profilaxis reclamados. No que en este úl- 
timo caso sean inútiles, pero sí, son muy poco eficaces: la eonfe- 


(1) Montevideo, 1923. 



248 


Paulina Luisi 


reneia solamente puede ofrecer el conocimiento de las cosas, pero 
no puede crear el hábito que proporciona la educación. 

En muchos países avanzados, existe un movimiento general pa- 
ra establecer esta enseñanza (= conocimientos y habituación), do 
la higiene y la profilaxis sanitaria y moral en la escuela primaria, 
pero en todas partes se arguye que faltan maestros preparados para 
esta nueva enseñanza tan importante como descuidada hasta hoy. 

En los últimos Congresos y reuniones médico-pedagógicas, como 
v. g., el Congreso de Higiene Social de París, recientemente realizado; 
en nuestros últimos congresos médicos nacionales, se ha reconocido 
la urgencia de llenar este vacío. 

Los Congresos Médicos Nacionales, realizados en 1916 y 1921, 
han pedido a los Poderes Públicos, la creación de una Cátedra de 
esta naturaleza en las Escuelas Normales, con objeto de preparar 
a los maestros para llenar este vacío en la enseñanza. 

La acción de maestros así preparados tendría además otras pro- 
yecciones. pues no sólo estarían en condiciones para cumplir este 
cometido en la escuela, cuando sea posible comenzar en ella esta 
enseñanza, sino que llegaría más allá, pudiendo ejercer una influen- 
cia eficaz sobre padres y madres de familia, en conversaciones post- 
escolares, adiestrándolos a ser los colaboradores en la obra educa- 
cional. 

Para los maestros que ejercen fuera de la Capital, su influen- 
cia podría ser mucho mayor, pues el maestro es escuchado por la 
población, y donde faltan los recursos, pueden ser hábiles y efi- 
caces propagandistas educando y enseñando a la vez a alumnos, a 
padres y a la población: es necesario que para ello estén prepara- 
dos suficientemente. 

Dejando de lado expresamente, ahora, en estas páginas, el asun- 
to de la educación sexual en las escuelas; asunto que ha dado lo- 
gar a numerosas discusiones y desacuerdos; el punto en cuestión, la 
necesidad de proveer a la preparación de los educadores en materia 
de educación profiláctica de higiene social es una cuestión que no 
sólo no ha sido discutida por nadie, sino que todos están de acuerdo 
en declararla una urgente necesidad. 

Hace pocas semanas, el Instituto Profiláctico contra la sífilis, 
se ha dirigido al Consejo de Enseñanza Primaria y Normal, solici- 
tando la creación de una Cátedra de enseñanza de la profilaxis ve- 
nérea en las escuelas normales. 

El proyecto actual, mirando con más amplio criterio que el 
punto especial del Instituto Profiláctico, entiende que debe crearse 
una CATEDRA DE ENSEÑANZA PROFILACTICA DE HIGIENE SOCIAL, en la 
que el Profesor o Profesora deberá dar, no solamente las lecciones 
teórico - científicas relativas a la profilaxis de las, enfermedades so- 
ciales, tuberculosis, dipsomaníaj enfermedades mentales, enfermeda- 
des venéreas, — dando a estas últimas la importancia que merecen, 
sino también, teniendo en cuenta lo delicado de algunos tópicos com- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


249 


prendidos en la materia, y en cuanto ello sea posible, convendría lo 
realice la misma persona que da las lecciones de pedagogía teórico- 
prácticas pertinentes a la materia. 

Conviene que e§ta cátedra sea desempeñada por un médico o 
médica con suficiente competencia pedagógica, o por una maestra 
o maestro de grado superior, tercer grado, con estudios especializa- 
dos en Higiene Social y General, según queda indicado más arriba, 
porque se requiere, tanto conocimientos científicos en materia de en- 
fermedades, como competencia pedagógica necesaria para una ense- 
ñanza de suyo bastante delicada, especialmente en sus principios, 
cuando se deberá orientar esta enseñanza en forma que responda a 
los fines de enseñanza sanitaria y moral para los cuales se pretende 
su creación. 

En otros términos es necesaria la creación de una Cátedra de 
enseñanza profiláctica de hiqiene y moral sociales, que compren- 
derá : 


1) Clases teóricas de higiene, profilaxis y deontología de las en- 
fermedades sociales. 

2) Clases teórico - prácticas de pedagogía y metodología sobre las 
cuestiones que abarca esta materia. 

3) La práctica pedagógica ejecutada por los alumnos maestros 
convendrá que quede a cargo de las o los Profesores de Pedagogía 
General, precisamente para unificación de la enseñanza y técnica 
pedagógicas, dado que en nuestro concepto, la enseñanza a los es- 
colares deberá estar englobada en el resto de la enseñanza, sin dife- 
renciaciones, ni distingos de ninguna especie. 



CAPITULO II 


La Difusión de la Higiene Social. Su enseñanza al personal 

docente en el Uruguay (1) 


Sería verdaderamente ridículo, pretender demostrar a una asam- 
blea de médicos e higienistas, la necesidad de la divulgación de las 
nociones de higiene entre la masa popular. 

Las orientaciones modernas de la medicina preventiva exigen 
una serie de organismos de divulgación científica, — principalmente 
práctica, — pero asentada como corresponde, sobre un conocimiento 
científico seguro. 

Entre estos organismos de divulgación que van difundiéndose día 
a día, las auxiliares de la medicina social entran en primera fila y 
su tarea va adquiriendo cada vez, mayor importancia. 

Las diversas clases de estas auxiliares de la higiene, la diver- 
sidad de sus cometidos, sean inspectoras de higiene, enfermeras vi- 
sitadoras, monitoras de higiene, asistentes sociales, (Social Workers), 
monitoras de economía doméstica, especialistas en dietética, enferme- 
ras escolares, institutrices visitadoras, todas ellas van llevando las 
nociones de higiene general y social por todos los hogares. 

Pero hay un elemento precioso de colaboración en la práctica 
cuya actividad ha sido apenas puesta a contribución, y ésto de 
una manera muy imperfecta: es la escuela misma, es el maestro. 

En Francia, un grupo de higienistas de primera fila, bajo la 
dirección de los Dres. Roux y Calmette, del Instituto Pasteur, han 
emprendido una seria tarea con objeto de utilizar los servicios del 
personal docente en la divulgación de las nociones elementales de 
la higiene y más especialmente en la formación de hábitos higiéni- 
cos entre los escolares. 

Es “ L 'Higiene par l’exemple” hermosa obra de educación sa- 
nitaria por la escuela, que llena un gran vacío, satisfaciendo una 
necesidad reclamada desde tiempo por la higiene general. 

Si las diversas clases de auxiliares de higiene, colaboran, a la 
difusión de los conocimientos de la higiene, y los organismos esco- 
lares como “L’Higiene par l’exemple ” contribuyen al desarrollo de 
los hábitos de Higiene, las vinculaciones existentes entre la familia 
y la escuela, pueden estrecharse aún más, cuando entran en juego 


(1) Comunicación al Congreso Sud-Americano de Pedagogía Médica. 
Buenos Aires, 1927. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


251 


las maestras visitadoras que van a domicilio a visitar a los alumnos 
y a sus familias, ayudándolas a resolver muchos problemas de pe- 
dagogía, de disciplina y de higiene. 

Todo ésto está bien, pero no basta. La enfermera, la dietética, 
la visitadora, la asistente social, la intitutriz visitadora, encuentran 
en el cumplimiento de su cometido, numerosos puntos de contacto. 
Por eso en aquellos Estados donde está desarrollada esta rama de 
la Asistencia Social como en los EE. UU. se considera que los es- 
tudios de estas diferentes auxiliares de la higiene deben estar coor- 
dinados. 

Así, en algunas escuelas americanas, como en San Francisco, 
las escuelas de enfermeras, dietéticas, visitadoras y asistentes, están 
reunidas en un solo organismo, y anexas a la Facultad de Medicina. 

En otras escuelas americanas, como el Teasher’s College, Colum- 
bia University, Nueva York, los estudios para regente de escuela y 
los de enfermera están coordinados, acercamiento que se justifica 
por el rol sanitario que deben desempeñar las institutrices o maes- 
tras, y la misión de enseñanza que deben cumplir las enfermeras. 

Dejando a estas últimas de lado, ya que no es de ellas que 
pretendemos ocuparnos; sino de los maestros, las reclamaciones en 
el sentido de su mayor educación e instrucción higiénicas, aumentan 
considerablemente. 

Er. el Congreso de Higiene Social y Educación Profiláctica, rea- 
lizado en París en 1923, se adoptaron varias resoluciones tendientes 
a incluir la enseñanza de muchas cuestiones de Higiene Social en 
la preparación de los maestros. j 

Entre otras, se declaró indispensable que se dé al niño, desde 
su ingreso a la escuela y durante la edad escolar, una educación de 
higiene práctica. Es necesario para eso preparar a los maestros. 

A esta resolución de orden general se agregaron otras respecto 
a la enseñanza de la higiene particularizada con determinadas cues- 
tiones referentes a la higiene social, v. g. : 

a) Que en los Institutos de enseñanza se proporcionen los cono- 
cimiento^ relativos a la profilaxis del alcoholismo. 

b) Que la profilaxis mental sea conocida por los maestros para 
continuarla en los medios escolares, etc., para su aplicación por el 
conocimiento de los niños y sus posibles anomalías. 

c) Que las cuestiones comprendidas en lo que se llama educa- 
ción sexual, estén a cargo de los maestros, y personas dedicadas a 
la enseñanza. 

d) Que para todos estos desiderátums , es necesaria la prepa- 
ración pedagógica y científica del personal enseñante. 

La Sociedad Francesa de Profilaxis Sanitaria y Moral propuso 
al mismo Congreso el siguiente voto en el mismo sentido: 



252 


Paulina Luisi 


“La preparación del personal enseñante para la enseñanza de 
la profilaxis, especialmente de la profilaxis anti - venérea”. 

En diversos Congresos Americanos, los del Niño, en Buenos 
Aires en 1913 y 1916, en Río y en Santiago de Chile, así como en 
el Congreso de Sifilografía de 1921 en Montevideo, y en numero- 
sos Congresos Nacionales, especialmente los de Medicina de 1916 y 
1921, se votaron mis proposiciones en el sentido de incluir en la 
preparación del personal enseñante las cuestiones referentes a la 
profilaxis de las enfermedades venéreas y a la enseñanza sexual. 

Pero esta cuestión llena solamente una de las necesidades de la 
profilaxis o mejor dicho se ocupa de la profilaxis de determinada 
enfermedad, la enfermedad venérea y de las llagas sociales relacio- 
nadas con la cuestión sexual. 

La acción de la escuela debe extenderse a todas las enfermeda- 
des sociales, que todas ellas merecen la atención preferente que su 
gravedad exige. 

La enseñanza a los maestros de todas las cuestiones de profi- 
laxis que comprende la higiene social, llena una necesidad real para 
la vulgarización de los conocimientos de higiene, para la cual, la 
acción del maestro de escuela, bien preparado, puede ser de grandes 
proyecciones para la utilidad general. 

Bien preparados, los maestros estarán no sólo habilitados pa- 
ra cumplir su misión en la escuela, sino que su acción podrá ejer- 
cerse más allá, sea sobre padres y madres de familia; sea, — sobre 
todo lejos de las capitales donde son menos numerosos los recursos 
de la propaganda, — sirviendo de agentes de educación en los me- 
dios populares, sea en fin obrando directamente sobre cierta parte 
de la población, en los cursos nocturnos para adolescentes y adultos. 

Si la cuestión de la enseñanza sexual ha sido muy debatida, 
dando lugar a numerosas polémicas, la necesidad de educar y en- 
señar a los educadores en todas las cuestiones de educación profilác- 
tica de higiene social, ha merecido una unánime aprobación. 

Es así como la propaganda realizada por más de un higienista 
ha logrado cristalizar en una obra real, y en el Uruguay una ley 
de la Nación de febrero de 1925 creó una Cátedra con ese fin, la 
preparación de los educadores, en la Escuela Normal de Montevi- 
deo. Fui designada para ese cargo, “a fin de llevar a la práctica 
las doctrinas desarrolladas en su propaganda”, declaró un legislador. 

En esta _cátedra que respondía a los votos y solicitaciones de 
los Comités Ejecutivos de las resoluciones aprobadas en los diversos 
congresos nacionales a propósito de enseñanza sexual, extendió su 
programa, entendiendo que la cuestión de la profilaxis venérea, no 
puede ser sino un capítulo de los numerosos que abarca la higiene 
social, y con ese criterio incluyó las cuestiones generales que con ella 
se rélaeionan. 

Su reciente creación, sólo ha permitido la redacción de un P r0_ 



Pedagogía y Conducta Sexual 


253 


grama con carácter provisorio: la práctica enseñará las cuestiones 
sobre las que conviene insistir y aquéllas que conviene colocar en 
un plano secundario, dentro de los capítulos generales sobre los cua- 
les no cabe naturalmente ninguna vacilación. 

La experiencia de otros países no ha podido ser utilizada en 
este caso, porque aquéllos de índole y necesidades semejantes a las 
nuestras, no han incluido aún esta rama en sus Escuelas Normales. 

En efecto, a nuestro conocimiento, y a pesar de nuestras ave- 
riguaciones, parece que sólo dos de ellos han encarado la cuestión 
como lo entendemos. Chile quiso incluir un curso obligatorio en la 
enseñanza primaria, secundaria, superior y especial, por un proyecto 
de ley de 17 de mayo de 1925, arts. 62 y 12, ley llamada “sobre 
defensa de la raza”, los que se refieren según el inciso c) del art. 
12, a la sífilis, tuberculosis y alcoholismo. Pero el asunto quedó de- 
tenido y las últimas informaciones recibidas me han hecho saber 
que nada hay aún de concreto. 

Francia ha creado una cátedra libre de Higiene Social en la 
Sorbona, dictada para el público en general y por lo tanto para 
una finalidad diversa de la de una Escuela Normal y la consiguien- 
te formación de educadores. 

Entre los países bálticos y anglosajones existen algunos que han 
encarado el asunto e incorporado la enseñanza de la Higiene Social 
en sólo aquéllo que se refiere a sífilis, alcoholismo y tuberculosis, 
pero tampoco esta enseñanza está incorporada a las Escuelas Norma- 
les. Mejor encarada está la cuestión en los EE. UU., en algunas ca- 
pitales, pero sus programas no son adaptables sino en parte a las 
necesidades y a la mentalidad de nuestra población. 

El programa del curso de Higiene Social en el Uruguay ha 
tratado de abarcar las diferentes cuestiones que a esta rama de la 
higiene se refieren, teniendo en cuenta que hay numerosas cuestio- 
nes sociológicas, como las hay entre éstas muchas que se relacionan 
con aquélla. 

No se trata naturalmente de cursos profundos, sino en los te- 
mas fundamentales, pero se ha estimado conveniente dar a conocer 
siquiera someramente, numerosas cuestiones con estas ciencias rela- 
cionadas y el alcance que tiene con los problemas de la medicina 
social preventiva. 

El curso abarca los grandes problemas de la defensa sanitaria 
social, una de sus partes ha encarado el estudio de las grandes en- 
fermedades sociales; la tuberculosis, sus factores sociales y las obras 
de preservación; el alcoholismo, su profilaxis, sus efectos y las obras 
sociales para combatirlo; las enfermedades venéreas, sus consecuen- 
cias individuales, sociales y raciales, su profilaxis, las obras sociales 
y las consecuencias de la prostitución. He agregado a estos tres gran- 
des factores de morbilidad y mortalidad, algunos capítulos referentes 
a la higiene infantil, aunque esta cuestión está tratada muy rápi- 
damente en este curso por la circunstancia de existir un curso es- 



2J4 


Paulina Luisi 


peeial de Puericultura e Higiene infantil en las Escuelas Norma- 
les. (Teórico). 

Se encaran también otras enfermedades en su carácter de ma- 
les sociales, porque se puede hacer con ellas alguna profilaxis, el 
cáncer, las enfermedades mentales, y los quistes hidáticos. Se es- 
tudia en otros capítulos las enfermedades del punto de vista de la 
herencia, la eugenesia, la eugenética de Pinard, para entrar por es- 
tas nociones a encarar el 'gran problema de la responsabilidad ra- 
cial y la profilaxis y la moral de los problemas relativos a la gene- 
ración. Queda así el paso libre para entrar de lleno en la ense- 
ñanza sexual. 

Algunos capítulos son dedicados a las cuestiones relativas a la 
segunda infancia, la lucha contra la delincuencia infantil, la infan- 
cia anormal y abandonada en sus relaciones con los problemas de 
la salud. Se estudia las cuestiones de asistencia relacionadas con la 
segunda infancia y la adolescencia, los problemas del trabajo y del 
' aprendizaje, las obras sociales y la acción legal en las leyes de 
protección a la maternidad obrera y a los menores, los seguros de enfer- 
medad e invalidez, la lucha contra las drogas nocivas y los estupe- 
facientes, el cinematógrafo pernicioso, la pornografía, etc. 

Son estos los temas principales de un curso en el que la ense- 
ñanza se hace por la palabra, por proyecciones luminosas y algunas 
cintas cinematográficas editadas por la Asociación Americana de 
Higiene Social. 

La exposición de estas cintas no puede realizarse durante las 
clases. 

El tiempo que tienen asignadas es demasiado breve — dos ho- 
ras semanales. 

Además necesita local especial, instalación y operador. 

Se efectúan desde la Cátedra de Higiene Social, que amplía 
el curso de la Escuela Normal, y se dicta en el Museo Pedagógico, 
semanalmente, destinada a los maestros ya diplomados. Para darles 
mayor difusión y utilidad el curso está abierto al público, conser- 
vando empero el tono de un curso para maestros. 

Se completa la enseñanza con la visita rigurosamente faculta- 
tiva y fuera de horario de la Escuela Normal, a hospitales y dis- 
pensarios. 

Se verifica generalmente los domingos y festivos en las ho- 
ras de la mañana. 

En lo que toca a enfermedades venéreas el Profesor Dr. José 
Brito Poresti, ha puesto a disposición de nuestra enseñanza, el mu- 
seo de venerología — y el médico del dispensario Germán Segura, Dr. 
Máximo Halty se ha prestado gentilmente para mostrar a las alum- 
nas, casos elegidos previamente para mayor claridad de la ense- 
ñanza, tomando en consideración la naturaleza de ese alumnado es- 
pecial. Estas visitas se realizan domingos y festivos a fin de evitar 
la presencia del estudiantado médico y no herir las susceptibilidades 



Pedagogía y Conducta Sexual 


25 5 


que pudieran tener algunas alumnas o sus padres cuyo permiso la 
profesora exige se obtenga previamente cuando se trata de alum- 
nas aún no mayores de edad. 

Las primeras, visitas se realizaron con tres o cuatro alumnas: 
(no olvidar que eran facultativas y una gran innovación), pero su 
número fué aumentando casi en seguida por el interés despertado 
y las informaciones recibidas de las compañeras asistentes. 

Pero no podíamos contentarnos con eso. 

Agregamos una segunda parte más importante por su mayor 
trascendencia utilitaria y práctica nara los alumnos - maestros. 

En el curso de Higiene Social de Montevideo había toda la en- 
señanza de la pedagogía de la materia, que como Maestra Normal Su- 
perior (tercer grado) la Profesora estaba en condiciones de realizar. 

En ésto estribó precisamente la verdadera innovación. Ella sal- 
vó así el gravísimo peligro de una falta de preparación docente pa- 
ra tan difícil y delicada enseñanza. 

Es esta parte pedagógica la que concentró nuestros mayores des- 
velos; la enseñanza a los alumnos - maestros de cómo se puede lle- 
var a la escuela, es decir, cómo débese proceder para la instrucción 
y la educación de los niños sobre asuntos que, si algunos son fácil- 
mente abordables, otros hay de tan escabroso como delicado manejo. 

Nuestra enseñanza se realizaba no solamente con la lección teó- 
rica de pedagogía aplicada a la enseñanza sexual, sino que Profe- 
sora y alumnas iban por las escuelas a dar la lección práctica, que 
era al fin y al cabo, el objeto principal para el cual fué creada 
la Cátedra en cuestión. 

Esta parte práctica del curso tuvo que ser facultativa, para no 
rozar las susceptibilidades de la Directora - Profesora de Pedagogía, 
la que jamás, bien entendido, abordó ese sujeto en su enseñanza. 

Aprovechando la coincidencia de ser también la Profesora, Mé- 
dico - Inspector de las escuelas, nuestra llegada no provocaba en los 
niños curiosidad alguna, habituados como estaban a mis visitas pe- 
riódicas como médica-inspectora que solía ir acompañada de algunas 
ayudantes. 

Pudimos así aplicar las doctrinas pedagógicas expuestas en mi 
“Ensayo sobre enseñanza sexual” y anotamos numerosas observa- 
ciones de verdadero interés que fortalecieron en mi espíritu la con- 
vicción de que la temida innovación era posible y no provocaba 
reacciones desagradables. 

En cambio, esas conversaciones sencillas, sin aparatosidad algu- 
na despertaban en los niños interés y deseo de aprender. Jamás, — 
me decían las maestras, algunas de las cuales me secundaron con 
verdadero interés y que, a nuestro pedido observaban las consecuen- 
cias de las lecciones, — jamás encontramos nada digno de mención, 
ni en la actitud de los niños ni en sus conversaciones consiguientes. 

Fueron ellas clarísima demostración de cómo se pueden abordar 
esos temas de la instrucción sexual sin que, no solamente no sean 



256 


Paulina Luisi 


rozadas en su pureza divina las almas infantiles, sino que ellas die- 
ron ocasión para sembrar en los corazones, — con predilección mar- 
cada — las semillas del amor y el respeto hacia la madre, hacia 
todas las madres, por el sólo hecho de ser madres! 

Lecciones que sirven para transformar el corazón de cada niño 
en vivero de aquellas nobles plantas que serán su jardín secreto en 
la vida adulta: deber de responsabilidad, deber de respeto, deber de 
ayuda mutua, deber hacia la especie, y aquel árbol magnífico y fe- 
cundo que se llama la solidaridad humana! 

Montevideo, julio de 1926. 

* 

* * 

ADDEN'DU'M (1) 

Cuando presenté esta comunicación al Congreso de Pedagogía 
Médica, la Cátedra de Higiene Social era de reciente creación; la 
experiencia tenía apenas un año de vida. Yo esperaba que los in- 
convenientes y las dificultades serían poco a poco subsanados, los 
comprendía como efectos de una innovación, es decir, que era ne- 
cesario ese aprendizaje que nos va llevando a perfeccionar nuestra 
labor. 

Esta Cátedra representaba la culminación de mis esfuerzos de 
muchos años, los informes presentados a congresos, las conferencias 
pronunciadas, la polémica periodística, y sobre todo la repercusión 
de mi “Ensayo sobre enseñanza sexual”, presentado al Congreso de 
París de 1923. 

Elementos de un partido progresista que estaba en el poder, 
ayudaron eficazmente mis esfuerzos y se creó por ley del Parla- 
mento una Cátedra de Enseñanza Sexual en la Escuela Normal. 

Consecuente con mis ideas sobre este asunto y mi manera de 
encararlo, desarrollados en ese Ensayo, me indujeron a solicitar una 
diferente denominación y se acordó en llamarla “Cátedra de Hi- 
giene Social”. Se agregó una Cátedra de Conferencias . para el per- 
sonal enseñante en actividad o ya diplomados. 

Veremos como este cambio de nombre, racional y lógico de 
acuerdo a mis teorías, favoreció su desaparición. 

La instauración de esta Cátedra fué recibida con resistefncia 
por las autoridades de la Escuela Normal; lo mismo la Directora (2)' 
como la Sub - directora le hicieron una guerra sorda y sistemática. 

La primera victoria que obtuvieron, fué conseguir que la con- 
currencia, a este curso fuera facultativa, de suerte que la asistencia 


(1) La parte que sigue, es decir este addendum, no fué incluida en la 
Comunicación al Congreso; continúa la historia, evolución siucesiva de esta 
cátedra y sus aspiraciones mencionadas. 

(2) Entonces señoritas Leonor Horticou y Josefina Tarigo, respectiva- 
mente. Véase en el Capitulo, titulado “Las primeras tentativas”, algún do- 
cumento muy sugestivo al respecto. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


257 


del alumnado nunca fué muy numerosa, pero no pudieron suprimir 
el examen correspondiente. 

Lo contrario sucedía con las Conferencias de Higiene social ane- 
xas a esa Cátedra, conferencias públicas que se dictaban una vez 
por semana durante el año escolar en el Museo Pedagógico, y esta- 
ban repito, especialmente dedicadas a los maestros diplomados y per- 
sonal enseñante. 

Estaban siemnre desbordantes de público. 

El propio Director de Enseñanza, Dr. don Eduardo Acevedo 
concurría a ellas regularmente muy interesado por este ensayo de 
cultura general. 

La fecha de la inauguración de la Cátedra en la Escuela Nor- 
mal, el 8 de mayo de 1926, coincidió con una breve estada en 
Montevideo del Profesor de la Facultad de Medicina de París, Dr. 
Doleris, uno de los grandes campeones de la enseñanza sexual. (1) 

Pensé que nadie podía dar más carácter a esta primera lección, 
que la presencia del sabio francés. 

Previo permiso de las autoridades, invité a ese acto al profesor, 
quien accedió amablemente, concurriendo a la Escuela Normal acom- 
pañado por el Profesor en nuestra Facultad de Medicina, Dr. En- 
rique Pouey. 

La circunstancia de coincidir la hora de clase con la reunión 
del Consejo de Enseñanza, inhabilitaron al Director Dr. Eduardo 
Acevedo para asistir al acto, circunstancia que pretendió utilizar la 
Dirección del establecimiento para obstaculizar mis deseos, aducién- 
dose la falta de órdenes superiores para permitir que un extraño 
al establecimiento psara de la palabra en aquel acto. 

La intervención del Dr. Pouey y un acertado llamado telefó- 
nico mío, al Director General, solucionaron el desagradable inci- 
dente con que debutó la novel enseñanza. 

Al día siguiente los más importantes periódicos cuotidianos de la 
Capital, algunos de los cuales, avisados por el Dr. Pouey habían 
enviado sus cronistas, publicaron su nota entre las que me es grato 
transcribir la siguiente: 

La CATEDRA DE HlGIENE SOCIAL 
Erudita disertación del Profesor Doleris (2) 

Inauguróse ayer la Cátedra de Higiene Social en la Escuela 
Normal de Maestros María S. de Munar. La profesora, doctora 
Paulina Luisi, había invitado, con autorización superior, a este 

(1) Recordemos que el Profesor Doleris fué miembro informante, jun- 
to con el Prof. Chotzen de Breslau, para el tema en cuestión, en el 3er. 

Congreso Internacional de Higiene Escolar. París, 1910. 

(2) He transcrito de preferencia esta crónica a la de El Día, por ser 

este último un periódico respondiendo a un partido de ideas más avanza- 

das, lo que no puede reprocharse a La 'Mañana, que es más bien conser- 
vadora . 


17 



258 


Paulina Luisi 


i 

i 


acto al profesor Dolerás, que se ha ocupado mucho de esta cuestión 
y es conocido en toda Europa y América como uno de los campeo- 
nes de la enseñanza de la higiene, especialmente en lo que se re- 
refiere a la educación sexual. 

Al inaugurar su Cátedra, la doctora Luisi hizo resaltar el hon- 
roso privilegio que le cabía a esta clase, al contar en tal día con 
la presencia del campeón de la enseñanza de la higiene en las Es- 
cuelas Normales. v 

Recordó que la colaboración del maestro es necesaria en todas 
estas batallas contra las enfermedades que azotan a la humanidad, 
de las cuales hay algunas que merecen una especial atención por 
los estragos que causan, como son la tuberculosis, el alcoholismo, el 
cáncer y las enfermedades venéreas. 

Que en un país como el nuestro, puede hablarse de todas ellas, 
y que habiendo tenido esta clase el alto honor de la visita de uno 
de los maestros de la humanidad en esta campaña, pedía la mayor 
atención para las palabras que les iba a dirigir sobre un tema con- 
siderado abstruso y ciertamente delicado: la enseñanza sexual, para 
lo cual dejaba la palabra al maestro. 

Empezó su disertación el doctor Doléris, haciendo un elocuente 
y efusivo elogio de los altos méritos intelectuales de la doctora Pau- 
lina Luisi, así como de sus trabajos y de sus desvelos en pro del 
bienestar colectivo y de la solución de los importantes problemas 
científicos y sociales a los cuales ha consagrado nuestra ilustrada 
compatriota sus relevantes dotes profesionales. 

Luego el doctor Doleris, con esa bonhomía que le ha conquis- 
tado todas las simpatías en nuestros círculos intelectuales, pro- 
nunció su “speech” que, en realidad, resultó una hermosa confe- 
rencia. 

Recordó los trabajos de la Liga de Higiene Escolar y el Con- 
greso de 1910 y su magnífico trabajo sobre este asunto. Llamó la 
atención sobre la contradicción peligrosa para la sana educación del 
niño, entre las cosas llenas de fábulas que se les euentan cuando un 
nuevo hermaníto viene a engrosar el círculo familiar, y los cuadros 
que el niño se ve obligado a presenciar, sea en la calle o en donde 
vea animales, así como la malsana influencia de las mentiras que 
se enseñan a los niños sobre este asunto. 

Agregó que es necesario cambiar este régimen por una alta 
enseñanza moral, haciendo resaltar la grandeza de los fenómenos 
de la vida. Dos nobles consecuencias tiene esta enseñanza: instruir 
a los niños para preservarlos de las enseñanzas malsanas, elevando 
su sentimiento moral, y exaltando su respeto para las funciones que 
dan la vida, y resguardar a la juventud de las mil enfermedades 
que la acechan y que son una verdadera plaga social. 

Las cosas que el niño vé en la calle, en el corral, entre los 
animales, las cosas que oye, lo instruyen: y, a menos de encerrarlo 
entre cuatro paredes, fuera del mundo, el niño tendrá que cono- 
cerlas porque el problema de la vida se presenta ante sus ojos a 
cada instante. 

La botánica es un medio excelente de llevar a cabo estos cono- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


2 59 


cimientos, sin hacer alusión a ciertas cuestiones que poco a poco el 
niño se irá preparando para comprender de por sí: todo está en la 
manera como se le explican las cosas. 

He educado, agregó, dos hijos y dos hijas, del mismo modo; 
una de ellas ha hecho su carrera de médica, y puedo garantizarles 
que nunca mis hijas desmerecieron de la pureza con que fueron 
educadas. Son ahora madres de familia. 

Pero esta enseñanza, agregó no debe ser hecha ni por los mé- 
dicos que le dan demasiado carácter, ni * por los padres que en su ma- 
yoría no son capaces de llevarla a cabo. 

El maestro sólo puede hacerlo con eficacia, siempre que se 
le haya preparado; por eso es necesario que se realice este-trabajo 
preliminar de la preparación del maestro, para lo cual nada tan 
acertado como esta nueva cátedra que se inaugura, sobre todo en 
manos de quien conoce y ha dado pruebas, en todas partes, de co- 
nocer profundamente el téma. 

Terminó con frases de elogio para la profesora, cuyos notables 
trabajos había leído con interés, y exhortó a las alumnas maestras a 
prepararse a esta nueva función de la enseñanza: la colaboración 
del maestro en la lucha contra las enfermedades sociales. 

Esta nota se considera de un alto relieve para la nueva ense- 
ñanza que se ha agregado a los programas de nuestra Escuela Nor- 
mal, y así lo han demostrado las palabras elogiosas del profesor 
Doleris sobre esta iniciativa. 

Al retirarse, el doctor Doleris acompañado del profesor Poney, 
fué saludado calurosamente por todas las oyentes: cuerpo de direc- 
ción, profesoras y alumnas, que puestas de pié aplaudieron entu- 
siastamente la hermosa disertación del sabio profesor. 

La Mañana, 9 de mayo de 1926. 

el día, en sti edición matutina de la misma fecha, publicó una 
crónica más o menos semejante en sus apreciaciones. 

En cuanto a la Cátedra de Conferencias para el personal ense-» 
fiante, ella despertó un gran interés no sólo del público, sino tam- 
bién de la prensa. 

El diario liberal “el día”, perteneciente al partido “Batllista” 
(correspondiente al radical socialista de otros países democráticos), 
que había sostenido en las Cámaras la creación de la Cátedra en 
cuestión, hizo una reseña de las Conferencias de Higiene Social. 

Sobre la primera publicó una gran nota gráfica con el siguien- 
te comentario: 

La enseñanza de la Higiene Social, preocupa hoy en todo el 
mundo. La palabra de orden, que exige la economía de cada país 
(y por ende del universo) es “Prevenir”. Las autoridades de ense- 
ñanza han creado en Montevideo una cátedra de Higiene Social. 
La ocupará la doctora Paulina Luisi, tan activa y con tan justifi- 
cado prestigio. Se inauguró. Nuestro cronista ofrece a los lectores 
una síntesis de ese acto. 

El Día (edición de la tarde), 11 de setiembre de 1925. 



260 


Paulina Luisi 


En cuanto a la crónica, muy completa reseña de la Conferencia 
comenzaba con la siguiente nota: 

SU inició un Curso de Conferencias de Higiene Social 

Esta iniciativa merece remarcarse por las útiles derivaciones 
que puede tener. Una vez que terminó la conferencia del señor Rogé, 
en el Museo Pedagógico, sobre efectos de las corrientes eléctricas, 
aquel auditorio, compuesto en su totalidad por maestros, a los que 
presidía el Director General de Enseñanza y algunos miembros del 
Consejo que preside el doctor Acevedo, aquel auditorio — repeti- 
mos — oyó atentamente, la primera lección de la doctora Paulina 
Luisi, sobre Higiene Social. 

La distinguida médica empezó por agradecer su designación 
de profesora de la materia, cátedra que queda anexada a la Es- 
cuela Normal. 


Dijo que hay la convicción de que el globo terrestre está ro- 
deado por una formidable cadena microbiana. Y como la amenaza 
es general, los pueblos se sienten solidarios. Una prueba de esta 
solidaridad, la tenemos con la obra maravillosa de la Comisión de 
Higiene de la Sociedad de las Naciones, impidiendo la propagación 
del tifus y el cólera, que ya había estallado en Rusia, al fin de la 
gran guerra “guerra mundial”. Se sabe el azote que antes era el 
cólera, tras las grandes guerras. 

Habló de las enfermedades contagiosas, no epidémicas, y de los 
daños que causan en la colectividad. Explicó como llegan esas te- 
rribles dolencias cuya mortalidad y morbilidad quebranta el capi- 
tal humano y su rendimiento. Enumerada la impresionante tuber- 
culosis, los males venéreos (así resumidos), las enfermedades men- 
tales, enfermedades de la primera infancia, los vicios materiales y 
sus consecuencias malignas, las toxicomanías, el alcohol. . . los vi- 
cios morales, como la pornografía, la prostitución, el proxenetis- 
mo. . . Dijo que no debía de extrañarse que en un curso de Higie- 
ne Social, se hablara de las enfermedades morales lo mismo que de 
las enfermedades físicas como el cáncer y otras. 

Continuó luego expresando los conceptos vertidos, que resumi- 
mos en el siguiente acápite: 

“Ventajas que derivan de estas conferencias. — Los maestros 
las escuchan para convertirse en protectores de la salud. — Más 
vale prevenir que reprimir, dijo la distinguida médica. — La so- 
lidaridad mundial en materia de higiene. — Higiene privada, pú- 
blica y social. — Lo que dice un cuadro demográfico de Montevi- 
deo. — La mortalidad infantil. — La tuberculosis y el cáncer. — 
Males sociales que es necesario combatir. — A lo que propende el 
ciclo de conferencias iniciado ayer. — Los temas que va a com- 
prender. — La doctora Luisi es portavoz de todos los anhelos que 
en materia social tiene Europa”. 

El Día (edición de la tarde), 11 de setiembre de 1925. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


261 


He aquí la crónica que publicaba “El Imparcial”, después de 
mi conferencia sobre “Maternidad y enfermedades sexuales”. 

Las cuestiones sexuales dan motivo para una bella lección de vida . 

Ante una sala rebosante de público femenino, que se honraba 
en escuchar a quien desde hace años dedica a la mujer lo mejor de 
su cerebro y su espíritu exquisitos, la doctora Luisi dió ayer t tarde 
su anunciada conferencia sobre “Maternidad y problemas afines”. 

Iniciada la disertación, entró de lleno la conferenciante al es- 
tudio anatómico del organismo femenino, deteniéndose como es ló- 
gico en los órganos fundamentales. El aparato génito-urinario fué 
estudiado, ayudándose de la proyección cinematográfica para 
efectuar el preámbulo, digamos así, del tema eje, que como se pre- 
sume por el título de la conferencia, versó preferentemente sobre la 
formación del embrión y desarrollo del feto humano. (Se disponía 
de las cintas publicadas por la “Asociación Americana de Higiene 
Social) . 

Haciendo oportunas acotaciones al desarrollo del film, la doc- 
tora Luisi tuvo oportunidad de manifestar algo de lo mucho apren- 
dido en sus años de médico de mujeres. Pero no fué sólo la mujer 
médico la que habló ayer de maternidad. Fué también la humana 
socióloga, la feminista sana, que ha bregado incansablemente por el 
bienestar físico y moral de las mujeres. 

Terminada esta primera parte de la conferencia, entró de lleno 
en el estudio de los estragos que las enfermedades venéreas eausan. 
Se detuvo con preferencia en las dos de más funestas consecuencias 
para las mujeres: la blenorragia y la sífilis. (1) 

Estudió estas dos enfermedades como causantes de males en 
la mujer y en su hijo. Y fueron desfilando en visión dantesca los 
ciegos por haber sido contaminados a su paso por las vías ma- 
ternas, los epilépticos, los hidrocéfalos, los atóxicos, los idiotas. 

La doctora I/uisi insiste. Insiste con todo el calor que prestan 
a su palabra los horrores vistos en la clínica. Por largo rato su 
palabra autorizada va mostrando las consecuencias de los males 


(1) Me permito agregar a esta bella crónica la ampliación, siguiente: 
“Para esta segunda parte se utiliza otro film sobre el tema. Ambos son 
dos hermosas cintas cinematográficas editadas por la “Asociación Ameri- 
cana de Higiene Social”. Una se titula “Maternidad”, que muestra el des- 
arrollo del feto en el alvo materno la que completa la conferenciante con 
previas proyecciones luminosas sobre las fases iniciales de desarrollo del 
embrión. La otra cinta muestra el desarrollo y estragos de las enferme- 
dades venéreas. Los editores han evitado el riesgo de ciertas sugestiones 
producidas por la presentación de los órganos genitales exteriores, (tén- 
gase presente que son exhibiciones públicas y la época en que fueron pre- 
sentadas, hace veinticinco años) . Lo han evitado comenzando el desarro- 
llo del film en el instante en que se conjugan ambas células sexuales en 
una, y en la otra cuando el virus infectante ha penetrado ya en el or- 
ganismo. 



262 


Paulina Luisi 


venéreos. Y agrega: “Felizmente en nuestro país, para bien de 
todos, se puede hablar de esto con la verdad en los labios”. 

Termina Paulina Luisi con una vibrante arenga a las muje- 
res, madres de hoy o de mañana, para que eduquen a sus hijos en 
una bella y exacta comprensión de la vida sexual. 

Imparcial, 25 octubre de 1929. 

Pero no todo eran flóres. Los periódicos reaccionarios hicieron 
fuego. Un periódico católico - conservador, decía : 

Cátedra Sexual 

Informamos escuetamente ayer, que la Comisión de Presupues- 
to de la Cámara, instituyó una cátedra más en el Instituto Normal 
de Señoritas: la de Higiene Social. 

No es posible negar los extraordinarios beneficios que la hu- 
manidad debe a la indiscreción científica; son considerables y aún 
incalculables las mercedes y favores que el hombre ha obtenido de 
la ciencia. 

Nosotros hemos sido, quizá, los periodistas que más frecuente 
y enérgicamente hemos combatido el deficiente sistema de instruc- 
ción pública que tenemos en el Uruguay, cuyos cursos preparan 
hombres teóricos, sin la mínima capacidad práctica. 

Sin embargo de ello, no podemos aceptar la nueva cátedra de 
higiene sexual, sin una protesta formal. 

No reconocemos la necesidad de ella, por lo menos durante mu- 
chos años. Bien al revés, todavía sin la lección de la experiencia, 
presentimos conveniente no establecerla. 

Despabilados los cinco sentidos humanos por toda clase de 
agentes así internos como externos, los órganos genésicos del tipo 
criollo han conquistado tál dinamismo, que a los diez años hom- 
bres y mujeres no ignoran ningún secreto de la naturaleza humana. 

A esa edad, la mayoría de nuestros chiquillos son verdaderos 
catedráticos en la materia cuyo curso ofieial se acaba de establecer. 

Por tanto: 

La nueva cátedra de higiene sexual no viene a llenar una ne- 
cesidad imperiosa, sino, todo lo contrario : a aguzar temerariamente 
el dinamismo instintivo, ya de por si desarrollado hasta el histe- 
rismo y la morbosidad. 

Lo que hace falta, y falta, bien sensible, es una cátedra de 
moral social, no teórica, sino práctica, capaz de reorganizar y edi- 
ficar el substantivo de la sociedad amenazado de corrupción abso- 
luta. 

Una medida de esta índole sería un coadyutor eficasísimo de 
la instrucción pública y la base indefectible de una sociedad futura 
mucho más completa y menos imperfecta. 

Es la moral la verdadera base de las sociedades bien organi- 
zadas. Los pueblos que desprecian sus honestos mandamientos, 
desaparecen ahogados en la ignominia y abyección, como Babilonia, 
Ninive y la Boma de la madre Agripina. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


263 


Es ella el eje de la evolución y el motor del progreso. 

Lo otro es educar, refinar el vicio, para que se haga aún más 
torpe y perverso. 

La Tribuna Popular, 25 de noviembre de 1925. 

Sin embargo y pese a la guerra que soportaban, las nuevas ideas 
iban abriendo paso, y yo sé que llegaban más de una vez al fondo 
mismo de los corazonps. 

Una de mis alumnas, asidua concurrente a estas clases y con- 
ferencias, que fué después, en más de distinguida maestra, interesante 
y muy escuchada comentarista de radio, me sorprendió un día con 
una página en que dejó hablar su emoción después de la visita fa- 
cultativa que realizábamos a la clínica del Dr. José Brito Foresti. 

Me es muy grato dar esta muestra de la repercusión de mis 
lecciones y de las visitas realizadas: 

Las Alumnos de la Doctora Paulina Luisi, visitan la Policlínica del 
Doctor Brito Foresti en el Hospital Maciel 

El jueves de mañana (día festivo) las alumnas que en el Insti- 
tuto Normal £<l María S. de Munar” asisten a las clases de Higiene So- 
cial que dicta la doctora Paulina Luisi — clases correspondientes a 
los cursos de 2. 9 grado — concurrieron a la policlínica dermatológica 
que atiende en el hospital Maciel el doctor José Brito Foresti. 

Allí las alumnas observaron con detención los “moulages” que 
muestran los procesos de la inoculación sifilítica y oyeron al mis- 
mo tiempo explicaciones claras sobre la materia dadas poT el doc- 
tor Turcio. Las alumnas siguieron con interés las alternativas de la 
visita, provechosa en más de un sentido. También el doctor Penco 
dió claras explicaciones, y se terminó la visita con la observación 
de varias enfermas que atiende el doctor Halty. 

Indudablemente, la visita de ayer de mañana, dejó un sedi- 
mento de atroz amargura. 

Yo he salido de esa casa de dolor con una impresión terrible. 
Pero nunca como ayer, vi tan clara la necesidad; de conocer el mal 
y las lacras. Conocer a fondo, para poder curar y sobre todo, pre- 
venir. 

Si cada unidad de este vasto conglomerado que es la sociedad, 
descendiese un poco de su atalaya egoísta y recordase que a nuestra 
vera la humanidad sufre por la miseria, por la ignorancia y por la 
despreocupación, habríamos dado un gran paso hacia ese futuro 
de mejoras que siempre proclamamos. 

Y aunque en ínfima parte entren otros factores, los dos po- 
derosos que causan todos los males sociales son la miseria y la 
ignorancia. Ellos dos son los que, innegablemente, empujan a la 
mujer al prostíbulo. 

Una mujer. . . que no era ni más buena ni más mala que las 
otras, que las que siguen siendo puras y dignas mujeres. Un día, 
no hubo pan en la casa. O faltó ropa. O luz. O calor de hogar. 



264 


Paulina Luisi 


Frente al hartazgo de una vida mísera, un cerebro incapaz de dis- 
cernir, y de trazar un camino recto para seguir por la luz y la 
verdad. Y no mucho más, se necesita para entrar en la más abso- 
luta vileza y sin esperanzas de reivindicaciones. 

Porque la sociedad es feroz e implacable con quien una vez 
vivió al margen de ella. 

Yo no sé bien en manos de quien está el poder mitigar un 
poco los dolores de esa gente . Hay una rebelión que sube desde el 
fondo hasta la boca, dejándonos gusto a ceniza y a muerte, cuan- 
do vemos cuantos semejantes, cuantos proclamados hermanos nues- 
tros, son ex hombres o ex mujeres. Piltrafas dolorosas. Cosas casi 
inanimadas. Hay en el dolor humilde, una mansedumbre de bes- 
tia impotente que subleva y conturba y nos hace gritar fuerte pi- 
diendo atención para ellos. Hemos visto el dolor hondo e intradu- 
cibie que nace de la conciencia de lo irremediable. Hemos visto 
ese dolor estereotipado que se trae desde la cuna, que se mama ya 
con la sangre de la madre y que se va marcando en el transcurso 
de los años miserables. 

La luz de una educación grande, integral completa. Una edu- 
cación verdadera — ¡para la Vida! — amplia para poder enca- 
rarla serenamente, diversa para estar a la expectativa de sus al- 
ternativas. 

Escuelas sin adornos. Escuelas con calor de cosa viviente 
diseminadas por esa lamentable campaña nuestra. Escuelas y ma- 
estros, aquí y allá, que con la verdad en la boca y la realización en 
las manos, enseñen la manera de defenderse de las asechanzas. 

Y bienestar material. Salarios lógicos y racionales para que 
el obrero pueda vivir, no vegetar y para que sus hijos estén libres 
de los garfios de esa maldad que los espera en sus primeros pasos. 

Y cuando el pueblo pueda reir y vivir; cuando tenga claras 
nociones de Higiene y de Profilaxis; cuando el instinto bestial y 
primitivo sea sojuzgado por la voluntad; cuando la gente compren- 
da que los graves problemas sociales hay que tratarlos con altura 
y a la luz de la razón y cuando las mujeres tengan salarios dignos 
para hacer frente a sus necesidades, entonces el alcoholismo, la sí- 
filis, la prostitución, la natalidad ilegítima, los hijos tarados, los 
asesinos y los ladrones, todas, en fin, esas manchas apocalípticas 
de las organizaciones sociales, se diluirán en el ambiente luminoso 
del bienestar colectivo. 

Esa será la gran obra de los poderes públicos. Los hospita- 
les, los dispensarios, los manicomios y las cárceles, poco hacen con 
sus pretendidas cauterizaciones del mal. El Mal, nueva Hidra de 
Lerna, reproduce más cabezas para cada una cortada desde lejos. 

Porque se cortan o se atacan sus proyecciones, pero no a él. 
A él lo atacará, — esperemos — , una legislación humana y alta- 
mente inspirada. 

Elisabeth Durand 
(Adela Barbitta Oolombo) 

Imparcial, 11 de noviembre de 1929. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


265 


* 

* * 

El año 1930, habiendo yo rebasado ampliamente el tiempo de 
servicio como funcionario del Estado, y llamada por otras activi- 
dades, siempre en el mismo orden que las desempeñadas en el país, 
en la Sociedad de Naciones, me acogí al retiro jubilatorio. 

Para ocupar el cargo vacante, no faltaron los candidatos que 
si bien profesionales, nunca se habían dedicado al estudio de la Me- 
dicina Social. 

Choques de intereses personales, intrigas, muñequeos, de los que 
resultó la supresión de esta cátedra por inútil, según declaración del 
Director del Cuerpo Médico Escolar, y su sustitución por una cá- 
tedra de Higiene General que le fué atribuida a él y otra de ... . nu- 
trición ! 

Concluyó así su breve existencia una reforma que sirvió para 
proporcionar al personal docente, útilísimas lecciones y habría po- 
dido ser fuente de grandes enseñanzas, para continuar una obra 
educacional reclamada sin embargo en el mundo entero: la prepara- 
ción de los educadores a los problemas sociales y sexuales, y la pe- 
dagogía de esta enseñanza. 

Pero esta iniciativa no fué del todo estéril; o mejor dicho, fué 
la iniciadora de otra realizada por el Ministerio de Salud Pública, 
veinte años más tarde. En efecto, desde hace unos pocos años, des- 
pués de la segunda gran conflagración mundial, y habiendo los Es- 
tados Unidos resuelto ayudar a los países menos evolucionados de 
América Latina, se creó un Comité Interamerieano de Higiene Social 
a cuya sugestión y apoyo el Ministerio de Salud Pública ha organi- 
zado ciclos de conferencias radiales por la Radio del Estado. Ellas 
no pueden ser sino de divulgación popular, captadas por toda clase 
de oyenteg de variada preparación cultural e intelectual y no pue- 
den de ninguna manera reemplazar la preparación especializada del 
maestro, su preparación pedagógica de la materia, es decir, la ma- 
nera de llevarla a cabo en la escuela o el liceo. 

Por lo demás, carecen del orden sitsematizado que exige la pre- 
paración a la docencia, y hasta siendo diversos los conferenciantes, 
les falta la unidad de criterio que exige un curso verdadero de pre- 
paración docente, como las demás disciplinas de la enseñanza lo 
realizan. Su duración habitual de un cuarto de hora, tampoco les 
permite la expansión del tema y su desarrollo, su continuación lógica 
a través del curso. 

He visto anunciado por la prensa hasta un curso semanal (de 
un cuarto de hora!) para los maestros y alumnos normalistas, por 
una audición radial, es decir, carente del material visual tan nece- 
sario en la enseñanza y carente sobre todo del contacto entre profesor 
y alumnos, que permite las informaciones suplementarias, las acla- 
raciones, las preguntas necesarias al buen entendimiento y a la bue- 
na aplicación pedagógica de las enseñanzas recibidas. 

Estas conferencias radiales del Ministerio de Salud Pública y 



266 


Paulina Luisi 


del Comité Interamericano de Higiene social, podrían ser un precioso 
complemento de una Cátedra Normal cuya enseñanza sistematizada, 
metódica, progresiva, constituye el verdadero y sólido cimiento de 
una preparación profesional. La Escuela reclama de los maestros una 
útil preparación en la docencia de conocimientos tan necesarios co- 
mo reclamados hoy con insistencia por quienes estos problemas han 
profundizado, y configuraría una de las más bellas conquistas para 
¿ai enseñanza general, y elevación del nivel moral y cultural de 
nuestro pueblo: 

La Cátedra de Higiene Social de la Escuela Normal llenaba 
esta función: 

fué suprimida por inútil. (1) 

Todo queda por hacer, nuevamente. 

Esperemos que así sea! 


(1) Véase a título de ejemplo en Anexo, la nota que hube de dirigir a 
la Dirección de la Escuela Normal. 



Anexo 


SABOTAJE. . . ! 

Nota a la Directora de la Escuda Normal (1) 

Montevideo, diciembre 13 de 1926. 

Srta. Directora de la Escuela Normal “María S. de Munar”, 
doña Leonor Hourticou. 

De mi consideración: 

He recibido en la tarde de ayer, sábado 11 del corriente a dos 
de las alumnos del curso de Higiene Social, que dicto en ese esta- 
blecimiento, las que, en nombre de Vd., vinieron a solicitarme el 
programa para los exámenes de fin de curso. 

Aunque algo sorprendida por la forma anormal de serme so- 
licitado dicho programa, pues no he recibido de esa Secretaría co- 
municación alguna, ni sobre la fecha de los exámenes, ni sobre el 
programa, sin embargo me es grato adjuntar a la presente, el 
programa de las cuestiones estudiadas durante el presente año esco- 
lar, en el curso que tengo el placer de dictar en ese establecimiento. 
Dicho programa corresponde al que fué presentado di H. Consejo de 
Enseñanza a principios del año escolar y aprobado por eso Corpo- 
ración de que dependemos. 

Tengo además el* gusto de adjuntar como donación para la Bi-* 
blioteca de ese establecimiento, los volúmenes y folletos siguientes: 

1) L’Education sexuelle, informe presentado al Congreso de París, 
por la que suscribe y se emplea como texto, (6 ejemplares). 

2) Plan y Métodos de educación sexual, publicado también en los 
Anales del Consejo de Enseñanza, por la que suscribe, (4 ejem* 
piares). 

3) Una ardua cuestión, por la misma, (6 ejemplares). 


(1) Nunca se acusó recibo de ese donativo entregado personalmente a 
la Dirección. Supe, más tarde, que esos libros no se encontraban en la 
biblioteca del establecimiento, ni tampoco los N.<? 1 y 2 de los que hice 
donativo de más de 20 ejemplares, ante los reiterados pedidos de las alum- 
nas que pedían insistentemente algún texto donde afirmar las lecciones 
recibidas . 



268 


Paulina Luisi 


4) Educación sexual, informe al Congreso del Niño, B. Aires, por 
la misma. 

5) Manuel d’Education prophylactique, por el Comité Nacional de 
Higiene Social de París, (1 ejemplar). 

6) Mat emite, feminisme, education sexuelle, por el Profesor de la 
Facultad de Medicina de París Dr. Doleris, (1), (1 ejemplar). 

Tengo el agrado, con este motivo, de saludar a Vd. con mi alto 
aprecio. 


« 


(1) Doy a publicidad esta nota porque ella dice más que cualquier comen- 
tario de la guerra sorda que se hacía en la Dirección, a esta Cátedra de 
Higiene Social. 



CAPITULO III 


Una Cátedra de Higiene Social en ei Uruguay (1) 


Oficialmente — es decir como cátedra de enseñanza oficial y 
asistencia obligatoria con examen final — es de las raras en el mun- 
do: está destinada a los alumnos - maestros que aspiran al diploma 
superior. 

Apenas en algunos Estados de la Unión Americana, existen cá- 
tedras semejantes. 

En la Sorbona de París, mi distinguido amigo el Dr. Sicard de 
Plauzolles, — Director de la Liga francesa de Higiene Social — dic- 
ta un curso análogo, pero es un curso libre, y como tal, con toda 
clase de alumnos y asistentes. Carece por otra parte, de la obliga- 
toriedad del examen para la obtención de un diploma que acredite 
competencia en la materia. Es, como lo diee su nombre, un curso li- 
bre no sujeto a las disciplinas generales de la enseñanza técnica o 
profesional. 

A qué motivos ha respondido la creación de esta cátedra, que 
lo fué por disposición especial del Parlamento del Uruguay, al in- 
troducirla por primera vez en el Presupuesto nacional de 1925? 

La idea viene de lejos atrás. Nació de la necesidad tan sentida 
y siempre comentada de una seria preparación de los educadores 
a la enseñanza de la niñez y la juventud en las cuestiones de pro- 
filaxis social. 

Tratáse de un tema sumamento delicado del que me cupo ser 
la iniciadorá en el Uruguay y, junto con Raquel Camaña en la Ar- 
gentina. Ya en 1916, en el Primer Congreso Americano del Niño, 
reunido en Buenos Aires, presentaba yo una tesis sobre este asunto 
tan escabroso como necesario; mas no desde el punto filosófico e 
idealista de mi lamentada amiga Camaña, sino desde aquél de las 
realizaciones prácticas. . . Eran los tiempos heroicos para las nue- 
vas ideas; tanto que veíanse con mal concepto, siquiera mentar 
el asunto, que, por otra parte se había tratado por primera vez en 
el Congreso Internacional de Higiene Escolar de París en 1910. 
Había concurrido a él mi amiga Camaña . . . Recuerdo que el ar- 
gentino, Dr. Genaro Sixto, por entonces Director del Cuerpo Mé- 


(1) Escrito a pedido del semanario “L’Amerique Latine”, editado en 
París, y publicado en los Nos. del 15 de setiembre y 38 del 22 de setiem- 
bre de 1929. 



270 


Paulina Luisi 


dico Escolar de Buenos Aires, regresando de París, del Congreso, 
nos decía, en rueda de médicos escolares: 

— “Es demasiado escabroso...”. 

Pasan años. Tócase nuevamente el tema, propuesto como oficial 
para el Congreso Médico de Montevideo en 1921, y se me pide 
que acepte ser el Relator Oficial : nadie quería cargar con él . . . 

Hubo borrascas. . . no precisamente en el Congreso, sino des- 
pués, con distribución de 'hojas sueltas de propaganda en contra, y 
hasta edición de folletos en que salía la autora elegantemente ata- 
viada de oro y azul . . . 

Pero el asunto, Con ribetes político - sociales, merece un relato 
especial... (1) 

Al año siguiente se realiza un Congreso Internacional de Hi- 
giene Social, donde se propone el amplio estudio del tema. Era con 
motivo del Centenario de Pasteur, en 1923, y se realizaba en Pa- 
rís. . . ¿Dónde había de ser, sino en nuestro viejo y luminoso Pa- 
rís, de las grandes reformas y de las grandes audacias, ese formi- 
dable París; que se codea con aquel otro de las aferradas tradicio- 
nes y las poderosas “entraves”? 

Me cupo el honor de ser una de las personas designadas para 
Relator de ese tema, por el Comité Organizador, presidida por el 
inquebrantable Pinard, el maestro siempre admirado, el sabio crea- 
dor de la Eugenética. . . 

¿No me interpela una vez el sabio y audaz maestro, en plena 
discusión de mis conclusiones, para exclamar Con sorpresa: 

— “Mais, madame, vous allez plus loin que moi”!. 

Y el Profesor Roger decirme por lo bajo: 

— “No insista por favor, señora! Tan lejos como Ud. pretende 
ir, nos fracasará todo si él se enoja...!”. Y se neecsitaba el patro- 
cinio en el Parlamento del Senador Pinard! 

También en París, en 1923 como en 1910, hubo periódicos de 
gran prestigio e importancia político - social que nos hicieron fuego, 

Y cedí, en aquéllas de mis proposiciones más avanzadas que 
las del maestro Pinard. . . 

Pero desde entonces hemos andado! 

Después del Congreso, se crea en París, en la Sorbona, la “Cá- 
tedra libre de Higiene Social (2) que he mencionado y bajo los 
auspicios de la “Société de Prophylaxie et d’Hygiéne sociale, sanitaire 
et morale”; se organizan conferencias públicas para jóvenes de uno 
y otro sexo separadamente. Es un primer paso. 

Són cursos libres, conferencias de asistencia facultativa, de in- 
menso valor como cultura y enseñanza popular, pero carentes de 
la fuerza de los estudios sistemáticos y disciplinados que exige la 
enseñanza regular. 


(1) Véase el capítulo titulado: “Un poco de crónica e historia”. 

(2) Para lo que se necesitaba el patrocinio del senador Pinard... 



Pedagogía y Conducta Sexual 


271 


También, después del Congreso, pero no en París, sino en mi 
lejano y pequeño pero avanzado país, en aquel pequeño Uruguay 
llamado con razón “laboratorio social” consigo, con el apoyo de 
algunos legisladores ir... “más lejos que M. Pinard!”. 

Y se crea en Montevideo una cátedra obligatoria, en la Es- 
cuela Normal, para la tan temida como necesaria enseñanza de la 
“Higiene Social”. 

Se pensó, al principio en dar a “la higiene social” la signifi- 
cación tan restringida que se le atribuye al término por los nor- 
teamericanos y los ingleses. (1) Entendí que no debía ser así, que 
había que darle mayor alcance: Al establecer el programa que las 
autoridades docentes libraron en absoluto al criterio de la Profe- 
sora, creí deber darle toda la amplitud posible y necesaria para que 
los maestros puedan ser verdaderos auxiliares de los médicos y de 
los higienistas. 

Se incluyó en el programa todo cuanto puede ser utilizado por 
el maestro en su noble e importante rol de auxiliar de la profilaxis 
social. Y van en serie cerrada las nociones sobre las enfermedades 
sociales más frecuentes, y las que, no pueden, sin embargo, ser com- 
batidas y despistadas a tiempo. 

Y pasan así unas tras otras, las nociones generales sobre las 
enfermedades y los accidentes del trabajo; sobre las leyes protecto- 
ras y defensoras de la salud pública, sobre los esfuerzos realizados 
nacional e internaeionalmente para valorizar el capital humano con 
la vigorización de la salud y prolongación de la vida; las leyes y 
convenciones nacionales e internacionales; las obras de asistencia y 
protección social; la prevención de ciertos males sociales, que son 
delitos de lesa -higiene y como tal de lesa -vida. 

Cuántas veces la salud es corolario de las condiciones sociales 
y morales del ser humano! 

Junto al estudio de cuestiones generales, desde la Convención 
de Wáshington a la protección de la infancia abandonada o delin- 
cuente, se colocan las nociones de profilaxis general e individual 
de las enfermedades comunes que asolan a los individuos y a la 
raza, evitables a veces y combatibles por la profilaxis y la higiene, — 
tuberculosis, alcoholismo, quistes hidáticos, cáncer, enfermedades men- 
tales, enfermedades sexuales, todos los conocimientos, en fin que pue- 
den permitir al maestro ser un colaborador eficaz — (y cuánto!) 
de la difícil tarea del médico higienista. Porque nadie como el maes- 
tro, en su contacto diario con los niños y en sus relaciones frecuen- 
tes con los padres, puede ser instrumento útil y valioso para la di- 
fusión de los conocimientos y para la formación de prácticas y há- 
bitos de higiene y de moral, tan íntimamente ligadas ambas, e in- 
disolublemente, a veces, como cuando se trata de determinadas cues- 
tiones de higiene y profilaxis social y moral. 


(1) Enseñanza Sexual. 



272 


Paulina Lúisi 


Para las más escabrosas cuestiones de higiene social — aquéllas 
precisamente que con este nombre designan los higienistas ingleses y 
norteamericanos, ya no podría objetarse en lo que al Uruguay se 
refiere, que el mayor y gravísimo escollo para su introducción en 
la enseñanza está en la falta de preparación de los maestros, ar- 
gumento irrecusable con que se tuvo en jaque y durante mucho 
tiempo esta innovación de la enseñanza escolar de la higiene social 
en su significación restringida. 

El Uruguay comenzó precisamente su reforma estableciendo ofi- 
cialmente la preparación científica y pedagógica de sus educadores. 

Así. pues, en el desarrollo de este curso se dictan, sea las no- 
ciones científicas previas, sea el conocimiento completo de la materia 
que luego se deberá enseñar, tanto en su parte científica como en 
la social, cimentadas ambas sobre una fuerte y sólida base moral 
sana y elevada. 

Es la parte teórica de nuestro curso. Así se verifica, por lo 
demás, en las escuelas normales de Vermont (EE. UU.) ; así se hace 
en los cursos libres de Higiene Social de la Sorbona. 

A la parte teórica, este curso agrega una parte de enseñanza 
pedagógica, especialmente en la cuestión de enseñanza sexual, que 
por ser una innovación requiere una enseñanza sumamente discreta 
y especializada. Ella se realiza en forma de lecciones de práctica 
pedagógica en una de las escuelas de práctica magisterial. 

Esta enseñanza está ampliada por un curso de conferencias se- 
manales dedicadas al magisterio en ejercicio, aunque para darles ma- 
yor difusión el curso es libre y abierto a todos quienes quieran asis- 
tir a él. Es una forma más de divulgación de las cuestiones de hi- 
giene social que ha de dar seguramente sus frutos. 

Este es el ensayo que desde hace unos años se viene realizando 
en el Uruguay que ha tratado con él de realizar una de las aspira- 
ciones tantas veces expresadas en los Congresos de Medicina e Hi- 
giene. 

Esperemos que sus resultados respondan a los esfuerzos y a 
las esperanzas que para la profilaxis, se han cifrado en él. 


París, 1929. 



CAPITULO IV 


Programa de la Cátedra de Higiene Social en la 
Escuela Normal (1) 


I 

¿Qué es la higiene social? Diferencia con la higiene privada 
y la higiene pública. Enfermedades sociales. Sus consecuencias. Car- 
gas sociales ocasionadas por las enfermedades sociales. 

II 

Consecuencias económicas de las enfermedades sociales. El ca- 
pital humano, su valor. Influencia de la higiene sobre la producti- 
vidad. La organización científica del trabajo. Los problemas del tra- 
bajo. 


III 

La fatiga. Su fisiología. Su patología considerada desde el pun- 
to de vista de la productividad. Su influencia sobre la morbilidad. 

IV 

La medida del trabajo. Leyes del rendimiento. Condiciones ge- 
nerales para el trabajo. Condiciones fisiológicas. 

V 

El arte de trabajar. Experiencias de la escuela Tayloriana. Los 
efectos constatados en la industria a consecuencia de la reducción en 
los períodos obligatorios de trabajo. 

VI 

Influencia del medio físico y social sobre el hombre y sobre la 
raza. Influencia de las condiciones del medio sobre el rendimiento del 
trabajo. La alimentación. La habitación. Las condiciones en que se 


(1) Provisorio. Aprobado por el Consejo Nacional de Ensefianza Pri- 
maria y Normal, 1926. 


18 



274 


Paulina Luisi 


verifica el reposo: condiciones materiales y morales. El ambiente ma- 
terial y moral durante las horas de descanso. Urbanismo. 

VII 

Las clases pobres. Sus caracteres del punto de vista fisiológico. 
Patología de las clases pobres. Lo que puede hacer la higiene social 
para mejorar las condiciones en que se encuentra el individuo. Lo 
que puede hacer para mejorar la raza. Salarios. 

VIII 

Los problemas de la salud. Las enfermedades llamadas sociales. 
Breves nociones sobre la manera de producirse la infección y de tras- 
mitirse las enfermedades. La manera de reaccionar del organismo, su 
defensa contra la infección. La lucha contra las enfermedades tras- 
misibles. Lq que puede hacer la profilaxis. La obra de educación 
profiláctica. La acción de la escuela. 

IX 

Las enfermedades sociales. La tuberculosis. Las condiciones favo- 
rables a su desarrollo. El contagio tuberculoso. 

X 

Los factores sociales de la tuberculosis. Las consecuencias socia- 
les y económicas de la tuberculosis. La profilaxis. Influencia de la 
habitación, los locales de trabajo, el alcoholismo y otras enfermeda- 
des sociales, sobre su desarrollo. 

XI 

Las obras de protección contra la tuberculosis. La protección del 
niño. La vacuna profiláctica. Las obras sociales de protección. Las 
obras de Grancher, de Calmette, etc., los Settlement Villages, la co- 
lonia de Papworht, etc. La reeducación profesional del tuberculoso. 
Las obras de educación popular para la profilaxis. La propaganda 
iántituberculosa. Sistema irlandés como adaptable a nuestra cam- 
paña. La acción del maestro. 


XII 

El cáncer. Lo que se sabe hasta ahora sobre el cáncer, puede 
permitir una acción de profilaxis social? La lucha contra el cáncer. 
Lo que hacen las “Ligas” contra el cáncer en diversos países. La 
acción del maestro y de la escuela. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


27 S 


XIII 

Los quistes hidáticos. Las condiciones de su desarrollo. Su fre- 
cuencia en nuestro país, lo hacen una enfermedad social. La pro- 
filaxis del quiste hidático. La acción del maestro y de la escuela en 
esta obra, especialmente en campaña. 

X I Y 

Las enfermedades venéreas. Sus consecuencias para el individuo, 
la familia y la sociedad. La herencia sifilítica. Cargas sociales debi- 
das a la sífilis. Su relación con las enfermedades mentales: una 
gran parte de los alienados se debe a la sífilis. 

XV 

El contagio de las enfermedades venéreas. Las circunstancias 
sociales que favorecen su desarrollo. Causas de su propagación. La 
lucha contra la prostitución. 


XVI 

La lucha contra las enfermedades venéreas. La acción de la es- 
cuela y la educación. Lo que puede hacer el maestro en la escuela 
y fuera de ella para la profilaxis de estas enfermedades. La defensa 
social de estas enfermedades. Su profilaxis. 

XVII 

Las drogas nocivas. La cocaína, la morfina y otros alcaloides. 
Sus efectos sobre el individuo y la sociedad. La lucha social contra 
las drogas nocivas. El tabaco. 


XVIII 

El alcoholismo. Sus causas, sus consecuencias sociales. Sus efec- 
tos sobre el individuo y la descendencia. El alcoholismo comparte 
con la sífilis la tarea de llenar los manicomios. La herencia del al- 
coholista. 


XIX 

El alcoholismo, su profilaxis legal. Las leyes de prohibición. 
Profilaxis social. Mejoramiento de las condiciones de la vida del 
trabajador. El alcoholismo en el niño. Las obras sociales de profi- 
laxis del alcoholismo. 



276 


Paulina Luisi 


XX 

Las enfermedades mentales. Lo que cuestan a la sociedad las 
enfermedades mentales. Las ligas contra las enfermedades mentales. 
La defensa social contra las enfermedades mentales. 

XXI 

Las enfermedades hereditarias. La preservación de la raza. La 
Eugenesia. La Eugenética de Pinard. Educación y preparación de 
la juventud a sus deberes de progenitores. La necesidad de formar 
el sentimiento de la responsabilidad para con la descendencia. El 
desarrollo de la conciencia moral en materia de higiene profilaxis, 
tanto para con los demás como para con la especie, especialmente 
en lo que se relaciona con las enfermedades que repercuten sobre 
la descendencia. 


XXII 

La enseñanza sexual. Qué se debe entender por estos términos. 
Los deberes del hombre en materia de higiene sexual. Para consigo 
mismo: moralidad física, la castidad, la continencia, efectos de una 
vida metódica y morigerada sobre los instintos. Importancia de los 
deportes y ejercicios físicos sobre el instinto sexual, como frenado- 
res y moralizadores. Influencia perniciosa, de las lecturas, imágenes 
y conversaciones licenciosas sobre la moralidad física. La profila- 
xis de las enfermedades sexuales desde el punto de vista de la t 
higiene. La higiene moral: la educación de la voluntad para refre- 
nar los instintos. El respeto hacia sí mismo. La formación de ca- 
rácter. Necesidad de un ideal elevado como norma de las acciones 
humanas y coadyuvante para la represión del instinto. 

XXIII 

La enseñanza sexual (continuación). Los deberes del ser hu- 
mano para el otro sexo. La seducción y la incitación del hombre. 
La seducción y la incitación de la mujer, las modas y los modales 
provocativos e incitantes. La unidad de la moral en materia sexual: 
las consecuencias que se derivan para el coautor en el acto sexual: 
la contaminación de las enfermedades venéreas, el delito de conta* 
minación. La fecundación. La maternidad y paternidad legítima e 
ilegítima; sus consecuencias sociales. 

XXIV 

La enseñanza sexual (continuación). Los deberes que se derivan 
para el producto de la concepción: las consecuencias sociales; los de- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


2 77 


rechos naturales del niño. El abandono del niño. La investigación 
de la paternidad. La trasmisión de las enfermedades hereditarias. 
Los certificados prematrimoniales de salud. La solidaridad hacia la 
especie. 


XXV 

Necesidad de que el maestro se penetre bien de su misión en 
esta parte de la enseñanza de biología y moral biológica, malamente 
llamada enseñanza sexual. Cómo puede ser realizada en la escuela. 
Su importancia en la higiene social y la profilaxis sanitaria y moral. 

XXVI 

Los derechos naturales del niño. La puericultura intra-uterina. 
La profilaxis del aborto criminal. La función maternal. La protec- 
ción de la madre en vista de la salud de la descendencia. Las le- 
yes llamadas “de la raza” en algunos países. Los deberes de la 
sociedad y del Estado para la maternidad. La maternidad es la más 
alta función de la Especie. Los problemas de la natalidad. 

XXVII 


Los derechos naturales del niño (continuación). La declaración 
de Ginebra. La protección de la primera infancia. La educación de 
las madres futuras. La lucha contra la mortalidad infantil. Las obras 
sociales de protección a la primera infancia: consultorios de lactan- 
tes, “Créches”, etc., etc. 


XXVIII 

La protección de la segunda infancia. La lucha contra la de- 
lincuencia infantil. Los huérfanos, los anormales, los indigentes, los 
abandonados moral y materialmente. La profilaxis de las enferme- 
dades sociales en la segunda infancia. Los servicios médicos escola- 
res. Lo que puede el maestro en esta cruzada. Las obras sociales de 
protección. 


XXIX 

La protección de la adolescencia. Higiene del crecimiento. La 
profilaxis. La profilaxis de las enfermedades sociales en la adoles- 
cencia. Los servicios médicos escolares. La colaboración del maestro 
en esta profilaxis sanitaria y moral. Las obras sociales de protección. 



278 


Paulina Luisi 


XXX 

La protección de la adolescencia (continuación). Los problemas 
del aprendizaje. La orientación profesional en qué consiste. Lo que 
se hace en otros países en este orden de actividades. 

XXXI 

\ . 

La lucha contra la criminalidad. Las obras de educación y rege- 
neración moral. Las “Júnior Repúblicas” y otras instituciones se- 
mejantes. Las crónicas “rojas”. Las obras de protección social, sa- 
nitaria y moral; colonias e instituciones de rehabilitación (“relé- 
vement”). La lucha contra el abandono de la segunda infancia y 
la adolescencia. 


XXXII 

Los peligros morales de la infancia y la juventud. La porno- 
grafía, su profilaxis. La lucha social, nacional e internacional, con- 
tra la pornografía. Los peligros del cinematógrafo: la lucha social 
e internacional contra el cine pernicioso. La prostitución y sus pe- 
ligros. La lucha contra el proxenetismo nacional e internacional. 

XXXIII 

Los problemas del trabajo. La acción de la higiene social. La 
acción legal derivada; las leyes de protección sanitaria del trabajo; 
los seguros contra los accidentes del trabajo, contra la invalidez, 
contra la desocupación. Las leyes sobre la duración del trabajo. El 
trabajo nocturno. La reeducación profesional de los inválidos. 

XXXIV 

Las leyes de protección del trabajo de los menores; las tentati- 
vas hechas en ese sentido. Las principales opiniones sobre este asunto. 
La Convención. La Convención Internacional de Wáshigton y las que 
la completaron. 


XXXV 

Las leyes de protección a la mujer y a la madre. La prohibición 
de ciertos trabajos. La Convención de "Washington de 1919. La in- 
terdicción del trabajo nocturno a las mujeres. Las leyes de protec- 
ción a la mujer grávida y a la mujer madre. Los seguros de mater- 
nidad. Las leyes de protección a la mujer nodriza - madre o merce- 
naria, la protección del hijo. La protección a los hijos de las obre- 
ras; las obras de protección e higiene. Los subsidios familiares. Las 
obras sociales en las fábricas. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


279 


XXXVI 

Los problemas sanitarios de la inmigración, muy brevemente. 

XXXVII 

Las obras de asistencia social, las de higiene social. La orga- 
nización de la medicina social. Centros de Medicina preventiva. La 
contribución del maestro a esta obra. El curanderismo; la lucha 
contra el curanderismo. La acción de la escuela y del maestro con- 
tra esta plaga de nuestros países. 

XXXVIII 

Los auxiliares de la higiene social. Las asistentes de higiene so- 
cial. Las visitadoras de higiene. Las enfermeras visitadoras. Las en- 
fermeras escolares. Las superintendentas de usinas. Los inspectores 
del trabajo, etc. Organización social de estos servicios. 

nota. — La extensión de este programa es necesaria para dar 
una idea de las principales cuestiones que deben ser consideradas 
en un curso de Higiene Social, pues la índole de la materia toca 

de la misma manera las cuestiones de la Higiene Social en sus vin- 

culaciones con la sociología, como muchas cuestiones sociales tan 
estrechamente vinculadas a la Medicina Social, que forman la base 
de esas cuestiones de que ésta se ocupa. Pero si el programa es ex- 
tenso, no debe olvidarse que extensión no significa profundidad. Pa- 
ra muchas de las cuestiones, bastará una idea sobre de lo que sig- 

nifican y del alcance que ellas tienen en la Higiene Social. 




TITULO IX 


Mis primeras tentativas 

Un poco de Crónica y de Historia 


En 1905, hace casi cincuenta años!, siendo yo practicante del 
Dr. Morquio en el servicio de “La Cuna” (así llamada la sección 
de lactantes del Asilo de Huérfanos y Expósitos Dámaso Larrañaga), 
y al mismo tiempo Profesora en la Escuela Normal de Mujeres, y, 
poseyendo el título de Maestra Normal Superior (tercer grado) ; des- 
pués de varias conversaciones con mi Jefe, lo decidí a patrocinar 
lina gestión, que encontró eco simpático en su gran corazón de 
Médico y en las necesidades sentidas en el ambiente, de una cul- 
tura sobre cuestiones relativas a la puericultura, siendo menos que 
rudimentarios los conocimientos de las mujeres sobre ese tópico. 

Se trataba simplemente de utilizar el rico material de “La Cu- 
na ’ ’, para dar un curso teórico - práctico de puericultura a las alum- 
tias - maestras de la Escuela Normal, bajo su eminente dirección. (1) 
Por mi condición de Profesora Normal, Practicante de Medicina y 
mujer, estaba en las mejores condiciones para realizarlo sin herir 
los prejuicios ambientales. Hasta se me tildó de anarquista! 

Las alumnas deberían concurrir asistiendo a las lecciones teó- 
rico - prácticas en el servicio mismo de La Cuna y con la colabo- 
ración de un personal completamente femenino, respetando así to- 
das las susceptibilidades y pudibundeces del ambiente. 

Era una época en la que todavía las “Hermanas de Caridad” 
do permitían que se expusiese ante sus púdicos ojos, al recién na- 
cido desnudo, arrojado al famoso “Torno” de la Inclusa. 

La iniciativa no tuvo andamiento y en atención a la personali- 
dad del Dr. Morquio, bien que rechazada de facto, recibió los ho- 
nores de un inmutable silencio, pasando a lo* archivos, sin resolución. 


(1) Era en 1905. Ahora, cuarenta años después, en un reportaje a la 
actual Directora señorita María Orticochea, para el suplemento de “El 
Día”, del 11 de julio 1948, tengo el placer de leer la siguiente declaración 
de esta distinguida Profesora: “Además, en el Pereira Rossell (Hospital 
de Niños), las alumnaa cumplen un curso teórico-práctico de puericultura 
y los varones desarrollan temas de Higienes en el Hospital Pedro Visca. . . 
Tarde llegó la reforma, en manos más conscientes y dirección más pre- 
parada, con visión de las necesidades del pueblo . . . tarde, . . . pero he te- 
nido la inmensa satisfacción de ver que aunque incompleta, va llegando. 



282 


Paulina Luisi 


Al año siguiente, 1906, habiendo recibido de mi excelente ami- 
go el Dr. Coni, de Buenos Aires, la traducción de la obrita del emi- 
nente Profesor de la Facultad de París, Dr. Alfredo Fournier, “Pa- 
ra mi hijo cuando tenga 18 años”, hice gestiones ante el entonces 
Inspector Nacional de I. Pública, Dr. Abel J. Pérez para que, la 
Dirección General de Instrucción Pública, (hoy Consejo Nacional 
de Enseñanza Primaria y Normal), comprara una cantidad de ejem- 
plares del mencionado folleto del Prof. Fournier y lo distribuyese 
a los alumnos de la Escuela Normal de Varones frecuentada por 
jóvenes de 14 a 18 años y a los alumnos de. las clases superiores 
de la Escuela Primaria con frecuentación escolar de 12 a 14 años. 

La proposición presentada al Consejo por el mismo Director, 
fué rotundamente rechazada con la calificación de anarquista e in- 
moral (tal vez desequilibrada?). No se empleaba todavía el término 
bolchevista. 

A fines de 1913, emprendí mi primer viaje a Europa. El Di- 
rector del Consejo de Enseñanza me insinuó el deseo de que apro- 
vechase este viaje para estudiar algún asunto interesante sea como 
Profesora Normal, sea como Médico Escolar. 

Le propuse estudiar lo que se hubiera hecho en los países que 
visitara sobre “Enseñanza sejcual”, que en ese momento comenzaba 
a agitar la opinión de los médicos escolares después del Congreso 
de París de 1910. 

Mi propuesta fué recibida con agrado. 

Pero a mediados del año 1914, estallaba la primera gran gue- 
rra mundial y mis observaciones quedaron truncas. 

El informe de lo poquísimo que había podido observar, fué pu- 
blicado en los Anales de Instrucción Primaria. 

Tres años después, del 8 al 16 de abril de 1916 se celebraba 
en Montevideo el Congreso Médico Nacional que trajo sobre el ta- 
pete, categóricamente, la cuestión de la enseñanza sexual, presentada 
por el Dr. Juan Antonio Rodríguez, recién llegado de Parí9. El Dr. 
Rodríguez pugnaba por la instalación de un Instituto Profiláctico 
contra la sífilis a semejanza del que tan brillantemente organizó 
en París nuestro común amigo el Dr. Arturo Vernes, de aquella 
Universidad, y agregaba la doctrina de los médicos franceses, y su 
maestro Foqrnier sobre la necesidad de la enseñanza sexual. (1) 

En su trabajo sobre “Profilaxis de la sífilis en el Uruguay” y 
creación del Instituto profiláctico, el Dr. Rodríguez presentó una 
proposición sobre Educación sexual. (2) 


(1) Actas del 1er. Congreso Médico Nacional, 1918. Tomo I*?, pág. 108. 

(2) Véase el capítulo titulado “Algunas declaraciones de Asociaciones 
y Congresos”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


283 


La proposición del Dr. Juan Antonio Rodríguez fué aprobada 
en sesión plenaria, siendo ampliada con la que presenté yo con ese 
motivo. (1), (2) y (3) 

La “Asociación de Estudiantes de Medicina”, entusiasta como 
son los jóvenes, recogió el guante, y organizó un ciclo de conferen- 
cias sobre “Enseñanza Sexual” enfocando, como es de suponer el 
punto de vista de la profilaxis antivenérea. Fué un primer paso 
valiente, atrevido para la época y el medio, fué un bello y útil 
gesto. A él responde la carta que tuve el placer de dirigirles. (4) 

Desgraciadamente la valiente iniciativa de. la “Asociación de Es- 
tudiantes de Medicina”, duró muy poco. Se dictaron con entusiasmo 
algunas conferencias pero luego, ocupaciones, exámenes, y otros pro- 
blemas de la juventud que está edificando su porvenir pudieron más 
que sus entusiasmos. Comenzaron a escasear los conferenciantes y fue- 
ron así acabando con el sano y honroso gesto de nuestra animosa 
muchachada; pero la idea se conservó latente en el espíritu, como 
tuvieron ocasión de demostrarlo tiempo después. 

Dos meses después de nuestro Congreso médico, se realizó en 
Buenos Aires el Primer Congreso Americano del Niño, en el que 
yo representé al Uruguay, en los días del 9 al 16 de julio de 1916, 
al cual presenté un informe (5) sobre el tema en cuestión. Las pro- 
posiciones presentadas fueron votadas en sesión plenaria. (6) 

Estos votos quedaron, como acontece a los votos del Congreso, 
impresos en las actas del mismo, posiblemente como recuerdo his- 
tórico y... nada más. 

En 1916 fundé la Revista “Acción Femenina”, órgano del Con- 
sejo Nacional de Mujeres del Uruguay. Desde sus columnas no cesó 
esta Revista de romper lanzas a favor de la iniciativa, consiguiendo 
interesar a muchas mujeres, para las cuales se publicaba la Revista, 
preferentemente: numerosas fueron las consultas recibidas ; las “char- 
las” y conferencias destinadas a las asociadas y simpatizantes. La 
naturaleza de su público, todo femenino, y la presentación casi fa- 
miliar del tema, permitía vencer timideces y entrar a veces en cor- 
diales explicaciones y controversias. 

En el año 1919 el Dr. Raúl Baethgen al que acompañó el Dr. 


(1) Esta proposición se encontrará en el Capítulo “Algunas Declara- 
ciones de Asociaciones y Congresos”. 

(2) Ibid, Tomo 2.<?, pág. 359. 

(3) Actas del 1er. Congreso Médico Nacional, 1916, pág. 108, tomo IV 

(4) Véase anexo I, a este capítulo. 

(5) Publicado en la Revista de Filosofía dirigida por el Dr. José In- 
genieros, Buenos Aires. 

(6) Estas Proposiciones se encontrarán en el capítulo “Algunas decla- 
raciones de Asociaciones y Congresos”. 



284 


Paulina Luisi 


Carlos M. Prando, ambos vocales del Consejo de Enseñanza Primaria 
y Normal, dando un paso menos platónico que votos de congreso, 
preesntó al Consejo de Enseñanza Primaria y Normal un proyecto 
en el que se proponía fuera estudiada la manera de llevar & la 
práctica la enseñanza de la higiene sexual. (1) 

Una co.misión formada por los Dres. Sebastián Rodríguez, Al- 
fredo Pérsico y Paulina Luisi debía informar el asunto. El Con- 
sejo convocó previamente a los Sub - inspectores de la capital pre- 
sididos por el Inspector Técnico con objeto de opinar sobre esta 
cuestión. La Comisión de Médicos nunca recibió su nombramiento ni 
fué convocada: — Lo mismo que el proyecto, su creación fué pla- 
tónica. (2) 


• • 


En 1919, habiendo organizado con el Dr. Angel Giménez, de Bue- 
nos Aires, el Comité Abolicionista Argentino-Uruguayo, presidido por 
los Dres. José Brito Foresti y Augusto Turenne, convocamos en octubre 
una conferencia internacional para ambos países, dedicada a “Ense- 
ñanza Sexual”, con objeto de agitar la opinión pública a favor del pro- 
yecto del Dr. Baethgen. 

Leí en sesión plenaria un trabajo titulado “Plan y Métodos de 
Enseñanza Sexual” (3) que fué tomado como base para la discu- 
sión; fué ampliamente comentado y apoyado por la gran prensa 
de la Capital. 

El año 1921, el Consejo de Enseñanza Primaria y Normal ante 
cuyo Director hice empeños personales, publicó en los “Anales de 
Enseñanza Primaria”, la buena traducción hecha por el Dr. Emilio 
Coni (de B. Aires) de la obra de Mme. Leroy- Aliáis titulada “Có- 
mo he instruido a mis hijas en las cuestiones de la maternidad”. 

En 1922, con el apoyo del Director de “Enseñanza Primaria y 
Normal”, Dr. Aguirre y González, ofrecí dictar un curso gratuito 


(1) Véase anexo II de este capítulo. 

(2) Véase anexo II, en este capítulo. 

(3) Publicado en los "Anales del Consejo de Enseñanza Primaria y 
Normal”, la Revista “Acción Femenina”, y en folleto separado, con el título 
de “Plan y Métodos de educación sexual”, en 1920 (Siglo Ilustrado, editor), 
en los Anales de Instrucción Primaria editados por la Dirección General de 
Enseñanza Primaria y Normal, en su N.9 de abril de 1922 y en la Revista 
“Acción Femenina”, órgano del Consejo N. de Mujeres en su N.9 27 co- 
rrespondiente a marzo de 1920. Ambos pueden encontrarse en las Biblio- 
tecas Nacional, y de la Facultad de Medicina de Montevideo. En los tres 
trabajos el lector podrá corroborar la exactitud de concepto en mis afir- 
maciones antes y después del discurso del Dr. Morelli. Ocupa el capítulo 
III de este volumen. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


285 


sobre este asunto a las alumnas de la Escuela Normal. Al dar cuen- 
ta el Dr. Aguirre en sesión a los Miembros del Consejo, uno de ellos, 
poniéndose de pie, y tomándose la cabeza con las manos, exclamó: 

“Pero esta señorita está loca!!! Enseñar prostitución en las es- 
cuelas / ( Textual ! ) . 

El Dr. Aguirre con mucha paciencia le explicó e hizo comprender 
al Sr. Vocal Dr. X que no se trataba de eso, mostrándole el alcance 
de la proposición. 

La proposición fué finalmente votada y aceptado mi ofrecimiento. 

Pero la buena voluntad y deseos de una útil enseñanza se es- 
trellaron contra el obstruccionismo envuelto en bellas palabras y 
cubierto con la invocación de reglamentos y otros pretextos que opu- 
so la Dirección de aquel establecimiento, lo mismo que unos pocos 
años después, en 1925, volvió a hacerlo cuando amparada por una 
Ley de la Nación, dicté la Cátedra de Higiene social. 

Fracasada la iniciativa y siempre apoyada por el Director se 
dictaron algunas conferencias en el Museo Pedagógico para explicar 
a los maestros la manera de llevar a cabo esta reforma, de acuerdo 
a la siguiente resolución del Consejo de Enseñanza: 

“A propuesta del Dr. Aguirre y González se resuelve confiar 
a la Dra. Paulina Luisi el cometido de dictar en el Museo Pedagó- 
gico. un curso de higiene, para los maestros y estudiantes magisteria- 
les que espontáneamente quieran concurrir”. 

Estas conferencias, siempre ad - hojnorem, fueron patrocinadas 
por el Consejo de Enseñanza que invitó a los maestros a concurrir 
a ellfts y fueron presididas por el propio Director que en este asun- 
to demostró un verdadero interés por esta obra. 

Pero había sido ya hábilmente saboteada y la concurrencia no 
fué lo que se esperaba. 

A principios de 1922 mi colega el Dr. Mateo Legnani, Diputado 
Nacional presentó a la Cámara un proyecto sobre Enseñanza se- 
xual. (1) Este proyecto contribuyó mucho a ocupar la atención 
pública sobre este asunto. 

Debo declarar lealmente que mi concepto del problema está en 
desacuerdo absoluto con el del mencionado Legislador, tanto en la 
parte dispositiva como en la aplicación a este asunto de las consi- 
deraciones sociales expresadas en la exposición de motivos, que com- 
parto como criterio respecto a otro problema: el de la prostitu- 


(1) Publicado en “El Día”, del l.c de mayo de 1922. Montevideo. 



28 6 


Paulina Luisi 


ción; pero considero desplazados en cuanto al problema pedagógico de 
la enseñanza sexual. 

Establecen un confusionismo entre ambas cuestiones que entien- 
do urgente y forzoso discriminar. 

* 

* • 


Al tiempo de redactar el informe que, refundido ahora con el 
que presenté al Congreso de París de 1922, todos los esfuerzos rea- 
lizados no hábían conseguido más cristalización práctica que: 

Un curso teórico de Maternología y Puericultura en la Escuela 
Normal de Mujeres. 

Algunas conferencias sobre profilaxis venérea a los alumnos de 
la Escuela Normal de Varones. 

Algunas conferencias sobre profilaxis venérea en dos o tres es- 
cuelas nocturnas para adultos hombres, y 

Algunas conferencias a los vecinos, dadas por los maestros de 
algunas escuelas rurales. 

Lo apuntado hasta aquí se refiere a la parte oficial - guberna- 
tiva; es decir a lo que se pudo o dejó de hacer para la introducción 
de tan importante reforma en los programas de enseñanza primaria, 
secundaria y normal, hasta el II 9 Congreso Médico Nacional. 

* 

* * 


En 1921 se realizó el II 9 Congreso Médico Nacional y fui en- 
cargadá del informe sobre Enseñanza sexual, votado como tema 
oficial para dar cumplimiento a la proposición presentada al Pri- 
mer Congreso por el Dr. J. A. Rodríguez sobre la manera de llevar 
a efecto la enseñanza sexual, según hemos referido antes. 

Desgraciadamente para nuestras ideas, ese espíritu dinámico y 
emprendedor que fue Juan Antonio Rodríguez, había desaparecido, 
y sólo nos quedó el consuelo de recordar su obra y honrar su me- 
moria. 

Las incidencias y repercusiones de este tema en el Congreso, me- 
recerían un volumen especial. 

Hubo lucha, ataques violentos, campaña difamatoria, volantes 
repartidos a la salida de las iglesias, de los que conservo un ejem- 
plar en cuyo pie de imprenta se anota una distribución de más de 
veinte mil ejemplares. Un folleto con el discurso pronunciado por 
el Dr. Morelli en el Congreso, editado por “Acción Católica del Uru- 
guay”, fué distribuido gratuitamente, tirado, también, según anun- 
cia, a veinte mil ejemplares y repartidos a los colegios, escuelas, aso- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


287 


daciones culturales y diversas reparticiones del Ministerio de Ins- 
trucción Pública. (1) 

Veamos las Actas de esa sesión. (2) 

. . . “El doctor Morelli entra en sala y toma la palabra. Co- 
mienza así: . 

“Al pronunciar un discurso de ataqué®, las conclusiones que 
acaban de emitirse”.,. 

“Fue esta una improvisación surgida al oír la disertación de 
la Dra. Paulina Luisi. . . (el Dr. Morelli no estaba en sala!) cuyas 
afirmaciones y propuestas no podía dejar pasar sin protesta ni 
réplica. Había yo llegado — continúa — a la sala en que se debatía 
este punto, accidentalmente. Al reconstruir para las actas del Con- 
greso esos párrafos, no he podido sustraerme a la tentación de 
completarlos en los que me fuera posible”. 

Es decir que preparó pausadamente otro trabajo, en la tran- 
quilidad dé su gabinete, con el pretexto de refutar el mío, que no 
conocía pues no lo había leído, siendo aún inédito, ni oído su lec- 
tura. Lo curioso del caso es que, aparte de algunos zarpazos en- 
venenados a mi intención, toda la tesis desarrollada: “ para no dejar 
pasar sin protesta ni réplica” la de la Dra. Luisi, es un alegato, 
como el mío, pero desde su punto de vista clerical, a favor de la 
castidad y la educación de la voluntad: es desde su punto de vista 
de él, una simple repetición de mi tesis, como se lo dijo “El Día”. 

Lo que no podía dejar pasar en silencio, es que se suprimiera 
en ella la base religiosa católica; es que fuera una persona laica 
quien sostuviera la necesidad de la castidad hasta el matrimonio. 

No podía tampoco pasar en silencio la afirmación de ciertas 
enseñanzas que la Iglesia reserva para el Confesionario, ni su ma- 
nera sui generis de revelarlas. ¡Pueden dar fe quienes sepan o re- 
cuerden las preguntas del confesor! 

Y lo que era más importante para éste que se hizo pasar un 
tiempo por liberal, era aprovechar la ocasión para hacer una pro- 
fesión de fé confesional. 

Los diarios católicos “El Amigo del Obrero”, el “Bien Públi- 
co”, la “Tribuna Popular”, atacaron a veces hasta violentamente, 
tanto el informe como al miembro informante. Hasta la Curia me 
puso al iudex como profesional, prohibiendo se me llamara para asis- 
tir como médico en las familias! 

En cambio los diarios demócratas y liberales, especialmente “El 


(1) Este informe mío al II*? Congreso Médico Nacional de 1921, fuó 
publicado in extenso, en las actas de dicho Congreso, (Siglo Ilustrado, Edi- 
tor), y en la “Revista de Filosofía del Dr. Ingenieros, N.9 de marzo 1922, 
bajo el título de “Problemas de educación sexual”. (Rossi Cía, editores). 
B. Aires, Va, refundido con el de 1923, en el “Ensayo”, título II, de esrte 
volumen. 

(2) Actas del 2.<? Congreso 'Médico Nacional, Tomo 1*?, págs. 179 a 239. 



288 


Paulina Luisi 


Día” (1), “El Ideal”, la Revista “Pegaso” (2), defendieron la 
tesis; ‘La Mañana” publicó íntegra mi Conferencia del año 1919 
sobre “Plan y Métodos de Enseñanza Sexual”. (3) 

El Club Médico por su parte me pidió una nueva conferencia 
sobre Enseñanza Sexual, (4) como Respuesta a las pretensiones “mo- 
ralistas” (5) del Dr. Morelli cuya actitud en el Congreso no dejó 
de ser curiosa. H 

Vale la pena recordarla. 

Cuando se leyó el informe que no había sido previamente pu- 
blicado, como se hace ahora en los Congresos, este señor no estuvo 
presente. 

Penetró en la sala al finalizar yo mi lectura, pidiendo la pala- 
bra para rebatirme. 

Aprovechó esta ocasión para enviar luego al Comité del Con- 
greso, que como se estilaba entonces, publicaba los trabajos presen- 
tados después de realizado el Congreso; un alegato de sesenta pá- 
ginas. 

Al día siguiente del Congreso, “El Bien Público” (6) escri- 
bía un editorial de dos columnas, titulado “ Para mejorar la socie- 
dad ”, que comenzaba con el párrafo siguiente: 

“En el Congreso Médico Nacional que acaba de celebrarse en el 
Ateneo de Montevideo, se trató el tema de la educación sexual de 
la niñez, leyendo el respectivo informe la Dra. Paulina Luisi. Sus 
conclusiones elaboradas dentro de un criterio filosófico y social, 
algo alejado del catolicismo, no pasaron en silencio. Una voz se 
elevó, autorizada y serena, sabia y rotunda, elocuente y precisa, para 
hacer conocer un criterio nuevo ( SIC ) en nuestro ambiente cien- 
tífico, viejo en el orden moral de las conciencias, atrevido y audaz 
en una asamblea médica, cuyos componentes no se distinguían 
ciertamente, por su austeridad religiosa: el criterio de la castidad 
pura y simple, para nuestra juventud, hasta la hora del matri- 
monio”. 

¡Lo mismo que vo sostengo en los trabajos mencionados! y así 
se lo dijo “El Día” : 

“¿Dónde encontró el diario clerical la novedad de ese crite- 
rio que ya había sido expuesto al iniciarse este siglo, en 1902, por 
la II 9 Conferencia Internacional de Profilaxis sanitaria y moral”, 


(1) El Día, 29 y 30 de octubre y 1.*? y 2 de noviembre de 1921. 

(2) Pegaso, Año 6, N.0 40, octubre de 1921. 

(3) La Mañana, del 6 de noviembre hasta el 12 de noviembre de 1921. 

(4) Pronunciada el 28 de octubre de 1921. Ampliamente comentada 
por la prensa diaria del 29 de octubre. 

(5) Véase anexo 

(6) “El Bien Público”, Diario Católico, N.<? del 23 octubre de 1921. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


289 


reunida en Bruselas? De dónde sacó eso de criterio nuevo, atrevido y 
audaz en una asamblea médica; si fueron precisamente 320 médi- 
cos quienes hicieron la declaración aconsejando a los jóvenes la cas- 
tidad? (Véase en este volumen, cap. II 9 el texto de la declaración, 
transcrito en mi trabajo que ocupa ese capítulo escrito en 1919). 

El artículo del “Bien Público”, concluía como sigue: 

“Creemos que es la primera vez que en un congreso científico, 
en nuestro país, se levanta una voz tan elocuente y autorizada, de- 
fendiendo una tesis tan católica. Es que en el alma del doctor Mo- 
relli alumbra vivificador el fuego sagrado de los convertidos”. 

“Creo en Dios Padre Todopoderoso!”. 

“El Día” (1) contestaba con un artículo editorial de más de 
■dos columnas, titulado “ Un Pial”: 


Un Pial 

“Una vez hubo un Congreso, y en él una ilustre doctora pro- 
nunció una conferencia científica sobre enseñanza sexual. La pa- 
labra sapiente de la conferencista fué oída con interesado silencio y 
al final las conclusiones fueron aclamadas por la pléyade de hom- 
bres de ciencia que formaban el tribunal auditor”. 

Y dijo la Doctora Luisi. 

(Aquí sigue un resumen del trabajo). 

El articulista terminaba transcribiendo el final del editorial de 
El Bien Público y agregaba! 

“Después de leer todo ésto, sólo se nos ocurre preguntar a los 
redactores del articulito transcripto: 

“¿Confiesan ustedes, señores?. Porque si lo hacen y creen que 
eso es necesario, pueden irse acercando a la reja ya que de todo lo 
que dicen, no queda un asomo de verdad. 

“El doctor ¡Morelli repitió, un sermón de abate, con tal falta 
de vida como dice una lección de Terapéutica y dijo cosas que 
“asombraban”, ya que por las trascripciones se ve que no hizo 
más que repetir lo aseverado por la señorita Luisi, y una vez dichas, 
no esperó réplica alguna, “juyendo” como quien ha visto al de- 
monio. 

“¿Por qué huía el doctor Morelli?” 

“¿¿Es que le había visto las patas a la sota de la contundente 
réplica?” 

También, j cómo no habían de hacerlo !, intervinieron los inquietos 
estudiantes de Medicina, que en su periódico “El Estudiante Libre”, 
defendieron la reforma educacional que proponíamos. 


(1) “El Día”, (Edición de la tarde). N.<? del 30 octubre 1921. 


19 



290 


Paulina Luisi 


Circularon en hospitales, clases y centro^ estudiantiles, cuarte- 
tas dedicadas al impugnador de la doctrina. 

No son todas ellas para ser repetidas, ni mucho menos transcrip- 
tas. Apenas alguna que otra puede ser referida; tienen el tono 
y la intención de los estudiantes cuando intervienen con ese espíritu 
satírico y observador de la juventud para combatir algún profesor 
cuya conducta profesional o docente no acompañan o aprueban. 

Pero no hubo una' sola alusión directa ni indirecta que comba- 
tiera ni la tesis presentada, ni a la “audaz” doctora que se atrevió 
a defenderla públicamente. (1) 

Las acometidas jocosas de los estudiantes al sectario doctor, le 
hirieron talmente en su amor propio de oráculo, que lo llevaron al 
gesto espectacular de presentar su renuncia de profesor. 

Así lo dá a entender “La Razón” del 28 de setiembre de 1921, 
en su sección “Al Oído”, que transcribimos en la parte correspon- 
diente al gesto de dignidad ofendida: 

“Nos han dicho, que la broma al Dr. Morelli no es como para 
que renuncie a su cátedra de Clínica Médica. 

“ — Que los muchachos hacen chacota de sus ideas contrarias a 
las de la Dra. Luisi, sobre Educación Sexual. 

“ — Que lo peor o lo mejor de todo, es que las bromas tienen 
mucha, pero mucha gracia”. 


* 

* * 

En 1922 se convocó en París el “Congreso Internacional de 
Propaganda de Higiene Social y Educación Profiláctica Sanitaria y Mo- 
ral ” con ocasión de las fiestas celebrando el centenario de Pasteur. 
En esta gran reunión científica internacional, fuimos honrados 


(1) Como muestra he aquí una bastante inocente a pesar de la gran 
verdad del penúltimo verso. 

El doctor Morelli ha publicado Un folletito 

¡Si vieras que ilustrado Y chiquitito! 

Si vieras como reprende Nuestro ardor 

Y como habla tan seguido Del Señor! 

Revive el Nazareno;- Aquél Jesús 

Que gustaba estar con Magdalena Pero sin luz! 

Apto, bien apto, para menores De familia bien. 

Lo pueden revisar todas las chicas: Si es todo un edén! 

Es lo mejor que ha producido * — El Doctor 

Brindémosle nuestra sana idolatría Y nuestro amor! 

Igriega (Estudiante de Medicina) 



Pedagogía y Conducta Sexual 


291 


cod el Dr. R. Cháble de Lausanne, Presidente de la “Sociedad Sui- 
za de Higiene Social” con la designación de Relatores Oficiales pa- 
ra la IV.* sección sobre “Educación sexual”. (1) 

El informe presentado en esta ocasión, refundido con el que lo 
fué al II 9 Congreso Médico Nacional es el trabajo que presentamos 
en la 1* parte de esta obra, bajo el nombre de “Doctrina”. 

A mi regreso de París, donde se discutió el tema y se aproba- 
ron las conclusiones de mi trabajo, de lo que dieron amplias noti- 
cias los periódicos del país, una grata sorpresa me esperaba. 

Los estudiantes liceales organizaron una conferencia que tuvo 
singulares episodios. 

Los elementos conservadores que en esa época estaban en la 
Directiva del Ateneo de Montevideo, que goza de prerrogativas es- 
peciales, sólo pusieron a disposición de los organizadores el salón 
del sótano, de capacidad inferior al gran salón “noble” de actos 
públicos. 

Pero el público que aeudió al acto fué tan numeroso que inva- 
dió calzada y vereda cerrando el aceeso al salón. 

Al llegar, el público densamente amontonado en la puerta me 
impidió cruzar basta la tribuna y la conferencia hubo de ser sus- 
pendida. El pueblo me acompañó hasta mi domicilio en son de pro- 
testa. 

Al día siguiente toda la prensa, con exclusión del diario cle- 
rical, protestó en masa (2) en términos condenatorios para el Ate- 
neo. 

Los estudiantes no se acobardaron; por suscripción popular cu- 
brieron el alquiler de un teatro, el “Artigas” al que aeudió un pú- 
blico más numeroso aún, que invadió el “hall’ y hasta el palco es- 
cénico, dejando apenas un espacio libre para la conferenciante. 

A la salida del teatro fui nuevamente acompañada hasta mi 
domicilio por el público organizado en manifestación. 

Consigno estos hechos porque fueron la protesta popular contra 
las maniobras conservadoras - clericales de quienes realizando amplia 
y tenaz campaña contra las nuevas ideas, creyeron poder amorda- 
zar la palabra e impedir la libre difusión del pensamiento. 

La conferencia realizada el 18 de setiembre, recibió los más fa- 
vorables comentarios de la prensa; extensas crónicas y abundante 
información gráfica, reconocieron su importancia. 


(1) Véase mi Informe al Gobierno, Título V, donde se encontrarán de- 
tallesi sobre este Congreso y véase la publicación oficial de este Congre- 
so. Hay un ejemplar que he donado, en la Biblioteca de la Facultad de 
Medicina. 

(2) En sus ediciones del 12 de setiembre de 1923, los diarios El Día, 
La Mañana, El Diario, El País, El Telégrafo, Las Noticias, El Sol; ¡hasta 
La Tribuna Popular! consignaron el hecho. Lo hizo en tono jocoso La De- 
mocracia. Véase al final de este capitulo, en anexo, la transcripción de al- 
gunos de estos artículos. 



292 


Paulina Luisi 


Pero días después el diario clerical “La Tribuna Popular” es- 
cribía: (1) 


“La doctora Luisi dijo, entre otros errores, que la Religión 
era impotente para conjurar la crisis de la inmoralidad reinante”. 


'^Es que nuestra médica se cree superior a Jesucristo y está en 
vísperas de inventar una moral que la haga célebre “in saeeulo sae- 
culorum”. Ella parece resolverlo todo con enseñar a los niños ins- 
trucción sexual. Y para ello, dijo que a los niños había que hacerles 
saber toda la verdad sin adulterarla y falsearla. De aquí se sigue que 
(folleto del doctor Morelli) “deberá darse a esos niños clases experi- 
mentales sobre populas no gramaticales y otras yerbas bastantico 
de color subido; porque de lo contrario, esos niños no sabrán nunca 
la verdad en materia sexual”. ¿Estamos, señorita Paulina Luisi? 

“Porque: o se les enseña toda la verdad, o no se les enseña. 
Si se les enseña, no deben los niños ignorar ciertas funciones y el 
modo más apto y más práctico de ejecutar dichas funciones; o no 
se les enseña toda la verdad y entonces la doctora Luisi dijo una 
falsedad y enunció un absurdo. ¿Estamos?”. 

Y pocos días después en otro artículo agregaba: (2) 

“La doctora Luisi sostiene que, a los niños, se les debe ense- 
ñar las nociones más completas y verídicas sobre el sexo: miem- 
bros genitales, funciones idem, su fin, su alcance, sus consecuencias, 
etc., etc. Esas nociones (según ella) deberán inculcarse a los niños 
a la manera como se les enseña caligrafía, química, física, matemá- 
ticas, etc. Por consiguiente la instrucción sexual patrocinada por 
la Luisi es absoluta, igualitaria, matemática, obligatoria para malos 
y buenos, para necesitados y no necesitados y equiparada a cual- 
quier tratado o materia de índole puramente científico-cultural. 
Para la Luisi, esta instrucción sexual (propinada por maestros asa- 
lariados, sin conciencia y sin escrúpulos) es necesaria para regenerar 
al mundo y preservar nuestros niños de la corrupción y sus degra- 
dantes vicios. Hasta aquí la opinión de la doctora Paulina Luisi”. 


“¿Qué sería una clase donde niños y niñas, de distintas con- 
diciones, edades y facultades, algunos buenos, otros regulares y los 
demás malos y viciosos, recibieran una lección de instrucción sexual, 
cómo lo sostiene la Luisi?. ¿Oómo escucharían esos niños las expli- 
caciones reales sobre sexos, funciones, condiciones y consecuencias 
de actos sexuales?. ¿Qué libertades no se tomarían los niños depra- 
vados ?. 

“¿Qué comentarios harían?. ¿Qué aprenderían los buenos? Más 
vale no seguir. Salta, pues, a la vista que la enseñanza de la mo- 


(1) Tribuna Popular, 21 de setiembre de 1923. 

(2) Ibidem, 1.9 de octubre de 1923. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


29 } 


ralidad sexual no puede ser equiparada a una materia de física 
o química, como lo entiende la Luisi. Esas clases en común servirán 
de intento a los niños (de suyo curiosos, -confiados y porfiados) pa- 
ra avivar su imaginación, picar su curiosidad de verlo, tocarlo y ex- 
perimentarlo todo y convertirse así en apóstoles de la depravación 
sexual. ¿O es que la doctora Paulina Luisi cree que el fuego ya 
no quema?” 

Pero ajilé importaba el veneno del diario clerical! El puebla 
estaba con nosotros! 

No tardó en hacerse carne. 

Y después de intensa y prolongada lucha, tuvimos finalmente la 
satisfacción de conseguir, el año 1925, la creación, por ley especial 
de la Nación, de una Cátedra de Higiene Social en la Escuela Nor- 
mal Mixta “María S. de Munar”. 

A ella, su programa y su enseñanza, dedicamos un capítulo 
aparte. (1) 

* 

* * 


En 1923 se realizó en Río de Janeiro el Tercer Congreso Ame- 
ricano del Niño. 

No pude concurrir, pero presenté un informe sobre “Enseñan- 
za sexual” en el cual, después de una breve reseña sobre lo que 
se había realizado, exponía mis ideas al respecto, las mismas que 
habían ya sido expuestas al II 9 Congreso Médico Nacional, al Con- 
greso Americano del Niño en el año de 1916 y que había yo llevado 
en 1923 al Congreso de París para el Centenario de Pasteur. 

No he tenido más informes de aquel Congreso que un repor- 
taje publicado en la prensa de nuestra Capital por uno de los De- 
legados uruguayos, el Sr. Emilio Fournié, Inspector Técnico del Con- 
sejo de Enseñanza Primaria y Normal, quien declaró: 

“Otro tema discutido fué el de “Enseñanza Sexual” del cual 
se habían presentado cuatro trabajos de médicos de Argentina, Chi- 
le y Uruguay, votándose una conclusión que en su mayor parte es- 
taba comprendida en las del trabajo de nuestra compatriota Dra. 
Paulina Luisi”. 

En 1924, en el Congreso Abolicionista realizado en Lisboa son 
aprobadas las mismas conclusiones. 

En 1925 se convocó en Chile un Congreso Femenino Interna- 
cional con una sección de Educación. 


(1) Ver el Título “La difusión de la Higiene social’’, “Su enseñanza 
al personal enseñante”, y “Una Cátedra de Higiene Social”. 



294 


Paulina Luisi 


También allí, siguiendo mi campaña por la enseñanza sexual, 
envié un pequeño informe, acompañado de las conclusiones presen- 
tadas al Congreso de París (1923). 

En 1926, del 26 al 30 de junio debió reunirse en Panamá el IV 
Congreso Internacional de Sociología en cuya VII sección, bio-sociología 
y eugenética volví a insistir sobre este mismo sujeto, ampliado. (1) 

En ese mismo año 1926 del 8 al 18 de julio se realizó en Bue- 
nos Aires el Tercer Congreso Sudamericano de Sifilografía al que en- 
vié un comunicado sobre el resultado de una encuesta mundial rea- 
lizada en mi carácter de Presidenta Internacional de la Comisión 
para la Unidad dé la Moral y contra la Trata de Mujeres, con mo- 
tivo del Congreso Internacional Femenino de la Alianza Internacio- 
nal de Mujeres realizado en París ese mismo año y al cual no pude 
asistir. 

Había sido extractado de mi gran informe (2) sobre las ac- 
tividades mundiales de la Comisión. 

En 1926 se realizó en Montevideo el Congreso Nacional de Ins- 
pectores de Enseñanza del Uruguay. 

La Sección VII 9 fué destinada a enseñanza de la “Higiene se- 
xual”. 

Se votaron en ella distintas conclusiones en las que se mezcla- 
ron con la consiguiente confusión los conceptos de “Enseñanza de 
la higiene sexual” y la llamada “Enseñanza sexual”. 

Se votaron las conclusiones que transcribimos en “Resoluciones 
de Congresos”. 

Además, relacionada con el mismo tema se aprobó la siguiente 
conclusión presentada por el Inspector Técnico Sr. Fournié: 

“La enseñanza sexual tiene por fin someter el instinto sexual 
a la acción disciplinaria de la voluntad bajo el contralor de la in- 
teligencia consciente y responsable”. (3) 

La proposición del Inspector técnico Sr. Emilio Fournié se pa- 
recía como una gota de agua a otra gota, a mi definición presentada 


(1) Va al fin en ‘‘Algunas conclusiones y proposiciones de Congre- 
sos”. 

(2) Se encuentra un ejemplar en nuestra Biblioteca Nacional, publicado 
bajo el título de “Prostitución et Maladies Veneriennes”. Las dos edicio- 
nes francesa e inglesa publicadas se agotaron rápidamente, apenas llegaron 
a mis manos algunos ejemplares. 

Otro ejemplar existe en la Biblioteca de la Facultad de Medicina de 
Montevideo, en un volumen titulado “Informes y Conferencias”. 

(3) “Imparcial”, del 28 de julio y “Tribuna Popular”, del 29 de julio 
de 1926. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


29 J 


al Congreso Médico Nacional de 1921 y a la del trabajo que pre- 
senté al Congreso de París, publicada en 1923, uno de cuyos ejem- 
plares, junto con mi informe del Congreso, obraban en la Inspec- 
ción Técnica de Enseñanza Primaria y Normal y tuvieron que pa- 
sar “de oficio” por las manos del Inspector Técnico. 

.Emocionada por tan fervorosa adhesión, concurrí al Congreso 
solicitando fuera reconocida la filiación legítima correspondiente, lo 
que dió margen a la publicación de la siguiente: 

ACLARACION (1) 

“La conclusión aprobada sobre el tema de “Enseñanza de la 
“ higiene sexual en los años superiores de la Escuela primaria”, pro- 
“ puesta por el Sr. Fournié, es la misma que la Dra. Paulina Luisi 
“ presentó sobre ese tema al Congreso Médico reunido en Monte- 
“ video en 1921”. 

No obstante mi reclamación y la “aclaración” publicada en la 
prensa de la capital (2), la Memoria de Instrucción Primaria, co- 
rrespondiente al año 1926 — que se publica bajo la Dirección del 
Inspector Técnico del Consejo de Enseñanza, desempeñada por el 
Sr. Fournié — al publicar las Actas del Congreso, sólo publicó la 
siguiente nota: 

“El Sr. Fournié, Inspector Técnico del Consejo, manifestó: 
“ que la Comisión Informante, en sus conclusiones, se refiere unas 
“ veces a Higiene sexual y otras a Enseñanza sexual, y que siendo 
“ corriente el empleo de esos términos como equivalentes, conviene 
* 1 2 3 deslindar bien cuál es el fin de la Enseñanza sexual ; con ese 
“ motivo hace referencia al Congreso celebrado en París, en 1923, 
“ por el “Comité Internacional de Propaganda de Higiene Social 
“ y educación profiláctica, sanitaria y moral” y propone se apruebe 
“ la primera conclusión dé aquel Comité cuando trató sobre la cues- 
“ tión sexual y que modificada en algunos términos, dice así: 

“La enseñanza sexual tiene por fin someter el instinto sexual 
“ a la acción disciplinaria de la voluntad, bajo el contralor de la 
“ inteligencia consciente y responsable”. 

Pero calla la rectificación y el nombre de la autora. (3). El 
acta agrega simplemente: 

“La conclusión propuesta por el Sr. Fournié fué aprobada”. 


(1) “Imparcial”, julio 30 de 1926 y “Diario del Plata”, julio 29, 1929. 

(2) Véase diarios del 30 de julio de 1926. Tenemos bajo losi ojos el 
ejemplar del “Imparcial”. 

(3) Véase la memoria citada, pág. 23, acta de la sesión del 27 de ju- 
lio de 1926. 



296 


Paulina Luisi 


Ante mi reclamación de paternidad, o si se prefiere de mater- 
nidad, de la definición propuesta, el Congreso tuvo una reacción muy 
honrosa para mi: se me pidió una conferencia sobre “Enseñanza se- 
xual”, fijándose el día siguiente para dictarla. Fué presidida por 
el mismo Director de Enseñanza, Dr. Eduardo Acevedo. 

De ello dieron cuenta los periódicos citados en la siguiente forma: 

“Respondiendo a un pedido de los señores congresales la Dra. 
“ Paulina Luisi, dió una notable conferencia sobre Educación y En- 
“ señanza sexual. Una vez terminada la interesante disertación de 
“ la Dra. Luisi, el Congreso sancionó el siguiente voto, que fué 
“ propuesto por los Sres. Inspectores Sáenz, Rivero y Patiño: 

“l 9 ) Que se encomiende a la Dra. Paulina Luisi la redacción 
“ de un tratado para uso de los maestros, que contenga todas las 
“ cuestiones relativas a educación y enseñanza sexual, en sus as- 
“ pectos doctrinarios y pedagógicos, más especialmente. 

“2 9 ) Que se pida a la Dra. Luisi — que dentro de lo posible — 
“ concurra a los departamentos a explicar al personal enseñante la 
“ teoría y la pedagogía de esta importante cuestión”. 


El 2° deseo de los Inspectores departamentales sólo pudo ser 
complacido tres años después, por haber debido yo ausentarme para 
llenar mis obligaciones en la “Comisión de Asuntos Sociales de la 
Liga de Naciones”. 

En cuanto al primer deseo, estaba ya cumplido con el Informe 
presentado al Congreso de París, aunque escrito en francés, el que 
solamente ahora ofrecemos en idioma nacional, pues estuve a la es- 
pera de una eventual publicación en español, cuya autorización me 
había pedido el Dr. Gregorio Marañón, Asesor de la editorial Es- 
pasa, de Madrid. 

El Dr. Marañón quedó con una copia del original francés pu- 
blicado en folleto y la traducción española que hice yo misma en 
Madrid, pero nunca volví a ver ni originales ni publicación. 

Finalmente en 1930 se reunió en Montevideo la II* Convención 
Americana de Maestros, convocada por la I. M. A. a la que pre- 
senté algunas proposiciones, una de las cuales relacionada con la “En- 
señanza Sexual”. 

Esta Convención de corte netamente extremista, con caídas ha- 
cia el comunismo, la pasó a la V* Comisión, la que muy amablemente 
me rogó... retirase la proposición! (1) 


(1) Va adjunta en “Conclusiones de Congresos”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


297 


* 

* * 

En 1930 emprendí una gira por el Interior, en misión del Con- 
sejo de Enseñanza, dando conferencias de Higiene Social. Recorrí 
varias Ciudades de la República y en todas ellas, las conferencias 
combinadas con la exhibición de las cintas cinematográficas, fueron 
recibidas con general beneplácito. Además, en muchas de ellas, se 
me pidieron entrevistas explicativas complementarias, por maestros, 
para la utilización pedagógica de aquellas nociones. 

Recuerdo como típico lo que ocurrió en una de estas lecciones. 

En una ciudad del centro de la República, llegué a una es- 
cuela para visitarla. 

Sin advertir a nadie, fuera de la Directora, sin ceremonias, sin 
utilizar el pupitre de la maestra, sola aparentemente con los chicos, 
pues la Directora y maestras quedaron, como lo habíamos convenido, 
al fondo de la clase, me senté familiarmente sobre uno de los pu- 
pitres de los chicos y comencé con ellos una charla. 

Les pregunté si había muchos niños de la misma ciudad y si los 
había de las chacras circunvecinas. Había de unos y de otros. 

De pronto les digo yo: 

— Uds. saben cuando va a haber terneros? 

— Sí señora — contestaron mirándose curiosamente. 

— Y cómo lo saben? 

— Mirando la vaca. 

— Qué tiene la vaca? 

— Ella tiene el ternerito. 

— ¿ Dónde ? 

Se miran azorados. Finalmente uno de aspecto más rural dicer 

— En el vientre. 

— Y como dicen Uds. que está la vaca que va a tener un ter- 
nerito ? 

Los niños se miran entre sí, me miran y callan. 

Insisto y al fin una chica se atreve y dice titubeando: 

— Que la vaca está encinta. 

— No, Uds. no dicen así. 

— Cómo dicen? 

Y el niño ruralito, receloso, dice, mirando para todos los cos- 
tados : 

— ‘ ‘ Dicen . . . que . . . está preñada ! ’ \ 

— Oh! — exclama toda llena de aspavientos una maestra desde 
el fondo de la clase. 

Los niños se miran inquietos. 

— “Muy bien!, eso es! Se dice que la vaca está preñada” — 
repito yo con firmeza — . 

La charla continúa, les digo cosas. Los chicos, perdido el mie- 
do y la falsa vergüenza, conversan conmigo como entre amigos, y 
la lección termina entre caritas alegres y contentas. 

No hubo más nota discordante que la exclamación de la maes- 



298 


Paulina Lúisi 


tra, antigua alumna mía en la clase de gramática y retórica de la 
Escuela Normal. 

Pasamos al salón contiguo, dejando en libertad de charlar a 
los niños, pero manteniendo abierta la puerta comunicante. 

Día lluvioso, tuvieron su recreo en el salón. Quedé cerca de 
la puerta, de espaldas para oír la conversación de los chicos que 
naturalmente versó sobre lk no acostumbrada lección. 

No hubo una palabra fea, antes bien,, los chicos y chicas discu- 
tieron el asunto c£n interés j seriedad sin que ninguno arriesgara 
la más leve insinuación de una palabra mal intencionada. 

Y luego, con las maestras, hicimos precisamente el comentario 
— que les resultó a éstas una lección de pedagogía práctica que me 
agradecieron — . 

Al retirarme de la escuela todo el personal me acompañó has- 
ta la puerta de la calle. 

El tiempo había aclarado, sólo un grueso nubarrón muy negro 
por el oeste. 

— Y yo, con tono declamatorio, digo: 

— “Preñada de relámpagos la nube aparecía”. . . ! y me detengo. 

— “Continúe! — me pide mi ex-discípula . . . ¡Qué bonito es eso”! 

¿Cómo sigue después? 

— Cómo, le digo yo — se escandalizó Ud. cuando dije que la 
vaca estaba preñada y se entusiasma con la preñada nube? 

Risas y... una nueva lección que no dejó de ser provechosa: 
la mojigatería recibió un buen golpe. 

Tiempo después supe que algunas maestras habían continuado 
el ensayo; una de ellas me escribía agradeciéndome las instruccio- 
nes recibidas y diciéndome los buenos resultados obtenidos que la 
alentaron a continuar, hasta que un cambio en la dirección del es- 
tablecimiento hizo cesar toda tentativa en ese sentido. 

En las escuelas de la capital, a igualdad de edad y de tiempo 
escolar, los chicos estaban mucho menos advertidos de estas cues- 
tiones que los niños rurales. En cambio, siempre a igualdad de edad 
y de tiempo escolar, en los más creciditos, había mucha más natu- 
ralidad, y sencillez en los rurales, contrastando con la malicia de 
los “capitalinos”. 

He citado estas observaciones porque son una prueba acabada 
de lo que puede hacerse al respecto: basta querer hacerlo poniendo 
en ello convencimiento y cariño; lealtad de pensamiento y pureza 
de intención. 


* 

* # 

1949. — Han pasado veinte y cinco años. 

El Ministerio de Salud Pública, desde la Difusora Oficial, tras- 
mite conferencias sobre temas de higiene general, en las que a ve- 
ces se desliza alguna de higiene soeial. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


299 


En el Museo Pedagógico también se verifican éstas; la acción 
de la Comisión Norteamericana se deja sentir; ha enviado técnicos, 
ha venido el Director de la Oficina Sanitaria de Coordinación Ame- 
ricana para animar esta propaganda. 

Desfilan la tuberculosis, la difteria, la fiebre tifoidea; se ex- 
plica a la población las ventajas indiscutibles de las vacunaciones 
diversas, se le instruye en los conocimientos de la higiene general, 
la profilaxis pública y privada. 

Se toca alguno que otro punto de la higiene sexual. 

Pero, la pedagogía sexual; la preparación del Maestro para abor- 
dar técnicamente la enseñanza sexual ; la preparación de los edu- 
cadores a ese gran rol de formadores de la conciencia sanitaria y 
racial; la educación de la voluntad, la formación del carácter de 
nuestras generaciones nuevas; la educación de nuestros hombres y 
mujeres de mañana para afrontar sus deberes y sus responsabilida- 
des hacia las generaciones que están llamados a crear; la prepara- 
ción de la conciencia solidaria en esa gran cadena de la especie; 
todo eso, ha vuelto a ser inexistente en el ánimo de los que están 
obligados a dirigir y a velar por la formación de nuestro mundo 
futuro. Todo está por recomenzar. 

Pero la semilla arrojada no quedará estéril. 

Las ideas y las reformas parecen a veces dormidas, enquistadas 
o vencidas y en una hora feliz, resurgen con mayor fuerza, como si 
en el sueño forzado en que las sumieron, hubiesen estado acumu- 
lando vigor latente y energías de vida para brotar con mayor vi- 
talidad y lozanía. 

El postulado pedagógico de la enseñanza sexual habrá de ser 
considerado por la enseñanza, porque tiene a nuestro entender pro- 
yecciones sociales que van más allá de los límites de la higiene y 
la profilaxis. 

Como lo hemos dicho en nuestra doctrina, abarca fundamen- 
talmente el gran problema moral de las instituciones básicas de la 
familia y el Estado. 

Pero aún en el simple dominio de la higiene y la profilaxis — 
al que sólo pretenden alcanzar nuestros educadores sanitarios, — 
hay una cuestión que todavía poco o nada ha sido considerada por 
la actual educación. 

La conservación y el cultivo de la salud personal van más allá 
de los deberes individuales, unitarios; son deberes colectivos, ¡son 
deberes cívicos cuya violación se deja sentir en el balance de las 
fuerzas nacionales. (1) 


(1) Véase mi lección: “El ser humano considerado como capital co- 
lectivo”, y citado en "Informe al Congreso Internacional de lucha cientí- 
fica y social contra el Cáncer”, Madrid 1935; ella me sirvió de tesis para 
optar al titulo de Miembro de Mérito en la Sociedad Económica Matri- 
tense. Madrid, 1933, que mereció el siguiente comentario de un renom- 
brado político que presidia: “Pero esta no es una conferencia de mujer; 
esto es de hombre!!!”. 



300 


Paulina Luisi 


Cuestión general ciertamente, que creo sin embargo ¡necesario 
consignar aquí por cuanto señala una necesidad imperiosa en nues- 
tro mundo actual y porque las cuestiones que venimos estudiando, 
entran en parte en su esfera de acción. 

Es necesidad reclamada por la moral biológica que be preten- 
dido bosquejar en el primer capítulo de esta obra, — y cuyo con- 
tenido se desprende de mi concepto sobre las relaciones entre la 
higiene y la moral. 

A mi entender, ellas forman una unidad indivisible por cuanto 
son una y otra, la necesidad de salud física y espiritual, salud del 
cuerpo y del alma que constituyen el complejo humano en el cual, 
— pese a la filosofía y dogmas contrarios, — son lo mismo que 
aquéllas, indivisible unidad. 

Porjpie somos solidarios los unos de los otros en la vida so- 
cial; porque la interdependencia entre unos seres y otros es ley de 
las agrupaciones humanas como lo es entre unos y otros pueblos; 
así también es necesario que — como ya lo ha sido, instituido en 
lo que se refiere a la moral, que es la higiene del espíritu — se 
establezcan los códigos de la salud colectiva. 

Los poderes públicos pueden ejercer acción legislativa y admi- 
nistrativa, pero es de la conducta sanitaria de cada unidad que de- 
penderá el vigor físico, la salud generales. 

Los métodos legislativos y administrativos, han sido puestos en 
juego para conservarlas porque son los más inmediatos, los que es- 
tán más al alcance de la acción común. Ellos son sin embargo in- 
suficientes si no están fortalecidos por los métodos educativos de 
alcances más reales, pero de larga y difícil aplicación. 

La tarea suprema de la higiene está en la formación de cos- 
tumbres correlativas, — por medio de la educación sanitaria de 
la población. 

No basta dar nociones de higiene en las escuelas, organizar cur- 
sos y conferencias sobre profilaxis — no basta organizar la higiene 
pública y la higiene social. 

Hay que ir más allá. 

Hay que despertar en la conciencia de las masas populares el 
sentimiento de la responsabilidad solidaria, el sentimiento de la 
responsabilidad hacia la colectividad que encierra a cada individuo, 
hay que crear en cada ser humano la conciencia de su deber social 
como unidad dentro de la masa, hay que hacerle comprender ese 
lazo de dependencia y de intercambio de beneficios y perjuicios, ine- 
ludible entre el individuo y la colectividad; hay que hacerle sentir 
el peso de las responsabilidades de cada uno de sus actos — que aun- 
que aparentemente sólo a sí propio se refieren — tienen sus con- 
secuencias forzosas sobre el conjunto social en que se mueve. 

Hay que crear un sentimiento cívico nuevo que encierre en un 
sólo e indivisible deber, el cultivo de la elevación moral ; de la sa- 
lud colectiva, de la energía productora. 

Y esa función creadora, es misión de la enseñanza. 

Es la más alta expresión de su influencia en “el mejor amiento- 
de las fuerzas de la Vida”. 



Anexo I 


PROYECTO SOBRE EDUCACION E HIGIENE SEXUAL PARA LAS ESCUELAS DE 

ENSEÑANZA PRIMARIA (1) 

Presentado por los Tires. Baethgen y Prando 
Artículo I 

Incorpórase al curso de Higiene de los programas de Enseñanza 
Primaria, para las escuelas urbanas, de quinto año en adelante; pa- 
ra las escuelas rurales; y en los programas para optar al título de 
Maestro; un capítulo especial, referente a la Educación e Higiene Se- 
xual. (2) 


Artículo II 

Para formular la materia que ha de comprender el capítulo de 
la referencia, desígnase una Comisión especial formada por el Pre- 
sidente del Cuerpo Médico Escolar, Dr. Sebastián B. Rodríguez, Dr. 
Alfredo Pérsico y la Dra. Paulina Luisi y que integrará el Sr. Ins- 
pector Técnico. Esa Comisión especial proyectará el plan a que de- 
berá sujetarse la enseñanza de la Higiene a ese respecto, proporcio- 
nando su conocimiento a los distintos programas cuya reforma se 
les comete. 


Artículo III 

Previéndose que, por dificultades de hecho, no pueda realizarse 
de inmediato, en toda su extensión, la reforma que se aconseja, so- 
licítese del Sr. Decano de la Facultad de Medicina, el concurso de 
estudiantes para desarrollar los programas que se adopten en forma 
de disertaciones periódicas, en lugares escolares y fechas que se acor- 
darán oportunamente. 

Firmado: Baúl Baethgen ; Carlos María Prando. 


(1) Presentado por los Miembros del Consejo de Enseñanza Primaria 
y Normal: Dres. Raúl E. Baetghen y Carlos M. Prando. 1919, Montevideo. 

(2) En la exposición de motivos que acompaña, y aunque el texto del 
proyecto dice: Educación e Higiene Sexual, sólo se encara la enseñanza de 
la Higiene sexual. En aquel momento era ya mucho y muy valientes la 
proposición y proyecto. 



Anexo II 


A TITULO DOCUMENTARIO ALGUNOS COMENTARIOS DE LA PRENSA MONTE- 
YIDEANA SOBRE LAS CONFERENCIAS DE EDUCACION SEXUAL PRONUNCIADAS 
DESPUES DE LOS CONGRESOS MEDICO DE MONTEVIDEO EN 1921 Y PROFILAC- 
TICO DE PARIS EN 1923 

A 

En el Club Médico * (1) 

En el Club Médico, se efectuó anoche la anunciada conferencia 
de la Dra. Paulina Luisi sobre “Enseñanza Sexual”. 

Comenzó manifestando la conferencista que una de las razone» 
que más la habían determinado a aceptar el pedido que el Club 
Médico le dirigiera en el sentido de que ofreciese su conferencia de 
anoche, fué el hecho de que en el último Congreso Médico celebrado 
en nuestra capital, un distinguido profesional significó que no se 
hallaba de acuerdo con ¿1 trabajo de lá Dra. Luisi, puesto que su 
criterio de él, era que debe pregonarse la castidad, para contribuir 
eficazmente al problema de la enseñanza sexual. Sin embargo na- 
da hay más cierto que precisamente, las conclusiones a que ha 
arribado la Dra. Luisi están exactamente basadas en aquel criterio. 

Se trata pues de un caso de manifiesta incomprensión. 

Hechas estas manifestaciones, a manera de preámbulo, la con- 
ferencista entró de lleno al tema señalado, procediendo a la lectura 
de un trabajo en el que recordó las conclusiones expuestas en un 
estudio publicado en 1919, a las cuales agregó algunas observaciones 
recogidas en estos dos últimos años. 

El primer gran error que se ha cometido, — dijo, — es el 
considerar el problema de la enseñanza sexual como puramente mé- 
dico, cuando en realidad se halla indisolublemente ligado con la Pe- 
dagogía y la Moral. 

(Sigue luego el periódico desarrollando en una columna el con- 
tenido de la Conferencia que está bien desarrollada en el trabajo 
que publicamos en este volumen, excepto la Metodología y otras par- 
tes para no dar a su lectura más extensión que la prudencial para 
una conferencia). 

Concluye así: “Otras muchas ideas expuso la Dra. Luisi en 
su aplaudida conferencia de anoche, pero nos vemos imposibilitados 
de publicarlas por cuanto este resumen se haría demasiado extenso”. 

“El Día", r— 29 de octubre de 1921. 


(1) Organizada por la Sociedad de Medicina. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


301 


Anoche se realizó en la Sociedad de Medicina, la Conferencia de 
la Dra. Paulina Luisi, sobre Educación Sexual. 

Abrió el acto el Presidente de la Sociedad de Medicina, Dr. Ber- 
nardo Etchepare, quien prenunció un conceptuoso discurso. 

En seguida la Dra. Luisi abordó el tema. Comenzó diciendo que 
la palabra educación sexual era impropia para designar las nocio- 
nes elementales, y que era preciso emplear la palabra enseñanza, 
pues ella comprende a la vez la educación y la instrucción. 

Cuando la enseñanza llega a rozar los conocimientos atingentes 
a la generación, un inexplicable retroceso detiene las tendencias de 
la pedagogía pues por un acuerdo tácito, padres y maestros ocultan 
al niño las nociones más elementales de la sexualidad. 

Nace de esta manera en el espíritu del niño un antagonismo fu- 
nesto y malsano entre la verdad que la escuela enseña a investigar, 
educando la observación y el raciocinio y las falsas nociones que el 
sistema de la ocultación y la mentira obligan a afirmar dogmática? 
mente cuando se trata de las cuestiones atingentes a la generación. 

Durante la edad escolar es decir hasta la adolescencia, los fenó- 
menos de la generación son considerados como no existentes en las 
ciencias naturales que se enseñan en las escuelas. 

La pedagogía sexual debe ser en primer lugar la pedagogía de 
la voluntad. 

El cronista continúa describiendo en su artículo, que es algo 
largo, los puntos diversos tratados en la Conferencia. Termina con- 
signando la aprobación de la concurrencia de profesionales que asis- 
tieron al acto señalado que “la conferenciante fué muy aplaudida 
y felicitada, por ese importante trabajo”. 

Ya “La Mañana”, solicitó de la Dra. Luisi el texto de su con- 
ferencia en lo que no pudo del todo ser complacida publicando en cam- 
bio el trabajo titulado “La Enseñanza Sexual”, que responde a la 
Conferencia pronunciada en el Congreso abolicionista de 1919 to- 
davía inédita, (1) 


“La Mañana”. — 29 de octubre de 1921. 
* 

La Revista “Pegaso” publicó, con motivo de dar cuenta de esta 
Conferencia, un hermoso artículo sobre este tema. Lleva la presti- 
giosa firma del Dr. Alberto Brígnole. Octubre de 1921. N. 9 40. 

• 

# * 


(1) Ver “La Mañana”, Nos. del 6 de noviembre 1921 al 12 del mismo 
mes. 



304 


Paulina Luisi 


B 

En el Ateneo 

El suceso de anoche en el Ateneo 

El anuncio de la conferencia que sobre “Enseñanza Sexual”, 
debía dar anoche en el Ateneo la Dra. Paulina Luisi, llevó desde 
mucho antes de la hora indicada a numeroso público al edificio de 
la Plaza Cagancha. 

Los que iban llegando, se encontraban con que el salón dis- 
puesto para ese acto no era el del piso alto, sino el sótano cuya 
puerta de entrada da hacia la Avenida Rondeau. No tardó en lle- 
narse el sótano a pesar de su amplitud, y eran muchos los que se 
iban quedando sin sitio en el interior de la sala, de modo que lle- 
gó un momento en que se agolpó una multitud, a cada instante más 
numerosa, a la puerta del sótano, sin poder penetrar. Esto dió mo- 
tivo a movimientos de incomodidad y fastidio que se tradujeron en 
el propósito de conseguir el salón de los altos, cosa que no pudo 
obtenerse porque la puerta principal del edificio permanecía ce- 
rrada. 

Siendo más o menos la hora 21 llegó la Dra. Luisi y como no 
le fué posible entrar, fue de inmediato rodeada por un numeroso 
público que le pedía diese la conferencia en la misma plaza. No 
siendo ésto posible, y habiendo entretanto salido a la calle la con- 
currencia que llenaba el sótano, alguien propuso acompañar a la 
distinguida conferenciante hasta su domicilio, aceptándose unánime- 
mente la idea. 

Una columna compuesta por no menos de seiscientas personas 
se puso en marcha tras la Dra. Luisi, quien al llegar a su casa, di- 
rigió la palabra a sus acompañantes desde el balcón. 

Las palabras fueron acogidas con grandes aplausos; tras ellas 
el ciudadano Gandolfo, pronunció una fogosa alocución, condenando 
el proceder de la Comisión del Ateneo. 

De allí, un numeroso grupo se dirigió nuevamente a la plaza 
Cagancha, donde hizo manifestaciones verbales de -protesta contra 
la comisión a cuya resolución antipática se había debido que la con- 
ferencia anunciada no pudiese llevarse a cabo. Este grupo recorrió 
diversas redacciones entre ellas la nuestra, para dejar constancia de 
lo ocurrido, y anunciar que se había lanzado la iniciativa de una 
colecta para alquilar un teatro y hacerle dar allí a la Dra. Luisi 
la conferencia suspendida. 

“El Sol”. — 12 de setiembre de 1923. 

• 

El hogar de nuestros sabios 

. . .La Dra. Luisi había anunciado una Conferencia sobre “ Ense- 
ñanza Sexual ”, en la cual consideraría la labor realizada en nues- 
tro país sobre este asunto, las necesidades de una moral biológica 



Pedagogía y Conducta Sexual 


30) 


como fuerza ética moderadora del instinto sexual, y lo de no muti- 
lar los programas de enseñanza, en la parte relativa a la Historia 
Natural, las consecuencias sociales y morales del acto sexual, la 
alta función de la maternidad y su necesaria protección. 

La Dra. Luisi llevaría a sus auditores el fruto de sus estudios 
respecto a tan interesante problema, que había considerado ya en 
conferencias pronunciadas en París, Madrid, Lausana y Cristianía 
(Oslo) . 

Para tal fin habíase obtenido el Ateneo. Cuando llegó la hora 
de la conferencia, éste rebosaba de concurrentes. No menos de cua- 
trocientas personas habían quedado en la calle por insuficiencia del 
local. Se hicieron gestiones ante el Secretario del Instituto aludido 
para pasar al salón de actos públicos, pero todos los esfuerzos rea- 
lizados en este sentido, se estrellaron frente a la más rotunda de las 
negativas. 

En ésto llegó la conferencista, resultándole imposible arribar a 
la tribuna. 

Ante ese hecho provocado por la afluencia de público, los ini- 
ciadores del acto, pidieron a la Dra. Luisi su postergación a fin 
de que él pudiera efectuarse en uno de nuestros teatros, cuyo al- 
quiler sería pagado por suscripción popular. 

La destacada profesional fué acompañada entonces hasta su ca- 
sa por numeroso público y al llegar allí el Sr. Gandolfo, interpre- 
tando un sentir colectivo, hizo oír frases de censura para la direc- 
tiva del Ateneo. 

Luego de oír la palabra de la Dra. Luisi, quien agradeció aque- 
lla manifestación, el pueblo llegó hasta nuestra casa, para dejar 
sentada su protesta. Quede ella expresada en estas líneas y destá- 
quese además, una vez por todas, que nuestro Ateneo nada tiene 
que ver con los institutos que por su amor al arte y a la ciencia 
merecen ese nombre histórico. 

"El Día”, edición de la mañana. — 13 de setiembre de 1923. 

# 

Lo que jamás aquí se vió 

La Dra. Paulina Luisi tuvo que suspender la Conferencia por exceso 

de público 

Sabíamos que muchas conferencias y otros actos de carácter pú- 
blico, se suspenden por ía lluvia, el viento, por falta de público, 
por intervención de la Policía, por indisposición del conferenciante, 
en fin, por otra» causas. 

Pero lo que nunca imaginarnos, lo inconcebible, lo inconmensura- 
blemente asombroso, fué lo que sucedió anoche. 

A las nueve debía realizarse la anunciada conferencia de la Dra. 
Paulina Luisi en el Ateneo y el acto tuvo que suspenderse. . . por 
exceso de público. 

20 



306 


Paulina Luisi 


Era tal la aglomeración de público en las escaleras y en la 
calle que la concurrencia resolvió organizar una manifestación acom- 
pañando a la Sra. Luisi hasta su domicilio. 

Esto es lo único que nuestro asombro nos permite consignar a 
la vez que es el mayor elogio para la Dra. Luisi. 

Suponemos que ahora, la distinguida conferencista tendrá que 
pronunciar su disertación, por lo menos, en el Parque Central. (Aún 
no existía el estadio). 

“La Democracia”. — 12 de setiembre de 1923, 

* 

“Conferencias” 

Debido al exceso de público que pretendió asistir al acto, tuvo 
que suspenderse la conferencia que sobre el tema “Enseñanza Se- 
xual”, debió pronunciar anoche bajo los auspicios del Centro Cul- 
tural “Liceo Nocturno” la Dra. Paulina Luisi. 

Un público numeroso, no menor de 1000 personas entre las que 
se contaban numerosas señoras, ocuparon completamente el sótano 
del Ateneo, quedando en la calle muchas de ellas. 

En vista de eso, y dada la excitación del público que se negaba 
a toda costa a abandonar el salón y no habiéndose conseguido la 
habilitación del gran salón de actos del Ateneo, a pesar del insis- 
tente pedido de la concurrencia, los componentes del Centro Cultu- 
ral, resolvieron suspender la conferencia la que se realizará en el 
local y hora que se anunciará oportunamente. 

La concurrencia en son de protesta por la negativa del portero 
del Ateneo (que por otra parte nada podía resolver por sí mismo) (1) 
se trasladó en manifestación hasta el domicilio de la Dra. Luisi, vi- 
vando a la distinguida profesional. 

La Dra. Luisi pronunció breves palabras agradeciendo la de- 
mostración de simpatía de que era objeto y exhortando a los com- 
ponentes del Centro Cultural “Liceo Nocturno”, a continuar desa- 
rrollando la obra de divulgación cultural que llevan a cabo. 

“La Mañana”. — 12 de setiembre de 1923. 

* 


(1) Los hechos no se produjeron exactamente como lo narra el perió- 
dico. Ante el exceso de público la Directiva del Liceo Nocturno pidió la ha- 
bilitación del salón grande: el portero declaró que él no podía resolver, pe- 
ro que se dirigieran al Presidente del Ateneo, lo que fué hecho. El Dr. Wi- 
lliman lo negó rotundamente, pese a los repetidos ruegos que se le hicieron 
y a que se le hizo presente la enorme cantidad de público que esperaba para 
oír la Conferencia. No hubo caso. Se reiteró la rotunda negativa lo que 
causó la indignación del pueblo que esperaba en la calle. ' 



Pedagogía y Conducta Sexual 


307 


Edificante 

La Dra. Paulina Luisi se vió obligada anoche a suspender su 
conferencia, porque el gran público que se había dispuesto a escu- 
char su interesante palabra, no podía ser contenido en el sótano que 
cede “gentilmente” el Ateneo, cada vez que se le solicita su sala 
para actos de esta naturaleza. 

Si el Ateneo hubiera abierto al gran público su amplio recinto 
del primer piso, la Dra. Luisi hubiera podido dar su conferencia 
y el auditorio y la prestigiosa intelectual hubieran ocupado el sitio 
que merecen, desde luego. 

De donde se deduce que el Ateneo no sólo no realiza una obra 
propia en favor de la cultura del país, sino que ni siquiera estimula 
la más altas manifestaciones del pensamiento del país. 

Esto no quiere decir, naturalmente, que el Ateneo deba cerrar 
sus puertas, sino que los espíritus que tengan la preocupación su- 
perior de dedicarnos sus mejores enseñanzas, deben recurrir a otras 
instituciones que concedan un poco más de trascendencia a estos 
actos, cuando se trata de reclamar una tribuna adecuada. 

Queda probada así la indiscutible inutilidad del Ateneo, y ase- 
gurada, con toda firmeza, la hipótesis de que el Ateneo no es más 
que un sólido edificio. . . 

“Las Noticias”. — 12 de setiembre de 1923. 
* 

Incidente enojoso en él Ateneo 

Anoche la talentosa compatriota Dra. Paulina Luisi, debía di- 
sertar desde la tribuna del Ateneo, a solicitud del prestigioso Cen- 
tro Cultural “Liceo Noeturno”. Hecha hace algún tiempo la co- 
rrespondiente solicitud, el Ateneo dispuso se habilitara para ese acto 
el pequeño salón del sótano. 

Pero la concurrencia, que ascendía aproximadamente a mas de 
un millar de personas, llenando el local dispuesto y parte de la ca- 
lle, exigió a la llegada de la disertante, que se habilitara el salón 
de los altos, en razón de la mayor capacidad que él posee, y que 
permitiría el acceso de todas aquellas personas, entre ellas muchas 
damas, que se veían obligadas a permanecer en la calle. 

Pero al igual que otras veces, los pedidos fueron en vano, ree- 
ditándose el inevitable incidente enojoso a que ha dado lugar siem- 
pre. en análogas circunstancias, la intransigencia de los encargados 
o dirigentes del Ateneo. 

La Dra. Luisi se vió pues imposibilitada de hablar, organizándose, 
una vez acallado el tumulto, una columna que acompañó hasta su 
casa a la distinguida intelectual, quien agradeció desde los balcones 
de su domicilio, la espontánea manifestación de simpatía de que fue- 
ra objeto. Pronunciaron también vibrantes palabras de condenación 



308 


Paulina Luisi 


por la actitud a todas luces antipática de los dirigentes del Ateneo, 
un delegado del Centro que patrocinaba el acto y el Sr. Eduardo 
Gandolfo. 

“El Paía”. — 12 de setiembre de 1923. 


Lo s que querían oír a la Dra. Paulina Luisi 

Publica una gran fotografía de la concurrencia y comenta: 

Parte de la concurrencia que asistió anoche al Ateneo con el 
propósito de oír la conferencia de la Dra. Paulina Luisi, acto que 
no pudo realizarse, precisamente por el exceso de espectadores con 
relación a la capacidad del local. 

“El Diario”. — 12, de setiembre de 1923. 

* 

Lo que aquí se vtó 
En Yanquilandia estaría en veremos 

Anoche se registró en nuestra ciudad un acontecimiento que 
merecería el honor de ser noticiado “Urbi et orbi”, haciendo vi- 
brar el cable, el telégrafo sin hilos, el radioteléfono, las ondas hert- 
zianas, el éter, la mar! 

Nos referimos al hecho de haber sido suspendida una confe- 
rencia por exceso de público. Así, como suena. 

La Dra. Paulina Luisi, cuando llegó anoche al Ateneo, para 
dar su anunciada disertación sobre “Enseñanza sexual”, no pudo 
abrirse paso hacia la tribuna. Y el acto debió suspenderse. Se tra- 
tará de realizarlo en un teatro. 

En Yankilandia, país de lo asombroso, no ocurriría tal cosa. A 
lo sumo, por exceso de público se suspendería un match Dempsey- 
Firpo. 

Pero en Yankilandia, es posible que los Ateneos tengan abier- 
tas las puertas de sus mejoras salones, para los actos intelectuales. 

Quizá ahí radique la diferencia. 

“Telégrafo”. — 12 de setiembre de 1923. 




Sección Macanitas 

La Dra. Paulina Luisi debía hablar ayer en el Ateneo. Pero 
fué imposible 1 . La Directiva había cedido el sótano y el público exi- 
gió para la conferencia el salón de arriba. 

No hubo acuerdo posible, y la Dra. Luisi volvió a su casa es- 
coltada por los admiradores. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


309 


Habló, al fin desde su balcón. 

Becomendamos el procedimiento hasta que no sea el Ateneo . . . 
un Ateneo. 

“Telégrafo”. — 12 de diciembre de 1923. 
# 

Por exceso de público 

Según lo habíamos anunciado, anoche debía realizarse la con- 
ferencia que sobre “Educación Sexual”, daría la Dra. Paulina Lui- 
si en el Ateneo. 

Era de tan trascendental importancia el tema que nuestra ilus- 
trada compatriota había de tratar que, el público, otras veces rea- 
cio a esta clase de reuniones buenas, anoche por lo contrario se ha- 
bía reunido en tal cantidad que resultaba excesivo para el pequeño 
salón del sótano que las autoridades del Ateneo habían destinado 
para el acto. 

Desde mucho antes de la hora, una gran cantidad de público 
se había reunido frente al Ateneo, para ocupar los primeros pues- 
tos, resueltos a no perder nada absolutamente, de lo que la auto- 
rizada médica dijera, sobre el tema de tal trascendencia social que 
se había propuesto desarrollar. 

En vista de que era materialmente imposible alojar tal can- 
tidad de oyentes, se solicitó de las autoridades del Ateneo, la habi- 
litación de otro salón más amplio. No fué atendido el pedido y la 
Dra. Luisi tuvo que desistir de su propósito y suspender la anun- 
ciada conferencia, siendo acompañada hasta su domicilio, en im- 
provisada manifestación, por un millar de personas, a las cuales 
dirigió la palabra desde el balcón de su casa, censurando con jus- 
ticia la actitud de las autoridades del Ateneo. 

En oportunidad diremos cuándo y dónde se realizará la con- 
ferencia que por tal causa fué anoche suspendida. 

“La Tribuna Popular”, — 12 de setiembre de 1923. 
* 

C 

En el Teatro Artigas 

Sobre enseñanza sexual 

Desde temprano, comenzó a llenarse el local. Todas las locali- 
dades, incluso el palco escénico, las escalerillas del anfiteatro que 
es la platea del Artigas y hasta el vestíbulo deL teatro desbordaban 
de público, que llegaba hasta la acera de la calle Andes. 

Se sentía que había no sólo interés, sino un tantico de mar de 
fondo ... 

Uno de los sectores de la segunda galería estaba lleno de jó- 
venes de muy parecido aspecto. Comentaban con chascarrillos de 



310 


Paulina Luisi 


mal gusto y a veces hasta ofensivos para la conferenciante. Parecían 
una comunidad. Se dijo después que todos ellos pertenecían a los 
talleres de cierta comunidad religiosa. 

No había comenzado aún la conferencia, cuando en aquel sec- 
tor los comentarios subieron de tono. Se respiraba un ambiente de 
lucha o de amenaza. 

Pero mis bravos muchachos del Liceo nocturno estaban alerta. 
Habían logrado infiltrarse en el sector adverso. A un momento dado 
a lo que parece se llegó a una escena de pugilato. Los estudiantes 
sacaron hasta con auxilio de las cuatro extremidades a los más vio- 
lentos, arrojándolos al pasillo, y haciendo frente al grupo le diri- 
gieron la siguiente advertencia: “al primero que se permita una 
palabra malsonante lo tiramos de la baranda abajo”. Brava y re- 
suelta debió mostrarse la actitud de la muchachada liceal que ei mal 
intencionado sector, quedó como las olas de la mar picada, rociadas 
con aceite . . . 

Abajo se atribuía el pequeño tumulto a la consecución de loca- 
lidades. . . 


* 

Bajo los auspicios del centro cultural “Liceo Nocturno” se rea- 
lizó anoche en el teatro Artigas la anunciada conferencia sobre “En- 
señanza Sexual”. 

Debido a la extraordinaria afluencia de público, al cronista en- 
cargado de esta sección, le fué imposible ubicarse en lugar apro- 
piado para oír a la ilustrada conferencista. 

Sabemos por personas autorizadas que la disertación de la Dra. 
Luisi fué brillante en todo concepto, haciéndose acreedora, al final 
del acto, a calurosas ovaciones. 

“La Miañaría”, r— 18 de setiembre de 1923. 
* 

Paulina Luisi obtuvo anoche uno de los más grandes y con- 
sagratorios triunfos de su vida de incansable batalladora : el pú- 
blico que por completo llenó las localidades del teatro Artigas, ha- 
bla elocuentemente, por este sólo hecho, del prestigio que ha llegado 
a adquirir en nuestros centros de estudios, la ilustrada compatriota. 
El silencio respetuoso con que fueron oídas sus palabras y la en- 
tusiasta manifestación que premió su labor, son un signo inequí- 
voco de la brillantez con que la oradora desarrolló el interesante 
tema de la “Enseñanza Sexual”. 

Podemos decir que la oradora, antes que defraudar el vivo in- 
terés que había despertado el anuncio del acto realizado anoche, 
logró brillar a una gran altura durante su conferencia, que algo 
más que una disertación de vulgarización, fué un concienzudo y 
científico estudio, abundando en sutiles observaciones personales y 



Pedagogía y Conducta Sexual 


311 


basado en una documentación de origen y seriedad insospechables. 

Es con satisfacción que hacemos resaltar el merecido triunfo de 
nuestra primera Doctora en Medicina, que significa en parte, la ple- 
na aceptación de la intervención de la mujer en los distintos ór- 
denes de las actividades intelectuales. 

“El Diario”. — 18 de setiembre de 1923. 
* 


Como se esperaba, la sala del teatro Artigas resultó pequeña 
para contener al público que acudió a escuchar la sabia palabra de 
la Dra. Paulina Luisi sobre un tema tan interesante como el de 
“Enseñanza Sexual”. 

Notábase entre el público la presencia de numerosas damas, lo 
que va demostrando que el espíritu femenino se va despojando en- 
tre nosotros de rancias preocupaciones. 

La conferencista fué saludada por una estruendosa salva de 
aplausos al aparecer en el escenario. Tras un breve exordio, la Dra. 
Luisi' entró en el tema de su disertación que constituyó una hermosa 
lección llena de útiles y saludables enseñanzas. 

Sostuvo la necesidad de una moral biológica como fuerza ética 
moderadora del instinto sexual. Hizo el elogio de la castidad y la 
continencia. Tuvo pasajes sumamente felices cuando habló de las 
responsabilidades morales y legales del acto sexual, y entonó un 
elocuente himno a la maternidad. 

Fué la suya, en definitiva, una brillante conferencia con todo 
el alto valor moral de un acto de bien, aquilatado por una erudi- 
ción científica de primera agua. 

La Dra. Luisi fué muy aplaudida en diversos pasajes y al fi- 
nal de su bella disertación. 

"El Sol”. — Setiembre de 1923. 


• 

Como lo adelantamos en nuestra edición de la mañana, anoche, 
ante la numerosa concurrencia que llenaba totalmente la sala del 
“Artigas”, dictó su conferencia sobre “Enseñanza Sexual”, la Dra. 
Paulina Luisi. 

La definición sintética que la conferencista dió al tema que 
trató es la siguiente: 

“La enseñanza sexual es la acción pedagógioa que tiende a so- 
meter el instinto sexual a la acción de la voluntad, bajo el contralor 
de la inteligencia instruida, consciente y responsable”. 

Debemos hacer notar que esta definición del tema fué ya discu- 
tida en el Congreso reciente de París, al que la presentó la Dra. 
Luisi y aprobado por unanimidad. 



312 


Paulina Luisi 


Es por lo tanto personal de la conferencista esta definición . y 
no de diversos autores como se ha dicho por error al dar cuenta del 
acto de anoche, que obtuvo el más lisonjero de los éxitos, por los 
beneficios que la disertación ha de llevar a la masa del pueblo que 
concurrió al “Artigas” a oír a la Dra. Luisi. 

“El Día”. — 18 de setiembre de 1923. — Edición de la tarde. 

\ . 

# 

Tuvo lugar anoche en el teatro Artigas, con enorme éxito, la 
anunciada conferencia de la Dra. Paulina Luisi, sobre “Enseñanza 
Sexual”. 

Ante un público numerosísimo que rebasaba la capacidad de 
la sala, la ilustrada conferencista expuso los principios racionales de 
la enseñanza sexual de acuerdo con la experiencia realizada hasta 
el presente, y los importantes estudios realizados en esta materia. 

La Dra. Luisi, que ha sido siempre la más activa propagan- 
dista de la nueva orientación de la enseñanza sexual, hizo un tra- 
bajo sumamente interesante que el auditorio supo premiar con gran- 
des aplausos. 

“El Día”. — 18 de setiembre de 1923. — Edición de la mañana. 

• 

La conferencia de la Dra. Luisi que días pasados fué anunciada 
en el Ateneo y que debió suspenderse por lo exiguo del local para 
contener a la numerosa concurrencia, se realizó ayer en el teatro 
Artigas. 

Desde mucho antes de la hora indicada, las amplias instalacio- 
nes del teatro de la calle Andes estaban totalmente ocupadas por 
un público numerosísimo entre el que figuraban no pocas damas. 

La Dra. Luisi con su elocuencia característica, desarrolló el in- 
teresante programa anunciado, entre las salvas de aplausos con que 
frecuentemente era interrumpida. 

Habló de la necesidad d£ devolver al acto fundamental de la 
vida, el carácter noble que le tiene asignado la propia naturaleza, 
y alejarlo del rol que generalmente desempeña, al que lo han arro- 
jado la perversión de los sentidos gobernados por el instinto, al que 
debemos siempre tener bajo el contralor de la inteligencia instruida, 
dependiente de la voluntad, en posesión de una conciencia responsable. 

Condenó las modas por las que se rige actualmente el sexo fe- 
menino: modas en el vestir, modas de caminar, modas en general 
que en vez de despertar el amor en el que ha de ser el compañero, 
despiertan los deseos de la lujuria en todos los hombres. 

Condenó las le,yes que rigen la sociedad actual llenas de pre- 
juicios que conducen necesariamente al mal y finalizó haciendo re- 
saltar la necesidad de terminar de una vez por todas, con la ver- 
güenza de los bajos fondos. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


31.V 


El “Centro Cultural Liceo Nocturno”, que patrocinó esta con- 
ferencia, obsequió a la Dra. Luisi, terminada ya su interesantísima 
disertación, con un hermoso ramo de flores naturales. 

“La Democracia”. — 18 de setiembre de 1923. — (Con fotografía del acto a 

tres columnas) . 


La Dra. Luisi en la tribuna 

Por venturosa excepción, este artículo está dedicado a una mu- 
jer que, del punto de vista de su merecimiento intelectual, vale y 
pesa más que muchos hombres juntos. Y al hacer esta afirmación 
está lejos de nosotros la idea de un descubrimiento. 

Con efecto, la Dra. Paulina Luisi, figura de prestigiosa noto- 
riedad dentro y fuera del país, (como diría un cronista cualquiera 
en el complicado dialecto de un suelto periodístico), no necesita, ni 
ser descubierta, ni mucho menos ser presentada, porque donde Pau- 
lina se presenta ya está descubierta, y donde se descubre ya está 
presentada. Y toléresenos este suave jueguito de palabras, del que 
surge por lo demás una fácil constatación. 

No diremos tampoco de esta luchadora que es de las mujeres 
que más han trabajado por su país, porque sería una pueril re- 
dundancia. 

La Dra. Luisi, hace muchos años que con sus valientes arres- 
tos, honra a la feminidad nacional, y conste que nosotros, malgré 
nuestra condición de avanzados, sonreímos con elegante escepticismo 
cuando de problemas feministas se habla. 

No es óbice ésto para que admiremos en Paulina, al tipo re- 
presentativo y selecto de la mujer fuerte, denodada y valiente has- 
ta donde sus vestiduras lo permiten. 

Mujeres así, con bastante gallardía espiritual, para ubicar los 
prejuicios del siglo, entre la suela y el taco, son las que nos hacen 
falta. 

No teniendo pues, visiblemente al menos, más que ésta, es a 
ella a la cual debemos rendir nuestro tributo. 

Anoche, ante un público macizo y entusiasta, la Dra. Luisi ha- 
bló desde el escenario del Artigas. Confesamos que el auditorio, — 
impenetrable bosque de cuerpos, — nos impidió oír la voz de nues- 
tra simpática intelectual. No la oímos, pero afirmamos sin incurrir 
en temeridad ni en ligereza, que habló bien, que dijo cosas eficaces 
y . . . saludables. 

No otra cosa se podía esperar de quien, como la Dra. Luisi, 
ha vivido una vida, que, si todavía es joven en extensión, es rica 
y pródiga en intensidad. 

Su conferencia de anoche, en la que puso a prueba una vez 
más, su singular temperamento y su vasta capacidad mental, nos 



314 


Paulina Luisi 


consuela de la triste pobreza del medio en que vivimos. Nuestro 
aplauso para ella, y nuestra felicitación para los que tuvieron la 
suerte de oírla. 

“Las Noticias”. — 18 de setiembre de 1923. — (Editorial). 

\ i 

Un éxito magnífico 

El Centro cultural “Liceo Nocturno” que patrocinó la confe- 
rencia que la Dra. Paulina Luisi dió anoche sobre “Enseñanza Se- 
xual”, obtuvo un señalado éxito. Antes de la hora indicada, la sala 
del Artigas estaba totalmente ocupada por una numerosa concurren- 
cia, entre la que se notaban numerosas damas, evidenciándose con 
ello el justo prestigio que tiene entre nosotros la Dra. Paulina Luisi. 

El hecho de que esta conferencia debió suspenderse por causas 
que ya son del dominio público, teniéndose que habilitar el teatro 
Artigas para dar cabida a una mayor concurrencia, hizo que la con- 
ferencia de la Dra. Luisi despertara una enorme espeetativa. 

Con su proverbial elocuencia, la inteligente conferencista desa- 
rrolló el programa anunciado, siendo continuamente interrumpida por 
los aplausos de la concurrencia. 

Constituyó esta conferencia una saludable lección de Higiene So- 
cial, llena de útiles enseñanzas. La Dra. Luisi sostuvo la necesidad 
de una moral biológica como fuerza ética, amenguadora del instinto 
sexual. 

Elogió la continencia y la castidad y habló de las responsabili- 
dades morales y legales del acto sexual. 

Asimismo condenó la vanidad femenina que se rige por ciertas 
modas, no para despertar el amor en el que ha de ser su compañero, 
sino despertando los deseos eróticos de los hombres. 

Mencionando las costumbres de la sociedad actual, llenas de pre- 
juicios cuyos resultados son el mal; destacó la necesidad de termi- 
nar definitivamente con la enorme vergüenza de los bajos fondos, 
antros del crimen y del vicio. 

Fué en suma una conferencia brillante, en la cual la Dra. Luisi, 
evidenció una vez más las altas cualidades de su capacidad científica. 

El “Centro Cultural Liceo Nocturno”, obsequió a la Dra. Luisi 
con un artístico ramo de flores. 

“Las Noticias”. — 18 de setiembre de 1923. 

* 

Como lo habíamos venido anunciando, tuvo lugar anoche, en el 
teatro Artigas, la conferencia de la Dra. Luisi sobre “Enseñanza 
Sexual”, que como se sabe debió realizarse el martes p.p. en los 
salones del Ateneo, y que debido a la poca cortesía de las autori- 
dades de dicha institución, hubo necesidad de suspender. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


315 


El prestigio de la conferencista, Dra. Luisi, y lo interesante del 
tema por ella a desarrollar, atrajo, desde las primeras horas de la 
noche al Artigas, gran cantidad de público de ambos sexos, notán- 
dose la presencia de conocidos hombres de ciencia y destacados ele- 
mentos de nuestras principales esferas sociales. 

A las 9 y 30 la Dra, Luisi daba principio a su brillante diser- 
tación, en medio de los estruendosos aplausos de aquella ola humana 
que llenaba de bote a bote el teatro. 

Antes de entrar de lleno a la consideración del tema a tratar 
hizo un ligero exordio, manifestando que desde hace muchos años 
trabaja activamente para que se establezca en las escuelas la obliga- 
toriedad de la enseñanza sexual. 

Dijo que en todos los congresos médicos a que le ha tocado asis- 
tir se ha ocupado de este problema, especialmente, que por su im- 
portancia debe merecer la atención de todos los hombres de ciencia. 

Habló después de la necesidad de una moral biológica, como 
fuerza ética moderadora del instinto sexual, extendiéndose al res- 
pecto en largas e interesantes consideraciones, siendo interrumpida 
repetidas veces por los aplausos del auditorio. 

Siguió después considerando los interesantes puntos, que guar- 
dan relación con los medios por los cuales asegura debe irse a la 
enseñanza sexual. 

Sigue la crónica exponiendo los diversos temas y concluye di- 
ciendo : 

A las 11 y 30 la Dra. Luisi daba término a la conferencia, en- 
tre grandes salvas de aplausos que se prolongaron por espacio de 
varios minutos. 

Vayan nuestras sinceras felicitaciones para los compenentes del 
Centro Cultural “Liceo Nocturno”, bajo cuyos auspicios se realizó 
esta conferencia y para la distinguida conferencista Dra. Paulina Lui- 
si, honra del Cuerpo Médico Nacional. 

También “La Tribuna Popular” (1). — 18 de setiembre de 1923. 


(1) He escrito la palabra también, porque este diario prestó sus colum- 
nas a una serie de artículos, que alguna vez fueron irrespetuosos, de un se- 
ñor X., no vale la pena nombrarlo, aunque los firmaba: Se trataba de un 
acólito del doctor Morelli...! Por eso mi grata sorpresa de encontrar en 
las columnas de ese periódico, la crónica transcrita. 




TITULO X 


El problema de la Enseñanza Sexual en la 
Liga de Naciones <*> 


La Sección o Comisión Consultiva de Asuntos Sociales tenía dos 
cometidos definidos y distintos. 

“La Trata de Mujeres” a la que se agregó más tarde “La 
protección de la infancia y la juventud”. 

En la 4* reunión de la Sección de Asuntos Sociales, correspon- 
diente al año 1925 se hizo una división bien definida entre ambos 
asuntos. La “Comisión contra la Trata”, conservó sus característi- 
cas, pero hubo que determinar la constitución, características y plan 
de trabajo de la segunda Comisión recién creada por el Consejo que 
confió estos asuntos a la competencia de la Sección Social de la Liga. 

En su sesión del 2 de mayo ésta designó una Sub-comisión para 
preparar el programa de trabajos de la “Protección de la Infancia 
y la Juventud”, que había de ser sometida a su aprobación, para 
que iniciara sus trabajos la comisión recién creada. 

La sub - comisión estaba compuesta por los representantes de los 
gobiernos de: 

Bélgica, Ministro Cartón de Wiart 

Gran Bretaña, Mr. Harris 

Dinamarca, Dra. Estrid Hein 

Estados Unidos de América, Miss Grace Abott 

Francia, Ministro Regnault 

Italia, Ministro Marqués Paolucci de Calboli 

Uruguay, Dra. Paulina Luisi. 

Se designó además dos asesores permanentes: 

Por la “Asociación Internacional de Protección a la Infancia”: 
Maítre Henri Rollet 

Por la Liga de Sociedades de las Cruces Rojas: 

Dr. Med. Humbert. 


(1> Comfsfé» de Asunto» Sociales, que comprendía la Comisión contra 
3a trata de Mujeres y la Comisión de Protección a la Infancia y la Juven- 
tud, las que sesionaban a continuación una de otra. 



318 


Paulina Luisi 


En esa misma sesión de la Comisión Consultiva de Asuntos So- 
ciales, los delegados integrantes sugirieron a los miembros del Sub- 
Comité numerosos y diversos sujetos de estudio, de los más varia- 
dos; cada uno de los miembros de la Comisión proponiendo aquéllos 
que más le interesaban personalmente. 

Entre ellos: Dame Katherine Furse, Asesor designado por la 
“Organización Internacional de Boy Scouts y Girl Guides”, destacó: 

“ ... la importancia del problema de la educación para el cual no 
se ha creado Comisión alguna en la Sociedad de Naciones. Esta cues- 
tión es tanto más importante cuanto que concierne, no sólo a los 
niños, sino también a los padres muy a menudo carentes de cono- 
cimientos para abordarla sobre todo en las cuestiones sexuales”. (1) 

Por lo que me concierne como Empresentante del Uruguay, ha- 
biendo ya propuesto a la Comisión en su reunión del año anterior 
el estudio de un asunto que consideré grave y urgente — por ha- 
ber debido considerarlo en sus diversos aspectos como Presidente de 
la Comisión de Unidad de la Moral de la Alianza Internacional de 
Mujeres, la más activa y difundida de las Sociedades Internaciona- 
les; — insistí en la prosecución de la investigación sobre “ Edad 
del matrimonio y edad de consentimiento” sobre la cual, la Comi- 
sión de Asuntos Sociales publicó documentado informe. (2) 

Pero la proposición de la señora Furse refiriéndose a un asun- 
to que he estudiado con predilección, me interesó vivamente, y la 
defendí con entusiasmo, siendo las dos solas personas que en aque- 
lla sesión se interesaron por ella. 

El acta de la sesión, dice: 

“La Dra. Paulina Luisi, Uruguay, apoya las afirmaciones de 
la Sra. Catalina Furse, sobre la necesidad de abordar la Enseñanza 
Sexual, asunto que cree del mayor interés, y que ella misma ha 
estudiado ampliamente y redactado numerosos trabajos al respecto. 

“Propone que, dado los diversos aspectos del problema y los 
diferentes conceptos a su respecto, la resolución de la Comisión sea 
redactada con suficiente amplitud de espíritu, en forma de encararlo 
en toda su importancia, especialmente del punto de vista de la mo- 
ral, la higiene, la educación del carácter y la creación del senti- 
miento de la responsabilidad genésica. Le parece que considerarlo so- 
lamente del punto de vista de la educación de los padres es limi- 
tar demasiado el asunto. 

“Propone la fórmula siguiente: 


(1) Pág. 103, de las Actas de la 4> reunión de la Comisión de Asun 
tos Sociales. Doc. C. 382. M. 126, 1925 (IV). 

(2) Véase nota al final de este capítulo. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


519 


“Hacer un estudio sobre los métodos convenientes para reali- 
zar la Enseñanza Sexual en todos sus aspectos”. (1) 

El Dr. Humbert dice que “en numerosos estudios hechos al 
respecto se ha adoptado la expresión “educación biológica” en lu- 
gar de educación sexual a fin de contemplar las susceptibilidades de 
los padres, y pide que se emplee esa expresión y la proposición se 
redacte con esta modificación. (2) y (3). 

Todos los temas propuestos incluso el de la enseñanza sexual 
pasaron a estudio de la subcomisión antes mencionada. 

La discusión para elegir los temas propuestos fué larga, áspera, 
ruda en lo que toca a enseñanza sexual. 

El Dr. Humbert dió preferencia a otros asuntos; los tres em- 
bajadores representando el tipo conservador y confesional, delega- 
dos de Bélgica, Cartón de Wiart; Francia, Mr. Regnault e Italia, 
Paolueci de Calboli, le fueron absolutamente contrarios; y algo más 
que contrarios, consiguiendo apartarlo de los temas aconsejados de 
preferencia; hubo quien pretendió sustituirlo por la lucha contra el 
alcoholismo sobre una sugestión hecha en Comisión por él repre- 
sentante de Polonia Sr. Posner. 

Los temas elegidos para iniciar los trabajos de ía Comisión fue- 
ron presentados por el Sub-comité en una lista con orden preferen- 
cial. 

He aquí el orden de importancia en que fueron presentados 
dichos temas para elección. 

I. — Una recopilación de las leyes relativas a la protección de 
la vida y la salud de los niños de menos de tres años (corresponde 
la Organización de Higiene). 

II. — Una recolección de leyes sobre la edad de consentimiento 
y la edad del matrimonio. (4) 

III. — Repatriación de los niños delincuentes o moralmente 
abandonados. 

IV. — Trabajo de los niños y aplicación de la Convención de 
"Washington (corresponde a la Organización del Trabajo). 

V. — Subsidios familiares. 

VI. — Efectos del cinematógrafo sobre el bienestar mental y 
moral de los niños. 


(1) Pág. 104, documento citado. 

(2) Pág, 106, ibid. 

(3) La expresión propuesta por el Dr. Humbert es la que han adopta- 
do los que se han ocupado de la enseñanza sexual del punto de vista hi- 
giénico y profiláctico. Por mi parte, estuve y estoy plenamente de acuerdo. 
En mi trabajo al Congreso de París, y al Congreso de Sociología de Roma 
(1923), propongo precisamente “una moral biológica”. 

(4) Documento ya citado. 



320 


Paulina Luisi 


Luego agrega el informe: (1) otros temas podrían ser objeto 
de una documentación, como “Adopción”, “Estatuto de la infancia 
abandonada”, “Edad en que cesa la enseñanza primaria”, pero la 
sub-comisión ha decidido aconsejar que se dé prioridad a los temas 
citados primero. 

En adición a los temas ya enunciados, la Comisión, a pedido 
de varios Delegados y Asesores, propone tengan presente para una 
futura consideración los temas siguientes: 

I. — Recreos infantiles. 

II. — Educación sexual. 

III. — Infancia moralmente abandonada y delincuente. 

Como se vé el asunto de la enseñanza sexual, pese a la nueva 
denominación propuesta, fue colocado el penúltimo de la lista, pre- 
cedido por algunos como: “Recreos infantiles”, “Determinación del 
límite de la edad escolar”, “Protección de la salud de la primera 
infancia”, asuntos estos de la competencia de otras Comisiones £ 
Organizaciones de la Liga. 

Pero fué tal el escándalo producido por la sola presentación 
de “La enseñanza sexual”, pese a la nueva apelación de su padrino 
el Dr. Humbert, que los laboratorios misteriosos de la Secretaría de 
la Liga transformaron la proposición clara y terminante que como 
Delegada del Uruguay hice a la Comisión,, a saber: 

“Estudiar en todos sus aspectos los métodos más acertados pa- 
ra realizar la enseñanza sexual”. 

Por la siguiente presentación: 

“Educación biológica. La comisión comprende con esta expre- 
sión, no sólo la educación de los niños desde el punto de vista de 
sus deberes y obligaciones hacia el otro sexo; sino igualmente la 
cuestión más limitada de la higiene de la adolescencia. 

“La Comisión reconoce las grandes dificultades que se oponen 
a este asunto, no obstante lo cual propone para la próxima reunión 
que sus miembros procedan a un cambio de ideas a fin de ver si 
sería oportuno estudiar con algún detalle una parte cualquiera de 
la educación del carácter en este terreno. (2) 

La oposición al estudio de este tema, no impidió al Relator so- 
bre “La protección a la infancia contra los peligros del cinemató- 
grafo”, Marqués Paolucci de Calboli, afirmar en su informe que, 
de acuerdo con el pedido del Conde Cartón de Wiart era necesario 


(1) Propuesto por la Delegada del Uruguay en la reunión anterior. Véa- 
.se nota al final de este capitulo. 

(2) Pág. 116, documento citado. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


321 


este estudio con el fin de asegurar el respeto a la infancia ; y ter- 
minó con las afirmaciones siguientes: 

“Mas que todas las medidas de protección, hay otro punto de 
gran importancia; una condición “sine qua non” para que esta ac- 
ción pública y privada, preventiva y regresiva pueda ser ejercida 
en un medio favorable. 

“Es la educación moral de las masas para que su standard sea 
más elevado. La elevación de la moralidad pública sabrá imponer 
sus voluntades a los especuladores cinematográficos en el interés de 
todos y en primer lugar el interés del niño”. 

Oyendo en labios del diplomático fascista estas ideas y com- 
parándolas con su encarnizada oposición a la enseñanza sexual, com- 
partida con sus colegas belga y francés, me preguntaba si estos se- 
ñores tenían conocimiento de lo que es la enseñanza sexual. . . má- 
xime habiéndolos visto a esos mismos señores y en esta Sección de 
Asuntos Sociales, Comisión Trata de Mujeres, actuar con igual de- 
nuedo, contra la clausura de las casas de tolerancia! 

Pero esa misma tarde la delegada del Gobierno de los Estados 
Unidos Miss Grace Abott nos daba una grata sorpresa proveniente 
de la “Asociación Americana de Higiene Social”. 

Una carta-telegrama de su Presidente el Dr. Snow sometida a 
la Comisión el 27 de mayo de 1925, decía entre otras cosas: 

“He leído el informe del subcomité encargado de la infancia 
y me alegro que haya sido aceptado por la Comisión. 

“También he anotado con interés la declaración que las orga- 
nizaciones americanas querrán cooperar a estos trabajos sea econó- 
micamente, sea en otra forma que pueda ser útil a la Sociedad de 
Naciones. 

“En gracia a su sugestión, le ruego, si Ud. está de acuerdo, 
quiera comunicar a la Comisión Consultiva en la reunión de esta 
tarde, el deseo de la “American Social Hyigiene Association” de 
poner a disposición de la Sección Social de la Sociedad de Naciones 
la suma de 5.000 dólares destinada a la parte del programa que se 
refiere a la Higiene Social. 

“Hago este ofrecimiento habiendo sabido que una cordial aco- 
gida fué reservada a su declaración de Ud. que probablemente las 
Asociaciones Americanas encontrarán oportuno ayudar la nueva y 
vasta actividad- de la “Sección social”. 

...“si esta primera colaboración fuera eficaz la Asociación en- 
cararía con agrado la posibilidad de proseguir su colaboración... 
etc.”. 

William F. Snow. 

Esta donación generosa fué aceptada con entusiasmo y el do- 
nante agradecido por aclamación. 

Era y es conocida la actividad decidida y abnegada de la “Ame- 
rican Social Hygiene Association” respecto a las cuestiones de en- 
21 



322 


Paulina Luisi 


señanza sexual y fué con la intención de su estudio, declaró verbal- 
mente Miss Abott, que la oferta se había producido. 

Por lo demás el Dr. Snow envió un informe a esa reunión, pu- 
blicado con el título de: 

Observaciones del Dr. William F. Snow sometidas a la Comi- 
sión el 25 de mayo de 1925. (1) 

En él habla claramente de la enseñanza sexual, diciendo: 

“El Congreso Nacional de padres y profesores por intermedio 
de su Comité de Higiene Social, alcanza a un gran número de pa- 
dres y profesores, por medio de conferencias que da anualmente en 
ciertas regiones. Esta organización se ocupa especialmente de los 
problemas de la “enseñanza sexual” y de su aplicación más favo- 
rable a la infancia y también examina la cuestión de la trata de 
mujeres y los peligros que ofrece”. (2) 

En la reunión del año siguiente, 1926 a la que no me fué po- 
sible asistir, tuvo lugar la discusión sobre el destino de los 5.000 
dólares. 

La sesión fué muy agitada. Tanto, me escribía el Presidente 
de turno, Delegado de España don Pedro Sangro y Ros de Olano 
en una correspondencia personal, “tanto, que jamás la Comisión ha 
tenido reunión más borrascosa”. 

Claro que en tales condiciones a nada concreto se arribó en cuan- 
to al destino de la donación. 

En lo que toca a la educación biológica, después de tanta tor- 
menta se llegó a la siguiente declaración: (3) 

“Dado que ningún estudio previo ha sido aún efectuado por 
el Comité sobre 1a. educación biológica de los niños, éste decide pos- 
tergar el examen del asunto, aprobando la siguiente resolución: 

“El Comité, no habiendo recibido memoria alguna sobre la edu- 
cación biológica, se ha dado cuenta que el momento de discutir este 
asunto no ha llegado todavía. 

“Reconociendo no obstante que la educación biológica puede ejer- 
cer una influencia favorable sobre el desarrollo del carácter de los 
niños, enseñándoles a protegerse ellos mismos, el Comité ruega al 
Secretariado de inscribir esta euéstión en la orden del día de la 
próxima reunión o de una reunión ulterior”. (4) 

En la reunión del año 1927 el Presidente de Turno Delegado 
de Francia Ministro Regnault declara (5) que: 


(1) Doc. citado, C'. 382, pág. 94 y 95. 

(2) Doc. cit., C. 382, pág. 95. 

(3) Doc. 264. M. 103, 1926, IV, pág. 148. 

(4) Lo que en términos diplomáticos y parlamentarios equivale a un 
cortés “archívese”. 

(5) Doc. M. 121, 1927, IV, pág. 39 y 40. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


323 


“Después de haber discutido el empleo de la donación de 5.000 
dólares provenientes de la Asociación Americana de Higiene Social 
de Nueva York, propone que ella sea utilizada para la propaganda. 
La Comisión de la orden del día ha trazado ya planes muy pre- 
cisos para utilizar esta suma para la propaganda. Será muy útil 
para enterar al gran público sobre el trabajo de la Comisión. En- 
tiende que esa suma no debe servir sólo a la publicación de folletos 
y de libros, sino que su mayor parte debe ser reservada para una 
publicidad en gran escala”. 

Se discute brevemente y se aprueba la siguiente resolución: 

“La suma de 5.000 dólares habiendo sido donada en 1925 por 
el Bureau Americano de Higiene Social para las obras de protec- 
ción a la infancia. 

“La Comisión decide inscribir en la orden del día de la pró- 
xima reunión el destino que debe darse a esa suma. Se ha sugerido 
ciue podría ser eficazmente afectada a la propaganda”. 

En la sesión del 23 de marzo de 1928, de la que estuve ausente, 
el sub-comité nombrado al efecto presentó la proposición siguien- 
te: (1) 

El Comité de protección de la infancia ha examinado cuál 
podría ser el mejor destino a darse a la donación de 5.000 dólares 
ofrecidos en 1925 por la Asociación Americana de Higiene Social. 

“Después de haber examinado diversas proposiciones ha decidido 
que el mejor empleo que puede darse a esta suma es destinarlo al 
estudio del problema del niño expuesto a peligros de orden moral y 
social, a causa del ambiente en que vive”. 

Y sigue una serie de consideraciones al respecto y el plan de 
trabajo para este estudio. 

Pero del tema deseado por los donantes ... ni palabra ! 

Mientras la Comisión de Asuntos Sociales se engolfaba desde el 
año 1925 al año 1928 en el arduo problema de dar destino a la 
donación recibida, sin poder arribar a nada concreto, una copiosa 
correspondencia viajaba entre Ginebra y Nueva York. 

En la sesión del 19 de mayo de 1928 (2) presidiendo el De- 
legado de Francia, Mr. Regnault, fue necesario decidirse al fin, pues 
la Asociación de Higiene había comunicado que retiraría los fondos 
regalados con tanta generosidad. 

La Secretaría recordó que la donación había sido hecha el 19 
de mayo de 1925. 

No habiéndose encontrado destino* para ella todavía en 1927, la 
Delegada de esta Asociación escribió sugiriendo uno o dos empleos 
posibles para esos fondos. Esta carta fué comunicada a la sub-co- 


(1) Doc, C. 195. M. 63, 1928. IV, pág. 81, 40 y 137. 

(2) Doc, C. 195. M. 63, 1928. IV, pág. 52. 



324 


Pauuna Luisi 


misión encargada de la afectación de los mismos, pero ninguna de- 
cisión fué tomada al respecto. (1) 

En 1928, dos meses antes de la sesión anual correspondiente a 
ese año, ella había escrito al Director de la Asociación de Higiene 
Social. Dr. Snow, rogándole se interesara para que el Ejecutivo de 
dicha Asociación mantuviera su ofrecimiento hasta el fin de la reu- 
nión actual. 

El 3 de marzo el, Dr. Snow enviaba la respuesta siguiente: (2) 

“La Asociación Americana de Higiene Social se ha enterado 
con el mayor interés, de las primitivas proposiciones formuladas por 
el Sub-comité para la orden del día del Comité para la protección 
de la infancia y la juventud. 

Entre esas proposiciones figura la siguiente: 

“ Higiene, de la adolescencia. La Comisión reconoce las grandes 
dificultades que levanta la cuestión. No obstante se propone pedir 
a sus miembros, en la próxima reunión, que establezcan un cambio 
de opiniones a fin de ver si sería oportuno estudiar en una forma 
más detallada algún punto de este asunto en la educación del ca- 
rácter. 

“Todos los años, nuestra Asociación recibe, de todas partes del 
mundo, pedidos de informaciones sobre los esfuerzos hechos en los 
Estados Unidos, en este orden de cosas. 

“Nos piden con insistencia ejemplares de leyes, determinados in- 
formes, listas bibliográficas, folletos y esquemas de conferencias. 

“Pedidos de igual naturaleza, que han de llegar igualmente, 
•supongo, a organizaciones semejantes de otros países, muestran con 
claridad la necesidad de informaciones precisas al respecto. 

“A nuestro juicio sería preciso crear un servicio internacional 
para establecer un intercambio de ideas sobre las cuestiones sexua- 
les, en su aspecto científico y social más amplio, con relación a la 
formación moral en todos sus aspectos, para la protección de la in- 
fancia y la juventud. 

“Numerosos pedagogos y otras personas calificadas de todas las 
regiones del mundo piensan que el Comité de Protección de la In- 
fancia debe proceder al estudio cuidadoso de lo que este Comité 
ha llamado “educación biológica”, y esforzarse en hacer reconocer 
universalmente su valor y su influencia, si se quiere que el programa 
de protección de la infancia de la Sociedad de Naciones sea completo. 

“La Asociación Americana de Higiene Social no ha querido su- 
jetar a restricciones molestas su ofrecimiento de 5.000 dólares for- 
mulados en 1925. Sin embargo su Comité Directivo creía entonces 
y sigue convencido que el Comité de Protección de la infancia po- 
dría comenzar a ocuparse de la parte de su programa que se re- 


\ (i) Ibid. 

(2) Doc. citado, pág. 52 y 53. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


32 5 " 


laciona con la higiene social, dando a esta expresión el significado 
restringido que se le atribuye en Gran Bretaña y los países Norte 
Americanos. (1) 

“.En su carta del 21 de diciembre de 1927, Ud. me ha escrito 
lo que sigue: 

“En lo que toca a la contribución de 5.000 dólares de la Aso- 
ciación Americana de Higiene social, le agradecería que hiciera sa- 
ber a su Directorio, cuando su próxima reunión anual de enero, que 
la Sociedad de Naciones desearía que este ofrecimiento quedara sub- 
sistente por lo menos hasta después de la reunión de la Comisión 
Consultiva en marzo próximo. 

“Nuestro Directorio ha mantenido su ofrecimiento hasta después 
de la reunión de marzo, pero considera que, como esta suma debe 
ser retirada de su presupuesto no podría aplazar definidamente otras 
actividades. Por eso, a fin de remediar este inconveniente, nuestro 
Directorio se proponía cancelar su ofrecimiento, en caso en que el 
Comité de Protección de la Infancia mantuviese su opinión expre- 
sada en la resolución de la tercera sesión, verificada en mayo dé 
1927’'. (2) 


La resolución es la misma de 1926 a la que se ha hecho la si- 
guiente adición: 

“El Comité de Protección de la Infaneia, en 1926 ha expresa- 
do la opinión que la educación biológica debía ser llevada a la 
orden del día de su próxima sesión u otra ulterior. Se expresan 
reservas o dudas respeeto al carácter internacional de este asun- 
to en el informe presentado al Consejo; por este motivo la 7 9 
Asamblea ha recomendado que el estudio de la cuestión de la edu- 
cación sexual sea postergado, y no figura por lo tanto en la or- 
den del día de la presente reunión”. 

Como se ve, en ella se posterga él estudio del asunto de la 
educación biológica (enseñanza sexual), para una próxima sesión, 
sine die. (El informe a la Asamblea, fué según práctica redactado 
por la Secretaría de acuerdo con el Presidente de Tumo, que en 
esa sesión lo fué el Ministro Regnault). Doc. cit., 264 M., lQ5 t 
1926, IV. 

“No obstante, nuestro Directorio quiere subrayar claramente que 
esta disposición no sería tomada sino con el fin de disponer de esos 
recursos para desarrollar su actividad en este terreno y que todas 
las sugestiones o proposiciones ulteriores de la Sociedad de Naciones 
a las cuales nuestra Asociación o su “Comité de actividades y re- 


tí) Designación que se dá a los asuntos relativos a las cuestiones 
sexuales, educación sexual, enfermedades venéreas, prostitución, etc. 

(2) Ver doc. C. 347. M. 121. 1927. IV. 



326 


Paulina Luisi 


laciones internacionales”, pueda prestar su concurso al Comité de 
Protección de la infancia, recibirán una acogida favorable y simpática. 

“Permítame Ud. expresarle personalmente la esperanza que las 
reuniones de las dos sesiones de la Comisión Consultiva serán muy 
provechosas y enteramente coronadas por el éxito”. 

La Comisión se vió pues obligada a considerar el asunto, ante 
la amenaza del retiro de la suma ofrecida. (1) 

El Delegado de la “Asociación Americana de Higiene Soeial”, 
Sr. Johnson, después de otras consideraciones, insistió con mucho tac- 
to para que el dinero fuera empleado, por lo menos en parte, para 
examinar en qué grado y según qué procedimientos, determinado 
número de países recurren a la educación biológica para explicar a 
la juventud la influencia de las funciones sexuales sobre la conducta 
humana. 

La proposición fué apoyada por la Delegada de Dinamarca pero 
saboteada por el Delegado de la Liga de las Cruces Rojas, Dr. Hum- 
bert, quien sin combatir el tema desvió hábilmente la atención pro- 
poniendo otros sujetos como “las relaciones entre los recreos de la 
juventud y la criminalidad” y “el consumo del alcohol en la edad 
preescolar y en las escuelas”. 

Cartón de "Wiart, Bélgica, apoyó las proposiciones de Humbert. 

La señora Furse (2) recordó que la Dra. Paulina Luisi, au- 
sente en esa sesión y ella misma, fueron las primeras en proponer 
la inscripción del tema en discusión en el programa de la Comisión. 
Después de una buena defensa del asunto, se refirió a la declara- 
ción de Sir Austen Chamberlain en la Asamblea de la Liga en 1926, 
“que la educación biológica no exige una reglamentación interna- 
cional”. Hizo notar que lo único que se proponía era una encuesta 
sobre los diferentes métodos adoptados en cada país, lo que no aca- 
rreaba ninguna reglamentación. (3) 

La delegada alemana, Gertrud Baumer, siempre “prudente, y 
cautelosa”, creyó que, desde un punto de vista no había porqué ex- 
cluirla, pero consideraba la encuesta imposible porque dada la di- 
vergencia de opiniones en el seno de la Comisión no era posible lle- 
gar a una resolución o recomendación. 

No nos sorprendieron ciertas declaraciones; pero nos desagradó 
en cambio profundamente la actitud de la Delegada de las Grandes 
Asociaciones feministas, que no juzgó prudente contradecir a su Mi- 
nistro, el Sr. Regnault, máxime cuando sabía que toda la Delega- 
ción francesa traía su proposición ya preparada. 


(1) Ver Doe. cit, C. 195. M. 63. 128. IV, pág. 52 y siguientes don- 
de se encuentra el acta sobre esta discusión. 

(2) Pág. 55, mismo documento. 

(3) La observación de Chamberlain podía aplicarse a todos o a la 
gran mayoría de asuntos a estudio de esa Comisión. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


327 


Opinó que esta cuestión debía ser estudiada en otra parte, por 
un organismo de tal naturaleza que no provocara susceptibilidades. 

Nos fué tanto más dolorosa su actitud cuanto que gozaba de una 
posición de absoluta independencia en la Comisión, siendo Delegada 
por las grandes Asociaciones Internacionales, y desempeñaba en el 
“Consejo Internacional de Mujeres” la presidencia de la “Comisión 
Unidad de la Moral”, que debe batallar por el triunfo de estos 
postulados de enseñanza sexual y abolicionismo. 

Disgusto parecido nos lo proporcionó el profesor León Bernard 
asistiendo como agente de enlace con la organización de Higiene de 
la misma Liga de Naciones. 

El gran higienista francés, apóstol de la lucha antituberculosa, 
declaró que este estudio de la enseñanza sexual no tendría ninguna 
utilidad tangible, y luego de una serie de consideraciones generales 
contra este estudio, agregó: “Por el contrario, una encuesta relativa 
a la influencia del alcohol sobre los niños, daría resultados intere- 
santes y científicos”. (1) 

Consiguió desviar la discusión sobre el alcoholismo, satisfaciendo 
así los deseos de la delegación francesa y abriéndole el paso para 
la contra proposición que ya, en pequeño comité, habían resuelto 
apoyar. 

El delegado de Gran Bretaña volvió la discusión a su lugar 
resumiendo la actitud del Consejo respecto a la “Educación bio- 
lógica”, un poco eomo Delegado británico y un poco como solía 
hacerlo, como portavoz del Secretariado General de la Liga. 

Dijó: “en 1925 la Comisión decidió provocar un cambio de 
opiniones. El Consejo no hizo observación alguna. 

“En 1926 el Consejo (2) se opuso a la discusión porque los 
debates de la Comisión parecían desorientados y el Consejo quería 
traerlos al plan de las realizaciones. 

“Ahora, agregó el Delegado de Gran Bretaña, no creo que el 
Consejo se oponga a la encuesta proyectada a condición de, recibir 
la aprobación unánime de la Comisión 

La Delegación rumana declaró en nombre de su gobierno y en 
el suyo propio que era opuesta a la enseñanza biológica. 

Y luego de una larga discusión, por momentos tumultuosa, el 
Presidente declara que la proposición de destinar los fondos ofrecidos 
por la “American Social Hygiene Assoeiation” para el estudio de 
la educación biológica había sido retirada por su delegado el Dr. 
Bascom Johnson. 

Después de la creación de una sub-comisión para estudiar las 
derivaciones de esta situación, y de intercambios y conversaciones 
entre Nueva York y Ginebra, en la sesión del 22 de marzo el Sr. 
Bascom Johnson hizo notar que después de haber eliminado la ense- 


(1) Pág. 55, 56, doc. cit. 

(2) Chamberlain. Miembro informante. (Precisamente Chamberlain! !) . 



328 


Paulina Luisi 


fianza sexual como tema de la encuesta, el Comité proponía ahora 
temas completamente diversos. 

“Corresponde a la “American Social Hygiene Association” de- 
terminar si esos temas encuadran en la higiene social”. 

Recordó que las condiciones para la donación fueron claramente 
establecidas tres años antes, cuando se hizo el ofrecimiento y fué 
aceptada. 

Había entonces en el programa algunos asuntos relacionados con 
la higiene social, que provocaron la donación. 

Alguien le pidió una definición de la higiene social. 

“En Estados Unidos esta expresión se aplica a todas las cues- 
tiones en relación con el ejercicio bueno o malo de las funciones se- 
xuales y a las consecuencias del mal uso de esas funciones”. 

Según su opinión, “desde que se ha desechado el asunto que 
la interesaba de acuerdo con la carta del Dr. Snow, la Asociación 
tiene derecho de retirar su ofrecimiento”. 

Pero visto lo que ha sucedido, la diversidad de opiniones y la 
falta de madurez de la Comisión, él aconsejaría a la Asociación otra 
de las proposiciones del Comité. 

Habiendo una proposición del Subcomité, si ella era aceptada 
él mostraría su importancia y esperaba que la Asociación le sería 
favorable. 

Después de un amplio cambio de correspondencia entre Gine- 
bra y Nueva York el Sr. Johnson hizo saber que había sido auto- 
rizado por la “Asociación Americana de Higiene Social” para apo- 
yar una “encuesta preliminar sobre el problema del niño, expuesto 
por razón del medio en que vive, a peligros de orden moral y soeial”. 

Expuso luego una larga carta en la que la Asociación Ameri- 
cana indicaba las directivas de esta encuesta. 

La persona designada para realizarla, sería nombrada por el 
Presidente del Comité de Protección de la Infancia (1) de acuerdo 
con la Secretaría y la aprobación del Consejo. 

Como era de presumir, el informe fué confiado a un miembro 
agregado a la Delegación francesa para esa reunión, la Srta. Chap- 
tal, de filiación abiertamente confesional como lo era, por lo de- 
más, el entonces Secretario General de la Liga, Sr. Drummond. 

Pero después de 1925 — fecha de la carta del Dr. Snow, y no 
obstante el ofrecimiento de “colaboraciones” futuras, nunca más la 
“American Social Hygiene Association”, ofreció ninguna donación a 
la Comisión de Protección de la Infancia. 

Si hizo otras donaciones, como aquélla destinada a la Comisión 
contra la Trata de Mujeres, las encuestas realizadas debieron que- 
dar bajo su contralor, pues llevaron siempre, la condición, diplomá- 


(1) Recuérdese que la Presidencia era de turno y correspondía a Fran- 
cia, cuyo Delegado, el Ministro Regnault, era muy reaccionario, defensor de 
la reglamentación y naturalmente, contrario a la Enseñanza Sexual. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


329 - 


ticamente velada, de la dirección y los métodos netamente america- 
nos de la “American Social Hygiene Association ”, como lo fué la 
Comisión de Expertos contra la Trata de Mujeres y la encuesta so- 
bre la Prostitución en Oriente. 

Y el problema de la enseñanza sexual o educación biológica nunca 
más reapareció en los umbrales de esta Comisión de Asuntos Sociales 
de la Liga de Naciones creada para la protección de la infancia y la 
juventud. 



Anexo 


RELATIVO A LA EDAD DESMATRIMONIO Y DE CONSENTIMIENTO, CITADOS 

EN PAGINA 432. (1) 

Es un estudio que me ha interesado vivamente. Ya en el 2.? 
Congreso Americano de Dermatología y Sifilografía (Montevideo 
¡1921) había presentado una proposición al respecto, que para evi- 
tar confusiones hube de titular “elevación de la edad de protec- 
ción LEGAL DE LA MUJER EN LOS DELITOS CONTRA LAS BUENAS COS- 
TUMBRES”. (Véase Actas de dicho Congreso, Tomo I*, páginas 73 
y 240). (2) 

Ella fué cortesmente incluida en las proposiciones pasadas al 
Plenario y votadas por este, sin que despertara ningún interés 
tanto, que los breves fundamentos de la moción no fueron publL 
cados en las actas, sino incluidas bastante extemporáneamente en 
mi trabajo sobre “Lucha social contra las enfermedades venéreas”. 

Mi proposición es la siguiente: 

“El Segundo Congreso Americano de Dermatología y Sifilo- 
grafía solicita del H. Cuerpo Legislativo la modificación de los 
artículos 276, 284 y 287 del Código Penal Uruguayo, con objeto 
de que la edad de doce años señalada como límite para la irrespon- 
sabilidad sexual de la menor en los delitos llamados contra las bue- 
nas costumbres sea elevada a diez y seis años cumplidos. 

“Solicita de los altos Cuerpos Legislativos de los Estados Ame- 
ricanos adheridos, igual modificación en el Código Penal de cada 
uno, en los artículos correspondientes a los mencionados del Có- 
digo Penal Uruguayo. (1921). 

Por lo que toca al Uruguay no se dió andamiento a la pro- 
posición. Soló catorce años después, en 1934 en- el “Código del Ni- 
ño” hay en la exposición de motivos unas consideraciones nada 


(1) Véase sobre la cuestión: Edad de matrimonio y edad de consenti- 
miento, el texto de la proposición y su discusión en: 

— Actas de 1925, (doc. ya citado), C. 382. M. 126, 1925, (IV), páginas 
15 y 87. 

— Doc. C. 338. M. 113, 127, (IV), página 59. Comisión de Protección 
a la infancia. 

— Doc. C. 264. M. 103, 1926, (IV), pág. 12 a 15. 

— Doc. C. P. E., 36, 1926. 

— Doc. C. P. E., 90, 1927. 

— Doc. C. P. E. 90, (2) revisado, 1928. 

(2) Y en el Tomo I, de mi libro: “Otra voz clamando en el Desierto’’, don- 
de está más ampliamente expuesto el asunto. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


331 


claras en las que se mezclan los conceptos de “edad de consen- 
timiento” (término que tiene su configuración jurídica), con “edad 
del consentimiento para el matrimonio”; pero en la parte dispositi- 
va es decir en el Código mismo, en su articulado, no hay ninguna 
referencia a la edad de consentimiento y sus derivaciones. Tampoco 
se ha ocupado el Código de la prostitución y proxenetismo de me- 
nores ni hay siquiera una referencia a este terrible problema que 
hubiere tenido su lugar en el, art. 248 del mismo. Felizmente el 
nuevo Código Penal Uruguayo de 1934, elevó la edad de consen- 
timiento a los 16 años. Aunque la habíamos deseado mayor. 




TITULO XI 


¿Es posible la Educación Sexual? 


(contestando a una encuesta) 

I 

Ante todo, cuando se habla de “Educación Sexual” hay que 
comenzar por entenderse sobre lo que con esta expresión se quiere 
significar, ponerse de acuerdo sobre los alcances que se le da, pues 
se habla de ella con diverso entendimiento. 

Si decimos como algunos que la “enseñanza sexual” es la apli- 
cación de la pedagogía a las cuestiones sexuales”, habremos dado 
una fórmula tan amplia que ella da cabida a numerosos conceptos 
de diferente carácter, sobre los cuales no se ha llegado aún a un 
criterio unificado. 

A mi entender es la capacitación del ser humano a un contralor 
del impulso genésico y a sus responsabilidades; instinto descuidado 
todavía por la civilización y mantenido aún hoy en la indisciplina 
de la vida primitiva, refrenado apenas y sólo en apariencia por 
leyes y costumbres. 

Con más o menos éxito, la educación ha modelado al ser humano 
en vías de desarrollo, a dominar sus impulsos primitivos; le ha en- 
señado a contralorear el instinto de propiedad, lo que no conoce el 
niño; el instinto de presa que lo empuja a apropiarse de lo que ve 
o desea ignorante del derecho ajeno; el instinto de agresividad y 
de violencia si algo se opone a su capricho; otros impulsos todavía 
que son la expresión del estado anímico del ser salvaje e ineducado. 

En lo que toca al instinto sexual, éste ha sido olvidado o des- 
conocido por la educación, especialmente en lo que se refiere al va- 
rón: la civilización no se ha preocupado aún de someterlo, como los 
demás, al contralor de las fuerzas morales capaces de regularlo: la 
disciplina de la voluntad, el dictado de la reflexión, el sentimiento 
úe la responsabilidad. 

De ello se han derivado numerosas lacras sociales, físicas y mo- 
rales que corroen nuestra sociedad actual y amenazan concluir con 
una desorganización de la ética colectiva y una degeneración de la 
•salud de la especie humana. 

Como dice el sabio Profesor Forel: 

“Es necesario volver estas funciones a su finalidad verdadera. 



334 


Paulina Luisi 


natural; tranquilizar y regularizar su marcha, encauzar los instintos 
y sentimientos sexuales guiándolos convenientemente, mirando al por- 
venir y con la preocupación por la felicidad de nuestros descendientes”. 

Es posible esta acción? 

Todos los instintos y sentimientos del animal-hombre comienzan 
a ser encauzados en las normas exigidas por la civilización, desde el 
momento en que este animal-hombre empieza a ponerse en contacto 
con la vida colectiva, es decir, desde que su psiquis despierta a la 
vida de relación. ' 

A medida aue el pequeño ser va desarrollándose al contacto de 
las agrupaciones sociales, familia primero, escuela y compañeros des- 
pués, va adquiriendo por imitación, de manera subconciente, una 
serie de hábitos determinados por el ambiente en que se desarrolla. 

La familia y la escuela contribuyen por medio de la educación 
a la adquisición de los hábitos exigidos por la vida colectiva y a su 
ordenada orientación. 

De esta manera, los instintos y los sentimientos primitivos del 
animal humano en formación, se van modificando y desarrollándose 
al influjo de esa acción.: los actos impulsivos se transforman en re- 
flexivos; se adquieren los hábitos que con el ejercicio se van trans- 
formando en subconscientes: los actos reflejos o impulsivos van sien- 
do dominados, bajo la acción constante y continua, que comienza a 
ejercerse desde los primeros momentos de la vida del pequeño ser; 
los instintos primarios del animal-hombre, derivados del natural egoís- 
mo, — que no es en suma sino la fuerza de expansión de su vitali- 
dad que se desarrolla, tanto mayor cuanto más poderoso es el ín- 
dice de su energía vital, — van siendo sometidos al imperio de la 
vida civilizada. 

Cuando el niño llega a la edad adulta, sus instintos primitivos 
han sido más o menos modelados por la acción continuada de la 
educación; el pequeño ser primitivo ha sido preparado para adaptarse 
a las exigencias de la convivencia social, de la vida colectiva. 

¿Esta acción de orientación y encauzamiento de los instintos na- 
turales que realiza la educación, puede también ser aplicada al im- 
pulso sexual? 

A priori, hemos de contestar afirmativamente, por analogía, si 
admitimos que el instinto sexual responde a las mismas leyes bioló- 
gicas que los demás instintos. Suponer lo contrario, sería suponer 
que escapa a las leyes que rigen los demás instintos, lo que es 
absurdo. 

A posteriori, nos es difícil responder, porque la experiencia mi- 
lenaria realizada sobre los otros instintos, está aún por ejercer su 
contralor. 

No en absoluto, sin embargo. 

Los convencionalismos sociales nos demuestran acabadamente que 
la educación puede ejercer determinada influencia, cierto freno so- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


335" 


bre el impulso sexual. ¿Qué es muy leve, muy insuficiente? Cierto- 
es. 

Pero no es menos cierto que en la admirable labor de la edu- 
cación, que en el paciente cultivo del ser humano en el que el 
arte pedagógico llega alguna vez a extraordinarios resultados, nada 
se ha intentado de sistemado, de científico sobre el instinto sexual. 
4 Qué - importancia se le ha dado dentro del complejo abarcado por 
la educación? 

La enseñanza afecta desconocer su existencia, nuestros sistemas 
educativos fingen ignorarla. La psicología “ad usum docenti” no se 
ha percatado aún de su existencia; jamás ha figurado entre los atri- 
butos del pequeño animal-hombre que la educación debe adaptar a 
los deberes y responsabilidades que le incumben en la vida colectiva. 

Qué valor se le ha asignado como factor determinante en la 
conducta futura del ser humano? Qué se ha hecho para civilizarlo, 
para transformarlo de fuerza bruta e instintiva en fuerza consciente 
y reflexiva? 

El instinto sexual permanece en la época actual, tan ineducado 
como en la vida primitiva; no hay para él, más contralor ni más 
freno que la sanción penal o la sanción social cuando sus consecuen- 
cias llegan a ser conocidas ; y sólo a veces ! ; con menos responsabi- 
lidad para su ejecución que las otras pasiones primitivas, porque 
le es más fácil ocultar sus manifestaciones o sus extravíos. 

El fenómeno biológico más trascendental de la vida, por cuanto 
representa el eslabón que une las generaciones a través de las eda- 
des, ha sido implacablemente desterrado por la civilización educa- 
dora. Ella ha querido ignorarlo, ha pretendido ocultarlo, hacerlo des- 
aparecer, relegarlo a la oscuridad de los actos inconfesables, ver- 
gonzosos o no existentes. 

Pero, cómo ignorarlo, cómo ocultarlo, cómo hacerlo desaparecer 
del cuadro de las fuerzas que regulan las acciones humanas? Cómo 
relegarlo a las sombras de lo ignorado? 

Los fenómenos de la generación resplandecen en todas las ma- 
nifestaciones de la naturaleza viva; la animan con los más bellos co- 
lores y los más gratos perfumes; estallan en el canto de las aves 
y en el aleteo multicolor de los insectos; se traducen en la belleza 
de la espiga madura, en el gérmen aue brota de la tierra fecunda 
y en el poético nido; surge ante nuestros ojos y se impone a nues- 
tros sentidos en cuanta manifestación nos ofrece la naturaleza viva. 

Ellos son la fuente del amor, inmortal como la vida! 

Pretender ocultar la existencia de los fenómenos de la genera- 
ción, es pretender ocultar la vida misma, es pretender lo imposible, 
lo inconcebible, lo absurdo. 

Sin embargo, hasta la época presente, tal ha sido el concepta 
educacional que ha prevalecido en todas partes. 

Las consecuencias han sido también perniciosas, ilógicas y ab- 
surdas. 



336 


Paulina Luisi 


Se ha originado un antagonismo ridículo y perjudicial entre la 
observación de las múltiples manifestaciones de la vida que a todo 
momento caen bajo el dominio de nuestros sentidos y las inútiles 
tentativas de los mayores para ocultarlas a los ojos avizores de los 
niños. La pedagogía se ha visto obligada a echar mano al silencio 
o al embuste para llevar adelante el absurdo concepto educativo que 
pretende eliminar los fenómenos de la reproducción del cuadro de 
los fenómenos de la naturaleza viva. 

¿Por qué motivo la enseñanza ha querido ignorar hasta el pre- 
sente la existencia del instinto genésico y lo ha abandonado a la in- 
disciplina del instinto ineducado del hombre, resabio de su vida pri- 
mitiva? 

Preconceptos venidos de lejanas edades, prejuicios morales y re- 
ligiosos, temor injustificado de despertar la sensualidad del niño con 
la revelación de fenómenos calificados de indecentes; la degeneración 
misma del acto sexual, desvirtuado de su finalidad natural para con- 
vertirse en fuente de placer irresponsable ; lacras sociales que han 
venido a injertar su podredumbre sobre la función orgánica de ma- 
yor trascendencia, sin número de factores sociales y morales, reli- 
giosos, históricos, tradicionales y económicos, han venido rebajando 
el alto valor moral de la función reproductora, convertida por el con- 
cepto general, en acto deshonesto, inconfesable o vicioso! 

La maternidad misma, aún bajo el cubierto de la unión legíti- 
ma, ha sido sometida al baldón de las cosas vergonzantes. . . 

No siempre ha sido así. Entre los romanos, hasta los senado- 
res de la República debían dar paso a una mujer encinta. 

— '“No encuentra Vd. extraño que la gente se descubra al paso 
de un cadáver y no salude jamás a los que van a nacer? — dice 
Mme. de Bienne, en el drama de Lucien Descaves, de la Academia 
Goncourt titulado “Los frutos del amor”. — ... 

Toda una psicología social sería necesaria para explicar el des- 
crédito moral en que se mantiene a todos los fenómenos relativos a 
la perpetuación de la especie. 

La educación primaria, la que debe dar hábitos de voluntad, 
la que debe enseñar a dominar los apetitos, no conoce ninguno de 
estos problemas, o por mejor decir, se niega a conocerlos y a ocuparse 
de ellos. 

Deja el niño la escuela precisamente en la época de su vida en 
que despiertan las nuevas funciones y los nuevos impulsos aún no 

manifestados. . 

Pasa a la escuela primaria superior y a la escuela secundara. 
Concurre a ella en esa edad peligrosa de la pubertad : la escuela 
primaria superior y liceal no educan, enseñan. La parte de educa- 
ción moral deja de existir para ellas: ahora los niños deben ins- 
truirse. Para otros niños, que son la mayoría, al dejar la escuela 
primaria comienza el aprendizaje de un arte u oficio que los ha- 
’bilite a ganarse la existencia. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


337 


Así pues, en la época en que aparecen las primeras manifes- 
taciones del despertar sexual, la acción educadora de la familia y 
de la escuela se relaja; y las fuerzas que despiertan con todo el vi- 
gor del más poderoso de todos los instintos escapan al contralor y 
a la acción directriz de la educación. 

Por otra parte, la naturaleza misma de los fenómenos sexuales, 
su natural intimidad y reserva han contribuido a alejar de la di- 
dáctica, las cuestiones relativas a la generación. 

Ha sido necesario que un peligro verdadero amenace la socie- 
dad en sus mismos fundamentos para que se lanzara el grito de 
alarma, llamando la atención de médicos, sociólogos, psicólogos y 
educadores, sobre esta gravísima falla cuyas consecuencias aumen- 
tadas aún por las funestas resultantes de la guerra, amenazan la 
sociedad en su estabilidad moral y la raza en su fuerza vital. 

En qué forma la educación podría ejercer su acción sobre el 
instinto sexual? 

Pues, estableciendo sobre él, el mismo contralor que ha sabido 
establecer sobre los demás instintos, transformándolo de apetito ani- 
mal, en sentimiento civilizado; orientándolo hacia su verdadera fi- 
nalidad, la reproducción de la especie; de tal suerte, según la ex- 
presión del Maestro Forel, “de elevar progresivamente todas las 
facultades físicas y psíquicas del individuo, tanto desde el punto de 
vista de la salud y la fuerza corporal, como de aquél del sentimien- 
to, de la inteligencia, de la voluntad, de la imaginación creadora, del 
amor al trabajo, de la alegría de vivir y del sentimiento de solida- 
ridad social”. 

Es necesario, pues, orientar el instinto sexual hacia el fin su- 
perior de la felicidad y el perfeccionamiento de la especie, sometién- 
dolo a la disciplina de la voluntad, bajo el contralor de la concien- 
cia responsable. 


# # 

En las páginas anteriores nos ocupamos ante todo del varón: 
justo es que pensemos si hay que ocuparse también un poco de la 
niña. 

Se perfectamente que me van a contestar “que no es lo mis- 
mo”. Que la mujer, por su naturaleza, está en otras condiciones. 

Me permito dudar de ello! 

El reclamo del instinto, que es el reclamo de la especie, existe 
y debe existir en los dos sexos, por igual, si es que no me atrevo 
a. afirmar que tal vez sea más fuerte en ella, sencillamente porque 
para ella el resultado de su satisfacción es mucho más grave, y no 
obstante le obedece. No me refiero a las consecuencias sociales, por- 
que ellas dependen de la organización más o menos arbitraria de 
una sociedad, y lo prueban las variedades de costumbres y de leyes 


22 



338 


Paulina Luisi 


en los distintos pueblos y a través de la historia, hasta llegar a ser 
opuestas algunas veces, v. gr., desde la prueba de máxima hospita- 
lidad de que nos habla la Biblia en la que el dueño de casa ofrece 
al huésped la convivencia con la esposa, hasta la pena de muerte 
para la misma, entre otros pueblos, si convive con otro hombre que 
el marido; todos los matices se encuentran en la historia de los di- 
versos pueblos y edades. 

Me refiero más especialmente a las consecuencias materiales fí- 
sicas que debe tener el acto sexual, que representa para la mujer, 
largos meses de gestación, brutales sufrimientos del alumbramiento,, 
meses y años de esclavitud y sacrificios para la crianza, en tanto que 
para el hombre significa el máximo placer de la existencia, el mi- 
nuto de goce y . . . nada más ! 

Y a pesar de eso que la mujer sabe, ella siente y responde al 
reclamo del instinto. . . 

Pero la mujer, durante siglos ha sido moldeada a no tener sexo r 
sino cuando se lo permiten! 

Desde los famosos instrumentos de preservación, de su casti- 
dad, hasta el pudor artificial que ha creado en ellas la civilización,, 
y que no existe en las tribus salvajes, o la pudibundería hipócrita 
de otros ambientes, la mujer ha sido modelada por la educación y 
por la esclavitud en que ha vivido, a rehusarse, sino en determi- 
nadas condiciones contractuales, al reclamo de la especie, a las exi- 
gencias de su sexualidad. La civilización le ha presentado este di- 
lema; fuera de las reglas establecidas para ellas por códigos y cos- 
tumbres, una de dos : o el encierro o la prostitución . . . 

La cantidad de neuróticas, de demi-vierges, de solitarias, de sá- 
ficas, de relaciones clandestinas, nos muestran bien la falsedad de 
la pasividad femenina. . . : nuestros consultorios podrían contar mu- 
chas historias... Y también los miles de recetas a base de sedantes 
y anafrodisíacos, podrían decir su palabra. 

En los medios menos favorecidos por la vida, entre las clases 
trabajadoras más despreocupadas por la necesidad, o más acosadas 
por ella ; entre los inmigrantes que llegan a nuestros países de Amé- 
rica, la observación ha sido hecha mil veces. No se trata de clima 
ni de raza: llegan de todas partes. Los sentimientos y los instintos 
se expanden con más libertad, y la mujer se deja llevar por el re- 
clamo de la naturaleza, lo mismo que el hombre. 

Las uniones pasajeras son a veces más frecuentes que las lega- 
les, a veces son la regla general. Cuántos hogares o simplemente 
uniones transitorias se registran en nuestras campañas! 

Pues bien, eso que las costumbres civilizadas han exigido de 
la mujer, no podemos exigirlo, aunque sea en parte, del hombre, 
educándolo también a él, si no a una completa abstinencia, a una con- 
tinencia, a una castidad que puede, si a ello se le educa, observará 

Que la continencia le sea a veces . . . molesta ... ¿ no lo es tam- 
bién más de una vez para la mujer! 



Pedagogía y Conducta Sexual 


339 


Mi experiencia de médico especialista, la circunstancia de haber 
sido durante un tiempo la única mujer médico en una gran ciudad, 
me trajeron al consultorio gran cantidad de mujeres, especialmente 
jóvenes, casadas y solteras, y allí oí confidencias y quejas y sufri- 
mientos, que fácilmente se debían atribuir a una sexualidad com- 
pripaida o tiranizada. . . 

Apunto estas consideraciones porque a propósito de educación y 
profilaxis sexuales, se descuida en absoluto y se olvida que la mu- 
jer es un ser humano con los mismos apetitos, y las mismas fun- 
ciones biológicas que el hombre. 

A dónde me llevan estas reflexiones? 

Pues a fortalecer mi convicción, que si se ha podido establecer 
para la mujer el propio contralor sobre las fuerzas del instinto, 
también la educación puede establecer ese mismo contralor sobre 
el instinto ahora ineducado, en el varón. 

A ello, se podrá llegar por una educación sexual razonable pa- 
ra ambos sexos, sobre la i ase de la formación del carácter y la 
fuerza de voluntad para moderar y refrenar las exigencias del ins- 
tinto: para enseñar a ambos sexos a obedecer al reclamo de la es- 
pecie, no con el inconsciente acoplamiento del salvaje, hombre o bes- 
tia, sino con la recíproca entrega, pensada y sentida de ambos cuer- 
pos, a las exigencias de la vida: la creación del hijo, que es su fi- 
nalidad suprema; inspirados y sostenidos en el alma de cada uno 
por un noble sentido de la vida que destruye ese implacable egoís- 
mo que parece ser actualmente la norma de colectividades e indi- 
viduos. 

La educación o contralor sexual, es igualmente posible en el va- 
rón como lo es en la mujgr. 




TITULO XII 


Con motivo del cuestionario de la Oficina Interna- 
cional de Higiene sobre Educación Sexual 


“Un cuestionario ha sido enviado por el Director de las Es- 
cuelas Secundarias en uno de los Cantones suizos, a profesores, maes- 
tros, médicos, etc. (1) 

“La mayoría na sido de opinión que la escuela debe intervenir, 
para iniciar a la juventud en las cuestiones sexuales, incluso las en- 
fermedades venéreas. 

“ — De qué manera? 


I 

“Unos pocos, como el Dr. Schlensinger, estima que estas cues- 
tiones no pueden ser enseñadas colectivamente, y dá en ejemplo el 
mediocre resultado obtenido por las lecciones dadas sobre estos asun- 
tos a los militares”. 

/ 

Yo observo : 

ly) El médico en cuestión y los que como él opinan, olvidan 
que los militares son ya adultos que no han recibido la influencia 
fundamental de una educación moral - sexual preparatoria desde tem- 
prana edad; educación que es al alma humana lo que el temple al 
acero. 

2. 9 ) Que las lecciones a que se refiere, han sido suministradas 
a seres que han sufrido ya la influencia de los prejuicios desde su 
tierna edad hasta la del enrolamiento, es decir, como mínimo, los 
18 años. 

3y) Que es lo más serio, es que estos hombres ya han expe- 
rimentado la vida sexual, lo que les hace más difícil la resistencia 
al llamado del instinto, porque no han tenido una preparación an- 
terior de educación de la voluntad para resistirlo. 

4. 9 ) Que por las razones expuestas la enseñanza que se ha po- 
dido suministrar a los militares, sólo puede ser los conocimientos so- 
bre la profilaxis venérea que es sólo una parte y no la más impor- 
tante, de la “Enseñanza sexual”. 


(1) Boletín de la Oficina Internacional de Higiene, del 12 diciembre 
1921. 



342 


Paulina Luisi 


II 

“El Profesor Sahli dice que esta rama de la educación debe ser 
facultativa, dada solamente con el consentimiento de los padres”. 

Yo observo: 

De ^esta manera se hace de la enseñanza sexual, es decir de lo 
que atañe a la enseñanza de la vida en su verdad y plenitud (por- 
que la educación de la voluntad y la formación del carácter que 
son su base no pueden ser facultativas dado que forman parte de. la 
educación del ente moral) ; se hace de ella repito una cosa especial, 
anormal en la enseñanza, cuyo resultado es atraer la atención de los 
niños sobre las cuestiones especiales de la generación, precisamente 
en el momento en que su sexualidad despierta. . . En otros términos 
un permiso o una incitación velada. . . 

“Os digo que corréis estos peligros porque ahora es el momen- 
to en que vuestras aptitudes físicas están prontas”, pero, luego se les 
agrega: “Os aconsejo que no comencéis todavía, pero, por acaso lo 
hiciéreis, he aquí las precauciones que debéis tomar...!”. 

III 

“En general, dice el autor del informe, se piensa que la ense- 
ñanza de las cosas sexuales debe ser hecha antes de la pubertad, pe- 
ro después de la escuela primaria: la edad que se propone es la de 
13 a 15 años. La conferencia de los profesores de enseñanza secun- 
daria se pronuncia a favor de la “iniciación”, pero sólo de 15 a 18 
años para las indicaciones relativas a las enfermedades venéreas. 

“La enseñanza debería estar comprendida en las lecciones de 
ciencias naturales y permanecer científica; las enfermedades vené- 
reas serían tratadas por separado. 

Algunos son partidarios de las proyecciones, de las demostracio- 
nes por medio de imágenes o grabados, y hasta de la exhibición de 
preparaciones anatómicas (sífilis) ; otros como el Profesor Sahli, con- 
sideran estos medios de enseñanza como propicios “a cambiar el asun- 
to en diversiones sensacionales”. 

“Otros, por fin estiman que hay que dejar el detalle de la en- 
señanza al tacto de los maestros (lo que significa, y ésto es impor- 
tante, que hay que encontrar maestros que tengan tacto)”. 

Yo observo : 

Según el informe las opiniones son que la enseñanza debe ser 
hecha antes de la pubertad, pero después de la escuela primaria, y 
señalan la edad de 13 a 15 años para la iniciación, y la de 15 a 18 
para la enseñanza sobre las enfermedades venéreas. 

Primero, qué se entiende por iniciación? 



Pedagogía y Conducta Sexual 


343 


Es la revelación de los fenómenos relativos a la reproducción: 
fecundación, ovulación, gravidez, alumbramiento? 

Pues bien, es demasiado tarde. 

Empezar la enseñanza a esa edad será perder los mejores fru- 
tos de moral y sentimientos que de ella se habría podido retirar. 

El conocimiento de los fenómenos de la vida, según lo son en 
la' vida, la verdad de las ciencias naturales que deben aprender los 
niños a medida que los programas de las escuelas primarias presen- 
tan la ocasión de hablar de estas cosas, con la mayor naturalidad y 
la más srrande indiferencia, evitarían esos escollos que asustan más de 
lo que son. 

(Aquí sigue, en mi respuesta, la exposición sobre metodología, 
que está en mi informe, al principio de este volumen). 

Es en la manera de encarar el problema de la enseñanza sexual 
donde reside el nudo de la cuestión. 

Una vez que los alumnos hayan sido educados, en el transcurso 
de los años escolares, se podrá, entonces, al final del último curso, 
decirles algo por el estilo: 

“Antes de dejar la escuela, quiero advertiros, aunque ya lo sa- 
béis, que seréis llamados en el futuro a desarrollar vuestra vida com- 
pleta, que aún no lo está todavía, pues aún debéis continuar vuestro 
desarrollo que se considera completo por la ciencia, a la mayor edad. 
Siguiendo la evolución natural, un día seréis llamados a ser padres 
( o madres) ; un día tendréis hijos, porque éste es el destino de la 
especie. 

“Para cuando os llegue esa hora, procurad conservar vuestro cuer- 
po y vuestra alma, sanos y puros. Sabéis que por encima de todas las 
incitaciones y ofrecimientos y aparentes halagos de la vida, está Ames- 
tro deber. Vuestra conciencia está preparada para dilucidarlo en cada 
caso. No olvidéis que' no hay acción que no deje su repercusión en el 
futuro de la vida; que no tenga influencia sobre vuestro destino. 

“Posiblemente, seréis invitados o incitados a frecuentar lugares o 
a frecuentar personas para actos donde la salud se corrompe y el al- 
ma se mancilla ; donde el hombre olvida el respeto a sí mismo . . . Ha- 
béis aprendido a dominar vuestros impulsos. Sabéis que esos lugares 
y esas personas son perjudiciales; que arriesgáis con su frecuentación 
contagiaros esas enfermedades terribles de que hemos hablado en 
nuestros cursos de higiene: evitadlos. 

“Imponéos, antes de dejar la escuela, el compromiso de honor 
con vuestra conciencia de no dejaros arrastrar por vuestros instin- 
tos ni por la palabra de algún compañero . . . En los momentos de 
flaqueza, recordad a vuestra madre ...!”. 

“Recordad siempre que el organismo, — aunque os digan lo con- 
trario, — necesita para la propia salud, que os mantengáis castos. 

“Recordad siempre que, cualesquiera sean quienes os digan lo 
contrario, cualquiera inquietud que podáis sentir hacia esas cosas, 



344 


Paulina Luisi 


recordad, os repito, que el hombre debe esperar a su mayor edad, 
esto es a su completo desarrollo, para cumplir esas funciones que 
corresponden al ser adulto, a la completa expansión de sus fuerzas 
vitales, para mayor beneficio de la propia sa_lud, y para el mayor 
vigor de su propia descendencia”. 

El Dr. Calmette ha escrito una página admirable al respecto 
que yo no podría dejar de recomendar a padres, maestros y jóve- 
nes: la escribió en vísperas de la 1.* guerra mundial, para los jó- 
venes llamados bajo banderas. . . 

A todos encarezco su lectura. 

Hay otra cuestión de importancia antes de formar juicio, si se 
pusiera a ensayo esta reforma : 

Hay que tener presente, además, que cuando esta enseñanza co- 
mience a realizarse en las escuelas, y hasta que todos la hayan re- 
cibido, pasarán varias generaciones de alumnos que serán algo así 
como un terreno de transición, permitidme la expresión, entre nues- 
tras generaciones de ahora, desprovistas de toda acción escolar en 
ese sentido, y las generaciones de alumnos que habrán recibido toda 
la escala educativa, desde la primera edad hasta la edad adulta. 

Durante este período, será menester luchar contra las malas in- 
fluencias externas, que dificultarán el trabajo de la escuela, y en 
primera línea, entre ellas, los prejuicios. 

Es este período el que exigirá, a los maestros y profesores, la 
mayor prudencia, el mayor tacto, que con un poco de práctica pro- 
fesional y una adecuada preparación pedagógica, no les será difícil 
adquirir. Pero es una condición indispensable para el éxito. 

Sobre la manera de realizarlo, he dado mi opinión en el curso 
del “Ensayo” que inicia esta obra. 

Así como yo encaro el asunto, es completamente lógico consi- 
derar como perjudicial al éxito y a la finalidad perseguida, la ten- 
dencia de buena parte de los médicos y algunos pedagogos; de en- 
tregar esta enseñanza en manos de médicos o de educadores especia- 
listas, para los varones y de médicas o profesoras especializadas, pa- 
ra las niñas. 

Todo lo que puede resultar especializado, en este asunto, es a 
mi entender perjudicial y condenable como pedagogía, y por lo tan- 
to, como enseñanza. 

En las discusiones que ha provocado el cuestionario enviado por 
el Comité de Higiene Social a los miembros del cuerpo enseñante 
de Francia; muchos hubo, ciertamente, que, ajenos a esta corpora- 
ción, comenzaron a vociferar contra la incapacidad o la falta de 
tacto de los maestros. 

Yo les pregunto, a esas personas, que sin embargo les entregan 
a esos mismos maestros la educación de sus hijos, si es más gravé 
hablar a los niños y a los adolescentes de las cuestiones de las cien- 
cias naturales, que formar sus almas y sus corazones según determinado 



Pedagogía y Conducta Sexual 


345 


criterio filosófico o religioso; si es más grave, o más delicado eso que 
imprimir en su espíritu, tal o cual orientación según la propia ideo- 
logía, hacer de él un libre pensador o un beato; formación que ten- 
drá una influencia sobre todo el decurso de la vida y de mayor 
trascendencia para su conducta futura? 

Si el maestro tiene el deber de jnodelar esa cera blanda que es 
el espíritu, el alma del niño, si tiene el derecho de imprimirle de- 
terminada orientación que depende de su propio criterio filosófico o 
simplemente de su manera de encarar la vida; si tiene plenos dere- 
chos sobre su espíritu y su corazón; porque son en verdad plenos 
poderes los de la fuerza sugestiva de la educación; si se le ha juz- 
gado capaz de dar a la generación que educa la forma (permitidme 
la expresión) que conviene a las fuerzas nuevas; si tiene el deber 
de hacer su educación moral e intelectual; si se le reconoce tal ca- 
pacidad, tal derecho y tal deber; ¿de dónde proviene que solamente 
para lo que se refiere a las cuestiones atingentes a la sexualidad, 
se tenga el derecho de dudar de sus capacidades y aptitudes? 

Los temores que se expresan al respecto no pueden alcanzarlo 
sino de una sola manera: dudando de la capacidad de todos ellos, 
en todos los países, pues la cuestión es igual en todas partes; y lo 
que es más grave, dudando de la capacidad misma de la ciencia 
pedagógica. 

Pero sé también que estas afirmaciones no son sinceras, no pue- 
den serlo: la afirmación de la incapacidad de los maestros para esa 
enseñanza es la última trinchera, y muy débil por cierto, detrás 
de la cual se ocultan aquéllos que con tanta justeza llama el Dr. 
Besséde: los oscurantistas. 

Ciertamente, habrá que preparar al maestro para esta tarea 
que no es más difícil que el resto de las que le exige la pedagogía a 
todos aquéllos que se dedican a la preparación del niño a su papel 
de adultos; en una palabra, de toda la enseñanza (1) 


(1) Fué encargado del resumen de las diversas opiniones, el Dr. A. 
Hmnbert, Miembro de la Directiva, en aquél momento, de la Cruz Roja In- 
ternacional y de la Oficina Internacional de Higiene; el mismo que inter- 
vino en la discusión sobre Enseñanza sexual en la Comisión de la Sociedad 
de Naciones. 




TITULO XIII 


Pornografía y Censura (1) 


Carta abierta al Concejal Bonaerense Dr. Giménez. 

‘“Mi estimado amigo: 

Interesado en la lucha contra los vicios sociales, vengan de don- 
de vengan, he seguido con empeño la campaña que se viene reali- 
zando en esa para combatir la inmoralidad y la pornografía. 

Lo felicito efusivamente por sus vigorosos artículos publicados 
en la vanguardia, llenos de sensatez y de energía. 

Es necesario que la verdad tenga defensores entusiastas y since- 
ros — y ella ha encontrado en Ud. el caballero valeroso digno de su 
causa. 

Acepte mis augurios entusiastas y, ¡adelante! 

Se ha comprendido en esa ciudad la importancia y la urgencia 
de combatir la impresión pornográfica, heraldo de todas las plagas, 
que penetra solapadamente en el interior de los hogares bajo la 
forma inocente de la hoja impresa. 

Pero ha acontecido en éste lo que en tantos casos ya. Se ha 
confundido la pornografía con muchas otras cosas que nada tienen 
que ver con ella, y englobadas todas en un solo título, se ha pre- 
tendido suprimir todo medio de propaganda impresa contrario a las 
ideas del conservatismo y la clerecía que dominan allí. 

El viejo e hipócritamente triunfante proceder jesuítico ha ten- 
dido una vez más sus artimañas para doblegar la libre idea que 
a despecho de las religiones y de sus esbirros, tiende las alas triun- 
falmente para llevar en su vuelo hacia la altura a todas las con- 
ciencias liberadas del dogmatismo envilecedor. 

Aquí también entre nosotros, una comisión de damas, arrogán- 
dose derechos de censura, y ejerciendo presión violenta sobre el es- 
píritu social, publicó un índex moralizador, y con pretexto de in- 
moralidad y de pornografía, condenó a las llamas eternas hasta las 
-obras de Sheakespeare y Beaumarchais ! 

Las dos ciudades del Plata son legítima y tristemente hermanas 
en esa herencia funesta de prejuicios, clericalismo e hipocresía. 


(1) Publicada en “La Vanguardia”, del 22 de agosto de 1918. Buenos 
Aires. Carta abierta al Dr. Angel M. Giménez. 



348 


Paulina Luisi 


Hemos de confesar, con vergüenza, que después de un siglo de 
libertad política, llevamos aún impreso en nuestras frentes el es- 
tigma de esclavos que nos impusiera el intransigente jesuitismo del 
fenecido coloniaje. 

Yo quisiera saber-, ilustre amigo, si esta campaña de redención 
moral de la administración bonaerense, que pudo, equivocadamente 
tal vez, incluir en el Índex las más hermosas floreeencias del pensa- 
miento moderno, las más trascendentales e indiscutiblemente las de 
más profundas enseñanzas de alta moral, como las obras purifica- 
deras de Emilio Zola, de Sienkewitz, de Gorki, ha comenzado su 
obra de purificación moral dando una verdadera batida eficaz y pro- 
vechosa, realmente útil en todas esas librerías o seudo librerías, y 
otros comercios donde se expenden clandestinamente a la juventud, a 
la adolescencia misma, esa multitud de imágenes de la más deplorable 
perversidad. 

Yo quisiera saber qué ha hecho la administración con esa enor- 
me cantidad de postales iluminadas y obscuras, con esa cantidad de 
hojillas de papel traslúcido, en donde la adolescencia y la juventud,, 
y hasta la senilidad tambaleante, van a buscar estímulo a los más 
repugnantes apetitos. 

Yo quisiera saber si realmente ha desaparecido esa multitud de 
vistas al trasluz que, aquí como allí, se han expedido por millares, 
como obsequio funesto a los marinos norteamericanos, en retribución 
a su visita fraternal (1) ; si se ha purgado finalmente la hermosa 
capital argentina de esa plaga de figuras y folletos en los que nues- 
tros hijos van aprendiendo el camino de la corrupción, y por los 
cuales se van disgregando las más sanas nociones de moralidad y 
de pureza. 

He aquí una campaña moralizadora, que espero no habrán ol- 
vidado de efectuar nuestras celosas autoridades, impidiendo que con- 
tinúe el negocio clasdestino de inmoralidades y pornografías que des- 
baratan en unos minutos el laborioso edificio que durante años ve- 
nimos levantando en el corazón y el espíritu de nuestros hijos. 

Y por fin, yo quisiera saber, mi amigo, si la Municipalidad bo- 
naerense se ha ocupado de cerrar de una buena vez su bolsa de re- 
caudo sobre esa vergüenza pública que se llama prostitución regla- 
mentada. 

Yo espero bien que la administración argentina habrá compren- 
dido, finalmente, el baldón de inmoralidad que significa para un 
país culto el mantener a la sombra de sus reglamentos la vida de 
una institución tan vergonzosa y tan inicua como es la prostitución 
oficializada. 

En el prostíbulo abierto y protegido por los reglamentos muni- 
cipales con su famosa estampilla de “sana” puesta sobre las pu- 


(1) Después de la guerra 1914-17. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


349 


pilas, como sobre una res de matadero, por las correspondientes au- 
toridades sanitarias, es donde hay que ir a cortar las más vigorosas 
raíces de la inmoralidad y la pornografía, allí donde, dando un so- 
lemne bofetón a la decencia, el Estado invita e incita a la juven- 
tud para la corrupción más repugnante. 

Es demasiado sabido, y pese a quien pese, hemos de repetirlo, 
que la prostitución reglamentada, con el prostíbulo abierto co- 
mo un honesto negocio, es la escuela más funesta para la moralidad, 
es el agente más poderoso y enérgico para la corrupción y la por- 
nografía en grande escala, porque en ella lo mismo es enseñada y 
amaestrada la pupila novicia en la práctica de cuantas perversiones 
pueda inventar la más relajada y depravada fantasía, como lo es el 
joven, que comenzó por frecuentarla para satisfacer un apetito na- 
tural, y es iniciado luego en las más innobles invenciones de la 
relajación y la lujuria. 

Yo espero del alto criterio de las autoridades de esa tierra le- 
jana, que comiencen una amplia y benemérita campaña contra la 
inmoralidad y la pornografía, suprimiendo la reglamentación y el pros- 
tíbulo, puesto que ella significa la aprobación legal y el beneplácito 
social de su existencia. 

Si ellas la consienten ¿qué autoridad moral podrán ejercer so- 
bre la entera población, y cómo podrán evitar la justificada acusa- 
ción de arbitrariedad que podría dirigírseles, dado que por una 
parte siguen protegiendo legalmente la existencia del prostíbulo y 
de los horrores que en él se cometen, y por otra pretenden prohibir 
el comercio de impresos pornográficos que no son, en suma, más 
que el aperitivo de aquéllos? 

¿Hay acaso, en el día de hoy, quien conserve aún suficiente 
candidez para ignorar que libros, folletos y demás inventos porno- 
gráficos no tienen precisamente más objeto que el de incitar los bajos 
instintos, provocando el aumento de clientela y consiguiente rendi- 
miento de aquellos negoeios corruptores? 

¿Cómo podremos creer que se emprenda lealmente una campa- 
ña honesta y moralizadora si ella se conforma con perseguir el “af fi- 
che” y el reclamo y al mismo tiempo autoriza y reglamenta la eje- 
cución de los hechos que aquéllos reproducen y provocan, y lo que 
es peor aún, beneficia de ellos? 

Perseguir los impresos pornográficos y mantener la reglamenta- 
ción oficial de la prostitución es pretender tapar el cielo con un 
harnero. 


L. P. Montevideo, agosto de 1918. 




TITULO XIV 


El día Antivenéreo 


SU SIGNIFICADO 

“Siendo esencialmente la lucha antivenérea un problema de ética 
social, es condición indispensable para resolverla, crear una pode' 
rosa corriente de opinión que, destruyendo los prejuicios existentes, 
decida al público y a las autoridades políticas y sanitarias a encarar 
resueltamente las diversas cuestiones que aquélla plantea. Para ello 
es menester desarrollar una intensa y persistente acción de propa- 
ganda higiénica, a fin de crear en la población la conciencia sanita- 
ria sobre el peligró venéreo. 

“A ese propósito responde la creación del Día An ti venéreo. Im- 
plantado primeramente en la República del Uruguay, por iniciativa 
del Director del Departamento de Higiene Sexual, Dr. Héctor del 
Campo, cumpliendo el programa trazado por su antecesor el Dr. Juan 
Antonio Rodríguez, fué adoptado luego en el Brasil y la Argentina 
a raíz de la sugestión que en ese sentido hiciera el Presidente de 
la “Liga Brasileña de Higiene Mental”, Dr. Hernani López. La 
feliz iniciativa del Dr. Hernani López, a fin de hermanar los es- 
fuerzos de las tres naciones en fecha determinada, obtuvo, desde 
un principio, el más cálido apoyo. 

“Pocos meses después, el 7 de setiembre de 1935, tuvo efecto 
la celebración del día antivenéreo, simultáneamente, por vez pri- 
mera, en el Uruguay el Brasil y la Argentina. 

“Con ese motivo realizáronse conferencias públicas de divulga- 
ción antivenérea, trasmisiones radiotelefónicas, clases, sesiones espe- 
ciales en diversos centros médicos, exhibiciones de films cinemato- 
gráficos, fijaciones de carteles y affiches, distribución de material 
de propaganda, etc. 

“En la referida fecha, celebróse en Buenos Aires un gran acto 
público que tuvo efecto en el teatro Colón, ante una sala desbor- 
dante de concurrencia en el que hicieron uso de la palabra las per- 
sonalidades siguientes: Dr. Héctor del Campo, ya mencionado, Dr. J. 
P. Porto Carrero, vice presidente de la Liga Brasileña de Higiene 
Mental de Río Janeiro, Dra. Paulina Luisi, Asesor en la Liga In- 
ternacional contra el Peligro Venéreo, Dr. Gonzalo Bosch, Presidente 
de la Liga Argentina de Higiene Mental, Prof. Dr. Nicolás Greco 
de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, Senador Dr. 



352 


Paulina Luisi 


Mario Bravo y el Presidente de la Liga Argentina de Profilaxis So- 
cial, Dr. Alfredo Fernández Verano. El resultado no pudo ser más 
favorable. 

“En setiembre de 1936, el día antivenéreo fué celebrado simultá- 
neamente en diez países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Costa Ri- 
ca, Paraguay, Perú, Portugal, Uruguay y Venezuela. Se eligió como 
fecha el primer domingo' de setiembre, mes de la primavera. En los 
Estados Unidos fué creado el Día de la Higiene Social, celebrado 
por primera vez el 3 de febrero de 1937 por considerar esa fecha 
más apta en' aquel país para realizarlo. 

“Actualmente la Liga Argentina realiza gestiones para conse- 
guir la implantación del Día Antivenéreo en los restantes países de 
América”. (1). 

Desde 1935, fecha de su iniciación, el Día Antivenéreo se viene 
-celebrando regularmente en la fecha fijada. Por lo menos, es lo 
que podemos asegurar para la Argentina. 

He querido transcribir esta noticia porque da la exacta explica- 
ción de lo que son estas jornadas antivenéreas, que con una cons- 
tancia envidiable viene realizando la Liga Argentina de Profilaxis 
Social, al empuje de su Presidente el Dr. Fernández Verano y sus 
abnegados colaboradores. En este capítulo, van publicadas las alo- 
cuciones que me correspondió dirigir a la asistencia en las jornadas 
en que pude participar. 


I.» JORNADA 

Orientaciones para la enseñanza sexual de la juventud (2) 

Setiembre de 1935 

Este acto, realizado para ser trasmitido conjuntamente a la Ar- 
gentina, al Uruguay y al Brasil, viene a serlo en día señalado en 
que una de estas tres hermanas, que marcan la cultura de América 
con índice» de alta graduación, festeja su aniversario nacional: el 
Brasil, que tan acertadamente ha luchado por la profilaxis social. 
Como un nuevo grito de Ipiranga contra el oscurantismo, los pre- 
juicios y la enfermedad, ha realizado grandes, monumentales obras 
de higiene social. A su noble representante en este acto, y a tra- 


(1) Esta noticia ha sido transcrita del libro “Por la Salud de la Raza”, 
publicado por la Liga Argentina en la que están publicadas todas las alo- 
cuciones pronunciadas en las Jornadasi Antivenéreas, desde la primera el 
1935 hasta las de 1940, continuándose su publicación en folletos hasta la 
fecha actual de 1948. 

(2) Organizadas por la “Liga Argentina de Profilaxis Social”. Buenos 
Aires. Teatro Colón, 7 setiembre 1935. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


3Í3 


vés del éter, a los valientes y abnegados colegas, especialmente Sil- 
va Araújo y Rabello, mi saludo y mi homenaje. 

Es altamente consolador, en medio de la desorientación espiri- 
tual de nuestra época, la constatación del entusiasmo y la fe con que 
algunos espíritus, sobreponiéndose a las preocupaciones materiales de- 
la hora presente, continúan bregando impertérritos por los ideales 
de bienestar social, que tantos beneficios aportan a la salud del pue- 
blo y a su elevación moral. 

La Liga Argentina de Profilaxis Social se destaca entre estos 
organismos consagrados a la defensa de la salud pública y protec- 
ción moral de la juventud. 

El gran espíritu combativo del inolvidable higienista Emilio Co- 
ni y su perseverancia inquebrantable, parecen haber sido recogidos 
por el joven luchador, que, a despecho de no pocos obstáculos, lleva 
triunfante el timón de esta Liga, nacida al calor de sus entusiasmos 
juveniles. 

Hace cerca de quince años, el joven Fernández Verano, apenas 
egresado de la Facultad de Medicina, se hacía a la mar de las lu- 
chas sociales, entre las olas hostiles de la indiferencia y la incom- 
prensión, agitadas a veces por el viento de la malignidad y la ma- 
ledicencia. 

No era entonces fácil la tarea. Pocos años antes, siendo toda- 
vía él estudiante, nos tocó a nosotros agitar aquí, en Buenos Aires, 
los pendones de lucha social sobre análogas cuestiones, y no he ol- 
vidado, que hasta ciertas expresiones científicas eran rechazadas, 
como inmorales, por la gran prensa, tocándonos en suerte no pocas 
fatigas para la propaganda de nuestros actos públicos, mítines y 
conferencias, quedándonos apenas el recurso de los “af fiches” mu- 
rales callejeros. . . Todavía era corriente en los avisos profesiona- 
les, aquéllo de ‘ ‘ enfermedades secretas ”... Pocos y contadas los 
que querían arriesgarse en nuestros comités... Las mujeres... mos- 
cas blancas. 

i Con qué alegría encuentro, tres lustros después, la opinión pú- 
blica tan evolucionada, que es posible realizar un acto de la mag- 
nitud insólita de éste, en el teatro máximo de esta gran capital del 
continente ! 

Esta evolución no es obra de uno solo, de unos pocos, cierto 
es; pero no lo es menos y en considerable proporción, debido a los 
esfuerzos incansables y tenaces x de esta meritísima Liga que, contra 
viento y marea, ha continuado sin desmayo esta nueva “guerra san- 
ta” contra el oscurantismo y los prejuicios, llevando en alto, triun- 
fantes, las banderas de la Profilaxis Social. 

Entre las finalidades que persigue la Liga, está comprendido 
el grave problema de la Enseñanza Sexual o biológica. 

En tren de recuerdos, se aleja mi espíritu veinte años atrás pa- 
ra traer a la hora presente aquel Primer Congreso Americano del 
Niño, en 1916, nacido en esta capital, que tuvo la valentía de pro- 


23 



354 


Paulina Luisi 


gramar la entonces “escandalosa” cuestión de la “Enseñanza Se- 
xual”, en la que me tocó la honra de ser miembro informante. 

Hablar del Congreso del Niño es traer entre nosotros a aquella 
gran figura de mujer, íntegramente sacrificada por sus ideales, que 
llevara la palabra argentina al Congreso de Higiene Escolar de Pa- 
rís, de 1910, en un brillante estudio sobre la Educación Sexual. El 
espíritu de Raquel Camaña está entre nosotros. 

Se me ha pedido, para el acto de hoy, que hable sobre este 
mismo tema, concretándome a la parte de Etica Sexual que él com- 
prende. Apenas se podrá esbozar algunas ideas, pues la tiránica mar- 
cha de los diez minutos no da margen para mucho desarrollo. En 
próxima conferencia, el jueves, en el salón Príncipe Jorge, me será 
permitida más amplitud. 

Con muy feliz comprensión de esta cuestión, la Liga Argentina 
ha discriminado la educación sexual, de la enseñanza y de la edu- 
cación profilácticas. 

Esto es muy importante y debo subrayarlo aquí, pues más de 
un autor y numerosos médicos e higienistas, confunden lamentable- 
mente , la enseñanza profiláctica con la educación sexual y llegan 
algunos hasta el error de llamar “educación sexual” a la simple 
enseñanza profiláctica. 

Es que el problema de la profilaxis de las enfermedades vené- 
reas se hace algo más complicado que el de las otras enfermedades 
infecciosas, por las circunstancias especiales, de origen social, que 
rodean la trasmisión y difusión de esta clase de afecciones. 

Esto obliga a encarar los diversos problemas sociales relaciona- 
dos con ellas, de los cuales, si no son aquéllas una consecuencia, son 
por lo menos, concomitantes al mecanismo de su difusión. 

Entre las otras enfermedades contagiosas y éstas, existe en ge- 
neral una manera muy diferente de producirse la contaminación ; 
no desde el punto de vista biológico; pero de otro que me permitiré 
llamar psicológieo-social. 

En la generalidad de las afecciones, el contagio se verifica por- 
que el individuo recibe el gérmen infeccioso que se eneuentra en 
los medios que lo rodean, aire, agua, alimentos, etc. en tanto que 
en la mayoría de los casos, nara la contaminación venérea entra en 
juego un factor sobreagregado, un acto voluntario: el acto sexual. 

No me atrevo a decir que es la voluntad o la conciencia quie- 
nes lo determinan, pero hay sin embargo una cierta voluntad, más u 
menos consciente más o menos experimentada, más o menos instin- 
tiva e ignorante que lleva al individuo hacia el foco donde puede 
ser contagiado. En otros términos, que no son científicos, podríamos 
decir que en la generalidad de las afecciones, el gérmen busca o cae 
sobre él individuo; y que en las afecciones venéreas, el individuo es 
el que va en su busca. 

Es en efecto en el acto sexual cuando se verifica el enorme por- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


3SÍ 


centaje de las contaminaciones venéreas. Y el acto sexual es siempre, 
salvo ciertos casos de excepción, más o menos voluntario. 

Éste diferente mecanismo en la forma de la trasmisión, ha en- 
gendrado un procedimiento y un método más de profilaxis, no sólo 
sanitaria, sino también de profilaxis moral. 

El procedimiento es la educación profiláctica, necesaria también 
para evitar otras afecciones contagiosas, como la tuberculosis, por 
ejemplo. 

El método, más amplio, es la enseñanza eugenésica y sexual. 

La doctrina, basada en la biología y la justicia, es la unidad 
de la moral. 

La enseñanza y la educación profilácticas, son el conocimiento 
de los medios para evitar las enfermedades, y en el caso concreto, 
las enfermedades sexuales, y la adquisición de los hábitos necesa- 
rios para evitar su contagio. 

Más de una vez, alguna de sus prácticas están en plena dis- 
crepancia y hasta en oposición con lo que entendemos por “edu- 
cación sexual” que se funda en los principios de la ética, de la 
moral sexual. 

Nos vemos obligados a aceptar algunas de ellas, aunque de mal 
talante, porque en estos períodos de evolución, ellas sirven, por lo 
menos, para contrarrestar las funestas consecuencias que el uso in- 
disciplinado de los placeres sexuales acarrea al individuo y a la so- 
ciedad, en una mayor difusión de las enfermedades que estamos com- 
batiendo en estas jornadas. 

La educación sexual, y eugenésica, repito una vez más, está 
basada en una cuestión moral. Pretende la formación de fuerzas es- 
pirituales tan poderosas que puedan sobreponerse, en cualquier mo- 
mento de la vida, a las exigencias avasalladoras del instinto. 

La educación sexual y eugenésica pretende, como principio bá- 
sico, fundamental, la disciplina de ese instinto tan poderoso; pre- 
tende, permítaseme una expresión más gráfica, la doma de los deseos 
sexuales, en forma de que el ser humano no les dé satisfacción 
sino en la hora juiciosamente deliberada y en las condi cones razo- 
nablemente pesadas que exige su verdadero valor, cual es la crea- 
ción de otra vida. 

Se ha dicho que la educación sexual es la revelación del mis- 
terio de la generación a los niños. 

No está bien. 

La enseñanza sexual y eugenésica es mucho más que eso : abar- 
ca mucho más, en mi concepto. El conocimiento de los fenómenos 
del nacimiento y la generación y la profilaxis de las enfermedades 
sociales, son solamente las primeras letras de la grande obra de sa- 
neamiento moral y físico que pretende realizar la enseñanza sexual 
y eugenésica. 

Tampoco es la exaltación del goce a su máximo rendimiento, 
doctrina del placer por el placer, como quieren algunos, lo que cons- 



356 


Paulina Luisi 


tituye una enseñanza funesta para la juventud, ya demasiado de- 
sorientada en la conducta que debe seguir acuciada por el materia- 
lismo desconsolador de la época presente. 

La educación sexual y eugenésiea es, precisamente, todo lo con- 
trario. ' 

Es la disciplina del instinto sexual, es la creación del senti- 
miento de responsabilidad genésica, es la formación de la voluntad, 
es el triunfo del espíritu sobre los apetitos materiales desatados hoy 
sin discriminación y sin freno. 

Esta es la educación que queremos para la juventud, a fin de 
que esté capacitada, durante toda la vida, para emplear victoriosa- 
mente las fuerzas espirituales a la disciplina del instinto ; a fin de 
que tenga la fortaleza necesaria para resistir a las exigencias del 
sexo, para no darles satisfacción, sino con la plena conciencia de la 
significación del acto que realiza, creador de otra vida, en las me- 
jores condiciones de supervivencia física y espiritual. 

La moral sexual no ha sido ni es considerada igualmente por 
todos los pueblos ni por todas las épocas. De la rígida castidad exi- 
gida por unos, a la absoluta libertad sexual erigida en principio 
por otros; desde el ascetismo fanático hasta la afirmación popular 
de que “la juventud debe correrla”, los puntos de vista alcanzan 
ciertamente divergencias desmesuradas. 

La institución de la familia es igualmente variable. En lo que 
toca a la moral sexual; también varía su concepto según los pueblos 
y las épocas; lo que aquí es conveniente, allá, es inmoral. Aún den- 
tro de nuestra civilización de occidente, las variaciones señalan dis- 
tancias formidables. 

Algo hay, sin embargo común a todos los criterios, algo inva- 
riable, porque no es creación del espíritu humano, sino que es fun- 
ción de la Vida: es el instinto sexual, la fuerza vital que lleva a 
dos seres humanos a responder a esa finalidad misma de la espe- 
cie : a crear otra vida, a perpetuarse a través de 'las edades. 

Más allá de las instituciones creadas por los hombres, esta fuer- 
za perdura inalterable : es la Vida que se conserva a sí misma a 
través del tiempo y del espacio. 

Ella es la que plantea el axioma biológico del que pueden 
■sacarse todos los corolarios de moral natural, social o religiosa que 
se quiera, pero el axioma fundamental como que es invariable no 
puede dejar de ser reconocido y aceptado por todas ellas, porque 
se desprende de las leyes inmutables de la Vida. 

No puede pues sufrir las alteraciones circunstanciales de la mo- 
ral convencional establecida por el diverso grado de evolución de 
los pueblos y sus costumbres o dispuestas por las leyes positivas. 

Lo mismo que del acto biológico se desprenden consecuencias 
vitales, del acto social deben surgir los deberes y las responsabili- 
dades que reclama la moral biológica, al margen de todo precepto 
legal o religioso. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


357 


El hecho de que el acto inicial tiene el mismo valor biológico 
en el hombre que en la mujer, — ante la ley inflexible de la Vi- 
da, — los deberes y las responsabilidades deben ser los mismos, y 
poj* lo tanto, ante la ley positiva, iguales deben ser los derechos 
de ambos, puesto que son el instrumento para cumplir aquéllos. 

Del punto de vista jurídico, (que es un arreglo variable entre 
los hombres) los deberes y las responsabilidades han sido conside- 
radas diferentes, lo mismo que por la moral social. Para una mo- 
ral justa, elevada y equitativa, basada en las leyes de la Vida, 
el mismo acto, cometido en iguales condiciones por el hombre y la 
mujer, — esto es, libremente, conscientemente, — debe acarrear las 
mismas responsabilidades y los mismos deberes. 

Este concepto, inspirado en una visión humana de la vida, en 
un sentimiento profundo de equidad y de justicia, dista mucho de 
ser aceptado por la moral corriente, seguida muy de cerca por las 
leyes positivas, que conceden en la mayoría de las legislaciones y 
de los casos, al hombre el derecho y la libertad, y hacen pesar so- 
bre el otro actor, la mujer, las responsabilidades y los deberes, cada 
vez que el acto se consumó al margen de los contratos legales o re- 
ligiosos. 

La verdadera significación del acto biológico, de la fuerza vital 
que lleva a dos seres humanos a responder a esa finalidad misma 
de la especie es crear otra vida, perpetuarse a través del tiempo. 

El acto que la crea no es un acto individual, singular, privado, 

como lo son las demás funciones biológicas. Es un plural indivisi- 
ble en el cual se juegan los destinos de tres existencias, sea cual 
sea la organización social: el hombre, la mujer y el hijo. 

De esta pluralidad surgen forzosamente deberes recíprocos. Del 
hombre y la mujer entre sí, iguales ambos en deberes y en respon- 
habilidades. 

Deberes de limpieza física y moral, esto es: de salud, de inte- 
gridad material y espiritual; de pureza en la acción y en la inten- 

ción que los une en el abrazo obedientes a la ley fatal de conserva- 
ción de la vida. Su transgresión puede llegar a ser fuente de deli- 
tos, como, por ejemplo, la contaminación de enfermedades, especial- 
mente sexuales, de quien, sabiéndose enfermo, no es capaz de abs- 
tenerse de tal acto. 

Deberes de integridad física y moral para engendrar un nuevo 
ser, que es la finalidad verdadera de la unión y cumplimiento de 
las responsabilidades que hacia él crea este acto. Su transgresión 
constituye delito de lesa vida cuando se trasmiten enfermedades he- 
reditarias o taras incurables. 

Cuando se falta a la integridad física, o la moral, o cuando 
no hubo limpieza de acción o de intención, se cometen delitos ver- 
daderos ante la moral de la Vida, como cuando uno de los proge- 
nitores se substrae a los deberes de protección, alimentos, educa- 



3S8 


Paulina Luisi 


ción y amparo del nuevo ser cuyas responsabilidades asumieron des- 
de el momento en que realizaron el acto que creó la vida. 

Una moral simplemente honrada no debe admitir más que el 
criterio dictado por la moj*al de la Vida: el deber y las responsa- 
bilidades iguales, como los derechos y la libertad, para el hombre 
y para la mujer. En una palabra: una sola moral, elevada, para 

AMBOS SEXOS. 

Fuerza nos es, pues, combatir esa doctrina funesta del mal ne- 
cesario, equívoco brutal que admite para el hombre todas las licen- 
cias y exige a la mujer todos los sacrificios; fuerza es destruir ese 
principio de la doble moral, instigadora y causante de la seducción, 
del abandono de la madre en período de gestación y de lactancia, 
del abandono del hijo ilegítimo por parte del hombre; de la des- 
trucción del gérmen, del aborto, del infanticidio, por parte de la 
mujer. 

Obra de la educación será destruir las malsanas raíces de la 
doble moral que han envenenado las costumbres y las leyes, y cuya 
consecuencia más cruel y más infamante para nuestra época es la 
prostitución, la mayor de las fuentes de los males que estamos com- 
batiendo en estas jornadas de profilaxis social. 

Obra de la educación será devolver al acto generador su fina- 
lidad absoluta, incontaminada por los artificios de la civilización; 
elevar el acto creador de otra vida, sublimándolo en el espíritu de 
los jóvenes de ambos sexos, dándole la consagración de un gesto 
creador, hoy envilecido por los egoísmos materialistas de nuestra 
época, por la relajación de las costumbres y convertido en fuente de 
estériles placeres y hasta, a veces, de vergonzosas e inconfesables abe- 
rraciones. 

Inspirada en una moral elevada, igual para ambos sexos, la 
educación sexual y eugenésica dará al gesto creador el valor espi- 
ritual de un deber que todo ser humano, en la integridad de su sa- 
lud física y mental y de su libertad consciente, está obligado a cum- 
plir para completar el ciclo de su existencia. 

Deberá para ello desarrollar en él cuidadosamente la voluntad 
y la fuerza de carácter desde la infancia, tan descuidadas hoy, a 
fin de que en la juventud y la madurez se encuentre capaz de una 
castidad concientemente decidida y pueda resistir a las exigencias ma- 
teriales del instinto, sometiéndolo a la disciplina que reclama su tras- 
cendente finalidad única, sagrada, ineluctable: los hijos. 

Enseñemos, pues, al joven, como un credo, sus deberes y sus 
responsabilidades de paternidad. Enseñémosle a cuidar su salud fí- 
sica y su integridad moral para ser digno de la santidad de ese 
destino: ser padre. 

Enseñémosles a nuestras jóvenes a cuidarse de las asechanzas del 
camino, a defenderse de los tropiezos y las caídas que la organización 
de las sociedades actuales ofrecen a su paso, bajo mil formas diversas 
de las que, la más disolvente, tanto para su salud física como para 



Pedagogía y Conducta Sexual 359 

su limpieza espiritual, es ese mercado oprobioso que se le ofrece a 
nuestra juventud inexperta, a la vuelta de cada esquina, dándole 
una parodia repugnante del amor, y en la que arriesga, en el beso 
envenenado de una relación de acaso, dejar comprometidas para siem- 
pre su salud v su destino. 

Inspiremos a los jóvenes de ambos sexos el sentimiento del de- 
ber y la conciencia de sus responsabilidades, tan celosamente, como 
otrora se les inspiraba el sentimiento del honor, que les exigía esa 
fuerza de carácter, esa hombría hacia sus responsabilidades que hoy 
queremos aplicar 8 morigerar el más irrgsistible e ineducado de los 
instintos. 

No basta todavía. 

La ética sexual individual debe armonizar con la ética colec- 
tiva, sin la cual aquélla será débil y fácilmente vencida. Hay que 
ir más allá. 

“Hay que crear una nueva conciencia colectiva, formar el sen- 
timiento de la responsabilidad solidaria con la colectividad a que se 
pertenece, crear el sentimiento del deber social de cada uno, como 
unidad dentro de la masa social; compenetrar al hombre de esa 
relación de dependencia y de intercambio, de beneficios y perjui- 
cios que son fatales entre el individuo y la colectividad; hay que 
hacerle comprender el valor de las propias responsabilidades socia- 
les de cada uno de sus actos, por mucho que le parezca que sola- 
mente a sí propio se refieren”. (1) 

Esta interdependencia indiscutible en el espacio y en el tiem- 
po nos obliga en el presente y en el porvenir, lo mismo que, a nues- 
tra vez, llevamos en nosotros las huellas de tiempos fenecidos. 

Es necesario, sembrar estos principios, que serán la base de 
una nueva conciencia, en el alma de nuestra juventud, desarrollan- 
do en ella la convicción de esa solidaridad ineludible entre los se- 
res humanos del presente; entre la actual generación y las que 
vendrán, cuya salud y cuya felicidad serán lo que la nuestra hará 
de ellas. Cadena de amor en el espacio y en el tiempo, cuyos ani- 
llos parecieron quebrados por el azote que hirió el mundo en la se- 
gunda déeada del siglo y que, aún no reconstituida, amenaza de 
nuevo desgarrarse. 

Hagámoslo para nuestra juventud, por lo menos de nuestra Amé- 
rica, si allá, tras los mares, nuevas catástrofes se ciernen. 


(1) Paulina Lüisi, “El ser humano como capital colectivo”. Curso de 
Higiene Social, 1926. 



360 


Paulina Luisi 


II* JORNADA 

Educar 

Setiembre de 1937 (1) 

La gravedad del peligro venéreo no es en la hora presente nn 
secreto para nadie. 

Los numerosos actos de propaganda que se van realizando des- 
de varios años a esta parte por todo el mundo, han conseguido abrir 
los ojos a las masas sobre los peligros que las acechan. 

La humanidad entera, bajo todos los climas y en todas sus ra- 
zas, está amenazada continuamente por esta horrible plaga, que es- 
teriliza a millares de hogares, que destruye a millares de criaturas, 
que invalida a millares de seres humanos, hombres y mujeres, que, 
como una maldición, coloca bajo la almohada de la criatura recién 
nacida un cofre siniestro de dolores y miserias. 

Ciertamente que su extensión y su gravedad no son iguales en 
todos los países, como cierto es también que no todos los países de- 
sarrollan igual intensidad de trabajo y de lucha para combatirla. 

Pero ningún pueblo, actualmente, vive ni puede vivir encerrado 
en sus propias fronteras. Y si las relaciones y comunicaciones entre 
los diversos países han sido facilitadas y favorecidas por los progre- 
sos inmensos de la locomoción — hasta los aires han sido conquis- 
tados — estas facilidades se convierten en más favorables y rápidos 
medios de diseminación y contagio de los flagelos que azotan despia- 
dadamente la salud de la raza. 

La comprensión de estos hechos ha determinado entre los hi- 
gienistas una mayor extensión de la profilaxis, a una acción de con- 
junto entre las naciones, a fin de continuar entre ellas la acción pro- 
filáctica iniciada por cada una. 

Esta colaboración debe tomar el carácter de verdadera acción 
pública, obligando a colaborar en su obra a los poderes constituidos, 
es decir, entrando en los dominios de la higiene internacional, ofi- 
cial y adecuadamente contraloreada. 

Si es indiscutible que no hay nación indemne de sífilis, las me- 
didas adoptadas para combatirla no pueden alcanzar un éxito real 
si todas las naciones no realizan el mismo esfuerzo. 

Es por eso que hemos visto con inmensa alegría la fundación en 
el Perú de una Liga de Profilaxis Social, la que esperamos será se- 
guida por la formación de otras similares en los demás países de 
nuestra América, que aún no han emprendido la acción conjunta, 
privada y pública de la lucha sistematizada contra el terrible flagelo. 

En pocos problemas sanitarios, es tan necesaria como en éste, 


(1) Teatro Politeama, Buenos Aires. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


361 


la colaboración estrecha y continuada entre los pueblos, si es que 
verdaderamente quieren hacer desaparecer un flagelo que cuesta a 
la humanidad tal número de vidas que sólo puede ser expresado 
con cifras astronómicas. 

Se ha repetido hasta el cansancio la cifra millonaria de vidas 
que costó a la humanidad la locura bélica de los pueblos en la se- 
gunda década de nuestro siglo: once millones de muertos sellaron 
con sus cuerpos la locura f raticida de la gran guerra europea. (1) 

Solamente en tres de los países que entraron en la gran con- 
flagración, Inglaterra, Francia y Bélgica, la sífilis destruye anual- 
mente cerca de un millón de vidas, es decir, que en cuatro años, 
como duró la guerra, destruye casi cuatro millones de seres humanos. 

Cuando se establecen cifras, nos sentimos aterrados por su mag- 
nitud. 

Los gobiernos que gastan cantidades fabulosas en la compra 
de armamentos bélicos, son siempre de una avaricia desesperante, en 
comparación con aquella munificencia, cuando se trata de dotar a 
los pueblos de armas profilácticas para la guerra sanitaria contra 
los grandes flagelos que destruyen el vigor de la raza. 

Pero la acción privada lucha, incansablemente. 

La “Unión Internacional contra el peligro venéreo” y los or- 
ganismos nacionales adheridos o similares a ella, como esta “Liga 
argentina de profilaxis social” continúan impertérritas su obra de 
propaganda sanitaria. 

Estos “días antivenéreos” verdaderas jornadas internacionales 
que centralizan de tanto en tanto la atención pública sobre la ac- 
ción profiláctica; — que de cuando en cuando tocan reciamente la 
campana de alarma, recordando a los desmemoriados, empujando a 
los remisos, alertando a los indiferentes — estos ‘ £ días antivené- 
reos” son una de las más felices realizaciones para la campaña 
antivenérea. 

Mas no es posible confiar en los éxitos alcanzados, ni descansar 
sobre la labor realizada: el enemigo continúa alevoso en su ofen- 
siva, implacable en su obra funesta al devenir de la especie. 

Tiene aliados formidables: la ignorancia y la desidia. Tiene tam- 
bién un cómplice inconciente, más formidable aún que sus aliados 
para el éxito de su terrible agresión: el apetito sexual. 

Parecería que junto al más exigente de los instintos, al más 
poderoso de los placeres, a la más sagrada de las misiones, — un des- 
tino maligno hubiese colocado el más formidable de los azotes. 

La juventud, despertando a los más exigentes imperativos de 
la propia vida, encuentra, junto al enipuje vital exigido por la 
continuación de la especie, el flagelo más terrible para degenerarla 
o destruirla. 


(1) Referencia a la que había sido hasta entonces la gran guerra mun- 
dial, 1914-1918. 



362 


Paulina Luisi 


Y entonces ni la acción privada ni la acción pública tiene fuer- 
za eficiente si ella misma no ha sido creada en el propio factor 
individual. 

Convenciones internacionales, leyes coercitivas, penalidades, san- 
ciones, se estrellan contra' la trinchera irreductible de la inercia y 
la apatía o la falta de carácter individuales. 

Acaba de sancionarse en este país y existe a estudio parlamen- 
tario un proyecto análogo en el mío, por el que se introduce en la 
legislación un factor aún no considerado hasta ahora: la penalidad, 
el castigo por la trasmisión de las enfermedades de esta especie: el 
delito de contagio venéreo previsto por vuestra nueva ley (12331)). 

No voy a detenerme sobre este asunto, de inmensa trascendencia 
sin embargo, en la lucha antivenérea. 

Leyes hay que difícilmente pueden ser llevadas a la práctica con 
resultado realmente eficaz y en forma verdaderamente equitativa ; 
leyes hay de aplicación difícil, y disposiciones existen de eficacia 
dudosa en sí misma, pero que, no obstante, tienen una verdadera 
importancia por el valor que toman ante el público determinados 
hechos, porque llaman con urgencia el interés popular sobre deter- 
minada cuestión, y sobre todo porque indican, con un imperativo 
clamoroso, a la conciencia de las masas, asunto en general oculto, des- 
cuidado o indiferente. 

Hace más de medio siglo se implantaba tímidamente la primera 
etapa de esta nueva ofensiva profiláctica. 

Limitada al principio, concretóse a la famosa ley Roussell, acep- 
tada y adoptada en numerosas naciones, ley que hace caer bajo la 
sanción penal el contagio venéreo por la nodriza al niño o el de 
éste a la nodriza, quien luego infecta sin saberlo al propio hijo: ley 
que ha salvado a millares de criaturas de ser contagiadas inocente- 
mente por sus propias madres. 

Porque era ley brutal de nuestras sociedades burguesas que el 
rico que busca para el propio hijo la leche materna que pertenece a 
otro niño, tomara todas las precauciones sanitarias antes de contra- 
tar la nodriza, — pero que no tenía escrúpulos en entregar el seno 
de una mujer sana para contagiarlo con los labios envenenados de 
un niño que llevaba, como un castigo bíblico, el estigma de la en- 
fermedad trasmitida por el padre al darle la existencia. 

Esta cuestión de contagio de nutrición está hoy fuera de discu- 
sión, forma parte ahora del cuadro clásico de la protección de la 
primera infancia. 

La lucha antivenérea actual ha introducido en muchos países 
un nuevo delito configurando el contagio del mal venéreo, estable- 
ciendo penas para aquéllos que, sabiéndose atacados de este morbo, 
lo contagian intencionalmente a otra persona ; así como quien sa- 
biendo o pudiendo sospechar que está atacado de uno de esos males, 
^aún sin intención de contagiar, haya transmitido el morbo a otra per- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


363 


•sona, o quien, sabiéndose enfermo, mantiene relaciones sexuales que 
arriesgan ser infectantes. 

No puedo entrar en detalles ni en apreciaciones. Quiero, simple- 
mente subrayar que, en compensación a sus dificultades de aplicación 
y a sus defectos, le reconozco al delito de contagio venéreo una ac- 
ción educativa sobre el espíritu de las masas; inculcándole la noción 
de una nueva responsabilidad y una nueva salación: ¡lo que la ley 
prohíbe no es lícito! 

Es una clarinada para los indiferentes, a quienes advierte que 
no hay derecho de mantener relaciones cuando se está bajo la acción 
contagiosa del mal; es una advertencia, porque les dice que el con- 
tagio venéreo es un delito de lesa salud, de lesa v,ida, y merece castigo. 

Cierto que las leyes penales no están hechas para las personas 
de conciencia recta, para los individuos moralmente sanos, para los 
que conocen y saben dar satisfacción a sus deberes y a sus respon- 
sabilidades. En un mundo de seres conscientes y buenos, la ley pe- 
nal sería inoperante, sencillamente porque sería inútil. 

Para los indiferentes, para los egoístas, para los inconscientes, 
para los malvados, el establecimiento de esta ley comienza por ser 
una advertencia: Es una enseñanza antes de ser una sanción. 

Yo no quiero entrar en consideraciones sobre el delito de con- 
tagio venéreo, del que mucho habría que decir y del que no soy 
partidaria, sino con grandes reservas, tanto más cuanto que den- 
tro del mismo código, sin introducir una nueva ley, se puede en- 
contrar la correspondiente sanción de ella, si es necesario, en los ar- 
tículos referentes a delitos contra las personas. (1). Es también la 
opinión de la Liga francesa por los Derechos del Hombre. Quiero 
sin embargo establecer una discriminación. 

Un cónyuge que al tener relaciones extramatrimoniales se expuso 
al contagio y lo adquirió, y luego, sin guardar prudencia, tiene re- 
laciones con el otro cónyuge, y lo contagia, comete un verdadero de- 
lito. Quien va en busca de placer sin responsabilidades, en relacio- 
nes de acaso, comete a sabiendas una imprudencia que puede serle 
fatal. 

Porque se expuso al contagio, al adquirir un “morbo veneris” 
no puede ser considerado como una víctima inocente. . . ni toda la 
responsabilidad de la contaminación debe recaer sobre su pareja! 
No es admisible, en la hora presente — sobre todo en las grandes 
ciudades — que sus habitantes ignoren, ni la existencia, ni el mo- 
do de contagio de estos males. 


(1) Especialmente en los artículos 816 y siguientes del Código Penal 
Uruguayo. 



364 


Paulina Luisi 


Son años que la propaganda se ha iniciado y no se habla ya 
con misterio culpable, de las enfermedades venéreas. 

Sabiéndolo... el que se expone está en el caso del que juega 
con un arma mortífera y se hiere. . . ¿la culpa es solamente del ar- 
ma que lo hirió? 

Al aceptar el delito de contagio y cuando se trata de adultos, 
yo establecería, ciertamente, una penalidad para el contaminador, 
pero daría también la suya a quien a la contaminación se expuso. 

Cuando la primera gran guerra, (1914-1918), el ejército nor- 
teamericano castigaba severamente a. todos aquellos soldados que, 
habiéndose expuesto al contagio, no lo declaraban inmediatamente 
a su regreso en la Estación Sanitaria. 

Esta misma conducta la viene siguiendo el Gobierno de la Re- 
pública Española, durante esta horrible tragedia que desgarra des- 
piadadamente el seno de la madre patria. 

Numerosos volantes, affiches y postales, circulan, con intención 
profiláctica, entre las tropas del Gobierno de Valencia. 

Una de esas publicaciones ha llegado a mis manos y no puedo 
dejar de describirla, porque demuestra a las claras la importancia que 
tiene la lucha antivenérea, hasta entrar en la primera línea entre las 
preocupaciones de un gobierno en guerra. (1) 

* “Figura dos soldados en el frente, y, en lontananza, 
como una visión de ambos, una silueta de mujer que les 
tiende los brazos. Al costado, esta leyenda: 

* “Soldados! Defended vuestra salud para ganar la 
guerra ! ’ ’. 

* “ ¡ Soldado ! En los momentos que vayas a disfrutar de 
tu bien ganado descanso, recuerda que te amenaza un peligro 
terrible: la prostitución, que puede hacerte caer enfermo 
en estos momentos decisivos, en que la libertad del pueblo y 
la derrota total del fascismo, están en tus manos. 

* “Recuerda que tras las fáciles caricias se esconden los 
gérmenes de males sucios y dolorosos. 

* “Lo mejor sería que sublimaras el deseo, fundiéndolo 
en anhelos de esperanza y de victoria! 

* “Pero si ésto no te es posible, higieniza el acto sexual, 
pide consejo a los médicos de tu batallón, sin falsos pudo- 
res, con sencillez y sigue con rigor esos consejos. Ellos ami- 
norarán el riesgo del contagio”. 

* “Jefatura de Sanidad del Ejército”. 


(1) Esta parte marcada con asteriscos fué suprimida por la censura de 
Radiocomunicaciones y no pudo ser leída en este acto pero lo fué en otra 
ocasión, véase acto de 1942. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


3 65 


Yo no considero — i muy lejos estoy de eso! la política de la 
ligienización del acto realizado en la prostitución, como un sistema 
pedagógico de elección; ante todo, porque entiendo que la prosti- 
tución es un acto que degrada por igual a quien ofrece que a 
quien demanda y a quien le aprovecha; pero, y especialmente en 
tiempos anormales de mayores peligros aún para la difusión de las 
enfermedades, como son los de guerra, esa política tiene mérito, co- 
mo lo tiene la legislación penal sobre contagio venéreo, de polarizar 
la atención del público sobre el hecho fundamental: necesario es 
prevenirse contra el contagio , delictuoso es contaminar. 

Por encima de todas Tas 'penalidades , más importante que to- 
dos los ródiaos. más necesario eme todos los reglamentos, está el pro- 
pio código, la propia lev, la de nosotros mismas: la ave, es dictada 
vor la propia conciencia, de nuestra responsabilidad hacia el vró- 
jinio y hacia la familia ; aquella ley, aquel código, aquellas discipli- 
nas morales propias de cada uno. en el fuero íntimo de la con- 
ciencia, en él sentido humano y sagrado de la responsabilidad, que 
exige al ser humano, hombre o mujer que sea, ese respeto a sí mis- 
mo que le impone mantenerse limpio de toda mácula, física o es- 
piritual. Mantenerse sano y puro es la primera de las exigencias de 
la salud y de la vida: hay f que educarse en todo tiempo a la pureza. 

Tiene la “Liga Argentina de Profilaxis Social” entre sus últi- 
mos affiches, una hermosísima estampa, llena de sugestiones feli- 
ces, llena de promesas en la eficacia de su acción de profilaxis sa- 
nitaria y moral, de fe en la acción educativa. 

En un ángulo, su insignia, y al centro el niño alado que lleva 
encendida la antorcha de la ciencia, iluminando la ruta como un 
fanal, libres los ojos de la tradicional venda de Cupido; como para 
indicar a los hombres que al recibir la flecha del carcaj, ni lleven 
los ojos vendados, ni vayan por el camino obscuro de la ignorancia 
y la rutina; sino que lleven iluminada la mente por el conocimien- 
to, iluminada la conciencia por la responsabilidad, iluminados los 
sentimientos por el contralor de la propia voluntad; a fin de res- 
ponder al imperativo de la vida trasmitiéndola a criaturas como 
-esos cuatro niños felices, sonrientes, sanos, alegres, rebosantes de 
salud, que le ofrece otra de sus estampas, como un premio a sus es- 
fuerzos, como una bendición a sus amores; limpios e incontamina- 
dos! 



3 66 


Paulina Luisi 


III* JORNADA 

Enseñar al que no sabe 

Setiembre de 1938 (1) 

Nuevamente nos encontramos reunidos hoy, como hace un año, 
como hace varios años, para concentrar nuestra atención sobre un 
grave problema de salud y de moral. 

Viejo problema, tan viejo como la humanidad misma, segura- 
mente. Tal vez en otras épocas, fué desconocida su individualidad, no 
diferenciada aún de la masa de males que aquejan a la especie, por 
el rudimentario estado de los conocimientos; no desprendidas aún 
sus características y sus consecuencias específicas. 

Viejo problema que es y será siempre de actualidad, mientras 
hombres y mujeres existan y se multipliquen; mientras las leyes de 
la conservación de la especie sigan gobernando los gestos, los im- 
pulsos y los sentimientos del ser humano. 

Porque este problema toma sus raíces en las más hondas raíces 
de la especie, porque es el problema de las relaciones de los dos se- 
xos en lo que a la perpetuación de la vida se refiere. 

Grave problema, ese, de reunir en acorde armonioso el suprema 
don de sí mismo, como ofrenda a la especie, en el sacrificio, en el 
dolor, en la abnegación, con el supremo anhelo de la satisfacción 
primordial del goce inefable en toda la amplitud de un placer in- 
finito que más de una vez domina el instinto mismo de la vida. 

Instinto y razón ! egoísmo avasallador en la delectación del 
placer de los placeres; superación de sí mismo en el sacrificio que 
exigen los deberes a la especie. 

Lucha en que deberían triunfar siempre las fuerzas espiritua- 
les que imprimen el sello de su superioridad al hombre; que mar- 
can la distancia entre el ser humano y el bruto, que sin poseerlas, 
también se reproduce y juega alguna vez la vida en la lucha por 
la posesión del goce supremo y por el cual, lo mismo que el hom- 
bre, más de una vez, o mata o muere. 

Porque obedece a la fuerza del instinto, que puso en el acto 
generador el más intenso de los goces, está llamado a la más tras- 
cendental de las funciones de la vida, su perpetuación en otro ser, 
para la conservación de la especie. 

La vida civilizada lo ha desvirtuado de su natural y verdadera 
finalidad; ha hecho del gesto casi divino de crear una vida, un 
acto destinado a satisfacer el placer material, sin consecuencias y 
sin riesgos. 

Sin consecuencias ! si se entiende por tales, la finalidad misma 
del gesto creador, destinado en la especie, a esa consecuencia mis- 


il) Teatro Avenida, Buenos Aires. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


367 


ma, la más grande, la más hermosa, la más envidiable; un hijo! 

Extraña contradicción entre el mandato de la vida y el egoís- 
mo de la época! El hombre y la mujer que se esfuerzan en traicio- 
nar el acto generador, evitando cuidadosamente que pueda tener 
sus naturales consecuencias, llegando a veces hasta destruirlas en 
embrión si ellas se produjeran, sufren más de una vez, como de una 
maldición, si la ciencia los declara condenados para siempre a no 
tenerlas ! 

Sin riesgos! Aquí las cosas cambian! Más se busca la satisfac- 
ción del placer estéril, más se corre en pos de él hasta en sus fuen- 
tes más impuras; más también se va al encuentro de los riesgos 
más graves, más tremendos. Se pone sin recelos en la balanza de 
la vida, por una parte, la satisfacción de materiales placeres, y en 
la otra, no como el famoso propietario de la casa pompeyana de los 
Vetii, la virilidad entera, sino toda la salud y con ella más de una 
vez, la de la esposa, la de los hijos, en el beso fatal que contamina 
otra vida y otras vidas! 

Una compañía argentina de comedias tuvo no hace mucho, la 
excelente ocurrencia de volver a poner en escena, algo modernizada 
y adaptada al ambiente rioplatense, aquélla ya algo antigua y fa- 
mosa pieza, “El beso mortal” escrita precisamente con el fin de 
presentar, a través de la ficción viva y palpitante de la escena, las 
consecuencias de esa búsqueda del placer que tan equivocadamente 
cree nuestra juventud poder disfrutar... sin riesgos! 

Un joven busca el placer, “sin consecuencias y sin riesgos” 
en un acto venal, comprando mercadería averiada ofrecida a las 
ansias irreflexivas de su instinto; joven incauto, inexperto, igno- 
rante del peligro; paga con la salud su inexperiencia y su igno- 
rancia. 

Y la vida consumida, el porvenir destrozado, la felicidad des- 
truida de aquel joven que buscó el placer sin consecuencias y sin 
riesgos, son el tributo que exigen a nuestros hijos, la hipocresía, la 
farsa mentecata de una sociedad ignorante y reaccionaria, llena de 
prejuicios y de errores; que calla y encubre el mal; que da al acto 
generador el estigma de un hecho vergonzoso a los ojos de una ju- 
ventud a la que mantiene ignorante; a quien no prepara para re- 
sistir los impulsos naturales, para prevenir los peligros, para afron- 
tar las consecuencias biológicas y sociales, pero a la que se le ofre- 
cen, con todas las reglas del arte más refinado de la disimulación, 
las mayores facilidades para realizarlo. 

Procedimientos educacionales que parecen querer echar raíces 
entre nosotros, acuciados por la farsa de una gazmoñería que va re- 
surgiendo a medida que la reacción en las ideas, y en las organiza- 
ciones políticas y religiosas va recobrando fuerzas. 

Ella, la reacción, se ha demostrado sin embargo, incapaz de pro- 
teger la salud del individuo y de la raza — lo que fatalmente debe 



368 


Paulina Luisi 


acontecer — porque no hay defensa de posible eficacia contra peligros 
que se ignoran o se ocultan. 

Pretende conservar y fortalecer ésos antiguos sistemas que demos- 
traron ampliamente su inoperancia, y a pretexto de conservar va- 
lores que nadie pensó jamás atacar, se esfuerza en continuar la 
obra de sistemas que se demostraron incapaces de proteger eso que 
es lo más precioso, que es lo más valioso, que no puede rescatarse 
con posiciones de privilegio ni con millonadas fortunas: la salud 
y la felicidad de sus propios hijos! 

Defenderlas y conservarlas, las de ellos, y las de todos, es el 
apostolado a que nos hemos consagrado, unos pocos por el mundo, 
hombres y mujeres de buena voluntad, con un sentido más elevado 
del deber que nos dicta nuestra propia conciencia esclarecida, que 
ha podido aquilatar, desde el consultorio, desde el hospital, desde 
el dispensario, desde las obras sociales de asistencia, desde las cam- 
pañas culturales, el mal inmenso, incalculable e irremediable que 
siembran la ignorancia, el prejuicio, la hipocresía social, la educación 
mojigata, mas no por eso moral! Sus consecuencias funestas y fa- 
tales se ofrecen a la observación todos los días, encarnadas en mi- 
llares de víctimas inocentes, de jóvenes contaminados en la frecuen- 
tación de ese “comercio” que la sociedad y la educación no admi- 
ten que se nombre, porque es vergonzoso y deshonesto; pero cuya 
- existencia, ellas toleran, aceptan y reglamentan porque lo juzgan 
útil como un mal necesario! . 

Ante esa hipocresía que lo mismo inhabilita al joven para de- 
fenderse como le impide, contaminado, confesar un mal adquirido y 
combatirlo; ante esa hipocresía que se horroriza ante el sinnú- 
mero de muchachas que van al matrimonio para recibir, en el beso 
nupcial, y a cambio de su pureza de vírgenes, una enfermedad re- 
pugnante, que engendrará luego en sus entrañas puras, criaturas ta- 
radas, enfermas, llenas de achaques, deformadas, idiotas, a veces 
monstruosas ; 

Ante esa hipocresía homicida, porque la sífilis causa más muer- 
tes e inútiles, y más lisiados que las mismas guerras; 

Ante esa hipocresía criminal, nos rebelamos nosotros, con un 
sentido recto, moral y humano de nuestra misión de médicos y edu- 
cadores, y venimos a deciros una vez más, como desde hace diez 
y ocho años lo viene diciendo a vuestro pueblo la “Liga Argentina 
de Profilaxis Social”, como hace treinta años lo vengo diciendo en 
mis conferencias y obras de propaganda, como desde casi un siglo 
lo repetimos en toda ocasión los abolicionistas, que es necesario arran- 
carle la careta, a esa hipocresía homicida. 

Es necesario enseñar ahora y siempre, incansablemente, a nues- 
tras generaciones jóvenes, a nuestros adolescentes, a nuestros hijos, a 
nuestras hijas, a aquéllos que sólo alcanzaron del pan bendito del 
conocimiento insuficientes migajas, o no alcanzaron ninguna ; a los 
que no saben, a los que dudan, a los que temen, a los que fueron 



Pedagogía y Conducta Sexual 


3 69 


víctimas inocentes de una contaminación, que es necesario igualmen- 
te conocer las responsabilidades del acto generador para cumplirlas 
con valentía y decoro; como es necesario conocer sus peligros y sus 
riesgos. 

Venimos a decirles que es necesario echar a un lado falsas ver- 
güenzas y pueriles temores, entregando a la medicina honesta el 
tratamiento de un mal adquirido en hora que no siempre fué cul- 
pable y que pudo solamente ser desgraciada: que es deber de hom- 
bre y de mujer honrados, combatirlo y curarlo; que dejar de ha- 
cerlo se convierte en crimen sin redención, cuando a sabiendas, és- 
to se descuida, porque fatalmente los expone a convertirse en con- 
taminadores de quienes le rodean ; a trasmitirlo con seguridad al com- 
pañero o compañera de su existencia, y a engendrar hijos enfermos 
o tarados, condenados al dolor para toda la vida. 

Crimen imperdonable para el que sabe y no se cuida; desgracia 
infinita para el que ignora, pero siempre fuente de dolores y sufri- 
mientos, de amarguras y de penas. 

Crimen del que es alevosa instigadora, esa hipocresía social, que 
acusamos aquí, con el índice implacable, y cuyas consecuencias ho- 
micidas y disolventes venimos a exponeros ahora, contento el cora- 
zón y alto el pensamiento porque estamos, cumpliendo el mandato 
de Cristo: enseñar al que no sabe! 


IV.» JORNADA 

Higiene y Moral <D 

Octubre de 1938 

El Presidente de la Liga Argentina de Higiene Social, no po- 
día dejar pasar esta magnífica reunión de la tradicionalmente doc- 
ta Córdoba — desde los lejanos tiempos coloniales. Capital de la 
ciencia americana; — sin traer a ella, la palabra siempre útil y efi- 
caz, de la Liga Argentina de Profilaxis Social. 

Y me comprometió a acompañarlo en este acto. El sabe con cuán- 
ta dedicación, desde tiempos en que él era todavía estudiante, me 
interesé por estos problemas sociales y otros que le son afines; no 
dudaba, él por ésto, que al tocar la cuerda de la propaganda anti- 
venérea y de la enseñanza sexual, esta vieja bordona habría de vi- 
brar todavía. 

Y aquí me tiene, como siempre dispuesta a secundar sus jóve- 
nes estusiasmos, en esta obra por la defensa de la salud y de la 
raza y en la labor que resulta menos grata, pero que requiere ma- 
yor perseverancia: la propaganda initerrumpida, insistente, tenaz. 


(1) Teatro Nacional, Córdoba. Con ocasión del Congreso médico. 


24 



370 


Paulina Luisi 


Le había prometido ocuparme, esta vez, de las obras sociales que 
forzosamente deben completar la profilaxis sanitaria propiamente di- 
cha; obra de profilaxis social y moral que deben acompañarla; de 
los organismos auxiliares tan importantes en la lucha antivenérea, (de 
los que me he ocupado ya en el informe presentado al Congreso Mé- 
dico realizado en Montevideo en 1930 (1) porque estos organismos 
auxiliares son realmente básicos en los sistemas de tratamiento obli- 
gatorio, como lo es la nueva ley nacional 12.331, sobre profilaxis ve- 
nérea. 

Pero al volver a dar lectura a esta ley, buscando el texto del 
artículo que dispone la creación de los organismos auxiliares, como 
existen en aquellos países que tienen el mismo tipo de ley, como 
Suecia, Dinamarca, Checoeslovaquia, y últimamente Alemania (hace 
unos diez años) — sólo encontré la disposición expresa en el ar- 
tículo 3. 9 , inc. E) referente a “la 'organización del servicio de asis- 
tencia social, ejercido por un cuerpo de agentes diplomados en las 
escuelas del país que habrán de recibir a ese objeto, una enseñanza 
especializada en Venereología”; sea en otros términos visitadores de 
de sanidad especializados en venéreas. 

Pero he aquí que el curso de mi nueva lectura de la ley me 
recordó el texto de los artículos 4 de la ley y 4 y 16 inciso C) de 
la reglamentación de la misma, por los que se “ encarga de la edu- 
cación sexual, a la Comisión de Profilaxis de las enfermedades ve- 
néreas” lo que significa una lamentable confusión entre la educa- 
ción sexual y la propaganda sanitaria. Para completar esta con- 
fusión, inexplicable, se dice que “el Departamento Nacional de Hi- 
giene creará él Museo de Venereología, destinado a la educación se- 
xual de la población”, (art. 4 de la reglamentación de la ley). 

Ya no pudo mi espíritu ocuparse de las obras auxiliares. Ya 
no podía yo eallar, — que habría significado asentimiento y confor- 
midad, — con semejante confusión de términos que forzosamente 
deberán crear un funesto confusionismo en las ideas. 

Pido a Vds. me perdonen esta intromisión de una extranjera 
que se permite criticar una ley argentina, pero las ideas no tie- 
nen nacionalidad, además que be colaborado con compañeros argen- 
tinos en estos asuntos, y en numerosas ocasiones en lo que corre 
de estos últimos 25 años. 

La educación sexual a base del Museo de Venereología, me hizo 
desistir de plano del tema inicial, para volver nuevamente al ya 
por mí tan manido tema, a fin de insistir una vez más y siem- 
pre, — en esta cuestión de la educación sexual, de la educación 
de nuestra juventud, de Ja moral que está a la base de la educa- 
ción, de su trascendencia que sobrepasa extraordinariamente los lí- 
mites de la higiene sanitaria, la profilaxis de las enfermedades, la 
educación sanitaria y las precauciones higiénicas o profilácticas. 


(1) Véase mi libro “Otra Voz clamando en el desierto”. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


371 


Estas, la profilaxis y la educación sanitaria, e higiénica, bien 
están en manos de los organismos previstos por la ley 12.331. No 
es poco lo que tendrán que trabajar para conseguir apreciables re- 
sultados. 

La enseñanza sexual no puede ser el resorte ni de la higiene 
ni de la venereología: es mucho más amplia y es mucho más tras- 
cendente. 

Pertenece a la formación general del ser humano, a su ins- 
trucción, a la educación de hábitos sanitarios; a la creación del 
deber de responsabilidad que nos acarrean nuestras propias accio- 
nes; a la formación del sentimiento de solidaridad en todo ser que 
vive en la vida colectiva, tan bien sintetizados en la máxima que agre- 
go a la vieja de : 

“No hagas a los otros lo que no quieras para tí”, de sentido 
negativo, la otra de valor positivo y ejecutivo: 

“Haz a los otros lo que quieras para tí”. 

Y por encima de todo a la formación de una voluntad cons- 
ciente y responsable para dar cumplimiento a los mandatos de 
aquéllas, en la plenitud de su desenvolvimiento. 

* 

# * 

Después de mis primeras palabras, el público, que llenaba to- 
talmente el teatro, en su mayoría gente universitaria, y muchísi- 
mos estudiantes, solicitó de la oradora que ampliase sus puntos 
de vista. Quiso la casualidad que hubiera de retirarse uno de los 
oradores llamado urgentemente por deberes profesionales. 

Accedí y desarrollé el tema de educación sexual y eugenésica 
en su capítulo de responsabilidad moral, educación de la voluntad. (1)! 

El público colmó con creces mi fatiga. 

Pero más que sus felicitaciones y aplausos me conmovió un acto 
sencillo, demostrativo de la necesidad que hay para nuestra juventud 
de llevarla a considerar lo que significa, moral y espiritualmente el 
acto sexual. 

Terminado el acto, estábamos en una de las puertas laterales del 
teatro cuando vimos venir hacia nosotros un grupo de jóvenes estu- 
diantes entre 16 y 22 años. . . 

Se acercan, piden permiso y el que posiblemente debía llevar la 
palabra, se turba, tartamudea, me mira intensamente y apretándome 
ambas manos con efusión, me dice conmovido: 

“La felicito! — Gracias señora, gracias!”, que repite en coro 
el grupo. 

A su actitud, a su emoción, comprendí cuánto les habían llegado 


(1) No se transcribe por ser más o menos dicho en otros capítulos so- 
bre enseñanza sexual y eugenésica”. Yer la !$■ parte de este volumen. 



372 


Paulina Luisi 


al alma las palabras escuchadas y el enorme fermento de ideas que 
aquella simple exposición había sembrado en ellos. 

A estos muchachos, con aspecto de hombres, incluso las inci- 
pientes barbas y el talante masculino que llevaban, sentí que les 
hacía falta aún un regazo materno o paterno comprensivo, donde 
ir a recogerse como pequeñines crisálidas todavía de rudimentarias 
alas; un regazo acogedor y un corazón comprensivo de las inquie- 
tudes inexplicables que los agitan en esa edad peligrosa; un cora- 
zón donde derramar las inexplicables angustias y las primeras con- 
fidencias ... 

Ah! pero ni las madres, ni los padres han aprendido aún como 
se debe, ese difícil capítulo en el arte de ser padres.,, no saben o 
saben mal, y por ese pudor estúpido inspirado por la mojigatería, 
no se atreven a hablar; o tan penoso como eso, no comprenden ya, 
ni saben más interpretarlas, porque las olvidaron, las inquietudes, 
a veces angustiosas, de la crisálida humana. 

Por eso entiendo que es urgente ir más lejos de la enseñanza 
que habitualmente se preconiza para este asunto; hay que realizar 
el aprendizaje de hombres y mujeres, en ese difícil cometido que 
alguien llamó “El arte de ser padres”. 

Es necesario que cada cultura nacional incluya ese nuevo ca- 
pítulo de pedagogía práctica dedicado a los padres y madres, en 
el que se les enseñe a hurgar en la psicología de los adolescentes; 
que les permita, llegada la hora, ser los confidentes, los consejeros 
de sus hijos y sus hijas, sin hipocresías, sin disimulos; con la aus- 
teridad a la vez cariñosa que sus deberes raciales les imponen; en 
forma de captar la confianza y la confidencia de sus hijos, sin re- 
ticencias, sin temores y sin caer tampoco en el extremo opuesto de 
la conversación licenciosa. 

Misión grave y delicada a la que no se ha abocado aún la 
cultura popular y que es reclamada con insistencia urgente por la 
salud física y moral de nuestros adolescentes. Misión que deberá rea- 
lizarse enlazando con arte y delicada finura, el factor sanitario al 
factor moral, que constituyen ese binomio indivisible a mi entender: 
la salud física y la salud espiritual, ésto es, la Higiene y la Moral. 

V.* JORCADA 

Hay que educarse en todo tiempo a la pureza (h 

Setiembre de 1939 

Al ocupar esta tribuna, en este acto destinado al Día Antivenéreo, 
permitidme que sean mis primeras palabras un recuerdo a uno de 
los maestros de la ciencia rioplatense, que acaba de desaparecer, des- 


(1) Teatro Nacional, Buenos Aires. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


375 


pues de una vida proficua dedicada al estudio y al bien: el Dr. Jo- 
sé Brito Foresti, Fundador y Profesor de la Cátedra de enfermedades 
venéreosifilíticas en la Universidad de Montevideo, ampliamente co- 
nocido, no sólo en el Río de la Plata, sino en los centros científicos 
de Europa, de muchos de los cuales era miembro correspondiente o 
miembro de honor. 

Para nosotros los que estamos aquí, la desaparición de José Bri- 
to Foresti representa, además, la pérdida de uno de los más conven- 
cidos defensores y maestros de los métodos profilácticos, según la 
doctrina abolicionista tal como entendemos que deben ser aplicados. 

En tiempos en que nuestro presidente, el Dr. Fernández Verano, 
era todavía un joven estudiante, un grupo de médicos iniciábamos el 
movimiento por la profilaxis de estas enfermedades; el Dr. José Brito 
Foresti nos concedía su apoyo, y aceptaba la presidencia del Comité 
Abolicionista Uruguayo - Argentino, que habíamos fundado en aquel 
entonces, trasladándonos a esta ciudad para tomar parte en algunos 
actos públicos. 

Fué un decidido abolicionista. Sabéis la importancia que ésto 
tiene para orientar la profilaxis en el recto sentido, y lo fué en 
épocas en que era considerado casi un crimen de lesa ciencia defen- 
der aquellas ideas, que hoy se han incorporado defintivamente a 
los nuevos conceptos de la higiene. 

Y yo, personalmente, en acto como éste, quiero recordar que 
propició mis iniciativas y primeras luchas a favor de la enseñanza 
sexual, prestándoles el apoyo de su alta autoridad de Profesor, en 
épocas que se conceptuaba escandaloso y deshonesto hablar de es- 
tas cuestiones. 

Por eso, hoy, que de las mismas cuestiones venimos a ocupar- 
nos, permitidme que, en lo que me concierne, lo haga evocando su 
gran figura de Médico y de Maestro, en la que refulgía, junto a la 
radiante luz de su intelecto consagrado a la ciencia, la resplandecien- 
te belleza de su generoso corazón, irradiando, en sus gestos, sus pa- 
labras, sus acciones, ana inquebrantable bondad. 

« 

* 

* # 

Esta solemnización del Día Antivenéreo, esta dedicación de un 
día señalado, especial, hasta la elección de la fecha, precisamente 
al iniciarse la primavera, cuando la savia vital adquiere nuevas ener- 
gías, cuando la naturaleza entera canta su himno de amor a la vi- 
da, en una orgía de retoños y de flores, es como un grito de alerta, 
un toque de atención, de tanto en tanto necesario, y más aún que 
necesario, cuando, con la primavera, se exalta el reclamo de Afro- 
dita y corre más cálida la vida en las arterias juveniles. 

Esta consagración del Día Antivenéreo, en el que se resume 
en aeto magno la tarea cotidiana de profilaxis social en defensa de 
la raza, señala con su solemnidad misma, el significado de la im- 



374 


Paulina Luisi 


portancia de esta profilaxis, jamás bastante subrayada, jamás bas- 
tante incorporada a la conciencia popular. 

La ley positiva señala en alguna de sus cláusulas la gravedad 
que tiene el contagio venéreo, al punto de hacerlo pasible de san- 
ciones penales, lo que da la medida de la trascendencia de la pro- 
filaxis sanitaria en los destinos de un pueblo. 

Ciertamente, la profilaxis de las enfermedades sexuales preocupó 
desde lejanos tiempos a las autoridades encargadas de velar por la 
salud pública. 

Pero, dominados los espíritus por esa hipocresía imperante que 
estamos condenando, creyeron mucho hacer, aplicando sistemas ab- 
surdos, de los que eran las primeras víctimas aquellos mismos que 
se pretendía proteger. 

Mirando a través del cristal cóncavo - convexo de la hipocresía, 
de la mojigatería y de los preconeeptos, veían muy aumentado uno 
y demasiado reducido el otro de los factores que entran en juego 
en la diseminación de estas enfermedades. 

Cerraban las pupilas a la visión de males enormes, en nombre 
de una moral absurda, que condenaba con las más severas penas, 
con la reprobación pública, con el encierro, con la cárcel, a uno de 
los factores; y dejaban la más amplia libertad y la más lucida glo- 
rióla al otro factor, libre y señor de llevar el contagio donde su 
capricho o su apetito le indicaran. 

Cosas de tiempos idos, dirán algunos, y así deberían pensarlo 
todos, si no se pretendiera volver a ellos, acusando a los nuevos mé- 
todos de profilaxis, a las nuevas disposiciones sanitarias, a los nue- 
vos procedimientos sociales, de un fracaso rotundo. 

En lugar de corregir los defectos de que adolecen los nuevos, 
en lugar de salvar las lagunas de capital importancia que en ellas 
se dejaron, en lugar de mejorar los inconvenientes que la experien- 
cia en ellos señalara, se pretende absurdamente volver a lo anti- 
guo, en nombre de una higiene y una moral que ya demostraron am- 
pliamente su ineficacia. 

La moral no está en la ocultación de mal, como la higiene no 
está en su desconocimiento ; la moral no está en esconder un vicio, 
en ocultar una lacra ; la moral, la pureza, están en combatirlos ; es- 
tán en purificar el ambiente; están en enseñar cómo se evitan; están 
en mostrar cómo se corrigen. 

La verdadera moral no está en cubrirse los ojos para no ver, 
sino que está en preparar a nuestros hijos, a nuestros jóvenes, a 
nuestros hombres y mujeres adultos, a examinar día por día sus 
acciones y sus pensamientos: está en adiestrar su conciencia y su vo- 
luntad a juzgarlos y a gobernarse a sí mismos; en dominar los im- 
pulsos de la bestia que existe en cada uno de nosotros; en someter- 
los al dictado de una fortalecida voluntad; en hacerles experimen- 
sar el fallo de una severa introspección. 

La moral y la pureza no están en buscar la penumbra para 
realizar ciertos actos, condenables a la luz del día; la moral y la 



Pedagogía y Conducta Sexual 


37Í 


pureza no están en buscar las sombras para enlodarse el alma y 
el cuerpo; no están en esconderse para frecuentar el vicio y darle 
satisfacción; no están en engañar incautos para obtener favores. 

La moral y la pureza exigen que cada uno de nuestros actos 
brille por su limpieza, ante el tribunal de nuestra propia concien- 
cia; exigen que mantengamos ante nuestros propios ojos, nuestros pen- 
samientos y nuestros actos, puros como el cristal de roca. 

La moral verdadera, elevada, pura, ejemplar, no está en lo que 
de nosotros ven o juzgan los demás, ella está en nosotros mismos, 
en la austeridad de nuestra vida, en la elevación de nuestros pen- 
samientos, en la sublimación de nuestro ideal. 

Con esa convicción, en una ocasión semejante, decía yo pa- 
labras que voy a repetir ahora porque son para mi el Credo en que 
deben inspirarse los pensamientos y las acciones de los hombres ; 
lo mismo para estas cuestiones de higiene física y espiritual, como 
para todos los actos de la vida. Así les decía yo: 

“Por encima de todas las leyes, más importantes que los códi- 
gos, más necesarios que todos los reglamentos, está el propio código, 
la propia ley, la de nosotros mismos; la que es dictada por la pro- 
pia conciencia de nuestra responsabilidad y de nuestros deberes ha- 
cia el prójimo y hacia la familia; aquella ley, aquel código, aque- 
llas disciplinas morales de cada uno, en el fuero íntimo de la con- 
ciencia, en el sentido humano y sagrado de la responsabilidad, que 
exige al ser humano, hombre o mujer que sea, ese respeto a sí mis- 
mo que le impone mantenerse limpio de toda mácula, física o es- 
piritual. Hay que hacer de las aguas de la vida purísimo cristal que, 
en cualquier momento, pueda lucir limpias, doradas, rutilantes, las 
doradas arenas de su fondo”. 

Mantenerse sano y puro es la primera de las exigencias de la 
salud del cuerpo y del espíritu: hay que educarse en todo tiempo 
a la pureza”. 


VI.* JORNADA 

Mojigatería y Moral (D 

(Versión taquigráfica) 

Setiembre 1.* de 1940 

Habiendo prohibido la Dirección de Radiocomuni- 
caciones la propalaeión de su trabajo, redactado con mo- 
tivo de la Sexita Celebración del Día Antivenéreo, la 
doctora Paulina Luisi pronunció una brillante impro- 
visación. (Liga Argentina de Profilaxis Social). 

Comenzó refiriéndose a la medida adoptada por la censura ar- 
gentina, que contrastaba, dijo, con el progreso alcanzado en otros 

<1) Teatro Nacional, Buenos Aires. 



376 


Paulina Luisi 


países, donde los prejuicios existentes a este respecto se baten en 
retirada y no se obstaculiza la difusión de las nociones sobre higiene 
sexual, imprescindibles para asegurar el éxito de la campaña em- 
prendida contra los flagelos venéreos. Citó, a este respecto, el hecho 
de que en la República Oriental del Uruguay se hace casi diariamen- 
te obra de educación sanitaria, por intermedio de la difusora oficial, 
mediante la transmisión de conferencias sobre temas de higiene so- 
cial, entre los que se hallan incluidos los referentes a enfermedades 
venéreas. 

Tan importante como la obra de divulgación científica — sos- 
tuvo — es la que tiende a la educación de la juventud, señalándole 
sólidos derroteros de moral sexual, puesto que de poco serviría in- 
dicarle los peligros que la acechan, si carece de carácter suficiente 
para eludirlos. 

El instinto sexual, el más potente que la naturaleza ha impuesto 
a la especie, tiende a sobreponerse a la reflexión y conspira contra 
las finalidades de mejoramiento y selección social que persiguen las 
medidas eugenésicas. Es menester una labor constante de edueaciórí 
moral para dominar el impulso sexual, labor que debe iniciarse en 
la escuela y en el hogar, conjuntamente. 

La oradora citó varios casos ocurridos durante la pasada con- 
tienda europea, de desmanes cometidos por las tropas de ocupación, 
en que el instinto desenfrenado originó situaciones irreparables. 

Refirióse en forma mordaz a la actitud adoptada por la cen- 
sura radiotelefónica, al impedir la propalación de nociones sobre mo- 
ral sexual, facilitando así, en forma indirecta, la transgresión a las 
normas que ésta establece, y, por ende, la tendencia hacia las des- 
viaciones y perversiones de esa índole que se observan a diario y 
cuyo incremento es conocido. 

La Dra. Luisi dió término a su alocución expresando la espe- 
ranza de que sus consejos fuesen útiles a los jóvenes, y que, más que 
el aplauso de la concurrencia, le complacería constatar que aquéllos 
alguna vez, hallasen una íntima repercusión en la conciencia de los 
que la escachaban. 

El público interrumpió repetidas veces con entusiastas aplausos 
la disertación de la Dra. Luisi, que fué objeto, al finalizar su dis- 
curso, de una clamorosa y sostenida ovación. 

Extracto recogido por la 
Liga Argentina de Profilaxis Social . 

VII.* JORNADA 

Unidad de la Moral tt) 

La cruzada abolicionista, que consiguió reformar los métodos in- 
justos, inhumanos y por ende poco eficaces que empleaba la brutal 

(1) Teatro Apolo, Buenos Aires. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


377 


reglamentación del vicio, entregando a la arbitrariedad policial la 
tarea de la vigilancia de determinada categoría de enfermas, dió co- 
mo resultado la instauración de otros métodos, más en armonía con 
la noble misión de la profilaxis y de la medicina. 

• Los nuevos métodos en uso, en numerosos países, no responden 
ciertamente a los sistemas liberales a que aspira el abolicionismo, 
pero han entrado en una fase, permítaseme decir, de transición, en- 
tre estos últimos y aquéllos, éstos inadmisibles ya en pueblos de 
cierta cultura. 

No sin razón escribía Regnault, en su preciosa obra sobre la 
reglamentación, que su paso a otros métodos dependía de la mayor 
o menor cultura de los pueblos. 

Actualmente, la gran mayoría se han orientado a aquellos mé- 
todos que se ha llamado neo-reglamentaristas, en los que se esta- 
blece la obligatoriedad del tratamiento, y a veces el delito de con- 
taminación. . 

Estos nuevos sistemas necesitan para su eficacia, indiscutiblemen- 
te, lo que nunca realizaron los antiguos, algunas obras anexas im- 
portantes, más aún, capitales. 

Son por una parte, las obras de reeducación y regeneración, y 
las de preservación de la juventud; obras de preservación que rea- 
liza por una parte la educación, para toda la juventud ya desviada. 
A ellas debe agregarse las obras de preservación para la juventud 
en peligro moral. 

Estas realizaciones, son capitales para llevar a buen puerto la 
obra de profilaxis verdadera en tan grave cuestión como esa que 
de las incitaciones y exigencias de la función reproductora, se des- 
prenden. Profilaxis que debe al mismo tiempo realizarse en lo físico 
y en lo moral, porque a diferencia de otros males, los que resultan 
del comercio sexual, pueden, lo mismo afectar el organismo con te- 
rribles males, como corromper los más bellos sentimientos del alma 
humana. 

La juventud, entregada, para satisfacer un instinto vital, al 
comercio impuro y corruptor del amor venal, expone al mismo tiem- 
po su salud física y su integridad moral. 

Por eso, la lucha contra estos males no puede desvieular estos 
dos factores, y las campañas contra la reglamentación del vicio, fue- 
ron y son al mismo tiempo campañas contra la inmoralidad pública, 
contra el libertinaje, contra la incitación a este libertinaje, contra 
la ingerencia del Estado, cómplice del proxenetismo, malgrado sus 
leyes de represión; contra la oficialización del vicio, en una pala- 
bra, contra todas las manifestaciones y derivaciones que aquel sis- 
tema, por su propia naturaleza, acarrea. 

La educación sexual de la juventud, bajo el ángulo de lo que 
se ha dado aquí, en llamar moralidad pública, es decir, en lo que 
concierne la satisfacción de los instintos sexuales, ha levantado pro- 
testas inmensas, lo mismo que ha encontrado entusiastas y abnega- 
dos defensores. 



378 


Paulina Luisi 


Es que deben encararse problemas diversos, donde la educación 
ocupa una de las partes, porque la complejidad de la vida moderna 
tampoco permite que sean por completo desvinculadas unas de otras ; 
sino por el contrario, quiere que todas ellas sean consideradas den- 
tro del marco en que se mueve el ser humano. Y posiblemente, tan- 
to como el fondo mismo del asunto, lo que lo hace tan debatido y 
escabroso, es la manera de encararlo. 


(Siguen aquí algunas páginas tomaidas íntegramente del 
trabajo presentado al Congreso de Budapest, sobre Educación de 
la juventud y que estando incluido en este volumen, resultaría 
ocioso repetirlas). 

Hemos combatido siempre la vieja moral de la ocultación y 
la hipocresía, que tantas consecuencias funestas trajo a las juven- 
tudes y a la felicidad de los seres humanos, pero no podemos de 
ninguna manera aceptar la doctrina epicúrea del placer por el pla- 
cer, que van aconsejando los modernos cultores de una “nueva mo- 
ral sexual”. (Moral?) 

La antigua moral hace de la función creadora de la vida, un 
acto vergonzoso y deshonesto, cuando no criminal. Los nuevos “mo- 
ralistas” epicúreos, pretenden hacer de ella úna fuente de placer sin 
riesgos y sin consecuencias, defraudando a la naturaleza de su pro- 
pia finalidad, robándole lo que es más precioso y más noble, lo que 
es una aspiración de todo ser humano: la capacidad de procrear, la 
gran finalidad de la especie, los hijos, la familia, el hogar coronado 
y alegrado de nuestros queridos pequeños, que serán el goce, la fe- 
licidad y la razón de vivir del hombre y la mujer maduros. 

Hacia esa aspiración tienden todas las fuerzas del ser humano, 
y para realizarlos con toda la potencia de una salud fuerte y vi- 
ril, con todo el vigor de una salud completa, es que os decimos, jó- 
venes, año por año, en estas jornadas profilácticas, que cuidéis vues- 
tra salud de los contactos malsanos que la vida os ofrece día a día. 

Una moral honrada en una sociedad justa sólo puede admitir 
un principio director, el deber para consigo mismo de mantenerse 
dignos y sanos espiritual y físicamente, para trasmitir a los hijos 
que vendrán, la alegría de ^ vivir, que sólo procuran una herencia 
de salud y de inteligencia y que solamente una integridad de vida 
no contaminada, puede conseguir. 

Y en estas horas tremendas para la humanidad en que todos 
los valores parecen fracasados, en que el mundo cristiano de Occi- 
dente se ha transformado en un horrible campo de destrucción y 
de infortunios, en que la civilización del viejo mundo parece deba- 
tirse en espantoso naufragio próximo al desastre, es a nuestra joven 
América que corresponde levantar la encendida tea de la civiliza- 
ción futura. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


379 


Es a nuestra Amériea, llena de promesas y de ansias de vivir, 
es a nuestros pueblos jóvenes en plena evolución progresiva, que va 
a tocar ahora la tarea de orientar la humanidad a sus nuevos des- 
tinos; es a nuestros pueblos rebosantes de vitalidad que corresponderá 
ahora la misión de conservar las fuerzas de vida y de futuro de 
nuestra especie humana. 

Para llenar esta misión que os espera, y a la que no podréis 
sustraeros porque es ley de vida, fuerza será, jóvenes amigos, que 
hagáis un balance prolijo y honrado de vuestras fuerzas morales, pa- 
ra fortalecerlas a fin de que ellas os sostengan en la lucha necesa- 
ria e inevitable; para proteger y aumentar vuestros valores de sa- 
lud y de vida que conserven y perpetúen en este nuevo mundo que 
es la Amériea nuestra, una raza viril y pueblos sanos. 

VIII.* JORNADA 

Según el cristal con que se mira... (U 

Setiembre de 1942 

Mi distinguido colega el Dr. Ossorio, delegado del Ministerio de 
Salubridad de Bolivia, ha recibido su trabajo mutilado por la in- 
comprensión de la censura de Radiocomunicaciones. 

Nos ha leído aquéllo que la censura le ha conservado indemne 
de la consabida raya, pero ha debido suprimir innumerables párra- 
fos castigados con el “non lieet”, cosa inadmisible tratándose de 
asuntos de la índole del nuestro, profilaxis social, expresados con la 
seriedad que corresponde a los que aquí venimos, investidos con la 
dignidad científica reconocida por diversas Universidades America- 
nas con el honroso título de Doctor en Medicina o en Derecho que 
ellas nos confirieron. 

El autor ha visto así que el mutilado cuerpo de su exposición 
ha dejado ya de expresar con claridad su pensamiento; el desarro- 
llo de la idea sostenida ha quedado incompleto y a veces traiciona- 
das las conclusiones lógicas que de su tesis debieron desprenderse. 

Eso mismo es lo que me habría ocurrido igualmente a mi, si, entre- 
gando el trabajo que había ya preparado para este acto, hubiese 
aceptado nuevamente someterlo a la miopía de una censura incom- 
petente. 

Porque este trabajo, que traigo aquí, es el mismo que había 
preparado para un acto anterior y que por haber sido mutilado re- 
nuncié el año pasado a su lectura, sustituyéndolo con una improvi- 
sación. 

Es lo que me veré obligada a hacer nuevamente esta noche, pues, 


(12) Teatro Apolo, Buenos Aires. 



380 


Paulina Luisi 


menos complaciente que mi colega boliviano, me rehusó a aceptar 
las supresiones señaladas por el lápiz implacable. 

Pero es el caso que cuando escribimos una conferencia tenemos- 
la facilidad de pesar cada palabra, de medir las expresiones, de 
cuidarnos de no ofender los castos ojos del censor con palabras que, 
aunque rigurosamente científicas, chocan su criterio no muy habi- 
tuado a los términos correctos que emplean la Facultad y la cien- 
cia médica al tratar de ciertas afecciones. 

Sería ciertamente, no sólo absurdo sino ridículo en los labios 
de un hombre o mujer de ciencia, decir “enfermedades secretas” 
cuando la clínica dice correctamente, “sífilis o blenorragia”; tan 
absurdo y ridículo como lo sería en labios del sociólogo hablar de 
prostitución y proxenetismo diciendo “moralidad” — como lo imponía 
el Concejo Deliberante de esta Ciudad el año 1919 — y como lo 
sería ahora en el 1942, llamar “Proyectos sobre moralidad” los que 
se refieren lisa y llanamente a la clausura de las casas de tolerancia 
y a la represión del proxenetismo. 

Decía un autor cuyo nombre en este momento no recuerdo, que 
no hay libros mal intencionados, sino mal intencionados lectores, lo 
que para el caso podríamos traducir diciendo que las cosas sé ven 
según el cristal con que se miran. 

El nuestro es el purísimo cuarzo hialino, diáfano y transparente 
que la medicina, la higiene y las ciencias sociales utilizan para me- 
jor percibir los males que procuran evitar, remediar o corregir. 

La censura, ella, tiene que mirar tantas cosas, que no puede 
disponer de tan refinados cristales porque son demasiado costosos 
y ya se sabe que los cristales ordinarios tienen siempre un tinte ver- 
doso. . . que al reflejarse sobre los objetos les prestan su color. 

De ahí el conflicto . . . 

Lo grave del asunto en nuestro caso es, repito, que cuando se 
ve uno obligada a improvisar, es menos fácil elegir las pálabras, y 
habituados al lenguaje científico, al pan le llamamos pan y a las 
enfermedades venéreas les decimos “sífilis” “blenorragia” “chancro 
blando”, en lugar de buscar las palabras “eomme il faut” tan gra- 
tas a la mojigatería de aquéllos que pretenden tapar el cielo con 
un amero. 

Lo trágico del caso es que más de uno, que se horroriza de oír 
nombrar a estas enfermedades, y lo considera incorrecto o “scho- 
king”, no tiene el menor empacho en llevarlas encima con la ma- 
yor desenvoltura, o lo que es peor todavía, en regalársela a alguna 
desgraciada como recuerdo de una hora de . . . amor ! 

Y me viene a la mente aquel episodio que nos contaba un emi- 
nente médico especialista chileno que ha tomado parte en estas jor- 
nadas antivenénereas, cuando, combatido por la mojigatería consa- 
bida, contestaba a un cliente de su consultorio, que por más señas ves- 
tía sotana: — “Se asustan Uds. de los nombres, señores!! y sin 
embargo bien sé yo lo que cubren ciertas vestimentas...!”. — 



Pedagogía y Conducta Sexual 


381 


El hecho es que, con autorización de la censura o sin ella, he 
pronunciado las proscritas palabras. Ojalá nos fuera tan fácil, — 
como lo es a la censura tacharlas de un discurso, — borrarlas, des- 
truirlas de la faz del planeta y salvar a los hombres y a la especie 
de süs terribles consecuencias! 


« 


*• * 


Me felicito, y felicito a la Liga de ver que en esta sala son 
.ahora más numerosas las mujeres que vienen a asistir a sus actos. 
Comparo el público de hoy con los anteriores, especialmente el pri- 
mero, realizado hace algunos años ya, en 1935, en que fueron tan 
pocas las damas que asistieron a él que creo sobraban los, dedos de 
las manos para contarlas. 

Y sin embargo a nadie más que a la mujer deben interesar 
estos problemas. 

Primerp porque a ella corresponde ser guardiana de la especie ; 
porque es la mujer quien tiene la santa misión de conservarla; por- 
que los hijos, carne de su carne, sufren las consecuencias de la 
contaminación que acaso recibieron ellas en el primer beso de amor 
•de aquél a quien entregaron su purísimo cuerpo, obedientes a la ley 
de perpetuar la especie; que recibieron a cambio de su virginal en- 
trega, la semilla infectada que engendrara después, en su seno, hi- 
jos degenerados o gérmenes malditos condenados a la muerte antes 
de su madurez. 

Por otra parte, porque los errados sistemas que felizmente co- 
mienzan a ser condenados, hicieron de la mujer la víctima propi- 
ciatoria de estériles e ineficaces sistemas de profilaxis, que a nada 
útil llegaron, pero que crearon para la dignidad de la mujer la 
más inicua de las afrentas y la más infame de las leyes: la regla- 
mentación de la prostitución y su oficialización por el Estado. 

Es por estos dos motivos principales, además de aquéllos ge- 
nerales de humanidad, que la mujer está obligada a interesarse por 
estos problemas. 

Y por algo más. Es que mientras ellas no lo combatan; mien- 
tras ellas no entren decididamente en la campaña dispuestas a ven- 
cer esta lucha, jamás alcanzaremos la victoria. 


La segunda parte de esta alocución, ha sido retirada de este 
libro, y transportada al titulado “Otra voz clamando en el desierto”, 
por considerarla más adecuada a la materia contenida en aquella 
obra que en ésta; de ahí que esta alocución resulte muy breve y 
parezca inconclusa. 



382 


Paulina Luisi 


IX* JORNADA 

Prevenir ... (*) 

Setiembre de 1943 

La profilaxis venérea es de una gran dificultad, porque inter- 
vienen en ella dos factores igualmente importantes: el factor sani- 
tario y el factor social. 

De ahí que haya sido considerada por muchos higienistas, de 
una manera distinta a la de las demás enfermedades trasmisibles. 

En su aplicación se han mezclado ambos factores en forma no 
suficientemente medida y, sobre todo, no suficientemente compren- 
didos ciertos problemas que complican seriamente este importante ca- 
pítulo de la salud pública. 

Ha sido mirada con diferente ángulo por los sociólogos y los 
higienistas, cada uno considerando el problema desde su punto de 
enfoque, y por lo tanto unilateral. De ahí los errores que han dado 
como resultado un fracaso que cada uno ha atribuido, naturalmente, 
a los otros. 

La forma de contagio de estas enfermedades, — en su mayor 
porcentaje, — no es, como la de las otras enfermedades, casual e in- 
voluntaria. En el mayor número de los casos, ha sido necesario, pa- 
ra que se produjera, un acto previo, voluntario: el contacto sexual. 

De ahí que, por aquella razón, — voluntad o consentimiento al 
acto que puede resultar contaminador, — deberían ser las enferme- 
dades más evitables, las menos frecuentes, hasta la más raras, pues 
nadie contrae una enfermedad por placer, 

Pero he aquí que el móvil provocador del acto, es precisa- 
mente el más poderoso, el más violento, el más imperioso de los 
impulsos humanos: es el instinto sexual. 

Adentrándose en estos estudios, los sociólogos han debido re- 
eonocey la influencia del desarrollo de la voluntad en la morige- 
ración de los impulsos sexuales. 

Así ha surgido ese gran movimiento pedagógico que malamente 
se ha dado en llamar “educación sexual”. 

Debió llamarse en cambio “la educación de la voluntad, do- 
minadora del instinto”. 

Educación de la voluntad! 

Es desgraciadamente la voluntad una de las facultades del es- 
píritu que no destacan por su poder en nuestros pueblos criollos, 
un poco fatalistas, y un mucho, nada enseñados al sentimiento de 
su responsabilidad. 

Por esta última razón, sobre todo, y en el mejor de los casos, 
en la mayoría de los jóvenes, en esa edad toda de exaltaciones, fo- 


(1) Teatro Nacional, Buenos Aires. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


383 


gosa, impulsiva, en la hora del despertar de los deseos genésicos, la 
voluntad debe ser socorrida, auxiliada, para poder mantenerse fir- 
me y soberana. 

Conviene pues despertar y desarrollar en el alma de nuestros 
adolescentes, un sentido de la vida, que oriente esa voluntad a una 
sublimación espiritual, que le dé nervio a esa trayectoria que de- 
bemos todos recorrer, mientras así lo permitan las afiladas tijeras 
de Las Parcas. 

En conflicto con esa sublimación que es necesario despertar y 
cultivar, se encuentran los apetitos inferiores del ser humano y el 
barro de que está formado el hombre, según el Génesis, barro no 
siempre purificado por el soplo divino con que, en las lejanas épo- 
cas de la creación, el Señor lo animó, modelándolo con sus manos 
divinas, para transformarlo en Rey de la Creación. 

Más héte ahí que este Rey olvida, demasiado a menudo, la dig- 
nidad de su rango, y suele tener caídas que le acercan mucho más 
a la selva que al trono. 

Cuando el deseo del placer genésico, cuando el impulso carnal 
dejan oír sus reclamos con imperio, ese pobre Rey sin corona des- 
ciende sin escrúpulos al nivel de los animales de su corral o de 
cualquier otro bicho salvaje que vive en la superficie del planeta. 

Entonces, lo mismo que la bestia encelada, se precipita en bus- 
ca de su presa para satisfacer en ella sus deseos: hombres y mu- 
jres, cada uno con su técnica genérica. Existen a centenares, a mi- 
llares, estos ejemplares de seres, dominados por el deseo carnal in- 
controlado y ciego, incapaces de refrenarlos o encauzarlos. 

A la educación todavía demasiado ipeonsistente, demasiado ru- 
dimentaria si es que alcanza a ello, en este orden de hechos, se 
agregan las incitaciones del ambiente, voluntaria o involuntariamente 
operantes. 

Qué asuntos prefieren en sus reuniones y charlas nuestros jó- 
venes que no han sido enseñados a un severo dominio de su voluntad, 
al contralor de sus instintos coadyuvado por la sana fatiga del tra- 
bajo que es, por sí misma un poderoso freno? 

Acerquémonos y oigámoslos... Por un porcentaje ínfimo de jó- 
venes que ocupan su mente en altas especulaciones del espíritu, un 
también pequeño porcentaje de otros se ocupan de proyectos de fu- 
turo. La gran mayoría emplea sus horas de libertad y de descanso 
en la conversación licenciosa, las anécdotas a doble sentido porno- 
gráfico, las bromas y chascarrillos sobre el mismo sujeto, los comu- 
nicados de crímenes pasionales, de atropellos, de seducciones, de adul- 
terios, de crónicas escandalosas, o la narracción de personales aven- 
turas. las más de las veces imaginadas o magnificadas, con las que 
pretenden formarse una aureola de hombría... 

A estas incitaciones se agregan las del cine pasional, las imágenes 
de esos largos besos a lo Hollywood, que despiertan deseos o recuer- 
dos ... y no solamente en los jóvenes ! 



384 


Paulina Luisi 


Súmanse a esta larga serie de provocaciones, otras más diver- 
sas aún, que ha inventado el ambiente moderno para acicatear el de- 
seo, desde el baile lascivo basta las licenciosas privanzas en las pla- 
yas a pretexto de higiene . . . ! Como si entre la libertad y la licen- 
cia no mediara un abismo! 

Me decía un distinguido oficial de marina, a quien yo inte- 
rrogué al respecto, — mi profesión y mis años me daban autoridad 
para ello — que pocas horas después de abandonados los puertos, 
los oficiales, ocupando su espíritu en trabajos y estudios, sin más 
incitación a sus instintos que la inmensidad del mar, estando a dos 
millas de la costa, ya no pensaban en esas cosas sexuales, sino de 
lejos en lejos; — y ciertamente que mi interrogado era “todo un hom- 
bre”. . . — mientras que la marinería, entregada en sus horas de des- 
canso, al sempiterno sujeto de conversación, evocaciones pasionales, 
historias pornográficas más o menos vivas y picantes, dicharachos 
obscenos, exigía una cuidadosa vigilancia para impedir o disminuir 
aquellas “derivaciones” que nadie ignora y cuyo eDÍlogo se debía 
ir a perseguir hasta en las carboneras y bodegas. 

Ejemplo claro de la influencia del ambiente sobre esa preten- 
dida necesidad masculina que muchos suelen invocar para dar rien- 
da suelta a las satisfacciones de los carnales apetitos, y que resulta 
muy útil para justificar esa infamia de las civilizaciones actuales 
creando y legalizando, como de utilidad social, la prostitución co- 
mercializada y revisada ... 

La educación, por sí sola, se encuentra muy poco armada, cier- 
tamente, ante esa “biltzkrieg”, que el clima ambiental de nuestras 
costumbres actuales desata contra las débiles fuerzas volitivas, no 
blindadas aún, de nuestros jóvenes y adolescentes. 

Completan las fuerzas agresoras, la incitación callejera de la 
“mujer de la vida”, o lo que es más terriblemente grave, malsano 
y pernicioso, tanto del punto de vista moral como sanitario: el es- 
tablecimiento de casas de tolerancia, y de citas con la doble patente 
que le otorgan, por una parte aquella ficción de “necesidad para 
la salud masculina” y por otra, más disolvente y funesta todavía, 
la autorización oficial de su funcionamiento, 'la organización medie' 
de su contralor, las que le dan un carácter formal de licitud. 

Es éste uno de los motivos principales que nos impulsan a lu- 
char con energía y constancia contra todas las manifestaciones e in- 
citaciones del libertinaje público, libre u oficialmente organizado. 

Es por eso que nos encuentran irreductibles ante la inmorali- 
dad suprema de esos métodos que se dicen sanitarios, y que permi- 
ten la exhibición, legalmente autorizada de esa lacra social que^ es 
la prostitución, como en una feria o mercado se exhiben los artícu- 
los en venta, siempre que estén previstos los comerciantes de su 
correspondiente permiso para el negocio, otorgado por el municipio 
o el Estado, y siempre que los productos ofertados presenten su au- 
torización de expendio. . . “licencia stupri” en este caso. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


385 


Brutal forma de disolución moral, de inutilidad y más aún, de 
nocividad sanitaria, con la cual el Estado, por obra de la llamada 
reglamentación de la prostitución, destruye, aniquila, esa paciente y 
difícil obra de la educación, empeñada, ésta, en dotar al joven, y 
al adulto, de la necesaria energía para contener, refrenar, “domar” 
el instinto primitivo del macho, que hay en todo hombre; con el 
fin de que no derroche las fuerzas creadoras de su virilidad, desti- 
nadas a un sensato “uti non abuti”, que es la clave de la vida sa- 
na y eficiente. 

Porque hemos alcanzado a comprender todo lo que tiene de 
corruptor y disolvente para el alma de la juventud que se inicia 
en la vida adulta; porque hemos observado como queda luego, cual 
marea de fuego, en la psiquis del hombre maduro el concepto infa- 
mante para la mujer, que deja en la subconeiencia masculina el co- 
nocimiento del amor adquirido en la escuela corrupta de la prosti- 
tución, es que no cejamos en esta ardua empresa de luchar con in- 
quebrantable constancia, contra la doctrina funesta del “mal ne- 
cesario” nacido como corolario forzoso de la dualidad de la\ moral 
en materia sexual. . . 

Mal necesario creado por el egoísmo masculino, para disponer 
cuando le convenga o plazca, de un triste y doloroso al par que ab- 
yecto rebaño de seres desposeídos de toda dignidad; rebaño inmenso 
de mujeres que habrían sido llamadas por la especie para la más 
trascendental de todas las funciones que cumplió un día la propia 
madre de ellos; dándolos a la vida entre angustias y dolores, al ries- 
go de la suya propia; gesto desposeído de su alt% y noble fina- 
lidad, cuando ellos lo repiten entre la corrupción y el fango de la 
lujuria venal. 

Nosotras, aquellas mujeres que hemos estudiado este desolador 
problema, no podemos menos de levantar nuestra voz de indignada 
rebeldía, contra ese egoísmo del varón, que proclama una necesidad 
vital, no la unión de los dos sexos en el más alto de los deberes de 
la especie, cuál es el crear una vida; sino la satisfacción egoísta de 
ese apetito que puso en el ser humano la naturaleza misma para 
impulsarlo a perpetuarse a .través die las edades ; pero ja- 
más para violar sus leyes en el goce estéril de un placer que arroja 
al fango a millares de víctimas inocentes, corrompidas por él, en 
su afán de placer, y la defrauda a ella sustrayéndole el fruto que 
de aquel gesto ella reclama. 

Por eso no me cansaré de repetiros, mis jóvenes amigos, que 
seáis fuertes contra vosotros mismos; que huyáis de la frecuenta- 
ción malsana de la prostitución y de sus vicios; que os respetéis 
a vosotros mismos, y respetéis en la mujer a la que mañana será 
vuestra esposa y vuestra hija... y en su obsequio, así como en hon- 
ra de vuestra propia madre, respetéis a todas las mujeres, aún a las 
más desgraciadas, a las más abyectas. 

Pero no hagáis de ellas las maestras de vuestra vida viril. . . ! 


25 



Paulina Luisi 


38 6 


Formad vuestro hogar siendo jóvenes, llenos de ansias de vi- 
da y de esperanzas; no derrochéis las mejores fuerzas de vuestra 
virilidad y vuestro espíritu antes de resolveros a crear ese hogar, 
que aún fuere modesto, aún con esfuerzos mantenido, será para 
vosotros la mejor fuente de sanos y reconfortantes goces... recor- 
dad las frases llenas de amor y de esperanza de vuestro gran poeta: 

“Es para el porvenir dulce presagio 
“que al hombre con el mundo reconcilia 
“el ver crecer en torno la familia 
“bajo las santas leyes del amor”. 

( C . Guido Spano ). 


X.* JORNADA 

Montevideo, setiembre 6 de 1945. 

Sr. Dr. don Alfredo Fernández Verano. 

Liga Argentina de Profilaxis Social. 

Corrientes 980. 

Buenos Aires. 

Mi muy estimado amigo: 

Nuevamente me veo obligada a desertar. No estoy aún resta- 
blecida de las inclemencias del invierno, para las que los años au- 
mentan nuestra sensibilidad. 

Bien sabe Ud. y los amigos de nuestra causa, lo mismo que 
los “habitués” a nuestros actos, con cuánta sincera y entusiasta sim- 
patía acompaño a Ud. y a la Liga en esa bella obra de difusión cien- 
tífica de la profilaxis del más terrible y mortífero de los males: el 
peligro venéreo; obra continuada con envidiable constancia, que ha- 
cen a Uds. acreedores a la gratitud de la Nación. 

Descuento desde ahora el éxito inmediato de ese acto y for- 
mulo mis más entusiastas votos por sus proyecciones futuras, co- 
menzando por la obra de convicción de las ^autoridades gubernamen- 
tales y muy especialmente, espero que sea un convincente alegato en 
beneficio de la ley actual y sus mejoras, lo que significará una de- 
rrota completa — como debe ser, para honor de la cultura argentina 
— del movimiento iniciado a favor del restablecimiento de las ver- 
gonzosas disposiciones que ella pretende derogar. 

Con un cordial saludo a nuestros compañeros de lucha a los 
que como a Vd. ruego tenerme presente “in spirit” esta noche, es- 
trecho su mano cordialmente. 


P. L. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


387 


Desde esa fecha, dos importantes motivos: uno mi salud seria- 
mente atacada, pues ya comenzaba la ofensiva de mi mal agudizán- 
dose por momentos, y otra el de haber pasado la Liga a la supervi- 
dencia del Gobierno Argentino, que la puso bajo la dependencia del 
Ministerio de Salud Pública, me impidieron seguir colaborando en 
estas Jornadas Anti venéreas, que se convirtieron en dependencia 
oficial y fueron incorporadas a la Secretaría de Salud Pública, que 
suministra los fondos y fiscaliza su marcha, según fui informada 
por el propio Presidente de la Liga, con fecha de octubre 1948. 




TERCERA PARTE 




La Maternidad, Función Social 


Tríptico 

I 

Natalidad 


Después de la hecatombe los hombres están aterrados de los cla- 
ros que hay en sus filas. Han destruido, pretenden reconstruir. Pero, 
como si la experiencia nada les hubiera enseñado, pretenden reedi- 
ficar sobre las bases que quedaron. En vano, quieren dar aparien- 
cias de reorganización social al edificio que intentan levantar sobre 
viejos cimientos. En vano hablan de grandiosas reformas, de cons- 
truir la sociedad futura sobre nuevos cimientos curiosamente ama- 
sados con los idealismos utópicos de algunos sociólogos visionarios y 
los funestos prejuicios de los viejos conceptos de castas y de clases. 

Y asi, pregonando la paz, trabajando solamente para su estabi- 
lidad futura, profetizando la obra magna que habrá de salir de esa 
larga y penosa gestación de la Conferencia de las Naciones, los hom- 
bres danzan alrededor del supuesto cadáver de la guerra, que se 
afirma destruida para siempre. 

Entre tanto, sociólogos y políticos miran con preocupación vi- 
gilante hacia el rincón de las madres pidiendo a sus vientres fecun- 
dos un trabajo intensivo, para que en estas horas de paz que vivimos, 
la mujer llene los claros que dejara la guerra en las filas varoniles, 
con la misma intensidad de labor, con el mismo empeño con que, en 
las horas trágicas, amontonaban sus manos los proyectiles mortíferos 
destinados a destruir la propia obra de su sexo: ¡Los hijos! 

Ayer, las mujeres llenaban las usinas de guerra en la febril pre- 
paración de municiones, sin que fuera obstáculo a sus empeños y a 
su fatiga, ni la mentada debilidad física del sexo ni la “sacrosanta 
de madre...” Se necesitaban pertrechos de guerra, que para la in- 
saciable avidez de la tragedia, eran siempre escasos. A fabricarlos 
todos los brazos eran buenos, y todos eran pocos . . . Para triunfar 
en la matanza, se olvidó las discusiones de bufete! 

Entre tanto los políticos que miraban al futuro, veían con es- 
panto disminuir la cantidad de contingente humano, y mientras pe- 
dían a loe brazos femeninos ¡ municiones ! pedían a sus vientres ¡ hijos ! 

Y como en realidad la tarea resultara demasiado penosa, las mu- 
jeres obreras declararon la huelga a la maternidad: el problema del 
aborto llegó a ser aterrador. 



392 


Paulina Luisi 


Grandes damas, ricas burguesas y pobres obreras se negaron a 
la maternidad: por mangas o por faldas, las mujeres de los países en 
guerra quisieron sacudir su carga natural. 

En Alemania, se llegó a dictar contra ello leyes casi diré im- 
positivas. Los países en guerra temieron un momento faltar de com- 
batientes. La juventud quedó segada en flor, destruida o inutilizada 
antes de haber espigado. . . 

Y hoy, sociólogos y políticos a una, piden nuevamente: ¡hijos, 
hijos! 

¿Para qué? Si en verdad no creemos con el sociólogo francés que 
sea necesario para la felicidad humana disminuir el número de ha- 
bitantes de la tierra, nos preguntamos también el alcance de esa 
demanda angustiosa, de esa campaña vigorosa a favor de la repo- 
blación. 

Las mujeres, también dicen hijos, ¡hijos!, pero hijos sanos y 
vigorosos, brotes robustos de primavera, que no enfermizas yemas de 
árboles gastados. 

Y la mujer, apenas salida de las fábricas, y el varón, apenas 
regresado de la ruda trinchera, exhaustos uno y otra por las pri- 
vaciones y los dolores de toda especie, dolores de cuerpos y de almas 
no pueden ¡y no quieren! un retoñar malsano, entre las miserias que 
aún habrá de soportar la clase proletaria, en esta penosa post-guerra”. 

Si, como se pregona en todos los países, queda asegurada la 
paz futura, y el convenio famoso de las naciones en guerra, es el 
bíblico arco de la Alianza, ¿por qué sociólogos y políticos se afa- 
nan en fomentar la natalidad a toda costa, por qué exigen a la 
clase proletaria el nuevo tributo de un esfuerzo penoso, y, cómo en 
un inmenso haras, pretenden intensificar la producción de hombres? 

Es que el problema de la natalidad, tal como nos lo presentan 
en el momento actual, que pide número más que calidad, está tan 
vinculado con el problema de la paz, que ambos son en el fondo una 
sola cosa. 

Se necesitan hombres ¡pronto! hombres que puedan servir cuan- 
to antes!, hombres capaces de formar en un momento dado ejércitos 
poderosos y es por eso que cada país a, pretexto de reponerse de 
las pérdidas sufridas en la guerra, rivaliza “a outrance” con los 
otros, amigos o enemigos, en alcanzar una elevada cifra en su na- 
talidad. . . 

Bienvenida sea, esa campaña a favor de la natalidad, si ella 
busca de acrecentar el número de brazos para forjar en los ta- 
lleres y en las fábricas el fecundo progreso de mañana, y su abun- 
dante riqueza .... 

Bienvenida, si ella se preocupa al mismo tiempo que quiere 
acrecentarla, de proteger, y de educar a esa niñez que desde la ig- 
nota ultra-cuna se afana en traer sobre la tierra. . . 

Bienvenida, si con previsora tutela, se incauta de la materni- 



Pedagogía y Conducta Sexual 


393 


dad creadora, y destina de las arcas del Estado, la parte que hasta 
ayer destinó a la guerra. . . 

Pero ¡ ay de los pueblos! ¡ay de la raza! si la magnífica pro- 
paganda encubre el deseo de servir el poder de las naciones, tradu- 
cido por fuertes ejércitos y formidables armamentos... 

¡Ay de los pueblos! ¡ay de la raza! si el totalitarismo yergue 
su tétrica figura sobre las cunas promisoras . . . 

Y ay ! si brota una chispa que reanime el no apagado incendio . . . ! 

1919 


II 

Maternidad — Función Social 


La propaganda para una superproducción en que están empe- 
ñados muchos países — con el fin de reponer sus pérdidas bélicas — 
es muy justa y muy acertada, si responde al bien intencionado ob- 
jeto de aumentar el número de brazos para el trabajo. 

Se dice, en efecto, que “a mayor población mayor riqueza”, 
dando por supuesto que mayor población supone mayor producción, 
esto es, mayor rendimiento. 

Así en efecto lo demuestran los hechos. 

Aumenta la riqueza con el número de brazos, que son a su vez 
la primordial riqueza. 

Esta fuente primera, fundamental, la población abundante, la 
generadora del esfuerzo, del trabajo y del rendimiento, proviene a 
su vez de un esfuerzo, de un trabajo, de un rendimiento. 

Porque evidentemente, para llegar a obtener brazos capaces para 
el trabajo, cerebros prontos para la idea, se necesita una larga labor 
de preparación, un largo período de tiernpo, desde el momento en 
que comienza a brotar la semilla fecunda, hasta la hora en que se 
ofrece el brazo robusto y preparado... 

Y este rendimiento corresponde en gran parte a la mujer. 

La obra de gestación, de alumbramiento, de crianza, es una labor 
que le corresponde en absoluto, que es la razón misma de su dife- 
renciación en la especie, que es su razón de ser en la vida. . . 

Y sin embargo, nadie le reconoce un valor social determinado, 
nadie la toma en cuenta en la apreciación del rendimiento del tra- 
bajo en la vida colectiva. 

En algunos países, como los Estados Unidos por ejemplo, se 
estima una vida humana adulta en 5 . 000 dólares, si no yerro. 

¿En qué cantidad sería estimable el trabajo necesario para lle- 
gar esa vida humana a su completo desarrollo? ¿En cuánto se esti- 
maría la labor de gestación, alumbramiento, lactancia y crianza de 
un niño, aún considerando sólo su, primera infancia? 



394 


Paulina Luisi 


Porque efectivamente requiere dedicación y trabajo. Porque in- 
discutiblemente exige fatiga. Porque indudablemente consume para 
producir, como la maquinaria consume carbón y el esfuerzo muscular 
gasta energía. 

En el obrero, el esfuerzo se transforma en artefacto, en el pen- 
sador se traduce en idea. Uno y otro caso, y con ellos representamos 
las múltiples variedades “del trabajo” son considerados en el or- 
ganismo social como un rendimiento. 

Pues bien, la sola labor de gestación es un trabajo que demanda 
energías físicas del cuerpo, produce gasto de actividad fisiológica, 
fatiga y sufrimiento. Ello se traduce también en algo palpable y vi- 
sible como un artefacto o como un libro, en algo más grande; en un 
hijo ! ; sin embargo esta labor no es tenida en consideración para nada 
en la apreciación del rendimiento social que aporta cada uno de los 
seres humanos dentro de la colectividad. 

La maternidad, tarea primordial de la mujer, no es considerada 
absolutamente para nada como rendimiento social. 

Las mismas obligaciones incumben a la mujer trabajadora, ma- 
dre o no madre, la misma carga de labor si es obrera, la misma tarea 
si es ama de casa; igualmente se avalúa su trabajo esté o no en fun- 
ciones de maternidad. 

Aún el criterio común y vulgar criterio que dirige la marcha 
social, sabe que se exige a la madre que necesita trabajar, un ren- 
dimiento mayor, un esfuerzo más considerable, un gasto fisiológico 
tan excesivo a veces, que desgasta en poco tiempo los más robustos 
organismos. 

¿Qué extraño, pues, que en más de una ocasión, la mujer, ex- 
cedida en la carga que le toca, pretenda sacudirla y deshacerse de 
ella a toda costa? 

Este problema se plantea igualmente en los países beligerantes 
y en los que no lo fueron ¿cómo resolverlo? 

En el último congreso médico celebrado en esta capital, se . con- 
sideró urgente el estudio del problema del aborto, cuyas prácticas 
año por año, destruyen tantas vidas y arruinan tantos organismos 
femeninos. 

En las clases ricas que sin mayores excusas se niegan a la des- 
cendencia, el problema tiene otras causas que poco nos interesan en este 
momento, máxime considerando qule proporcionalmente a la clase 
obrera, son muy poco numerosas. 

Pero para las clases productoras, que en realidad constituyen 
la población del país, el problema se agrava por las condiciones eco- 
nómicas del pueblo trabajador. 

Varón y mujer deben conquistarse la vida con el trabajo, que 
no es más fácil ni mejor remunerado por cierto, para ésta que pa- 
ra aquél: igual lucha, iguales fatigas, igual esfuerzo para conseguir 
satisfacer las exigencias materiales de la vida . . . para la mujer un 
trabajo, ,una fatiga, un esfuerzo más: la maternidad. 

Por eso, un día, agotadas por el cansancio de la fábrica y las 



Pedagogía y Conducta Sexual 


395 


fatigas de la gestación* las obreras de las usinas de guerra exclamaron : 

“¿El Estado pide hijos? ¡Que los haga!” 

En la sencillez esta rebeldía, en la frase gráfica del pueblo, 
está sintetizado el deber del Estado. 

-Acosadas por la necesidad y la fatiga, las obreras plantearon en 
su frase sencilla, el problema tan aterrador como doloroso : 

O morir de hambre o el aborto! 

Ahí están en toda su brutalidad los hechos denunciados al Mi- 
nisterio de la guerra en Francia por el Consejo de Mujeres Fran- 
cesas. (1) 

La obrera se rebela porque es demasiada la carga que se acu- 
mula sobre su organismo; fatiga del obraje y fatiga de la mater- 
nidad! 

Y se niega a la segunda porque le es más fácil, porque la fá- 
brica o el taller son ineludibles, porque la fábrica, o el taller, o 
el extenuante trabajo a domicilio son para ella el pan, el techo y el 
abrigo. 

Se niega, porque la maternidad le repersenta aumento de fa- 
tiga y aumento de miseria; aumento de consumo y disminución de 
producción: imposibilidad para el trabajo, pérdida de jornales y ma- 
yores gastos!. 

Pero libérese a la mujer de las tiránicas exigencias económicas 
dentro de un límite razonablemente equitativo; aligérese su carga 
de obraje a medida que aumenta su carga de maternidad y la mu- 
jer, sana de alma como lo es la mujer del pueblo, no se rebelará ya 
contra su misión de perpetuadora de la especie. 

Para ello, la colectividad debe considerar que la maternidad es 
una contribución a la común riqueza; porque así como el trabajo de 
un obrero acumulándose día a día acaba Dor transformarse en ma- 
quinaria o abundante cosecha; la penosa labor de gestación, de alum- 
bramiento y de crianza se transforma también en un hijo, es decir, 
en los robustos brazos de un productor. 

En uno y otro caso, maternidad y obraje, hay fuerzas y ener- 
gías constructivas, hay contribución a la riqueza nacional, que es 
la riqueza de todos. 

Si como decíamos antes, se estima que un hombre como valor 
social representa en término medio una cantidad aproximada de 
5.000 dólares (tarifa norteamericana de la época) ¿puede discutirse 
la enorme riqueza que aporta una robusta y abundante natalidad a 
la riqueza colectiva?. 

Es necesario, pues, que se vaya infiltrando en las conciencias, 
la noción del valor de la producción maternal en la riqueza común, 
producción de descendencia, es decir producción de brazos, de ener- 
gías, de trabajo. 

Considerada la maternidad como un rendimiento social, fluirá 
de por sí, como lógico corolario, la necesidad de que sea ella eon- 

(1) “Revue Philantropique”, 1917. Paría. 



396 


Paulina Luisi 


siderada como un capital colectivo; que se le dé la importancia que 
como productora requiere; que sea custodiada, amparada, y prote- 
gida, como la mayor de las riquezas del Estado. 

Surgirá entonces de ese criterio fundamental, la conclusión que 
naturalmente se deriva. Siendo la maternidad función que interesa 
a la colectividad deberá ser ella considerada como función de Estado. 
La primera de las preocupaciones de la Nación deberá ser la defensa 
y protección económica de la maternidad, además de su protección 
legal y moral. 

En cambio de la riqueza que la maternidad aporta al Estado, 
deberá ser una obligación nacional la retribución económica de sus 
obreras en función de madres para sostenerlas y conservarlas; para 
cuidar de su bienestar y fomentar su desarrollo. 

En otros términos: 

El Estado debe establecer como obligación nacional una sub- 
vención pecuniaria suficiente a toda mujer en funciones de mater- 
nidad. 

Esta subvención deberá ser establecida sobre el amplio criterio 
de una compensación de servicios al individuo por el Estado; no 
debe ser jamás la envilecedora limosna a la madre indigente, el 
humillante subsidio a la miseria, sino que debe establecerse sobre la 
base misma de todas las demás formas de contribución que se recono- 
cen a todo funcionario, de acuerdo a su rendimiento en el seno de 
la colectividad. 

Porque solamente así, será considerada la maternidad en la plena 
grandeza de su misión social; porque hay que cuidar de no defor- 
mar el sentimiento moral en el corazón de las masas, sino enseñarles 
a ver en la función maternal la más grande, la más elevada, la más 
noble y trascedental de las funciones, elevándola en el espíritu del 
pueblo, dignificándola en la forma y en la esencia de la educación 
y de la moral; encumbrándola en el alma popular como la más ex- 
celsa expresión de la riqueza colectiva. 


1919. 


III 

Seguros de Maternidad (D 


El concepto de protección a la maternidad — cuya finalidad es 
poner a la mujer en más favorables condiciones de salud con el 
objeto de dar al niño que ha de nacer, las mejores condiciones de 
viabilidad y de fuerza, — debería llamarse, no protección a la ma- 


lí) Apartado del Informe presentado al Congreso de las Democracias, Mon- 
tevideo 1938, Ateneo, titulado, Derechos de la Mujer, Temario letra E, Sec- 
ción 6, Capítulo Trabajo de la mujer. Informe Oficial. 



Pedagogía y Conducta Sexual 


397 


ternidad, sino protección paranatal, es decir pre y post natal, pues 
responde a su verdadera finalidad que es la protección al nascituro. 

Debe llamarse protección para-natal. 

Cuestión de palabras, se dirá, pero la palabra crea una idea, y 
la idea un estado de conciencia que puede asignar a los factores del 
problema valores equivocados. 

La llamada protección a la mujer grávida tiene específicamente 
un valor de protección al niño: la misma finalidad de eugenesia que 
se invoca, lo demuestra. En los hechos, son precisamente los países 
fascistas o totalitarios, que han proclamado la guerra eomo medio 
de expansión, para lo cual necesitan material humano , los que más 
se han preocupado en tomar las mejores disposiciones para una na- 
talidad intensiva; buscando cantidad y calidad, y reduciendo a la 
mujer, a la madre, al rol de un molde, como en una usina, en el que 
se producen niños, lo mismo que una máquina de otra especie, pro- 
duce obuses o tanques. 

Los países democráticos, con ¡su sentido individualista dentro 
de la colectividad, de respeto a la persona humana, han reunido en 
la función maternal un todo único: la madre indivisa del hijo, como 
siendo éste parte integrante de aquélla, pero no se han cuidado, 
sino muy precariamente, de esta importantísima cuestión racial. 

Los estados totalitarios que destruyen la personalidad de cada 
ser humano, incorporándolo al conjunto como una simple unidad, 
han reducido todos los derechos positivos de la mujer en tanto que 
ser humano, para reducirla al rol de procreadora, con la finalidad 
única del hijo, como el producto de una industria ganadera, y a ella 
como. la máquina destinada a elaborarlo. 

Otros no totalitarios han establecido el régimen de protección 
a la mujer embarazada, sobre la base de disposiciones prohibitivas. 

Nosotros no admitimos ninguno de estos criterios. No podemos 
admitir que por el hecho, desde luego transitorio, de una materni- 
dad, o de varias, breve en comparación a la duración de una vida, 
quede la mujer privada de los derechos inherentes, en la doctrina de- 
mocrática, al ser humano: lo mismo que no admitiría nadie que un 
varón quedara, por el hecho de realizar ciertas funciones sociales, 
privado — ad perpetuam — de aquellos mismos derechos porque cum- 
ple aquéllas. 

Podríamos, en terreno conciliatorio y precario, llegar a admitir 
una suspensión, un cambio, una reglamentación transitoria, mientras 
uno y otra se encuentren en el desempeño de aquellas funciones: 
se me ocurre pensar, p. ej., en el militar, que mientras desempeña 
determinadas funciones queda con ciertos derechos suspendidos, o 
mejor, detenidos en su ejercicio, los que recobra apenas cesa en 
aquella función. 

La mujer en trance de maternidad y de lactancia, (véase que 
extiendo el plazo) está desempeñando una función biológica, que en 
más de serlo, es en las organizaciones humanas, una función social, 



398 


Paulina Luisi 


por cuanto está preparando brazos, cerebros, energías, que aumen- 
tarán el caudal, el capital colectivo de la Nación. 

Al invertir los términos, y establecer, no la protección a la mu- 
jer madre, sino la protección al nascituro, creamos un estado de 
conciencia que desvía la atención de la madre para concentrarla so- 
bre el hijo. 

No e§ cuestión de palabras. 

En apariencia puede parecerlo, pero ahondando la cuestión en- 
focando al niño, protección para-natal, es decir, pre y post natal, 
en lugar de presentar como más importante figura la de la madre 
(leyes de excepción que parecen favorecer a la mujer), nos vemos 
obligados a pensar ante todo en aquel, el niño; y al discriminar esta 
noción de aquélla de mujer grávida, surge de inmediato un tercer 
elemento del que hacen caso omiso las legislaciones y las disposiciones 
de protección llamada maternal: el padre. 

En el concepto de protección maternal, la beneficiaría aparece 
ser la mujer; en el de protección paranatal es beneficiario el niño, 
el hijo, y debe surgir forzosamente en el cuadro una tercera figura: 
el varón, el padre. 

Cuando se trata de legislación social, el hecho adquiere singular 
importancia: ya no se trata de un beneficio que dé privilegios a la 
mujer trabajadora. 

Se establece en cambio una compensación, casi diría una retri- 
bución de la colectividad a la mujer cuyo vientre pasa a ser una es- 
pecie de usina de un producto cuyos beneficios recogerá la colecti- 
vidad o el Estado. 

Es una indemnización por un servicio de beneficio común; es 
un anticipo de la deuda que contrae la Nación para con aquella 
persona que agrega una unidad más al capital nacional. 

Esta compensación de servicios prestados que reclamo para la 
madre, no está cumplida con la irrisoria' solución que se le dá, cuan- 
do se establecen esos seguros de maternidad de que hacen gala al- 
gunas legislaciones y se van introduciendo en otras. 

Estos seguros de maternidad, tal como han sido organizados, ha- 
cen recaer sobre la madre obrera la obligación del pago de las pri- 
mas; en la gran mayoría de las legislaciones del trabajo, o por lo 
menos de una no despreciable parte de ello. 

' Yo reclamo para ella una compensación de servicios a cargo 
de la colectividad, porque es ella quien recibe en brazos e inteligen- 
cias para el trabajo común, el beneficio de la obra maternal. 

Al establecer los fondos necesarios a la retribución de este ser- 
vicio social, debe considerarse una cuestión previa de justicia y de 
deber. 

Yo no quiero aquí sino apuntar ese escabroso y dificilísimo pro- 
blema, levantar una punta del velo que lo oculta a la reflexión, a- 
penas lo suficiente para despertar úna nueva inquietud en . los que 
piensan y buscan soluciones de acuerdo a los principios de igualdad 



Pedagogía y Conducta Sexual 


399 


de deberes establecidos por la responsabilidad genésica de cada nno 
de los sexos. 

El hijo se gesta en el vientre de la mujer, y es ella quien lo 
entrega a la vida; pero es acaso un deber sólo de ella criarlo y edu- 
carlo? 

Y mientras se desarrolla en el alvo materno ese hijo, no existen 
también entonces y después, deberes para el padre? 

Yo planteo aquí mi problema, porque voy más allá de la simple 
cuestión del seguro de maternidad, que como lo repito, es un seguro 
creado especialmente para favorecer la sana y adecuada formación 
de la criatura, que es la principal beneficiaría; y que injusta y arbi- 
trariamente es en general asimilado a un seguro de enfermedad de 
la mujer. 

La compensación que se atribuye a la maternidad — vuelvo a 
repetirlo — no es un beneficio- para la mujer ; es un beneficio para el 
hijo. No se trata pues de ayudar a la mujer a sobrevellevar el tran- 
ce de una enfermedad, aunque para su organismo pueda equivalerla, 
entendiendo siempre que se trata gravideces y de alumbramientos 
normales; se trata de dar a la madre — como receptáculo transitorio 
del niño, — las mejores condiciones de vida para el desarrollo nor- 
mal y sano del ser que ella está gestando, para aumentar la capa- 
cidad de salud y de vida del nuevo ser, a fin de que llegue a la co- 
lectividad en las mejores condiciones de supervivencia y de ener- 
gía vital. 

Esta distinción que puede parecer el planteamiento de una dis- 
cusión bizantina, o a la que puede objetarse que el orden de los 
factores no altera el total, tiene sin embargo inmensa importancia 
sobre el entendimiento de patronos y trabajadores: Es que así con- 
siderado, la mujer no recibe ningún beneficio, ningún favor y puede 
continuar siendo absolutamente equiparada al compañero de trabajo. 

La subvención no es para ella, que es solamente la intermediaria; 
es una protección para el niño. Al cambiar el enfoque del asunto, 
poniendo cada cosa en su verdadero lugar y significación, se abre el 
horizonte a una comprensión más humana y equitativa del deber de 
ambos progenitores. 

Los aportes para las subvenciones de maternidad no correspon- 
den solamente a la que lleva en su propio cuerpo el producto de 
la concepción: corresponde a cada uno de los progenitores, y las 
primas de maternidad deben ser, si hay deberes que cumplir y 
justicia por respetar, sobre la base de la contribución de ambos. 

Se me dirá que se abre un tremendo conflicto en los casos de 
concepción ilegítima, fuera de los cánones legales; pero las leyes de 
la. vida así lo determinan en una colectividad bien organizada : que 
busque ella la forma de resolverlo; esta forma existe. 

Esta manera mucho más lógica y equitativa de encarar la cues- 
tión, trae algunas derivaciones de singular importancia. 

En primer término, acerca del tercer elemento que parece ine- 



400 


Paulina Luisi 


xistente en el concepto de las leyes que sobre el punto, consideramos: 

K) hombre. 

Luego, así encarado, de inmediato desaparece aquella idea 
vivida en el ánimo de patronos y obreros, de una situación de pri- 
vilegio para la mujer; cuando es en realidad una contribución de la 
colectividad a la obra biológica que ella está cumpliendo; es una in- 
demnización, una compensación, y digo mal, es una reparación al da- 
ño emergente que la función de material trae a la mujer-persona. 

Resulta pues completamente ilógico, y hasta atentatorio a su 
persona la obligación de financiar esa indemnización de materni- 
dad eon fondos suministrados por ella misma. Los que establecie- 
ron estos seguros, que obligan al patrón, a veces al Estado en 
parte, y siempre a la mujer, se han despreocupado del otro elemento 
que, nadie lo discutirá, tiene también su parte inicial en la función 
maternal: el hombre. 

Porque en todo varón hay un padre en potencia sin cuyo acto 
inicial, la función maternal carece de existencia. 

No es pues, en una fábrica, p. ej., solamente el fondo patronal, 
el del Estado y el de la obrera quienes deben cubrir el seguro de 
maternidad. Es la colectividad entera, creando un sistema de finan- 
ciación económica que se habrá de estudiar, el que debe ser sostenido 
por todos los elementos que intervienen en la creación del nuevo ser, 
o beneficiarán de él, capital, Estado, mujer y hombre y los que 
luego la usufructuarán. 

Tampoco se ha tomado en consideración sino las pocas semanas 
del alumbramiento, tantas antes y tantas después: la personalidad 
biológieo-soeial del niño consume esfuerzos durante tiempo mucho 
mayor, pues su protección debe ser para, pre, y post natal; es decir 
durante la gestación, alumbramiento, lactancia y crianza, más allá del 
destete; carga que va disminuyendo a la medida que se desarrolla y 
creee el nuevo ser. 

En su afán de poseer cantidad de hombres sanos y fuertes para 
su pueblo, un dictador aborrecido organizó un sistema de impues- 
tos para todos los hombres solteros, o sin hijos, destinando su pro- 
ducido a aumentar y perfeccionar las obras de protección prenatal 
y de asistencia maternal. El quería hijos porque necesitaba hom- 
bres robustos para sus futuros planes de conquista totalitaria. 

Esta concepción, estudiada y madurada eon finalidad de pro- 
greso y no de guerra merece ser considerada, a pesar de su indigno 
origen; otros antes que él la había también acariciado; y recuerdo 
que al conocerla exclamé: 

“Lo que yo había pensado y no me atrevía a expresar!”. 

Pero no en esa forma incompleta y parcial. Habría que buscar una 
forma que obligara a contribuir a la formación del fondo de maternidad 
a todos aquellos hombres capaces de crearla, y no son solamente los 
hombres solteros, sino también a los otros, pues al margen de las 



Pedagogía y Conducta Sexual 


401 


obligaciones de una familia regularmente constituida, sea o no 
según los cánones de la ley y las religiones, los hay que dejan las 
huellas viviente de su capacidad reproductora, en criaturas abando- 
nadas a las solas posibilidades de la madre ! 

Sea como sea, hay en esto un ancho campo de estudios que apa- 
rentemente son ajenos al tema de esta obra, pero que deben ocupar 
un lugar en él, aunque sea como acotación al margen de estas pá- 
ginas que se ocupan de la enseñanza y la moral de las cosas referen- 
tes a la función sexual y sus derivaciones; de él debe también in- 
cautarse con empeño la eugenesia. 

Posiblemente, algunos a quienes el tema pudiera interesar desde 
el punto de vista económico, podrán encontrar acertada solución; 
aquí dejo planteado el problema. 

Este concepto que propongo, anularía por fuerza, la legislación 
mal llamada protectora, y que no lo es en realidad, sino una legislación 
eoartatoria del trabajo de la mujer; que lesiona sus derechos de 
persona y de madre, y la coloca en una terrible posición de inferio- 
ridad en el mercado del trabajo, sin darle en cambio más que una- 
apariencia de colaboración con una miserable indemnización y ayuda. 

La reemplazaría una legislación reparadora y compensadora que 
permitiría a la función maternal asumir su verdadero sentido eco- 
nómico y social. 

Finalmente sustituiría un sistema reñido con los principios de 
la democracia, por una legislación de justicia de acuerdo con los 
verdaderos postulados de una eugenesia creadora. 


1949. 


Proposiciones CU 


B 

I. — Que las llamadas leyes de protección maternal no sean es- 
tablecidas sobre la base de disposiciones prohibitivas para las ac- 
tividades y el trabajo remunerado de la mujer; sino sobre el prin- 
cipio del derecho del niño a beneficiar de una adecuada protección 
social pre y post natal. 

II. — Que las indemnizaciones de los' seguros de maternidad no le 
sean atribuidos como un beneficio para la mujer; sino como una indem- 


(1) Conclusiones o proposiciones correspondientes al informe sobre “De- 
rechos de la mujer”. Capítulo relativo a “Trabajo y maternidad”. Congreso 
de las Democracias de América. Montevideo, Ateneo, 1938. Tema letra E, Sec- 
ción 5. 


26 



402 


Paulina Luisi 


nización correspondiente aJ servicio social que está desempeñando 
en su función maternal y un aporte social al mantenimiento del 
nuevo ser que trae al mundo. 

III. — Que los fondos destinados a las subvenciones de mater- 
nidad, o seguros maternales, sean financiados con los aportes del 
Capital de los hombres f mujeres trabajadoras y la contribución del 
Estado. 

IV. — La financiación de esta fórmula debe ser objeto de cui- 
dadoso estudio — que aún no ha sido realizado equitativamente — 
por especialistas del ramo y sobre la base de lo propuesto en el 
artículo 3. 9 . 

V. — Las disposiciones legislativas referentes a la función ma- 
ternal deberán inspirarse en las proposiciones arriba expresadas. 



Estando este libro en impresión, se pro - 
dujo el fallecimiento de la Dra. Paulina 
Luisi el día 17 de Julio de 1950. 




ALGUNAS OPINIONES SOBRE EL ULTIMO LIBRO PUBLICADO 
"OTRA VOZ CLAMANDO EN EL DESIERTO”. 
MONTEVIDEO, 1949 

Del Doctor Pedro L. Baliña 

(Profesor de Clínica Dermosifilipática de la Facultad de Medicina de Buenos 

Aires) 

Buenos Aires, abril 28 de 1949. 


Me es muy grato dirigirle estas líneas y expresarle con ellas mi sin- 
cero agradecimiento por los dos tomos de “Otra voz clamando en el de- 
sierto”, que gentilmente se ha servido dedicarme. 

Documenta esta obra una vez más la tan extraordinaria como meri- 
toria labor de Ud., desarrollada con una perseverancia, desinterés y altruis- 
mo ejemplares. 

Si alguna vez, hace mucho tiempo, apoyé de palabra, circunstancial- 
mente, algo relativo al reglamentarismo, cuando por vez primera escribí 
sobre el tema, había ya “comprendido la falacia”, de ese sistema, como 
Ud. lo expresa en la página 136 del Tomo I. Alivia la responsabilidad de 
lo que en tal o cual ocasión haya dicho, ver mi nombre cerca de los pro- 
fesores “Jadassohn”, y Dübois, que me honraron con su amistad y que, 
como el que suscribe, al adquirir mejor información, de igual modo fue- 
ron llevados por sus convicciones hacia el abolicionismo. 

No se perderá su voz aunque, “clamando en el desierto’’. “Scripta 
manent”. Su palabra ahora, y sus escritos siempre, a través de nobles 
almas, irán transformando, aunque sea muy paulatinamente, ecos en rea- 
lidades . 

Lo más triste para nuestras patrias, sería que hubieran pasado y 
siguieran pasando décadas y más décadas y que, aún mismo suponiéndo- 
las aisladas y semi perdidas, esas voces quedasen sin ser emitidas. 

Mi gran amigo el Dr. Houssay, — el premio Nobel — suele decir 
flemáticamente, cuando se trata de obras de bien que el país necesita e 
irrazonablemente no le llegan: no debemos? ser pesimi